jueves, 23 de marzo de 2017

La Cuaresma, Escuela de Formación, por el Card. Antonio Cañizares


No todos los tiempos son iguales. El de Cuaresma, es un tiempo especialmente relevante para los cristianos. Ha tenido, debe seguir teniendo, un hondo significado: reconstruir y consolidar los cimientos y los pilares de nuestro edificio espiritual.

Necesitamos recuperar la Cuaresma. Tal vez, en no pocos, se ha perdido su gran sentido. La secularización de la sociedad y el debilitamiento de la fe en amplios sectores han motivado que palidezca la vivencia genuina de la Cuaresma en la conciencia de nuestras gentes. Sin embargo, sigue con la misma vigencia y actualidad que en otras épocas.

Escuela de formación

La Cuaresma, a lo largo de siglos, ha sido, y debe ser, una escuela para la formación del hombre, para liberarlo de sus cadenas interiores, pasiones y vicios, unificarlo, y fortalecerlo en su vida cristiana por la escucha y meditación de la Palabra más asidua e intensa, por la oración viva y sosegada, por la penitencia y la mortificación, por el ejercicio decidido de obras de caridad y misericordia.

Es tiempo para la educación en la bondad, en la caridad, en el perdón, en la paz, en la reparación del mal realizado, en la esperanza, en la virtud sincera, en la vida nueva. Una verdadera escuela de vida cristiana.

La espiritualidad cuaresmal es penitencial. Lleva consigo exigencias como el ayuno, –del cual queda una obligación reducida a sólo el Miércoles de Ceniza y al Viernes Santo–, o como la abstinencia los viernes cuaresmales; estas exigencias, conviene recordarlo, no están abolidas del todo, y mucho menos está olvidado su espíritu o exigencia personal.

La Cuaresma invita a la oración más frecuente y prolongada: la oración recuerda la necesidad de Dios, de su amor, perdón y ayuda, la necesidad de estar unidos a El.

CONVERSIÓN

La Cuaresma dispone para recibir el sacramento de la penitencia, que, además de ser un acto de humildad y contrición, hacia el que nuestros contemporáneos tienen poco aprecio, es, sobre todo, la acción reconciliadora, de perdón y de gracia restauradora, de Dios en nuestras vidas. Es llamada a cuidar la meditación y el seguimiento amoroso de la Cruz que el cristiano fi el encuentra siempre en su camino.

La palabra clave que resume todo el espíritu cuaresmal es: «conversión». Se trata de un tiempo muy propicio para convertirnos a Dios, volver a Él, y encontrar, de nuevo, la plena comunión con Él, en quien está la felicidad del la vida y la esperanza del hombre, la paz y el amor que lo llena todo y sacia los anhelos más vivos del corazón humano.

Convertirse significa repensar la vida y la manera de situarse ante ella desde Dios, donde está la verdad. Convertirse significa en consecuencia: no vivir como viven todos, ni obrar como obran todos, no sentirse tranquilos en acciones dudosas, ambiguas o malas por el mero hecho de que otros hacen lo mismo; comenzar a ver la propia vida con los ojos de Dios; buscar por consiguiente el bien, aunque resulte incómodo y dificultoso; no apoyarse en el criterio o en el juicio de muchos de los hombres –y aun de la mayoría– , sino sólo en el criterio y juicio de Dios.

El tiempo cuaresmal, con el auxilio de la gracia, lleva a centrar la vida en Dios, a reavivar y fortalecer nuestra experiencia de Él. La fe en Dios es capaz de generar un gran futuro de esperanza y abrir caminos para una humanidad nueva donde se transparente su amor sin límites, especialmente volcado en los pobres, los desheredados y maltrechos de este mundo.

En otras palabras: convertirse implica buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva en el seguimiento de Jesucristo, que entraña aceptar el don de Dios, la amistad y el amor suyo, dejar que Cristo viva en nosotros y que su amor y su querer actúen en nosotros.

Convertirse significa salir de la autosuficiencia, descubrir y aceptar la propia indigencia y necesidad de los otros y de Dios, de su perdón, de su amistad y de su amor; convertirse es tener la humildad de aceptar el amor de Dios, entregado en Jesucristo amor que viene a ser medida y criterio de la propia vida. «Amaos como yo os he amado»: amar con el mismo amor con que Cristo nos ama a todos y a cada uno de los hombres. Necesitamos, con el auxilio de la gracia divina, emprender los caminos de la conversión honda a Dios, vivo y verdadero, revelado y entregado en Jesucristo, que es amor, fuente de verdad, libertad, amor, caridad.

Vivir la Caridad

De manera especial la Cuaresma invita a vivir esta caridad: «la caridad que ama sin límites, que disculpa sin límites y que no lleva cuenta del mal» ( 1 Cor. 13). La conversión nos ha de proyectar hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano. Éste es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral. Es necesario que los hombres vean de modo palpable, a qué grado de entrega puede llegar la caridad hacia los más pobres.

Descubriendo el rostro de Cristo

Si verdaderamente contemplamos y seguimos a Cristo, y en el centro de nuestras vidas está Dios, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse: los pobres, los hambrientos, los enfermos, los que sufren, los crucificados de hoy (Cf. Mt 25).

Amor a los enemigos

La llamada a la conversión, a vivir en el amor y en la caridad de Cristo, es una invitación a vivir en el perdón, especialmente apremiante siempre y particularmente hoy, en nuestra situación de tanta violencia, de tanta tensión, de tanto rechazo mutuo, de tanta descalificación del contrario o
de quien no está en mi grupo: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, rogad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos ». «La caridad no lleva cuentas del mal».

Para amar así se precisa el coraje de la humilde obediencia al mandato de Jesús. Su palabra no deja lugar a dudas: no sólo quien provoca la enemistad, sino también quien la padece debe buscar la reconciliación. El cristiano debe hacer la paz aun cuando se sienta víctima de aquel que le ha ofendido y golpeado injustamente. El Señor mismo ha obrado así. Él espera que el discípulo le siga, cooperando de este modo a la redención del hermano. En esto, el cristiano sabe que puede contar con la ayuda del Señor, que nunca abandona a quien, frente a las dificultades recurre a Él (Juan Pablo II).

miércoles, 22 de marzo de 2017

SACRIFICIO

Nuestra interpretación  natural  de lo que significa sacrificio nos lleva a los padecimientos dolorosos, a las ofrendas penitenciales, a la abstinencia de lo que nos gusta, a ofrendas que nos cuestan.

Sin quitar el valor que puedan tener las acciones generosas, el texto sagrado nos abre a una dimensión más amplia de sacrificio cuando dice:

“Acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde, 
como un holocausto de carneros y toros 
o una multitud de corderos cebados. 
Que este sea hoy nuestro sacrificio, 
y que sea agradable en tu presencia: 
porque los que en ti confían 
no quedan defraudados” 
(Dn 3,39-40)

Es posible que nos planteemos los sacrificios como ofrenda para obtener algún beneficio, que hagamos nuestras promesas en cierto trato con Dios, si nos concede lo que le pedimos o para que nos conceda aquello que creemos que necesitamos. Y si no sucede aquello por lo que nos esforzamos y sacrificamos entramos en frustración, en desesperanza, y hasta en crisis de fe.

