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martes, 20 de agosto de 2024

Libro de Josué 14,1-15: Tres grandes tribus al oeste del Jordán

Libro de Josué
Capítulo 14

DESCRIPCIÓN DE LAS TRES GRANDES TRIBUS AL OESTE DEL JORDÁN


1 Éstos son los territorios que los israelitas recibieron como herencia en el país de Canaán, 
   repartidos por el sacerdote Eleazar, Josué, hijo de Nun, 
   y los cabezas de familias de las tribus de Israel. 
2 Ellos lo repartieron echando suertes, como había ordenado el Señor, por medio de Moisés, ´
   a las nueve tribus y media. 
3 Ya antes Moisés les había asignado herencia en Transjordania 
   a dos tribus y media pero a los levitas no les asignó ninguna herencia en medio de ellos. 
4 Los descendientes de José formaban dos tribus: Manasés y Efraín; 
   pero a los levitas no les asignaron ningún territorio en el país, 
   sino ciudades para habitar con sus correspondientes campos para criar sus ganados y rebaños. 
5 Los israelitas hicieron el reparto de tierra como el Señor había mandado a Moisés. 

La parte de Caleb 
Nm 14

6 Los de Judá se acercaron a Josué en Guilgal, y Caleb, hijo de Jefoné, el queniceo, le dijo: 
   –Ya sabes el encargo que, por orden del Señor, te dio para mí, 
   Moisés hombre de Dios en Cades Barnea. 
7 Cuarenta años tenía yo cuando Moisés, siervo del Señor, 
   me envió desde Cades Barnea a reconocer el país, y volví con una información fidedigna. 
8 Los compañeros que habían ido conmigo desanimaron a la gente; 
   yo, en cambio, seguí plenamente al Señor, mi Dios, 
9 y Moisés juró aquel día: 
   La tierra que han pisado tus pies será tu herencia y la de tus hijos por siempre, 
   porque has seguido plenamente al Señor, mi Dios. 
10 Ahora ves que el Señor me ha conservado la vida, como prometió. 
     Cuarenta y cinco años han pasado desde que el Señor se lo dijo a Moisés, 
     cuando Israel andaba por el desierto; hoy cumplo ochenta y cinco años, 
11 y todavía estoy tan fuerte como el día en que me envió Moisés: 
     me siento ahora tan fuerte como entonces para luchar y para emprender lo que sea. 
12 Por eso, dame ese monte que me prometió aquel día el Señor. 
     Tú lo oíste: que aquí vivían los enaquitas y que sus ciudades eran grandes y fortificadas. 
     Ojalá el Señor esté conmigo y logre expulsarlos como él prometió. 
13 Entonces Josué lo bendijo y dio Hebrón en herencia a Caleb, hijo de Jefoné. 
14 Por eso Hebrón pertenece por herencia a Caleb, hijo de Jefoné, el queniceo, hasta el día de hoy, 
     por haber seguido plenamente al Señor, Dios de Israel. 
15 Hebrón se llamaba antiguamente Quiriat Arbá, por el gigante enaquita. Y el país quedó en paz. 

domingo, 24 de julio de 2022

Números 35,9-34: Las ciudades de refugio

Números 35,9-34:
Las ciudades de refugio

9 Luego el Señor dijo a Moisés:
10 Habla en estos términos a los israelitas: Cuando crucen el Jordán para entrar en la tierra de Canaán,
11 encontrarán ciudades que les servirán como ciudades de refugio, donde puedan huir los homicidas 
     que hayan matado a alguien involuntariamente.
12 Esas ciudades servirán de refugio contra el vengador del homicidio, 
     y así el homicida no morirá sin haber comparecido delante de la comunidad para ser juzgado.
13 Ustedes tendrán que señalar seis ciudades de refugio:
14 tres el otro lado del Jordán y tres en el territorio de Canaán.
15 Esas seis ciudades podrán servir de refugio no sólo a los israelitas, sino también a los extranjeros 
     residentes o que estén de paso entre ustedes, de manera que todo el que haya matado a otro 
     involuntariamente, pueda refugiarse en ellas.
16 Pero el que mata a otro golpeándolo con un objeto de hierro, 
     es un asesino, y el asesino será castigado con la muerte.
17 Si lo mata de una pedrada capaz de causar la muerte, es un asesino, 
     y el asesino será castigado con la muerte.
18 Si lo mata golpeándolo con un palo capaz de causar la muerte, 
     es un asesino, y el asesino será castigado con la muerte.
19 El vengador del homicidio en persona debe matar al asesino apenas lo encuentre.
20 Si el homicida mató a la víctima por odio, 
     o si le arrojó intencionalmente un objeto capaz de causar la muerte,
21 o si por enemistad lo hirió a golpes de puño hasta matarlo, el agresor será castigado con la muerte: 
     es un asesino, y el vengador del homicidio lo matará apenas lo encuentre.
22 Pero si lo hirió fortuitamente, sin que mediara enemistad, 
     o si le arrojó un objeto sin intención de alcanzarlo,
23 o si dejó caer sobre él, inadvertidamente, una piedra capaz de matarlo y de esa manera 
     le causó la muerte, sin tener odio contra él y sin desearle ningún mal,
24 la comunidad juzgará, conforme a estas reglas, entre el homicida y el vengador del homicidio,
25 y librará a aquel de las manos de este. Luego la comunidad lo hará volver a la ciudad de refugio,      
     adonde había huido, y él permanecerá allí hasta la muerte del Sumo Sacerdote 
     que ha sido ungido con el óleo santo.
26 Si el homicida sale de la ciudad de refugio adonde había huido,
27 y el vengador del homicidio lo encuentra fuera de los límites de su ciudad de refugio, 
     lo podrá matar sin temor a ninguna represalia,
28 porque el homicida debe permanecer en su ciudad de refugio hasta la muerte del Sumo Sacerdote, 
     y solamente después podrá volver al lugar donde está su propiedad.
29 Estas disposiciones serán una norma jurídica para ustedes y para sus descendientes, 
     en cualquier lugar donde se encuentren.
30 Si alguien mata a una persona, el homicida será condenado a muerte por la declaración de testigos, 
     pero el testimonio de uno solo no basta para condenar a muerte a alguien.
31 No aceptarán ningún rescate por la vida de un asesino, porque debe morir,
32 Tampoco lo aceptarán de aquel que huyó a sus ciudad de refugio, 
     permitiéndole que habite nuevamente en su propia tierra antes de la muerte del Sumo Sacerdote.
33 No profanen la tierra donde viven, porque la sangre profana la tierra, y no hay para la tierra otra 
     expiación por la sangre derramada, que la sangre de aquel que la derramó.
34 No hagas impuro el país donde vives y en el cual yo habito. 
     Porque yo, el Señor, habito entre los israelitas.

