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lunes, 19 de agosto de 2024

Libro de Josué 8,1-35: Conquista de Ay

Libro de Josué 
LA CONQUISTA DE AY
Eclo 46,2

Capítulo 8
Orden dada a Josué

1 El Señor dijo a Josué: –No temas ni te acobardes. 
    Vete con tu ejército a atacar Ay, que yo te pongo en las manos a su rey, 
    su gente, la ciudad y sus campos. 
2 Trata a la ciudad y a su rey como trataste a Jericó y a su rey. 
   Sólo se llevarán el botín y el ganado. Pon emboscadas al otro lado del pueblo. 
3 Josué y su ejército prepararon el ataque de Ay. 
   Josué escogió treinta mil soldados y los envió durante la noche 
4 con estas instrucciones: –Presten atención, ustedes estarán emboscados detrás del pueblo, 
   pero sin alejarse mucho, manténganse alerta; 
5 yo y los míos nos acercaremos. Cuando el enemigo salga contra nosotros, 
   como la primera vez, huiremos ante ellos; 
6 ellos saldrán detrás, pensando que huimos como la primera vez, 
   y así lograremos alejarlos del pueblo. 
7 Entonces salgan de la emboscada y apodérense de la ciudad –el Señor se las entregará– 
8 y en cuanto la ocupen, la incendiarán. Hagan lo que ha dicho el Señor. Éstas son mis órdenes. 
9 Los despachó, y fueron a ubicarse en el lugar de la emboscada entre Betel y Ay, al oeste de Ay. 
   Josué pasó aquella noche entre la tropa. 
10 Se levantó temprano, pasó revista a la tropa y marchó contra Ay. 
     El iba a la cabeza, con los ancianos de Israel. 
11 Todos los soldados que los acompañaban fueron acercándose a Ay, hasta llegar frente a ella, 
     y acamparon al norte, dejando el valle entre ellos y el pueblo. 
12 Josué había tomado unos cinco mil hombres y los había emboscado entre Betel y Ay, 
     al oeste de la villa. 
13 El grueso del ejército acampó al norte, la retaguardia al oeste de la villa. 
     Josué fue aquella noche hasta la mitad del valle. 

Batalla de Ay

14 Cuando el rey de Ay lo descubrió, despertó a toda prisa a la gente 
     y salió con su ejército a presentar batalla a Israel, en la bajada frente al desierto, 
     sin saber que le habían tendido una emboscada detrás de la ciudad. 
15 Josué y los israelitas cedieron ante ellos y emprendieron la fuga camino del desierto. 
16 Los de Ay salieron gritando tras ellos y persiguieron a Josué, alejándose de la ciudad; 
17 no quedó uno en Ay que no saliera en persecución de los israelitas 
     y por perseguirlos dejaron la ciudad desguarnecida. 
18 El Señor dijo a Josué: –Extiende en dirección de Ay la lanza que llevas en la mano, 
     porque la entrego en tu poder. 
19 Josué extendió en dirección de Ay la lanza que llevaba en la mano, 
     y los de la emboscada salieron corriendo de sus posiciones, entraron en la ciudad, 
     la ocuparon y la incendiaron en seguida. 

Desastre de la gente de Ay

20 Los de Ay se volvieron a mirar y vieron que subía de la ciudad una humareda hasta el cielo 
     y que no tenían escapatoria por ninguna parte, porque los que habían huido hacia el desierto 
     se volvieron contra sus perseguidores. 
21 Ya que Josué y los israelitas, viendo que los de la emboscada habían incendiado la ciudad, 
     por la humareda que subía, se dieron la vuelta y atacaron a los de Ay 
22 y por su parte los de la emboscada salieron de Ay a su encuentro, 
     y así se vieron encerrados entre dos ejércitos israelitas. 
     Israel los derrotó hasta no dejarles un superviviente ni un fugitivo. 
23 Al rey de Ay lo apresaron vivo y se lo llevaron a Josué. 
24 Cuando los israelitas acabaron de matar a todos los de Ay que habían salido a campo abierto 
     en su persecución, haciéndolos caer a todos a filo de cuchillo, hasta el último, 
     se volvieron contra Ay y pasaron a cuchillo a sus habitantes. 
25 Las bajas de aquel día fueron doce mil entre hombres y mujeres, toda gente de Ay. 

El anatema y la ruina

26 Josué tuvo extendido el brazo con la lanza hasta que exterminaron a todos los de Ay. 
27 Los israelitas se llevaron sólo el ganado y el botín, como había ordenado el Señor a Josué. 
28 Josué incendió la ciudad, reduciéndola a un montón de escombros, que dura hasta hoy. 
29 Al rey de Ay lo ahorcó de un árbol y lo dejó allí hasta la tarde; 
     al ponerse el sol mandó bajar del árbol el cadáver, 
     lo tiraron junto a la puerta de la ciudad y lo cubrieron con un montón enorme de piedras, 
     que se conserva hasta hoy. 

SACRIFICIO Y LECTURA DE LA LEY SOBRE EL MONTE EBAL
El altar de piedras sin labrar

30 Entonces levantó Josué un altar al Señor, Dios de Israel, en el monte Ebal, 
31 como había mandado Moisés, siervo del Señor, a los israelitas 
     –está escrito en el libro de la ley de Moisés–: un altar de piedras enteras, no labradas a hierro, 
     y ofrecieron sobre él holocaustos y sacrificios de comunión. 

