sábado, 8 de abril de 2023

LA RESURRECCIÓN EN LA BIBLIA



La Resurrección es fundamental en la fe del cristiano que debe ser conocido y profundizado por todo creyente, particularmente en el tiempo pascual. Intentaremos en este estudio desglosar los distintos significados enmarcados por el mismo término e investigar su riqueza:

Etimología

El Nuevo Testamento es el tomo de la Biblia donde más se habla de la Resurrección. Para ello se emplea el término griego Anástasis (resurrección), que está emparentado con Anastao (sacar, levantar).

El vocablo castellano proviene del latín Resurrectio, que también tiene el significado de resurgir. De manera que resucitar significaría levantarse, salir o ser sacado de entre los muertos. Los muertos yacen acostados, por eso volver a la vida se entiende como levantarse.

La resurrección como fenómeno

El fenómeno de "volver a la vida" y la resurrección "bíblica" no son siempre la misma cosa, aunque están profundamente relacionados.

En Génesis 2,7 se describe el origen de la vida: el cuerpo es moldeado de arcilla y lo que da la vida es el soplo vital, el ruaj o pneuma (a la vez aliento y espíritu, en hebreo y griego). La muerte entonces se entendería como en la separación del principio vital del cuerpo (…porque eres polvo y al polvo retornarás. Gn 3,19).

En consecuencia, la resurrección sería la reunión de la materia corpórea con el "principio animador" o alma (cf. 1 Re 17,17ss; 2 Re 4,18-37). La imagen más extrema de la "vuelta a la vida" en el sentido corpóreo está figurada en la profecía de Ezequiel 37,1-10.

La resurrección: esperanza en el Antiguo Testamento

Al explicar el origen del sufrimiento, el texto de Génesis 3 establece una relación causa-efecto entre el pecado y la muerte. Todo lo que implicaba enfermedad o muerte era visto como producto del pecado, mientras que, por una analogía inversa, todo lo bueno (salud, prosperidad) era visto como señal de bendición.

De allí se derivó en el antiguo Israel el concepto de teología retributiva, que quiere decir que Dios te da salud, descendencia y bienes materiales en la medida en que gozas de su favor por tus oraciones, sacrificios y ofrendas (un ejemplo de ello es el desconcierto de Job frente a la prueba: si Job era justo ¿por qué pierde todo?).

El "punto débil" de la teología de la retribución está en la muerte: ¿acaso la mayor bendición no es la vida? ¿De qué te vale tener bienes si igual has de morir? Y si irremisiblemente mueres ¿para qué sirve vivir? ¿Qué sucede al creyente al morir? (Qo 3;12,7)

¿Qué diferencia existiría entonces entre ser bueno y ser malo si todos mueren igualmente? La inserción de estas reflexiones en el pensamiento teológico de Israel dio paso a una nueva etapa en la Revelación donde la muerte se empezó a entender como un nuevo estadio (el Seol) (Sir 17,25ss) y la resurrección se fue perfilando como una nueva esperanza (Is 26,19; Os 13,14) para los que son fieles a Yahvé. Dios se convierte entonces en el liberador de Israel de las garras de la muerte (Is 25,8). Esta certeza de una vida futura es ya un hecho en la época de los Macabeos (2 Ma 7).

Jesús y la resurrección

Sólo un profeta poderoso como Elías podía resucitar a un muerto. Jesús no solo resucitó a la hija de Jairo (Mt 9,18-26), sino que superó a Elías al resucitar un cadáver con 4 días de descomposición (Jn 11,39).

También al morir Jesús, varios muertos resucitaron (Mt 27,52). Sin embargo lo más importante es que Jesús se identifica a sí mismo con la Resurrección (Jn 11,25-26) y tras anunciar su futura resurrección (Mc 8,31) la ejecuta (Mt 28; Mc 16; Lc 24; Jn 20).

La resurrección de Cristo no es solo una vuelta a la vida corpórea, sino un nuevo estado de vida en el cual Él posee un cuerpo real pero libre de las limitaciones materiales (come Lc 24,30.41-43; no está sometido al espacio ni al tiempo Mt 28,9.16-17; Lc 24,15.36; Jn 20,14.19.26;21,4; luce como desea Jn 20,14-15; Mc 16,12; Lc 24,16).