Números 34,1-15: Las fronteras de Canaán

Números 34,1-15:
Las fronteras de Canaán

1 El Señor dijo a Moisés:
2 Comunica esta orden a los israelitas: Cuando entren en la tierra de Canaán, 
   recibirán como herencia toda la extensión del territorio de Canaán, a saber:
3 La región meridional se extenderá desde el desierto de Sin, a lo largo de Edom. 
   Por el este, la frontera meridional comenzará en el extremo del mar de la Sal.
4 Luego dará una vuelta por el sur hasta el Paso de los Escorpiones, 
   y pasará por Sin, para ir a terminar al sur de Cades Barné. 
   Después continuará hasta Jasar Adar y pasará por Asmón.
5 Partiendo de Asmón, dará una vuelta hasta el Torrente de Egipto y terminará en el Mar.
6 Al oeste tendrán como límite la costa del Mar Grande: esta será para ustedes la frontera occidental.
7 La frontera norte la siguiente: trazarán una línea desde el Mar hasta el monte Hor;
8 desde el monte Hor trazarán una línea hasta la Entrada de Jamat, y la frontera terminará en Sedad.
9 Luego continuará hasta Sifrón, para ir a terminar en Jasar Enán. Esta será la frontera septentrional.
10 Para fijar el límite oriental, trazarán una línea desde Jasar Enán hasta Sefam.
11 Desde Sefam, la frontera bajará hasta Riblá, al este de Ain, y desde allí seguirá bajando 
     hasta tocar la costa oriental del mar de Genesaret.
12 Después bajará a lo largo del Jordán y terminará en el mar de la Sal. 
     Este será el territorio de ustedes, con las fronteras que lo circunscriben.
13 Además, Moisés dio esta orden a los israelitas: 
     Esta es la tierra que ustedes se repartirán como herencia por medio de un sorteo, 
     la que el Señor manó fuera entregada a las nueve tribus y media.
14 Porque las familias patriarcales de la tribu de los rubenitas, las familias de la tribu de los gaditas 
     y la mitad de la tribu de Manasés ya recibieron su herencia:
15 esas dos tribus y media recibieron su propiedad hereditaria al otro lado del Jordán, 
     al este de Jericó, en la parte oriental.

sábado, 23 de julio de 2022

Números 33,50-56: Instrucciones acerca del reparto de Canaán

Números 33,50-56:
Instrucciones acerca del reparto de Canaán

50 El Señor dijo a Moisés en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó:
51 Habla en estos términos a los israelitas: Cuando crucen el Jordán en dirección al país de Canaán
52 y hayan desposeído de sus dominios a todos los habitantes del país, 
     ustedes harán desaparecer todas sus imágenes esculpidas y todas sus estatuas de metal fundido, 
     y demolerán todos sus lugares altos.
53 Tomarán posesión del país y habitarán en él, porque yo les di esa tierra para que la posean.
54 Además, se repartirán el país entre sus clanes por medio de un sorteo, 
     asignando una herencia mayor al grupo más numeroso, 
     y una herencia más pequeña al grupo más reducido: 
     cada uno tendrá lo que le toque en suerte, 
     y se repartirán la tierra entre las tribus patriarcales.
55 Pero si no despojan de sus dominios a los habitantes del país, 
     los que ustedes hayan dejado serán como espinas en sus ojos y como aguijones en su costado, 
     que los asediarán en la tierra donde habiten.
56 Y Yo los trataré a ustedes como había decidido tratarlos a ellos.

Números 33,37-49: De Cades a Moab

Números 33,37-49:
De Cades a Moab

37 Partieron de Cades y acamparon el monte Hor, en los límites de Edom.
38 El sacerdote Aarón, por orden del Señor, subió al monte Hor y allí murió, 
     el primer día del quinto mes, cuarenta años después que los israelitas salieron de Egipto.
39 Cuando murió en el monte Hor, Aarón tenía ciento veintitrés años.
40 El cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Négueb, en el país de Canaán, 
     recibió entonces la noticia de la llegada de los israelitas.
41 Luego partieron del monte Hor y acamparon en Salmoná.
42 Partieron de Salmoná y acamparon en Punón.
43 Partieron de Punón y acamparon en Obot.
44 Partieron de Obot y acamparon sobre el territorio de Moab, en Iyé Ha Abarím.
45 Partieron de Iyím y acamparon en Dibón Gad.
46 Partieron de Dibón Gad y acamparon en Almón Diblataim.
47 Partieron de Almón Diblataim y acamparon en las montañas de Abarím, frente al Nebo.
48 Partieron de las montañas de Abarím y acamparon en las estepas de Moab, junto al Jordán, 
     a la altura de Jericó.
49 Acamparon junto al Jordán, desde Bet Ha Iesimot hasta Abel Sitím, en las estepas de Moab.

Números 32,20-32: El acuerdo de Moisés con los rubenitas y los gaditas

Números 32,20-32:
El acuerdo de Moisés con los rubenitas y los gaditas

20 Moisés les respondió: «Si ustedes proceden así, si toman las armas para combatir 
     a las órdenes del Señor,
21 y si cada guerrero cruza el Jordán, bajo las órdenes del Señor, 
     hasta que expulse a sus enemigos delante de él,
22 y el país le quede sometido, ustedes podrán volver. 
     Así quedarán libres de toda obligación respecto del Señor y respecto de Israel, 
     y esa tierra será posesión de ustedes delante del Señor.
23 Pero si no proceden de esa manera, habrán pecado contra el Señor, 
     y pueden estar seguros de que su pecado los condenará.
24 Construyan poblados para sus hijos y corrales para su ganado, 
     pero cumplan los que han prometido».
25 Los gaditas y los rubenitas respondieron a Moisés: 
     «Tus servidores, señor, harán lo que tú les mandas.
26 Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros rebaños y todo nuestro ganado quedarán atrás, 
     en las ciudades de Galaad,
27 mientras nosotros, todos los que estamos equipados para la guerra, 
     cruzaremos para combatir a las órdenes del Señor, como él lo ha mandado».
28 Luego Moisés dio instrucciones al sacerdote Eleazar, a Josué hijo de Nun, 
     y a los jefes de familia de las tribus israelitas,
29 diciéndoles: «Si los gaditas y los rubenitas atraviesan con ustedes el Jordán para combatir como 
     guerreros a las órdenes del Señor, hasta que el país les esté sometido, 
     ustedes les darán como posesión la tierra de Galaad.
30 Pero si no lo hacen, recibirán una posesión en medio de ustedes, en el país de Canaán».
31 Los rubenitas y los gaditas respondieron: 
     «Nosotros haremos todo lo que el Señor ha dicho respecto de tus servidores.
32 Pasaremos como guerreros a la tierra de Canaán, a las órdenes del Señor, 
     pero conservaremos nuestra propiedad hereditaria al otro lado del Jordán».

