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sábado, 6 de enero de 2024

BAUTISMO DEL SEÑOR, Año B

Isaías 42,1-4.6-7
Salmo 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz
Hechos de los Apóstoles 10,34-38
Marcos 1,7-11


Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»


Salmo 28,1a.2.3ac-4.3b.9b-10
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz



En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»



En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

Mc 1,9-11: El bautismo de Jesús

Mc 1,9-11 

9 En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
10 Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él 
     como una paloma;
11 y una voz desde el cielo dijo: 
     "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección".

BAUTISMO DEL SEÑOR


Lecturas de la Misa:

sábado, 13 de agosto de 2022

Lucas 12,49-53: "En adelante, una familia de cinco estará dividida"

Lucas 12,49-53
Jueves de la 29 Semana del Tiempo Ordinario I y II

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo la paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra".

SOBRE EL MISMO TEMA:

lunes, 8 de enero de 2018

El lugar donde Juan Bautista bautizó a Jesús


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Mateo 3,13-17: Bautismo de Jesús

Mateo 3,13-17 (Cf. Mc 1,9-11; Lc 3,21-22)
Bautismo del Señor A

Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

SOBRE EL MISMO TEMA:
por M. Dolors Gaja, MN  

jueves, 26 de octubre de 2017

JUEVES DE LA 29 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Romanos 6,19-23
Salmo 1: Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor
Lucas 12,49-53

Romanos 6,19-23

Hermanos: Uso un lenguaje corriente, adaptándome a vuestra debilidad, propia de hombres; quiero decir esto: si antes cedisteis vuestros miembros como esclavos a la inmoralidad y al desorden, para el desorden total, ponedlos ahora al servicio de la justicia para vuestra santificación. Cuando erais esclavos del pecado, la justicia no os gobernaba. ¿Qué frutos dabais entonces? Frutos de los que ahora os avergonáis, porque acaban en la muerte. Ahora, en cambio, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna. Porque el pecado paga con muerte, mientras que Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Salmo 1: Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
R. Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
R. Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
R. Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor

Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra."

miércoles, 25 de mayo de 2016

Marcos 10,32-46: Tercer anuncio de la Pasión. Petición de Santiago y Juan

Marcos 10,35-46
Miércoles de la 8 Semana del Tiempo Ordinario, año II, (10,32-45)
Domingo de la 29 Semana del Tiempo Ordinario, Año B, (10,35-46)

En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban, y los que seguían iban asustados. Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder:
— Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.
10:35-46: Se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
— Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.
Les preguntó:
— ¿Qué queréis que haga por vosotros?
Contestaron:
— Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
Jesús replicó:
— No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?
Contestaron:
— Lo somos.
Jesús les dijo:
— El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo:
— Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.

SOBRE EL MISMO TEMA: 
Papa Francisco   

sábado, 9 de enero de 2016

Bautismo del Señor: Comentarios y reflexiones

Catedral de Los Ángeles,
John Nava
Cliquea en la imagen para acceder
a los comentarios y reflexiones.

BAUTISMO DEL SEÑOR, Año C

Misa de la fiesta (blanco)

Isaías 40:1-5.9-11
Salmo 103
Tito 2:11-14; 3:4-7
Lucas 3:15-16, 21-22

Isaías 40:1-5.9-11

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el dereho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas.»

Salmo 103: Bendice, alma mía, al Señor

¡ Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
R. Bendice, alma mía, al Señor

Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.
R. Bendice, alma mía, al Señor

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hicistes con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales, pequeños y grandes.
R. Bendice, alma mía, al Señor

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes.
R. Bendice, alma mía, al Señor

Escondes tu rostro y se espantan:
les retiras el aliento y expiran y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
R. Bendice, alma mía, al Señor

Tito 2:11-14; 3:4-7

La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza. Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, entregado a practicar el bien. Al manifestarse la bondad de Dios, nuestro salvador, y su amor por los hombres, él nos salvó, no porque nosotros hubiéramos hecho algo digno de merecerlo, sino por su misericordia. Lo hizo mediante el bautismo que nos regenera y renueva por la acción del Espíritu Santo, a quien Dios derramó abundantemente sobre nosotros, por Cristo, nuestro salvador. Así, justificados por su gracia, nos convertiremos en herederos cuando se realice la esperanza de la vida eterna.

Lucas 3:15-16, 21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.» Sucedió que entre la gente que se bautizaba, también Jesús fue bautizado. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

sábado, 11 de enero de 2014

BAUTISMO DEL SEÑOR, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.

