viernes, 30 de agosto de 2013

22 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C, por Julio González, S.F.



Comentario por Julio González, S.F.

La palabra de Dios que escuchamos este domingo nos llama a ser humildes. Vivimos en una cultura en la que la humildad no parece que sea importante. A muchos de nosotros nos gusta el aplauso, el reconocimiento, la admiración de los demás. Eso nos hace sentir muy bien. Y esto se debe a que hemos crecido en la cultura del halago, del como yo no hay nadie. 

Hay un orgullo sano que es necesario para desarrollar nuestros talentos. Pero hay también un orgullo malo que nos hace creernos mejores que los demás y que cada uno tiene lo que se merece. Esta manera de ser no nos acerca a Dios sino que nos aleja de Él.

Algunos hermanos han dividido el mundo en buenos y malos. Sabios y necios. Fuertes y débiles. Ricos y pobres. Estos hermanos no entienden a Jesús. Porque Él, siendo Dios, se ha hecho hombre, siendo libre se ha hecho esclavo, siendo santo come con los pecadores, siendo el primero escoge los últimos lugares y siendo inocente acepta morir como un criminal: crucificado.

La Iglesia es humilde o no es de Cristo. La fe comienza por darnos cuenta de lo bueno que es Dios al perdonar nuestros errores, debilidades, pecados, en la cruz de su Hijo Jesucristo. Todo lo bueno que hagamos que no sea para que otros vean lo bueno que somos sino para que quienes todavía no conocen al Señor puedan a través de nuestra bondad acercarse a él.

Miren, al Señor no lo encontramos en la posada de Belén sino en un establo. No lo encontramos en el palacio de los reyes o del Sumo Sacerdote, sino en el hogar de Marta, María y Lázaro. Jesús no escogió la vida de los "señores" sino la del que está de paso: la vida del peregrino, del exiliado, del emigrante.

Por eso, nosotros no debemos buscar privilegios o primeros puestos sino la humildad de nuestro Señor entre los menos afortunados. Dios quiere que pongamos sus talentos al servicio de los demás, en primer lugar, de los enfermos, de los que se han perdido por el camino, de esos a los que algunos han puesto la etiqueta de pecadores sin aplicársela a ellos mismos.

Que así sea.

DOMINGO DE LA 22 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C, por Mons. Francisco González, S.F.



Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

Estamos en el vigésimo segundo domingo del tiempo ordinario y seguimos acompañando a Jesús en ésta, su segunda etapa del viaje a Jerusalén. El Maestro sigue con sus enseñanzas sobre la salvación cristiana y hoy precisamente nos habla del comportamiento en la mesa, en la “mesa del Reino”. Consejos que encontramos en los dichos del sabio que nos habla a través del Libro del Eclesiástico.

Es interesante ver, especialmente en el evangelio de San Lucas, cómo Jesús imparte muy profundas y prácticas enseñanzas durante las diferentes comidas que él tiene con la gente. En ocasiones él es el invitado, en otras, el anfitrión, pero siempre Él es el maestro, El Maestro.

Hoy, a pesar de todo el progreso que ha conseguido la humanidad, no sabemos comer, perdón, no sabemos o estamos perdiendo el verdadero significado de “sentarse a la mesa”. Con ese invento tan práctico por un lado y tan pernicioso por otro, el “fast-food”, nos olvidamos o no encontramos el tiempo necesario para unas comidas relajadas, donde no solamente alimentamos el cuerpo, pero también el espíritu. El plato fuerte de toda comida, creo debería ser la conversación. La comida, como muy bien se ha dicho, tiene que ver más con los comensales que con el mismo alimento que se ofrece.

Jesús está observando cómo los invitados buscan los primeros puestos en la mesa. Tal vez hubo algún que otro codazo o empujoncito para conseguir el puesto anhelado. El Maestro les aconseja que no lo hagan, pues si el dueño de la casa desea dar dicho puesto a otro, tal vez te haga levantar y tengas que irte al final de la mesa, y vete a saber si hay algún lugar vacío. La vergüenza que vas a pasar va a ser de lo más penoso. El comportamiento contrario por parte del invitado, le puede muy bien traer honor y gloria.

Jesús recuerda también al anfitrión que cuando dé estas fiestas, se acuerde de invitar “a los inválidos, a los cojos, a los ciegos”. Este grupo no podrá pagarle y ahí está el mérito para él, pues compartir con los que ya tienen hay el peligro de hacerlo con segundas intenciones y no por pura generosidad.

Reflexionando sobre esta escena evangélica dá la impresión que las cosas no han cambiado tanto. Esas conversaciones de Jesús se pueden tener y son aplicables hoy día a gran parte de nuestro comportamiento.

La humildad a nivel personal y comunitario, no digo que brille por su ausencia, pero tampoco hay gran abundancia: honores y primeros puestos siguen siendo un menú muy apetecible, deseado y buscado. ?Por qué será? Al fin y al cabo el sabio del Eclesiástico (1º lectura) es bien claro: “Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios”.

Al hablar de humildad es importante aclarar que no hablamos de mojigatería, sino de esa realidad que es el ejemplo que nos dá el Señor “que siendo Dios se hace uno de nosotros”.

Casiano Floristán, gran teólogo y liturgista, aplicando este pasaje del evangelio a nuestras celebraciones, dice: “La asamblea cristiana está abierta a todos, pero con preferencia por los pobres, lisiados, cojos y ciegos. El último puesto es el mejor, y el peor es el primero. Mejor dicho: sólo se puede presidir desde la humildad y la justicia, desde la igualdad y la caridad”.

Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos. (Salmo 64)

sábado, 24 de agosto de 2013

21 DOMINGO EL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.




Comentario de Mons. Francisco González, SF

La primera lectura nos trae un mensaje de esperanza para el mundo entero. Verán la gloria de Dios no solo aquel primer pueblo elegido, sino también los paganos, pues va a reunir a las naciones de todas las lenguas. De entre todos ellos elegirá sacerdotes y levitas. El Señor destruye, aborrece todo lo que sea fronteras, todo lo que sean murallas que separan unos de otros, desea que todos vayan a él, como hermanos y de la forma que sea, anuncia que hasta el Monte Santo de Jerusalén vendrán a traer ofrendas al Señor, llegarán a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios. Todos y de todas partes como única familia del Dios creador.

El evangelio de este domingo vigésimo primero nos presenta a Jesús camino de Jerusalén y que mientras camina va enseñando, va tratando de convertir a la gente y que pasen de una religión, por decirlo de alguna forma, a comprometerse con el reino de Dios, que eso es lo que ha predicado desde el comienzo de su vida pública/misionera.

En esta ocasión se le acerca uno de entre la gente y que parece estar un tanto preocupado con los números: ¿serán pocos los que se salven? Todavía seguimos contando, tal vez porque sea lo más visible y lo más sencillo, y sin embargo no es lo más importante. Siempre estamos averiguando cuántos entran a la Iglesia en la Vigilia Pascual, cuántos asisten a misa, cuántos nos han dejado, etcétera.

Habrá en algún momento la necesidad de preguntarnos, digo yo, si los que entran se quedan, y si se van sería bueno, en lo posible, preguntarles el por qué. Sin duda alguna que Dios quiere la salvación de todos, esas distinciones que nosotros hacemos no afectan su plan salvífico. Lo que si lo afecta, si queremos ir al meollo de la cuestión, es la actitud que nosotros desarrollemos ante su propuesta. El entrar por la "puerta estrecha", no se refiere al tamaño de la misma, sino al compromiso, incluido sacrificio, de seguir a Jesús con todas las consecuencias.

Algunos queremos exigir nuestra salvación basado en el haber hecho cosas extraordinarias, como nos cuenta el evangelio de los que clamaban haber hecho milagros, de haber comido y bebido con el Maestro, de haber predicado y dado clases de catecismo o teología. Si eso es todo, es posible que oigamos esa terrible respuesta del Señor: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados."

Lo que nos pide Dios para poder entrar en el cielo es pasar por la puerta, que no es otra que el mismo Jesús, y lo que él nos pide, como muy bien nos dice Pagola: "No es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano". Eso sí que es "puerta estrecha". En nuestra sociedad nos centramos cada uno en uno mismo, todo lo quiero para mí, y no me abstengo de nada que me haga sentir bien, disfrutar y mandar: "ancha es Castilla", como dice algunos.

