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jueves, 28 de julio de 2022

Marta, María y Jesús (Ilustración por Fano)

Cada 29 de julio se celebrará a los Santos Marta, María y Lázaro




El 26 de enero de 2021, en la memoria litúrgica de los Santos Obispos Timoteo y Tito, el Cardenal Robert Sarah y el Arzobispo Arthur Roche, respectivamente Prefecto y Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, firmaron un Decreto de variación en el Calendario General Romano referente a la celebración del 29 de julio, que a partir de este año se llamará de los Santos Marta, María y Lázaro.

En el Decreto firmado por el Cardenal Robert Sarah y el Arzobispo Arthur Roche, respectivamente Prefecto y Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se recuerda que “en la casa de Betania, el Señor Jesús experimentó el espíritu familiar y la amistad de Marta, María y Lázaro, y por eso el Evangelio de Juan afirma que los amaba”. Y se añade:
“Marta le ofreció generosamente hospitalidad, María escuchó atentamente sus palabras y Lázaro salió rápidamente del sepulcro por mandato de Aquél que ha humillado a la muerte”

También se destaca que “la tradicional incertidumbre de la Iglesia latina sobre la identidad de María – la Magdalena, a la que se le apareció Cristo tras su resurrección, la hermana de Marta, la pecadora a la que el Señor perdonó sus pecados – que motivó la inscripción únicamente de Marta el 29 de julio en el Calendario Romano, se ha resuelto en estudios y tiempos recientes, como testimonia el actual Martirologio Romano, que también conmemora a María y Lázaro en ese mismo día”.

Asimismo, se explica que “en algunos Calendarios particulares los tres hermanos se celebran juntos en ese día. Por ello, considerando el importante testimonio evangélico que dieron al hospedar al Señor Jesús en su casa, al escucharlo atentamente, al creer que él es la resurrección y la vida”: “El Sumo Pontífice Francisco, acogiendo la propuesta de este Dicasterio, ha dispuesto que el 29 de julio se inscriba en el Calendario Romano General la memoria de los santos Marta, María y Lázaro

Por tanto, dicha memoria deberá aparecer con esta denominación en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y la Liturgia de las Horas; las variaciones y añadidos que han de ser adoptados en los textos litúrgicos, adjuntos al presente decreto, deben ser traducidos, aprobados y, después de la confirmación de este Dicasterio, publicados por las Conferencias Episcopales.
Marta, María y Lázaro en las enseñanzas de Francisco

Las reflexiones del Papa sobre estos tres Santos hermanos son numerosas. En el primer año de su Pontificado, a la hora del Ángelus del 21 de julio, citando el episodio narrado por el Evangelista Lucas de la visita de Jesús a sus amigos Marta, María y Lázaro, en la pequeña aldea a pocos kilómetros de Jerusalén, recordó que mientras "María, a los pies de Jesús, escuchaba su palabra", "Marta estaba ocupada en muchos servicios". Y dijo que "ambas ofrecieron hospitalidad al Señor de paso, pero lo hicieron de manera diferente: María escuchaba (...), mientras que Marta se dejaba absorber por las cosas que había que preparar, y estaba tan ocupada que se dirigió a Jesús diciendo: 'Señor, ¿no te importa nada que mi hermana me haya dejado sola para servir? Así que dile que me ayude".

Francisco explicó entonces que la cariñosa reprimenda de Jesús: "Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas, pero una sola... es la que se necesita", pone de relieve que la mujer estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que hacer. Pero no define la de Marta y la de María como "dos actitudes opuestas", sino que "nunca deben estar separadas, deben vivirse en profunda unidad y armonía", hasta el punto de que "en un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca se desprenden de la fuente principal", es decir, "la escucha de la Palabra del Señor, estando – como María – a los pies de Jesús".

Por esta razón el Papa señaló en aquella oportunidad que "una oración que no lleva a una acción concreta hacia el hermano pobre, enfermo, necesitado de ayuda”, es una oración estéril e incompleta. Pero, del mismo modo, cuando en el servicio eclesial se está atento sólo al hacer, se da más peso a las cosas, a las funciones, a las estructuras, y se olvida la centralidad de Cristo, no se reserva tiempo para el diálogo con Él en la oración, se corre el riesgo de servirse a sí mismo y no a Dios presente en el hermano necesitado".