Jesús conserva las señales de su Pasión, aunque no todas (Lc 24,40; Jn 20,20.27), sino solamente las que le fueron hechas en la cruz, pues su sacrificio es eterno y está eternamente ligado a la raza humana.

Las víctimas ofrecidas en el altar del Templo se consumían, tras lo cual el oferente tenía la necesidad de una nueva víctima para expiar culpas futuras. Jesús conserva las señales que recibió en el altar de su sacrificio (la cruz); éstas no se borran porque el sacrificio de Cristo no es perecedero, sino que la ofrenda está siempre viva.

La Resurrección también implica el culmen de una misión. Al encarnarse Jesús se despoja de todo (Fil 2,6-8), al resucitar lo recobra todo por virtud de su entrega (Mt 28,18). A partir de ese momento es constituido Juez y Regente de todo lo creado (Ef 1,20-23).

La Resurrección también inaugura una nueva forma de economía o relación entre Jesús y su Iglesia, donde la Escritura y la Eucaristía vivida en Comunidad son los elementos fundamentales de encuentro con el Resucitado (Lc 24,13-35).

Un hecho curioso en la Resurrección es el famoso noli me tangere (no me toques) de Jn 20,17. Jesús no le dice a Magdalena "no me toques, que todavía no subo al Padre" como una prohibición de ser tocado. Tampoco lo dice porque era un fantasma. La traducción adecuada es "deja de tocarme, que todavía no subo al Padre".

La subida definitiva se realiza en la Ascensión, pero Juan se refiere a otro hecho: Resucitar es volver a la vida, pero ¿qué es la vida? "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, al único Dios verdadero y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17,3). No basta volver a la vida corporal, hay que reunirse con el Padre para vivir realmente.

La Resurrección para el creyente

Apocalipsis habla de dos resurrecciones (Ap 20,1-6), la primera es una resurrección en un sentido espiritual. Resucitar es "levantarse" no solamente del sepulcro sino también del pecado (Ef 5,14).

La primera resurrección hace mención al seguimiento voluntario, maduro y desinteresado de Jesucristo, que es en sí mismo una nueva vida orientada hacia las buenas obras (Rm 8,11.14-17), como sucedió con Pablo (Fil 3,8-16).

Todos resucitaremos en la segunda resurrección (es decir, la resurrección al final de los tiempos) lo creamos o no, pero el creyente que orienta su vida hacia Dios por la fe en la resurrección de Jesús (1 Co 15,1-34) resucitará para la vida eterna (1 Ts 4,14), en cambio el que se ponga voluntariamente en contra de Dios resucitará para la eterna condenación (Jn 5,29), que no es más que el dolor de la ausencia eterna de Dios en su vida.

Por tanto, la vida plena que posee el resucitado se convierte en un elemento interpelador para nosotros ¿qué clase de vida queremos vivir? De la manera en que vivas tu vida en el presente dependerá tu vida eterna.

La segunda resurrección traerá para quien opte por Jesús una vida nueva, gloriosa, distinta y plena (1 Co 15, 35ss). Un cuerpo glorioso para una vida gloriosa.

Fuente: www.diocesisdecanarias.es

Etimología de la palabra resurrección


En el Nuevo Testamento es donde más se habla de la Resurrección. Para ello se emplea el término griego Anástasis (resurrección), que está emparentado con Anastao (sacar, levantar).

El vocablo castellano proviene del latín resurrectio, que también tiene el significado de resurgir. La palabra resurrection viene de resurrectus, el participio de resurgere (volver a levantarse). Resurgere está compuesto del prefijo re–(hacia atrás) y surgere, el mismo que dio la palabra surgir.

De manera que "resucitar" significaría "levantarse", "salir" o "ser sacado de entre los muertos". Los muertos yacen acostados, por eso volver a la vida se entiende como "levantarse".

¿Cuándo se celebra la Pascua de Resurrección?


La Pascua de Resurrección celebra la resurrección de Jesucristo. La fecha de celebración varía entre el 22 de marzo y el 25 de abril puesto que tiene lugar el domingo siguiente a la primera luna llena de primavera del hemisferio norte.