Lectura de la Ley

32 Allí escribió Josué sobre las piedras una copia de la ley 
     que Moisés había escrito en presencia de los israelitas. 
33 Todo Israel, los ancianos, los escribas y los jueces estaban a ambos lados del arca, 
     frente a los sacerdotes levitas portadores del arca de la alianza del Señor. 
     Tanto el extranjero como el nativo: la mitad hacia el monte Garizín, 
     la otra mitad hacia el monte Ebal, 
     como había mandado Moisés, siervo del Señor, 
     cuando bendijo por primera vez al pueblo israelita. 
34 Josué leyó todo el texto de la ley, bendiciones y maldiciones, 
     tal como está escrito en el libro de la Ley. 
35 De cuanto prescribió Moisés no quedó ni una palabra 
     que Josué no leyera ante la asamblea de Israel, 
     incluidos niños, mujeres y los extranjeros que iban con ellos. 

Libro de Josué 6,1-27: La conquista de Jericó

Libro de Josué 
Capítulo 6
La toma de Jericó
Nm 10,1-10; Ap 8

1 Jericó estaba cerrada a cal y canto ante los israelitas. Nadie salía ni entraba. 
2 El Señor dijo a Josué: –Mira, entrego en tu poder a Jericó y su rey. 
3 Todos los soldados den una vuelta diaria alrededor de la ciudad durante seis días. 
4 Siete sacerdotes llevarán siete trompetas delante del arca; 
   al séptimo día darán siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las trompetas, 
5 a la señal dada con el cuerno, cuando oigan el sonido de las trompetas, 
   todo el ejército lanzará el grito de guerra; entonces se desplomarán las murallas de la ciudad, 
   y cada uno la asaltará desde su puesto. 
6 Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les mandó: 
   –Lleven el arca de la alianza, y que siete sacerdotes lleven siete trompetas 
   delante del arca del Señor. 
7 Y luego dijo a la tropa:
    –Marchen a rodear la ciudad; los que lleven armas pasen delante del arca del Señor. 
8 Después que Josué dio estas órdenes a la tropa, siete sacerdotes, llevando siete trompetas, 
   se pusieron delante del Señor y empezaron a tocar. El arca del Señor los seguía; 
9 los soldados armados marchaban delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas; 
    el resto del ejército marchaba detrás del arca. Las trompetas acompañaban la marcha. 
10 Josué había dado esta orden a la tropa: 
     –No lancen ningún grito de guerra, ni dejen oír su voz, no se les escape una palabra 
     hasta el momento en que yo les mande gritar; entonces gritarán. 
11 Dieron una vuelta a la ciudad con el arca del Señor 
     y se volvieron al campamento para pasar la noche. 
12 Josué se levantó de madrugada, y los sacerdotes tomaron el arca del Señor. 
13 Siete sacerdotes, llevando siete trompetas delante del arca del Señor, 
     acompañaban la marcha de los soldados con las trompetas. 
     Y la retaguardia marchaba tras el arca al son de las trompetas. 
14 Aquel segundo día dieron una vuelta a la ciudad y se volvieron al campamento. 
     Así hicieron seis días. 
15 El día séptimo, al despuntar el sol, madrugaron y dieron siete vueltas a la ciudad, 
     conforme al mismo ceremonial. 
     La única diferencia fue que el día séptimo dieron siete vueltas a la ciudad. 
16 A la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron las trompetas y Josué ordenó a la tropa:
      –¡Griten, que el Señor les entrega la ciudad! 

Jericó consagrada al anatema

17 Esta ciudad, con todo lo que hay en ella, se consagra al exterminio en honor del Señor. 
     Sólo han de quedar con vida la prostituta Rajab y todos los que estén con ella en su casa, 
     porque escondió a nuestros emisarios. 
18 En cuanto a ustedes, tengan cuidado, no se les vayan los ojos 
     y recojan algo de lo consagrado al exterminio; 
     porque pondrán bajo maldición el campamento de Israel y le acarrearán la desgracia. 
19 Toda la plata y el oro y el ajuar de bronce y hierro se consagran al Señor: irán a parar a su tesoro. 
20 Sonaron las trompetas. Al oír el toque, lanzaron todos el grito de guerra. 
     Las murallas se desplomaron y el ejército dio el asalto a la ciudad, cada uno desde su puesto, 
     y la conquistaron. 
21 Consagraron al exterminio todo lo que había dentro: 
     hombres y mujeres, muchachos y ancianos, vacas, ovejas y burros, todo lo pasaron a cuchillo. 

La casa de Rajab preservada

22 Josué había encargado a los dos espías: 
     –Vayan a la casa de la prostituta y sáquenla de allí con todo lo que tenga, tal como le juraron. 
23 Los espías fueron y sacaron a Rajab, a su padre, madre y hermanos y todo lo que tenía, 
     y a todos los parientes, y los dejaron fuera del campamento israelita. 
24 Incendiaron la ciudad y cuanto había en ella. 
     Sólo la plata, el oro y el ajuar de bronce y hierro lo destinaron al tesoro del Templo del Señor. 
25 Josué perdonó la vida a Rajab, la prostituta, a su familia y a todo lo suyo. 
     Rajab vivió en medio de Israel hasta hoy, por haber escondido a los emisarios que envió Josué 
     a explorar Jericó. 

Maldición a quien reconstruya Jericó

26 En aquella ocasión juró Josué: –¡Maldito de Dios el que reedifique esta ciudad! 
     Pondrá los cimientos sobre su primogénito y colocará las puertas sobre su hijo menor. 
27 El Señor estuvo con Josué, y su fama se divulgó por toda la región. 