martes, 19 de julio de 2022

Números 13,1-24: La exploración de Canaán

Números 13,1-24:
La exploración de Canaán

1 El Señor dijo a Moisés:
2 «Envía unos hombres a explorar el país de Canaán, que yo doy a los israelitas; 
   enviarás a un hombre por cada una de sus tribus paternas, todos ellos jefes de tribu».
3 Entonces Moisés los envió desde el desierto de Parán, según la orden del Señor. 
   Todos estos hombres eran jefes de los israelitas,
4 y sus nombres eran los siguientes: Por la tribu de Rubén, Samuá, hijo de Zacur;
5 por la tribu de Simeón, Safat, hijo de Jorí,
6 por la tribu de Judá, Caleb, hijo de Iefuné;
7 por la tribu de Isacar, Igal, hijo de José;
8 por la tribu de Efraím, Oseas, hijo de Nun;
9 por la tribu de Benjamín, Paltí, hijo de Rafú;
10 por la tribu de Zabulón, Gadiel, hijo de Sodí;
11 por la tribu de José, o sea, por la tribu de Manasés, Gadí, hijo de Susí;
12 por la tribu de Dan, Amiel, hijo de Guemalí;
13 por la tribu de Aser, Setur, hijo de Miguel;
14 por la tribu de Neftalí, Najbí, hijo de Vofsí;
15 por la tribu de Gad, Gueuel, hijo de Maquí.
16 Estos son los nombres de las personas que envió Moisés a explorar el país. 
     Y a Oseas, hijo de Nun, Moisés lo llamó Josué.
17 Cuando Moisés los envió a explorar el territorio de Canaán, les dijo: 
     «Suban ahí, por el Négueb, y luego avancen hasta la región montañosa.
18 Observen cómo es el país, y la gente que lo ocupa es fuerte o débil, escasa o numerosa.
19 Fíjense también si la tierra donde viven es buena o mala, 
     y si las ciudades en que habitan son abiertas o fortificadas;
20 si el suelo es fértil o árido, y si está arbolado o no. 
     Tengan valor, y traigan algunos frutos de la región». 
     Esto sucedió en el tiempo de las primeras uvas.
21 Los hombres fueron a explorar el país, desde el desierto de Sin hasta Rejob, 
     a la Entrada de Jamat.
22 Subieron por el Negueb y llegaron a Hebrón, donde vivían Ajimán, Sesai y Talmai, 
     descendientes de Anac –Hebrón había sido fundada siete años antes que Tanis de Egipto–.
23 Cuando llegaron al valle de Escol, cortaron una rama de vi con un racimo de uvas, 
     y tuvieron que llevarla entre dos, sostenida con una vara. También recogieron granadas e higos.
24 Ese lugar fue llamado valle de Escol –que significa Racimo– 
     a causa del racimo que los israelitas habían cortado allí.

martes, 7 de diciembre de 2021

Isaías 23,1-14: Contra Tiro y Sidón

Isaías 23,1-14:
Contra Tiro y Sidón


1 Oráculo contra Tiro: Lloren, naves de Tarsis, porque está destruido su puerto. 
   Al volver de Chipre lo descubrieron. 
2 Enmudezcan, habitantes de la costa, mercaderes de Sidón, que cruzan el mar 
3 y envían viajantes por el océano. Sacaba su ganancia del grano de Sijor, de las cosechas del Nilo; 
   llegaste a ser emporio internacional. 
4 Avergüénzate, Sidón, que habla el mar, la fortaleza marina: No me he retorcido ni he dado a luz, 
   no he criado muchachos ni sacado adelante muchachas.
5 Cuando los egipcios se enteren, se retorcerán por las noticias de Tiro. 
6 Vuelvan a Tarsis, lloren, habitantes de la costa. 
7 ¿Es ésta su ciudad divertida, de origen remoto, cuyos pies la llevaban a colonias lejanas? 
8 ¿Quién decretó tal cosa contra Tiro, la que regalaba coronas, cuyos comerciantes eran príncipes 
   y sus mercaderes grandes de la tierra? 
9 El Señor Todopoderoso decretó abatir el orgullo de los príncipes y humillar a los grandes de la tierra. 
10 Vuelve a tu tierra, ciudad de Tarsis, que el puerto no existe ya. 
11 El Señor extendió la mano sobre el mar, hizo estremecerse los reinos; 
     y mandó destruir el puerto de Canaán.
12 Dijo: No volverás a divertirte, doncella violentada, capital de Sidón;
     levántate y cruza hasta Chipre, que tampoco allí tendrás reposo. 
13 Mira el país de los caldeos: erigieron torres y devastaron sus palacios, lo entregaron a las fieras, 
     lo redujeron a escombros. 
14 Lloren, naves de Tarsis, porque está destruido su puerto.

Isaías 19,16-25: Conversión de Egipto y Asiria

Isaías 19,16-25:
Conversión de Egipto y Asiria


16 Aquel día los egipcios serán como mujeres: se asustarán y temblarán 
     ante la mano que el Señor Todopoderoso agita contra ellos.
17 Judea será el espanto de Egipto: sólo mencionarla, le producirá terror, 
     por el plan que el Señor Todopoderoso planea contra él. 
18 Aquel día habrá en Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de Canaán 
     y que jurarán por el Señor Todopoderoso; una de ellas se llamará Ciudad del Sol.
19 Aquel día habrá en medio de Egipto un altar del Señor y un monumento al Señor junto a la frontera. 
20 Serán signo y testimonio del Señor Todopoderoso en territorio egipcio. 
     Si claman al Señor contra el opresor, él les enviará un salvador y defensor que los libre.
21 El Señor se manifestará a los egipcios, y ellos reconocerán aquel día al Señor. 
     Le ofrecerán sacrificios y ofrendas, harán votos al Señor y los cumplirán. 
22 El Señor herirá a los egipcios: los herirá y los sanará; 
     ellos volverán al Señor, él los escuchará y los sanará. 
23 Aquel día habrá una calzada de Egipto a Asiria: los asirios irán a Egipto y los egipcios a Asiria; 
     los egipcios con los asirios darán culto a Dios. 
24 Aquel día Israel será mediador entre Egipto y Asiria, será una bendición en medio de la tierra; 
25 porque el Señor Todopoderoso lo bendice diciendo: 
     ¡Bendito mi pueblo, Egipto, y la obra de mis manos, Asiria, y mi herencia, Israel!