El salmista llega a reconocer en su oración:

“Los sacrificios no te satisfacen: 
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. 
El sacrificio agradable a Dios 
es un espíritu quebrantado; 
un corazón quebrantado y humillado, 
tú, oh Dios, tú no lo desprecias” 
(Sal 50, 18-20)

Solo el amor purifica la ofrenda de toda especulación egoísta. El camino del seguimiento significa, sin duda, ir detrás de Jesús, que lleva el peso de nuestras culpas; ir cargados con nuestra propia cruz, pero puestos los ojos en Él.

Como diría Santa Teresa de Jesús: “Con tan buen Capitán, que se puso el primero en el padecer, todo se puede sufrir, es amigo verdadero”.

Una madre no suma los desvelos que le causa su hijo por la noche. El que ama espera, aguarda, confía, saber ser gratuito, no lleva cuentas del bien hecho, por muchos sacrificios que le suponga. Por el contrario, en el momento de la prueba es donde se le da la oportunidad de demostrar mayor amor. Así lo comprobamos en los santos.

Cuentan que san Francisco de Asís le pidió a Jesús que le concediera llevar en su cuerpo las llagas de su Pasión, y que el Señor le respondió: “¡Qué loco estás, Francisco!” A lo que respondió el de Asís, “No tanto como Tú, Señor”.

En el camino hacia la Pascua, conscientes del sacrificio de Jesús en favor nuestro, ofrezcamos el sacrificio que le agrada a Dios, que no es otro que el corazón humilde, misericordioso, capaz de perdonar y de confiar en el Señor.

Y surge la plegaria:

“ Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno; 
porque me libraste del peligro, 
y he visto la derrota de mis enemigos” 
(Sal 53,8-9).

Autor: Ángel Moreno

PADRE, Padres


CITAS BÍBLICAS: 
Corintios  
1 Co 1,1-9 Llegue a ustedes la paz de Dios, nuestro Padre
1 Co 4,6b-15 Tendréis mil tutores en Cristo, pero padre no
   tendréis muchos.
1 Co 4,14-21 Aunque tengan diez mil preceptores en Cristo, no
   tienen muchos padres; soy yo el que los ha engendrado en
   Cristo
1 Co 15,24 Cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre

Efesios  
1,3-6.15-18 Bendito sea Dios, Padre de nuestros Señor Jesucristo
   Padre de la gloria

Evangelio de Juan 
2,13-22 No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado
3,31-36 El Padre ama al Hijo
5,17-30 Mi Padre sigue actuando, y yo también
   También llamaba a Dios Padre suyo
   El Hijo no puede hacer nada que no vea hacer al Padre
   El Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace
   El Padre resucita a los muertos y les da vida
   El Padre no juzga a nadie
   Para que todos honren al Hijo como honran al Padre
   El Padre dispone de la vida
6,24-35 Dios, el Padre, ha puesto su sello en él
   Mi Padre os da el verdadero pan del cielo
6,35-40 Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí
   La voluntad de mi Padre
6,41-51 ¿No conocemos a su padre y a su madre?
   Vuestros padres comieron el mana y murieron
6,52-59 El Padre me ha enviado y yo vivo por el Padre
6,60-69 Nadie puede venir a mi si el Padre no se lo concede
8,21-30 No comprendieron que les hablaba del Padre
8,31-42 Hablo de lo que he visto junto a mi Padre 
   Si Dios fuera vuestro Padre me amaríais
9,1-41 ¿Quién pecó éste o sus padres?
   Llamaron a sus padres y le preguntaron
   Sus padres respondieron así porque tenían miedo
10.11-18 Como el Padre me conoce yo conozco al Padre
   El Padre me ama porque doy mi vida
   Este es el mandato que he recibido de mi Padre
10,22-30 Yo y el Padre somos uno
   Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio
10,31-42 Obras buenas por encargo de mi Padre
   A quien el Padre consagró y envió al mundo
   Si no hago las obras de mi Padre no me creáis
12,20-33 El que me sirve será honrado por mi Padre
   ¿Padre, líbrame de esta hora?
12,44-50 El Padre es el que me ha ordenado lo que debo decir
13,1-15 La hora de pasar de este mundo al Padre
14,1-14
   En la casa de mi Padre hay muchas estancias
   Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre
   Muéstranos al Padre y nos basta
   Quien me ha visto a mí ha visto al Padre
   Yo estoy en el Padre, y el Padre en mí
   Me voy al Padre
14,23-29 El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará
   La Palabra que estáis oyendo no es mía sino del Padre
   El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre
   Si me amárais os alegraríais de que vaya al Padre
   El Padre es más que yo
15,1-8 Mi Padre es el viñador
   La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto
15,9-17 Así como el Padre me ha amado a mí...
   He obedecido los mandamientos de mi Padre
   Lo que oí a mi Padre decir se lo he dado a conocer
   El Padre les dará lo que pidan en mi nombre
16,16-20 Me voy con el Padre
16,23-33 No estoy solo porque está conmigo el Padre
17,1-11 Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo
17,11-19 Padre santo, guárdalos para que sean uno
20,19-31 Como el Padre me ha enviado así os envío yo

Cartas de San Juan 
1 Jn 2,22-28 El Anticristo niega al Padre y al Hijo
1 Jn 3,1-3 Qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos...
1 Jn 4,11-18 El Padre envío a su Hijo para ser el Salvador

Evangelio de Lucas    
2,22-40 Los padres de Jesus lo llevaron a Jerusalén
   Su padre y su madre estaban admirados
   ...Sus padres para cumplir lo previsto por la ley
2,41-51 Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén
   Tu padre y yo te buscábamos angustiados
   ¿No sabíais que debía estar en la casa de mi Padre?
9,57-62 Déjame primero ir a enterrar a mi padre
10,17-24 Te doy gracias, Padre
   Todo me lo ha entregado mi Padre
   Nadie conoce al Hijo sino el Padre
11,1-13 El Padre nuestro 
   Jesús señala al Padre 
   Resumen de todo el Evangelio 
   11,11 ¿Qué padre le da a su hijo una serpiente...
   11,13 El Padre del cielo dará el Espíritu Santo a...
   La segunda parábola profundiza en la categoría de paternidad 
11,47-54 Vuestros padres los mataron
   Sois testigos de lo que hicieron vuestros padres
14,25-33 Y no sacrifica el amor a su padre y a su madre
15,11-32 Parábola del Padre Misericordioso
24,46-53 Os enviaré lo que mi Padre ha prometido

Evangelio de Marcos  
1,14-20 Dejaron a su padre Zebedeo en la barca y le siguieron
11,11-26 Para que también vuestro Padre del Cielo os perdone
13,24-32 Nadie lo sabe, sólo el Padre

Evangelio de Mateo  
5,38-48 Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial
6,1-6 No tendréis recompensa de vuestro Padre celestial
   Tu Padre que ve en lo secreto te lo pagará
   Cierra la puerta y reza a tu Padre
6,7-15 El Padrenuestro 
6,16-18 Tu padre que ve en lo escondido te recompensará
6,24-34 Vuestro Padre del Cielo sabe lo que necesitáis
7,7-12 Vuestro Padre del cielo os dará cosas buenas
7,21.24-27 El que cumple la voluntad de mi Padre
8,18-22 Déjame ir primero a enterrar a mi padre
10,16-23 El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros
   Los padres entregarán a sus hijos
   Se rebelarán los hijos contra sus padres
10,24-33 Me pondré de su parte ante mi Padre del cielo
11,25-27 Nadie conoce al Padre sino el Hijo
12,46-50 El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo
18,1-5.10.12-14 Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda...
18,15-20 Si dos de vosotros se ponen de acuerdo, mi Padre...
19,3-12 Abandonará el hombre a su padre y a su madre
20,17-28 Para quienes lo tiene reservado mi Padre
23,27-32 Si hubiéramos vivido en tiempos de nuestros padres
   Colmad también vosotros la medida de vuestros padres

Génesis 
17,3-9 Serás Padre de una muchedumbre de pueblos 

Hebreos 
1,1-6 Yo seré para él un Padre
12,4-7.11-15 Acepta la corrección porque Dios os trata como a hijos 

Hechos de los Apóstoles
1,1-11 Aguardad a que se cumpla la promesa de mi Padre
   Las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad
13,26-33 La promesa que Dios hizo a nuestros padres

Miqueas 
7,1-7 El hijo denigra al Padre 

Nehemías 
2,1-8 La ciudad donde se hallan enterrados mis padres...

