jueves, 24 de mayo de 2018

JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE (Lecturas)

Primera lectura (opciones):
Génesis 14,18-20
Génesis 22,9-18

Salmo (opciones):
39,6.7. 8-9.10.11:
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
109: Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec

Evangelio (opciones)
Mateo 26,36-42
Lucas 9,11b-17

PRIMERA LECTURA: 

Génesis 14,18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos.» Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.

Génesis 22,9-18 

En aquellos días, llegaron Abrahán e Isaac al sitio que la había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
– ¡Abrahán, Abrahán!.
Él contestó:
– Aquí estoy.
El ángel le ordenó:
– No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy, «En el monte el Señor es visto». El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
– Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz.

SALMO:

Salmo 39,6.7. 8-9.10.11
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad


Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo. «Aquí estoy».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

No me he guardado en el pecho tu justicia,
he contado tu fidelidad y tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: Grande es el Señor,
los que desean tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec


Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec


«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec


El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec


EVANGELIO:

Mateo 26,36-42

Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y le dijo:
– Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
– Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.
Y adelántandose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
– Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
– ¿No habéis podido velar huna hora conmigo? Velad y orad par ano caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil.
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
– Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Lucas 9,11b-17  

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.» Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

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