martes, 17 de noviembre de 2015

MARTES DE LA 33 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

2 Macabeos 6,18-31
Salmo 3: El Señor me sostiene
Lucas 19,1-10

2 Macabeos 6,18-31

En aquellos días, a Eleazar, uno de los principales escribas, hombre de edad avanzada y semblante muy digno, le abrían la boca a la fuerza para que comiera carne de cerdo. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida.Los que presidían aquel sacrificio ilegal, viejos amigos de Eleazar, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera, haciendo como que comía carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración. Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de sus canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo, digna de la Ley santa dada por Dios, respondió todo seguido: "¡Enviadme al sepulcro! Que no es digno de mi edad ese engaño. Van a creer muchos jóvenes que Eleazar, a los noventa años, ha apostatado, y, si miento por un poco de vida que me queda, se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no escaparía de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable Ley. "Dicho esto, se dirigió en seguida al suplicio. Los que lo llevaban, poco antes deferentes con él, se endurecieron, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar. Él, a punto de morir a fuerza de golpes, dijo entre suspiros: "Bien sabe el Señor, que posee la santa sabiduría, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y los sufro con gusto en mi alma por respeto a él." Así terminó su vida, dejando, no sólo a los jóvenes, sino a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.

Salmo 3: El Señor me sostiene

Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra mí;
cuántos dicen de mí:
"Ya no le protege Dios."
R. El Señor me sostiene

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
tú mantienes alta mi cabeza.
Si grito invocando al Señor,
él me escucha desde su monte santo.
R. El Señor me sostiene

Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi alrededor.
R. El Señor me sostiene

Lucas 19,1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió en una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. "Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador." Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: "Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más." Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido."

domingo, 15 de noviembre de 2015

Marcos 13,24-32: "El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán"

Marcos 13,24-32
Domingo de la 33 Semana del Tiempo Ordinario, Año B

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

SOBRE EL MISMO TEMA:
por Francisco González, S.F. 

DOMINGO DE LA 33 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B, por Mons. Francisco González, S.F.

Daniel 12,1-3
Salmo 15,5.9-11
Hebreos 10,11-14.18
Marcos 13,24-32

Daniel 12,1-3

Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Salmo 15,5.9-11: 
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Hebreos 10,11-14.18

Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a lo que van siendo consagrados. Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

Marcos 13,24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.,

En la primera lectura de este domingo nos encontramos con el profeta Daniel. El pueblo de Dios la está pasando mal, algunos de ellos se han pasado a la “cultura dominante” y han desaparecido ciertos valores que los israelitas habían tenido como fundamentales. Están pasando por un tiempo de angustia, y el profeta les ha recordado anteriormente otros tiempos parecidos, cuando supieron vencer y lo mismo puede suceder hoy, pues Miguel, el Gran Jefe, defiende a su pueblo.

El profeta les habla indicando que las culturas y poderes de la tierra pasan, y los poderosos de hoy se convertirán en los don nadie del mañana, sin embargo habrá un final para todo donde se tomarán decisiones de vida y de muerte eterna, unos se salvarán, irán “al rechazo y pena eterna”. Dice el profeta: “Los que tengan el conocimiento brillarán como un cielo resplandeciente, los que hayan guiado a los demás por la justicia brillarán como las estrellas por los siglos de los siglos” (Dn 12-3).

Hoy también corre por ahí la tentación de pasarse uno a los valores de cultura/s que “nos caen bien”, olvidándonos, a veces, de valores preciosos que trajimos de nuestros países, de nuestras familias, de nuestra Iglesia. Con todos esos cambios, ¿seremos más felices o tendremos que arrepentirnos? Pienso en el amor por la familia extendida de los hispanos, con la que con frecuencia nos reunimos para los cumpleaños, bodas, bautizos, quinceañeras o simplemente para una comida, para compartir el diario vivir, escuchar música y ¡bailar! Actividades sencillas que fortalecen nuestros lazos familiares y que transmiten nuestros valores y tradiciones de generación en generación.

El evangelio nos habla de cosas finales, de hecho este pasaje de Marcos entra en el estilo literario-teológico conocido como apocalíptico. Algunos proclamadores de la Palabra, con eso de que se acababa el mundo hace un año atrás y ahora a mediados del mes de diciembre del 2012, han dado rienda suelta a una predicación apocalíptica de sentido negativo: cataclismos, desolación, destrucción. Este estilo literario y de predicación lo vemos en la Sagrada Escritura, pero si ponemos atención, podemos ver el lado positivo: es verdad que al final habrá una lucha cósmica; es verdad que en esas ocasiones vimos un dualismo, la lucha entre el bien y el mal, pero es también verdad que después de todo, se anuncia un tiempo de calma, de felicidad, del triunfo final del bien sobre el mal. Por eso y en ese sentido se ha de tomar el evangelio de hoy: “Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria. Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo” (Mc 13,26-27).

Para cuando esta redacción fue hecha, posiblemente Jerusalén y el Templo habían sido destruidos, las persecuciones de cristianos habían comenzado, quizás Pedro y Pablo habían sufrido ya el martirio y había incertidumbre en las pequeñas comunidades cristianas acerca de lo que se les había predicado. Y por lo tanto era necesario animar a la comunidad, el evangelio era verdadero y aunque el tiempo de peregrinación (la vida) puede ser dura y contradictoria, pero al final Dios triunfa y nosotros con Él.

La desesperación no es cristiana, pues aunque vemos el dolor, la violencia, el engaño, el abuso del poder político, económico y religioso, la corrupción de algunos dirigentes y el sufrimiento de los inocentes, el triunfo, la victoria del bien, de Dios está asegurada; la esperanza no se pierde. Dice el evangelio.

En la segunda lectura llegamos al final de la larga reflexión del sacrificio de Cristo, verdadero Sumo Sacerdote. A diferencia de los sacerdotes levíticos que tienen constantemente que ofrecer sacrificios, Cristo ya no, lo ofreció una vez y ahora ya se sentó para siempre a la derecha de Dios.

¿Cuándo vendrá con todo su poder a pedir cuentas a la creación? No te preocupes hermano/a que nadie lo sabe: ni Sandy, ni el Niño, ni la Niña son indicaciones por las que podamos calcular la llamada Segunda Venida, pues “nadie sabe la hora, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre”.

Vive tu vida hermano/a lo mejor que puedas y deja lo demás en manos de Dios

DOMINGO DE LA 33 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B (Lecturas)

Daniel 12,1-3
Salmo 15,5.9-11
Hebreos 10,11-14.18
Marcos 13,24-32

Daniel 12,1-3

Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Salmo 15,5.9-11: 
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Hebreos 10,11-14.18

Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a lo que van siendo consagrados. Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

Marcos 13,24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

Comentarios:
Francisco González SF

viernes, 13 de noviembre de 2015

Lucas 17,26-37: Claves de lectura, por la Orden Carmelita

Lucas 17,26-37 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejaran." Ellos le preguntaron: "¿Dónde, Señor?" Él contestó: "Donde se reunen los buitres, allí está el cuerpo."