El quinto domingo de Cuaresma de 2014, era el 6 de abril, Francisco comentó la resurrección de Lázaro y su salida del sepulcro al grito de Jesús: "¡Lázaro, sal!". Y dijo en aquella oportunidad: “Este grito perentorio se dirige a todo hombre porque todos estamos marcados por la muerte”. 

Por otra parte, el 5 de noviembre del año pasado, con el episodio de la resurrección de Lázaro, en el Evangelio de la Misa por el sufragio de los Cardenales y Obispos fallecidos, Francisco se refirió nuevamente a Marta, invitando a mirar su fe. Lázaro está muerto y ha sido enterrado, pero Marta, cree firmemente que Jesús podrá todo. "Yo soy la resurrección y la vida; quien crea en mí, aunque muera, vivirá; quien viva y crea en mí, no morirá eternamente": le dice Jesús. Y "la gran luz de estas palabras prevalece sobre las tinieblas del grave duelo causado por la muerte" de su hermano, dijo el Papa. Marta acepta todo y con una firme profesión de fe declara: “Sí, Señor, creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo”. Las palabras de Jesús, concluía el Santo Padre, “trasladan la esperanza de Marta del futuro lejano al presente: la resurrección está ya cerca de ella, presente en la persona de Cristo”.

Fuente: Vaticannews.va

domingo, 2 de abril de 2017

Juan 1,1-45: Resurrección de Lázaro

Juan 11,1-45
Domingo de la 5 Semana de Cuaresma, Año A

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:
— Señor, tu amigo está enfermo.
Jesús, al oírlo, dijo:
— Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:
— Vamos otra vez a Judea.
Los discípulos le replican:
— Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?
Jesús contestó:
— ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.
Dicho esto, añadió:
— Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.
Entonces le dijeron sus discípulos:
— Señor, si duerme, se salvará.
Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente:
— Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.
Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:
— Vamos también nosotros y muramos con él.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
— Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.
Jesús le dijo:
— Tu hermano resucitará.
Marta respondió:
— Sé que resucitará en la resurrección del último día.
Jesús le dice:
— Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?
Ella le contestó:
— Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:
— El Maestro está ahí y te llama.
Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:
— Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó:
— ¿Donde lo habéis enterrado?
Le contestaron:
— Señor, ven a verlo.
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
— ¡Cómo lo quería!
Pero algunos dijeron:
— Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús:
— Quitad la losa.
Marta, la hermana del muerto, le dice:
— Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.
Jesús le dice:
— ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
— Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.
Y dicho esto, gritó con voz potente:
— Lázaro, ven afuera.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
— Desatadlo y dejadlo andar.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

martes, 4 de octubre de 2016

Lucas 10,38-42: Jesús con Marta y María

Lucas 10,38-42
Martes de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
— Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.
Pero el Señor le contestó:
— Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.


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viernes, 16 de septiembre de 2016

Lucas 8,1-3: Evangelio de las mujeres, por la Orden Carmelitana

Lucas 8,1-3  

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

— Comentario por la Orden Carmelitana

El evangelio de hoy continúa el episodio de ayer, que hablaba de la actitud sorprendente de Jesús para con las mujeres, cuando defendió a una mujer, conocida en la ciudad como pecadora, contra las críticas de un fariseo. Ahora, en el comienzo del capítulo VIII, Lucas describe como Jesús iba por los poblados y por las ciudades de Galilea, y la novedad es que iba acompañado no sólo por los discípulos, sino que también por las discípulas.

• Lucas 8,1: Los Doce que siguen a Jesús

En una única frase Lucas describe la situación: Jesús anda por todas partes, por los poblados y ciudades de Galilea, anunciando la Buena Nueva de Dios y los doce están con él. La expresión “seguir a Jesús” (cf. Mc 1,18;15,41) indica la condición del discípulo que sigue al Maestro, veinte y cuatro horas por día, procurando imitar su ejemplo y participar de su destino.