La salvación, mi salvación no va a depender de todas esas cosas externas que yo hice, pues las pude hacer para que me vieran, para impresionar a los demás, para tener la oportunidad de una foto con este o aquel personaje, o de una invitación a aparecer en un programa de televisión. Mi salvación depende, en primer lugar, en esa gran misericordia de Dios, y en mi respuesta al llamado para seguir y ser discípulo de Jesús, llegando a beber de su cáliz y recibir su bautismo, llegar a ser su testigo todos y cada día de nuestra vida, subiendo con él al altar del sacrificio abrazados a él en la cruz, como nos recordaba el papa Francisco en la primera misa después de su elección.

Todo lo que hagamos debe hacerse en el nombre del Señor, para gloria de él y el bien de nuestros hermanos. El hecho de que lleguemos puntualmente primeros al banquete, no significa que vamos a sentarnos en la presidencia, tal vez ese puesto se lo den a los que llegaron tarde, a los que llegaron los últimos porque se habían entretenido ayudando a un pobre malherido que se habían encontrado en el camino.

Lo que Jesús nos pide... 'no es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano' 

viernes, 23 de agosto de 2013

Significado de Sahumerio



Acción o efecto de sahumar. Humo que produce una materia aromática que se echa en el fuego para sahumar.

Significado de Sahumador





Vaso para quemar perfumes.

Significado de Sahumar



Dar humo aromático a una cosa a fin de purificarla para que huela bien.

Significado de Superstición


La palabra superstición viene del latín superstitio, superstitionis. Se trata de un nombre formado con el prefijo super- y la raíz del verbo stare, que significa “estar en pie”, con el sufijo -tion de acción o efecto.

La palabra latina se refiere a lo que persiste en la mente de las gentes como elemento sobreañadido a la realidad. Su significado abarca las creencias extrasensoriales, los tabúes y todo tipo de supercherías populares.

Según los teólogos del siglo XVI-XVII, la superstición consiste en "atribuir cualesquiera efectos a causas que no pudieran producirlas". Sto. Tomás, aprovechando manifestaciones de Cicerón, la definió como "vicio opuesto por exceso a la religión, por el cual se presta un culto indebido a quien no se debiera".

Significado de Tabernáculo





Del latín tabernáculum: tienda de campaña y, sobre todo, la tienda del encuentro entre Dios y el hombre. El Tabernáculo o Tienda del Encuentro era el punto de referencia del pueblo de Israel durante la travesía del desierto. Para los cristianos, la verdadera tienda o punto de encuentro entre Dios y el hombre es Jesucristo.

El tabernáculo, llamado en hebreo mishkán ("morada"), fue el santuario móvil construido por los Israelitas bajo las instrucciones de Dios dadas a Moisés en el Monte Sinaí.

Significado de Teleología

Del griego telos, que significa meta, fin, propósito, y logos, que significa razón, explicación.

Doctrina que considera el universo, no como una sucesión de causas y efectos, sino como un orden de fines que las cosas tienden a realizar. Se opone al mecanicismo en que mientras éste afirma el dominio de la ciega necesidad, la teleología sostiene el dominio de la razón y la finalidad.

Teleológicamente: finalísticamente.

Significado de IHS






El monograma IHS es una modificación de IHΣ, que son las tres primeras letras del nombre Jesús en griego (Iησους).

Su uso se remonta a las inscripciones mortuorias de los primeros cristianos, aunque posteriormente fue interpretado como la abreviatura de la frase latina Jesus Hominum Salvator = Jesús, Salvador de los Hombres.

Desde que san Ignacio de Loyola utilizara este monograma en su sello de Superior General, la Compañía de Jesús lo ha asumido como emblema de la orden.

sábado, 17 de agosto de 2013

Domingo de la 20 Semana del Tiempo Ordinario, Año C, por Julio González, S.F.




Comentario de Julio González, S.F.

Las lecturas de este domingo nos previenen contra ciertos modos de entender y vivir la amistad, el amor a Dios y al prójimo. Y, al mismo tiempo, nos anuncian las rupturas y el sufrimiento que acompañan al discípulo de Cristo a lo largo de toda su vida.

¿Cómo vivimos la fe? Los santos han dicho: “No es posible que te pongas del lado de Cristo, y que tu vida siga igual; que no pase nada”. Santa Teresa de Ávila llegó a decir: “Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos si nos tratas así”.

La vida de quienes nos decimos cristianos se caracteriza por la oración y la conversión del corazón. De nuestra conversión, de nuestra renuncia al mal o a la indiferencia ante el mal que observamos a nuestro alrededor surge la compasión y el compromiso de denuncia y anuncio (profecía).

Participar en la Eucaristía nos ha de ayudar a crecer y madurar emocional y espiritualmente. Por eso, no nos debe extrañar la ruptura que el Señor anuncia en el evangelio, ni que un hombre de Dios como el profeta Jeremías sea condenado a morir en la oscuridad de un pozo. Al contrario, saber de antemano el examen al que vamos a ser sometidos debe hacernos ver la exigencia de ahondar en nuestra relación con el Señor y con los hermanos.

Si la oración es solamente un modo de relajarnos, de sentirnos mejor con nosotros mismos, entonces, nuestra oración no es la oración de Cristo. Si las obras de misericordia (dar limosna, visitar a los enfermos, perdonar a los que nos han ofendido), las hacemos para ganarnos el cielo, entonces, nunca haremos méritos suficientes para entrar en la vida eterna. El cielo no se gana, se recibe con los brazos abiertos.

Hago un paréntesis ahora. Al principio de la catequesis de confirmación un joven me hizo este comentario: “Padre, yo no es que rece mal o haga obras de misericordia para ganar el cielo. Yo rezo de vez en cuando, nunca he ido a visitar enfermos y no doy limosna. Además, los adultos dicen que perdonar y querer bien a alguien que te hace daño, es de tontos. Sin embargo, a mí me gustaría hacer todo esto”. “Pues vamos a empezar”, le dije. Porque un bautizado que apenas reza, que nunca visita a los enfermos o a los ancianos, que no puede ahorrarse una cerveza o un viaje de placer para ayudar con ese dinero a personas muy necesitadas... esta persona no puede llamarse “cristiano“. Y tú -le dije-, vienes a la catequesis a confirmarte en la fe cristiana.

Jesús nos dice que “el discípulo no es más que el maestro y si a mí me persiguieron, también a vosotros os perseguirán”. Llegados a este punto, no nos debe extrañar que el conflicto, la división, entre también en nuestros hogares.

Porque..., ¿qué padres no se han opuesto nunca a los ideales y las ilusiones del hijo o de la hija si piensan que esos ideales no son compatibles con la realidad del mundo en qué vivimos?

Sed buenos, pero no queráis ser buenos para que la gente comente lo buenos que sois porque estaréis actuando como los fariseos que persiguieron a Jesús. Sed buenos y no temáis las consecuencias, porque quien lucha por su propia vida la pierde y el que pierde su propia vida por amor a Dios y al prójimo es como el grano de trigo que al morir produce fruto.

20 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.




Comentario de Mons. Francisco González, SF

La Palabra de Dios causa crisis en el pueblo. En la primera lectura vemos la reacción de los líderes ante la Palabra de Dios transmitida por Jeremías. Ellos no ven otra salida que “matemos al profeta”. Por el contrario, Abdemalec, un extranjero, es quien salva al profeta. Este pasaje, tal vez para resaltar más el poder y plan de Dios, parece enfatizar la carencia: de ánimo, entre la población de Jerusalén; de poder, por parte del rey; de agua y víveres para la población. Abdemalec es esclavo y aun careciendo de libertad, la consigue para Jeremías.

En el evangelio de hoy encontramos a un Jesús, que podríamos decir y con todo respeto, “que no se anda con chiquilladas”. Así como San Mateo nos presenta a Jesús como “el nuevo Moisés”, así también podemos ver en el Jesús del evangelio de San Lucas, algunos rasgos como el del profeta Jeremías. Jesús como profeta habla la Palabra de Dios y exige respuesta, al mismo tiempo que como portador de ese mensaje de Dios, le puede costar caro. También aquí los líderes buscan cómo deshacerse del profeta, llegando hasta insistir ante la autoridad: “crucifícalo, crucifícalo”.

