martes, 24 de octubre de 2023

MIÉRCOLES DE LA 29 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Romanos 6,12-18
Salmo 123: Nuestro auxilio es el nombre del Señor
Lucas 12,39-48

Romanos 6,12-18

Hermanos: Que el pecado no siga dominando vuestro cuerpo mortal, ni seáis súbditos de los deseos del cuerpo. No pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos para la injusticia; ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida, y poned a su servicio vuestros miembros, como instrumentos para la justicia. Porque el pecado no nos dominará: ya no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia. Pues, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No sabéis que, al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia? Pero, gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados y, liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia.

Salmo 123: Nuestro auxilio es el nombre del Señor

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito sea el Señor, que no nos entregó
en presa a sus dientes.
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor

Hemos salvado la vida, como el pájaro
de la trampa del cazador;
la trampa se rompió, y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre." Pedro le preguntó: "Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda al llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y deber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá."

sábado, 14 de octubre de 2023

Domingo de la 28 Semana del Tiempo Ordinario, Año A

Isaías 25,1-12: Himno de los salvados

Isaías 25,1-12:
Himno de los salvados

1 Señor, tú eres mi Dios, te ensalzo y te doy gracias, porque realizaste planes admirables, 
   asegurados desde antiguo. 
2 Convertiste la ciudad en escombros, la plaza fuerte en demolición, 
   el castillo de los bárbaros en ruina que jamás será reedificada. 
3 Por eso un pueblo poderoso reconoce tu gloria y la capital de los tiranos te respeta: 
4 porque fuiste refugio del desvalido, refugio del pobre en peligro, reparo del aguacero, 
   sombra contra el calor. Porque el ímpetu de los tiranos es aguacero de invierno, 
5 es calor de verano el tumulto de los bárbaros; tú aplacas el calor con sombras de nubes 
   y ahogas los cantos de los tiranos.
6 El Señor Todopoderoso ofrece a todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, 
   un festín de vinos añejados, manjares deliciosos, vinos generosos. 
7 Arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones; 
8 y aniquilará la muerte para siempre. El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros 
   y alejará de la tierra entera la humillación de su pueblo –lo ha dicho el Señor–. 
9 Aquel día se dirá: Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara: 
   celebremos y festejemos su salvación. 
10 La mano del Señor se posará en este monte, mientras que Moab será pisoteado en su sitio, 
     como se pisa la paja en el agua del estercolero; 
11 allí dentro extenderá las manos, como las extiende el nadador al nadar. 
     Pero el Señor aplastará su orgullo y los esfuerzos de sus manos; 
12 los altos baluartes de sus murallas los doblegará, abatirá y tumbará en el suelo, en el polvo.

4,10-20: Agradecimiento de Pablo por la ayuda recibida


Agradecimiento de Pablo por la ayuda recibida

10 Yo tuve una gran alegría en el Señor cuando vi florecer los buenos sentimientos de ustedes 
     con respecto a mí; ciertamente los tenían, pero les faltaba la ocasión de demostrarlos.
11 No es la necesidad la que me hace hablar, porque he aprendido a hacer frente a cualquier situación.
12 Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, 
     a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada.
13 Yo lo puedo todo en aquel que me conforta.
14 Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.
15 Y ya saben, filipenses, que al comienzo de la evangelización, cuando dejé Macedonia, 
     ninguna otra Iglesia me ayudó pecuniariamente. Ustedes fueron los únicos
16 que cuando estaba en Tesalónica, en dos ocasiones me enviaron medios 
     para asistirme en mis necesidades.
17 No es que yo busque regalos; solamente quiero darles la ocasión de que ustedes se enriquezcan 
     cada vez más delante de Dios.
18 Por el momento, tengo todo lo necesario y más todavía. 
     Vivo en la abundancia desde que Epafrodito me entregó la ofrenda de ustedes, 
     como perfume de aroma agradable, como sacrificio aceptable y grato a Dios.
19 Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, 
     en Cristo Jesús.
20 A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

4,21-23: Saludos y despedida
21 Saluden a cada uno de los santos en Cristo Jesús. 
     Los hermanos que están conmigo los saludan a ustedes.
22 Reciban el saludo de todos los santos, especialmente los de la casa imperial.
23 La gracia del Señor Jesucristo esté con ustedes.

Domingo de la 28 Semana del Tiempo Ordinario, Año A (Lecturas)

Isaias 25:6-10a
Salmo 22: Habitaré en la casa del Señor por años sin término
Filipenses 4:12-14,19-20
Mateo 22:1-14



Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Salmo 22,1-6: Habitaré en la casa del Señor
por años sin término

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R. Habitaré en la casa del Señor
por años sin término

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R. Habitaré en la casa del Señor
por años sin término

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R. Habitaré en la casa del Señor
por años sin término

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R. Habitaré en la casa del Señor
por años sin término


Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

sábado, 7 de octubre de 2023

Mateo 21,33-46: Parábola de los viñadores homicidas

Mateo 21,33-43


33 Escuchen otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y 
     construyó una torre; después la arrendó a unos viñadores y se fue.
34 Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó a sus sirvientes para recoger de los viñadores el fruto 
     que le correspondía.
35 Pero los viñadores agarraron a los sirvientes y a uno lo golpearon, a otro lo mataron, 
     y al tercero lo apedrearon.
36 Envió otros sirvientes, más numerosos que los primeros, y los trataron de igual modo.
37 Finalmente les envió a su hijo, pensando que respetarían a su hijo.
38 Pero los viñadores, al ver al hijo, comentaron: 
     Es el heredero. Lo matamos y nos quedamos con la herencia.
39 Agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron.
40 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿cómo tratará a aquellos viñadores?
41 Le respondieron: —Acabará con aquellos malvados y arrendará la viña a otros viñadores 
     que le entreguen su fruto a su debido tiempo.
42 Jesús les dijo: —¿No han leído nunca en la Escritura: 
     La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular; 
     es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro?
43 Por eso les digo que a ustedes les quitarán el reino de Dios 
     y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos.
44 [El que tropiece con esa piedra se hará trizas; al que le caiga encima lo aplastará.]
45 Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos oyeron sus parábolas, comprendieron que se refería a ellos. 46 Intentaron arrestarlo, pero tuvieron miedo de la multitud, que lo tenía por profeta.

SOBRE EL MISMO TEMA:

DOMIGO DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año A (Lecturas)

Isaías 5:1-7
Salmo 80: La Viña del Señor es la Casa de Israel
Filipenses 4:6-9
Mateo 21:33-43


Isaías 5,1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Salmo 79,9.12.13-14.15-16.19-20
La viña del Señor es la casa de Israel

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.
R. La viña del Señor es la casa de Israel

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
R. La viña del Señor es la casa de Israel

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó
y que tú hiciste vigorosa.
R. La viña del Señor es la casa de Israel

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos,
restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
R. La viña del Señor es la casa de Israel


Filipenses 4,6-9

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.



En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

COMENTARIOS PARA ESTE DOMINGO:

Domingo de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año A

domingo, 1 de octubre de 2023

DOMINGO DE LA 26 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año A

Mateo 21,28-32: Parábola de los dos hijos

Mateo 21,28-32


En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: «El primero.»  Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

COMENTARIOS:

Mateo 21, 28-32: Las prostitutas en el Reino

Mateo 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. Y él respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: “Voy, Señor”, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». «El primero», le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y la prostitutas creyeron en él. Y vosotros ni viéndolo os arrepentisteis después para creer en él».

Comentario del P. Raniero Cantalamessa:

En la parábola, el hijo que dice sí y no obedece representa a aquellos que conocían a Dios y seguían su Ley, pero después en la práctica, cuando se ha tratado de acoger a Cristo, que era «el fin de la Ley», se han echado atrás. El hijo que dice no y obedece representa a los que en un tiempo vivían fuera de la Ley y de la voluntad de Dios, pero después, ante Jesús, se han arrepentido y han acogido el Evangelio. Leída hoy, la parábola de los dos hijos dice que para Dios las palabras y las promesas cuentan poco si no se siguen de las obras.

Sin embargo, explicado el contenido central de la parábola, es necesario aclarar la extraña conclusión que Jesús saca de ella: «Los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios». 

De ninguna expresión de Cristo se ha abusado más que de ésta. Se ha acabado por crear a veces una especie de aura evangélica en torno a la categoría de las prostitutas, idealizándolas y oponiéndolas a los llamados juiciosos, que serían todos, indistintamente, escribas y fariseos hipócritas. 

La literatura está llena de prostitutas «buenas». ¡Basta con pensar en la Traviata de Verdi, o en la apacible Sonia de Crimen y castigo de Dostojevski! Pero hay un terrible malentendido. Jesús pone un caso límite, como para decir: «Hasta las prostitutas –que lo dice todo– os precederán en el Reino de Dios». No nos damos cuenta, además, de que idealizando la categoría de las prostitutas se llega a idealizar también a la de los publicanos que siempre la acompaña en el Evangelio, esto es, la de los usureros.

Sería trágico si esa parábola del Evangelio hiciera a los cristianos menos atentos a combatir el fenómeno degradante de la prostitución. Jesús tenía demasiado respeto por la mujer como para no sufrir, Él primero, viéndola reducida a prostituta. Si la aprecia no es por su manera de vivir, sino por su capacidad de cambiar y de poner al servicio del bien la propia capacidad de amar. El Evangelio no empuja pues a campañas moralistas contra las prostitutas, pero tampoco a bromear con el fenómeno, como si fuera cosa de nada.

Hoy, entre otras cosas, la prostitución se presenta bajo una forma nueva que logra hacer dinero a manos llenas, sin los riesgos que siempre han corrido las pobres mujeres en la calle. Esta forma consiste en ver el propio cuerpo con la tranquilidad de estar tras una máquina fotográfica o una videocámara. Lo que la mujer hace –o es obligada a hacer– cuando se presta a la pornografía y a ciertos excesos de la publicidad es vender el propio cuerpo. Es una forma de prostitución peor, en cierto sentido, que la tradicional, porque no respeta la libertad y los sentimientos de la gente, imponiéndose a menudo públicamente, sin que nos podamos defender de ello.

Fenómenos así suscitarían hoy en Cristo la misma cólera que mostraba por los hipócritas de su tiempo. Porque se trata precisamente de hipocresía. Fingir que todo está en su sitio, que es inocuo, que no existe trasgresión alguna, ni peligro para nadie, dándose hasta un cierto –estudiado– aire de inocencia e ingenuidad al arrojar el propio cuerpo al pasto de la concupiscencia de otros.