Libro de Josué 4,1-24: doce piedras conmemorativas en Guilgal

Libro de Josué 
Capítulo 4
Las doce piedras conmemorativas

1 Cuando todo el pueblo acabó de pasar el Jordán, dijo el Señor a Josué: 
2 –Elige a doce hombres del pueblo, uno de cada tribu, 
3 y mándales sacar de aquí, del medio del Jordán, donde han pisado los sacerdotes, doce piedras; 
   que las lleven y las coloquen en el sitio donde van a pasar la noche. 
4 Josué llamó a los doce hombres de Israel que había elegido, uno de cada tribu, 
5 y les dijo: –Vayan hasta el medio del Jordán, ante el arca del Señor, su Dios, 
   y cargue cada uno al hombro una piedra, una por cada tribu de Israel, 
6 para que queden como monumento entre ustedes. 
   Cuando sus hijos el día de mañana les pregunten qué son esas piedras, 
7 ustedes les contestarán: 
   Es que el agua del Jordán dejó de correr frente al arca de la alianza del Señor; 
    cuando el arca atravesaba el Jordán, dejó de correr el agua. 
    Esas piedras se lo recordarán perpetuamente a los israelitas. 
8 Los israelitas hicieron lo que mandó Josué: sacaron doce piedras del medio del Jordán, 
   como había dicho el Señor a Josué, una por cada tribu de Israel; 
   las llevaron hasta el sitio donde iban a pasar la noche y las colocaron allí. 
9 Después Josué erigió doce piedras en medio del Jordán, 
    en el sitio donde se habían detenido los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza, 
    y todavía hoy están allí.

Fin del paso
 
10 Los sacerdotes que llevaban el arca estuvieron quietos en medio del Jordán 
     hasta que terminaron de hacer todo lo que Josué mandó al pueblo por orden del Señor. 
     La gente se apresuró a pasar. 
11 Y cuando acabaron de pasar todos, pasó el arca del Señor, 
     y los sacerdotes se pusieron a la cabeza del pueblo. 
12 Los de Rubén, Gad y media tribu de Manasés pasaron bien armados al frente de los israelitas, 
     como les había mandado Moisés. 
13 Unos cuarenta mil hombres equipados militarmente desfilaron ante el Señor 
     hacia la llanura de Jericó. 
14 Aquel día el Señor engrandeció a Josué ante todo Israel, 
     para que lo respetaran como habían respetado a Moisés mientras vivió. 
15 El Señor dijo a Josué: 
16 –Manda a los sacerdotes portadores del arca de la Alianza que salgan del Jordán. 
17 Josué les mandó: –Salgan del Jordán. 
18 Y cuando los sacerdotes portadores del arca de la alianza del Señor, salieron del Jordán, 
     y pusieron los pies en tierra seca, el agua del Jordán volvió a su cauce y corrió como antes, 
     hasta los bordes. 

Llegada a Guilgal

19 El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero y acampó en Guilgal, 
     al este de Jericó. 
20 Josué colocó en Guilgal aquellas doce piedras sacadas del Jordán, 
21 y dijo a los israelitas: 
     –Cuando el día de mañana sus hijos les pregunten qué son esas piedras, 
22 les responderán: Israel pasó el Jordán a pie, sin mojarse. 
      El Señor, su Dios, secó el agua del Jordán ante ustedes hasta que pasaron, 
23 como hizo con el Mar Rojo, que lo secó ante nosotros hasta que lo pasamos. 
24 Para que todas las naciones del mundo sepan que la mano del Señor es poderosa 
     y ustedes respeten siempre al Señor, su Dios. 

Libro de Josué 3,1-17: El paso del Jordán

Capítulo 3
EL PASO DEL JORDÁN
Éx 14ss

Preliminares del paso

1 Josué madrugó, levantó el campamento de Sittim, 
   llegó hasta el Jordán con todos los israelitas y pasaron allí la noche antes de cruzarlo. 
2 Al cabo de tres días, los escribas recorrieron el campamento, 
3 dando esta orden a la gente: 
   –Cuando vean moverse el arca de la alianza del Señor, nuestro Dios, 
   llevada por los sacerdotes levitas, empiecen a caminar desde sus puestos detrás de ella. 
4 Pero dejen entre ustedes y el arca una distancia aproximada de mil metros, no se acerquen a ella. 
   Así sabrán por dónde tienen que ir, porque ninguno de ustedes ha pasado antes por ese camino. 
5 Y Josué ordenó al pueblo: 
   –Purifíquense, porque mañana el Señor hará prodigios en medio de ustedes. 
6 Josué ordenó a los sacerdotes: –Levanten el arca de la alianza y pasen el río delante de la gente. 
   Levantaron el arca de la alianza y marcharon delante de la gente.

Últimas instrucciones
 
7 El Señor dijo a Josué: 
   –Hoy empezaré a engrandecerte ante todo Israel, para que vean que estoy contigo 
   como estuve con Moisés. 
8 Tú ordena a los sacerdotes portadores del arca de la alianza 
   que cuando lleguen a la orilla se detengan en el Jordán. 
9 Josué dijo a los israelitas: –Acérquense aquí a escuchar las palabras del Señor, su Dios. 
10 Y dijo Josué: Así conocerán que un Dios vivo está en medio de ustedes, 
     y que va a expulsar ante ustedes a cananeos, hititas, heveos, fereceos, guirgaseos, 
     amorreos y jebuseos. 
11 Miren, el arca de la alianza del dueño de toda la tierra va a pasar el Jordán delante de ustedes. 
12 Ahora elijan doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu. 
13 Y cuando los pies de los sacerdotes que llevan el arca de la alianza del dueño de toda la tierra 
     pisen el Jordán, la corriente del Jordán se cortará: 
     el agua que viene de arriba se detendrá formando un embalse. 