— Comentario por la Orden Carmelita
Claves de lectura

El evangelio de hoy sigue la reflexión sobre la llegada del fin de los tiempos y trae palabras de Jesús sobre cómo preparar la llegada del Reino. Era un asunto candente, que en aquel tiempo, causaba mucha discusión.

Quien determina la hora de la llegada del fin es Dios. Pero el tiempo de Dios (kairós) no se mide por el tiempo de nuestro reloj (chronos). Para Dios, un día puede ser igual a mil años, y mil años igual a un día (Sal 90,4; 2Pd 3,-8). El tiempo de Dios corre de forma invisible dentro de nuestro tiempo, pero es independiente de nosotros y de nuestro tiempo. Nosotros no podemos interferir en el tiempo, pero debemos estar preparados para el momento en que la hora de Dios se hizo presente en nuestro tiempo. Puede ser hoy, puede ser de aquí a mil años. Lo que da seguridad, no es saber la hora del fin del mundo, sino la certeza de la presencia de la Palabra de Jesús presente en la vida. El mundo pasará, pero su palabra no pasará jamás (Cf. Is 40,7-8).

Lucas 17,26-29: Como en los días de Noé y de Lot

La vida corre normalmente: comer, beber, casarse, comprar, vender, plantar, construir. La rutina puede envolvernos de tal forma que no conseguimos pensar en otra cosa, en nada más. Y el consumismo contribuye a aumentar en muchos de nosotros esta total desatención a la dimensión más profunda de la vida. Dejamos entrar la polilla en la viga de la fe que sustenta el tejado de nuestra vida. Cuando la tormenta derriba la casa, muchos dan la culpa al carpintero: “¡Mal servicio!”

En realidad, la causa de la caída fue nuestra prolongada desatención. La alusión a la destrucción de Sodoma como figura de lo que va a suceder al final de los tiempos, es una alusión a la destrucción de Jerusalén de parte de los romanos en el año 70 dC (cf Mc 13,14).

Lucas 17,30-32: Así será en los días del Hijo del Hombre

Difícil para nosotros imaginar el sufrimiento y el trauma que la destrucción de Jerusalén causó en las comunidades, tanto de los judíos como de los cristianos. Para ayudarlas a entender y a enfrentar el sufrimiento, Jesús usa comparaciones sacadas de la vida: “Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y, de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás”. La destrucción vendrá con tal rapidez que no merece la pena bajar a la casa para buscar algo dentro (Mc 13,15-16). “Acordaos de la mujer de Lot” (cf. Gén 19,26), esto es, no miréis atrás, no perdáis tiempo, tomad la decisión e id adelante: es cuestión de vida o de muerte.

Lucas 17,33: Perder la vida para ganar la vida

Sólo se siente realizada la persona que es capaz de darse enteramente a los demás. Pierde la vida la que la conserva sólo para sí. Este consejo de Jesús es la confirmación de la más profunda experiencia humana: la fuente de la vida está en la entrega de la vida. Dando, se recibe. “En verdad os digo: el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo. Pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24).

Lo importante es la motivación que añade el evangelio de Marcos: “Por mí y por el Evangelio” (Mc 8,35). Al decir que nadie es capaz de conservar su vida con su propio esfuerzo, Jesús evoca el salmo donde se dice que nadie es capaz de pagar el precio del rescate de la vida: “Nadie puede rescatar al hombre de la muerte, nadie puede dar a Dios su rescate; pues muy caro es el precio de rescate de la vida, y ha de renunciar por siempre continuar viviendo indefinidamente sin ver la fosa”. (Sal 49,8-10).

Lucas 17,34-36: Vigilancia

“Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: al uno tomarán y al otro le dejarán; habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la tomarán y a la otra la dejarán.” Evoca la parábola de las diez vírgenes. Cinco eran prudentes y cinco necias (Mt 25,1-11).

Lo que importa es estar preparado/a. Las palabras: “Una la tomarán y otra la dejarán” evocan las palabras de Pablo a los Tesalonicenses (1Tes 4,13-17), cuando dice que en la venida del Hijo seremos arrebatados al cielo junto con Jesús.

Lucas 17,37: ¿Dónde y cuándo? 

“Los discípulos preguntaron: "¿Señor, dónde ocurrirá esto?" Jesús respondió: "Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres". Respuesta enigmática.

Algunos piensan que Jesús evoca la profecía de Ezequiel, retomada en el Apocalipsis, en la cual el profeta se refiere a la batalla victoriosa final contra los poderes del mal. Las aves de rapiña o los buitres serán invitadas a comer la carne de los cadáveres (Ez 39,4.17-20; Ap 19,17-18). Otros piensan que se trata del valle de Josafat, donde tendrá lugar el juicio final según la profecía de Joel (Joel 4,2.12). Otros piensan que se trata simplemente de un proverbio popular que significaba más o menos lo mismo que dice nuestro proverbio: “¡Cuando el río suena, agua lleva!”

miércoles, 11 de noviembre de 2015

San Martín y el Mendigo, por El Greco

San Martín y el Mendigo
Óleo sobre lienzo
193.5 × 103 cm
El Greco, 1597
National Gallery of Art
Washington D.C., USA

11 de noviembre: SAN MARTÍN DE TOURS, por Celestino Hueso, S.F.


Parece que lo estoy viendo. En un libro de religión siendo niño. Sí, creo que fue en Villacarrillo. Hacía un frío del diablo y aquel pobre hombre no tenía con qué cobijarse. La gente pasaba a las carreras buscando llegar cuanto antes a sus casas. Nadie le escuchaba.

De pronto se detiene ante él un joven jinete. Es un nuevo samaritano, un soldado romano que, sin dudarlo, parte su capa con la espada y le da la mitad. Dice que acaba de vestir a Cristo. Naturalmente estoy hablando de San Martín.

Lo que no supe entonces es que Martín, una vez bautizado, deja las armas y se une a San Hilario en la tarea de evangelización de la Galia. Su preocupación sigue siendo los pobres, la oración y la penitencia.

Funda el primer monasterio Occidental y, nombrado obispo de Tours, recorre gran parte de Francia, Luxemburgo y Alemania para llevar el evangelio y velar por los necesitados.

Tanto en Francia como en otros países encontramos infinidad de pueblos y de iglesias en su honor.

martes, 10 de noviembre de 2015

Noviembre 10: San León Magno


10 de noviembre: SAL LEÓN MAGNO, Papa, por Celestino Hueso, S.F.



Roma temblaba como la hoja de un árbol. No era para menos se acercaba Atila al frente de los hunos. Le llamaban “El azote de Dios” y de su caballo se decía que donde pisaba no volvía a crecer la hierba. ¡Tan bestia era el tío!

Parece que la suerte está echada pues ya se encuentra a las puertas de la ciudad. De pronto aparece un anciano sólo, vestido de blanco. Atila detiene su avance, lo mira, da media vuelta y se aleja con su ejército para siempre. El Papa San León el grande acaba de salvar a la ciudad eterna.

El ataque externo estaba superado pero San León tuvo que afrontar también un ataque frontal a la fe. El de los monofisitas.  Es rara la palabreja ¿verdad? bueno, hablando en plata, monofisita es el que cree que Cristo es Dios pero no es hombre. El Papa en un concilio parecido al Vaticano II, pero en Calcedonia, definió que Cristo es al mismo tiempo Dios y hombre. Precisamente por eso puede salvarnos.