domingo, 10 de septiembre de 2017

Lv 14,33-57: La lepra de las paredes

Lv 14,33-57

14:33 Yahveh habló a Moisés y a Aarón diciendo:
14:34 Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán que yo os doy en posesión, y castigue con lepra alguna de las casas de la tierra que poseeréis,
14:35 el propietario de la casa irá a avisar al sacerdote, diciendo: "Ha aparecido algo como lepra en mi casa."
14:36 El sacerdote, antes de entrar en la casa para examinar la lepra, ordenará que desocupen la casa, para que nada quede inmundo de cuanto hay en ella. Después entrará el sacerdote a examinar la casa.
14:37 Si al examinarla observa que la mancha forma en las paredes de la casa cavidades verdosas y rojizas que parecen hundidas en la pared,
14:38 el sacerdote saldrá a la puerta de la casa y la cerrará durante siete días.
14:39 Volverá al día séptimo, y si comprueba que la mancha se ha extendido por las paredes de la casa,
14:40 mandará arrancar las piedras manchadas y arrojarlas fuera de la ciudad en un lugar inmundo.
14:41 Hará raspar todo el interior de la casa; y echarán fuera de la ciudad, en un lugar inmundo, el polvo que hayan quitado.
14:42 Luego tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las primeras; y también argamasa nueva para revocar la casa.
14:43 Si la mancha vuelve a extenderse por la casa después de haber arrancado las piedras, y de haberla raspado y revocado,
14:44 el sacerdote entrará de nuevo; y si comprueba que la mancha se ha extendido por la casa, hay un caso de lepra maligna en la casa, y ésta es impura.
14:45 Se derribará la casa. Sus piedras, sus maderas y todo el material de la casa será sacado fuera de la ciudad a un lugar inmundo.
14:46 Quien entre en esa casa durante el tiempo que esté clausurada quedará impuro hasta la tarde.
14:47 El que duerma en ella habrá de lavar sus vestidos; y también el que coma en ella habrá de lavarlos.
14:48 Mas si el sacerdote comprueba al entrar que, después de revocada la casa, la mancha no se ha extendido por ella, la declarará pura, pues se ha curado del mal.
14:49 Entonces, para ofrecer por la casa un sacrificio por el pecado, tomará dos pájaros, madera de cedro, púrpura escarlata e hisopo;
14:50 inmolará uno de los pájaros sobre una vasija de barro con agua viva
14:51 y, tomando la madera de cedro, el hisopo y la púrpura escarlata, con el pájaro vivo, los mojará en la sangre del pájaro degollado y en el agua viva; y rociará la casa siete veces.
14:52 Y, tras haber realizado el sacrificio por el pecado en favor de la casa con la sangre del pájaro, con el agua viva, el pájaro vivo, la madera de cedro, el hisopo y la lana escarlata,
14:53 soltará el pájaro vivo fuera de la ciudad, en el campo. De este modo hará expiación por la casa, la cual quedará pura.
14:54 Esta es la ley para toda clase de lepra o de tiña,
14:55 para la lepra del vestido y de la casa,
14:56 para los tumores, erupciones y manchas blancas,
14:57 y para declarar los períodos de impureza y de pureza. Esta es la ley de la lepra.

sábado, 19 de agosto de 2017

Mateo 15,21-28: Una mujer cananea se pudo a gritar

Mateo 15,21-28   

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: "Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo." Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: "Atiéndela, que viene detrás gritando." Él les contestó: "Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel." Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: "Señor, socórreme." Él le contestó: "No está bien echar a los perros el pan de los hijos." Pero ella repuso: "Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos." Jesús le respondió: "Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas." En aquel momento quedó curada su hija.

— Comentario por el P. Raniero Cantalamessa, OFM
“Una mujer cananea se puso a gritar”

Si Jesús hubiera escuchado a la mujer cananea a la primera petición, sólo habría conseguido la liberación de la hija. Habría pasado la vida con menos problemas. Pero todo hubiera acabado en eso y al final madre e hija morirían sin dejar huella de sí. Sin embargo, de este modo su fe creció, se purificó, hasta arrancar de Jesús ese grito final de entusiasmo: "Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas".

Desde aquel instante, constata el Evangelio, su hija quedó curada. Pero, ¿qué le sucedió durante su encuentro con Jesús? Un milagro mucho más grande que el de la curación de la hija. Aquella mujer se convirtió en una "creyente", una de las primeras creyentes procedentes del paganismo. Una pionera de la fe cristiana. Nuestra predecesora.

¡Cuánto nos enseña esta sencilla historia evangélica! Una de las causas más profundas de sufrimiento para un creyente son las oraciones no escuchadas. Hemos rezado por algo durante semanas, meses y quizá años. Pero nada. Dios parecía sordo. La mujer cananea se presenta siempre como maestra de perseverancia y oración.

Quien observara el comportamiento y las palabras que Jesús dirigió a aquella pobre mujer que sufría, podía pensar que se trataba de insensibilidad y dureza de corazón. ¿Cómo se puede tratar así a una madre afligida? Pero ahora sabemos lo que había en el corazón de Jesús y que le hacía actuar así. Sufría al presentar sus rechazos, trepidaba ante el riesgo de que ella se cansara y desistiera. Sabía que la cuerda, si se estira demasiado, puede romperse. De hecho, para Dios también existe la incógnita de la libertad humana, que hace nacer en él la esperanza. Jesús esperó, por eso, al final, manifiesta tanta alegría. Es como si hubiera vencido junto a la otra persona.

Dios, por tanto, escucha incluso cuando... no escucha. En él, la falta de escucha es ya una manera de atender. Retrasando su escucha, Dios hace que nuestro deseo crezca, que el objeto de nuestra oración se eleve; que de lo material pasemos a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno, de los pequeño a lo grande. De este modo, puede darnos mucho más de lo que le habíamos pedido en un primer momento.

Con frecuencia, cuando nos ponemos en oración, nos parecemos a ese campesino del que habla un antiguo autor espiritual. Ha recibido la noticia de que será recibido en persona por el rey. Es la oportunidad de su vida: podrá presentarle con sus mismas palabras su petición, pedirle lo que quiere, seguro de que le será concedido. Llega el día, y el buen hombre, emocionadísimo, llega ante la presencia del rey y, ¿qué le pide? ¡Un quintal de estiércol para sus campos! Era lo máximo en que había logrado pensar. A veces nosotros nos comportamos con Dios de la misma manera. Lo que le pedimos comparado a lo que podríamos pedirle no es más que un quintal de estiércol, nimiedades que sirven de muy poco, es más, que a veces incluso pueden volverse contra nosotros.

San Agustín era un gran admirador de la cananea. Aquella mujer le recordaba a su madre, Mónica. También ella había seguido al Señor durante años, pidiéndole la conversión de su hijo. No se había desalentado por ningún rechazo. Había seguido al hijo hasta Italia, hasta Milán, hasta que vio que regresaba al Señor. En uno de sus discursos, recuerda las palabras de Cristo: "Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá", y termina diciendo: "Así hizo la cananea: pidió, buscó, tocó a la puerta y recibió". Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos abrirá. 

