Mostrando entradas con la etiqueta Éfeso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Éfeso. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de junio de 2022

4,9-18 Instrucciones personales. Saludos y bendición final

4,9-18 Instrucciones personales

9 Apresúrate a venir a mí cuanto antes,
10 porque me ha abandonado Demás por amor a este mundo y se ha marchado a Tesalónica; 
     Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia.
11 El único que está conmigo es Lucas. Toma a Marcos y tráele contigo, 
     pues me es muy útil para el ministerio.
12 A Tíquico le he mandado a Éfeso.
13 Cuando vengas, tráeme el abrigo que me dejé en Tróada, en casa de Carpo, y los libros, 
     en especial los pergaminos.
14 Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le retribuirá según sus obras.
15 Tú también guárdate de él, pues se ha opuesto tenazmente a nuestra predicación.
16 En mi primera defensa nadie me asistió, antes bien todos me desampararon. 
     Que no se les tome en cuenta.
17 Pero el Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, 
     se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. Y fui librado de la boca del león.
18 El Señor me librará de toda obra mala y me salvará guardándome para su Reino celestial. 
     A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

4,19-22: Saludos y bendición final

19 Saluda a Prisca y Aquila y a la familia de Onesíforo.
20 Erasto se quedó en Corinto; a Trófimo le dejé enfermo en Mileto.
21 Date prisa en venir antes del invierno. Te saludan Eubulo, Pudente, Lino, Claudia 
     y todos los hermanos.
22 El Señor sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros.

jueves, 9 de junio de 2022

Hechos 20,17-38: Despedida de Pablo a los presbíteros de Éfeso

20,17-38: Despedida de Pablo a los presbíteros de Éfeso

20,17-27
Martes de la 7 Semana de Pascua

17 Desde Mileto envió un mensaje a Éfeso convocando a los ancianos de la comunidad. 
18 Cuando llegaron les dijo: —Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde 
     el primer día que pisé Asia. 
19 He servido al Señor con toda humildad, con lágrimas y en todas las pruebas que me han causado 
     las intrigas de los judíos. 
20 No he dejado de hacer todo lo que pudiera ser útil: les prediqué y les enseñé tanto en público como 
     en sus casas. 
21 A judíos y griegos les he inculcado el arrepentimiento frente a Dios y la fe en nuestro Señor Jesús. 
22 Ahora, encadenado por el Espíritu, me dirijo a Jerusalén sin saber lo que allí me sucederá. 
23 Sólo sé que en cada ciudad el Espíritu Santo me asegura que me esperan cadenas y persecuciones. 
24 Pero poco me importa la vida, con tal de completar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor 
     Jesús: anunciar la Buena Noticia de la gracia de Dios. 
25 Ahora sé que ustedes, cuyo territorio he atravesado proclamando el reino, no volverán a verme. 
26 Por eso hoy declaro que no soy responsable de la muerte de ninguno, 
27 porque nunca dejé de anunciar plenamente el designio de Dios. 


28 Cuídense ustedes y cuiden a todo el rebaño que el Espíritu Santo les encomendó como a pastores 
     de la Iglesia de Dios, que Él adquirió pagando con su sangre.
29 Sé que después de mi partida se meterán entre ustedes lobos rapaces que no respetarán el rebaño. 
30 Incluso de entre ustedes saldrán algunos que dirán cosas equivocadas para arrastrar tras de sí 
     a los discípulos. 
31 Por tanto, estén atentos y recuerden que durante tres años no he cesado de aconsejarlos con lágrimas 
     ni de día ni de noche. 
32 Ahora los encomiendo al Señor y al mensaje de su gracia, que tiene poder para hacerlos crecer 
     y otorgar la herencia a todos los consagrados. 
33 No he codiciado la plata ni el oro ni los vestidos de nadie. 
34 Ustedes saben que con mis manos he atendido a las necesidades mías y de mis compañeros. 
35 Les he enseñado siempre que, trabajando así, hay que ayudar a los débiles, recordando el dicho 
     del Señor Jesús: más vale dar que recibir. 
36 Dicho esto, se arrodilló con todos y oró. 
37 Todos se pusieron a llorar; lo abrazaban y lo besaban afectuosamente, 
38 entristecidos sobre todo por lo que había dicho, que no volverían a verlo. Después lo acompañaron 
     hasta el barco.