En fin ¡felicidades a todos los Leones!

Lucas 17,7-10: Claves de lectura, por la Orden Carmelita

Lucas 17,7-10 

En aquel tiempo, dijo el Señor: "Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."

— Claves de lectura

El evangelio de hoy nos presenta una parábola que se encuentra sólo en el evangelio de Lucas, sin paralelo en los otros evangelios. La parábola quiere enseñar que nuestra vida debe caracterizarse por la actitud de servicio. Empieza con tres preguntas y, al final, Jesús mismo da la respuesta.

• Lucas 17,7-9: Las tres preguntas de Jesús

Se trata de tres preguntas sacadas de la vida de cada día. Las preguntas son formuladas de tal manera que invitan a cada oyente a que piense en su propia experiencia y, desde su experiencia, trate de dar una respuesta.

La primera pregunta: “¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?” Todo el mundo responderá: “¡No!” Segunda pregunta: “¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?” Todo el mundo contestará: “¡Sí! ¡Claro!” Tercera pregunta: De igual modo “¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? Todo el mundo contestará: “¡No!”

Por la manera que Jesús tiene de plantear preguntas, la gente percibe hacia qué dirección quiere orientar nuestro pensamiento. Quiere que seamos servidores unos de otros.

• Lucas 17,10: La respuesta de Jesús

Al final, Jesús mismo saca la conclusión que ya estaba implícita en las preguntas: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.”

Jesús mismo nos da el ejemplo cuando dice: “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45). El servicio es un tema que gusta a Lucas. El servicio representa la forma como los pobres del tiempo de Jesús, los anawim, esperaban al Mesías: no como un Mesías glorioso, rey, sumo sacerdote o juez, sino como el Siervo de Yavé, anunciado por Isaías (Is 42,1-9).

A María, la madre de Jesús, se le presenta el ángel: “He aquí la sierva del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!” (Lc 1,38).

En Nazaret, Jesús se presenta como el Siervo, descrito por Isaías (Lc 4,18-19 e Is 61,1-2). En el bautismo y en la transfiguración, fue confirmado por el Padre que cita las palabras dirigidas por Dios al Siervo (Lc 3,22; 9,35 e Is 42,1). A sus seguidores Jesús pide “Quien quiere ser el primero, se haga siervo de todos” (Mt 20,27). ¡Siervos inútiles! Es la definición del cristiano.

Pablo habla de esto a los miembros de la comunidad de Corinto cuando escribe: “Yo planté, Apolo regó; pero quien dio el crecimiento fue Dios. Ni el que planta, ni el que riega es algo, sino Dios que da el crecimiento” (1Cor 3,6-7). Pablo y Apolo no son que instrumentos, “servidores”. Lo que vale es Dios, ¡y sólo El! (1Cor 3,7).

Servir y ser servido

En este texto, el siervo sirve al señor, y no el señor al siervo. Pero en otro texto del evangelio se dice lo contrario: “Dichosos los siervos que el señor encuentra en vela cuando llega; en verdad os digo que se ceñirá, y los sentirá a la mesa, y se prestará a servirlos” (Lc 12,37).

En este texto el señor sirve al siervo, y no el siervo a su señor. En el primer texto, Jesús habla del presente. En el segundo texto, Jesús habla del futuro. Este contraste es otra manera de decir: gana su vida aquel que está dispuesto a perderla por amor a Jesús y al Evangelio (Mt 10,39; 16,25. Quien sirve a Dios en esta vida, será servido por Dios en la vida futura.

Fuente: ocarm.org

lunes, 9 de noviembre de 2015

Vocabulario religioso: ERMITA

Son pequeños templos en los que no se celebran ceremonias religiosas habitualmente pero se rinde culto en ocasiones determinadas. Suelen estar en lugares poco poblados o sin mucha concurrencia.

Originalmente era un lugar de oración y recogimiento que permitía a un ermitaño poder cultivar en paz su propia vocación particular. Es similar el concepto de eremitorio, que es un lugar donde existen uno o más eremitas.

Posteriormente, el significado se extendió para incluir capillas, iglesias u otros santuarios, generalmente pequeños, situados por lo común en el campo, y que no tienen culto permanente.

Es tradicional en muchas ermitas celebrar misa el día de la festividad del santo bajo cuya advocación estén, pudiendo celebrarse además romerías y festejos en su entorno.

Hay santuarios que originalmente se construyeron en despoblados y posteriormente han quedado rodeados de otros edificios. Algunos de ellos, aun así, conservan la denominación de ermita. A la inversa, también hay iglesias que se construyeron como parroquias y acogieron culto habitual, pero luego al despoblarse su entorno, quedaron más aisladas y han pasado a considerarse ermitas.

PARA SABER MÁS:
Oratorio   
Capilla    
Santuario    
Basílica    
Catedral   

Vocabulario religioso: ORATORIO

Lugar destinado al culto divino con licencia del Ordinario, en beneficio de una comunidad o grupo de fieles que acuden allí, al cual también pueden tener acceso otros fieles, con el consentimiento del Superior competente.

Un oratorio según el derecho canónico, es un lugar destinado al culto divino, no erigido, en principio, para la utilidad de todos los fiel es.

En un oratorio en sentido estricto, es decir, legítimamente constituido, pueden celebrarse y ha de estar dedicado a la celebración de la misa y otras funcionas sagradas.

Existen diversos tipos de oratorios:

Público: Han de ser erigidos por el obispo de la diócesis en beneficio de una comunidad o grupo de fieles que acudan allí, al cual también pueden tener acceso otros fieles, con el consentimiento del Superior competente.

Semi-público: Aquellos que han sido erigidos para la utilidad de alguna comunidad o reunión de fieles y no es libre a cualquiera acceder a ellos.

Privado: Dentro de este grupo encontraríamos las capillas privadas. Son establecidos en casas particulares para su uso por parte de alguna familia o persona, es decir una capilla, no es más que un lugar destinado a la oración y piedad doméstica. Los oratorios de obispos y cardenales tienen los privilegios de los oratorios semi-públicos.

Vocabulario religioso: Capilla

Se llama capilla a un templo que se encuentra dentro de un territorio parroquial y que no es el templo principal o parroquial.

Una capilla es un tipo de iglesia que puede ser independiente o formar parte de una estructura o edificio mayor.

El nombre de capilla, en cuanto lugar dedicado al culto divino, proviene según algunos de la capa de san Martín que los reyes de Francia llevaban antiguamente a la guerra y hacían colocar en una tienda de campaña que tomó de aquí la denominación de capilla y los que la guardaban eran los capellanes.

La palabra “capilla” viene del latín “capella”, diminutivo de capa. “Capella” era el recinto donde se guardaba como reliquia un trozo de la capa de san Martín de Tours. La voz “capella” se fue extendiendo a todos los oratorios que tenían los monarcas. “Chapelle” en francés, sustituyó a “oratoire”, del latín “oratorium”.