domingo, 13 de agosto de 2017

Génesis 47,13-26: Política de José

Génesis 47,13-26  

47:13 No había pan en todo el país, porque el hambre era gravísima y tanto Egipto como Canaán estaban muertos de hambre.
47:14 Entonces José se hizo con toda la plata existente en Egipto y Canaán a cambio del grano que ellos compraban, y llevó José aquella plata al palacio de Faraón.
47:15 Agotada la plata de Egipto y de Canaán, acudió Egipto en masa a José diciendo: "Danos pan. ¿Por qué hemos de morir en tu presencia ahora que se ha agotado la plata?"
47:16 Dijo José: "Entregad vuestros ganados y os daré pan por vuestros ganados, ya que se ha agotado la plata."
47:17 Trajeron sus ganados a José y José les dio pan a cambio de caballos, ovejas, vacas y burros. Y les abasteció de pan a trueque de todos sus ganados por aquel año.
47:18 Cumplido el año, acudieron al año siguiente y le dijeron: "No disimularemos a nuestro señor que se ha agotado la plata, y también los ganados pertenecen ya a nuestro señor; no nos queda a disposición de nuestro señor nada, salvo nuestros cuerpos y nuestras tierras.
47:19 ¿Por qué hemos de morir delante de tus ojos así nosotros como nuestras tierras? Aprópiate de nosotros y de nuestras tierras a cambio de pan, y nosotros con nuestras tierras pasaremos a ser esclavos de Faraón. Pero danos simiente para que vivamos y no muramos, y el suelo no quede desolado."
47:20 De este modo se apropió José todo el suelo de Egipto para Faraón, pues los egipcios vendieron cada uno su campo porque el hambre les apretaba, y la tierra vino a ser de Faraón.
47:21 En cuanto al pueblo, lo redujo a servidumbre, de cabo a cabo de las fronteras de Egipto.
47:22 Tan sólo las tierras de los sacerdotes no se las apropió, porque los sacerdotes tuvieron tal privilegio de Faraón, y comieron de dicho privilegio que les concedió Faraón. Por lo cual no vendieron sus tierras.
47:23 Dijo entonces José al pueblo: "He aquí que os he adquirido hoy para Faraón a vosotros y vuestras tierras. Ahí tenéis simiente: sembrad la tierra,
47:24 y luego, cuando la cosecha, daréis el quinto a Faraón y las otras cuatro partes serán para vosotros, para siembra del campo, y para alimento vuestro y de vuestros familiares, para alimento de vuestras criaturas."
47:25 Dijeron ellos: "Nos has salvado la vida. Hallemos gracia a los ojos de mi señor, y seremos siervos de Faraón."
47:26 Y José les impuso por norma, vigente hasta la fecha respecto a todo el agro egipcio, dar el quinto a Faraón. Tan sólo el territorio de los sacerdotes no pasó a ser de Faraón. 

Génesis 47,1-12: José provee por su padre y sus hermanos

Génesis 47,1-12  

47:1 Vino, pues, José a dar parte a Faraón, diciendo: "Mi padre, mis hermanos, sus ovejas y vacadas y todo lo suyo han venido de Canaán, y ya están en el país de Gosen."
47:2 Luego, de entre todos sus hermanos tomó consigo a cinco varones y se los presentó a Faraón.
47:3 Dijo Faraón a los hermanos: "¿Cuál es vuestro oficio?" Respondieron a Faraón: "Pastores de ovejas son tus siervos, lo mismo que nuestros padres."
47:4 Y dijeron a Faraón: "Hemos venido a residir en esta tierra, porque no hay pastos para los rebaños que tienen tus siervos, por ser grave el hambre en Canaán. Así pues, deja morar a tus siervos en el país de Gosen."
47:5a Y dijo Faraón a José:
47:5b Jacob, y sus hijos vinieron a Egipto donde José. Faraón, rey de Egipto, se enteró y dijo a José: "Tu padre y tus hermanos han venido a ti.
47:6a Tienes el territorio egipcio por delante: en lo mejor del país instala a tu padre y tus hermanos."
47:6b "Que residan en el país de Gosen. Y si te consta que hay entre ellos gente capacitada, ponles por rabadanes de lo mío."
47:7 José llevó a su padre Jacob y le presentó delante de Faraón, y Jacob bendijo a Faraón.
47:8 Dijo Faraón a Jacob: "¿Cuántos años tienes?"
47:9 Respondió Jacob a Faraón: "Los años de mis andanzas hacen 130 años: pocos y malos han sido los años de mi vida, y no han llegado a igualar los años de vida de mis padres, en el tiempo de sus andanzas."
47:10 Bendijo, pues, Jacob a Faraón, y salió de su presencia.
47:11 José instaló a su padre y sus hermanos, asignándoles predio en territorio egipcio, en lo mejor del país, en el país de Ramsés, según lo había mandado Faraón.
47:12 Y José proveyó al sustento familiar de su padre y sus hermanos y toda la casa de su padre. 

Génesis 46,28-34: Llegada a Egipto

Génesis 46,28-34  

46:28 Israel mandó a Judá por delante a donde José, para que éste le precediera a Gosen: y llegaron al país de Gosen.
46:29 José engancho su carroza y subió a Gosen, al encuentro de su padre Israel; y viéndole se echó a su cuello y estúvose llorando sobre su cuello.
46:30 Y dijo Israel a José: "Ahora ya puedo morir, después de haber visto tu rostro, pues que tú vives todavía."
46:31 José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: "Voy a subir a avisar a Faraón y decirle: "Han venido a mí mis hermanos y la casa de mi padre que estaban en Canaán.
46:32 Son pastores de ovejas, pues siempre fueron ganaderos, y, han traído ovejas, vacadas y todo lo suyo."
46:33 Así, cuando os llame Faraón y os diga. "¿Cuál es vuestro oficio?",
46:34 le decís: "Ganaderos hemos sido tus siervos desde la mocedad hasta ahora, lo mismo que nuestros padres." De esta suerte os quedaréis en el país de Gosen." Porque los egipcios detestan a todos los pastores de ovejas.

Génesis 46,1-27: Israel va a Egipto

Génesis 46,1-27

46:1 Partió Israel con todas sus pertenencias y llegó a Berseba, donde hizo sacrificios al Dios de su padre Isaac.
46:2 Y dijo Dios a Israel en visión nocturna: "¡Jacob, Jacob!" —"Heme aquí", respondió.—
46:3 "Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te haré una gran nación.
46:4 Y bajaré contigo a Egipto y yo mismo te subiré también. José te cerrará los ojos."
46:5 Jacob partió de Berseba y los hijos de Israel montaron a su padre Jacob, así como a sus pequeños y mujeres, en las carretas que había mandado Faraón para trasportarle.
46:6 También tomaron sus ganados y la hacienda lograda en Canaán, y fueron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él.
46:7 Sus hijos y nietos, sus hijas y nietas: a toda su descendencia se la llevó consigo a Egipto.
46:8 Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto: Jacob y sus hijos. El primogénito de Jacob: Rubén,
46:9 y los hijos de Rubén: Enoc, Pallú, Jesrón y Karmí;
46:10 los hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea;
46:11 los hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí;
46:12 los hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj, (¡pero Er y Onán ya habían muerto en Canaán!) y los hijos de Peres: Jesrón y Jamul;
46:13 los hijos de Isacar: Tolá, Puvá, Yasub y Simrón;
46:14 los hijos de Zabulón: Séred, Elón, Yajleel.
46:15 Estos fueron los hijos que Lía había dado a Jacob en Paddán Aram, y también su hija Dina. Sus hijos y sus hijas eran en total 33 personas.
46:16 Los hijos de Gad: Sefón, Jagguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí.
46:17 Los hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá y Séraj, hermana de ellos. Hijos de Beriá: Jéber y Malkiel.
46:18 Estos son los hijos de Zilpá, la que Labán diera a su hija Lía; ella engendró para Jacob estas dieciséis personas.
46:19 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín.
46:20 A José le nacieron en Egipto Manasés y Efraím, de Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On.
46:21 Los hijos de Benjamín: Belá, Béker, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Muppim, Juppim y Ard.
46:22 Estos son los hijos que Raquel dio a Jacob. En total catorce personas.
46:23 Los hijos de Dan: Jusim.
46:24 Los hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Sillem.
46:25 Estos son los hijos de Bilhá, la que Labán diera a su hija Raquel, y que aquélla engendró para Jacob: en total siete personas.
46:26 Todas las personas que entraron con Jacob en Egipto, nacidas de sus entrañas, —salvo las mujeres de los hijos de Jacob— hacían un total de 66 personas.
46:27 Los hijos de José, que le habían nacido en Egipto, eran dos. Todas las personas de la casa de Jacob que entraron en Egipto eran setenta.