Algunas palabras clave del pasaje evangélico de este domingo vigésimo del tiempo ordinario pueden ser: fuego, bautismo, paz, división.

El vocablo fuego tiene varios significados en la Sagrada Escritura que van desde lo real: fuego para cocinar, calentar y alumbrar, hasta los simbólicos, como la presencia de Dios, juicio, prueba, purificación. No olvidemos Pentecostés, cuando los apóstoles reunidos en el cenáculo, recibieron el Espíritu Santo, al tiempo que sobre ellos vinieron “como unas lenguas de fuego”.

De una manera especial, los últimos nuevos Papas llevan tiempo instando a toda la Iglesia a una nueva evangelización, a un nuevo entusiasmo y ardor en la proclamación del mensaje de Jesús: conversión, reconciliación, unidad, algo de ayer y hoy que exige respuesta, que requiere compromiso, que reclama un cambio radical en nosotros, pues el Señor está deseoso de que “ya todo estuviera ardiendo”, o sea, que ya todo y todos estuviéramos convertidos, reconciliados y unidos.

Él no trae la paz, esa paz de simple tranquilidad, de adormecimiento espiritual producido por píldoras valium psicológico, sino una división clara de los que, como dice en otra ocasión, están “conmigo o contra mí”.

Paz y tranquilidad hay en abundancia en los cementerios, pero no hay vida. La paz de Cristo no es fácil, no es, como decíamos anteriormente, “tranquilidad”, sino cruz y tensión en función del reino de Dios. En palabras de Casiano Floristán, en este pasaje “Jesús es presentado como aquel que alumbra el fuego de Dios, afronta la muerte para el perdón del pecado y llama a todos rompiendo los lazos del orden injusto”.

El combate al que nos llama la Palabra de Dios es de suma importancia, es algo de vida (la gracia y amistad de Dios) o muerte (el pecado).

En la segunda lectura, el apóstol Pablo, para enfrentarnos a esta realidad, nos habla de la carrera, invitándonos a la perseverancia y constancia en la misma, poniendo nuestra mirada en Jesús, quien al mismo tiempo es nuestra fuerza y nuestro premio y que como buenos atletas, deseosos de ganar la carrera nos despojemos de todo lo que no nos es necesario, mayormente, de todo aquel lastre o peso inútil que nos impide correr (el pecado).

En esa carrera en la que encontramos valles de los que es difícil salir y montañas penosas para conquistar, hagamos nuestro el grito del profeta: Señor, date prisa en socorrerme.

domingo, 11 de agosto de 2013

"No tengan miedo", por Julio González, S.F.


Comentario por Julio González, S.F.

Jesús introduce algunas de sus enseñanzas con palabras que intencionadamente buscan sobresaltar y poner a los discipulos en alerta: "Amén, amén, en verdad os digo", "no tengáis miedo", "paz a vosotros".
 
Un aviso que Jesús repite a menudo es que estemos vigilantes y alerta. La primera lectura junto con el evangelio de este domingo nos vienen a decir que Dios está cerca y, por tanto, debemos estar vigilantes y preparados. Dios no nos quiere pasivos, simplemente esperando a ver qué ocurre.
 
El recuerdo de la primera pascua (de la cena de la liberación en Egipto) debe inspirar nuestras acciones. Aquellas familias se prepararon para ponerse en camino. Dios les daría una señal y ellos tenían que partir con lo imprescindible. Con su liberación, Dios les vino a decir: "Vosotros no pertenecéis aquí". Por eso, aquella última cena en Egipto fue tan importante.
 
Hoy Pedro representa en el evangelio a un grupo de creyentes que en lugar de ser una ayuda es un obstáculo para los planes de Dios: "¿Esta enseñanza es sólo para nosotros, o para todos los que están aquí?

La pregunta de Pedro debe ayudarnos a conocernos mejor. El aviso de Jesús no es solo para un grupo reducido de escogidos, sino para toda la comunidad. El más despierto que cuide de los que están medio dormidos. Porque quien ha sido puesto al frente de la familia, dice Jesús, debe servirles la comida a tiempo, pero si abusa de los otros sirvientes o se dedica a comer y a beber se perderán todos los de esa casa. Por tanto, el aviso de estar alerta no va dirigido a unos pocos sino a toda la comunidad. La fidelidad no es de uno sino de todos y consiste en que todos estemos preparados para dejar nuestras esclavitudes.
 
La presencia de Dios en la comunidad nos transforma de tal manera que Jesús nos dice: "No tengáis miedo". Jesús vuelve a avisarnos: "Donde está vuestro tesoro allí tenéis el corazón", y cuestiona nuestras seguridades y riquezas.

sábado, 10 de agosto de 2013

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.


Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

"No temas pequeño rebaño"


El libro de la Sabiduría nos recuerda la historia de la salvación y, ese pasaje que hoy se nos ofrece, se centra en esa noche feliz y terrible de la salida de Egipto, algo que se recuerda en la noche de la Pascua: el paso de la esclavitud a la liberación. Noche feliz para los inocentes, para el Pueblo de Dios, pero terrible para los egipcios que ven morir a sus primogénitos por no haber permitido salir al pueblo elegido como Dios se lo había pedido al faraón. Esto nos puede hacer pensar en el final de los finales, cuando el mismo evento, o sea el final, verá a unos entrar en la felicidad, en la salvación eterna, mientras otros, por haber rechazado la alianza con el Señor, sufrirán el dolor y rechazo eterno.

La lectura evangélica de este domingo nos presenta enseñanzas para los cercanos a Jesús y contiene tres parábolas que nos hablan de una forma muy particular sobre la vigilancia y el dinero.

Comienza recordando al pequeño rebaño, a los simples, a los inocentes, a todo el que quiera escuchar que no deben temer, sino más bien confiar en Dios, en el Dios de la promesa. Debemos tener fe, debemos tener confianza que Dios cumplirá con lo prometido. Él es el pastor que cuida el rebaño, Él es el que conoce por nombre a sus ovejas, él es quien está dispuesto a dar su vida por ellas.

Por eso, aconseja atesorar lo que no puede ser destruido, vender lo que uno tiene y compartirlo con los demás, pues eso sí que aumenta nuestro tesoro verdadero, pues como alguien ha dicho, solamente nos llevaremos de este mundo aquello que hayamos dado.

El mundo sigue viviendo una crisis económica extraordinaria, y todo el mundo busca ese "poderoso caballero que es don dinero", pues en él creen encontrar seguridad, y parece ser que cuanto más se acumula esa materia, más nos vamos alejando de Dios pues nos estamos centrando en nosotros mismos, y así vamos reduciendo el mundo a una cosa tan minúscula como soy yo, olvidándome del hermano, del vecino, del extranjero y entrando en una pasividad mortal, pues ya no damos vida, ya no participamos en la vida, y entramos en un letargo que nos impide ser lo que debemos ser.

No sé dónde llegaremos siguiendo los consejos de nuestro querido papa Francisco, de salir a la calle, de ir por los barrios pobres, de estar en medio de las ovejas hasta oler como ellas, pero de lo que sí debemos estar seguros es que de esa forma daremos señales de vida, dejaremos de lado esa religión, esa espiritualidad, esa iglesia dormida, y ya que hablamos de nueva evangelización hablemos también de nueva vida, y no solamente nos centremos en hablar y hablar de renovar la Curia Romana, sino también las Curias diocesanas y las parroquias con sus rectorías, para lo cual debemos estar vigilantes y evitar caer en la tentación de pensar que todo se ha de renovar, y yo me quedo fuera, como si no lo necesitara.

¿Cómo nos encontrará el Señor cuando venga? Y debemos tener presente que la pregunta no se refiere simplemente a ese momento cuando la muerte nos venga a visitar. El Señor está viniendo a nosotros constantemente, Él está llamando a la puerta día y noche. ¿Oímos su llamada? ¿Nos atrevemos a abrir la puerta? Si la abrimos: ¿con qué se va a encontrar?