Debido a los calendarios usados por la Iglesia Católica (calendario gregoriano) y las iglesias orientales (calendario juliano), la fecha de Pascua varía para cada iglesia.

Los primeros cristianos celebraban la Pascua de Resurrección el día de la Pascua judía, sin embargo, desde el Concilio de Nicea (325) la Iglesia separó la celebración de la Pascua judía de la cristiana.

La Pascua de Resurrección determina la fecha de celebración de otras fiestas: la Ascensión se celebra 40 días después y Pentecostés 10 días después de la Ascensión. La semana anterior a la Pascua de Resurrección es la Semana Santa. La Octava de Pascua es la semana que sucede al Domingo de Resurrección o de Pascua. El tiempo pascual es como se conoce a las semanas que van desde el Domingo de Resurrección hasta el de Pentecostés.

Semana Santa


Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Lunes santo
Miércoles santo

Viernes santo (ayuno y abstinencia)
Sábado santo de la sepultura del Señor

La gran fiesta cristiana de la Pascua


Socialmente las celebraciones de Semana Santa terminan el mismo domingo de Pascua, en que se apagan los cirios de los pasos y callan las trompetas y los tambores de las procesiones. Está claro que vivimos más un cristianismo de Viernes Santo que de Domingo de Resurrección, es decir, más doloroso que jubiloso. Sin embargo, la culminación de todas las celebraciones y “la fiesta de las fiestas” es la Vigilia Pascual. Las primeras comunidades cristianas la prolongaban durante toda la noche hasta que asomaba el sol por el horizonte, al que aclamaban como símbolo de Cristo, vencedor con su resurrección del pecado y de la muerte.

La Octava de Pascua

En la Vigilia Pascual tenía lugar la solemne celebración del bautismo de los catecúmenos. Los recién bautizados llevaban durante toda la semana túnicas blancas en señal de fiesta grande. La relevancia litúrgica responde a la teológica, y ha de ser la clave de la espiritualidad del cristiano. Estamos en el corazón mismo del misterio cristiano.

Hay comunidades cristianas que han recuperado esta celebración jubilosa y larga. Si los cincuenta días del tiempo pascual constituyen una sola y única fiesta, un “gran domingo”, según san Atanasio, la primera semana, la “octava”, goza de gran relieve, de modo que no se permite ninguna otra celebración.

Y es que la resurrección de Jesús no es un acontecimiento que le afecte únicamente a él, como si se tratara de la coronación de un héroe. En Jesús de Nazaret hemos resucitado todos pues somos un solo cuerpo (1 Co 15,23; 12,13). Él es la clave para entender al hombre y la historia; con él, la revelación llega a su plenitud y nace el hombre nuevo.

Por eso el anuncio (kerigma) de los apóstoles consistió en proclamar: “A Jesús lo crucificasteis y lo matasteis; Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte” (Hch 2,22-24). La pascua de Cristo nos señala el camino: “Si morimos con él, como el grano de trigo, entregando la vida, viviremos con él acumulando la vida que entregamos (2 Tm 2,11; Jn 12,24).

El Señor está con nosotros

Jesús, al resucitar, no ha emigrado a una lejana galaxia sino que ha iniciado una nueva forma de presencia espiritual que no está condicionada por las categorías de tiempo y espacio, y que por ello es omnipresencia (Mt 28,20).

La Pascua es celebración de esta presencia de Jesús resucitado y de su Espíritu entre nosotros. Éste es el sentido de los relatos pascuales, en los que se muestra a Cristo compartiendo con los suyos Palabra y Pan (Lc 24,30-32), pan y peces (Jn 21,13). Por eso Marcos levanta acta: “El Señor cooperaba confirmando el mensaje con las señales” (Mc 16,20).

Él se manifiesta en los sacramentos y en el hermano, pero sólo se le descubre con mirada de fe. Por eso, el espíritu pascual es para todo año. La auténtica espiritualidad cristiana es pascual, siempre más gozosa y más dinamizadora. Brota de la presencia del Resucitado, que infunde alegría y confianza.

Jesús se nos manifiesta para que lo anunciemos. Él constituye a las mujeres amigas en testigos, aun cuando eran recusadas para tal función por el derecho judío: “Id a anunciar a mis hermanos”. Todo encuentro con el Señor es una misión.