Según otros, su origen está en la palabra latina capella que significa cabra o cabala, porque antiguamente se cubrían con pieles de estos animales las ermitas y pequeñas iglesias, y se llamaba capella todo edificio que estaba cubierto con pieles de cabras.

Pero también las Capillas pueden estar alojadas dentro de las iglesias, y son secciones diferentes del altar mayor, generalmente están situadas entre el ambulatorio y el crucero, ocupan asimismo el espacio ofrecido por las naves laterales en la típica iglesia de planta basilical, aunque también pueden presentarse como pequeñas salas con entrada independiente.

Vocabulario religioso: SANTUARIO

Santuario del Señor de Esquipulas, Guatemala

Santuario de Aparecida, Brasil

Santuario de Ntra. Sra. de Knock, Irlanda

Un santuario es una iglesia u otro lugar sagrado donde se conserva una reliquia, como el Santuario de San Judas, en Baltimore; o donde ha tenido lugar una aparición, como el Santuario de Nuestra Señora de Knock en Irlanda o en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México; o cuando un acontecimiento histórico de la fe ha tenido lugar, como el Santuario de la Virgen de los Mártires en Auriesville, Nueva York, donde fueron martirizados los primeros misioneros jesuitas.

Un santuario también puede ser un lugar designado para fomentar la creencia o la devoción; por ejemplo, la Basílica Santuario de la Inmaculada Concepción fue construida para fomentar la devoción a nuestra Santísima Madre en los Estados Unidos, sobre todo porque ella es la patrona de norteamérica, con el título de la Inmaculada Concepción.

Los Santuarios son regulados por el obispo local, y los santuarios nacionales están designados como tales por la Conferencia Nacional de Obispos.

Vocabulario religioso: Diócesis titular

Una diócesis titular en la Iglesia Católica Romana es un obispado o arzobispado del que hoy existe únicamente su título y es conservado su recuerdo.

Se la concede a un obispo o arzobispo, quien no es un ordinario diocesano, sino que es un dignatario de la Curia Romana, un obispo auxiliar o el jefe de una jurisdicción misional como, por ejemplo, un vicariato apostólico.

PARA SABER MÁS:  
La diócesis   

Vocabulario religioso: La diócesis

La diócesis es el distrito o territorio cristiano en que tiene y ejerce su autoridad (jurisdicción eclesiástica) un prelado: arzobispo, obispo, etc.

El nombre proviene de tiempos de los romanos, ya que se le designaba el nombre de diócesis a las divisiones administrativas posteriores al siglo III.

Un templo pertenece a una parroquia. Varias parroquias agrupadas suelen pertenecer a un decanato o arciprestazgo, los cuales agrupados pertenecen a una diócesis. Las diócesis se pueden agrupar, a su vez, en provincias eclesiásticas, a la cabeza de las cuales se halla una archidiócesis.

Cuando una diócesis carece de pastor (el obispo), se dice que está vacante o impedida.

El término diócesis es utilizado por distintas iglesias cristianas, siendo la más extendida la Iglesia Católica, cuyo Código de Derecho Canónico la define en el canon 369 como:

“La diócesis es una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una santa, católica y apostólica”.

PARA SABER MÁS:  
Diócesis titular  

Vocabulario religioso: CATEDRAL

Catedral de Burgos, España

Catedral de París, Francia

Catedral de Los Ángeles, USA

Una catedral es la iglesia principal de una diócesis y en sí misma también una iglesia parroquial. El obispo es el pastor de la catedral pero puede nombrar a un rector para gestionar sus asuntos espirituales y temporales. La palabra catedral viene del latín cathedra.

La cátedra representa la posición y la autoridad del obispo y el lugar en el que reside en el territorio de su jurisdicción. La cátedra se encuentra dentro de la catedral, cerca del altar, a menudo en el ábside.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Cátedra  
Diócesis  

¿Qué es una basílica?

Forma arquitectonica basilical: rectangular, alargada con una o más naves y columnatas orientadas en sentido longitudinal hacia el altar y el ábside que se situaban en la cabecera de ese rectangulo. 

Título concedido a las iglesias cristianas que destacan por su capacidad, historia y significado para la vida de fe de la comunidad cristiana.

CATEDRAL BASILICA DE SANTA FE (New Mexico, USA)
BASILICA DE SAN ANTONIO (Padua, Italia)
BASILICA DE SAN MARCOS (Venecia, Italia)

BASILICA DE SAN NICOLAS DE BARI (Bari, Italia)
BASILICA DE SAN PEDRO (Ciudad del Vaticano)
BASILICA DE SANTA TERESITA DE LISIEUX (Lisieux, Francia)
BASILICA DEL SAGRADO CORAZON DE JESUS (Paris, Francia)
LA BASÍLICA

La estructura de la basílica fue desarrollada por los antiguos romanos para sus salas públicas monumentales situadas en los foros, o plazas públicas.

Estrictamente hablando, la basílica es un paralelogramo,
Los cuatro tipos de paralelogramo. 
En el sentido de las agujas del reloj: 
cuadrado, rombo, romboide y rectángulo. 
El cuadrado y el rectángulo son paralelogramos rectángulos, 
mientras que los otros dos son paralelogramos no rectángulos.

con la anchura del edificio no siendo ni mayor que la mitad ni menor que un tercio de la longitud. 

En un extremo estaba la entrada con un pórtico, y en el otro extremo estaba el ábside. 



Había un pasillo principal flanqueado a ambos lados por un pasillo (o dos, o incluso tres) con columnas de separación entre los pasillos. 

El techo de la nave principal era mayor que el de las naves laterales, se añadían un cuerpo de luces encima de las columnas para permitir que la luz entrara en la basílica. Existen numerosos ejemplos de basílicas antiguas, sobre todo en Italia.

Cuando se le permitió a la Iglesia tener “iglesias”, después de la legalización del cristianismo, la forma basílica se adaptó fácilmente. En realidad, muchas de las antiguas basílicas públicas o basílicas templo paganos se transformaron en iglesias: la cátedra del obispo o trono, se encuentra en el ábside flanqueado por los asientos para el clero. En frente de la cátedra estaba el altar, con un dosel o baldaquino sobre él. Cerca del altar estaba el púlpito.

Debido al tamaño de la basílica, el Santísimo Sacramento estaba reservado en una capilla lateral, o incluso en un tabernáculo suspendido cerca del altar.

La congregación se reunía en el pasillo principal, en la nave central.

Las basílicas de la Iglesia por lo general tenían un patio cerrado con una columnata; en la explanada había un pozo donde los fieles podían lavarse las manos y los labios antes de entrar para la misa. 

Posteriormente se hicieron modificaciones en el estilo romano estricto – como la adición de cruceros – durante el románico y el gótico.

Más tarde se utilizó el término “basílica” para identificar a las iglesias de importancia histórica y espiritual. Por lo general, estas iglesias están construidas en el estilo basílica, pero el criterio clave es que son lugares de importancia histórica y espiritual. 

El Santo Padre designa oficialmente una iglesia como una “basílica.” Por lo tanto, cuando se habla de la Basílica de San Pedro en Roma, el título de “Basílica” se refiere a la importancia histórica y espiritual de la iglesia misma y al honor que le da el Papa.