San Ignacio de Loyola, cuya fiesta celebramos hace pocos días, tiene algo muy particular para ayudarnos en nuestra calidad de vida: el examen de conciencia, que se puede practicar a mediodía y al acabar la jornada: ¿qué clase de vida llevo? ¿se le puede llamar vida? ¿tiene sentido esa vida? Y todas esas cosas más que nos ayuden a salir del sueño en que hemos podido caer. Ojalá nos convirtamos en fuego que ilumine y purifique y escuchando la Palabra nos demos cuenta del verdadero mensaje, del consuelo que nos proporciona, y también, cómo no, del reto que nos ofrece y así aceptar su presencia en nuestras vidas.

miércoles, 7 de agosto de 2013

JUEVES DE LA 18 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Números 20,1-13
Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón
Mateo 16,13-23


Números 20,1-13

En aquellos días, la comunidad entera de los israelitas llegó al desierto de Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron. Faltó agua al pueblo, y se amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo riñó con Moisés, diciendo:
— ¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué has traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él, nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano ni higueras ni viñas ni granados ni agua para beber?
Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la tienda del encuentro, y, delante de ella, se echaron rostro en tierra. La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés:
— Coge el bastón, reúne la asamblea, tú con tu hermano Aarón, y, en presencia de ellos, ordenad a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.
Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba; ayudado de Aarón, reunió la asamblea delante de la roca, y les dijo:
— Escuchad, rebeldes: ¿Creéis que podemos sacaros agua de esta roca?
Moisés alzó la mano y golpeó la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundantemente que bebió toda la gente y sus bestias. El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
— Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar. (Ésta es fuente de Meribá, donde los israelitas disputaron con el Señor, y él les mostró su santidad.)

Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándoles gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Mateo 16,13-23

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
— ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron:
— Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
— Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió:
— ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
— ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
— Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios."

viernes, 2 de agosto de 2013

DOMINGO DE LA 18 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año C, por Mons. Francisco González, S.F.


Comentario por Mons. Francisco González SF

Una de las cosas que me hace pensar bastante, en la inseguridad de la vida, principalmente ese sentido de inseguridad aumenta cuando la persona fija su vida exclusivamente en este mundo, en lo que hay aquí, en poseer, en acumular.

Siento no tener en estos momentos la información acerca de dónde dura más la vida. La gente más rica, la más poderosa, la más bella, la más famosa también muere, y a veces siendo joven. Hay enfermedades, hay accidentes, hay guerras, hay terrorismo, y así como dice Qohelet, que significa predicador, “vanidad de vanidades, todo es vanidad", o como algunos traducen: “Todo es vaciedad”. Hay quienes que con enormes esfuerzos y sacrificios acumulan grandes fortunas, que después heredan unos hijos o familiares que no han hecho esfuerzo alguno y que despilfarran en corto tiempo.

Jesús, en sus viajes por Galilea vio a esos grandes terratenientes, disfrutando de la vida y de la riqueza que el trabajo de tantos obreros/esclavos les proporcionaba y con los que no compartían nada de esos bienes. Y así cuando alguien le pidió que interviniera en el reparto de la herencia de la familia, Jesús evitó dicha invitación, pero aprovechó para dar una lección magistral sobre la codicia o avaricia, que el Catecismo Católico de Estados Unidos para los Adultos define como: “El apego desordenado a los bienes de la creación, expresado frecuentemente en la búsqueda del dinero u otros símbolos de riqueza, que lleva a los pecados de la injusticia y otros males”.

Jesús al rehusar intervenir en la disputa entre los hermanos, ha querido recordar a todos los que le escuchan que el problema que esos señores tenían estaba basado es la codicia, en la avaricia, en el deseo desordenado de tener. Y como en muchas otras ocasiones recurre a la historieta, al cuentecito, a la parábola.

El terrateniente, el rico con grandes campos, se da cuenta que la cosecha de ese año es mayor que los otros, mucha más grande. Se encuentra con un dilema: ¿qué hacer con todo eso? Y no le viene a la cabeza otra cosa que el derribar los graneros que tiene y construir otros mucho más grandes. Una vez construidos los mira, saborea lo que ve, y echando una ojeada a la enorme extensión del plantío, suelta una carcajada y en voz alta, esperando que alguien le oiga y se muera de envidia, comenta: “Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida”. Y creyó que no podía haber en el mundo un hombre tan feliz como él.

¡Cuántos hay por ahí como él! Antes de tirar los graneros que ya tenía, podía haber pensado llenarlos, y todo lo que sobrara, lo podía repartir con los obreros para que ellos y sus familias pudieran comer, para que ellos y sus familias pudieran sonreír, para que ellos y sus familias recobraran su dignidad y pasar de necesitados, a por lo menos una vez, sentirse hartos y casi no poderse levantar de la mesa.

Todo eso no le pasó por la cabeza al terrateniente y solo pensaba en el tirarse en la cama después de haber comido y bebido hasta saciarse, y disfrutar de la vida.

Pero alguien en voz alta para que lo oyera bien, le llamó: “Necio”. Y tal vez, como otros muchos en circunstancias semejantes, con una sonrisa en los labios contestó: ¿Yo necesito? Mira todo lo que tengo acumulado, ya no necesito de nada, ni de nadie. Dios volvió hablar: “Esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?”

La reflexión nos puede, nos debe llevar a preguntas que valgan la pena hacerlas: ¿de qué sirve el tener tanto? ¿qué es lo que da verdaderamente sentido a mi vida? ¿acaso creo que mi felicidad está en proporción directa con lo que poseo? ¿cuántas joyas, bonds, cheques, títulos de propiedad, etc., nos van a poner en el ataúd?

Las últimas palabras con que nos deja el evangelio de este domingo son muy claras: “Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios”.

domingo, 21 de julio de 2013

MIÉRCOLES DE LA 16 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Exodo 16,1-5.9-15
Salmo 77: El Señor les dio un trigo celeste
Mateo 13,1-9

Exodo 16,1-5.9-15

Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto. La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: "¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad." El Señor dijo a Moisés: "Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. El día sexto prepararán lo que hayan recogido, y será el doble de lo que recogen a diario." Moisés dijo a Aarón: "Di a la comunidad de los israelitas: "Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones."" Mientras Aarón hablaba a la asamblea, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube. El Señor dijo a Moisés: "He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."" Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: "¿Qué es esto?" Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Es el pan que el Señor os da de comer."

Salmo 77: El Señor les dio un trigo celeste

Tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: "¿Podrá Dios
preparar una mesa en el desierto?
R. El Señor les dio un trigo celeste

Pero dio orden a las nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Hizo soplar desde el cielo el levante,
y dirigió con su fuerza el viento sur.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Hizo llover carne como una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad del campamento,
alrededor de sus tiendas.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Mateo 13,1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: "Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga."

viernes, 19 de julio de 2013

Lucas 10,38-42: Betania. por M. Dolors Gaja, M.N.



Comentario por M. Dolors Gaja, MN:
"Betania"

En el camino hacia Jerusalén, un alto. Jesús ama el hogar y en Betania tiene “casa propia”, la de sus amigos. Betania quedó para siempre, en la comunidad cristiana, como paradigma de la comunidad que acoge a Jesús. Betania es descanso para el corazón, casa de amistad, mesa compartida, servicio y escucha de la Palabra.

Obviamente, Jesús iba con sus discípulos. Pero en la escena no hay varones, ni siquiera está Lázaro que, como hombre, era el anfitrión. Los comentaristas suelen hablar de Marta – quizá por hallarla en su papel de ama de casa – como de la hermana mayor. De hecho Lucas nos dice que Jesús fue recibido en “casa de Marta”.

Hospitalidad 

Betania encarna el principio básico de la hospitalidad, tan sagrado en Oriente. A Jesús le gusta “ser acogido” y vivir en familia. Acepta con normalidad ser huésped de Zaqueo, de Mateo, de Simón… y  convierte la casa de Pedro en su sede misional. Habría pues que preguntarse hoy si yo acojo a Jesús, si mi vida y mi corazón es para Él lugar de reposo; si mis obras son “plataforma” para difundir el evangelio, si mis afectos y sentimientos son evangelizados con su Palabra. No deja de ser oportuno recordar que a nuestro Dios le gusta andar en familia, sentirse “en casa”.

Juego de miradas 

Imaginemos la escena. Cotidiana, normal. Dos mujeres que aman entrañablemente a Jesús. Una lo sirve, otra lo escucha. Son aspectos del mismo amor, irisaciones de la misma luz. María mira a Jesús, es su centro. Pero Marta, que se desvive por Jesús, mira a María. Y entra, sin darse cuenta, en esa fuente de sufrimiento que para todo corazón es la comparación.