Contraste con la comunidad judía

Los testigos se encuentran con el Resucitado pero no terminan de comprender lo que ha ocurrido. Se trata de un acontecimiento sobrenatural, admisible desde la fe y por los signos de la fe. Para los que cierran el corazón a ella, la resurrección queda en el terreno de la leyenda. Es el caso de muchos judíos.

En el momento en que Mateo escribe su evangelio continúa el acoso de la sinagoga a las comunidades cristianas. La existencia de la comunidad de Jerusalén y su predicación eran una denuncia constante contra las autoridades judías porque significaba que ya había tenido lugar la definitiva intervención de Dios en la historia y habían comenzado los tiempos últimos.

Que los judíos siguiesen esperando todo esto para el futuro estaba, por tanto, fuera de lugar. Ellos habían perdido su razón de ser y debían convertirse a la nueva realidad. En lugar de hacerlo, divulgan la calumnia de que los discípulos habían desaparecido el cadáver de Jesús. El relato de Mateo es la respuesta a la calumnia.

Tiempo Pascual: El Presbiterio (Pquia. Holy Family, Chimayo, New Mexico, USA)


PRESBITERIO



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AMBÓN



AMBÓN



SEDE

Despedida solemne para Pascua


Prefacio cantado del Domingo de Pascua


Este prefacio se dice durante el tiempo pascual. En la Misa de la Vigilia pascual se dice «en esta noche»; el día de pascua y durante la octava: «en este día»; en las restantes Misas: «en este tiempo».

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor;
pero más que nunca en (esta noche) (este día) (este tiempo)
en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
 
Porque Él es el verdadero Cordero
que quitó el pecado del mundo:
muriendo destruyó nuestra muerte,
y resucitando restauró nuestra vida.
 
Por eso, con esta efusión del gozo pascual,
el mundo entero está llamado a la alegría
junto con los ángeles y los arcángeles
que cantan un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Regina Coeli o Reina del Cielo


Durante el tiempo pascual, la Iglesia Universal se une en la oración del Regina Coeli o Reina del Cielo.

El rezo de la antífona de Regina Coeli fue establecida por el papa Benedicto XIV en 1742 y reemplaza durante el tiempo pascual, desde la celebración de la resurrección hasta el día de Pentecostés, al rezo del Ángelus cuya meditación se centra en el misterio de la Encarnación.

De la misma manera que el Ángelus, el Regina Coeli se reza tres veces al día, al amanecer, al mediodía y al atardecer como una manera de consagrar su día a Dios y la Virgen María.

No se conoce el autor de esta composición litúrgica que se remonta al siglo XII y era repetido por los frailes menores franciscanos después de las completas en la primera mitad del siguiente siglo popularizándola y extendiéndose por todo el mundo cristiano.

La oración

G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.

G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.

Oremos:

Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)

Reina del Cielo

Las palabras de apertura del himno pascual de la Santísima Virgen, es la recitación prescrita en el Breviario romano de las Completas del sábado Santo hasta la hora nona del sábado después de Pentecostés inclusive. Este himno es para ser cantado en coro y de pie:

Regina coeli laetare, Alleluia,
Quia quem meruisti portare. Alleluia,
Resurrexit, Sicut dixit, Alleluia.
Ora pro nobis Deum. Alleluia.

El aleluya sirve como un estribillo.

De autor desconocido el himno se remonta al siglo 12. Era repetido por los Franciscanos después de las completas en la primera mitad del siguiente siglo.

Fue incorporado a la oficina de curia Romana-Minorista junto a otros himnos marianos. El cual por la actividad de los Franciscanos se popularizó muy pronto en todas partes. Y por orden de Nicolas III (1277-1280) reemplazó los libros mas viejos de oficina en todas las iglesias de Roma.

El Regina Coeli toma el lugar del Angelus durante el tiempo Pascual. El autor de Regina Coeli es desconocido pero la leyenda dice que San Gregorio el Grande (d.604) escuchó las tres primeras líneas cantadas por ángeles cierta mañana pascual en Roma mientras caminaba decalzo en una gran procesión religiosa y que el Santo agregó con eso la cuarta línea: favorables nobis Deum del "Ora. Alleluia".

