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domingo, 28 de agosto de 2022

Sobre la Justificación y la Salvación en la Didajé


En cuanto a la doctrina de la justificación, la Didaché rechaza por un lado y con antelación al pelagianismo, herejía que surgió formalmente en el siglo V donde el hombre se justifica por sus propios méritos y no por la gracia de Dios mediante la fe:

“Luego, tampoco nosotros, que fuimos por su voluntad llamados en Jesucristo, nos justificamos por nuestros propios méritos, ni por nuestra sabiduría, inteligencia y piedad, o por las obras que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe, por la que el Dios omnipotente justificó a todos desde el principio.” (Didaché 32,4)

Y rechaza con antelación la herejía adoptada por Lutero y el protestantismo en donde sólo la fe basta para salvarse (“Sola Fides”) aunque no esté acompañada de la obediencia a los mandamientos y a una vida conforme a la voluntad de Dios. Rechaza también la idea de que la salvación no se pueda perder (doctrina protestante “Salvo siempre salvo”) señalando que de nada sirve haber tenido fe durante mucho tiempo si la muerte no sorprende al creyente en gracia de Dios.

“Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe, si no sois perfectos en el último momento.” (Didaché 16,2-3)

Fuente: Apologética Católica, Juan Miguel Arráiz

viernes, 29 de julio de 2022

Romanos 3,27-31: La justificación por la fe

Romanos 3,27-31:
La justificación por la fe

27 ¿Qué derecho hay entonces para gloriarse? Ninguno. Pero, ¿en virtud de qué ley se excluye 
     ese derecho? ¿Por la ley de las obras? No, sino por la ley de la fe. 
28 Porque nosotros estimamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley. 
29 ¿Acaso Dios es solamente el Dios de los judíos? ¿No lo es también de los paganos? 
     Evidentemente que sí, 
30 porque no hay más que un solo Dios, que justificará a los circuncisos en virtud de la fe 
     y a los incircuncisos por medio de esa misma fe. 
31 Entonces, ¿por medio de la fe, anulamos la Ley? ¡Ni pensarlo! 
     Por el contrario, la confirmamos.

jueves, 24 de junio de 2021

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,6-9: Los verdaderos hijos de Abraham

3,6-9: Los verdaderos hijos de Abraham

6 Es el caso de Abraham, que creyó en Dios, y esto le fue tenido en cuenta para su justificación. 
7 Reconozcan, entonces, que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe. 
8 La Escritura, previendo que Dios justificaría a los paganos por la fe, 
   anticipó esta buena noticia a Abraham, prometiéndole: En ti serán bendecidas todas las naciones. 
9 De esa manera, los que creen son los que participan de la bendición de Abraham, el creyente.

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,15-21: El Evangelio de Pablo

2,15-21: El Evangelio de Pablo

15 Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores venidos del paganismo. 
16 Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, 
     sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe en Cristo 
     y no por las obras de la Ley: en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. 
17 Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos 
     pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, 
18 porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, 
     me declaro a mí mismo transgresor de la Ley. 
19 Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. 
     Yo estoy crucificado con Cristo, 
20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, 
     la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. 
21 Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.

sábado, 24 de febrero de 2018

Romanos 8,31-39: Himno del amor de Dios

Romanos 8,31-39
Segundo Domingo de Cuaresma, Ciclo B (Rm 8,31b-34)

8:31 ¿Qué diremos después de todo esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
8:32 El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores?
8:33 ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica.
8:34 ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?
8:35 ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?
8:36 Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero.
8:37 Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.
8:38 Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales,
8:39 ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