Pero traicionaría el espíritu del Evangelio si no sacara a la luz la esperanza que esa parábola de Cristo ofrece a las mujeres que por las circunstancias más diversas (frecuentemente por desesperación) se han visto en las calles, víctimas la mayoría de las veces de explotadores sin escrúpulos. El Evangelio es «evangelio», esto es, buena noticia, anuncio de rescate, de esperanza, también para las prostitutas. Es más, tal vez primero que nada para ellas. Jesús ha querido que fuera así.


sábado, 30 de septiembre de 2023

Mateo 21,28-32 por M. Dolors Gaja, MN.

Mateo 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: «El primero.»  Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Comentario por M. Dolors Gaja, MN.

Rodeado de fariseos y sacerdotes Jesús les lanza la pregunta: ¿qué os parece?

¡Qué buen conocedor de la psicología humana es Jesús! No es que quiera ponerles la zancadilla, no es que les haga una pregunta trampa. No. Jesús sabe que muchas veces tenemos que distanciarnos de nuestros hechos y actitudes para poder ser buenos jueces. Sabe que, en general, tendemos a tener corazón de juez con los otros y corazón de madre con nosotros mismos.

Por eso, Jesús les pone una situación objetiva: dos hijos ante el mandato de su padre. Pero la aparición de la Viña – símbolo de Israel – ya nos da a entender que estamos ante el Dios de Israel que llama a sus hijos…

El primero, el “rebelde”, parece poseer una cualidad que no tiene el otro: la de reflexionar y, a nivel más profundo, la de arrepentirse cuando no obra bien. Porque cuando hay unas tierras, un negocio familiar, se da por descontado  que puede contarse con todos.

El segundo hijo trata al Padre, en el fondo, como si fuera un “jefe” con el cual hay que quedar bien ante todo. Está lejos de la espontaneidad del primero. Pero ni siquiera tiene su capacidad de cambio.

En la segunda parte de la parábola Jesús es contundente. Y lo es a partir de la sentencia de sus oyentes: ha sido el primer hijo, el rebelde, el descarriado o maleducado el que, al fin, ha hecho lo que quería el Padre.

La sentencia de Jesús es dura de oír: esto ha pasado con vosotros, escribas, letrados, sacerdotes…catequistas, cristianos de toda la vida, gente  de misa… Porque en el fondo no estamos abiertos a la sorpresa de Dios, mientras otros sí lo están. Quizá no tienen una vida muy moral pero no han encasillado a Dios en sus normas y preceptos y son más capaces de percibirlo en cualquier manifestación suya.

¿Y DÓNDE ESTÁ EL TERCER HIJO?

Si alguna característica común tienen estos hijos es la incoherencia. Uno dice no y luego es sí. Otro dice sí y luego es no. Algo que hacemos todos…

Pero y el hijo que dice sí y luego es sí? Obviamente ese es el Hijo, el que dijo siempre sí a la Voluntad del Padre y, pese al miedo y a la cruz, siguió diciendo sí. Él es el Amén, el Alfa y Omega. Él es el Sí.

Fijemos nuestra mirada en Jesús. Y pidámosle con humildad esa coherencia de vida que tanto nos falta a quienes nos llamamos cristianos.

viernes, 29 de septiembre de 2023

¿Quiénes son los ángeles?


La etimología de la palabra "ángel" procede del latín ángelus, y este a su vez del griego “ágguelos” o “mal'akj” en hebreo, que quiere decir "mensajero" o "servidor" de Dios (Hebreos 1,7).

El papa san Pío X decía que "los ángeles son las criaturas más nobles creadas por Dios"; son inmortales, tienen voluntad propia, poseen conocimientos más amplios y su poder es muy superior a los hombres (Salmo 103,20; 2Pedro 2,11).

Su apariencia puede ser como un relámpago, y sus vestiduras blancas como la nieve (Mateo 28,3); además están siempre en la presencia del Padre Eterno (Mateo 18,10), y constituyen su ejército celestial (Salmo 148,2).

Sobre su número las Escrituras aclaran que son "millones de millones" (Daniel 7,10; Apocalipsis 5,11).

Santo Tomás de Aquino enseñaba que los ángeles fueron creados antes que el hombre, porque un ángel rebelde a Dios, fue el culpable de la caída de nuestros primeros padres. Se admite entonces que el Padre del cielo los creó en un principio, cuando sacó de la nada el universo (Concilio de Letrán, 1215).

Hay en estos seres espirituales tres instantes: su creación, la prueba de obediencia a que fueron sometidos por Dios, y el premio en el cielo para los ángeles buenos, y el castigo en el infierno para los ángeles malos.

San Gregorio Magno afirmaba que "casi todas las páginas de la revelación escrita, dan testimonio de los ángeles".

En la Biblia se registran cerca de 400 veces; tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

En la vida del Hijo de Dios, se encuentran desde su nacimiento en el portal de Belén, hasta su triunfante resurrección en Jerusalén, y regreso al cielo. Por eso, Cristo Jesús es superior a todos ellos (Hebreos 1,4), creados por él (Colosenses 1,16); y sometidos bajo su autoridad y poder (1Pedro 3,22).

29 de septiembre: "Has hecho al hombre superior a los ángeles" (Salmo 8) por el papa Francisco

29 de Spetiembre: 


Comentario del papa Francisco
"Has hecho al hombre superior a los ángeles"

El Papa señaló que las lecturas del día nos presentan imágenes muy fuertes: la visión de la gloria de Dios narrada por el profeta Daniel con el Hijo del Hombre, Jesucristo, frente al Padre; la lucha del arcángel Miguel y sus ángeles contra “el gran dragón, la serpiente antigua, aquel que es llamado diablo”, y “seduce a toda la tierra” pero es derrotado, como afirma el Apocalipsis; y el Evangelio en que Jesús dice a Natanael: “Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y descender sobre el Hijo del Hombre”.

