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lunes, 9 de septiembre de 2024

Lucas 6,12-19: Elección de los Doce

Lucas 6,12-19

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que se puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

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viernes, 24 de agosto de 2018

Juan 1,45-51: Primeros discípulos de Jesús

Juan 1,45-51
5 de enero: feria de Navidad


En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice:
— Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.
Natanael le replicó:
— ¿De Nazaret puede salir algo bueno?
Felipe le contestó:
— Ven y verás.
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
— Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.
Natanael le contesta:
— ¿De qué me conoces?
Jesús le responde:
— Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
Natanael respondió:
— Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Jesús le contestó:
— ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.
Y le añadió:
— Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

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jueves, 16 de agosto de 2018

Hechos 1,12-14: El grupo de los Apóstoles

El grupo de los Apóstoles 
1:12 Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado.
1:13 Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.
1:14 Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

domingo, 29 de julio de 2018

Juan 6,1-15: La multiplicación de los panes

Juan 6,1-15
Viernes de la 2 Semana de Pascua
Domingo de la 17 Semana del Tiempo Ordinario, Año B

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo." Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la gente que se siente en el suelo." Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: "Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo." Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

COMENTARIOS:
Recoged los trozos sobrantes 
Adsis
José Antonio Pagola
Julio César Rioja CMF
Orden Carmelita
Imágenes del Evangelio

sábado, 20 de mayo de 2017

DOMINGO DE LA 6 SEMANA DE PASCUA, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.


— Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Estamos en el sexto domingo de Pascua. Hoy nos encontramos en la primera lectura la narración de cómo el evangelio salió de los confines de Jerusalén y empieza a cumplirse el deseo de Jesucristo de que su mensaje se proclame hasta "los confines de la tierra". Felipe, no el apóstol sino "el diácono", fue a Samaria y como resultado de su predicación ocurrieron cosas maravillosas: tanto endemoniados como paralíticos reciben sanación y todo esto produce gran alegría. Todo ello no es ni más ni menos lo que significa la salvación que había sido profetizada y prometida: curación, expulsión de espíritus malos y alegría.

La comunidad cristiana primitiva, como vemos en esta lectura, tiene un profundo espíritu misionero que con su predicación produce una liberación llena de alegría.

¿En qué se parece mi comunidad, mi parroquia a esa comunidad primitiva? ¿Hasta qué punto sanamos? ¿Hasta qué punto estamos liberados? ¿Vivimos nuestra fe en alegría?

En la segunda lectura vemos a San Pedro aconsejando la conducta que deben seguir ante las pruebas a las que serán sometidos: adorar interiormente al Señor, dar razón si es necesario pero siempre con sencillez y respeto. Tal vez nos está hablando un poco en contra del fanatismo religioso, ese celo excesivo e irracional que no debe tener cabida entre cristianos. También creo que nos quiere recordar que el templo donde debemos dar adoración al Señor es en nuestro interior. En ocasiones estamos dispuestos a ir muy lejos buscando algo, que si lo pensáramos bien lo tenemos muy cerca: "Sigan adorando interiormente al Señor". Para algunos resulta menos complicado gastarse varios centenares de dólares, viajar miles de kilómetros, soportar comidas que no les gustan y aguantar viajes y personas que no les caen bien, y todo para "adorar" a Dios en algún santuario famoso, en vez de "adorarle en el propio interior". Es menos exigente mezclarse entre la gente que enfrentarse consigo mismo. Dicho lo cual, debo aclarar que no estoy en contra de las peregrinaciones o visitas a lugares santos, especialmente cuando se hacen con verdadero espíritu peregrino.

La liturgia de hoy nos ha presentado a una Iglesia misionera y a una comunidad llamada al "culto interior", a una comunidad que no va por ahí blandiendo orgullosamente su fe, pero que tampoco la oculta, simplemente la presenta con serenidad y convicción, aunque esto le traiga al individuo sufrimiento por "hacer el bien". No hay que preocuparse, pues lo mismo le pasó a Cristo, quien en el evangelio de hoy, según nos cuenta San Juan (14, 15-21) nos habla de la razón de ser de nuestra existencia: el amor.

Muchas veces nuestro comportamiento religioso se basa en el miedo, en el que dirán, en la costumbre, en la obligación. Nada de eso tiene valor. La verdadera razón para nuestro comportamiento para con Dios y nuestros hermanos es simplemente el amor. El cumplimiento de la ley por obligación es un simple cumplo-y-miento.

Estamos en pleno capítulo 14, el "Discurso de Despedida de Cristo". Él está sentado a la mesa con sus más íntimos amigos y trata de consolarles pues ya les ha dicho que se va. Jesús les promete un Defensor, les asegura que no quedarán huérfanos, que se les mostrará y estará con ellos.

¡De lo que es capaz el amor!

Hechos 8,4-25: Felipe en Samaria


4 Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra.
5 Felipe descendió a la ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo.
6 Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe.
7 Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, 
   y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados.
8 Y fue grande la alegría de aquella ciudad.