Hechos 20,13-16: Viaje de Tróade a Mileto

20,13-16: Viaje de Tróade a Mileto

13 Nosotros nos dirigimos al barco y zarpamos para Aso, donde debíamos recoger a Pablo. 
     Eso era lo convenido, ya que él hacía el viaje a pie. 
14 Cuando nos alcanzó en Aso, se embarcó con nosotros y nos dirigimos a Mitilene. 
15 Zarpamos de allí y al día siguiente llegamos frente a Quíos, al otro día pasamos Samos 
     y al siguiente llegamos a Mileto. 
16 Pablo tenía decidido pasar de largo por Éfeso, para no retrasarse tanto en Asia. 
     Porque, si era posible, quería estar en Jerusalén el día de Pentecostés.

miércoles, 8 de junio de 2022

Hechos 19,11-20: Los exhorcistas judíos

19,11-20: Los exhorcistas judíos

11 Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo; 
12 hasta el punto de que aplicaban a los enfermos paños o pañuelos que él había tocado, 
     y les desaparecía la enfermedad y también salían de ellos los espíritus malignos. 
13 Unos exorcistas ambulantes judíos intentaron invocar sobre los poseídos de espíritus malignos 
     el nombre de Jesús con la fórmula: Yo los conjuro por el Jesús que Pablo predica. 
14 Un sumo sacerdote judío, llamado Escevas, tenía siete hijos que hacían eso. 
15 Pero el espíritu maligno les dijo: —A Jesús lo conozco, Pablo sé quién es; pero ustedes, ¿quiénes son? 
16 El hombre poseído por el espíritu maligno se abalanzó sobre ellos y los dominó por la fuerza, 
     así que tuvieron que escapar desnudos y malheridos de aquella casa. 
17 Lo supieron los vecinos de Éfeso, judíos y griegos, y todos se llenaron de temor. 
     El nombre del Señor Jesús ganaba prestigio. 
18 Muchos que abrazaban la fe venían a confesar públicamente sus prácticas. 
19 No pocos, que habían practicado la magia, traían sus libros y los quemaban en presencia de todos. 
     Calculando el precio de aquellos libros, resultó ser de cincuenta mil monedas de plata. 
20 Así, por el poder del Señor, el mensaje crecía y se fortalecía.

Hechos 19,1-10: Discípulos de Juan Bautista. Fundación de la Iglesia de Éfeso

Hechos 19,1-10: Discípulos de Juan Bautista. Fundación de la Iglesia de Éfeso
Lunes de la 7 Semana de Pascua

1 Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo viajaba por el interior hasta llegar a Éfeso. 
   Allí encontró unos discípulos 
2 y les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo después de abrazar la fe. Le respondieron: 
   —Ni sabíamos que había Espíritu Santo. 
3 Les preguntó: —Entonces, ¿qué bautismo han recibido? Contestaron: —El bautismo de Juan.
4 Pablo replicó: —Juan predicó un bautismo de arrepentimiento, encargando al pueblo que creyera 
   en el que venía detrás de él, o sea, en Jesús. 
5 Al oírlo, se bautizaron invocando el nombre del Señor Jesús. 
6 Pablo les impuso las manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo, 
   y se pusieron a hablar en distintas lenguas y a profetizar. 
7 Eran doce varones.
8 Después entró en la sinagoga, y durante tres meses habló abiertamente, 
   discutiendo de modo convincente sobre el reino de Dios.
9 Pero, como algunos se endurecían y se negaban a creer y difamaban el Camino ante la gente, 
   Pablo se apartó de ellos, llevó consigo a los discípulos y siguió discutiendo diariamente
   en la escuela de un tal Tirano.
10 Esto duró dos años, de modo que todos los habitantes de Asia, judíos y griegos, 
     escucharon la Palabra del Señor.

Hechos 18,18-23: Regreso de Pablo a Antioquía

18,18-23: Regreso de Pablo a Antioquía

19 Llegaron a Éfeso, donde Pablo se separó de sus compañeros y se dirigió a la sinagoga 
     para discutir con los judíos. 
20 Aunque le rogaban que se quedara más tiempo, no accedió, 
21sino que se despidió diciendo: —Si Dios quiere, volveré a visitarlos. Zarpó de Éfeso 
22 y bajó a Cesarea; allí desembarcó para saludar a la comunidad, y prosiguió el viaje hasta Antioquía. 
23 Pasada una temporada partió y fue atravesando Galacia y Frigia, confirmando a todos los discípulos.

lunes, 27 de agosto de 2018

1 Carta a Timoteo 1,1-7: Saludo inicial. Los falsos maestros

Saludo inicial
1:1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por mandato de Dios, nuestro Salvador, y de Cristo Jesús, nuestra esperanza,
1:2 saluda a Timoteo, su verdadero hijo en la fe. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor.