El Papa Francisco habló de la lucha entre el demonio y Dios: “Esta lucha sucede después de que Satanás busca destruir a la mujer que está por parir al hijo”, explicó.

“Satanás siempre busca destruir al hombre: a aquel hombre que Daniel veía ahí, en la gloria, y que Jesús decía a Natanael que habría de venir en la gloria”, continuó.

“Desde el principio la Biblia nos habla de esto: de aquella seducción para destruir, de Satanás, quizá por envidia –dijo el Papa-. Nosotros leemos en el Salmo 8: “Tú has hecho al hombre superior a los ángeles”, y esa inteligencia tan grande del ángel no podía llevar a cuestas esta humillación, que una criatura inferior hubiera sido hecho superior; y buscaba destruirlo”.

Satanás, por lo tanto, busca destruir a la humanidad, a todos nosotros: “Muchos proyectos, excepto los mismos pecadores, pero muchos, muchos proyectos de deshumanización del hombre, son obra de él, simplemente porque odia al hombre”, aseguró Francisco.

“Es astuto: lo dice la primera página del Génesis; es astuto –advirtió el Papa-. Presenta las cosas como si fueran buenas. Pero su intención es la destrucción. Y los ángeles nos defienden. Defienden al hombre y defienden al Hombre-Dios, al Hombre superior, Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto”.

“Por eso la Iglesia honra a los ángeles, porque son aquellos que estarán en la gloria de Dios – están en la gloria de Dios – porque defienden el gran misterio escondido de Dios, es decir, que el Verbo se hizo carne”, destacó.

“La tarea del pueblo de Dios – afirmó el Papa – es custodiar en sí al hombre: al hombre Jesús” porque “es el hombre que da vida a todos los hombres”.

En cambio, en sus proyectos de destrucción, Satanás inventa “explicaciones humanísticas que van en contra del hombre, en contra de la humanidad y en contra de Dios”, añadió el Papa.

“La lucha es una realidad cotidiana, en la vida cristiana: en nuestro corazón, en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro pueblo, en nuestras iglesias… Si no se lucha, seremos derrotados”, constató.

“Pero el Señor ha dado este trabajo principalmente a los ángeles: de luchar y vencer –prosiguió-. Y el canto final del Apocalipsis, después de esta lucha, es muy bello: ‘Ahora se ha cumplido la salvación, la fuerza y el Reino de nuestro Dios y el poder de su Cristo, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, aquel que los acusaba frente a nuestro Dios día y noche’”.

El Papa, finalmente, invitó a orar a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael y a “rezar esa oración antigua pero muy hermosa, al arcángel Miguel, para que continúe luchando para defender el misterio más grande de la humanidad: que el Verbo se hizo Hombre, murió y resucitó. Este es nuestro tesoro. Que él continúe luchando para custodiarlo”.


La oración clásica al arcángel San Miguel dice:


San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del enemigo.
Reprímelo Dios, te pedimos humildemente,
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno a Satanás
y a otros espíritus malignos, que andan por el mundo
para la perdición de las almas.
Amen

lunes, 25 de septiembre de 2023

Santa María de la Merced, semblanza teológica

 

La tradición mercedaria ha concebido a la Madre de Jesús como símbolo de la Merced de Dios, es decir, de su misericordia a favor de esclavos y cautivos. Se dice en esa tradición, con palabras de gran poder evocativo, que María es fundamento (fuente arcana y vientre maternal) de donde brota gracia y misericordia de Dios para los hombres cautivados, dentro de este mundo malo. Ella es la expresión más cercana de aquel Dios a quien llamamos Padre de misericordia. Es la piedad de Dios hecha cercana, aquella gracia siempre abierta, dirigida a suscitar la libertad y amor de Dios sobre la tierra. Es Madre de misericordia, esto es, origen de merced y redención, en medio de la tierra cautivada. Así ha manifestado su más hondo misterio ante Pedro Nolasco, redentor de cautivos, su devoto y santo de misericordia redentora.

Lógicamente, al situarse de esa forma ante María, los religiosos mercedarios han dejado algo en sombra a su hermano fundador, Pedro Nolasco. Saben que el misterio de la redención les sobrepasa, desbordando incluso la figura de san Pedro Nolasco, y añaden que esa redención de Dios se manifiesta sobre el mundo de un modo especial y materno a través de María, a quien ellos conciben como signo de la misericordia de Dios, al lado de su Hijo Jesucristo.

Por eso la presentan ya muy pronto como Madre y fundadora, no porque pretendan apoyarse simplemente en una manifestación o aparición sensible, sino porque María sigue siendo fundamento, inspiración y contenido de toda la actuación liberadora. María es así la merced de Dios. En esta línea se mantienen las constituciones antiguas de la Merced, cuando citan unas palabras de la Biblia: “Mirad la hondura o cavidad del lago de donde habéis sido tomados, esto es, las piadosísimas entrañas de la madre de Dios”.