Fuente: aciprensa.com

Significado del Cirio Pascual




Es el símbolo más destacado de la pascua cristiana. La palabra "cirio" viene del latín "cereus", y tiene el significado de cera, el producto de las abejas.

El cirio pascual es desde los primeros siglos uno de los símbolos más expresivos de la vigilia pascual. Esta se celebra de noche.

El cirio pascual tiene una inscripción en forma de cruz, acompañada de la fecha del año y de las letras alfa y omega, la primera y la última del alfabeto griego, para indicar que la pascua de Jesús, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza en el año concreto que vivimos.

Al cirio pascual se le incrusta en la cera cinco granos de incienso, simbolizando las cinco llagas santas u gloriosas del Señor en la Cruz.

En la procesión de entrada de la vigilia pascual se canta tres veces la aclamación: "Luz de cristo. Demos gracias a Dios", entonces se encienden los cirios de los fieles y las luces de la iglesia. El cirio se coloca en la columna o candelabro que va a ser su soporte, y se proclama en torno a él, después de incensarlo, el solemne pregón pascual.

Junto al simbolismo de la luz, el cirio pascual tiene también el de la ofrenda:

"Acepta, Padre Santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios... Te rogamos que este Cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la oscuridad de esta noche".

El cirio pascual estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del ambón de la Palabra, hasta la tarde del domingo de Pentecostés.

Al finalizar el tiempo pascual, conviene que el cirio se conserve dignamente en el baptisterio.

El cirio pascual también se usa durante los bautizos y en las exequias, es decir al principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.




El Leccionario para el Tiempo Pascual


Durante la Pascua la distribución de las lecturas es especial, distinta. Conocer el Leccionario enriquecerá la vivencia y participación interior y consciente en la sagrada liturgia.

Hay un principio fundamental: EN PASCUA TODO ES NUEVO. Por ello nunca, bajo ningún concepto, en ninguna celebración, se proclama el Antiguo Testamento, sino siempre el Nuevo Testamento. De manera privilegiada el libro de los Hechos de los Apóstoles, y asumiendo la tradición hispano-mozárabe, el libro del Apocalipsis.

El Ordo Lectionum Missae describe el leccionario así:

Domingos

Hasta el domingo tercero de Pascua, las lecturas del Evangelio relatan las apariciones de Cristo resucitado.

Las lecturas del buen Pastor están asignadas al cuarto domingo de Pascua.

En los domingos quinto, sexto y séptimo de Pascua se leen pasajes escogidos del discurso y de la oración del Señor después de la última Cena.

La primera lectura se toma de los hechos de los Apóstoles, en el ciclo de los tres años, de modo paralelo y progresivo; de este modo, cada año se ofrecen algunas perspectivas de la vida, testimonio y progreso de la Iglesia primitiva.

Para la lectura apostólica, el año A se lee la primera carta de san Pedro, el año B la primera carta de san Juan, el año C el Apocalipsis; estos textos están muy de acuerdo con el espíritu de una alegre fe y una firme esperanza, propio de este tiempo.

Ferias

La primera lectura se toma de los Hechos de los Apóstoles, como los domingos, de modo semicontinuo.

En el Evangelio, dentro de la Octava de Pascua, se leen los relatos de las apariciones del Señor.

Después, se hace una lectura semicontinua del Evangelio de san Juan, del cual se toman ahora los textos de índole más bien pascual, para completar así la lectura ya empezada en el tiempo de Cuaresma.

En esta lectura pascual, ocupan una gran parte el discurso y la oración del Señor después de la Cena" (nn. 100-101).

Fuente: corazoneucaristicodejesus.blogspot.com


jueves, 6 de abril de 2023

La Pascua Judía y la Última Cena


La Última Cena, fue la celebración de la pascua judía, una solemne comida sacrificial llevada a cabo según los antiguos ritos judíos por nuestro Señor y sus apóstoles, conocida como “seder”.

La Última Cena es el momento decisivo cuando los símbolos y profecías del Antiguo Testamento son reemplazados para siempre por los hechos y cumplimiento del Nuevo Testamento. Los evangelistas omitieron a la hora de narrar esa Cena muchos detalles que daban por conocidos por los judíos.