Tradicionalmente, una basílica ha mostrado un conopoeum o pabellón (algo que parece un gran paraguas) hecho con la alternancia de paneles de seda de color blanco y amarillo, los colores del gobierno papal, y rematado con una cruz; este conopoeum fue utilizado originalmente para albergar al patriarca.

Otros ítems de la basílica tradicional son la clochetta (una especie de dispositivo musical compuesto por un mango, una campana, y la insignia de la basílica, que se utiliza en la procesión) y la cappa magna (una capa violeta usada por los cánones – los funcionarios de la basílica – durante los servicios litúrgicos).

Por último, cada basílica tiene una “puerta santa”, que se abre sólo durante el tiempo de peregrinación especial declarado por el Santo Padre. Por ejemplo, el año 2000 fue declarado “Año Santo”, y se abrió la puerta santa de la Basílica de San Pedro (al igual que las puertas santas de todas las demás basílicas). También se le concede a los peregrinos que visitan las basílicas y cumplen los demás requisitos indulgencias especiales. Y en 2015 se abre el 8 de diciembre para el Jubileo de la Misericordia.

Tradicionalmente, también se hace una distinción entre una gran basílica y una menor. Las siete basílicas mayores están en Roma: 

San Pedro en el Vaticano, 
San Juan de Letrán, 
Santa María la Mayor, 
San Pablo Extramuros, 
San Lorenzo, 
San Sebastián 
Santa Cruz en Jerusalén. 

Las primeras cuatro de estas basílicas técnicamente se llaman las “basílicas mayores primarias”. Estas basílicas más importantes siguen siendo las iglesias de peregrinación más importantes cuando se visita Roma.

Una basílica menor es cualquier otra iglesia importante de Roma o en todo el mundo que ha sido designada oficialmente como “basílica” por el Santo Padre. Un ejemplo de una basílica menor es la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington o la Basílica del Sagrado Corazón, en Hanover, Pennsylvania.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Basílica de Letrán  

Juan 2:13-22 Claves de lectura

Juan 2:13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará. Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.

— Claves de lectura

• El Contexto:

Nuestro pasaje contiene una enseñanza clara e inequívoca de Jesús en el templo. Anteriormente, Juan Bautista había dado testimonio de Jesús diciendo que era el mesías (1,29); los primeros discípulos, tras la indicación del Bautista, lo reconocen como el Cordero de Dios, que era una nota mesiánica: inaugurar una nueva pascua y una nueva alianza, realizar la definitiva liberación del hombre (Jn 1,35-51); en Caná, Jesús hace su primer milagro para manifestar su gloria (Jn 2,1-12): la gloria se torna visible, puede ser contemplada, es decir, se manifiesta. Es la gloria del Padre, presente en la persona de Jesús, manifestada al inicio de su actividad, como anticipo de su “hora” (17,1).

¿En qué manera se manifiesta su gloria? Dios establece gratuitamente con el hombre una nueva relación; lo une íntimamente a él dándole la capacidad de amar como Él por medio del Espíritu que purifica el corazón del hombre y lo hace hijo de Dios. Es necesario, sin embargo, reconocer el amor inmutable de Dios manifestado en Jesús, respondiendo con fe, o sea, con una adhesión personal.

• Jesús y el templo:

Ahora Jesús se encuentra en Jerusalén, en el templo, y, dando cumplimiento a la profecía de Malaquías (Ml 3,1-3), se proclama mesías. Esta presencia de Jesús y sobre todo su enseñanza produce una tensión.

Ahora comprenderá el lector que las grandes disputas con los judíos tengan lugar siempre en el templo; en este lugar proclama Jesús sus denuncias sustanciales; su misión es conducir al pueblo fuera del templo (2,15; 10,4).

En el fondo, Jesús es condenado porque representa un peligro para el templo y para el pueblo. Jesús va a Jerusalén con ocasión de la Pascua de los judíos: es una ocasión clamorosa para manifestarse en público y para revelar a todos que él es el mesías.

En aquella fiesta, Jerusalén está llena de peregrinos llegados de todas partes y por tanto su proceder habría tenido resonancia en toda Palestina. Llegando a Jerusalén, se traslada al templo donde realizan su trabajo diversos tipos de vendedores y cambistas… El encuentro en el templo no se realiza con personas que buscan a Dios, sino con comerciantes de lo sagrado: el importe por instalar los puestos de venta era entregado al sumo sacerdote. Jesús escoge esta ocasión (la pascua) y este lugar (el templo) para ofrecer un signo. Toma un látigo, instrumento que simbolizaba al mesías castigando los vicios y las prácticas malvadas, y expulsa a todos del templo junto con las ovejas y los bueyes.

Es digna de notar su polémica contra los vendedores de palomas (v.12). La paloma era un animal que se usaba en los holocaustos propiciatorios (Lv 1,14-17), en los sacrificios de expiación y de purificación (Lv 12,8; 15,14.29), sobre todo si los que lo ofrecían eran pobres (Lv 5,7; 14,22.30ss). Aquí, los comerciantes venden las palomas, es decir, venden por dinero la reconciliación con Dios.

• La casa de mi Padre: 

La expresión indica que, en su obrar, Jesús se comporta como Hijo, que Él representa al Padre en el mundo. Han transformado el culto a Dios en comercio. El templo no es ya el lugar del encuentro con Dios, sino un mercado donde vige la presencia del dinero. El culto se ha convertido en pretexto para el lucro. Jesús ataca la institución central de Israel, el templo, símbolo del pueblo y de la elección. Denuncia que ha sido usurpada al templo su función histórica: ser símbolo de la morada de Dios en medio de su pueblo.

La primera reacción al gesto de Jesús viene de parte de los discípulos, que lo asocian al salmo 69,10: “El celo por tu casa me devorará”. La segunda reacción viene de parte de los sumos sacerdotes, que reaccionan en nombre de los vendedores: “Qué señal nos muestras para hacer estas cosas” (V.18). Le piden un signo; él les da el de su muerte: “Destruid este templo y en tres días lo reedificaré” (v.19).

Jesús es el templo que asegura la presencia de Dios en el mundo, la presencia de su amor; la muerte en cruz hará de Él el templo único y definitivo de Dios. El templo construido por manos de hombre ha caído; Jesús lo sustituirá, porque Él es ahora la presencia de Dios en el mundo; en Él está presente el Padre.

Fuente: ocarm.org

Jesús expulsa a los vendedores del Templo, por Luis Antequera


El episodio de la entrada de Jesús en el Templo es un episodio de gran singularidad en el relato evangélico. Para empezar, es el único en el que Jesús ejerce violencia, tanto así que resulta el favorito de cuantos “exégetas” quieren presentar los evangelios como la crónica de un movimiento político antirromano o partidario de la instauración de una nueva dinastía más o menos entroncada con el añorado Rey David. Como quiera que sea, en toda la demás violencia que narran los evangelios, Jesús es un mero testigo, cuando no directamente la víctima (como sucede en la Pasión, pero no sólo).

En segundo lugar, es un episodio que narran los cuatro evangelistas.