Reyes  
1 Re 19,16b.19-21 Déjame decir adiós a mis padre

Romanos 
4,13.16-18.22 Te hago Padre de muchos pueblos

Samuel
2 Sam 7,4-17 Yo seré para él Padre

Salmos  
Como un Padre siente ternura por sus hijos   
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres 

LITURGIA DE LA PALABRA: 
Sábado de la 2 Semana de Cuaresma,
Domingo de la 4 Semana de Cuaresma, ciclo C
Domingo de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo C
Miércoles de la 26 Semana del Tiempo Ordinario, I
Miércoles de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año A

ARTE 
La Paternidad

ARTÍCULOS 
Sobre la paternidad de Dios 
¿Cómo sé si estoy preparado para ser padre/madre? 

Actualizado: 27 de marzo, 2017

lunes, 20 de marzo de 2017

El pan de Egipto y pan de Dios: José y Jesús


Si hay un personaje del Antiguo Testamento que representa proféticamente a Jesús es José, el hijo amado de Jacob.

El gran relato de la vida de José, que fue despojado de su túnica, vendido por sus hermanos por 20 monedas, exiliado de su patria, esclavo y encarcelado, tiene una analogía con la vida de Jesús, vendido por treinta monedas, despojado de sus vestidos y de su túnica, encarcelado.

Encontramos entre José y Jesús otra semejanza sorprendente. Nos narra el libro del Génesis que una vez deportado José a Egipto y vendido como esclavo, fue consultado por Faraón sobre un sueño que había tenido, y que gracias a la interpretación que le dio, se acopiaron en graneros grandes cosechas de trigo, que se convirtieron en despensa para los días del hambre, escasez que alcanzó no solo al imperio de Faraón, sino también a Canaán, donde vivía Jacob con sus hijos.

El hambre hizo que los hijos de Jacob acudieran a pedir trigo a Egipto, y fue José quien se convirtió en anfitrión de su familia, sin mostrarles ningún rencor. Este final del relato nos revela cómo circunstancias dolorosas que contempladas en sí mismas desconciertan, se convierten en mediación necesaria para un bien mayor.

Nos parece extraño que tuviera que ser vendido José, hecho esclavo, despojado de su túnica, para convertirse, después, en el provisor de pan para toda su familia. Pero al releer el relato a la luz del Evangelio, comprendemos la dimensión profética de los hechos, cuando contemplamos a Jesús, vejado, vendido, y hasta condenado a muerte, y a la vez convertido en Redentor de todos los hombres, sus hermanos.

Los graneros de Egipto que saciaron a los hijos de Jacob tienen su mejor correspondencia en la multiplicación de panes del Evangelio, y sobre todo en la entrega total que hizo de sí mismo Jesús en la noche de la cena, cuando al partir el pan ácimo, dijo: “Tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo que se entrega por vosotros”.

He leído una consideración que me ha impresionado, y que aplico de manera especial a la entrega de sí mismo de Jesús al dársenos en el pan santo: “La posibilidad de dar algo sin darse uno a sí mismo en ello es una triste posibilidad humana, no de Dios” (J.A. García). Dios es dándose.

El labrador también se da en el pan partido, cuando lo reparte en la mesa a sus hijos, pero Jesús se nos entrega total y constantemente en la Eucaristía. La donación de sí mismo de Jesucristo para perdón de los pecados y redención de la humanidad es misterio supremo de amor, ofrenda permanente, oblación pascual, sacramento que realiza ante los ojos del Padre y la fe de los creyentes.

Autor: Ángel Moreno
Ciudadredonda.org

La espiritualidad josefina de san José Manyanet

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San José y Santa Teresa de Ávila, por Monseñor Jaume Pujol


La santa de Ávila dio un gran impulso a la devoción al santo carpintero de Nazaret y después otros autores han ayudado a hacer que la devoción a San José se extendiera a toda la Iglesia.

Santa Teresa de Jesús tenía 27 años, se encontraba postrada en la cama, no podía andar, a veces se arrastraba por el suelo. Llega a tal extremo de gravedad que se la da por muerta. En estas circunstancias recurre a San José y su vida va volviendo a la normalidad poco a poco. Desde este momento la devoción al santo y su familiaridad con él va a marcar su vida. Partiendo de esta realidad escribe: «Tomé por abogado a San José…; y él hizo, como quien es, que pudiese levantarme y andar y no estar tullida» (Libro de la Vida, 6).

Partiendo de esta experiencia tan decisiva en su vida, recomendó la devoción a San José y su poderosa intercesión: «No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer». En sus fundaciones a todas pone su nombre: Monasterio de San José de Ávila, Monasterio de San José de Medina del Campo, y así los de Malagón, Toledo, Sevilla, Salamanca, Segovia, que inauguró el mismo día de San José, el año 1574, etc.

19 de marzo: FIESTA DE SAN JOSÉ (Lecturas)

2 Samuel 7,4-5a.12-14a.16
Salmo 88: Su linaje será perpetuo
Romanos 4,13.16-18.22
Mateo 1,16.18-21.24a

2 Samuel 7,4-5a.12-14a.16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: "Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.""

Salmo 88: Su linaje será perpetuo

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: "Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad."
R. Su linaje será perpetuo

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades."
R. Su linaje será perpetuo

Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora."
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable.
R. Su linaje será perpetuo

Romanos 4,13.16-18.22

Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: "Te hago padre de muchos pueblos." Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: "Así será tu descendencia." Por lo cual le valió la justificación.

Mateo 1,16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados." Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

SOBRE SAN JOSÉ

sábado, 18 de marzo de 2017

DOMINGO DE LA 3 SEMANA DE CUARESMA, Año C

Lecturas de la Misa  
José y Jesús:
El pan de Egipto y el pan de Dios
Comentario de la Palabra de Dios: 
   por Francisco González, S.F.
   por Francisco González, S.F. 
   por M. Dolors Gaja, MN.

Juan 4,1-42: Encuentro de Jesús con la samaritana



4:1 Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído decir que él tenía más discípulos y bautizaba más que Juan
4:2 —en realidad él no bautizaba, sino sus discípulos—
4:3 dejó la Judea y volvió a Galilea.
4:4 Para eso tenía que atravesar Samaría.