El texto alude a Sara, esposa de Abrahán, madre del pueblo (cf. Isaías 51,1-2). Pues bien, ahora la madre universal es ya María. Ella es por Dios y desde Dios la "hondura del lago de la vida"; es el principio, entraña, de toda acción liberadora. Por eso, ya no es madre a la que todo vuelve, en gesto regresivo; no es sencillamente apoyo o refugio en el peligro. Ciertamente, ella sostiene a los cautivos que se encuentran derrotados. Pero los hermanos redentores la descubren siempre como mujer comprometida: pone en marcha el gran camino de liberación de los cautivos, es promotora de nueva redención para aquellos que la invocan, pertenezcan o no a la orden que lleva su nombre.

MARÍA DE LA MERCED, EVANGELIO DE LA LIBERTAD

Para comprender y actualizar esa tradición mariana de los principios mercedarios tenemos que volver a la Escritura, descubriendo la función liberadora de la madre de Jesús. Lo haremos destacando tres de los aspectos que supone el evangelio: anuncio, compromiso, celebración.

Todos presentan un rasgo mariano, que nosotros reasumimos luego en perspectiva mercedaria. La madre de Jesús se nos revela de esa forma como signo personal, signo importante, de ese evangelio de liberación (cf. Ap 14,6) de Dios que pretendemos proclamar sobre la tierra.

El evangelio es ante todo buena nueva, anuncio de la acción liberadora de Jesús que ofrece el reino. En ese plano se sitúan las acciones y palabras de su historia, abierta en oración al Padre y extendida en amor hacia los pobres. En perspectiva pospascual, la buena nueva se concretiza como testimonio de la resurrección de Jesús entre los hombres: por eso proclamamos el perdón, la libertad y gracia de Dios sobre la tierra.

En plano de Merced, este evangelio ha recibido un carácter mariano: María se presenta como madre de cautivos, ella simboliza la presencia salvadora de Dios entre los pobres y perdidos de este mundo, como se precisa partiendo de dos textos. Conforme a Jn 19,25-27, María es madre del discípulo amado, en quien se incluyen todos los creyentes de la iglesia. Mt 25,31-46 identifica a esos hermanos con los hombres exiliados, enfermos o cautivos. Uniendo ambos pasajes, el conjunto de la iglesia y de manera especial los mercedarios han sabido que María es madre de aquellos que se encuentran sin amparo sobre el mundo.

Ella se convierte así en señal del evangelio: es buena nueva de Jesús para los pobres. El evangelio es en segundo lugar un compromiso. El kerigma de Jesús que anuncia el reino se traduce en forma de exigencia: "¡Convertíos!" Lo que importa es entregar la vida poniéndola al servicio de Dios y su evangelio, en actitud de amor abierto a los hermanos. Siguiendo en esa línea, en perspectiva pospascual, el compromiso de la iglesia se explicita por medio del bautismo: hay que dejarse transformar por Cristo, crear comunidad con los hermanos, en camino que conduce hacia la nueva humanidad reconciliada.

En plano de Merced, esta exigencia ha recibido también un carácter mariano: María está asociada al compromiso de Jesús y colabora en la misma tarea redentora con su fe y su maternidad entera (Lc 1,38.45; cf. 1,30-35). Ella nos lleva hasta el lugar de la necesidad humana, para abrirnos los ojos y decirnos "falta el vino", falta libertad para mis hijos (cf. Jn 2,1-11): nos conduce al lugar donde se encuentran los hermanos para compartir con ellos el mismo compromiso de unidad y de plegaria (cf. He 1,14). A partir de aquí, en perspectiva de Merced, María se presenta como hermana mayor, mujer comprometida que conduce a toda la familia al lugar donde podemos desplegar y realizar la vida como entrega por los otros. Ella es, al mismo tiempo, madre que se ocupa de los hijos cautivos, pero no se ha limitado a llorar como Raquel la muerte irreparable (cf. Mt 2,16-18); sus hijos no están muertos todavía, y por eso se dispone a combatir, como "doncella de Sion", para ofrecerles amor y libertad sobre la tierra. Así lo han entendido los primeros mercedarios.

El evangelio es, finalmente, plenitud que se celebra. El anuncio y compromiso se traducen como júbilo festivo que actualiza la verdad del reino: así lo muestran en nivel de historia los milagros de Jesús, esa alegría que despierta su voz de salvación entre los hombres. En nivel de confesión pascual, la iglesia misma es una especie de sociedad celebrativa; comunidad de aquellos que mantienen la fiesta de Jesús sobre la tierra. En plano de Merced, la fiesta de Jesús recibe pronto un carácter mariano. María anuncia el reino, como madre, como hermana mayor nos introduce en el lugar de su exigencia, como compañera entona en nuestro nombre el canto de la libertad en el Magníficat (cf. Lc 1,46-55). A través de esa canción ella ha iniciado una liturgia jubilosa de agradecimiento redentor: salta de gozo y nos invita a acompañarla porque el reino ha comenzado a realizarse como fiesta de amor en nuestra historia.

En esta línea se destaca un elemento a veces olvidado: la madre de Jesús es verdadero architriclino, mayordomo de la fiesta de los hombres (cf. Jn 2,9. Falta el vino de las bodas de Caná y los invitados deberán cerrar su fiesta: volverán vacíos a su vida precedente, al agua de los ritos, las obligaciones de la historia. Precisamente ha sido María la que dice a Jesús que falta el vino: ya se apaga la fiesta de los hombres, la alegría del banquete y de las bodas. María virgen-madre desbordante de amor hacia la vida, quiere que la vida, libertad y amor triunfen y culminen. Por eso mueve a Nolasco y sus hermanos mercedarios, pidiéndoles que extiendan la fiesta de la vida y libertad sobre la tierra, para que así pueda celebrarse el gozo de Dios entre los hombres.