BAUTISMO DE JESUS
por John Nava
Catedral de los Angeles, USA

Isaías 42:1-4
Salmo 29: El Señor bendice a su pueblo con la paz
Hechos 10:34-38
Mateo 3,13-17

Isaías 42,1-4.6-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagara. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

Sal 29, la y 2. 3ac-4. 3b y 9b-l0
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz 

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡ Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
— «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predica¬ba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

Mateo 3,13-17

Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

— Comentario por Mons. Francisco González, SF.

En este domingo, primero después del 6 de enero, se celebra cada año la fiesta del Bautismo del Señor. El Bautismo del Señor nos parece algo extraño, pues si por el Bautismo se nos perdonan los pecados, se nos da la filiación divina y nos hacemos miembros de la comunidad de fe, nada de eso necesitaba Jesús.

Había una cierta creencia por aquellos tiempos, principalmente desde la muerte de los últimos profetas, de que la relación entre el Pueblo Elegido y Dios estaba muy deteriorada, hasta el punto que no había comunicación: los cielos se habían cerrado.

En el evangelio de hoy leemos que “de repente se abrió el cielo”, en otras palabras, la comunicación entre Dios y su pueblo se abre de nuevo y esta vez es Cristo quien estará encargado de que dicha comunicación no vuelva a interrumpirse.

El evangelio de este domingo (Mt. 3, 13-17) nos presenta a Jesús pidiendo ser bautizado por Juan, y a éste teniendo problemas con dicha petición. Juan no se considera digno de hacerlo. Así lo expresa, sorprendido ante el hecho de que Jesús se acerca para ser bautizado.

A las objeciones de Juan, Jesús insiste: “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere”. -¿Por qué? Podríamos pensar que Jesús, más que entrar en el agua del Jordán para limpiarse de sus pecados, bajó a las aguas para recoger los pecados de los hombres y así cargando con ellos llegar hasta el Calvario para ofrecerse a Dios Padre, llevando sobre sus hombros todas nuestras ofensas, nuestras injusticias, nuestro pecado: “Él no cometió pecado, pero Dios quiso que cargara con nuestro pecado para que nosotros, en Él, participáramos en la santidad de Dios”. (2Cor. 5,21). También es ésta una oportunidad muy singular para que todos los bautizados hagamos un pequeño examen de conciencia acerca de cómo vivimos nuestro bautismo.

Este Jesús es del que nos hablan las profecías de Isaías (10 lectura) en los conocidos “Cantos del Siervo de Yavé”, ungido, preferido, sufriente, etcétera. Jesús, predilecto del Padre, ha sido encargado de traer el derecho a las naciones, de proclamar la justicia, de abrir los ojos a los ciegos.

En este pasaje evangélico de San Mateo también encontramos expresiones simbólicas con un profundo sentido teológico: El cielo abierto, que Dios se revela, que abre las puertas para que le conozcamos; la paloma, símbolo de paz y de la renovación del mundo, del nuevo pueblo; la voz celestial, la forma como Dios habla cuando han terminado las profecías, según los judíos; mi Hijo, una confesión de la divinidad de Jesús.

Estas últimas semanas hemos estado reflexionando acerca del Mesías, las profecías que le anunciaron y su llegada entre nosotros hace dos mil años. Vino para establecer un nuevo orden de cosas, un orden basado en el bien y la justicia.

Ese orden establecido por Cristo, ¿es la regla de nuestras vidas? Creo que deberíamos dar un repaso a nuestras vidas y ver si estamos tratando de conocer a Dios más y mejor, pues las puertas del cielo están abiertas; ¿somos mensajeros de la paz, como la paloma simboliza?

Esta fiesta del Bautismo del Señor nos puede recordar que nosotros también fuimos bautizados y eso hizo que nosotros recibiéramos una nueva vida, una vida de unión con Jesucristo, lo cual quiere decir que debemos aceptar la escala de valores que Él nos mostró y que debemos vivir de acuerdo con esta nueva forma de entender la vida, o sea vivir nuestra vida en Cristo haciendo el bien y colaborando con Él en su misión, aunque nos cueste imitarle en esa misión que el Padre le confió.

Así nos lo explica Pedro en la segunda lectura, que hoy tomamos de los Hechos de los Apóstoles (10, 34-38). El acababa de bautizar a un pagano y eso no gustó a todos.

Pedro les recuerda que Dios no hace distinciones, no se guía por esas cosas como apellidos famosos, cuentas de banco, posición social, título universitario o color de la piel, sino que acepta “al que lo teme (ama, respeta) y practica la justicia, sea de la nación que sea”.