Los falsos maestros
1:3 Al partir para Macedonia, te pedí que permanecieras en Éfeso, para impedir que cierta gente enseñara doctrinas extrañas
1:4 y prestara atención a mitos y genealogías interminables. Estas cosas no hacen más que provocar discusiones inútiles, en lugar de servir al designio de Dios fundado sobre la fe.
1:5 Te hice este pedido con el fin de suscitar el amor que brota de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera.
1:6 Por haberse apartado de esto, algunos terminaron en pura palabrería
1:7 y, pretendiendo ser maestros de la Ley, en realidad no saben lo que dicen ni lo que afirman con tanta seguridad.

martes, 6 de septiembre de 2016

1 Corintios 16,5-9: Próxima visita de Pablo

La próxima visita de Pablo
16:5 Yo iré a verlos, después de atravesar donde estaré de paso.
16:6 Tal vez me quede con ustedes algún tiempo, a lo mejor durante todo el invierno, a fin de que me ayuden a proseguir viaje hasta el lugar de mi destino.
16:7 Porque no quiero verlos sólo de paso, sino que espero quedarme algún tiempo entre ustedes, si el Señor lo permite.
16:8 Mientras tanto, permaneceré en Éfeso hasta Pentecostés,
16:9 ya que se ha abierto una gran puerta para mi predicación, aunque los adversarios son numerosos. 

1 Corintios 15,29-34: La resurrección, fundamento de la esperanza

La resurrección, fundamento de la esperanza
15:29 Si no fuera así, ¿de qué sirve bautizarse por los que han muerto? Si los muertos no resucitan, ¿qué sentido tiene bautizarse por ellos?
15:30 Y nosotros mismos, ¿por qué nos exponemos a cada instante al peligro?
15:31 Cada día yo me enfrento con la muerte, y esto es tan cierto, hermanos, como que ustedes son mi orgullo en Cristo Jesús, nuestro Señor.
15:32 ¿Y qué he ganado, si solamente por motivos humanos, yo tuve que luchar con las fieras en Éfeso? Si los muertos no resucitan, "comamos y bebamos, porque mañana moriremos".
15:33 No se dejen engañar: "Las malas compañías corrompen las buenas costumbres".
15:34 Vuelvan a comportarse como es debido y no pequen más, porque hay algunos entre ustedes que todavía no saben nada de Dios: lo digo para vergüenza de ustedes.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Hechos 20,28-38: Despedida de Pablo a los presbíteros de Éfeso

Hechos 20,28-38
Miércoles de la 7 Semana de Pascua

En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: "Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre. Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos. A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: "Hay más dicha en dar que en recibir."" Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y rezó. Se echaron a llorar y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba era lo que había dicho, que no volverían a verlo. Y lo acompañaron hasta el barco.

martes, 10 de mayo de 2016

Hechos 20,17-27: Discursos de adiós

Hechos 20,17-27  

En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo: "Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos. Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu. No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios."

— Comentario por Reflexiones Católicas

Un motín dirigido contra Pablo obliga a éste a abandonar Efeso. Las constantes persecuciones de los judaizantes le obligan a modificar continuamente sus planes de viaje: está acosado. Se acerca el desenlace. Sabe que, desde ahora no tardarán en atraparle.

En su escala a Mileto se despide de los «Ancianos», venidos expresamente de Efeso. Este discurso de despedida es un verdadero testamento pastoral, está destinado especialmente a los que ejercen un cargo en la Iglesia, He aquí el retrato del «apóstol» según san Pablo:

– “Sirviendo al Señor, con humildad...”

Lo que dice no es su propia palabra: Pablo es «servidor» de otro. Danos, Señor, da especialmente a los sacerdotes, ese desprendimiento de cualquier suficiencia, de cualquier orgullo, para estar siempre y exclusivamente a tu servicio.

– “Con lágrimas y en medio de muchas pruebas... que me han ocasionado las maquinaciones de los judaizantes”

«El servidor no está por encima de su amo». Tú lo dijiste, Señor. El apostolado no es un tranquilo entretenimiento. Toda responsabilidad en la Iglesia, toda vida cristiana auténtica están marcadas por la cruz. Para Pablo, su cruz principal vino de los que no aceptaban evolucionar, pasar del judaísmo a la fe en Cristo. Cada uno de nosotros tiene su cruz. Toda "prueba" tiene valor si sabemos asociarla a la redención. La salvación de la humanidad no se logra de otro modo, sino de la manera que Jesucristo ha establecido. Es duro Señor... pero danos la gracia de aceptarlo.

