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sábado, 14 de septiembre de 2024

Mc 8,27-35: Sobre la identidad y misión de Jesús

Marcos 8,27-33 (Cf. Mt 16,13-20; Lc 9,18-21; Jn 6,64-71)


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:
— ¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
— Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Tomando la palabra Pedro le dijo:
— Tú eres el Mesías.
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:
— El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
— Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: 
— El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

miércoles, 4 de octubre de 2017

MIÉRCOLES DE LA 26 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Nehemías 2,1-8
Salmo 136: Que se me pegue la lengua al paladar 
si no me acuerdo de ti
Lucas 9,57-62

Nehemías 2,1-8

Era el mes de Nisán del año veinte del rey Artajerjes. Tenía el vino delante, y yo tomé la copa y se la serví. En su presencia no debía tener cara triste. El rey me preguntó: "¿Qué te pasa, que tienes mala cara? Tú no estás enfermo, sino triste." Me llevé un susto, pero contesté al rey: "Viva su majestad eternamente. ¿Cómo no he de estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas, y sus puertas comsumidas por el fuego?" El rey me dijo: "¿Qué es lo que pretendes?" Me encomendé al Dios del cielo y respondí: "Si a su majestad le parece bien, y si está satisfecho de su siervo, déjeme ir a Judá a reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres." El rey y la reina, que estaba sentada a su lado, me preguntaron: "¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás?" Al rey le pareció bien la fecha que le indiqué y me dejó ir. Pero añadí: "Si a su majestad le parece bien, que me den cartas para los gobernadores de Transeufratina, a fin de que me faciliten el viaje hasta Judá. Y una carta dirigida a Asaf, superintendente de los bosques reales, para que me suministren tablones para las puertas de la ciudadela del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me instalaré." Gracias a Dios, el rey me lo concedió todo.

Salmo 136: Que se me pegue la lengua al paladar 
si no me acuerdo de ti

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.
R. Que se me pegue la lengua al paladar 
si no me acuerdo de ti

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
"Cantadnos un cantar de Sión."
R. Que se me pegue la lengua al paladar 
si no me acuerdo de ti

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha.
R. Que se me pegue la lengua al paladar 
si no me acuerdo de ti

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.
R. Que se me pegue la lengua al paladar 
si no me acuerdo de ti

Lucas 9,57-62

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: "Te seguiré adonde vayas." Jesús le respondió: "Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza." A otro le dijo: "Sígueme." Él respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre." Le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios." Otro le dijo: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia." Jesús le contestó: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios."

lunes, 21 de agosto de 2017

Mateo 19,16-22: El seguimiento de Cristo

Mateo 19,16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: "Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?" Jesús le contestó: "¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos." Él le preguntó: "¿Cuáles?" Jesús le contestó: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo." El muchacho le dijo: "Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?" Jesús le contestó: "Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo." Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

— Comentario de Reflexiones Católica
"El seguimiento de Cristo"

Este fragmento tiene como tema central el seguimiento de Cristo y la consiguiente relación con los bienes materiales en vistas a la vida eterna, que resulta ser el punto culminante de la perícopa.

La pregunta inicial dirigida por el joven a Jesús —“Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para obtener la vida eterna?”— la recoge el mismo Jesús en la sentencia del v. 29, que encierra la promesa hecha a los discípulos: «Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por mi causa, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna».

Entre la introducción y la conclusión, el discurso está articulado en escenas sucesivas que van ahondando y ampliando el horizonte.

La negativa del joven a vender sus bienes permite a Jesús comunicar una enseñanza general sobre el peligro de las riquezas, siempre en vistas a la vida eterna (vv. 23-26). Sus palabras suscitan dos preguntas diferentes en los discípulos.

La primera llena de turbación: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?» (v. 25); en cambio, la segunda —expresada por Pedro— tiene todavía como centro el fin por el que tiene sentido renunciar a las riquezas. Ese fin es la vida eterna, y, todavía antes, una más profunda y auténtica comunión con Dios y con todos los hombres. Para emplear otra expresión presente en el fragmento, el fin es la consecución de la «perfección» (v. 21).