En tercer, y a pesar de lo dicho arriba, el relato que hace cada uno de los evangelios es muy diferente. Lucas es el que menos espacio le dedica:

“Entró en el Templo y comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: ‘Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!’” (Lc 19,45-46).

Entre los sinópticos, Marcos hace un relato muy vívido, que Mateo copia casi completo:

“Entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: ‘¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!’” (Mc 11,15-17, similar a Mt 21,12-13).

Y Juan hace el relato más descriptivo y dramático:

“Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado’.” (Jn 2,14-16)

Pero lo más curioso de todo es a lo que nos referimos en cuarto lugar, a saber, el emplazamiento cronológico del evento. Así, Mateo y Lucas lo sitúan en el mismo domingo de ramos en el que Jesús entra en Jerusalén, y por lo tanto, cinco días antes de ser crucificado. Mateo dice:

“Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: ‘¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Hosanna en las alturas!’ Y al entrar él en Jerusalén […] entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo […]” (Mt 21,7-12)

Y Lucas:

“Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino. Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto. Decían: ‘¡Bendito el rey que viene  en nombre del Señor! Paz en el cielo  y gloria en las alturas’. […] Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella […] Entró en el Templo y comenzó a echar fuera a los que vendían […]” (Lc 19,36-44).

Marcos –como, por cierto, estamos haciendo nosotros tal día como hoy- lo sitúa un día después que sus colegas sinópticos, es decir, al día siguiente de la entrada mesiánica en Jerusalén, el lunes, segundo día de la semana hebrea, sólo cuatro días antes de que Jesús colgara en la cruz:

“Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!’ Y entró en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania. Al día siguiente, […] llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían […]” (Mc 11,8-15).

Y Juan, siempre original hasta cuando decide serlo menos, como es el caso, extrae el episodio de las escenas de la pasión y en vez de colocarlo como culminación del ministerio del Nazareno, según hacen sus colegas sinópticos, una vez más se da el gustazo de corregir su versión de los hechos y lo coloca como apertura del mismo, durante la primera de las tres pascuas que Jesús pasa en Jerusalén (recuérdese, a los efectos, que en los sinópticos todo el ministerio de Jesús se sustancia en una pascua, no en tres), su primera manifestación mesiánica no siendo el milagro “precipitado” e “inesperado” que tiene que realizar en las bodas de Caná:

“Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo […]”, (Jn 2,13-15).

Y bien amigos, con estas historias, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. También en esta semana tan especial. Nos vemos mañana. Aquí, en la columna.

Fuente: religionenlibertad.com

Juan 2,13-22: El verdadero templo, por M. Dolors Gaja, MN

Juan 2,13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: el celo de tu casa me devora. Los judíos entonces replicaron diciéndole: «Qué signo nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. (Juan 2,13-22)

EL QUE NOS ROMPE ESQUEMAS

Tenemos una imagen tan edulcorada de Jesús, nos hemos construido una idea tan empalagosa de ese Jesús paciente, misericordioso y tierno que la escena de hoy nos descoloca y nos incomoda. No obstante, no se trata de la respuesta emocional de Jesús ante un hecho que le desagradaba – el mercadeo en el Templo- sino de su capacidad de partir de la realidad para hacer un signo.

Maticemos en primer lugar que el templo de Jerusalén tenía sus espacios para la venta de animales pues los sacrificios rituales eran habituales. Impensable para un judio invadir el espacio sagrado. Así pues ¿por qué se enfada Jesús?

MÁS QUE UN ENFADO

La profecía de Zacarías hablaba de la venida del Mesias anunciando que “en aquel día no habrá más mercader en la casa de Jehová de los ejércitos”(Zac 14,21). Al expulsar del templo a los mercaderes Jesús deja claro que comienza la era del Nuevo Templo. El antiguo, ese que tardó en construirse tantos años, ha caducado ya. Dios se manifiesta en el Templo que es Jesús.

Al expulsar también a los animales Jesús quiere dejar claro que la única víctima capaz de redimir a la humanidad es Él. Él es, a la vez, Templo, víctima y altar.

LA DIGNIDAD DE LA PERSONA

Hablamos mucho de la dignidad de todo ser humano pero esa afirmación hay que sustentarla. El cristiano tiene claro que nuestra dignidad radica en ser “templos del Espíritu Santo”. En ese sentido es preciso expulsar de nuestro corazón todo aquello que nos envilece y no convertir nuestra interioridad en un mercado. “Que Dios nunca sienta añoranza del cielo en tu corazón”...

LA RESURRECCIÓN

Los discípulos que acompañaban a Jesús debieron quedarse desconcertados. También a ellos se les rompen esquemes. Pero como María, guardan en su corazón, y solo después entienden lo que quería expresar Jesús. “Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron...”

Habría que saber leer la vida a la luz de la resurrección. Interpretar el día a día acordándose, volviendo a pasar por el corazón, la definitiva victoria de Cristo. Quizá entonces “creeríamos”...

EL TEMPLO DE HOY

El templo, que duda cabe, centraba toda la actividad de Jerusalén. Y la del judio que, aunque viviera lejos, peregrinaba, por lo menos en Pascua, al santo lugar. El templo regía la vida.

Es pues día de preguntarnos a qué templos vamos, qué templos erigimos, qué templos frecuentan los jóvenes. Se han apuntado como Nuevos templos los estadios de fútbol, las bolsas, los centros Comerciales...

Es día de reflexionar qué o quién rige nuestra vida.

Noviembre 9: Dedicación de la basílica de Letrán

domingo, 8 de noviembre de 2015

Marcos 12,38-44: "Esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie"

Marcos 12,38-44
Sábado de la 9 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II


En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

SOBRE EL MISMO TEMA:

Marcos 12,38-44: Claves de lectura


En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»


CLAVES DE LECTURA:

— El contexto en tiempos de Jesús:

El texto de Marcos 12,38-44 relata la parte final de las actividades de Jesús en Jerusalén (Mc 11,1 a 12,44). Fueron días muy intensos, llenos de conflictos:

• expulsión de los mercaderes del Templo (Mc 11,12-26)
•discusiones con las autoridades: (Mc 11,27 a 12,12)
• con los fariseos, herodianos y saduceos (Mc 12,13-27)
• con los doctores de la ley (Mc 12,28-37).

El texto de este domingo (Mc 12,38-44) nos presenta una última palabra crítica de Jesús respecto al mal comportamiento de los doctores de la ley (Mc 12,38-40) y una palabra de elogio respecto al buen comportamiento de la viuda. Casi al término de su actividad en Jerusalén, sentado delante del tesoro donde se recogía las limosnas del Templo, Jesús llama la atención de los discípulos sobre el gesto de una pobre viuda y les enseña el valor del compartir (Mc 12,41-44)

— El contexto en tiempos de Marcos

En los primeros cuarenta años de la historia de la Iglesia, desde los años 30 al 70, las comunidades cristianas eran, en su mayoría, formadas por gente pobre (1Cor 1,26). Poco después se les agregaron también personas más ricas o que tenían varios problemas.