– “Yo nunca me acobardé, cuando era necesario anunciar la palabra de Dios”

Valentía. Seguridad. Audacia. “Yo nunca me acobardé” Esta fórmula deja suponer que alguna vez, Pablo sintió la tentación de «acobardarse», de huir, de callarse, de renunciar.

– “En público y en privado, daba testimonio a judíos y a griegos para que se convirtieran a Dios”

Este fue el auditorio y la búsqueda de Pablo. ¡Sin discriminación! Si los judíos, por su estrechez de miras, perjudicaron tanto a Pablo, éste no les guarda ningún resentimiento: también a ellos ha de proclamar la Palabra de Dios, como la proclama a los griegos. Judíos y griegos, Hoy, diríamos «creyentes de siempre» y «no-creyentes»... También hoy la Palabra de Dios se dirige a todos.

– “Ahora, yo, encadenado por el Espíritu... sin saber lo que me va a suceder...” 

Este es el motor profundo de su acción apostólica. Está acabado. El dice «encadenado», pero por el Espíritu. No hace lo que quiere. Va donde el Espíritu le lleva. Es la aventura integral, sin ninguna previsión posible por adelantado.

– “Mi propia vida no cuenta para mí, con tal que termine mi carrera y cumpla el ministerio que he recibido del Señor Jesús”

Ha dado su vida. Ya no le pertenece. No cuenta para él. Ama. Vive para otro: Jesús.

– “Dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios...”

Anunciar, por entero, la voluntad de Dios. Tal es el contenido del feliz mensaje: el don gratuito.

Es el tercer gran discurso que los Hechos ponen en labios de Pablo y, por eso, es indicio de un momento solemne y de un tema trascendental. Pertenece al género literario de los «discursos de adiós», de los que encontramos numerosos ejemplos en los libros del Antiguo y Nuevo Testamento y en la literatura profana. Viene a ser el testamento pastoral de Pablo, su última voluntad; en él se despide el Apóstol de su actividad misionera y exhorta y da normas de gobierno a los «presbíteros-obispos» que han de tomar su relevo. Por eso, el tema ministerial y pastoral es el central.

Aunque este discurso, más que ningún otro, despierta en el lector numerosas resonancias de frases paralelas en los escritos paulinos, los exegetas actuales se inclinan a ver en él una creación literario-teológica de Lucas, porque así lo manifiestan la teología y situación de las Iglesias reflejadas en su trasfondo. En el discurso podemos distinguir cuatro partes:

1) una apología que evoca los tres años de apostolado en Efeso (18-21)
2) un anuncio de inminentes tribulaciones y del final de su ministerio (22-27)
3) una exhortación a la vigilancia pastoral (28-32)
4) el ejemplo desinteresado de Pablo (33-35).

Lo que hemos dicho sobre la no autenticidad histórica del discurso de Pablo tiene una intencionalidad que va más allá de la curiosidad científica. Es importante darse cuenta de que la teología y las estructuras ministeriales del discurso son las de la época de Lucas, hacia finales del siglo y reflejan unos rasgos diferentes Y más evolucionados de los que encontramos en las epístolas auténticas de Pablo, para comprender que las estructuras ministeriales de la Iglesia son el resultado de una historicidad dinámica, más abierta y reversible de lo que muchos piensan. Sobre todo en momentos como el actual, en que la Iglesia vive una angustiosa crisis de los ministerios, esto constituye una invitación a actitudes creadoras de una nueva identidad ministerial cara al hoy y al mañana, sin ser prisioneras del ayer.

Lo que se dice en los vv 28-32 sobre la vigilancia pastoral anuncia una verdad de validez permanente en la Iglesia, que en épocas de confusionismo puede revestir una urgencia especial. Pero si esta psicología eclesial se vuelve absorbente, tenemos la tentación del clericalismo, y el Pueblo de Dios pasa a ser objeto y no protagonista. Sin menospreciar el papel de los pastores, las cartas auténticas de Pablo y el Vaticano II subrayan el protagonismo del pueblo de Dios. 

Juan 17,1-11a: Despedida de Jesús

Juan 17,1-11a

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: "Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti."

