lunes, 28 de marzo de 2016

Hechos de los Apóstoles 2,12-36: Primer discurso de Pedro

Lunes de la Octava de Pascua (Hechos 2,14.22-33)

2:12 Unos a otros se decían con asombro: "¿Qué significa esto?"
2:13 Algunos, burlándose, comentaban: "Han tomado demasiado vino".
2:14 Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
2:15 Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana,
2:16 sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel:
2:17 En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos.
2:18 Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán.
2:19 Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo.
2:20 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y glorioso.
2:21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
2:22 Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
2:23 a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
2:24 Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
2:25 En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile.
2:26 Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza,
2:27 porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
2:28 Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
2:29 Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
2:30 Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono.
2:31 Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción.
2:32 A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.
2:33 Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen.
2:34 Porque no es David el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,
2:35 hasta que ponga a todos tus enemigos debajo de tus pies.
2:36 Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías".

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