Génesis 45,1-28: José se da a conocer

Génesis 45,1-28  

45:1 Ya no pudo José contenerse delante de todos los que en pie le asistían y exclamó: "Echad a todo el mundo de mi lado." Y no quedó nadie con él mientras se daba a conocer José a sus hermanos.
45:2 (Y se echó a llorar a gritos, y lo oyeron los egipcios, y lo oyó hasta la casa de Faraón.)
45:3 José dijo a sus hermanos: "Yo soy José. ¿Vive aún mi padre?" Sus hermanos no podían contestarle, porque se habían quedado atónitos ante él.
45:4 José dijo a sus hermanos: "Vamos, acercaos a mí." Se acercaron, y él continuó: "Yo soy vuestro hermano José, a quien vendisteis a los egipcios.
45:5 Ahora bien, no os pese mal, ni os dé enojo el haberme vendido acá, pues para salvar vidas me envió Dios delante de vosotros.
45:6 Porque con éste van dos años de hambre por la tierra, y aún quedan cinco años en que no habrá arada ni siega.
45:7 Dios me ha enviado delante de vosotros para que podáis sobrevivir en la tierra y para salvaros la vida mediante una feliz liberación.
45:8 O sea, que no fuisteis vosotros los que me enviasteis acá, sino Dios, y él me ha convertido en padre de Faraón, en dueño de toda su casa y amo de todo Egipto.
45:9 Subid de prisa a donde mi padre, y decidle: "Así, dice tu hijo José: Dios me ha hecho dueño de todo Egipto; baja a mí sin demora.
45:10 Vivirás en el país de Gosen, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos y nietos, tus ovejas y tus vacadas y todo cuanto tienes.
45:11 Yo te sustentaré allí, pues todavía faltan cinco años de hambre, no sea que quedéis en la miseria tú y tu casa y todo lo tuyo."
45:12 Con vuestros propios ojos estáis viendo, y también mi hermano Benjamín con los suyos, que es mi boca la que os habla.
45:13 Notificad, pues, a mi padre toda mi autoridad en Egipto y todo lo que habéis visto, y en seguida bajad a mi padre acá."
45:14 Y echándose al cuello de su hermano Benjamín, lloró; también Benjamín lloraba sobre el cuello de José.
45:15 Luego besó a todos sus hermanos, llorando sobre ellos; después de lo cual sus hermanos estuvieron conversando con él.
45:16 En el palacio de Faraón corrió la voz: "Han venido los hermanos de José." La cosa cayó bien a Faraón y sus siervos,
45:17 y Faraón dijo a José: "Di a tus hermanos: Haced esto: Cargad vuestras acémilas y poneos inmediatamente en Canaán ,
45:18 tomad a vuestro padre y vuestras familias, y venid a mí, que yo os daré lo mejor de Egipto, y comeréis lo más pingüe del país.
45:19 Por tu parte, ordénales: Haced esto: Tomad de Egipto carretas para vuestros pequeños y mujeres, y os traéis a vuestro padre.
45:20 Y vosotros mismos no tengáis pena de vuestras cosas, que le mejor de Egipto será para vosotros."
45:21 Así lo hicieron los hijos de Israel; José les proporcionó carretas por orden de Faraón; y les dio provisiones para el camino.
45:22 A todos ellos dio sendas mudas, pero a Benjamín le dio trescientas piezas de plata y cinco mudas.
45:23 A su padre le envió asimismo diez burros cargados de lo mejor de Egipto y diez asnas cargadas de trigo, pan y víveres para el viaje de su padre.
45:24 Luego despidió a sus hermanos, y cuando se iban les dijo: "No os excitéis en el camino."
45:25 Subieron, pues, de Egipto y llegaron a Canaán, a donde su padre Jacob,
45:26 y le anunciaron: "Todavía vive José, y es el amo de todo Egipto." Pero él se quedó impasible, porque no les creía.
45:27 Entonces le repitieron todas las palabras que José les había dicho, vio las carretas que José había enviado para trasportarle, y revivió el espíritu de su padre Jacob.
45:28 Y dijo Israel: "¡Esto me basta! Todavía vive mi hijo José: iré y le veré antes de morirme."