Marta compara su quehacer con el “quehacer” – que también lo es– de María. Las comparaciones son siempre fuente de descontento. Porque, además, cuando hay comparación, uno tiende a imponer una visión o carisma.  Desde el momento que Marta ha comenzado a mirar a María ha nacido en ella un monólogo interior de refunfuño que acaba –como pasa con esas cosas– por verbalizarse: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Probablemente si María se hubiera ofrecido a ayudar a Marta ésta la hubiera despachado de su lado con un “quita, quita, que ya me apaño yo sola y además acabo antes”. Marta no quiere ayuda, no la precisa. Además, para ella es un honor y un orgullo agasajar al huésped. Pero la inquietud ha entrado en su corazón desde que ha dejado de mirar a Jesús para “mirar” qué hace su hermana.

Imagen de la Iglesia 

San Ambrosio decía que “no hay sólo una manera de ser santos”. La Iglesia se enriquece con los distintos carismas y todos son necesarios. El servicio y la contemplación pueden “parecer” distintos pero el servicio sólo es válido si nace de la contemplación y ésta sólo es fiable si lleva a la acción. Contemplativos en la acción.

No obstante algún comentarista ve en las dos hermanas la representación del Israel de los tiempos post-pascuales. María, sentada a los pies de Jesús como discípula –algo absolutamente inusual– encarnaría la apertura de Israel a la novedad que trajo Jesús. En ese sentido, y sólo en ese, se entiende el elogio de Jesús: sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

Cuando Lucas escribe esto la iglesia naciente anda a la greña: judeo-cristianos y cristianos venidos del paganismo se miran unos a otros en lugar de centrar la mirada sólo en Jesús. El Maestro deja clara la norma: sólo quien le escucha puede llamarse discípulo.

De transfondo, Nazaret 

A Jesús nunca se le ocurrió lo que durante siglos han alimentado comentaristas al hablar del evangelio: que un tipo de vida –la consagrada frente a la laical, la contemplativa frente a la activa…- fuera mejor que otra.

No pudo ocurrírsele porque Él vivió en Nazaret, con su madre, la fusión perfecta del “lado marta” y el “lado maría” que quizá todos tenemos. María es la mujer perfecta, la que une en sí toda forma de santidad: Ella es primacía de la Palabra y del Servicio. Por eso es Madre y Figura de la Iglesia.

Lucas 10,38-42: Sentarse a los pies de Jesús, por Mons. Francisco González, S.F.




Comentario por Mons. Francisco González, SF.

Hoy nos encontramos con otro pasaje fabuloso: Jesús con sus amistades, y éstas son dos mujeres. Da la impresión como que ha dejado que sus apóstoles marchen hacia delante mientras él visita a esta familia que tanto ama. Sólo están las dos hermanas, Marta y María. Marta, tal vez la mayor y más responsable se dedica completamente al ejercicio de la hospitalidad, a preparar todo para que a Jesús no le falte nada, pues después de tanto caminar, de no siempre tener una comida digna, e ir corriendo de un lugar a otro, Marta "se afana", para que todo esté en orden y no falte de nada.

Todo este trajín le crea angustia y echa unas miradas a su hermana María, que sentada a los pies del Maestro, lo único que hace es escucharle, sin poner atención a su hermana mayor. Finalmente Marta, y en esto yo veo el gran amor entre todos ellos, critica a Jesús su indiferencia, pues aunque la ve trabajando con tanto empeño, no sugiere a la joven que se levante y ayude a la hermana.

Jesús responde repitiendo el nombre dos veces: "Marta, Marta: andas inquieta, nerviosa, preocupada por tantas cosas, y la verdad es que no hay necesidad de tanto. María ha elegido escuchar la palabra, escucharme a mí, como una buena discípula...ha sabido elegir lo mejor y nadie se lo quitara".

El comentario e interpretación de estas palabras de Jesús han llenado centenares, miles de páginas en especial defendiendo algo que no me parece correcto, y es esa opinión que basada en este pronunciamiento del Maestro defienden algunos que nos han querido decir que la contemplación es mejor que la acción, cuando lo más probable es que ambas son aspectos diferentes de una misma realidad.

Jesús no critica el trabajo o la virtud de la hospitalidad que Marta está demostrando, pero sí que le anima a ver desde otra perspectiva todo lo que está haciendo, para que eso no le cause fatiga y mal humor, cuando debería estar disfrutando de la presencia del amigo que ha venido a visitarles. La comida y la mesa bien puesta es importante, pero no tanto como las personas que se sientan a la misma.

Jesús alaba a María pues ha elegido darle a Él toda la atención, escuchando e interiorizando toda palabra que Él pronuncia, de hecho Él es la Palabra, y al escucharla le está aceptando a Él, como una verdadera discípula, algo muy nuevo en aquellos momentos de la historia ya que las mujeres no se sentaban a los pies del maestro a escucharle.

Lo que cada una de las hermanas está haciendo, al ponerlas juntas se podría llamar, como ya algún santo lo ha hecho, "contemplación en la acción".

Marta nos da una lección: abrir las puertas y hacer que los que nos visitan se encuentren como en su propia casa, lo que solemos expresar con nuestro: "Mi casa es tu casa". María nos da la gran lección de escuchar al Maestro para, al dejarnos penetrar por su palabra, nos vayamos acercando a Él más y más hasta convertirnos en verdaderos seguidores.

En nuestras iglesias y salones parroquiales se menciona muchos nombres de famosos teólogos, filósofos, santos de una época u otra. Tal vez necesitemos fijarnos más y más en esa posición y actitud de María: Sentarnos a los pies del Señor y escucharle con todas nuestras facultades.

Estamos en medio de la nueva evangelización, y con la mejor voluntad estamos dispuestos a hablar y más hablar, de salir a las calles a proclamar y explicar lo que es la nueva evangelización, lo cual es un ministerio que merece nuestra atención, pero no olvidemos de callarnos de vez en cuando y sentarnos a los pies de Jesús para escucharle a Él, a ese Jesús "que tiene palabras de vida eterna".

Oremos y trabajemos por una Iglesia que es y ofrece hospitalidad. Trabajemos y oremos por una Iglesia que se sienta a los pies de Jesús, escucha la Palabra de Jesús y se convierte en heraldo de la misma, con palabras y con obras.

jueves, 18 de julio de 2013

La doctrina social de la Iglesia y el capitalismo. Actitudes de los papas por Agustín Ortega , Centro Loyola e ISTIC (artículo resumido)


Ha causado revuelo el mensaje moral y social de la iglesia, en este caso, del papa Francisco sobre "el capitalismo salvaje como causante de la crisis"(21 de Mayo 2013, Roma).

No es la primera vez que un papa crítica el capitalismo. En 1931, en el contexto de la grave crisis de 1929, Pío XI decía sobre el capitalismo: "Hemos examinado la economía actual y la hemos encontrado plagada de vicios" (Quadragesimo Anno, n. 28). Esta enseñanza la profundizaría Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio, en el año 1967.

Como señalan estudiosos de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la Iglesia ha criticado los sistemas injustos. Muchas veces se ha manipulado esta DSI. La iglesia se ha opuesto a los principios del comunismo y también del capitalismo.

En la encíclica social de Juan Pablo, en 1991, la Centesimus Annus (CA), se tergiversó un pasaje, (el n. 42), para decir que el papa justificaba el capitalismo. Nada más lejos de la realidad. Algunos mezclaron cosas como que la iglesia y el papa acepta la economía de libre mercado —que es cierto—, confundiendo esta libertad económica con el capitalismo, que es muy distinto.

Juan Pablo II, en el n. 42 de la CA, se resiste a identificar capitalismo con economía libre. Al final del n. 42, Juan Pablo II se opone al capitalismo y a su fanatismo de mercado. Aunque haya fracasado el comunismo, que según el papa es un capitalismo de estado, Juan Pablo II no acepta tampoco el capitalismo como alternativa (CA 35).

El capitalismo es inhumano porque da prioridad a las cosas sobre las personas y margina a los pobres (CA 34). El papa Juan Pablo II denuncia que la ideología liberal-burguesa antepone el individualismo a la dignidad del ser humano (CA 33, 35 y 42).

