sábado, 17 de septiembre de 2022

San Roberto Belarmino: Arzobispo de Capua (1602)

El Arzobispado de Capua tiene buenas rentas. Mientras algunos ven este nombramiento una caída en desgracia de Belarmino, otros lo explican como una promoción. Clemente VIII le confiere el 21 de abril la ordenación episcopal y le entrega el palio dos días después. 

El nuevo arzobispo deja sus habitaciones del Vaticano y se retira al Colegio Romano. Ocho días después está en su diócesis. En Capua, el recibimiento del nuevo arzobispo es espléndido. Lo precede su fama de santidad y sabiduría. Sus primeros trabajos van dirigidos al clero y a la vida religiosa. Las normas del Concilio de Trento son aplicadas. El seminario diocesano aumenta sus vocaciones. Los pobres son otra de sus principales preocupaciones. En tres años hace tres visitas pastorales a la diócesis visitando todas las parroquias, iglesias y casas religiosas. La instrucción catequética de los fieles es implementada en ciudades y pueblos. Predica y anima a sus sacerdotes en este ministerio. Tres veces reúne al sínodo diocesano y una vez al concilio provincial, el cual no se había tenido desde hacía dieciocho años. Repara iglesias, reforma conventos de religiosas, distribuye limosnas. Roberto se siente dichoso en su labor pastoral. "Fui amado por el pueblo y yo amé a mi pueblo". "Capua es ahora mi patria. Su catedral es mi casa. Mi familia es este pueblo. Mi preocupación son los intereses de estas almas". Vive en armonía con las autoridades civiles del Reino de Nápoles, cosa no muy frecuente en esos tiempos.


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