sábado, 12 de agosto de 2017

Génesis 42,1-38: Los hermanos de José bajan a Egipto

Génesis 42,1-38

42:1 Vio Jacob que se repartía grano en Egipto, y dijo Jacob a sus hijos: "¿Por qué os estáis ahí mirando?
42:2 Yo tengo oído que hay reparto de grano en Egipto. Bajad a comprarnos grano allí, para que vivamos y no muramos."
42:3 Bajaron, pues, los diez hermanos de José a proveerse de grano en Egipto;
42:4 pero a Benjamín, hermano de José, no le envió Jacob con sus hermanos, pues se decía: "No vaya a sucederle alguna desgracia."
42:5 Fueron, pues, los hijos de Israel a comprar con otros que iban, pues había hambre en el país cananeo.
42:6 José era el que regía en todo el país, y él mismo en persona era el que distribuía grano a todo el mundo. Llegaron los hermanos de José y se inclinaron rostro en tierra.
42:7 Vio José a sus hermanos y los reconoció, pero él no se dio a conocer, y hablándoles con dureza les dijo: "¿De dónde venís?" Dijeron: "De Canaán, para comprar víveres."
42:8 O sea, que José reconoció a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron.
42:9 José entonces se acordó de aquellos sueños que había soñado respecto a ellos, y les dijo: "Vosotros sois espías, que venís a ver los puntos desguarnecidos del país."
42:10 Dijéronle: "No, señor, sino que tus siervos han venido a proveerse de víveres.
42:11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y somos gente de bien: tus siervos no son espías."
42:12 Díjoles: "Nada de eso: a lo que venís es a ver los puntos desguarnecidos del país."
42:13 Dijéronle: "Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo padre, en el país cananeo; sólo que el menor está actualmente con nuestro padre, y el otro no existe."
42:14 José replicó: "Lo que yo os dije: sois espías.
42:15 Con esto seréis probados, ¡por vida de Faraón!, no saldréis de aquí mientras no venga vuestro hermano pequeño acá.
42:16 Enviad a cualquiera de vosotros y que traiga a vuestro hermano, mientras los demás quedáis presos. Así serán comprobadas vuestras afirmaciones, a ver si la verdad está con vosotros. Que si no, ¡por vida de Faraón!, espías sois."
42:17 Y los puso bajo custodia durante tres días.
42:18 Al tercer día les dijo José: "Haced esto —pues yo también temo a Dios— y viviréis.
42:19 Si sois gente de bien, uno de vuestros hermanos se quedará detenido en la prisión mientras los demás hermanos vais a llevar el grano que tanta falta hace en vuestras casas.
42:20 Luego me traéis a vuestro hermano menor; entonces se verá que son verídicas vuestras palabras y no moriréis." —Así lo hicieron ellos.—
42:21 Y se decían el uno al otro: "A fe que somos culpables contra nuestro hermano, cuya angustia veíamos cuando nos pedía que tuviésemos compasión y no le hicimos caso. Por eso nos hallamos en esta angustia."
42:22 Rubén les replicó: "¿Nos os decía yo que no pecarais contra el niño y no me hicisteis caso? ¡Ahora se reclama su sangre!"
42:23 Ignoraban ellos que José les entendía, porque mediaba un intérprete entre ellos.
42:24 Entonces José se apartó de su lado y lloró; y volviendo donde ellos tomó a Simeón y le hizo amarrar a vista de todos.
42:25 Mandó José que se les llenaran los envases de grano, que se devolviera a cada uno su dinero en la talega, y que se les pusiera provisiones para el camino; así se hizo con ellos.
42:26 Ellos pusieron su cargamento de grano sobre los burros, y se fueron de allí.
42:27 Al ir a hacer noche, uno de ellos abrió su talega para dar pienso a su burro, y vio que su dinero estaba en la boca de la talega de grano.
42:28 Y dijo a sus hermanos: "Me han devuelto el dinero; lo tengo aquí en mi talega." Se quedaron sin aliento, y se miraban temblando y diciendo: "¿Qué es esto que ha hecho Dios con nosotros?"
42:29 Llegaron donde su padre, a Canaán, y le manifestaron todas sus aventuras, diciéndole:
42:30 "El hombre que es señor del país ha hablado con nosotros duramente y nos ha tomado por espías del país.
42:31 Nosotros le hemos dicho que éramos gente de bien y no espías,
42:32 que éramos doce hermanos, hijos del mismo padre; que uno de nosotros no existía, y que el otro se encontraba actualmente con nuestro padre en Canaán.
42:33 Entonces nos dijo el hombre que es señor del país: "De este modo conoceré si sois gente de bien; dejad conmigo a uno de vosotros, tomad lo que hace falta en vuestras casas y marchaos
42:34 a buscarme a vuestro hermano pequeño. Así conoceré que no sois espías, sino gente de bien. Entonces os entregaré a vuestro hermano y circularéis libremente por el país.""
42:35 Ahora bien, cuando estaban vaciando sus talegas, he aquí que cada uno tenía su dinero en la talega, y tanto ellos como su padre, al ver las bolsas, sintieron miedo.
42:36 Su padre Jacob les dijo: "Me dejáis sin hijos: Falta José, falta Simeón, y encima vais a quitarme a Benjamín. Esto acabará conmigo."
42:37 Dijo Rubén a su padre: "Que mueran mis dos hijos si no te lo traemos. Confíalo a mí y yo te lo devolveré."
42:38 Replicó: "No bajará mi hijo con vosotros, pues su hermano está muerto y sólo me queda él. Si le ocurre cualquier desgracia en ese viaje que vais a hacer, entonces haríais bajar mi vejez con pena al seol."

Génesis 38,1-30: Judá y Tamar

Génesis 38,1-30  

38:1 Por aquel tiempo bajó Judá de donde sus hermanos para dirigirse a cierto individuo de Adullam llamado Jirá.
38:2 Allí conoció Judá a la hija de un cananeo llamado Súa y tomándola por esposa se llegó a ella;
38:3 ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er.
38:4 Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán.
38:5 Nuevamente dio a luz otro hijo, al que llamó Selá. Ella se encontraba en Akzib al darle a luz.
38:6 Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar.
38:7 Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de el Señor, el Señor le hizo morir.
38:8 Entonces Judá dijo a Onán: "Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado con ella, procurando descendencia a tu hermano."
38:9 Onán sabía que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra, evitando el dar descendencia a su hermano.
38:10 Pareció mal al Señor lo que hacía y le hizo morir también a él.
38:11 Entonces dijo Judá a su nuera Tamar: "Quédate como viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Selá." Pues se decía: "Por si acaso muere también él, lo mismo que sus hermanos." Tamar se fue y quedó en casa de su padre.
38:12 Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se hubo consolado, subió a Timná para el trasquileo de su rebaño, junto con Jirá su compañero adulamita.
38:13 Se lo notificaron a Tamar: "Oye, tu suegro sube a Timná para el trasquileo de su rebaño."
38:14 Entonces ella se quitó de encima sus ropas de viuda y se cubrió con el velo, y bien disfrazada se sentó en Petaj Enáyim, que está a la vera del camino de Timná. Veía, en efecto, que Selá había crecido, pero que ella no le era dada por mujer.
38:15 Judá la vio y la tomó por una ramera, porque se había tapado el rostro,
38:16 y desviándose hacia ella dijo: "Déjame ir contigo" —pues no la reconoció como su nuera. Dijo ella: "¿Y qué me das por venir conmigo?"—
38:17 "Te mandaré un cabrito de mi rebaño." —"Si me das prenda hasta que me lo mandes..."—
38:18 "¿Qué prenda he de darte?" — "Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano." El se lo dio y se unió a ella, la cual quedó encinta de él.
38:19 Entonces se marchó ella y, quitándose el velo, se vistió sus ropas de viuda.
38:20 Judá, por su parte, envió el cabrito por mediación de su compañero el adulamita, para rescatar la prenda de manos de la mujer, pero éste no la encontró.
38:21 Preguntó a los del lugar: "¿Dónde está la ramera aquella que había en Enáyim, a la vera del camino?" — "Ahí no ha habido ninguna ramera"— dijeron.
38:22 Entonces él se volvió donde Judá y dijo: "No la he encontrado; y los mismos lugareños me han dicho que allí no ha habido ninguna ramera."
38:23 "Pues que se quede con ello —dijo Judá—; que nadie se burle de nosotros. Ya ves cómo he enviado ese cabrito, y tú no la has encontrado."
38:24 Ahora bien, como a los tres meses aproximadamente, Judá recibió este aviso: "Tu nuera Tamar ha fornicado, y lo que es más, ha quedado encinta a consecuencia de ello." Dijo Judá: "Sacadla y que sea quemada."
38:25 Pero cuando ya la sacaban, envió ella un recado a su suegro: "Del hombre a quien esto pertenece estoy encinta", y añadía: "Examina, por favor, de quién es este sello, este cordón y este bastón."
38:26 Judá lo reconoció y dijo: "Ella tiene más razón que yo, porque la verdad es que no la he dado por mujer a mi hijo Selá." Y nunca más volvió a tener trato con ella.
38:27 Al tiempo del parto resultó que tenía dos mellizos en el vientre.
38:28 Y ocurrió que, durante el parto, uno de ellos sacó la mano, y la partera le agarró y le ató una cinta escarlata a la mano, diciendo: "Este ha salido primero."
38:29 Pero entonces retiró él la mano, y fue su hermano el que salió. Ella dijo: "¡Cómo te has abierto brecha!" Y le llamó Peres.
38:30 Detrás salió su hermano, que llevaba en la mano la cinta escarlata, y le llamó Zéraj.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Mateo 15,21-28: La fe de la cananea

Mateo 15,21-28  

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: "Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo." Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: "Atiéndela, que viene detrás gritando." Él les contestó: "Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel." Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: "Señor, socórreme." Él le contestó: "No está bien echar a los perros el pan de los hijos." Pero ella repuso: "Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos." Jesús le respondió: "Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas." En aquel momento quedó curada su hija.