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
— Dame de beber.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
— ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:
— Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
— Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
— El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
— Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Él le dice:
— Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta:
— No tengo marido.
Jesús le dice:
— Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:
— Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
— Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
— Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
— Soy yo, el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:
— ¿Qué le preguntas o de qué le hablas?
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
— Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
— Maestro, come.
Él les dijo:
— Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
— ¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dice:
— Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
— Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

SOBRE EL MISMO TEMA:  



SALMO 95 (94)

SALMO 95 (94)
Cantemos alegres al Señor

Invitación a la alabanza
95:1 ¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
95:2 ¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor!
95:3 Porque el Señor es un Dios grande,
el soberano de todos los dioses:
95:4 en su mano están los abismos de la tierra,
y son suyas las cumbres de las montañas;
95:5 suyo es el mar, porque él lo hizo,
y la tierra firme, que formaron sus manos.
95:6 ¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
95:7 Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano.

Exhortación a la fidelidad
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
95:8 "No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto,
95:9 cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras.
95:10 Cuarenta años me disgustó esa generación,
hasta que dije:
'Es un pueblo de corazón extraviado,
que no conoce mis caminos'.
95:11 Por eso juré en mi indignación:
'Jamás entrarán en mi Reposo'".

SOBRE EL SALMO 95 (94):
Himno de alabanza y denuncia profética
Liturgia de la Palabra:  
94,1-2.6-7.8-9

Salmo 94,1-2.6-7.8-9: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: no endurezcáis vuestro corazón

Domingo de la 3 Semana de Cuaresma, Año C
Jueves de la 3 Semana de Cuaresma

Salmo 94,1-2.6-7.8-9: 
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón 

SOBRE EL SALMO 95 (94)  

viernes, 17 de marzo de 2017

Desierto


La imagen del desierto trae a la mente la maldición primera, cuando Dios expulsó a Adán y a Eva del jardín del Edén y tuvieron que habitar en tierra esteparia de espinos y abrojos.

El desierto, sobre todo, nos evoca la travesía del Pueblo de Dios durante cuarenta años, desde la tierra de esclavitud a la tierra de la promesa.

En un primer impacto, el término “desierto” puede traer la resonancia de la maldición, como dice el profeta: “Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita” (Jer 17,5-6).

Pero si se permanece en el ámbito de la soledad y del silencio del desierto, cabe también una experiencia posterior: “«Por eso, yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón, le entrego allí mismo sus viñedos, y hago del valle de Acor una puerta de esperanza. Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto. Aquel día —oráculo del Señor— me llamarás “esposo mío”, y ya no me llamarás “mi amo” (Os 2,16-18).

El desierto es lugar de tentación, donde se robustece la voluntad, se forja el discípulo, se enamora el alma, se gusta el éxtasis de la belleza suprema, la que se desvela en el corazón, sin razón aparente. El desierto es el lugar de la Palabra, el ámbito de la escucha interior, donde la persona se conoce a sí misma y llega a percibir por un lado el propio límite, y por el otro, la providencia divina que provee el agua y el pan necesarios para resistir en la contienda.

Cuando se tiene la suerte de contemplar un paisaje desértico, extraña  la belleza de la aridez y del vacío, la presencia invisible que guarda, cuando el corazón recibe la visita del Misterio, el beso secreto del que lo llena todo, lo penetra todo. Es como si la tierra no necesitara más ropaje, y su desnudez, sin pudor, fuera el espacio esponsal.

Si te atreves a ir al desierto, hazlo con el bordón de la oración y de la Palabra. Te aseguro que percibirás dentro de ti la voz que enamora, y te convertirás en testigo del milagro que transforma el desierto en jardín, donde el Señor pronuncia tu nombre secreto, en el que está contenida la llamada identificativa de tu vida.

Autor: Ángel Moreno
ciudadredonda.org

La Cuaresma y el Bautismo


Toda la Cuaresma apunta a la Noche de Pascua, cuando se bautizan los catecúmenos y todos los bautizados renovamos de manera solemne las promesas bautismales.

En el transcurso de la cuarentena, en varios momentos, las lecturas bíblicas evocan de manera simbólica el bautismo. Siempre que aparece alguna escena con referencias al agua y a la purificación se puede interpretar desde la perspectiva bautismal.

El profeta Isaías inicia sus llamadas a la conversión justamente con la referencia a la necesidad de lavarse como gesto purificador: “Lavaos, purificaos, apartad de mi vista | vuestras malas acciones. | Dejad de hacer el mal”.

El salmo penitencial por excelencia cita expresamente el rito de la purificación: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, | por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, | limpia mi pecado” (Sal 50).

Juan Bautista predicaba un bautismo de penitencia a la manera de los ritos purificadores de los profetas. Por el bautismo de Jesús las aguas quedan purificadas, y ahora quienes recibimos la gracia sacramental, no solo quedamos limpios de culpa, sino que además nos convertimos en hijos de Dios.

En el rito bautismal, sobre todo cuando se hace por inmersión, como en la iglesia Ortodoxa, se simboliza el nuevo nacimiento, pues el nuevo cristiano participa de los méritos de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

El bautismo nos introduce en la corriente de la gracia que brota del costado del Salvador, nos limpia y perdona los pecados, nos concede pertenecer a la familia de Dios, nos agrega a la comunión de todos los santos, nos injerta en el árbol frondoso de la Iglesia, nos permite sentarnos a la mesa de los hijos de Dios, nos reviste con el traje de gala, con el vestido sagrado, nos unge y cristifica, nos abre los ojos de la fe, nos permite gustar la pertenencia a la comunidad de los fieles y formar parte del Pueblo de Dios, nos convierte en templos santos, en personas habitadas por el Espíritu Santo. Por la gracia bautismal no es pretencioso llamar a Dios “¡Papá!”

El bautismo nos da hermanos en la fe y la vocación a la santidad. Gracias al sacramento de iniciación nos identificamos como discípulos de Jesús, y nos convertimos en testigos de su resurrección. Es un privilegio inmerecido haber sido bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; con ello se nos ha hecho capaces de recibir, según el don que se nos otorga, la confirmación en la fe, el pan santo, el ministerio ordenado, la consagración personal o el vínculo matrimonial.

Autor: Ángel Moreno
ciudadredonda.org

¿Por qué cuaresma y no "quincuesma" o "sexesma"?


Cabe preguntarse el porqué de que este período de reflexión y penitencias dure cuarenta días y no quince, veinte o sesenta. La respuesta es siempre la misma: lo que la Iglesia y los cristianos conmemoramos son los cuarenta días de oración que Jesucristo llevó a cabo en el desierto, aunque en su ministerio, dicho período no sea prepascual, dado que el el ciclo que recogen los evangelistas sinópticos que mencionan dicho retiro al desierto (Juan no lo hace) viene a durar un año, empieza con la retirada al desierto y termina con la Pascua, en la que Jesús es crucificado.

El evento, como se ha dicho, lo recogen tres de los cuatro evangelistas. Marcos (que, como se sabe, no escribe evangelio de la infancia) lo hace de manera muy sucinta, al pincipio mismo de su Evangelio:

“A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían” (Mc 1,12-13)

Mateo y Lucas, al recoger un evangelio de la infancia, emplazan el episodio más adelante y le dedican un relato mucho más descriptivo:

“Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan’. Jesús le respondió: ‘Está escrito: No sólo de pan vive el hombre’.
   Llevándole luego a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo el diablo: ‘Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque me la han entregado a mí y yo se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya’. Jesús le respondió: ‘Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto’.
   Le llevó después a Jerusalén, le puso sobre el alero del Templo y le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna’. Jesús le respondió: ‘Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios’. Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta el tiempo propicio” (Lc 4,1-13, muy parecido a Mt 4,1-9).