De esta forma se completa la palabra que hemos visto al ocuparnos del dolor de María. Allí aparece como madre dolorosa, Virgen de la sangre, atravesada por la espada del rechazo, cautiverio y sufrimiento (cf. Lc 2,35); en medio del dolor se presentaba como redentora. Pues bien, ahora aparece como madre de la fiesta: cuida el vino de la vida para que los hombres liberados puedan celebrar el gozo de Dios sobre la tierra. Así viene a presentarse como mujer de la Merced o redentora; la primera mercedaria de la historia. María es, por lo tanto, icono o signo escatológico del gozo y redención de Dios para los hombres. Ella es madre-evangelista porque anuncia el reino de Jesús a los pequeños y cautivos de la tierra. Es madre-exigente, hermana redentora, que nos hace ponernos al servicio de la vida. Ella es, en fin, madre-cantora: por ser sacerdotisa de la salvación y la justicia ya cumplida, entona su alegría, nos enseña el himno de su libertad sobre la tierra.

CANTORA DE LA REDENCIÓN. EL MAGNIFICAT (Lc 1,46-55)

María cantora de libertad. La acción liberadora reflejada en el nombre de Merced, que nosotros aplicamos a María, puede sustentarse en unos textos primordiales del NT. Hay un evangelio de liberación que se explicita, sobre todo, en el anuncio de Jesús en Nazaret (Lc 4,18-19). Hay un compromiso de acción liberadora que responde a la exigencia del juicio universal (cf. Mt 25,31-46). Hay, en fin, un canto de la libertad que ha recibido en su principio forma mariana en el Magníficat (Lc 1,46-55); es significativo el hecho de que sea María, mujer, la que, asumiendo el anuncio y compromiso de liberación, lo lleve hasta su culmen, convirtiéndolo en un canto.

En otro tiempo, cierta la piedad mariana, tomada en general, apenas sabía qué hacer con ese texto, lleno de resonancias del AT y de esperanzas de transformación utópica del mundo. Ahora, en el nuevo contexto de Merced, el Magníficat, empieza a interpretarse y aplicarse como texto base de la teología y vida de la iglesia: es el canto en que María, culminando la dinámica de espera de Israel y asumiendo el cumplimiento de Jesús, ofrece ante los hombres el latido de una libertad que transfigura las mismas condiciones de la historia. En el principio se halla el gesto y la palabra activa de María, nueva profetisa:

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador (Lc 1,46-47)

 Esta oración expresa, en forma de liturgia jubilosa, la respuesta de María, que se entrega en manos de Dios, colaborando en su tarea redentora. Ella es la sierva de Yavhé; como pobre ha colocado lo que tiene en manos del Señor que ama a los pobres (cf. Lc 1,38.48), realizando así un servicio redentor para los otros. Ella se sabe enriquecida, transformada por la acción de Dios, y canta: responde jubilosa al don que ha recibido, ofrece a los demás el gozo de su gracia. Ya no pide nada: constata la grandeza del misterio y alumbrada por la voz de su palabra, como nueva iluminada de los campos de liberación de Dios, entona a voz en grito el himno de la vida.

El Magníficat se muestra, por lo tanto, como canto-profecía de liberación: revela el compromiso de Dios, aquello que realiza en la historia de los hombres; pero, al mismo tiempo, anuncia la acción de aquellos hombres que, unidos a María, se ponen en las manos de Dios y explicitan su gracia redentora. No perdamos de vista estos dos planos: aunque el texto destaque la actuación de Dios, supone y acentúa igualmente la colaboración de los hombres que le escuchan y responden. Esa acción de Dios va dirigida a tres objetos o metas: María, humanidad, Israel. Dios actúa, antes que nada, en la persona y vida de María:

Ha mirado la pequeñez de su sierva... ha hecho en mí cosas grandes aquel que es Poderoso (Lc 1,48-49)

Se define Dios como el que mira: se fija en la pequeñez de María para elevarla y transformarla. Por su parte, María aparece en forma de pequeña sierva; sólo así puede representar a todos los esclavos y oprimidos, a todos los siervos y perdidos de la tierra. Ella no empieza estando encima; vive y se presenta como esclava. Hay al fondo de esta gran palabra un signo de aquello que podríamos llamar misterio de encarnación mariana: la madre de Jesús asume la pequeñez del mundo, sólo así, como sierva que se sabe unida a todos los siervos y cautivos de la historia, ella recibe la gracia liberadora de Dios; y al recibirla sabe que se trata de una gracia y libertad abiertas poderosamente a todos los confines de la tierra. Por eso dice:

"Ha hecho en mí cosas grandes aquel que es Poderoso; su nombre es santo y su misericordia se mantiene de generación en generación sobre aquellos que le aceptan" (cf Lc 1,49-50)

De esa forma viene a expandirse por María el gran misterio de la redención universal, la pequeñez y gloria de Jesús que los cristianos cantan en el himno de Flp 2,6-11. Dios actúa, según esto, en el conjunto de la humanidad. Al incluirse como sierva entre la masa de oprimidos de la tierra, María canta su liberación como principio y signo de una libertad que está extendiéndose hacia todos. Por eso, desde el mismo centro de su historia personal, ella introduce una palabra de transformación social, el cambio más profundo de la historia:

Dispersó a los soberbios de corazón (para acoger en su lugar a los humildes). Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humillados. A los hambrientos los colma de bienes, a los ricos despide vacíos (Lc 1,51-53)

 El cambio empieza en un plano ideológico (soberbios): la gracia de Dios hace vana aquella imposición de los que quieren justificarse a sí mismos, descargando su grandeza y su poder sobre los otros. Sigue el cambio en nivel socio-político (poderosos-humildes): María canta el surgimiento de una nueva humanidad donde se quiebra la vara de los grandes, para abrir camino de existencia a los humildes y oprimidos. La transformación culmina en un plano económico (pobres-ricos): María anuncia como profetisa la llegada de una humanidad en la que todo se comparte. No habrá ricos, personas que se elevan y caminan por encima de los otros, triunfarán los pobres, aquellos que, apoyados por el mismo Dios, comparten de manera gratuita la existencia.

Significativamente, en todo ese gran cambio de la humanidad, que María entona como profetisa de liturgia divina, parecen diluirse las palabras religiosas: no se habla de fe como experiencia aislada de la vida, no se alude a prácticas de culto que pudieran separarse de la historia. María canta al hombre nuevo, al hombre que, al ponerse en manos de Dios, realiza plenamente las más viejas promesas de la biblia. Así ha de interpretarse la referencia israelita:

Como lo habla prometido a nuestros padres, Abrahán y su descendencia para siempre (Lc 1,55)

 Al final de esa gran línea de promesa y cumplimiento del AT, María proclama la llegada de la nueva humanidad: la bendición de Abrahán culmina, los esclavos dejan para siempre su opresión, vuelven a la patria los proscritos del exilio, los profetas ven cumplida su palabra... Ella humilde sierva de Yavé, que parecía encerrada en el silencio de su diálogo con Dios en actitud de anunciación se ha desvelado como profetisa de la historia universal: descubre iluminada y canta jubilosa la irrupción del mundo nuevo que Dios ha comenzado a crear entre los hombres. Por eso, ellos responden:Me llamarán bienaventurada todas las generaciones (Lc 1,48).

María es bienaventurada con los pobres y cautivos, con los siervos y oprimidos de la tierra, en los que el mismo Hijo de Dios se hace presente (cf Lc. 6,20-21; Mt 25,40). Al mismo tiempo es bienaventurada con aquellos que ayudan a los pobres, con los misericordiosos y liberadores, los hombres que inauguran sobre el mundo un camino de servicio, de entrega de la vida por los otros (cf. Mt 5,7-9; 25,40). En el lugar donde confluyen ambos rasgos, allí donde pequeñez y servicio aparecen a la luz del misterio de Dios, recibe su sentido y se explicita plenamente el misterio de María, Virgen de la Merced: ella, cantora del Magníficat, es signo de liberación y amor de Dios en nuestra historia.

MARÍA DE LA MERCED. SENTIDO ECLESIAL

A veces hemos vivido la presencia mariana de manera más devocional que comprometida, más conservadora que misionera. Pues bien, en estos últimos años, a la luz del Vaticano II y de los textos de la Conferencia del Celam de Puebla (1979), se ha escuchado nuevamente el gran mensaje de liberación que el evangelio ha vinculado con María. De esta forma, en camino gozoso y sorprendente, la Merced ha vuelto al más antiguo y más precioso sentido redentor de su principio.

Por eso, la misma devoción mariana incluye un gesto de praxis: no se puede hablar de María como madre de la libertad sino allí donde se vive intensamente la tragedia del cautiverio y se realizan esfuerzos por solucionarlo. Así surgió el título de Merced: la nueva devoción creció en un campo de actuación liberadora. María enseñó a los mercedarios el camino y exigencia de su acción por los cautivos.

Significativamente, los obispos de América Latina en Puebla han colocado la figura de María allí donde el impulso del Espíritu conduce al compromiso de liberación de los pequeños y los pobres: ella es (con Jesús) "la gran protagonista de la historia" (n. 293), aquella que "con su amor materno cuida de los hermanos de Jesús que todavía peregrinan" (cf. Puebla 288; LG 62). Por eso puede presentarse como el modelo de una iglesia que quiere ser liberadora. En esta línea se sitúan las palabras de la Congregación para la defensa de la fe:

"Dependiendo totalmente de Dios y plenamente orientada hacia él por el empuje de la fe, María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La iglesia debe mirar hacia ella, Madre y modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión... (Libertatis nuntius 1984)

De esta manera, una teología de la libertad y de la liberación, como eco filial del Magnificat de María conservado en la memoria de la iglesia, constituye una exigencia de nuestro tiempo. Un reto formidable se lanza a la esperanza teologal y humana. La Virgen magnánima del Magníficat, que envuelve a la iglesia y a la humanidad con su plegaria, es el firme soporte de la esperanza. En efecto, en ella contemplamos la victoria del amor divino que ningún obstáculo puede detener y descubrimos a qué sublime libertad eleva Dios a los humildes".