Simón el mago

9 Desde hacía un tiempo, vivía en esa ciudad un hombre llamado Simón, 
   el cual con sus artes mágicas tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje.
10 Todos, desde el más pequeño al más grande, lo seguían y decían: 
     "Este hombre es la Fuerza de Dios, esa que es llamada Grande".
11 Y lo seguían, porque desde hacía tiempo los tenía seducidos con su magia.
12 Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios 
     y el nombre de Jesucristo, todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar.
13 Simón también creyó y, una vez bautizado, no se separaba de Felipe. 
     Al ver los signos y los grandes prodigios que se realizaban, él no salía de su asombro.
14 Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido 
     la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.
15 Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo.
16 Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, 
     sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.
17 Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
18 Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, 
     Simón les ofreció dinero,
19 diciéndoles: "Les ruego que me den ese poder a mí también, 
     para que aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo".
20 Pedro le contestó: "Maldito sea tu dinero y tú mismo, 
     porque has creído que el don de Dios se compra con dinero.
21 Tú no tendrás ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios.
22 Arrepiéntete de tu maldad y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón,
23 porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad".
24 Simón respondió: "Rueguen más bien ustedes al Señor, 
     para que no me suceda nada de lo que acabas de decir".
25 Y los Apóstoles, después de haber dado testimonio y predicado la Palabra del Señor, 
     mientras regresaban a Jerusalén, anunciaron la Buena Noticia a numerosas aldeas samaritanas.


SOBRE EL MISMO TEMA:

viernes, 20 de enero de 2017

Marcos 3:13-19: Institución de los Doce

Marcos 3:13-19
Viernes de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron junto a él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Llamó a los que quiso y respondieron a su llamada  
Instituidos para predicar el Evangelio

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Juan 14,1-14: Jesús, camino hacia el Padre

Juan 14,1-12

2 de noviembre: Conmemoración de los fieles difuntos (14,1-6)


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino." Tomás le dice: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le responde: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto." Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta." Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré."


SOBRE EL MISMO TEMA:

viernes, 22 de abril de 2016

Juan 14,1-12: Testamento espiritual, por M. Dolors Gaja, MN.


Juan 14,1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino." Tomás le dice: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le responde: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto." Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta." Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre."

— Comentario por M. Dolors Gaja, MN

Estamos en el contexto de la última cena. Jesús se despide de los suyos y deja su Testamento espiritual. Un testamento que habla de amor, de unidad, verdad, filiación…Flota en el aire un ambiente de tristeza porque cuando Juan escribe el texto rememora las palabras del Amigo sabiendo ya que eran las últimas.

JESÚS SE VA

La despedida de la muerte no será nunca más, después de estas palabras, una despedida definitiva. Jesús nos augura el reencuentro, Él sólo se adelanta en el camino pero volverá para guiarnos hasta la casa del Padre. Para eso nos pide fe: creer en Dios, en el Dios que Él ha predicado, implica creer también en Él. Nos acercamos al Misterio Trinitario que deberíamos explicitar más en nuestra vida.

PREGUNTA DE TOMÁS

Este discípulo hace la pregunta que todos nos hacemos en la vida: ¿cómo reconocer el camino, cómo acertar? En el fondo es la pregunta por el sentido de la vida y la propia vocación. Jesús da una respuesta clara: Yo soy el camino, la Verdad y la Vida. Teniendo en cuenta que los evangelistas escriben sin puntuar el texto y no existen comas ni otros signos, esta frase puede leerse así: Yo soy el camino que lleva a la Verdad; y la verdad es la Vida.

La pregunta de Tomás queda respondida. Vivir en Verdad es vocación universal. Sólo así alcanzamos la plenitud. Y en este intento Jesús se convierte en el guía de camino…

PETICIÓN  DE  FELIPE

De la postura de Felipe, de su petición, aprendemos que muchas veces también nosotros seguimos deseando lo que ya tenemos porque no sabemos verlo ni valorarlo. Felipe le pide ver al Padre y Jesús le contesta que no es necesario: lo tiene a Él. También nosotros anhelamos a Dios muchas veces sin acabar de percatarnos que es más lo que poseemos que lo que esperamos. Lo tenemos en nosotros, en los sacramentos… No obstante, la petición de Felipe es entrañable: muéstranos al Padre. Es la aspiración de toda persona porque todos tenemos, lo sepamos o no “sed de Dios”. De hecho, la persona es, por definición, buscadora de Trascendencia.

En la respuesta de Jesús, varias enseñanzas:

. Todo lo que hacemos de bueno es obra del Padre.
. Jesús no habla por su cuenta sino en nombre del Padre.
. El Padre y Él son uno. Jesús es imagen del Padre.
. Las obras dan testimonio de la fe.

Si trasladamos esto a Jesús y sus seguidores tenemos, en breves palabras, la imagen del perfecto cristiano. Cristiano es aquel que vive unido a Cristo, que cree en Él y hace sus obras y que sabe y siente que el bien que pueda hacer no es, en el fondo, obra suya sino de Dios.

Que la oración de este domingo sea la de Felipe: Muéstranos al Padre. 

martes, 12 de abril de 2016

Hechos 8,1b-8: Persecución contra la Iglesia. Felipe en Samaria

Hechos 8,1b-8
Miércoles de la 3 Semana de Pascua

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo se ensañaba con la Iglesia; penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres. Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

domingo, 22 de marzo de 2015

Juan 12,20-33: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado"

Juan 12,20-33
Domingo de la 5 Semana de Cuaresma, Año B
Agosto 10: San Lorenzo (Jn 12,24-26)

Entre los que habían llegado a Jerusalén para adorar a Dios en la fiesta de Pascua, había algunos griegos, los cuales se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús y él les respondió: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre. Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: ‘Padre, líbrame de esta hora’? No, pues precisamente para esta hora he venido. Padre, dale gloria a tu nombre”. Se oyó entonces una voz que decía: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”. De entre los que estaban ahí presentes y oyeron aquella voz, unos decían que había sido un trueno; otros, que le había hablado un ángel. Pero Jesús les dijo: “Esa voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Está llegando el juicio de este mundo; ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo. Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Dijo esto, indicando de qué manera habría de morir.