Pero la pregunta continúa sin respuesta, ¿por qué cuarenta?

Lo cierto es que el cuarenta es la cifra bíblica por antonomasia. Sin salir de los evangelios, cuarenta no son sólo los días que Jesús pasa ayunando y orando en el desierto. Son también los que va a pasar con sus discípulos en el mundo antes de ascender a los cielos una vez resucitado, dato que justo es reconocer, solo aporta Lucas y, por cierto, no en su Evangelio, sino en los Hechos de los Apóstoles:

“A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles pruebas de que vivía, dejándose ver de ellos durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios” (Hch 1,3)

Donde de nuevo, más que de un período prepascual como el que celebramos los cristianos, nos hallamos es justo ante lo contrario, ante un período postpascual.

No es la única referencia evangélica a los cuarenta. Aunque no haga mención expresa del tema, cuarenta son también los días que necesita María para purificarse del parto de Jesús:

“Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor” (Lc. 2, 22-23).

Pero no solo en el Nuevo Testamento la cifra del cuarenta adquiere relevancia: es que no menor es la que registra en el Antiguo Testamento, y así, cuarenta son los días que dura el diluvio universal:

“Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice” (Gn 7,4)

Cuarenta los días que permanece Moisés en el monte:

“Moisés penetró en la nube y subió al monte. Moisés permaneció en el monte cuarenta días y cuarenta noches” (Ex 24,18).

Cuarenta los que tarda Elías en alcanzar el monte Horeb:

“Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb” (1Re 19,8).

Y cuarenta son también los años que el pueblo judío vaga errante por el desierto del Sinaí cuando abandona Egipto

“Los israelitas comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada. Lo comieron hasta que llegaron a los confines del país de Canaán” (Ex 16,35).

Fuente: Luis Antequera
religionenlibertad.com

COMPADECER y COMPASIÓN

EL BUEN SAMARITANO, por Luca Giordano (1634-1705)
Compadecer y Compasión
Compasión
Sufrimiento y compasión

PALABRAS RELACIONADAS:
Misericordia
Simpatía 
Paciente 

Compasión


La palabra “compasión” significa padecer con, com-padecer, y sin duda este tiempo (de Cuaresma) nos conduce a la contemplación de los misterios de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, para sufrir con quien va a la Cruz para redimirnos de nuestros pecados. La compasión tiene que ver también con la misericordia, pues ambas son un sentimiento que nace de las entrañas conmovidas.

En las Sagradas Escrituras se encuentran textos emblemáticos en los que se nos propone la actitud generosa de acercarnos a quienes sufren. Tobías es un ejemplo de hombre piadoso que por las noches daba sepultura a sus hermanos judíos, a pesar de que se lo prohibían. Pero es la parábola del buen samaritano la que más explícitamente plasma el gesto arriesgado y compasivo de recoger a un herido, curarlo y llevarlo a la posada.

De Dios se dice que es compasivo y misericordioso, y san Pedro nos recomienda: “Quereos como hermanos, tened un corazón compasivo y sed humildes”. Del justo canta el salmo: “En su casa habrá riquezas y abundancia, su caridad dura por siempre. En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo”.

El Señor nos encarece: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Jesús nos da también ejemplo en varios momentos de su vida de esta actitud compasiva. Así lo presentan los evangelios cuando ve a la multitud como ovejas sin pastor, y cuando se encuentra con el cortejo fúnebre del hijo único de una viuda en Naím: “Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»

San Pablo, al narrar su experiencia de conversión, destaca la compasión que Jesús tuvo de él: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí”.

Y cada uno de nosotros puede acoger en lo más profundo de su corazón: “Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Los que antes erais no-pueblo, ahora sois pueblo de Dios, los que antes erais no compadecidos, ahora sois objeto de compasión”.

¡Cómo no tener un corazón compasivo, cuando somos beneficiarios de tanto amor del Señor! Santo Tomás, en un arranque de amor, dijo a sus compañeros: «Vamos también nosotros y muramos con él».

Autor: Ángel Moreno
ciudadredonda.org

Salmo 105 (104) 104: Salmo histórico

SALMO 105 (104)



— Comentario por Reflexiones Católicas  

En los versículos iniciales tenemos los rasgos típicos de un himno de alabanza. No obstante, no cabe duda alguna de que nos encontramos ante un salmo histórico. Como el salmo 76 y el 106, esta cuenta parte de la historia del pueblo de Dios, desde su formación hasta la conquista de la Tierra Prometida.

El salmo consta de introducción (1-7) y cuerpo (8-45).

Introducción

La introducción presenta las características de un himno de alabanza. Podemos contabilizar un total de diez invitaciones en imperativo dirigidas al pueblo: «dad gracias», «invocad», «anunciad» (1), «cantad», «recitad» (2), «gloriaos» y «alégrese» (3), «buscad» —dos veces— (4) y «recordad» (5). Los instrumentos musicales (2) acompañan esta manifestación de alabanza.

Se mencionan siete acciones del Señor: «hazañas» (1), «maravillas» (2), «fuerza» (4), «maravillas», «prodigios», «sentencias» (5) y «gobierno» (7).

«El Señor», designando a Dios, aparece cinco veces (la.3b.4a.7a). Además se habla de su «nombre» (la), de su «nombre santo» (3a), de su «rostro» (4b) y de su «boca» (5b).

Todo esto (acciones, nombre propio y partes del cuerpo) irán cobrando sentido a medida que se vaya desarrollando el salmo. El pueblo de Dios, al que se dirigen estas diez invitaciones, es llamado «descendencia de Abrahán, hijos de Jacob», a los que se califica respectivamente como «siervo» y «elegido» del Señor (6). Al margen de todo esto, la introducción especifica quién es este Dios y qué es lo que hace (7): es el aliado de Israel («nuestro Dios») y Señor de toda la tierra.

Cuerpo del salmo

El cuerpo del salmo (8-42) explica y desarrolla lo que se ha dicho en la introducción. Es una especie de profesión de fe de Israel.

Este bloque puede dividirse en cinco partes que se corresponden con distintos momentos o fases de la historia del pueblo: la época de los patriarcas (8-15), los tiempos de José (16- 22), la esclavitud en Egipto (23-36), éxodo y desierto (37-43) y entrega de la tierra (44-45).

La época de los patriarcas (8-15) se caracteriza por la alianza que conlleva la promesa de la tierra. La palabra «alianza» aparece tres veces (8.9.10), y se afirma que fue establecida con Abrahán, Isaac (9) y Jacob (también llamado Israel, y. 10). La alianza garantiza la conquista de la tierra. En este período, el pueblo era poco numeroso y aún se podía contar (12). Todavía no se había cumplido la promesa que el Señor le hiciera a Abrahán de que se convertiría en un pueblo tan numeroso como la arena de la playa (compárense los versículos 12 y 24).

Estamos en los días de los patriarcas: Abrahán —y después Isaac— bajó a Egipto; Jacob emigré a casa de su tío... Días de andanzas y de peligros. El Génesis, a partir del capítulo 12, se ocupa de estas cuestiones. Este salmo asegura que el Señor no permitió nunca que nadie oprimiera a los patriarcas, castigando a reyes para protegerlos (14). Resulta interesante señalar que a los patriarcas se les llama «ungidos» y «profetas» (15).