El paso del río

14 Cuando la gente levantó el campamento para pasar el Jordán, 
     los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza caminaron delante de la gente. 
15 Y al llegar al Jordán, en cuanto se mojaron los pies en el agua 
      –el Jordán va hasta los bordes todo el tiempo de la cosecha–, 
16 el agua que venía de arriba se detuvo, creció formando un embalse que llegaba muy lejos, 
     hasta Adán, un pueblo cerca de Sartan, y el agua que bajaba al mar del desierto, al Mar Muerto, 
     se cortó del todo. Así, el pueblo cruzó a la altura de Jericó. 
17 Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Señor estaban quietos en el cauce seco, 
     firmes en medio del Jordán, mientras Israel iba pasando por el cauce seco, 
     hasta que todo el pueblo terminó de pasar el Jordán. 

domingo, 17 de marzo de 2024

Hebreos 5,1-10: Jesús, Sumo Sacerdote

1 Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres 
   y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios 
   para ofrecer dones y sacrificios por los pecados;
2 y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, 
   por estar también él envuelto en flaqueza.
3 Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo.
4 Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón.
5 De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, 
   sino que la tuvo de quien le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy.
6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, a semejanza de Melquisedec.
7 El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas 
   con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, 
   fue escuchado por su actitud reverente,
8 y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia;
9 y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,
10 proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec.

sábado, 7 de octubre de 2023

Mateo 21,33-46: Parábola de los viñadores homicidas

Mateo 21,33-43


33 Escuchen otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y 
     construyó una torre; después la arrendó a unos viñadores y se fue.
34 Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó a sus sirvientes para recoger de los viñadores el fruto 
     que le correspondía.
35 Pero los viñadores agarraron a los sirvientes y a uno lo golpearon, a otro lo mataron, 
     y al tercero lo apedrearon.
36 Envió otros sirvientes, más numerosos que los primeros, y los trataron de igual modo.
37 Finalmente les envió a su hijo, pensando que respetarían a su hijo.
38 Pero los viñadores, al ver al hijo, comentaron: 
     Es el heredero. Lo matamos y nos quedamos con la herencia.
39 Agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron.
40 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿cómo tratará a aquellos viñadores?
41 Le respondieron: —Acabará con aquellos malvados y arrendará la viña a otros viñadores 
     que le entreguen su fruto a su debido tiempo.
42 Jesús les dijo: —¿No han leído nunca en la Escritura: 
     La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular; 
     es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro?
43 Por eso les digo que a ustedes les quitarán el reino de Dios 
     y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos.
44 [El que tropiece con esa piedra se hará trizas; al que le caiga encima lo aplastará.]
45 Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos oyeron sus parábolas, comprendieron que se refería a ellos. 46 Intentaron arrestarlo, pero tuvieron miedo de la multitud, que lo tenía por profeta.

SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 17 de junio de 2023

Exodo 19,1-15: El Señor propone la alianza

Exodo 19,1-15

1 Al tercer mes después de la salida de Egipto, ese mismo día, 
   llegaron los hijos de Israel al desierto de Sinaí.
2 Partieron de Refidim, y al llegar al desierto de Sinaí acamparon en el desierto. 
   Allí acampó Israel frente al monte.
3 Moisés subió hacia Dios. Yahveh le llamó desde el monte, y le dijo: 
   "Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel:
4 "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila 
   y os he traído a mí.
5 Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, 
   vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra;
6 seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." 
   Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel."
7 Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo 
   y les expuso todas estas palabras que Yahveh le había mandado.
8 Todo el pueblo a una respondió diciendo: "Haremos todo cuanto ha dicho Yahveh." 
    Y Moisés llevó a Yahveh la respuesta del pueblo.
9 Dijo Yahveh a Moisés: "Mira: Voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo 
   me oiga hablar contigo, y así te dé crédito para siempre." 
   Y Moisés refirió a Yahveh las palabras del pueblo.
10 Yahveh dijo a Moisés: "Ve donde el pueblo y haz que se santifiquen hoy y mañana; 
     que laven sus vestidos
11 y estén preparados para el tercer día; porque al día tercero descenderá Yahveh 
     a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.
12 Deslinda el contorno de la montaña, y di: 
     Guardaos de subir al monte y aun de tocar su falda. Todo aquel que toque el monte morirá.
13 Pero nadie pondrá la mano sobre el culpable, sino que será lapidado o asaeteado; 
     sea hombre o bestia, no quedará con vida. Cuando resuene el cuerno, subirán ellos al monte."
14 Bajó, pues, Moisés del monte, adonde estaba el pueblo, y ellos lavaron sus vestidos.
15 Y dijo al pueblo: "Estad preparados para el tercer día, y absteneos de mujer." 

sábado, 10 de junio de 2023

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO, C (Lecturas)

Génesis 14, 18-20
Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec
I Corintios 11, 23-26
Lucas 9,11b-17


En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: "Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos." Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.


Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

Oráculo del Señor a mi Señor:
"Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos estrado de tus pies."
R.  Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
R.  Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora."
R.  Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
"Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec."
R.  Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec



Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía." Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía." Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.



En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: "Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado." Él les contestó: "Dadles vosotros de comer." Ellos replicaron: "No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío." Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: "Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta." Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO, C, por Julio González, S.F.

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, Año C
Comentario de Julio González, S.F.

La Iglesia no cree en un Dios escondido, invisible, alejado de las personas. Dios se muestra de muchas y muy diferentes maneras.

Algunos creyentes se encuentran con el misterio de Dios principalmente en la naturaleza: en todas sus creaturas. Otros creyentes encuentran a Dios, sobre todo, en su libro sagrado. Para la Iglesia, Dios está siempre presente, nunca se ha apartado de nuestro lado, y podemos encontrar señales de su presencia en toda la creación. Pero no todas las señales que observamos a nuestro alrededor nos hablan de Dios de la misma manera, por ejemplo, un río, un árbol, una piedra, no nos habla de la misma manera de Dios que un ser humano; y, entre los seres humanos, no todos nos muestran una imagen real de Dios (algunos llegan incluso a deformar la imagen de Dios). La Iglesia afirma que todas las personas hemos sido creadas a imagen y semejanza de Dios, pero la imagen fiel y real de Dios la hallamos en Jesucristo.

El sacramento de la Eucaristía nos pone en la presencia de Jesucristo. La Iglesia cree que Cristo está presente en el pan y el vino eucarísticos. ¿Por qué? Porque Jesús mismo se lo dijo a sus discípulos: “Tomen y coman, este es mi cuerpo que será entregado por vosotros”, "el pan que yo les daré es vida para el mundo".

Muchos, entonces, no entendieron; es más, estas palabras les resultaban escandalosas. Algunos acusaron a Jesús de blasfemo porque Dios había alimentado a su pueblo en el desierto con el pan bajado del cielo y, ahora, Jesús de Nazaret afirmaba que podía hacer los mismo.

Sin la presencia de Jesús en la Eucaristía la vida de las primeras comunidades cristianas no se entendería. La comunión eucarística de los discípulos es una comunión en Jesús y la perseverancia en la fe de los primeros cristianos a través de los conflictos, persecuciones, juicios y martirio, no se podría explicar si no fuera porque Jesucristo está presente en todos ellos, y lo está a través de la comunión eucarística.

miércoles, 31 de mayo de 2023

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, primer jueves después de Pentecostés


JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE (Lecturas Año A)


En aquellos días, llegaron Abrahán e Isaac al sitio que la había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
– ¡Abrahán, Abrahán!.
Él contestó:
– Aquí estoy.
El ángel le ordenó:
– No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy, «En el monte el Señor es visto». El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
– Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz.


Salmo 39,6.7. 8-9.10.11
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo. «Aquí estoy».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

No me he guardado en el pecho tu justicia,
he contado tu fidelidad y tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: Grande es el Señor,
los que desean tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec



Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y le dijo:
– Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
– Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.
Y adelántandose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
– Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
– ¿No habéis podido velar huna hora conmigo? Velad y orad par ano caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil.
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
– Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote



El jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés en algunos países se celebra la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, festividad que no aparece en el calendario de la Iglesia universal (como sí lo hacen las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús o Jesucristo Rey del Universo), pero que se ha expandido por muchos países.

Esta fiesta tiene sus orígenes en la celebración del sacerdocio de Cristo que en la misa latina se introdujo en algunos calendarios y que tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II fue renovada por la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.

La celebración fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y contiene textos propios para la Santa Misa y el Oficio que fueron aprobados dos años antes.

Además de España, otras Conferencias Episcopales incluyeron esta fiesta en sus calendarios particulares como Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela. En algunas diócesis este día es también la ‘Jornada de Santificación de los Sacerdotes’.

San Juan Pablo II, en el documento “Ecclesia de Eucharistia” señala que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada”.

“De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.

Pueblo sacerdotal

Con la palabra “sacerdote” no solo se nombra a los ministros, sino que se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real: "Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz" (1 Pedro 2,9)

Cara a los Hebreos

En el capítulo 4 de Hebreos se explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de esta forma: "Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna" (Hebreos 4,14-16)

La carta a los Hebreos también interpreta el sacrificio de Cristo como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza: "Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec" (Hebreos 5,5-6)

La misma carta a los Hebreos añade: "Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos" (Hebreos 9,11)

domingo, 7 de mayo de 2023

Hechos 14,8-20: Curación de un paralítico en Listra

14,8-20: Curación de un paralítico en Listra


(vv. 5-7) En aquellos días, se produjeron en Iconio conatos de parte de los gentiles y de los judíos, a sabiendas de las autoridades, para maltratar y apedrear a Pablo y a Bernabé; ellos se dieron cuenta de la situación y se escaparon a Licaonia, a las ciudades de Listra y Derbe y alrededores, donde predicaron el Evangelio.