Las tensiones sociales, que marcaba el imperio romano, comenzaron también a despuntar en la vida de las comunidades. Estas divisiones, por ejemplo, surgían, cuando las comunidades se reunían para celebrar la cena (1Cor 11,20-22) o cuando había alguna reunión (Sant 2,1-4). Por esto, la enseñanza del gesto de la viuda era para ellos actual. Era como mirarse al espejo, porque Jesús compara el comportamiento de los ricos y el comportamiento de los pobres.

— El contexto hoy

Jesús elogia a una pobre viuda porque sabe compartir más y mejor que todos los ricos. Muchos pobres de hoy hacen la misma cosa. La gente dice: "El pobre no deja nunca morir de hambre a otro pobre." Pero a veces ni siquiera esto es verdad. Doña Crisanta una señora pobre de la campiña se trasladó a la periferia de una gran ciudad, decía: "Allí, en la campiña, yo era muy pobre, pero tenía siempre algo para compartir con un pobre que tocaba a la puerta. Ahora que me encuentro en la ciudad, cuando veo a un pobre que viene a llamar a mi puerta, me escondo por la vergüenza porque no tengo nada que compartir”. Por un lado la gente rica que tiene de todo y por otro la gente pobre que no tiene casi nada para compartir, excepto lo poco que tienen.

— Comentario del texto

Marcos 12,38-40: Jesús critica a los doctores de la ley:

Jesús llama la atención a los discípulos sobre el comportamiento hipócrita y aprovechado de algunos doctores de la ley. “Doctores” o Escribas eran aquellos que enseñaban a la gente la Ley de Dios. Pero enseñaban de palabra, porque el testimonio de sus vidas mostraba lo contrario. A ellos les gustaba deambular por las plazas con largas túnicas, recibir el saludo de la gente, ocupar los primeros puestos en las sinagogas y en los banquetes. Eran personas que usaban su ciencia y su profesión como medio para subir la escala social y enriquecerse, y no para servir. A ellos les gustaba entrar en las casa de las viudas y recitar largas oraciones en cambio de dinero. Y Jesús termina diciendo: ¡Esta gente recibirá un juicio severo!”

Marcos 12,41-42: La limosna de la viuda:

Jesús y los discípulos, sentados ante el tesoro del Templo, observaban a las personas que colocaban en el tesoro sus limosnas. Los pobres echaban pocos centavos, los ricos arrojaban monedas de gran valor. El tesoro del templo se colmaba de dinero.

Todos aportaban algo para el mantenimiento del culto, para sostener a los sacerdotes y para la conservación del Templo mismo. Parte de este dinero era usado para ayudar a los pobres, porque entonces no existía la asistencia social. Los pobres dependían de la caridad pública.

Los pobres más necesitados eran los huérfanos y las viudas. Ellos no poseían nada. Dependían del todo de la caridad de los otros. Pero aunque no tenían nada se esforzaban para compartir con los otros lo poco que tenían. Así pues, una viuda muy pobre deposita su limosna en el tesoro del templo. ¡Sólo unos céntimos!

Marcos 12, 43-44: Jesús muestra dónde se manifiesta la voluntad de Dios:

¿Qué vale más: los dos céntimos de la viuda o las miles de monedas del rico? Para los discípulos, las miles de monedas de los ricos eran mucho más útiles para hacer caridad, que los dos céntimos de la viuda. Ellos pensaban que el problema de la gente se podría resolver con mucho dinero.

Cuando la multiplicación de los panes, ellos habían dicho a Jesús: “Señor, ¿qué quieres que compremos con doscientos denarios para dar de comer a tanta gente?” (Mc 6,37). En efecto, para aquéllos que piensan así, los dos céntimos de la viuda no servía para nada. Pero Jesús dice: “Esta viuda ha echado en el tesoro más que todos los otros”. Jesús tiene criterios diversos.

Llamando la atención de los discípulos sobre el gesto de la viuda, enseña dónde ellos y nosotros debemos buscar la manifestación de la voluntad de Dios, a saber, en el compartir. Si hoy compartiésemos nuestros bienes, que Dios ha puesto en el Universo a disposición de la humanidad, no habría ni pobres, ni hambre. Habría suficiente para todos y sobraría también para muchos otros.

— Ampliando informaciones: Limosnas, compartir, riquezas

La práctica de dar limosna era muy importante para los judíos. Era considerada “una buena acción” (Mt 6,1-4), porque la ley del Viejo Testamento decía: “Puesto que los necesitados no faltarán nunca en el país; por esto yo te doy este mandato y te digo: Abre generosamente la mano a tu hermano pobre y necesitado en tu país” (Dt 15,11).

Las limosnas, puestas en el tesoro del templo, tanto para el culto como para el mantenimiento del templo o para los necesitados, los huérfanos y las viudas, eran consideradas como acciones gratas a Dios. Dar limosnas era una forma de compartir con los otros, un modo de reconocer que todos los bienes y dones pertenecen a dios y que nosotros somos administradores de estos bienes, de modo que haya vida en abundancia para todos.

Fue a partir del Éxodo cuando el pueblo de Israel se dio cuenta de la importancia de la limosna, del compartir. La caminata de cuarenta años a través del desierto fue necesaria para superar el proyecto de acumulación que venía desde el faraón de Egipto y que estaba bien presente en la cabeza de la gente. Es fácil salir del país del faraón. Pero es difícil librarse de la mentalidad del faraón.

La ideología de los grandes es falsa y engañosa. Ha sido necesario experimentar el hambre en el desierto para aprender que los bienes necesarios para la vida son para todos. Y esto es la enseñanza del Maná: “Aquel que había cogido de más, no tenía mucho, aquel que había cogido de menos no le faltaba” (Éx 16,18).

Pero la tendencia a la acumulación era continua y muy fuerte. Y renace casi siempre en el corazón humano. Precisamente en esta tendencia a la acumulación se formaron los grandes imperios de la historia de la humanidad. El deseo de poseer y de acumular está en el corazón de estos imperios y reinos humanos.

Jesús muestra la conversión necesaria para entrar en el reino de Dios. Dice al joven rico: “Ve, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres” (Mc 10,21). Esta misma exigencia se repite en los otros evangelios: “ Vended lo que tenéis y dadlo en limosnas; haceos bolsas que no envejecen, un tesoro inexhausto en los cielos, donde los ladrones no llegan y no lo consume el moho. (Lc 12,33-34; Mt 6,9-20). Y añade una razón a esta exigencia: “Porque donde está tu tesoro, allí estará también vuestro corazón”

La práctica del compartir, de la limosna y de la solidaridad es una de las características que el Espíritu de Jesús, comunicado en Pentecostés (Act 2,1-13), quiere realizar en las comunidades. El resultado de la efusión del Espíritu es precisamente esto: “Ninguno entre ellos pasaba necesidad, porque cuantos poseían haciendas o casas las vendían, llevaban el importe de todo lo vendido y lo dejaban a los pies de los apóstoles” (Act 4,34-35ª; 2,44-45). Estas limosnas recibidas por los apóstoles no se acumulaban, sino que ”se distribuía a cada uno según su necesidad” (Act 4,35b; 2,45).

La entrada de los ricos en la comunidad cristiana, por un lado hacía posible la expansión del cristianismo, ofreciendo mejores condiciones al movimiento misionero, pero de la otra, la acumulación de bienes blocaba el movimiento de solidaridad y del compartir provocado por la fuerza del Espíritu en Pentecostés.