A continuación, tenemos la época de José (16-22) cuya historia se narra a partir de Gén 37. El Faraón nombré a José «señor de su casa» y «administrador de todos sus bienes» (21). De modo y manera que, por su causa, todo el pueblo de Dios emigró a Egipto.

El tiempo de la estancia en Egipto (23-36) se caracteriza por la esclavitud de un pueblo numeroso. Surgen las figuras de Moisés y Aarón (26). En el libro del éxodo, las plagas son diez. En este salmo sólo aparecen siete y se ven como pruebas que demuestran que el Señor defiende a su aliado y mantiene las promesas; son las siguientes: las tinieblas (28), el agua convertida en sangre (29), las ranas (30), los mosquitos (31), el granizo (32-33), las langostas (34-35) y la muerte de los primogénitos (36).

Del tiempo de la salida de Egipto y de la marcha por el desierto (37-43) se recogen los recuerdos más hermosos: el pueblo salió rico (37), de día lo protegía la nube y, de noche, el fuego (39), comieron las codornices y el maná, y bebieron el agua que brotó de la roca (40-41), es decir, dispusieron de comida y de bebida a capricho. No se menciona nada negativo, pues este salmo tiene una orientación positiva y rezuma optimismo. Se recuerda la promesa hecha a Abrahán (42) y la alegría con que el pueblo salió de Egipto (43).

El último período (44-45) se ocupa del cumplimiento de la promesa hecha a los patriarcas, a saber, que tomarían posesión de la tierra: «Les dio las tierras de las naciones y se adueñaron del trabajo de los pueblos» (44). No obstante, hay un estrecho compromiso que se expresa en las cláusulas de la alianza (45 a).

Contar la historia

Para el pueblo de Dios, contar la historia significa beber en la fuente de la experiencia vital de los antepasados.

Este salmo habría surgido para reavivar la memoria histórica de las hazañas del Señor y de los compromisos del pueblo de la alianza. Expresiones como «entre los pueblos» (1b) y «él gobierna toda la tierra» (7b) permiten suponer que este salmo surgió en una época en que el pueblo de Dios ya había perdido la tierra (época del exilio en Babilonia o posterior). Así pues, podemos entender que el cuerpo del salmo comience con la promesa de la tierra (11) y termine mostrando su toma de posesión (44), en una época en la que la tierra está en manos de pueblos extranjeros

Este salmo pretendería sacudir las conciencias para que el pueblo se preguntara: ¿Por qué hemos perdido la tierra? La respuesta parece tener que ver con el cumplimiento (o, más bien, incumplimiento) de lo que se dice al final del salmo: «Para que guardaran sus decretos y cumplieran sus leyes» (45 a). Este salmo, por tanto, oculta un terrible conflicto: la pérdida de la tierra, de la libertad y de la vida...

El pueblo había perdido la tierra

¿Quién tiene la culpa? El salmo se muestra optimista. ¿Por qué? Porque focaliza las acciones de Dios. El siempre se ha mantenido fiel a la alianza y a las promesas hechas a los patriarcas. Si el pueblo ha perdido la tierra, la culpa es sólo suya, y no de Dios.

Conviene, por otro lado, examinar el cuerpo del salmo e ir anotando las acciones que el Señor hizo en favor de su pueblo. El se ha mostrado como el aliado fiel. Si el pueblo presta atención a las invitaciones que se le dirigen en la introducción, descubrirá el rostro del Dios de la alianza y volverá a poseer la tierra, porque Dios es fiel.

Jesús

Jesús es presentado como fiel reflejo del Padre (Jn 1,17-18). El pertenece a la historia del pueblo de Dios y también es su culminación (Mt 1,1-17; Lc 3,23-38). Lucas, en su Evangelio, lo presenta como aquel que inaugura una sociedad y una historia nuevas. Mateo, por su parte, quiso presentarlo como un nuevo Moisés, como aquel que da lugar a un nuevo éxodo de vida y de libertad para todos (Mt 2, l3ss).

En oración

Conviene rezar este salmo en compañía de otras personas, pues la historia de un pueblo siempre se hace en comunidad con otros. Este salmo es para cuando queremos «orar» nuestra historia en clave positiva, reconociendo la fidelidad de Dios, a pesar de nuestra flaqueza. Este salmo nos anima a rezar en sintonía con los que luchan por la tierra. Después de rezarlo, podemos continuar nuestra oración trayendo a ella la historia de cada uno, de las comunidades, del pueblo... 

SALMO 105 (104)

SALMO 105 (104)
Recuerden las maravillas que hizo el Señor

Invitación a la alabanza
105:1 ¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
105:2 canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
105:3 ¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
105:4 ¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
105:5 recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!

Las promesas del Señor a los Patriarcas
105:6 Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
105:7 el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.
105:8 Él se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
105:9 del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac:
105:10 él lo confirmó como norma para Jacob,
como alianza eterna para Israel,
105:11 cuando dijo: "Yo te daré la tierra de Canaán,
como porción hereditaria de todos ustedes".

La protección del Señor a sus elegidos
105:12 Cuando formaban un grupo muy pequeño
y eran extranjeros en aquellas regiones;
105:13 cuando iban de nación en nación
y pasaban de un reino a otro pueblo,
105:14 no toleró que nadie los oprimiera,
y castigó a reyes, por amor a ellos:
105:15 "No toquen a mis ungidos
ni maltraten a mis profetas".

La permanencia de Israel en Egipto
105:16 Él provocó una gran sequía en el país
y agotó todas las provisiones.
105:17 Pero antes envió a un hombre,
a José, que fue vendido como esclavo:
105:18 le ataron los pies con grillos
y el hierro oprimió su garganta,
105:19 hasta que se cumplió lo que él predijo,
y la palabra del Señor lo acreditó.
105:20 El rey ordenó que lo soltaran,
el soberano de pueblos lo puso en libertad;
105:21 lo nombró señor de su palacio
y administrador de todos sus bienes,
105:22 con pleno poder para instruir a los príncipes
y enseñar sabiduría a los ancianos.
105:23 Entonces Israel entró en Egipto,
Jacob residió en la tierra de Cam.
105:24 El Señor hizo a su pueblo muy fecundo,
más fuerte que sus mismos opresores;
105:25 cambió el corazón de los egipcios,
para que sintieran odio por su pueblo
y trataran con perfidia a sus servidores.

La liberación de Israel
105:26 Luego envió a Moisés, su servidor,
y a Aarón, que era su elegido;
105:27 por su intermedio realizó prodigios,
hizo portentos en la tierra de Cam:
105:28 atrajo las tinieblas, y hubo oscuridad,
pero ellos rechazaron sus palabras.
105:29 Transformó sus aguas en sangre
e hizo morir a sus peces;
105:30 el país quedó cubierto de ranas,
hasta en los aposentos del rey;
105:31 dio una orden y vinieron los insectos,
los mosquitos invadieron el país.
105:32 Les mandó granizo en vez de lluvia,
y cayeron llamaradas en su tierra;
105:33 abatió sus higueras y viñedos,
y destrozó los árboles en sus campos;
105:34 dio una orden, y vinieron langostas
y pulgones en número incontable,
105:35 que comieron toda la hierba del campo
y devoraron los frutos de la tierra.
105:36 Hirió de muerte a los primogénitos de aquel país,
a las primicias de todo ser viviente;
105:37 sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y nadie desfalleció entre sus tribus:
105:38 los egipcios se alegraron de su partida,
porque los había dominado el terror.

