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sábado, 23 de septiembre de 2023

Mateo 20,1-16: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"

Mateo 20,1-16
Miércoles de la 20 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña. "Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos."


SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 10 de julio de 2022

Mateo 20:1-16: "Paganos lo que es justo!"


"En el reino de Dios sucede algo parecido a lo que pasó en una viña. El dueño salió muy de mañana a contratar hombres para trabajar en ella. Se puso de acuerdo con los trabajadores para pagarles el salario de un día completo; y los envió a trabajar. Luego, como a las nueve de la mañana, el dueño volvió a salir y encontró en la plaza a varios hombres que estaban desocupados. Y les dijo:
   - Vayan a trabajar a mi viña y les pagaré un salario justo.
   Los hombres aceptaron y fueron a trabajar. Como a las doce del día, el dueño volvió a hacer lo mismo; y salió otra vez a las tres de la tarde. Ya eran las cinco de la tarde cuando el dueño fue de nuevo a la plaza y vio a otros hombres desocupados. Entonces les preguntó:
   - ¿Por qué han estado ahí todo el día sin hacer nada?
   Ellos le contestaron: ‘¡Porque nadie nos contrató!’
   El dueño les dijo:
 - Vayan a trabajar a mi terreno.
   Cuando se hizo de noche, el dueño le dijo al jefe de los trabajadores:
   - Llama a cada uno y págales, comenzando por los últimos que vinieron, y terminando por los que vinieron primero’.
   Entonces se acercaron los trabajadores que llegaron a las cinco de la tarde y recibieron el salario de un día completo. Después, cuando pasaron los que habían llegado primero, muy de mañana, pensaron que a ellos les pagarían mucho más. Pero cada uno de ellos recibió también el salario de un día completo. Cuando ya tenían el dinero, esos trabajadores comenzaron a hablar mal del dueño de la viña y le dijeron:
   - Los que llegaron a las cinco de la tarde sólo trabajaron una hora. Usted les pagó a ellos igual que a nosotros, que trabajamos todo el día aguantando el calor. Eso no es justo.
Pero el dueño le contestó a uno de ellos:
 - ¡Mira, amigo! Yo no he hecho nada malo contra ti. Recuerda que los dos acordamos que tú trabajarías por el salario de un día completo. Toma el dinero que te ganaste y vete. No es problema tuyo que yo les pague lo mismo a los que vinieron a las cinco. Yo puedo hacer con mi dinero lo que me parezca. ¿Por qué te da envidia que yo sea bueno con los demás?’
   Jesús terminó diciendo:
   - Así, los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros’.

Comentario:

La parábola de los obreros de la viña nos muestra que hay más de una manera de entender la justicia y lo que es justo. Es cierto que la justicia es un valor universal, sin embargo, la parábola de Jesús pone en evidencia que a veces entendemos la justicia a nuestra manera.

Es evidente que para el dueño de la viña el trabajo es algo necesario para el hombre. Por eso, da trabajo a todos sin importarle la hora y el salario. Para comprender esta parábola debemos reconocer que la viña representa al Pueblo de Dios. Estos jornaleros están trabajando para el pueblo de Dios y por el Reino de Dios, pues han sido enviados por el dueño de la viña.

La justicia de Dios (dueño de la viña) solamente la entendemos si aceptamos que:

a. hemos recibido la vida y nuestros talentos de Dios.
b. nuestros talentos y habilidades no son solamente para cuidar de nosotros mismos sino también para cuidar a los demás.

De ahí, que Jesús finalice su parábola de una manera que puede parecernos enigmática: "Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros". Porque, ¿quiénes son los primeros? En la viña de este Señor los primeros no son los que son servidos sino los que están llamados a servir.

sábado, 2 de julio de 2022

Lucas 10,1-12: Misión de los 72 discípulos

Lucas 10,1-12
26 de enero: Santos Timoteo y Tito, obispos
14 de febrero: Santos Cirilo y Metodio
Domingo de la Semana 14 del Tiempo Ordinario, Año C
Jueves de la 26 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

1 Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, 
   y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
2 Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. 
   Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
3 ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
4 No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
5 Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz sobre esta casa!"
6 Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
7 Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, 
   porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
8 En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
9 curen a sus enfermos y digan a la gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes".
10 Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan:
11 "¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! 
    Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca".
12 Les aseguro que en aquel Día, será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.