Benedicto XVI sigue el mismo camino y nos dice que "tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para crear de estructuras justas y afirmaron que éstas, una vez establecidas, funcionarían por sí mismas. Esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa" (Aparecida, 4).

En su último Mensaje de la Paz, Benedicto XVI denunciaba el descontrol del capitalismo, hoy sobre todo financiero, que causa "alarma por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista" (n. 1). El papa clamaba por "un nuevo modelo económico, ya que el que ha prevalecido en los últimos decenios valora a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad" (n. 5). El Catecismo de la Iglesia rechaza el capitalismo ya que promueve "el individualismo y la primacía de la ley de mercado sobre el trabajo humano" (n. 2425).

Los principios y valores de la DSI van en contra del capitalismo. La DSI enseña que no se puede vivir en la codicia y en la riqueza. La solidaridad no es solo compartir y distribuir lo superfluo, lo que nos sobra, sino incluso lo que necesitamos para vivir, como nos recuerda el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (SRS 31).

El individualismo neo-liberal es una falsificación de la libertad cristiana, la cual consiste en comprometerse por la solidaridad con los pobres. La economía y el mercado se deben situar en el marco moral del bien común, la solidaridad y la justicia con los pobres (Catecismo, 2425).

El destino universal de los bienes está por encima de la propiedad privada, que es para todos y tiene un carácter social, como nos enseña el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (LE 14). De ahí una clave esencial de la DSI, como es el trabajo y un salario digno para las personas y sus familias (LE 19) porque el trabajo, la realización y dignidad del trabajador tiene prioridad sobre el capital (beneficio, medios de producción..., LE 13).

La economía financiera especulativa y usurera es inmoral, con sus créditos e intereses abusivos y nada éticos. Por eso, debe dejar paso a una economía que sirva al trabajo, al empleo y al desarrollo integral, como ya manifestaba León XIII (RN 1), Juan Pablo II (CA 43), el reciente compendio de DSI (369-72) y continuaría enseñando Benedicto XVI (CIV 65).

La DSI pertenece a la misión evangelizadora de la iglesia, a la enseñanza de la iglesia sobre el ser humano. La DSI no es solo una teoría o enseñanza sino un estimulo en el compromiso por el bien común y la justicia con los pobres. Los pobres son los principales protagonistas de la misión, tal como nos enseña la tradición de la iglesia, el Vaticano II (LG 8, AA 8) y los obispos españoles (IP 9 y 132). La vida y dignidad de toda persona se enraíza en el Dios Trinitario. La Trinidad es la fuente y modelo de solidaridad, de compromiso por el bien común, la paz y la justicia con los pobres.

Es posible otro mundo si creemos en la esperanza. Si los cristianos, tenemos fe en la Pascua y Resurrección de Jesús, en la vida eterna. Si seguimos a Jesús acogiendo el don de su salvación liberadora en el amor fraterno, en la paz y la justicia que se anticipa ya en la historia y que vencerá a toda injusticia, mal y muerte.

Como testimoniaron lo santos y testigos de la fe, como nos testificaron todos estos queridos Papas, sucesores de Pedro, hasta llegar al Papa Francisco, Pastor y Profeta del Pueblo de Dios.

sábado, 6 de julio de 2013

14 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Julio González, S.F.

Comentario de Julio González SF

Las lecturas de este Domingo de la Semana XIV del Tiempo Ordanario, Año C, nos recuerdan que el Señor no vino a instruir, a reunir, a sanar, a un grupo de escogidos sino a toda la humanidad. Por eso, cuando el profeta Isaías dice en la primera lectura: “Festejad a Jerusalén, gozad con ella, os saciaréis de sus consuelos...”, Isaías sabe que la ciudad santa de Jerusalén no pertenece a una nación, a un reino, a una cultura, sino que en Jerusalén se congregarán todas las naciones, todos los reinos, todas las culturas.

Cuando Lucas dice en el evangelio: “Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él”, Lucas nos vuelve a recordar que el evangelio no está pensado solo para unos pocos, sino para que todos, ¡tooooodos!, tengamos cabida en él. Sí, también usted, que tal vez no se encuentra hoy en su mejor momento y la depresión, la enfermedad, la tristeza, o tal vez, el rencor, la envidia, el orgullo, están sembrando el desánimo y la duda en su corazón.

Jesús conoce nuestros sufrimientos y nuestras tentaciones. Por eso, ya nos ha avisado: “Mirad que os envió como corderos en medio de lobos”. Al decir esto, Jesús no piensa solamente en los doce sino en los setenta y dos, es decir, en todos nosotros.

Tal vez, nuestra mayor tentación sea la de querer ser lobos..., es normal. Vivimos en un mundo en el que los lobos parecen ser los ganadores y los corderos parecen ser los perdededores. Sin embargo, Jesús —nuestra fe—  no puede ser alimento para lobos, serpientes o escorpiones.

Oremos para que la palabra de Dios ilumine este Día del Señor y nos prepare para entrar en comunión con él a lo largo de la semana.

14 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.



Comentario de Mons. Francisco González SF

En la primera lectura de hoy, nos encontramos al final del libro del profeta Isaías. Ahí se nos habla de Jerusalén en la que sus habitantes van a encontrar alegría, consuelo, esperanza y sobre la que Dios va a mandar un río de paz. Este es un pasaje de gran consolación para todos nosotros. Jerusalén es para su gente "la madre que acaricia a sus hijos, que los consuela". La Iglesia también es nuestra madre donde podemos y debemos encontrar la salvación, pero no olvidemos que tanto en la Iglesia como en Jerusalén, el causante de todo ese bien, de todas esas bendiciones es Dios mismo, no nosotros.

¡Qué bueno si en nuestras iglesias, si en nuestras parroquias, supiéramos vivir disfrutando de esa paz verdadera que Cristo ofreció y dio a los apóstoles después de la Resurrección¡ Y que el profeta Isaías anunció: Yo voy a hacer correr hacia ella (Jerusalén/Iglesia), como un río, la paz.

En el Santo Evangelio de hoy seguimos a Jesús en su subida a Jerusalén. Si el domingo pasado vimos como instruía a sus discípulos acerca de las condiciones de su seguimiento, hoy nos habla de la paz. Cuando manda a los setenta y dos discípulos, les manda que saluden: "Paz en esta casa". Porque no hay otra alternativa, al anunciar el Reino de Dios hay que hacerlo desde la perspectiva de la paz, pues eso es lo que nos trae: paz.

Este es el segundo envío que hace Jesús. En el primero los doce apóstoles (representando el primer pueblo de Dios) predican a ese mismo pueblo. Ahora son setenta y dos, tal vez para indicar la universalidad del mensaje, pues como leemos en Gn.10, setenta era, según la enseñanza judía, el número de las naciones paganas. Jesús busca la salvación de todo el mundo, o sea, del mundo judío y del mundo pagano.

"Pidan, decía Jesús, al dueño de la cosecha que envíe obreros". Pedir o rogar es una actitud que, en sí misma, ya reconoce una necesidad. Hoy se nos pide que recemos por la nueva evangelización y por el aumento de las vocaciones (obreros y obreras), al sacerdocio y vida religiosa. Hoy, como entonces, no solamente los apóstoles (obispos y sus colaboradores inmediatos, los sacerdotes) son enviados a predicar "la buena nueva", sino también los seglares (los setenta y dos discípulos). Hoy, como entonces, el evangelizador debe entender que es enviado "como cordero entre lobos".

Hoy, como entonces, el evangelizador debe apoyarse en el poder de Dios y no tanto en su propio valor. Hoy, como entonces, el predicador evangélico se verá rechazado por los valores del mundo de nuestros días. Hoy, como entonces, los verdaderos discípulos podrán volver de su misión con la gran alegría de haber anunciado el evangelio, aunque a veces traigan en sus cuerpos las marcas de las heridas. Hoy, como ayer, los discípulos deben regocijarse de que "sus nombres están escritos en los cielos".

El discípulo que se precia como tal, debe sentirse orgulloso, al estilo de Pablo (2º lectura), de estar crucificado con Cristo. Por la cruz ha empezado una nueva creación y de la cruz proviene la paz y la misericordia de Dios.