8 Había en Listra un hombre que tenía los pies paralizados, inválido de nacimiento, 
   que nunca había caminado. 
9 Escuchaba sentado lo que Pablo decía. Éste fijó en él la mirada y, viendo que tenía fe para salvarse, 
10 le dijo en voz alta: —Ponte derecho sobre los pies. Él dio un salto y se puso a caminar.
11 Al ver lo que había hecho Pablo, la gente empezó a gritar en lengua licaonia: 
     —¡Dioses en figura de hombres han bajado hasta nosotros! 
12 A Bernabé lo llamaban Zeus y a Pablo Hermes, porque era el portavoz. 
13 El sacerdote del templo de Zeus, que estaba a la entrada de la ciudad, trajo toros y guirnaldas 
     a las puertas de la ciudad e intentaba ofrecer un sacrificio con la multitud.
14 Al oírlo, los apóstoles Bernabé y Pablo se rasgaron los vestidos 
     y se lanzaron hacia la multitud gritando: 
15 —¡Amigos! ¿Qué están haciendo? Nosotros también somos hombres igual que ustedes 
     y les predicamos que deben abandonar los ídolos para convertirse al Dios vivo, que hizo el cielo, 
     la tierra, el mar y cuanto contienen. 
16 Aunque en otros tiempos, Él permitió a los paganos seguir sus caminos; 
17 nunca dejó de manifestarse como bienhechor, enviándoles lluvias desde el cielo, buenas cosechas, 
     alimentándolos y teniéndolos contentos. 
18 Con estas palabras apenas lograron impedir que la multitud les ofreciera sacrificios. 
19 Pero unos judíos, venidos de Antioquía e Iconio, convencieron a la gente para que apedrease a Pablo.
     Luego dándolo por muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. 
20 Los discípulos lo rodearon, él se levantó y entró en la ciudad.

domingo, 6 de noviembre de 2022

¿Pero hay que ser cura para ser cardenal?

Pues no me voy a andar con remilgos y voy a empezar el artículo con la respuesta. Sí, hay que ser cura para ser cardenal. Con toda claridad se expresa en ese sentido el artículo 351 § 1 del Código de Derecho Canónico aprobado en el año 2005:
 
“Para ser promovidos a Cardenales, el Romano Pontífice elige libremente entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos”.
 
Lo que por otro lado quiere decir que la decisión de elevar a alguien al cardenalato es una decisión del Romano Pontífice y nada más que de él.
 
A esta pregunta todavía cabría añadir una segunda: “y obispo… ¿es necesario ser obispo para ser cardenal?” Donde la respuesta es algo menos taxativa: sí y no. El propio artículo 351 § 1 del Código de Derecho Canónico nos aclara el asunto:
 
“…pero los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal”.
 
Lo que quiere decir que para ser elegido para el cardenalato no es preciso ser obispo, pero para “ser” cardenal sí, un obstáculo que no deja de ser removible mediante la consagración inmediata y previa a la creación como cardenal, según explica con claridad el Código de Derecho Canónico. 

Ya el Concilio de Trento en su sesión 24 establecía esta condición del cardenalato, que el papa Juan XXIII, en el documento “Cum gravissima” confirma en 1962.

Aunque ni siquiera está previsto en el Código de Derecho Canónico, se ha llegado a dar, sin embargo, el caso de cardenal que no es obispo por especial exención del papa, y no, por cierto, hace demasiado tiempo, en 2001. Tal es el caso del teólogo jesuita Avery Dulles, profesor de la Universidad de Fordham en Nueva York, que sólo era presbítero en el momento de su elevación a cardenal diácono de Santi Nomi di Gesù e Maria in via Lata. El Padre Dulles solicitó de Juan Pablo II la dispensa de la consagración episcopal debido a su avanzada edad, pues había alcanzado ya 80 años de edad, y el Papa se la concedió.
 
¿Fue esto siempre así? Ah, eso es ya otra cuestión, porque en tiempos pasados se creó cardenal a personas sin el orden sacerdotal. Son muchos los casos que se pueden citar: en 1618 por ejemplo, el papa Paulo V concede el capelo cardenalicio al Duque de Lerma, y eso que hasta un año después, el viudo Lerma no sería ordenado sacerdote. El último caso similar fue el de Teodolfo Mertel, cardenal diácono de San Eustachio y posteriormente de San Lorenzo in Damaso y protodiácono, que fue nombrado en 1858 y murió en 1899 sin haber recibido la ordenación sacerdotal.

Autor: Luis Antequera

miércoles, 26 de octubre de 2022

Marcos 11,11-26: Expulsión de los mercaderes del templo

Marcos 11,11-26
Viernes de la 8 Semana del Tiempo Ordinario, año I y II

Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo:
— Nunca jamás coma nadie de ti.
Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo:
— ¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos." Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.
Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús:
— Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
Jesús contestó:
— Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tirate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 8 de octubre de 2022

Lucas 17:11-19, "Vayan a presentarse a los sacerdotes", por Julio González, S.F.


Comentario de Julio González, S.F.
"Vayan a presentarse a los sacerdotes"

Después de la misa, una catequista me preguntó preocupada: "¿Por qué Jesús les dijo que fueran a presentarse a los sacerdotes? ¿Es que él no lo era?" Entonces me di cuenta de que había pasado por alto una cuestión importante.

Muchos cristianos piensan que Jesús era un sacerdote, pero para las gentes de Nazaret, Cafarnaúm, Betsaida, Betania, Jerusalén, Jesús de Nazaret no fue un sacerdote. Para ser sacerdote tenía que haber nacido en una familia sacerdotal y sabemos que José de Nazaret no era sacerdote como lo era, por ejemplo, Zacarías, el padre de Juan Bautista.

No, Jesús de Nazaret no era sacerdote y, sin embargo, la Iglesia lo ha reconocido no sólo sacerdote sino Sumo y Eterno Sacerdote. Con ello, los cristianos desafiaban la manera de entender el sacerdocio tradicional del pueblo de Israel. El sacerdocio de Jesús era una novedad que hubiera escandalizado a los sacerdotes de su tiempo.