Sin embargo, será bueno subrayar que ésta —según una opinión acreditada entre los exégetas— no debe entenderse como la propuesta de un «plus» reservado a un grupo restringido de discípulos. Al contrario, indica el “cumplimiento”, vivir hasta el fondo —sin componendas o medias tintas— según la lógica del Evangelio.

Nadie puede «entrar en la vida» manteniendo el corazón apegado a los bienes perecederos. La condición para ser verdaderamente libres para Dios es la de seguir a Jesús poniendo sólo en él —y no en las riquezas— nuestra propia confianza.

Como ya ha afirmado el evangelista, el Reino de Dios pertenece a los pobres en el espíritu (cf. Mt 5,3), que en su pequeñez y humildad reciben como don de Dios precisamente todo lo que es imposible a las fuerzas humanas: la gracia para resistir al poder seductor de las riquezas.

La salvación eterna no es nunca un derecho, ni siquiera para los discípulos que lo han dejado todo para seguir a Jesús; es un don que la bondad divina derrama sobre quien quiere y como quiere (cf. 20,1-16), con el inconfundible estilo de otorgar privilegio a quien menos se lo espera: precisamente a los últimos.

Jesús concluye, pues, su enseñanza introduciendo de manera solemne —“Os aseguro que...” (v. 28)— la promesa dirigida a los discípulos: ellos —pobres pescadores, publicanos y pecadores— serán asociados a su gloria real en la regeneración, es decir, cuando, al final de los tiempos, aparecerá la nueva creación, en donde una vez más serán rebajadas las ambiciones humanas y exaltada la pobreza. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Lucas 8,1-3: Evangelio de las mujeres, por la Orden Carmelitana

Lucas 8,1-3  

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

— Comentario por la Orden Carmelitana

El evangelio de hoy continúa el episodio de ayer, que hablaba de la actitud sorprendente de Jesús para con las mujeres, cuando defendió a una mujer, conocida en la ciudad como pecadora, contra las críticas de un fariseo. Ahora, en el comienzo del capítulo VIII, Lucas describe como Jesús iba por los poblados y por las ciudades de Galilea, y la novedad es que iba acompañado no sólo por los discípulos, sino que también por las discípulas.

• Lucas 8,1: Los Doce que siguen a Jesús

En una única frase Lucas describe la situación: Jesús anda por todas partes, por los poblados y ciudades de Galilea, anunciando la Buena Nueva de Dios y los doce están con él. La expresión “seguir a Jesús” (cf. Mc 1,18;15,41) indica la condición del discípulo que sigue al Maestro, veinte y cuatro horas por día, procurando imitar su ejemplo y participar de su destino.

• Lucas 8,2-3: Las mujeres siguen a Jesús

Lo sorprendente es que, al lado de los hombres, hay también mujeres “junto a Jesús”. Lucas coloca a los discípulos y a las discípulas en pie de igualdad, pues ambos siguen a Jesús. Lucas también conservó los nombres de algunas de estas discípulas: María Magdalena, nacida en la ciudad de Mágdala. Había sido curada de siete demonios. Juana, mujer de Cuza, procurador de Herodes Antipas, que era gobernador de Galilea. Susana y varias otras.

De ellas se afirma que “sirven a Jesús con sus bienes”. Jesús permitía que un grupo de mujeres le “siguiera” (Lc 8,2-3; 23,49; Mc 15,41). El evangelio de Marcos, hablando de las mujeres en el momento de la muerte de Jesús, informa: “Unas mujeres miraban de lejos. Entre ellas, María Magdalena, María, madre de Santiago, el menor, y de José, y Salomé. Ellas habían seguido y servido a Jesús, desde cuando él estaba en Galilea. Junto con ellas había otras más, que habían subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,40-41).

Marcos define su actitud con tres palabras: seguir, servir, subir hasta Jerusalén. Los primeros cristianos no llegaron a elaborar una lista de estas discípulas que seguían a Jesús como hicieron los doce discípulos. Pero en las páginas del evangelio de Lucas aparecen los nombres de siete discípulas: Maria Magdalena, Juana, mujer de Cuza, Susana (Lc 8,3), Marta y Maria (Lc 10,38), María, madre de Santiago (Lc 24,10) y Ana, la profetisa (Lc 2,36), de ochenta y cuatro de edad. El número de ochenta y cuatro es doce veces siete. ¡La edad perfecta!