sábado, 29 de julio de 2017

Romanos 10,1-13: Israel y la justicia de Dios

Romanos 10,1-13
   Rm 10,8-13
   Domingo de la 1 Semana de Cuaresma, ciclo C

10:1 Hermanos, mi mayor deseo y lo que pido en mi oración a Dios es que ellos se salven.
10:2 Yo atestiguo en favor de ellos que tienen celo por Dios, pero un celo mal entendido.
10:3 Porque desconociendo la justicia de Dios y tratando de afirmar la suya propia, rehusaron someterse a la justicia de Dios,
10:4 ya que el término de la Ley es Cristo, para justificación de todo el que cree.
10:5 Moisés, en efecto, escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: El hombre que la practique vivirá por ella.
10:6 En cambio, la justicia que proviene de la fe habla así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?, esto es, para hacer descender a Cristo.
10:7 O bien: ¿Quién descenderá al Abismo?, esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos.
10:8 ¿Pero qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos.
10:9 Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado.
10:10 Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación.
10:11 Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido.
10:12 Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan.
10:13 Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Profesión del que cree en Jesucristo    

viernes, 4 de noviembre de 2016

Lucas 16,9-15: Presumís pero Dios os conoce por dentro, por Reflexiones Católicas

Lucas 16,9-15

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: "Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero."Oyeron esto unos fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: "Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta.

— Comentario de Reflexiones Católicas
“Presumís pero Dios os conoce por dentro”

En este comentario nos limitamos a señalar el contenido de los siguientes versículos (16,14-15), en donde desarrolla el tema de la riqueza y la actitud de auto-justificación de los judíos (fariseos).

Sabemos por la historia que los fariseos del tiempo de Jesús no estaban ligados al dinero; en general, vivían del trabajo y no eran dueños de grandes fortunas. Sin embargo, como herederos de una tradición que se remonta al origen de Israel, consideraban la riqueza como signo de la bendición de Dios; por eso, aunque repartieran limosnas entre los más necesitados de su pueblo, no estaban dispuestos a compartir su vida y sus riquezas con los pobres.

Recordemos que una de las grandes constantes de la religiosidad de Israel ha sido identificar el don de Dios con una tierra material, con una bendición ligada a los bienes de este mundo.

Teniendo esto en cuenta es lógico que Lucas nos diga que los fariseos «se burlaban» de las opiniones de Jesús (16,14) sobre el dinero y la riqueza en general. Nosotros podemos añadir que la mayor parte de los economistas y administradores de este mundo hoy se siguen burlando de Jesús.

Se supone que los pueblos, las familias y las personas tienen el derecho de gozar de los bienes que la fortuna o el trabajo les ha producido. Jesús, en cambio, enseña a sus discípulos que no tenemos derecho a gozar de nuestros bienes mientras haya pobres entre nosotros porque la riqueza de este mundo no es objeto de posesión sino un medio para servir y amar al prójimo, sobre todo al indigente y al pobre.

Sin embargo, la mayor riqueza de los fariseos pertenece a un plano diferente: «Presumís de observancia delante de la gente» (16,15).

La palabra que se emplea en el texto original significa literalmente: “Os justificáis a vosotros mismos”. Esa palabra pertenece al vocabulario de San Pablo y se refiere a las personas que presentan ante Dios sus propios méritos como objeto de posesión; son aquéllos que dicen ser amigos de Dios (justos) por que actúan bien y son mejores que los otros. Por eso, aunque dispongan de las riquezas de este mundo, su auténtica riqueza es su conciencia, su propia rectitud, el mérito de haber cumplido la ley hasta el final.

Si la riqueza material es mala en la medida en que encierra al hombre en sí mismo y le convierte en incapaz de vivir para los otros, mucho peor es la riqueza espiritual: la soberbia de aquéllos que se creen justos y desprecian a los otros. Ésta es la actitud que Jesús ha condenado al referirse a la secta de los fariseos.

Junto al dominio material de los que tienen la riqueza de la tierra, existe también el dominio espiritual de los que, fingiendo ser dueños de lo bueno y verdadero, avasallan la conciencia ajena. Esta segunda forma de dominio es tan perversa como la anterior y puede penetrar dentro del mismo recinto de la Iglesia.