“El Señor bendice a su pueblo con la paz”. (Salmo 28)

Mateo 3,13-17, por M. Dolors Gaja, MN


Mateo 3,13-17

Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

— Comentario de M. Dolors Gaja, MN

Este domingo es fiesta grande. El Bautismo de Jesús tiene una profunda significación teológica que los ortodoxos festejan especialmente. Porque más allá de ser un relato que tiene a Jesús como protagonista, asistimos a una revelación trinitaria.

En la biblia se llaman teofanías las manifestaciones del Padre. En el evangelio se nos narran tres teofanías: el Bautismo de Jesús, la Transfiguración en el monte Tabor y la Resurrección de Cristo, en la que el Padre es el gran protagonista al glorificar a su Hijo.

Las Teofanías suelen tener dos partes: visión y voz.

LA ESCENA HUMANA

Juan comenzaba a tener un cierto éxito en su predicación. Y de repente ve, en la cola de los pecadores, a Jesús. Y su admiración se hace eco de la de su madre Isabel cuando vio llegar a María. Isabel y Juan representan el Antiguo testamento que recibe con asombro al Nuevo.

¿De qué tenía que redimirse el Redentor? Si aceptamos que el bautismo nos purifica es obvio que Jesús no precisaba bautizarse. Pero Jesús asume la fragilidad humana, el pecado, lo hace suyo. Su bautismo es un preludio de su pasión.

CIELOS ABIERTOS

El cielo es el “espacio” divino, mientras la tierra es el humano. Normalmente pertenecen a esferas distintas. Por eso ese abrirse los cielos es una manera de señalar que en Jesús la divinidad y la humanidad ya no tienen fronteras. Hay una total comunión. Cabría preguntarse si mi familia, mi comunidad, mi parroquia, la Iglesia…es un cielo abierto, un espacio donde lo natural y sobrenatural se funden.

LA PALOMA

Son las traducciones las que nos han liado y, mucho más, las pinturas. Ahí seguimos, imaginando al Espíritu como una paloma blanca. No. El Espíritu descendió como (desciende) una paloma, es decir, suavemente. El águila puede lanzarse en picado pero la paloma revolotea y se posa suavemente. El Espíritu es suave, pacificador…No entra dando portazos, es brisa suave…

VOZ DEL CIELO

Con la visión llega la voz: este es mi Hijo amado en quien tengo puestas mis complacencias. También nosotros somos hijos y somos amados por Dios “hasta el extremo”. Como diría el Papa, Dios nos ha “primereado”, ha tomado la iniciativa. Pero…¿puedo decir cada noche que Dios se ha complacido en mí?

LO QUE SUPONE EL BAUTISMO

La vivencia de Jesús en las aguas del Jordán se manifestó en una coherencia de vida que la segunda lectura resume con una frase: “Pasó haciendo el bien”. Porque si me reconozco hijo sólo puedo vivir como hermano y, por tanto, sólo puedo amar. Ojalá que de nosotros se pudiera decir también lo mismo al final de nuestra vida. 

BAUTISMO DEL SEÑOR, Año A (Lecturas)

Isaías 42:1-4.6-7
Salmo 29: El Señor bendice a su pueblo con la paz
Hechos 10:34-38
Mateo 3,13-17

Isaías 42,1-4.6-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagara. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

Sal 29, la y 2. 3ac-4. 3b y 9b-l0
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡ Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
— «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»


Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

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jueves, 23 de mayo de 2013

ARTE: El Bautismo de Cristo, por Juan de Flandes


El Bautismo de Cristo 1496-1499
Juan de Flandes
Óleo sobre tabla
Pintura flamenca
186,3 x 110,5 cm.
Colección particular

Originario de la región de Gante y Brujas, Juan de Flandes fue pintor de cámara de Isabel la Católica. Esta tabla fue el panel central de un retablo que pintó a su servicio para la Cartuja de Miraflores (Burgos), dedicado a San Juan Bautista. 

Representa el bautismo de Cristo por medio de dos ritos: por inmersión, con Cristo en el río Jordán, y por aspersión, con San Juan Bautista vertiendo el agua. Siguiendo el texto bíblico, la paloma del Espíritu Santo aparece sobre Cristo y completa la escena Dios Padre rodeado de ángeles. Las piedras preciosas del primer término simbolizan el Paraíso, y el trozo de coral, la muerte de Cristo y su santa Redención