Por el bautismo que hemos recibido tenemos una vocación, se nos ha confiado una misión: el Reino de Dios. No perdamos tiempo conversando con las distracciones que nos impiden anunciarlo a voz en grito.

jueves, 4 de julio de 2013

El papa Francisco invitó a cenar a 200 mendigos en el Vaticano


El pasado lunes, Francisco invitó a cenar a unos 200 mendigos que fueron recibidos y atendidos en su nombre, por el Presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, el Cardenal Giuseppe Bertello.

Según informó el 3 de julio el diario de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, la autoridad vaticana acompañó durante la velada a los invitados, con quienes intercambió palabras, impresiones, y vivencias personales.

"Les doy la bienvenida en nombre del Papa. Como saben, ésta es su casa y se alegra porque nos acompañen aquí", dijo el Cardenal Bertello a los mendigos antes de servir la cena.

La velada se desarrolló en la plaza situada dentro de los jardines ante la réplica de la Gruta de la Virgen de Lourdes. La cena fue organizada por el Círculo de San Pedro, y es parte de una de las tantas que la organización vaticana gestiona durante todo el año en el centro de acogida nocturno que dirigen en la ciudad de Roma "como signo concreto de la caridad del Papa".

Los comensales llegaron a bordo de cuatro autobuses, y fueron asistidos por 122 socios de Círculo de San Pedro. Los mendigos que tomaron asiento son algunos de los muchos a los que el Círculo de San Pedro ayuda a vivir dignamente cada día mediante la provisión de un plato de comida, una cama, un techo bajo el que dormir, y ropas para vestirse.

El menú fue cocinado por un equipo de chefs llegados de Nápoles, conocidos en Italia por la calidad de su cocina, y los socios del Círculo hicieron de camareros y sirvieron las mesas ayudados por sus mujeres y sus hijos. Además, la Banda del Cuerpo de Gendarmería tocó un largo repertorio y la música también formó parte de esta singular noche.

Antes de concluir, los voluntarios entregaron a cada uno de los huéspedes un paquete con productos de pastelería, fruta fresca y un Rosario.

sábado, 29 de junio de 2013

El Ministerio Petrino: CONFIRMAR, por el papa Francisco (29 de junio: San Pedro y San Pablo)


Comentario por el papa Francisco (29 de junio de 2013)

Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas

Celebramos la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo.

Es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de Pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una sola familia.

Saludo cordialmente y con gratitud a la delegación del Patriarcado de Constantinopla, guiada por el Metropolita Ioannis. Agradezco al Patriarca ecuménico Bartolomé I por este Nuevo gesto de fraternidad.

Saludo a los señores embajadores y a las autoridades civiles. Un gracias especial al Thomanerchor, el coro de la Thomaskirche, de Lipsia, la iglesia de Bach, que anima la liturgia y que constituye una ulterior presencia ecuménica.

Tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo «confirmar». ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma?

— 1. Ante todo, confirmar en la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (Mt, 16,16), una confesión que no viene de él, sino del Padre celestial. Y, a raíz de esta confesión, Jesús le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (v. 18).

El papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto. En la segunda parte del Evangelio de hoy vemos el peligro de pensar de manera mundana. Cuando Jesús habla de su muerte y resurrección, del camino de Dios, que no se corresponde con el camino humano del poder, afloran en Pedro la carne y la sangre: «Se puso a increparlo: "¡Lejos de ti tal cosa, Señor!"» (16,22). Y Jesús tiene palabras duras con él: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo» (v. 23). 

Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia.

— 2. Confirmar en el amor. En la Segunda Lectura hemos escuchado las palabras conmovedoras de san Pablo: «He luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (2 Tm 4,7). 

¿De qué combate se trata? No el de las armas humanas, que por desgracia todavía ensangrientan el mundo; sino el combate del martirio. San Pablo sólo tiene un arma: el mensaje de Cristo y la entrega de toda su vida por Cristo y por los demás. Y es precisamente su exponerse en primera persona, su dejarse consumar por el evangelio, el hacerse todo para todos, sin reservas, lo que lo ha hecho creíble y ha edificado la Iglesia. El Obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar en este amor a Jesús y a todos sin distinción, límites o barreras.

— 3. Confirmar en la unidad. Aquí me refiero al gesto que hemos realizado. El palio es símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro, «principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión» (Lumen gentium, 18). Y vuestra presencia hoy, queridos hermanos, es el signo de que la comunión de la Iglesia no significa uniformidad.

El Vaticano II, refiriéndose a la estructura jerárquica de la Iglesia, afirma que el Señor «con estos apóstoles formó una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él» (ibíd. 19). 

Y prosigue: «Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la unidad del Pueblo de Dios» (ibíd. 22). La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las teselas se juntan para formar el único gran diseño de Dios. Y esto debe impulsar a superar siempre cualquier conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias: éste es el camino de Jesús.

El palio, siendo signo de la comunión con el Obispo de Roma, con la Iglesia universal, supone también para cada uno de vosotros el compromiso de ser instrumentos de comunión.

Confesar al Señor dejándose instruir por Dios; consumarse por amor de Cristo y de su evangelio; ser servidores de la unidad. Queridos hermanos en el episcopado, estas son las consignas que los santos apóstoles Pedro y Pablo confían a cada uno de nosotros, para que sean vividas por todo cristiano. Que la santa Madre de Dios nos guíe y acompañe siempre con su intercesión: Reina de los apóstoles, reza por nosotros. Amén.

+ SOBRE EL MISMO TEMA  

jueves, 27 de junio de 2013

Jueves de la 12 Semana del Tiempo Ordinario, por el papa Francisco

Génesis 16,1-12.15-16
Salmo 105: Dad gracias al Señor porque es bueno
Mateo 7,21-29

Génesis 16,1-12.15-16

[Saray, la mujer de Abrán, no le daba hijos; pero tenía una sierva egipcia llamada Hagar. Y Saray dijo a Abrán: "El Señor no me deja tener hijos; llégate a mi sierva a ver si ella me da hijos." Abrán aceptó la propuesta. A los diez años de habitar Abrán en Canaán, Saray, la mujer de Abrán, tomó a Hagar, la esclava egipcia, y se la dio a Abrán, su marido, como esposa. Él se llegó a Hagar, y ella concibió. Y, al verse encinta, le perdió el respeto a su señora. Entonces Saray dijo a Abrán: "Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella, al verse encinta, me pierde el respeto. Sea el Señor nuestro juez." Abrán dijo a Saray: "De tu esclava dispones tú; trátala como te parezca."] Saray la maltrató, y ella se escapó. El ángel del Señor la encontró junto a la fuente del desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo: "Hagar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?" Ella respondió: "Vengo huyendo de mi señora." El ángel del Señor le dijo: "Vuelve a tu señora y sométete a ella." Y el ángel del Señor añadió: "Haré tan numerosa tu descendencia que no se podrá contar." Y el ángel del Señor concluyó: "Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en la aflicción. Será un potro salvaje: él contra todos y todos contra él; vivirá separado de sus hermanos." Hagar dio un hijo a Abrán, y Abrán llamó Ismael al hijo que le había dado Hagar. Abrán tenía ochenta y seis años cuando Hagar dio a luz a Ismael.

Salmo 105: Dad gracias al Señor porque es bueno

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza?
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Mateo 7,21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados." El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente." Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Comentario por el papa Francisco:
¿Alegría superficial o continua vigilia fúnebre?


Hay personas que "se hacen pasar por cristianos", y pecan o de superficialidad excesiva o de demasiada rigidez, olvidando que un verdadero cristiano es el hombre de la alegría, que apoya la fe sobre la roca de Cristo. Esta ha sido la idea básica del papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta.

Rígido y triste. O feliz, pero sin tener ni idea de la alegría cristiana. Hay dos "casos", en un modo opuesto, en que viven dos categorías de los creyentes, y que en ambos casos tienen un grave defecto: se basan en un cristianismo hecho de palabras, y no se basan en la "roca" de la Palabra de Cristo. Francisco identifica este doble grupo comentando el evangelio de Mateo de hoy, aquel famoso pasaje de las casas de arena y de piedra.