Reconocer que Jesús de Nazaret no pertenecía a la clase sacerdotal pero que su vida un verdadero sacerdote debe ayudarnos a descubrir nuestro propio sacerdocio.

Todos los bautizados participamos del sacerdocio de Jesús. Erróneamente, algunos piensan que los únicos sacerdotes de la Iglesia son los sacerdotes ordenados; de este modo, tenemos una iglesia de sacerdotes y laicos. Esta manera de pensar pone en evidencia una comprensión del sacerdocio que nada tiene que ver con el sacerdocio de Jesús. Si hacemos una Iglesia de clérigos y laicos, entonces, no podemos decir que Jesús era clérigo porque no lo fue; Jesús fue un laico.

Todos los bautizados participamos del único sacerdocio de Cristo; ahora bien, hay diferentes maneras de vivir nuestro sacerdocio. Permitidme esta extrapolación: los hombres tradicionalmente han vivido su masculinidad de dos maneras diferentes: como casados o como célibes. Nadie niega que ambos grupos, los casados y los célibes, sean hombres, sin embargo, la manera como los hombres vivimos nuestra condición es diferente: los casados como casados y los célibes como célibes; de igual manera ocurre con los bautizados: por el bautismo que hemos recibido todos participamos del sacerdocio de Cristo pero unos viven su sacerdocio desde su condición de casados, otros desde su condición de ordenados y otros desde su opción de célibes sin estar ordenados.

Decir que Jesús es Sacerdote sin explicar que para sus contemporáneos no lo fue puede llevar a algunos a creer que perteneció a una institución sacerdotal de la que, en realidad, nunca formó parte.

Sanación y conversión, por Julio González, S.F.




Comentario por Julio González, SF

Las lecturas de este domingo aceptan una gran variedad de comentarios, sin embargo, los "signos de los tiempos" nos muestran que la mejor interpretación de la curación de Naamán, el sirio, y de los diez leprosos, es la que Jesús hizo ante un pueblo que le pedía pruebas de su mesianismo (Lc 4,16-30): nuestro Dios sana también al extranjero, al que no es como nosotros, y esto incomoda a muchos.

Un sirio y un samaritano

Jesús no utilizó este episodio del Segundo libro de los Reyes para que su pueblo fuera crítico y orgulloso frente a otros pueblos y culturas. Algunos creyentes utilizan la palabra de Dios para juzgar a los demás, confirmándose ellos en sus creencias y tradiciones; en cambio, Jesús retoma estas historias para que su pueblo se convierta. En este caso, pone como receptores de la gracia de Dios a unas personas, un sirio y un samaritano, que muchos judíos despreciaban.

Los sacerdotes

Jesús envía a los leprosos a los sacerdotes. ¿Por qué? Los sacerdotes tenían autoridad para juzgar si una persona estaba enferma o sana y, por lo tanto, podían poner fin a la exclusión en la que vivían los leprosos.

De camino quedan sanados; entonces, ¿hace falta que se presenten a los sacerdotes? Sí. Los sacerdotes todavía deben decidir su reinserción en la sociedad, pero el acto de servicio (la sanación) ya se ha realizado. Vemos, pues, que la autoridad de los sacerdotes y la autoridad de Jesús es diferente.

"Dar gloria a Dios"

Solamente uno de los diez leprosos vuelve para agradecer a Jesús el bien que le ha hecho. "Alabar a Dios", "dar gloria a Dios" (según las traducciones empleadas) describen un sentimiento mucho más profundo y determinante que "estar agradecido".

Cuando el médico nos prescribe una medicina que nos cura, le estamos agradecidos porque nuestra vida vuelve a ser como antes de que sufriéramos la enfermedad; sin embargo, "dar gloria a Dios" significa que se ha producido un cambio no solamente en el cuerpo de la persona sino también en sus emociones y espiritualidad, es decir, en su vida.

"Levántate, tu fe te ha sanado"

El episodio termina de una manera que sorprende a muchos y despierta nuevos interrogantes: "Levántate, tu fe te ha sanado". Esa fe, según los fariseos y escribas, no es la fe de un israelita sino la fe de un samaritano... ¿Jesús alaba la fe del samaritano?

En realidad, Jesús muestra a su pueblo que un samaritano ha vuelto para "dar gloria a Dios" mientras que los otros nueve sanados están más comprometidos con las estructuras y el sistema de su pueblo: un sistema excluyente y xenófobo.

Salvación universal y agradecimiento, por Mons. Francisco González, S.F.


Comentario por Mons. Francisco González SF

Domingo vigésimo octavo del Tiempo Ordinario. Entramos en la tercera etapa del camino de Jesús a Jerusalén. De hecho el evangelio de hoy comienza con la frase: “En aquel tiempo, de camino a Jerusalén”. Si tuviera que resumir el mensaje de este domingo en pocas palabras serían salvación universal y agradecimiento.

Era común, principalmente entre los líderes del Pueblo Elegido que ellos y sólo ellos se iban a salvar, pues Yavé Dios los había escogido como pueblo suyo. 

Mirando la primera lectura vemos que un extraño, un extranjero recibe la sanación (salvación) en Israel. Naamán, el sirio, siguiendo las instrucciones del profeta Eliseo, se baña en el río Jordán y queda limpio de su enfermedad. Tan agradecido está por esta curación que hasta se lleva tierra de Israel para construir con dicha tierra el altar donde desde ahora en adelante ofrecerá sacrificios al verdadero Dios.