Las maravillas de Dios en el desierto
105:39 Tendió una nube para que los cubriera,
y envió un fuego para alumbrarlos de noche;
105:40 pidieron de comer y les mandó codornices,
los sació con pan del cielo;
105:41 abrió la roca, brotaron las aguas
y corrieron como un río por el desierto.

La posesión de la Tierra prometida
105:42 Él se acordó de la palabra sagrada,
que había dado a Abraham, su servidor,
105:43 e hizo salir a su pueblo con alegría,
a sus elegidos, entre cantos de triunfo;
105:44 les dio las tierras de los paganos,
y ellos heredaron las riquezas de los pueblos,
105:45 a fin de observar sus mandamientos
y cumplir fielmente sus leyes.
¡Aleluya!

SOBRE EL SALMO 105 (104)
Salmo histórico
Liturgia de la Palabra:
104,1-2.3-4.6-7.8-9: Que se alegren los que buscan al Señor
104,16-17.18-19.20-21: Recordad las maravillas que hizo
Salmo 104: El Señor se acuerda de su alianza
Biblia en imágenes:


Salmo 104,16-17.18-19.20-21: Recordad las maravillas que hizo el Señor

Viernes de la 2 Semana de Cuaresma

Salmo 104,16-17.18-19.20-21: 
Recordad las maravillas que hizo el Señor

Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo.
R. Recordad las maravillas que hizo el Señor

Le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó.
R. Recordad las maravillas que hizo el Señor

El rey lo mandó desatar,
el señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus posesiones.
R. Recordad las maravillas que hizo el Señor

SOBRE EL SALMO 104:
Salmo histórico  

jueves, 16 de marzo de 2017

Salmo 1,1-2.3.4.6: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Jueves de la 2 Semana de Cuaresma

Salmo 1,1-2.3.4.6:  
Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
R. Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
R. Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
R. Dichoso el hombre que ha puesto 
su confianza en el Señor 

SALMO 1  

miércoles, 15 de marzo de 2017

"No es difícil ser santo, pero es largo; es una batalla que dura toda la vida", Mons. Jose Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián (España)

Aprovechando su estancia en Madrid por la celebración de la 109 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, impartió una conferencia en la parroquia del Buen Suceso titulada Conversión o decadencia.

La charla de monseñor Munilla se enmarcaba en el ciclo de Los lunes de Cuaresma de esta parroquia y al acto acudieron más de 400 personas. Entre ellas estaba el diácono permanente Jaime Noguera Tejedor, que hizo esta crónica de la charla para Alfa y Omega (Semanario de la Arquidióceses de Madrid):

“Un cristiano es alguien que está en estado permanente de conversión”: la conversión es el “ser o no ser” del cristiano, y no caben puntos intermedios. Estamos llamados a redescubrir y revivir nuestra vocación a la santidad.

Citando al Papa Francisco, recordaba monseñor Munilla que la palabra santidad evoca las palabras paciencia y perseverancia: “no es difícil ser santo –decía–, pero es largo; es una batalla que dura toda la vida y que, a veces, termina después de morir”.

Para alcanzar la santidad ha señalado dos caminos: la inocencia y la penitencia. El primero fue el de la Virgen; a nosotros nos queda el segundo, para el que nos recomendaba aprender a entender la vida, a ver el mundo, desde Dios, siguiendo el camino del Evangelio.

Nos recordó que existe en nuestra cultura cierta alergia a la palabra conversión, así como rechazo al concepto de pecado. Nuestra sociedad busca el bienestar interior, poco más. Frente a ello nos recuerda que el pecado es signo de que alguien te quiere, tanto que hasta puedes ofenderle. De ahí la primacía de la gracia: el llamamiento definitivo que ha transformado el mundo no es ni el marxista ni el liberal capitalista, es el Convertíos y creed en el Evangelio.

Un breve recorrido por los estados estético (¿cómo me siento?), ético (¿qué puede esperar el prójimo de ti?) y religioso (¿qué espera Dios de mí?) sirven de punto de apoyo para recordar que la búsqueda de la felicidad exige el olvido de uno mismo, el abandono del victimismo, para dejarse interpelar por la vida… y para dejarse corregir, por Dios y por los demás.

Ante las tentaciones que se nos presentan: creer que el mal es todopoderoso (sólo Dios es omnipotente), o pretender ser como Dios, o no creer en la existencia de Satanás (que nos lleva a pensar que los demás tienen una capacidad para el mal que, en realidad, no tienen); ante los planteamientos minimalistas, que nos llevan a buscar equidistancias confortables, a confundir lo normal con lo corriente, el obispo de San Sebastián nos sitúa ante la falta de estrategia de Jesucristo, que no viene a vendernos un producto, sino a salvarnos.

Cuando se dice que la Iglesia no comunica bien, se está sugiriendo el abandono de la cruz, el olvido de la Verdad, que es buena, que es bella y que nos hace libres. Pero hay que educarse para ello.

Concluyendo su conferencia, monseñor Munilla nos animaba a perder el miedo a ser tentados, pues sólo desde la tentación se puede combatir y vencer al mal. La conversión, decía al final, es un comienzo, no un término. Y volvía a recordar que el Evangelio, los ojos de Dios, tiene la clave para ayudarnos a salir vencedores de ese combate.

SALMO 31 (30)

SALMO 31 (30)

En tus manos encomiendo mi espíritu
31:1 Del maestro de coro. Salmo de David.

Súplica inicial
31:2 Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
31:3 inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.
Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
31:4 porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
31:5 Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
31:6 Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
31:7 Yo detesto a los que veneran ídolos vanos
y confío en el Señor.
31:8 ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!
Cuando tú viste mi aflicción
y supiste que mi vida peligraba,
31:9 no me entregaste al poder del enemigo,
me pusiste en un lugar espacioso.

Descripción de los peligros
31:10 Ten piedad de mí, Señor,
porque estoy angustiado:
mis ojos, mi garganta y mis entrañas
están extenuados de dolor.
31:11 Mi vida se consume de tristeza,
mis años, entre gemidos;
mis fuerzas decaen por la aflicción
y mis huesos están extenuados.
31:12 Soy la burla de todos mis enemigos
y la irrisión de mis propios vecinos;
para mis amigos soy motivo de espanto,
los que me ven por la calle huyen de mí.
31:13 Como un muerto, he caído en el olvido,
me he convertido en una cosa inútil.
31:14 Oigo los rumores de la gente
y amenazas por todas partes,
mientras se confabulan contra mí
y traman quitarme la vida.

Expresión de confianza
31:15 Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: "Tú eres mi Dios,
31:16 mi destino está en tus manos".
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen.
31:17 Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia;
31:18 Señor, que no me avergüence
de haberte invocado.
Que se avergüencen los malvados
y bajen mudos al Abismo;
31:19 que enmudezcan los labios mentirosos,
los que profieren insolencias contra el justo
con soberbia y menosprecio.

Acción de gracias por la liberación
31:20 ¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.
31:21 Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres;
y los escondes en tu Tienda de campaña,
lejos de las lenguas pendencieras.
31:22 ¡Bendito sea el Señor!
Él me mostró las maravillas de su amor
en el momento del peligro.
31:23 En mi turbación llegué a decir:
"He sido arrojado de tu presencia".
Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,
cuando yo te invocaba.
31:24 Amen al Señor, todos sus fieles,
porque él protege a los que son leales
y castiga con severidad a los soberbios.
31:25 Sean fuertes y valerosos,
todos los que esperan en el Señor.