— Cristianos de palabra

"En la historia de la Iglesia han habido dos clases de cristianos: los cristianos de las palabras, aquellos del Señor, Señor, Señor, y los cristianos de la acción, en la verdad. Siempre ha habido la tentación de vivir nuestro cristianismo fuera de la roca que es Cristo. El único que nos da la libertad de decir Padre a Dios es Cristo o la roca. Es el único que nos sostiene en los momentos difíciles, ¿no?

Como dijo Jesús: la lluvia cae, se desbordan los ríos, soplan los vientos, pero cuando se está en la roca es seguro, pero cuando son sólo palabras, las palabras se vuelan, no sirven. Pero permanece la tentación de estos cristianos de palabras, de un cristianismo sin Jesús, un cristianismo sin Cristo. Y esto ha sucedido y está sucediendo hoy en día en la Iglesia: ser cristianos sin Cristo".

El papa mira más de cerca a estos "cristianos de palabras", revelando sus características específicas. Hay un primer tipo, llamado ‘gnóstico’, “que en lugar de amar a la roca, le gustan las palabras hermosas", y por lo tanto vive flotando en la superficie de la vida cristiana. Y luego está la otra, que Francisco llama "pelagiano", que tiene un estilo de vida serio y almidonada. Cristianos, ironiza, que "miran al suelo":

"Y esta tentación existe hoy. Cristianos superficiales que creen, sí en Dios, en Cristo, pero demasiado ‘difuso’: no es Jesucristo el que le da fundamento. Son los gnósticos modernos. La tentación del gnosticismo. Un cristianismo "líquido".

— Excesiva rigidez

Por otro lado, están los que creen que la vida cristiana debe ser tomada tan en serio que terminan por confundir solidez y firmeza, con rigidez. ¡Son rígidos! Estos creen que para ser cristiano se necesita estar de luto, siempre".

El hecho, dijo, es que de estos cristianos "hay muchos". Sin embargo, indica, "no son cristianos, se disfrazan como cristianos". "No saben –insiste– quién es el Señor, no saben lo que es la roca, no tienen la libertad de los cristianos. Y, para decirlo de un modo simple, no tienen alegría":

"Los primeros tienen una cierta ‘alegría’ superficial. Los otros viven en una continua vigilia fúnebre, pero no saben lo que es la alegría cristiana. No saben cómo disfrutar de la vida que Jesús nos da, porque no saben hablar con Jesús. No se afirman sobre Jesús, con la firmeza que da la presencia de Jesús. Y no solo no tienen alegría: no tienen libertad. Son esclavos de la superficialidad, de esta vida generalizada, y estos son los esclavos de la rigidez, no son libres.

En su vida, el Espíritu Santo no tiene cabida. ¡Es el Espíritu quien nos da la libertad! El Señor hoy nos invita a construir nuestra vida cristiana en Él, la roca, Aquel que nos da la libertad, que nos envía el Espíritu, que te hace ir adelante con alegría, en su camino, en sus propuestas".

miércoles, 26 de junio de 2013

PAPA FRANCISCO: "¿Somos piedras vivas, o somos piedras cansadas?" Homlía del papa Francisco en la audiencia del miércoles, 26 de junio de 2013.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría hacer una breve referencia a una imagen más que nos ayuda a ilustrar el misterio de la Iglesia: la del templo.

¿Qué nos hace pensar en la palabra templo? Nos hace pensar en un edificio, en una construcción de este tipo. En particular, la mente de muchos se dirige a la historia del pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento.

En Jerusalén, el gran templo de Salomón era el lugar del encuentro con Dios en la oración; en el interior del Templo estaba el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios entre la gente; y en el Arca estaban las Tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón: un recordatorio de que Dios siempre había estado en la historia de su pueblo, que lo había acompañado durante el viaje, que había guiado sus pasos.

El templo recuerda esta historia: también nosotros, cuando vamos al templo, debemos recordar esta historia, la historia de cada uno de nosotros, el modo en que Jesús me encontró, cómo Jesús anduvo conmigo, cómo Jesús me ama y me bendice.

Aquí, lo que fue prefigurado en el antiguo templo, se hace, por el poder del Espíritu Santo, en la Iglesia: la Iglesia es la "casa de Dios", el lugar de su presencia, donde podemos encontrar al Señor; la Iglesia es el templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene.

Si nos preguntamos: ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él por medio de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo para que ilumine nuestras vidas? La respuesta es: en el pueblo de Dios, en medio de nosotros, que somos la Iglesia. Aquí encontraremos a Jesús, al Espíritu Santo y al Padre.

El antiguo Templo fue construido por manos de hombres: se quería “dar una casa" a Dios, para tener un signo visible de su presencia en medio del pueblo. Con la encarnación del Hijo de Dios, se cumple la profecía de Natán al rey David (2 Sam. 7,1-29): no es el rey, no somos nosotros quienes "daremos una casa a Dios", sino que es el mismo Dios quien "construye su casa" para venir a habitar en medio de nosotros, como escribe san Juan en su evangelio (1,14).

Cristo es el Templo viviente del Padre, y Cristo mismo edifica su "hogar espiritual", la Iglesia, no hecha de piedras materiales, sino de "piedras vivas" que somos nosotros.

El apóstol Pablo dice a los cristianos de Éfeso: "Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En Él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En Él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu”. (Ef. 2,20-22).

¡Esto es algo hermoso! Somos las piedras vivas de Dios, profundamente unidos a Cristo, quien es la roca de apoyo, y también un apoyo entre nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que el templo somos nosotros, somos la Iglesia viva, el templo vivo, y cuando estamos juntos, entre nosotros está también el Espíritu Santo, que nos ayuda a crecer como Iglesia. No estamos aislados, sino que somos el pueblo de Dios: ¡esta es la Iglesia!

Y es el Espíritu Santo, con sus dones, que armoniza la variedad. Esto es importante: ¿qué hace el Espíritu Santo en medio de nosotros? Armoniza la variedad que es la riqueza de la Iglesia y une todo y a todos, a fin de constituir un templo espiritual, donde no ofrecemos sacrificios materiales, sino a nosotros mismos, nuestra vida (cf. 1 Pe. 2,4-5).

La Iglesia no es una mezcla de cosas e intereses, sino que es el templo del Espíritu Santo, el templo por medio del cual Dios obra, el templo del Espíritu Santo, el templo en el que cada uno de nosotros, con el don del bautismo, es una piedra viva. Esto nos dice que nadie es inútil en la Iglesia y si a veces, alguien le dice al otro: "Vete a tu casa, eres inútil", ¡esto no es cierto, porque nadie es inútil en la Iglesia, ¡todos somos necesarios para construir este templo! Nadie es secundario. Ninguno es el más importante en la Iglesia, todos somos iguales ante los ojos de Dios.

Alguno de ustedes podría decir: 'Fíjese, señor papa, usted no es igual a nosotros’. Sí, soy como ustedes, todos somos iguales, ¡somos hermanos! Nadie es anónimo: todos formamos y edificamos la Iglesia. Esto también nos invita a reflexionar sobre el hecho de que si faltara el ladrillo de nuestra vida cristiana, le falta algo a la belleza de la Iglesia.

Algunas personas dicen: ‘No tengo nada que ver con la Iglesia’, por lo que cae el ladrillo de una vida en este hermoso templo. Nadie puede irse, todos tenemos que ofrecerle a la Iglesia nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor, nuestro pensamiento y nuestro trabajo: todo junto.

Así es que me gustaría que nos preguntemos: ¿cómo vivimos nuestro ser Iglesia? ¿Somos piedras vivas, o somos, por así decirlo, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? ¿Han visto lo feo que es ver a un cristiano cansado, aburrido, indiferente? Un cristiano así no es bueno, el cristiano tiene que estar vivo, feliz de ser cristiano; debe vivir esta belleza de ser parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. ¿Nos abrimos a la acción del Espíritu Santo para ser parte activa en nuestras comunidades, o nos cerramos en nosotros mismos, diciendo: "tengo tantas cosas que hacer, no es mi obligación”?

Que el Señor nos conceda a todos su gracia, su fuerza, para que estemos profundamente unidos a Cristo, que es la piedra angular, el pilar, la roca de apoyo de nuestra vida y de toda la vida de la Iglesia. Oremos para que, animados por su Espíritu, siempre seamos piedras vivas de su Iglesia.