La tradición eclesiástica posterior no valoró este dado del discipulado de las mujeres con el mismo peso con que valoró el seguimiento de Jesús por parte de los hombres. ¡Es una lástima!

• Evangelio de las mujeres

El Evangelio de Lucas fue considerado siempre el evangelio de las mujeres. De hecho, Lucas trae el mayor número de episodios en que se destaca la relación de Jesús con las mujeres. La novedad no está sólo en la presencia de las mujeres alrededor de Jesús, pero también y sobre todo en la actitud de de Jesús con las mujeres.

Jesús las toca y se deja tocar por las mujeres, sin miedo a contaminarse (Lc 7,39;8,44-45.54). A diferencia de los maestros de la época, Jesús acepta a las mujeres como seguidoras y discípulas (Lc 8,2-3; 10,39).

La fuerza libertadora de Dios, actuante en Jesús, hace que la mujer se levante y asuma su dignidad (Lc 13,13). Jesús es sensible al sufrimiento de la viuda y se solidariza con su dolor (Lc 7,13).

El trabajo de la mujer preparando alimento está considerado por Jesús como señal del Reino (Lc 13,20-21).

La viuda persistente que lucha por sus derechos es colocada como modelo de oración (Lc 18,1-8), y la viuda pobre que comparte sus pocos bienes con los demás como modelo de entrega y de don (Lc 21,1-4).

En una época en que el testimonio de las mujeres no era considerado como válido, Jesús acoge a las mujeres como testigos de su muerte (Lc 23,49), sepultura (Lc 23,55-56) y resurrección (Lc 24,1-11.22-24)

lunes, 20 de enero de 2014

LUNES DE LA 2 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo 2, por Movimiento Adsis

1 Samuel 15, 16-23
Salmo 49: Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios
Marcos 2,18-22

1 Samuel 15,16-23

En aquellos días, Samuel dijo a Saúl:
— Déjame que te cuente lo que el Señor me ha dicho esta noche.
Contestó Saúl:
— Dímelo.
Samuel dijo:
— Aunque te creías pequeño, eres la cabeza de las tribus de Israel, porque el Señor te ha nombrado rey de Israel. El Señor te envió a esta campaña con orden de exterminar a esos pecadores amalecitas, combatiendo hasta acabar con ellos. ¿Por qué no has obedecido al Señor? ¿Por qué has echado mano a los despojos, haciendo lo que el Señor reprueba?
Saúl replicó:
— ¡Pero si he obedecido al Señor! He hecho la campaña a la que me envió, he traído a Agag, rey de Amalec, y he exterminado a los amalecitas. Si la tropa tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio, lo hizo para ofrecérselas en sacrificio al Señor tu Dios en Guilgal".
Samuel contestó:
— ¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos o quiere que obedezcan al Señor? Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que grasa de carneros. Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación. Por haber rechazado al Señor, el Señor te rechaza hoy como rey.

Salmo 49: Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa
ni un cabrito de tus rebaños.
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandamientos?
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

Marcos 2,18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: "Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?" Jesús les contestó: "¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán". Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado, porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos".

— Comentario del Movimiento Adsis

En el seguimiento de Jesús hay una novedad radical. Ya no basta el fiel cumplimiento de unos ritos o unas prácticas piadosas o la fidelidad a costumbres y tradiciones. El vino nuevo de Jesús, supone una mentalidad nueva, unas actitudes nuevas, unas estructuras nuevas, una nueva disposición. En Jesús no seguimos una doctrina, una moral. Jesús para nosotros es un acontecimiento que transforma nuestras vidas. Una doctrina se la entiende, una moral se practica, un acontecimiento por el contrario, o se celebra y se vive o pierde su significado y eficacia. Por eso, ¿cómo ayunar si Jesús está con nosotros? En su presencia hasta las carencias son relativas, pues en Él encontramos el sentido a nuestro ser y quehacer. Solo cuando Él nos falta o no vivimos desde Él, la vida se nos hace especialmente pesada y el «ayuno» nos recordará la necesidad de volver a su encuentro, de llenarnos de su presencia, de no atarnos a lo que en definitiva genera en nosotros insatisfacción. Solo Él llena adecuadamente nuestro corazón.

Fuente: Adsis.org