— Comentario por Reflexiones Católicas
Despedida de Jesús

Las dos lecturas de hoy son emotivas. Se trata de la despedida de Jesús y de Pablo de sus discípulos, amigos y hermanos. Jesús tiene un claro presentimiento de que ha llegado “su hora”. Después del coloquio de la última cena en el que les ha dado una serie de consignas: “Amaos como yo os he amado", “no tengáis miedo”, “no os dejaré desamparados, os enviaré el Espíritu”, “yo soy el camino, la verdad y la vida”..., se dirige al Padre en una oración estremecida. Podemos imaginarnos el temblor de su voz y la luminosidad de sus ojos alzados a lo alto.

Desde san Cirilo (s. V) se ha calificado esta oración como sacerdotal. En ella, el Hijo se ofrece al Padre por la salvación de sus hermanos y resume el sentido de toda su vida. Es una oración que trasciende el tiempo y el espacio para alcanzar a los discípulos de todos los tiempos.

Pablo, en su viaje a Jerusalén, al no poder acercarse a Éfeso, llama a los presbíteros a Mileto para despedirse de ellos y, a través de ellos, de toda la comunidad. Cuando se encuentran reunidos les abre el corazón: “Sé que ninguno de vosotros me volverá a ver” y a continuación les da una serie de recomendaciones fraternales.

Tanto Jesús como Pablo dirigen a los suyos un “a Dios” en sentido original: “Os encomiendo a-Dios”. Los dos relatos tienen rasgos comunes. Los discursos son verdaderos testamentos espirituales; contienen los elementos que se encuentran en la mayoría de los discursos de despedida de grandes personajes bíblicos (Gn 49; 1 Sm 12,1-24; Tob 14,3-33; 1 M 2,44-69; Lc 22,24-38).

El discurso de Pablo a los ancianos de Éfeso (Hch 20,17-38) contiene también recomendaciones, memoria de las actividades pasadas, profecías y perspectivas sombrías para los que se quedan, insistencia en que éstos no olviden al ausente y fórmula de bendición final.

Los dos reflejan una oración de gratitud por la fidelidad vivida, por la misión cumplida, que, en el caso de Jesús, resumirá instantes antes de expirar con su solemne confesión: “Todo está cumplido” (Jn 19,30). Ora Jesús: “He coronado la obra que me encomendaste... He guardado en tu nombre a los que me diste”. 

Pablo, por su parte, al dirigirse a los presbíteros de Éfeso, les dice con emotiva sinceridad: “Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí he servido al Señor con toda humildad en las penas y pruebas que me han proporcionado los judíos. Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que he enseñado en público y en privado, insistiendo a los judíos y a los griegos a que se conviertan y crean en nuestro Señor Jesús... Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie”.

Estamos ante el testamento espiritual de Pablo, que refleja la imagen ideal del pastor cristiano, imagen de Jesús. Si supiéramos que llega la hora de nuestra partida de esta existencia terrena, ¿podríamos orar como Jesús o como Pablo? ¿Podríamos dar gracias por haber realizado, al menos en lo esencial, el proyecto de Dios sobre nosotros? ¿Qué podríamos ofrecer al Señor? ¿Qué hubiéramos querido haber hecho? ¿Cómo hubiéramos querido haber vivido? ¿Quiénes hubiéramos querido haber sido?

Pablo, como Jesús, confiesa a los presbíteros de Éfeso: “La vida para mí no cuenta al lado de completar mi carrera y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo de la buena noticia, de la gracia de Dios” (Hch 20,24). A Timoteo, su discípulo más entrañable, le escribe: “Por lo que a mí toca, he competido en noble lucha, he corrido hasta la meta, me he mantenido fiel. Ahora ya me aguarda la corona merecida con la que el Señor, juez justo, me premiará el último día, y no sólo a mí" (2 Tm 4,6-8). 

Hechos 20,17-27: Despedida de Pablo a los presbíteros de Éfeso

Hechos 20,17-27
Martes de la 7 Semana de Pascua

En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo: "Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos. Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu. No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios."

SOBRE EL MISMO TEMA:
Despedida de Pablo
Discursos de adiós   

viernes, 6 de mayo de 2016

Hechos 18,23-28: Actividad de Apolo en Éfeso y Corinto

Hechos 18,23-28
Sábado de la 6 Semana de Pascua

Pasado algún tiempo en Antioquía, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, animando a los discípulos. Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en la Escritura. Lo habían instruido en el camino del Señor, y era muy entusiasta; aunque no conocía más que el bautismo de Juan, exponía la vida de Jesús con mucha exactitud. Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Su presencia, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.