— Comentario por Reflexiones Católicas  
“La fe de la cananea”

En el evangelio según San Mateo emerge con una particular insistencia el tema de la salvación universal y en él aparecen varias veces las expresiones de gran estima pronunciadas por Jesús respecto a los paganos llamados a la fe (cf. Mt 8,5-13; 11,21). Sin embargo, la salvación de los “gentiles” pasa históricamente, en el plan de Dios, por la elección de Israel.

Al leer el relato del milagro de la curación de la hija de una mujer cananea —pagana, por consiguiente— es preciso tener en cuenta un doble orden de consideraciones: por un lado, la tradición evangélica; por otro, la comunidad judeocristiana a la que iba dirigido el evangelio de San Mateo. Sus miembros se preguntaban, en efecto, si «el pan de los hijos» —la eucaristía— se podía distribuir también a los paganos convertidos.

La respuesta que ofrece el evangelista es clara: la condición para entrar en el Reino es la fe auténtica, que no retrocede ante ninguna dificultad, según el modelo de la fe de Abrahán (cf. Rom 4,9-25). La mujer cananea, como el centurión (cf. Mt 8,10), arranca una alabanza de admiración de los labios de Cristo, precisamente por su confianza total.

La dureza inicial de las respuestas de Jesús constituye una «prueba» de la fe: la mujer acepta en su humildad y sin discusión el designio divino y reconoce la elección de Israel, pero en su pobreza continúa esperando que no se le niegue la salvación. Y así sucede de hecho; más aún, quedándose en el último sitio, se encuentra, en cierto modo, todavía más cerca del Salvador, “el cual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza y tomó la condición de esclavo” (Flp 2,6s).

Con su actitud humilde y su oración insistente, la mujer cananea da testimonio de tener hacia Jesús una consideración como no han demostrado tener los maestros de la ley, ni los habitantes de Nazaret, ni siquiera los discípulos. En efecto, aunque es pagana, le considera realmente como don del Padre ofrecido a todos, con tal de que lo acojan.

La figura de la mujer cananea nos habla a cada uno de muchos modos, según las distintas estaciones de la vida espiritual. No hay auténtica vida de fe que no deba confrontarse, antes o después, con el misterioso silencio de Dios, que parece no escuchar, sino incluso rechazar la oración más apesadumbrada.

Jesús mismo grita a su Padre desde lo alto de la cruz su dolor por la experiencia de abandono a la que está siendo sometido: «Desde el mediodía toda la región quedó sumida en tinieblas hasta las tres. Hacia las tres gritó Jesús con voz potente: “Elí, Elí. ¿lemá sabaktani?”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”» (Mt 27,46s; cf. Sal 21).

Sin embargo, estamos seguros de que Dios no es un padre sádico que se divierte haciendo sufrir a sus criaturas. Jesús mismo afirma que «el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren» (Mt 7,7). ¿Por qué, entonces, la duda en la respuesta? ¿Cuál es su sentido? No es posible establecer por qué ha elegido Dios este camino, pero sabemos que le gusta ser invocado durante tiempo, con insistencia, con perseverancia. Como una madre que goza al oír la voz de su hijo, así Dios, a través de la oración nos tiene junto a él, haciéndonos crecer en la comunión con él y en la caridad con los hermanos. En su momento no dejará de oírnos mucho más allá de lo que esperábamos, y la mejor prueba de que nos escucha será precisamente nuestra propia conversión. 

Mateo 15,21-28: Se retiró hacia el país de Tiro y Sidón

Mateo 15,21-28  

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: "Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo." Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: "Atiéndela, que viene detrás gritando." Él les contestó: "Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel." Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: "Señor, socórreme." Él le contestó: "No está bien echar a los perros el pan de los hijos." Pero ella repuso: "Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos." Jesús le respondió: "Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas." En aquel momento quedó curada su hija.

— Comentario por Reflexiones Católicas 
 “Se retiró hacia el país de Tiro y Sidón”

Tiro y Sidón están situadas en los confines de Galilea, más allá de la frontera que hoy recibe el nombre de Rash-en-Naqura, en la frontera entre Israel y el Líbano. Es tierra de paganos, de fenicios. Jesús se desplaza hacia el norte, buscando tal vez un momento de distensión y de descanso tras el intenso ritmo de la predicación en Galilea. Se trata de un desplazamiento simbólico que anuncia la universalidad de la salvación.

El encuentro con la mujer cananea, en este marco general, constituye un episodio emblemático. Es un encuentro entre un rabí y una mujer, una mujer que, por añadidura, es pagana. La actitud del Maestro expresa, al comienzo, la distancia y la desconfianza normal entre el pueblo elegido y los pueblos paganos. La insistente petición de la mujer cananea, absolutamente preocupada por la salud física y psíquica de su hija, expresa afecto materno y, al mismo tiempo, confianza en Jesús.

A las tres intensas imploraciones de la mujer le siguen tres actitudes de distanciamiento por parte de Jesús, actitudes casi incomprensibles para nosotros, a no ser por su alcance pedagógico. A la invocación de la mujer: «Ten piedad de mi, Señor, Hijo de David» (v. 22), Jesús no le responde ni con una palabra.

Al segundo intento insistente de mediación por parte de los discípulos sólo le responde con un rechazo que acentúa las distancias entre Israel y los demás pueblos (vv 23b-24).

A la renovada petición de la cananea, que se postra ante Jesús, le corresponde una respuesta dura y enigmática: «No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perrillos» (v. 26).

Sin embargo, el instinto materno capta en el duro lenguaje empleado por Jesús una rendija de esperanza, y transforma la objeción del Maestro en una razón ineludible para obligarle a hacer el milagro: «También los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos» (v. 27).

Su fe ha quedado probada. Ha superado el examen de amor, «¡Mujer, qué grande es tu fe!» (v. 28). El Reino de Dios se dilata con el amor de aquellos que han acogido, acogen y acogerán a Jesús más allá de todo límite terreno.

La confianza ilimitada de la cananea, la mujer extranjera que se confía a Jesús y desafía con su decidida perseverancia al corazón del Maestro, también supone para nosotros un motivo de ánimo. Dios espera de nosotros que mostremos una gran esperanza en él. Las primeras respuestas, aunque no sean definitivas, son ya un camino propedéutico para atrevemos a más. También las pruebas ahondan en nosotros el verdadero sentido de la confianza y purifican las motivaciones egoístas de nuestras preguntas, para convertirse en preguntas de salvación.