• Lucas 8,2-3: Las mujeres siguen a Jesús

Lo sorprendente es que, al lado de los hombres, hay también mujeres “junto a Jesús”. Lucas coloca a los discípulos y a las discípulas en pie de igualdad, pues ambos siguen a Jesús. Lucas también conservó los nombres de algunas de estas discípulas: María Magdalena, nacida en la ciudad de Mágdala. Había sido curada de siete demonios. Juana, mujer de Cuza, procurador de Herodes Antipas, que era gobernador de Galilea. Susana y varias otras.

De ellas se afirma que “sirven a Jesús con sus bienes”. Jesús permitía que un grupo de mujeres le “siguiera” (Lc 8,2-3; 23,49; Mc 15,41). El evangelio de Marcos, hablando de las mujeres en el momento de la muerte de Jesús, informa: “Unas mujeres miraban de lejos. Entre ellas, María Magdalena, María, madre de Santiago, el menor, y de José, y Salomé. Ellas habían seguido y servido a Jesús, desde cuando él estaba en Galilea. Junto con ellas había otras más, que habían subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,40-41).

Marcos define su actitud con tres palabras: seguir, servir, subir hasta Jerusalén. Los primeros cristianos no llegaron a elaborar una lista de estas discípulas que seguían a Jesús como hicieron los doce discípulos. Pero en las páginas del evangelio de Lucas aparecen los nombres de siete discípulas: Maria Magdalena, Juana, mujer de Cuza, Susana (Lc 8,3), Marta y Maria (Lc 10,38), María, madre de Santiago (Lc 24,10) y Ana, la profetisa (Lc 2,36), de ochenta y cuatro de edad. El número de ochenta y cuatro es doce veces siete. ¡La edad perfecta!

La tradición eclesiástica posterior no valoró este dado del discipulado de las mujeres con el mismo peso con que valoró el seguimiento de Jesús por parte de los hombres. ¡Es una lástima!

• Evangelio de las mujeres

El Evangelio de Lucas fue considerado siempre el evangelio de las mujeres. De hecho, Lucas trae el mayor número de episodios en que se destaca la relación de Jesús con las mujeres. La novedad no está sólo en la presencia de las mujeres alrededor de Jesús, pero también y sobre todo en la actitud de de Jesús con las mujeres.

Jesús las toca y se deja tocar por las mujeres, sin miedo a contaminarse (Lc 7,39;8,44-45.54). A diferencia de los maestros de la época, Jesús acepta a las mujeres como seguidoras y discípulas (Lc 8,2-3; 10,39).

La fuerza libertadora de Dios, actuante en Jesús, hace que la mujer se levante y asuma su dignidad (Lc 13,13). Jesús es sensible al sufrimiento de la viuda y se solidariza con su dolor (Lc 7,13).

El trabajo de la mujer preparando alimento está considerado por Jesús como señal del Reino (Lc 13,20-21).

La viuda persistente que lucha por sus derechos es colocada como modelo de oración (Lc 18,1-8), y la viuda pobre que comparte sus pocos bienes con los demás como modelo de entrega y de don (Lc 21,1-4).

En una época en que el testimonio de las mujeres no era considerado como válido, Jesús acoge a las mujeres como testigos de su muerte (Lc 23,49), sepultura (Lc 23,55-56) y resurrección (Lc 24,1-11.22-24)

lunes, 30 de marzo de 2015

Juan 12,1-11: "Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura"

Juan 12,1-11
Lunes de Semana Santa,

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?". Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre". Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

martes, 8 de octubre de 2013

MARTES DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Jonás 3,1-10
Salmo 129: Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?
Lucas 10,38-42

Jonás 3,1-10

De nuevo vino la palabra del Señor sobre Jonás: "Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo." Se levantó Jonàs y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: "¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!" Creyereon en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive: "Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos." Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Salmo 129: Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
R. Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
R. Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redemirá a Israel
de todos sus delitos.
R. Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?

Lucas 10,38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señeor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano." Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."