Santiago quiere ayudar a algunas personas a entender el camino errado que han emprendido: “Y ahora vosotros ricos; llorad y gritad por las desventuras que os sobrevendrán. Vuestras riquezas están podridas, vuestros vestidos serán devorados por la polilla” (Sant 5,1-3). Para aprender el camino del Reino, todos tienen necesidad de convertirse en alumnos de aquella pobre viuda, que compartió lo que tenía, lo necesario para vivir.

Fuente: ocarm.org

Mc 12,38-44 por José Antonio Pagola


En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

— Comentario por José Antonio Pagola: Contraste

El contraste entre las dos escenas es total. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los escribas del templo. Su religión es falsa: la utilizan para buscar su propia gloria y explotar a los más débiles. No hay que admirarlos ni seguir su ejemplo. En la segunda, Jesús observa el gesto de una pobre viuda y llama a sus discípulos. De esta mujer pueden aprender algo que nunca les enseñarán los escribas: una fe total en Dios y una generosidad sin límites.

La crítica de Jesús a los escribas es dura. En vez de orientar al pueblo hacia Dios buscando su gloria, atraen la atención de la gente hacia sí mismos buscando su propio honor. Les gusta «pasearse con amplios ropajes» buscando saludos y reverencias de la gente. En la liturgia de las sinagogas y en los banquetes buscan «los asientos de honor» y «los primeros puestos».

Pero hay algo que, sin duda, le duele a Jesús más que este comportamiento fatuo y pueril de ser contemplados, saludados y reverenciados. Mientras aparentan una piedad profunda en sus «largos rezos» en público, se aprovechan de su prestigio religioso para vivir a costa de las viudas, los seres más débiles e indefensos de Israel según la tradición bíblica.

Precisamente, una de estas viudas va a poner en evidencia la religión corrupta de estos dirigentes religiosos. Su gesto ha pasado desapercibido a todos, pero no a Jesús. La pobre mujer solo ha echado en el arca de las ofrendas dos pequeñas monedas, pero Jesús llama enseguida a sus discípulos pues difícilmente encontrarán en el ambiente del templo un corazón más religioso y más solidario con los necesitados.

Esta viuda no anda buscando honores ni prestigio alguno; actúa de manera callada y humilde. No piensa en explotar a nadie; al contrario, da todo lo que tiene porque otros lo pueden necesitar. Según Jesús, ha dado más que nadie, pues no da lo que le sobra, sino «todo lo que tiene para vivir».

No nos equivoquemos. Estas personas sencillas, pero de corazón grande y generoso, que saben amar sin reservas, son lo mejor que tenemos en la Iglesia. Ellas son las que hacen el mundo más humano, las que creen de verdad en Dios, las que mantienen vivo el Espíritu de Jesús en medio de otras actitudes religiosas falsas e interesadas. De estas personas hemos de aprender a seguir a Jesús. Son las que más se le parecen.

DOMINGO DE LA 32 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B por la Comunidad Agustiniana del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

1 Reyes 17,10-16
Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor
Hebreos 9,24-28
Marcos 12,38-44

1 Reyes 17,10-16

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.» Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.» Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."» Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. 
R. Alaba, alma mía, al Señor

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. 
R. Alaba, alma mía, al Señor

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. 
R. Alaba, alma mía, al Señor

Hebreos 9,24-28

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecia sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos. 

Marcos 12,38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

— Comentario por Comunidad Agustiniana del Monasterio de San Lorenzo del Escorial

“Las lecturas bíblicas son siempre como un espejo en el que mirarnos”, decía el liturgista Aldazábal. Y hoy nos presentan dos escenas paralelas entrañables y conmovedoras: dos mujeres pobres y generosas, dos viudas sin seguridad social, ni pensión de jubilación, dos personas insignificantes que hoy nunca serían entrevistadas por periodistas ni perseguidas por cámaras de televisión, porque no son de alta sociedad, ni ricas, ni jóvenes ni guapas, ni divorciadas. Pero de una talla moral digna de gran elogio.

Tal es, en la lectura del Primer Libro de los Reyes 17,10-16, una viuda pagana de Sarepta en fenicia (hoy Líbano), que ayuda con un vaso de agua y un pan al hambriento y sediento profeta Elías (s. IX a.C.), exiliado por la autoridad civil del rey Acab y su esposa fenicia Jezabel, por ser agorero, por haber anunciado una sequía de tres años y medio como castigo a causa el culto idolátrico al dios Baal.

Y otra es una viuda judía en el evangelio que pone en el cepillo del templo dos monedillas , la moneda más ínfima del sistema monetario en circulación, equivalente a dos leptas para judíos o un cuadrante para greco-romanos o dos reales (media peseta) para españoles o menos de una centésima de euro para europeos de hoy).

Ambas viudas pobres, pero generosas, coinciden en ofrecer poco, pero dan, no de lo que les sobra, sino de lo que les hace falta. Eso es donación vital. Y así se lo hace saber Jesús a sus discípulos: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir (Mc 12,43-44).

Jesús valora la calidad sobre la cantidad, la humildad del innominado sobre la altanería de ricachos escribas. Jesús distingue la caridad auténtica de otras seudocaridades que ocultan injusticias. Serán humanitarismo, que está bien, pero no amor vital, que está mejor.

El modelo de este amor vital es el de Cristo-Jesús de la segunda lectura, tomada de la Carta a los Hebreos, que no habla de entrega de lo que tengo sino de la entrega de lo que soy, donación vital de Jesucristo al Padre para salvación de la humanidad.

Y así se nos dice que Cristo se ha manifestado una sola vez, al final de los tiempos, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo (Heb 9,26). Encarnación al final de los tiempos que san Pablo, interpreta como “plenitud del tiempo” (Gál 4,4), es decir, en palabras de un filósofo y teólogo español, el tiempo en su plenitud de los grandes pensadores del siglo V a.C. en la cultura bíblica y greco-romana, plenitud de la razón filosófica, que declinaba al limitarse a comentar la doctrina de sus maestros.

Entonces vino el evangelio sobrenatural –que no es antihumanismo, sino superhumanismo cristiano– a perfeccionar lo que el evangelio de la razón natural no sabía ya completar, convirtiéndose así el Verbo humanado en eje de la historia.

Y así hoy citamos los sucesos en función del siglo I antes y después de Cristo. Ante estos testimonios divinos y humanos de entrega generosa solo cabe nuestra humilde oración:

Perdónanos, Padre, porque nuestras calculadoras no coinciden con tus matemáticas, porque donde nosotros sumamos cantidad, tu multiplicas calidad. Enséñanos hoy a conjugar más los verbos dar y compartir, que el de recibir. Ayúdanos a entregar a los demás amor y acogida, respeto y sonrisa, amistad y tiempo, comprensión y felicidad, alegría, vida y pan. En este “año de la misericordia”, que vamos a comenzar, danos ser de verdad misericordiosos con los más pobres y necesitados entregándonos más a ti y a los hermanos. Amén.

Fuente: monasteriodelescorial.com