SOBRE ESTE TEMA:
De los 72 discípulos que no eran apóstoles  

lunes, 27 de agosto de 2018

1 Carta a Timoteo 5,17-22: Los presbíteros

Los presbíteros
5:17 Los presbíteros que ejercen su cargo debidamente merecen un doble reconocimiento, sobre todo, los que dedican todo su esfuerzo a la predicación y a la enseñanza.
5:18 Porque dice la Escritura: No pondrás bozal al buey que trilla, y también: El obrero tiene derecho a su salario.
5:19 No admitas acusaciones contra un presbítero, a menos que estén avaladas por dos o tres testigos.
5:20 A los que incurran en pecado, repréndelos públicamente, para que sirva de escarmiento a los demás.
5:21 Delante de Dios, de Jesucristo y de sus ángeles elegidos, te ordeno que observes estas indicaciones, sin prejuicios y procediendo con imparcialidad.
5:22 No te apresures a imponer las manos a nadie, y no te hagas cómplice de pecados ajenos. Consérvate puro.

jueves, 13 de julio de 2017

Mateo 10,7-15: Sacudid el polvo de vuestras sandalias

Mateo 10,7-15  

7 Proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.
8 Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
9 No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas;
10 ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.
11 «En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis.
12 Al entrar en la casa, saludadla.
13 Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.
14 Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, al salir de la casa o de la ciudad aquella
sacudíos el polvo de vuestros pies.
15 Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Sacudid el polvo de vuestras sandalias"

La frase no significa ninguna clase de maldición. Simboliza sencillamente la exclusión del Reino de aquéllos que se han excluido de él mediante el rechazo de la paz ofrecida: no tendrán parte en el Reino.

Este gesto de sacudir el polvo de las sandalias era corriente cuando un judío regresaba a la patria: se sacudía el polvo de los pies para indicar que los gentiles no tenían parte en el destino del pueblo elegido, en la posesión de la tierra prometida.

Este gesto tiene en las palabras de Jesús un significado más trascendente: la actitud de rechazo de la palabra de Dios, de la paz, tiene como consecuencia inevitable la palabra «condenación», exclusión definitiva del Reino, una suerte peor que la de Sodoma y Gomorra.

"No os procuréis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas"

Las normas de absoluta privación que son impuestas a los discípulos: no llevéis ni oro, ni plata, ni sandalias, ni bastón... parecen inviables. ¿Se les pedía eso? Estas exigencias parecen estar tomadas de las normas establecidas para asistir a dar culto a Dios en el templo: «que nadie entre en el templo con bastón, zapatos, ni con la bolsa del dinero...»

Partiendo de esta norma judía se diría simplemente que los discípulos, en la realización de su tarea evangelizadora, se hallan ante Dios (como en el templo) y deben conducirse como estando en la presencia de Dios, sabiendo que el éxito de la misión depende de Dios.

Diríamos que se manda a los discípulos ir «desarmados» para poner de relieve que se trata de la obra de Dios, del anuncio de su palabra, no de una obra humana. Como normas de absoluto ascetismo resultan inexplicables, ¿cómo puede un hombre marchar sin sandalias o sin bastón por el desierto...?

Finalmente, los discípulos son presentados como obreros enviados a la viña del Señor. Son, por tanto, dignos de su salario. El Nuevo Testamento repite en otras ocasiones estas palabras de Jesús (1Cor 9, 14; 1Tim 5, 18).

San Pablo, que cita las palabras de Jesús, renunció a este privilegio (1Cor 9, 12; 1Tes 2, 9; 2Tes 3, 7-80...) para tener mayor libertad en la evangelización y poder contestar adecuadamente a posibles correligionarios judíos. El se gloria de haberse ganado la vida con el trabajo de sus manos.