La Merced ya resaltaba esa función liberadora de María desde el mismo s. XIII. Ahora lo ha vuelto a resaltar en los diversos textos de su legislación posconciliar (de 1970 a 1986), que pudieran tomarse como ejemplo práctico de mariología liberadora, en la línea de san Pedro Nolasco, antes de toda discusión moderna. Por eso las Constituciones de las religiosas de Ntra. Sra. de la Merced, redactadas en 1980, pero fundadas en el primitivo espíritu de la Merced, dicen:

"Desde su misma fundación y a lo largo de la historia, la mercedaria ha visto en María, la Madre de Jesús, el prototipo de liberación, la verdad y el sentido de aquello que se realiza en la obra redentora. La mercedaria descubre y venera en María de la Merced (= de la redención de los cautivos) aquel principio de libertad y entrega por los otros, de sacrificio por los demás y de esperanza escatológica que expresa y define toda su existencia, según las palabras del Magnificat: Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes... (Lc 1,47ss). Mirando hacia María, la mujer de fe, comprende la mercedaria lo que significa libertad, amor que se ofrece, esperanza que se mantiene abierta a todos los caminos. Por haber recibido de María su inspiración y su nombre la venera, alaba y ama".

Como segundo texto de inspiración mariano-redentora presentamos parte de las conclusiones del encuentro intermercedario celebrado en Barcelona (1981) con la participación de hermanos/as de los diversos institutos de la Merced. Ellos han vinculado devoción mariana y praxis (acción) liberadora:

"Nuestra propia liberación, según el modelo que es María, nos llevará a la acción redentora y a cantar con María y como María en el Magnificat la grandeza de Dios que libera al hombre. De una verdadera devoción o amor filial a María debe surgir la disponibilidad más completa para participar con ella en la liberación de los pobres y esclavos. El canto a María de la Merced debe sugerir nuestro trabajo liberador. Siendo María de la Merced símbolo de una realidad plenamente actual, hemos de ser capaces de transmitirlo y comunicarlo a un mundo que necesita y desea una nueva presentación de María, a través de nuestra vida, de la liturgia, de nuestro trabajo, etc. Los mercedarios debemos recabar de María una gran sensibilidad para conocer y comprender los problemas de la fe en el mundo de hoy, para descubrir las situaciones de mayor esclavitud y las personas que más necesitan de la liberación que nos trae María de la Merced".

La acción redentora, ligada a la Merced, brota según eso de una intensa devoción mariana que patentiza, a mi entender, tres rasgos principales.

Momento de veneración: María se presenta desde el corazón del evangelio como madre y protectora de cautivos; por eso la invoca el redentor y descubre su presencia entre los pobres y perdidos, utilizando con ellos la palabra de la Salve: "a ti llamamos, desterrados..."

Momento de iluminación: María está empeñada por Cristo y como Cristo en la tarea de transformación liberadora de la historia; allí la encuentra el redentor, también interpelado por la misma gran tarea.

Eso nos sitúa ya en el momento del compromiso: amar a María significa ponerse al servicio de aquellos que se encuentran cautivados.

Esos tres momentos reproducen la trama original del título de Merced. También san Pedro Nolasco veneraba a María, dejándose iluminar por su palabra redentora y asumiendo su mismo compromiso de liberación. Aquel comienzo plantea ante nosotros un gran reto. No basta con rezar a María de un modo emotivamente cordial, hay que traducir su inspiración y su presencia, logrando que ella emerja como signo universal de libertad y de esperanza sobre el mundo. El día en que asumamos y mostremos el misterio de María redentora de cautivos desde el centro de esta tierra cautivada serán muchos los que encuentren en ella un fundamento de vida y esperanza. María de la Merced pertenece al tesoro y corazón de una iglesia cristiana que quiere ser liberadora. Ella patentiza, manifiesta, hace presente, la misericordia maternal de Dios para aquellos que sufren cautiverio y se encuentran de esa forma en riesgo de perder su dignidad humana y su misma libertad y conciencia religiosa.

De una forma que pudiéramos llamar providencial, Juan Pablo II ha vuelto a situar la figura de María en esta misma perspectiva. Por eso asume las palabras ya citadas del documento de la C. de la Doctrina de la fe, presentando a María como "la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad". Por eso añade en su encíclica:

María proclama la venida del misterio de la salvación, la venida del mesías de los pobres (cf. Is 11,4; 61,1). La iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magnificat, renueva cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre el Dios que salva (sobre Dios que es fuente de todo don) de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes que, cantado en el Magnificat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús" (Redemptoris Mater) .

En la aurora del año 2000, confortado por el jubileo mariano de 1987-1988, Juan Pablo II se siente llamado a proclamar su palabra de redención y de esperanza hacia los pueblos oprimidos. De esa forma ha presentado a María como madre de la libertad, especialmente en relación con los países donde una dictadura de carácter materialista-dialéctico, llamada comunista, impide el desarrollo total de la persona. Pero, al mismo tiempo, el papa ha presentado a María como madre de la liberación para aquellos pueblos y naciones que viven oprimidos bajo el yugo de un materialismo-burgués, que pudiéramos llamar capitalista.

Uniendo los dos rasgos, en el lugar donde confluyen ambas perspectivas, el papa podría haber dado a la Virgen el titulo de Madre de la Merced o redentora de cautivos. Ella es madre de todos los que se hallan oprimidos, no pudiendo desplegar su libertad y plenitud cristiana. Ella es madre de los redentores, es decir, de aquellos que libremente han asumido el compromiso de san Pedro Nolasco y "están alegremente dispuestos a entregar la vida para redimir o liberar a los hermanos cautivados". 

Autor: X. Pikaza, Diccionario de mariologia, Paulinas, Madrid 1999, 1324-1333.

+ SOBRE NTRA. SRA. DE LA MERCED