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sábado, 30 de abril de 2016

Apocalipsis 21,10-14.22-23: La nueva Jerusalén

Apocalipsis 21,10-14.22-23
Domingo de la Sexta Semana de Pascua, ciclo C

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero. Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.

sábado, 23 de abril de 2016

Apocalípsis 21,1-5a: El cielo nuevo y la tierra nueva

Apocalípsis 21,1-5a
Domingo de la 5 Semana de Pascua, ciclo C

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: "Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado." Y el que estaba sentado en el trono dijo: "Todo lo hago nuevo."

sábado, 16 de abril de 2016

Apocalípsis 7,9.14b-17: El triunfo de los elegidos

Apocalípsis 7,9.14b-17
Domingo de la 4 Semana de Pascua, ciclo C

Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo: "Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos."

sábado, 9 de abril de 2016

Apocalipsis 5,11-14: El Cordero degollado

Apocalipsis 5,11-14
Domingo de la 3 Semana de Pascua, ciclo C

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: "Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza." Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos-, que decían: "Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos." Y los cuatro vivientes respondían: "Amén." Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

sábado, 2 de abril de 2016

Apocalipsis 1:9-11a.12-13,17-19: Retornar a Dios siempre

Apocalipsis 1:9-11a.12-13,17-19

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: "Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia." Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: "No temas: Yo soy el primero y el Último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde."

— Comentario por Reflexiones Católicas

El Apocalipsis es, por excelencia, el libro de la «revelación» de Jesús, aunque requiere por parte del lector el paciente trabajo de entrar en su lenguaje cargado de símbolos.

Juan recibe esta revelación en favor de los hermanos mientras se encontraba confinado en la isla de Patmos a causa de la fe. La profunda experiencia espiritual (v. 10) vivida por él tiene lugar precisamente el domingo, día memorial de la resurrección del Señor. Oye a su espalda una voz potente, «como de trompeta», que le ordena escribir lo que vea.

Los elementos con los que se describe esta primera experiencia recuerdan la revelación del Sinaí, comprendida, no obstante, en su plenitud gracias al misterio pascual. Al escuchar la voz, Juan tiene que “volverse” (el verbo usado es “epistréphein”, el mismo término que indica la "conversión" como retorno a Dios) y precisamente porque se convierte puede ver. Se presenta entonces ante sus ojos un misterioso personaje, «una especie de figura humana» (v. 13) en medio de siete candelabros de siete brazos.

El único candelabro de siete brazos del templo de Jerusalén se ha transformado en muchos candelabros a fin de indicar que ha tenido lugar un paso desde el único ámbito del culto —o sea, el templo— a la totalidad de la comunidad eclesial.

En medio de ellos está Cristo resucitado, descrito con elementos tomados del Antiguo Testamento. Éstos expresan la función mesiánica, que ha llegado a su culminación. La larga túnica y la banda de oro (v. 13) son un rasgo distintivo sacerdotal (cf. Dn 10,5); el pelo blanco (v. 14a) alude al «anciano de los días» de Dn 7,9. El Hijo del hombre es Dios mismo.

Frente a él reacciona Juan con el desconcierto propio de quien entra en contacto con Dios, pero el personaje glorioso le tranquiliza y se presenta con cinco expresiones que le califican como el Resucitado. Es «el primero y el último», es decir, el creador y señor del cosmos y de la historia (cf. Is 44,8; 48,12); «el que vive», a saber: el que tiene la vida en sí mismo, según una terminología muy estimada por el Antiguo Testamento. 

Apocalipsis 1:9-13,17-19: Visión preparatoria

Apocalipsis 1:9-11a.12-13,17-19
Domingo de la 2 Semana de Pascua, ciclo C

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: "Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia." Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: "No temas: Yo soy el primero y el Último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde."

SOBRE EL MISMO TEMA:  
Retornar a Dios siempre   

martes, 18 de noviembre de 2014

Apocalípsis 3,1-6.14-22

Apocalipsis 3, 1-6.14-22
Martes de la 33 Semana del Tiempo Ordinario II,

Yo, Juan, oí cómo el Señor me decía: "Al ángel de la Iglesia de Sardes escribe así: "Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de mi Dios. Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi palabra: guárdala y arrepiéntete. Porque, si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Ahí en Sardes tienes unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos irán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen. El que salga vencedor se vestirá todo de blanco, y no borraré su nombre del libro de la vida, pues ante mi Padre y ante sus ángeles reconoceré su nombre. Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias." Al ángel de la Iglesia de Laodicea escribe así: "Habla el Amén, el testigo fidedigno y veraz, el principio de la creación de Dios: Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca. Tú dices: 'Soy rico, tengo reservas y nada me falta'. Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro refinado en el fuego, y así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez; y colirio para untártelo en los ojos y ver. A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él. Quien tenga oídos, oiga la que dice el Espíritu a las Iglesias.""