El dinero no puede servir para utilizar a los demás sino para ayudarles a ser libres. De igual manera, la grandeza interna de los hombres es valiosa en la medida en que sirve para que los otros encuentren su identidad, su valor y su autonomía. La soberbia de los grandes que se encierran sobre sí mismos y consideran despreciables o inferiores a los otros constituye una abominación delante de Dios. Así lo ha señalado la palabra de Cristo.

sábado, 19 de marzo de 2016

Romanos 4,9-25: Promesa de Dios y fe de Abraham

Romanos 4,9-25
Domingo de la 10 Semana del Tiempo Ordinario, Año A
   

9 Pero esta felicidad, ¿es únicamente para los que han sido circuncidados, 
   o también para los que no lo han sido? Consideremos lo que ya dijimos: 
   A Abraham le fue tenida en cuenta la fe para su justificación.
10 ¿Cuándo le fue tenida en cuenta? ¿Antes o después de la circuncisión? 
     Evidentemente antes y no después.
11 Y él recibió el signo de la circuncisión, como sello de la justicia que alcanzó por medio de la fe, 
     antes de ser circuncidado. Así llegó a ser padre de aquellos que, a pesar de no estar circuncidados, 
     tienen la fe que les es tenida en cuenta para su justificación.
12 Y es también padre de los que se circuncidan pero no se contentan con esto, 
     sino que siguen el mismo camino de la fe que tuvo nuestro padre Abraham, 
     antes de ser circuncidado.
13 En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, 
     no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.
14 Porque si la herencia pertenece a los que están bajo la Ley, 
     la fe no tiene objeto y la promesa carece de valor,
15 ya que la Ley provoca la ira y donde no hay Ley tampoco hay transgresión.
16 Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita 
     y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, 
     no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. 
     Porque él es nuestro padre común,
17 como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. 
     Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: 
     el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.
18 Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, 
     como se le había anunciado: Así será tu descendencia.
19 Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto —era casi centenario— 
     y que también lo estaba el seno de Sara.
20 Él no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe, sino al contrario, 
     fortalecido por esa fe, glorificó a Dios,
21 plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete.
22 Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
23 Pero cuando dice la Escritura: Dios tuvo en cuenta su fe, no se refiere únicamente a Abraham, 
     sino también a nosotros,
24 que tenemos fe en aquel que resucitó a nuestro Señor Jesús,
25 el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

martes, 9 de febrero de 2016

2 Corintios 5,20–6,2: Reconciliaros con Dios

2 Corintios 5,20–6,2  
Miércoles de Ceniza

Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
En preparación   

martes, 20 de octubre de 2015

MARTES DE LA 29 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21
Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Lucas 12,35-38

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, así también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la vida eterna.

Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: "Aquí estoy."
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

-Como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad."
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: "Grande es el Señor"
los que desean tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Lucas 12,35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os seguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. "

lunes, 19 de octubre de 2015

LUNES DE LA 29 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Romanos 4,20-25
Interleccional: Lucas 1,69-75
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 
porque ha visitado a su pueblo
Lucas 12,13-21

Romanos 4,20-25

Hermanos: Ante la promesa de Dios Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación. Y no sólo por él está escrito: "Le valió", sino también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

Interleccional: Lucas 1,69-75
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 
porque ha visitado a su pueblo

Nos ha suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 
porque ha visitado a su pueblo

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza.
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 
porque ha visitado a su pueblo

Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 
porque ha visitado a su pueblo

Lucas 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: "Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia." Él le contestó: "Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?" Y dijo a la gente: "Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes."Y les propuso una parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."

sábado, 1 de noviembre de 2014

Romanos 5:1-11: El fruto de la justificación

Romanos 5,1-11

1 Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
2 Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, 
   y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
3 Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, 
   porque sabemos que la tribulación produce la constancia;
4 la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza.
5 Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado 
   en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.
6 En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores.
7 Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; 
   tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor.
8 Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros 
   cuando todavía éramos pecadores.
9 Y ahora que estamos justificados por su sangre, con mayor razón seremos librados 
   por él de la ira de Dios.
10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, 
     mucho más ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida.
11 Y esto no es todo: nosotros nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, 
     por quien desde ahora hemos recibido la reconciliación.