SALMO 31 (30):
Reflexiones Católicas
Biblia en imágenes:

Salmo 31 (30): Comentario por Reflexiones Católicas

SALMO 31 (30)



— Comentario por Reflexiones Católicas

Este es un salmo de súplica individual, en el que se mezclan elementos de acción de gracias (8-9; 22-25). Alguien está atravesando una gran dificultad y, por eso, clama al Señor. Según Lc 24,46, Jesús habría rezado en la cruz este salmo o parte de él, ya que este Evangelio pone en su boca, como sus últimas palabras, la frase: «En tus manos encomiendo mi espíritu».

El hecho de incluir elementos de acción de gracias hace más difícil establecer una clara división. No obstante, podemos distinguir tres partes: 2-9; 10-19; 20-25.

En la primera parte (2-9), se concentran casi todas las peticiones urgentes qué esta persona le dirige al Señor a causa de la dramática situación en que se encuentra. Tenemos siete de estas peticiones: «sálvame», «inclina tu oído», «ven aprisa», «sé tú mi roca», «guíame», «sácame», “rescátame”.

El salmista hace estas peticiones basado en la confianza que ha depositado en el Señor, considerado como último recurso. De hecho, se presenta a Dios como «roca fuerte», fortaleza», «roca y baluarte» y «el que rescata». Algunos versículos presentan ya la acción de gracias (8-9) por el rescate llevado a cabo. Tal vez se hayan añadido más tarde.

La segunda parte (10-19) comienza con una súplica («ten piedad», y. 10), que se extiende bastante a la hora de describir la desastrosa situación en que se encuentra el salmista: está arrasado física y psicológicamente y, por eso, todos lo rechazan como algo repugnante (10-13).

Describe con detalle las acciones de sus adversarios, que pretenden darle el golpe de gracia (14). Vuelve la confianza en el Señor (15-16a) y, a causa de ello, surgen nuevas peticiones («líbrame», «haz brillar», «sálvame», 16b-17). La persona pide un cambio de destino y sigue con la descripción de las acciones criminales de sus enemigos (18-19).

En la tercera parte (20-25), ya no encontrarnos súplica, sino acción de gracias al Señor (20-22) y una catequesis dirigida a los fieles (23-25), es decir a los justos, quienes, hasta este momento, parecían ausentes y acobardados ante tanta opresión e injusticia. Es la resurrección de la lucha por la justicia.

Conflicto social entre una persona justa
y un grupo de personas injustas

Como los demás salmos de súplica, también este revela un terrible conflicto social entre una persona justa y un grupo de personas injustas. El enfrentamiento es desigual: uno contra muchos. ¿Es que sólo había un justo? Claro que no, pero los demás estaban asustados y permanecían callados.

¿Cuál es la situación del justo? Este salmo lo describe como alguien que ha caído en la red que le han tendido los malvados (5). Ha caído en las manos de su enemigo (9), que le oprime y le causa dolor (10), dejándolo sumido en la tristeza y entre gemidos (11), sin fuerzas para reaccionar (11).

El justo llama «opresores» a sus enemigos (12), y, a causa de la opresión que padece, es rechazado por vecinos y amigos (12), se le considera ya como si estuviera muerto (13), como un caso perdido. El salmo lo presenta también como perseguido por los enemigos (16) y lo califica como «justo» (19).

¿Y los enemigos? Aparte de lo que se dice de ellos al exponer cómo se siente y cómo se encuentra el justo, este salmo los presenta como adoradores de ídolos (7), como enemigos (16), malvados (18), mentirosos (19), responsables de intrigas (21).

Marco social

Así pues, podemos reconstruir el marco social que dio origen a este salmo. Un justo trató, él solo, de oponerse a la injusticia generalizada (idolatría) presente en la sociedad. Los malvados injustos reaccionaron con violencia, intimidando a los demás justos, que se ocultan acobardados.

El justo lleno de valor hace frente a las consecuencias de su valentía, Los malvados, sirviéndose de calumnias e intrigas, tratan de capturar al justo, que acaba en sus manos, cayendo en la trampa que le han tendido. Estando solo, el justo no tiene a quién recurrir. Se siente perdido. Sus amigos y vecinos le han dado la espalda. Se siente como muerto, como un caso perdido. Físicamente debilitado (cf el vigor que se le debilita y los huesos que se le consumen del v. 11b) y psicológicamente derrumbado (se siente como un ser repugnante para sus vecinos y un espanto para sus antiguos amigos, v. 12), escucha los cuchicheos de los enemigos que traman su muerte,

¿Qué puede hacer? 

Todos lo han abandonado: justos, amigos, vecinos, conocidos… Entonces clama al Señor, pues ya no le queda nadie a quién recurrir. Así nació este salmo: a partir del tremendo conflicto entre justicia e injusticia, con la aparente y fácil victoria de los injustos, que tienen al justo en sus manos y quieren matarlo.

Una vez más, Dios es visto y experimentado como el amigo y aliado fiel que no falla en los momentos de angustia. ¿Por qué tiene tanta confianza esta persona y clama a Dios? Porque sabe que, en el pasado, el Señor escuchó el clamor de los israelitas, se solidarizó con ellos, bajó y los liberó de la trampa de muerte que les había tendido el Faraón. El Señor es el aliado que hace justicia (2).

En este salmo, el Señor recibe algunos títulos significativos, que imprimen vivos colores al retrato de Dios: «roca» (3), «fortaleza» (3), «baluarte» (4). Se trata de términos vinculados con la idea de defensa y protección (contexto militar). El Señor se presenta también como «mi Dios» (15), expresión profundamente unida a la idea de Alianza; además de lo dicho, hay referencias a Dios como «refugio de acogida» (20), como alguien que «esconde» (21) y «oculta en su tienda» (21).

Jesús, el Justo

En el Nuevo Testamento, Jesús fue todo esto para los excluidos y los que sufrían: enfermos, leprosos, muertos, personas que necesitaban recuperar su dignidad. Además, según Lucas, este salmo es un retrato del mismo Jesús, víctima de las maquinaciones e intrigas de los poderosos. Abandonado por todos, entrega su espíritu al Padre, depositando en él toda su confianza.

Oración de súplica

Tratándose de un salmo de súplica individual, podemos rezarlo cuando nos encontremos en una situación próxima o parecida a la de la persona que lo compuso. O bien, podemos rezarlo en solidaridad con tantas y tantas personas que viven circunstancias de opresión y exclusión semejantes a las que nos describe el salmo.

Desde el punto de vista personal, es conveniente rezarlo cuando tenemos la sensación de haber sido abandonados; cuando nos sentimos físicamente debilitados y psicológicamente arrasados; cuando el dolor nos consume los ojos, la garganta y las entrañas; cuando nos sentirnos víctimas de las intrigas humanas...

Si no vivimos una situación semejante, puede ser bueno rezarlo en comunión con tantos excluidos como hay en la sociedad, con los perseguidos por causa de la justicia, con aquellos cuya muerte ha sido ya fijada. Además, los versículos 12-14 nos invitan a pensar en la situación de los enfermos terminales y de otros que viven un drama existencial irreversible.