En el evangelio leemos cómo el Señor sana a diez hombres. Forman un grupo heterogéneo, judíos y samaritanos. El hecho de que están en el pueblo, puede muy bien indicar que tienen una mentalidad nacionalista, que no quieren saber de los demás. Debido a su enfermedad están legalmente marginados, están fuera de la comunidad. Las leyes no están para salvarlos, sino para oprimirlos y cuando han conseguido ser sanados, uno sólo se da cuenta y reconoce que la salvación viene de Jesús y no del templo, uno sólo vuelve para dar gracias y lo extraño del caso es, que el mismo Jesús lo menciona, el agradecido no pertenece a los que se sientan cercanos a Dios, sino un samaritano, un extranjero/un inmigrante.

El samaritano y el sirio nos ofrecen prueba palpable de que la salvación es para todos. Que estamos llamados a evangelizar a todos. La Buena Nueva se ha de anunciar, la Buena Nueva de que Dios quiere la salvación de todos, se debe proclamar a todo el mundo y en todo el mundo.

El agradecimiento que el samaritano muestra a Jesús, es la actitud que debe tener todo cristiano, ante la vida en sí y ante la salvación. El cristiano tiene que siempre estar con Jesús, y cuando ha habido una separación, debe volver a Jesús. Nuestra fe nos dice que Él es el único camino por el que llegaremos a la salvación: Si perseveramos con Él, reinaremos con Él.

Sufrir por sufrir no tiene sentido, sin embargo vivimos una vida imperfecta y el sufrimiento es parte de la misma. Cristo Jesús, recuerda Pablo a Timoteo ha sufrido y muerto antes que nosotros, pero también ha resucitado. Si acompañamos al Señor en el sufrimiento y muerte, también le acompañaremos en la resurrección.

Después de una lectura/oración de la Palabra de Dios en este domingo, el camino es claro: reconocer que el llamado a la salvación es para todos, que si Dios no discrimina, tampoco debemos hacerlo nosotros y que el agradecimiento, cuando sale del corazón agrada a Dios.

Bueno será recordar que la eucaristía es acción de gracias, y cuando asistimos a la Santa Misa estamos celebrando una acción de gracias a Dios por todo lo que nos ha dado, especialmente su Hijo Jesucristo.

DOMINGO DE LA 28 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año C (Lecturas)

2 Reyes 5, 14-17
Salmo 97: El Señor revela a las naciones su salvación
2 Timoteo 2, 8-13
Lucas 17, 11-19


2 Reyes 5, 14-17

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: "Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor." Eliseo contestó: "¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada." Y aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: "Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor."

Salmo 97: El Señor revela a las naciones su salvación

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
R. El Señor revela a las naciones su salvación

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia
y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
R. El Señor revela a las naciones su salvación

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad.
R. El Señor revela a las naciones su salvación

2 Timoteo 2,8-13

Querido hermano: Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada: Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.



Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros."Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes."Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?" Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado."

sábado, 23 de julio de 2022

Números 31,25-47: El reparto del botín

Números 31,25-47:
El reparto del botín

25 Luego el Señor dijo a Moisés:
26 «Tú, el sacerdote Eleazar y los jefes de familia de la comunidad harán el inventario del botín 
     que ha sido capturado, tanto hombres como animales.
27 Después lo repartirás, por partes iguales, entre los combatientes que participaron de la campaña 
     y el resto de la comunidad.
28 Además, debes separar para el Señor, como tributo de los guerreros que han ido al combate, 
     una vida de cada quinientas, tanto de las personas como del ganado mayor, 
     de los asnos y del ganado menor.
29 Esto lo tomarás de la mitad que les corresponda y se lo entregarás al sacerdote Eleazar 
     como un tributo para el Señor.
30 De la mitad que corresponda a los demás israelitas, tanto de las personas como de los animales 
     –del ganado mayor, de los asnos y del ganado menor– tomarás una vida por cada cincuenta 
     y se las entregarás a los levitas que realizan tareas en la Morada del Señor».
31 Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron lo que el Señor había ordenado.
32 El total del botín –además de los despojos que habían recogido las tropas– 
     ascendió a 675.000 cabezas de ganado menor,
33 72.000 de ganado mayor,
34 61.000 asnos,
35 y 32.000 personas, a saber, las jóvenes que no habían tenido relaciones con un hombre.
36 Por lo tanto, la mitad correspondiente a los que habían participado de la campaña 
     fueron 337.500 cabezas de ganado menor,
37 y el tributo para el Señor fue de 675;
38 36.000 cabezas de ganado mayor, y el tributo para el Señor, 72;
39 30.500 asnos, y el tributo para el Señor, 61.
40 Las personas fueron 16.000, y el tributo para el Señor, 32.
41 Moisés entregó al sacerdote Eleazar el tributo recogido para el Señor, 
     como él se lo había ordenado.
42 La parte correspondiente a los otros israelitas 
     –que Moisés había tomado del botín de los combatientes–
43 sumó 337.500 cabezas de ganado menor,
44 36.000 cabezas de ganado mayor,
45 30.500 asnos,
46 y 16.000 personas.
47 De esta mitad correspondiente a los israelitas, Moisés tomó cada uno de cada cincuenta hombre 
     y animales, y se los entregó a los levitas que realizaban tareas en la Morada del Señor, como el 
     Señor se lo había ordenado.