¿Por qué nuestro Señor toma el cáliz dos veces en la narración de san Lucas en la Última Cena? (Lc 22,17-20). ¿Por qué San Pablo habla de la "Copa de bendición"? (1Cor 10,16). ¿Por qué se dijo un salmo antes de que los Apóstoles dejaran el Cenáculo? (Mt. 26: 30). Estas y otras frases cobran nuevo significado a la luz de los antecedentes judaicos.

La Cena Pascual nos ayuda a entender y profundizar en las ceremonias litúrgicas de la Semana Santa y la Pascua, empapadas de alusiones al Antiguo Testamento. "Esta es la solemnidad pascual en la cual el verdadero Cordero, fue sacrificado..." "Oh noche bendita que desposeyó a los egipcios y enriqueció a los hebreos..."

Comprendiendo el contexto en el que Cristo escogió instituir la Santa Eucaristía, se enriquecerá nuestra participación en la Misa.

La Comida Pascual es una preparación de la Misa que enfoca nuestra atención en el misterio pascual, el Cordero que fue sacrificado y nos redimió de la esclavitud con su sangre. Nos prepara para entrar en cada Misa porque la Vigilia Pascual no fue solamente el fin del viejo rito sino el principio del nuevo.

San Atanasio dice: "Cuando nos reunimos y comemos la carne de nuestro Señor y bebemos su sangre, celebramos la Pascua".

La ceremonia de la Cena Pascual nos permite representar los eventos de la vigilia pascual como un drama-oración, para prepararnos para la verdadera representación de la vigilia pascual en la Santa Misa.

Pero, ¿por qué Jesús usó la Cena Pascual para instituir la Eucaristía?

Es importante que veamos que se trata de una elección deliberada de Jesús. Él envía a sus discípulos a preparar el Cenáculo. Se preocupa acerca del tiempo y el lugar exacto y arregla todo de antemano, diciendo cuánto “deseaba comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que no la comeremos hasta que sea cumplida en el Reino de Dios” (Lc 22:15-16).

La historia del Éxodo de Egipto que la Iglesia lee en preparación a los misterios pascuales es la gran parábola de nuestra Redención en el Antiguo Testamento. Cada detalle es significativo. Entre los acontecimientos de la Antigua Ley, el más significativo es la sangre del cordero sacrificado salpicada en las puertas de los hijos de Israel para que el ángel vengador, que vino a matar al primogénito en toda casa de Egipto, "pase de largo" las casas de los hebreos.

La sangre del cordero profetiza el verdadero cordero cuya sangre libera al mundo de la esclavitud del pecado. Dios ordenó que esta primera Pascua fuera conmemorada solemnemente en una festividad anual; la gente debía sacrificar un cordero y comerlo con pan ázimo y lechuga silvestre (un recuerdo de la huida apresurada de Egipto, cuando no hubo tiempo de llevar consigo pan con levadura), en agradecimiento por la libertad que fue un regalo de Dios.

La fiesta de la Pascua anual llegó a ser un acontecimiento de primera importancia en la religión de Israel. Gradualmente el ritual llegó a ser más elaborado y la Pascua, además de memoria del pasado, se hizo profecía del futuro.

En el tiempo de Jesús, la comida pascual ya no se comía de pie y apresuradamente sino reclinados alrededor de la mesa de fiesta. En gran contraste a esa noche de huida, 1500 años antes, la atmósfera era de amor y alegría espiritual. Pero el corazón verdadero de la celebración permanecía el mismo a través de los siglos: sacrificio y banquete sacrificial, celebrado en acción de gracias.

Ahora podemos ver por qué Cristo escogió este momento para su sacrificio. Esta fiesta familiar del pueblo escogido se transformó en la gran fiesta de la comunidad cristiana, uniendo más íntimamente en un solo cuerpo aquellos alimentados por el único Pan divino.

La primera pascua fue conmemorada en una Comida Pascual; la segunda Pascua, el sacrificio de Cristo, fue realizada en la Santa Misa, la Comida Pascual del Nuevo Testamento.

En el marco de la Pascua el significado del sacrificio se aclara: "Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros" (Lc 22,19) para que vosotros podáis "pasar de largo" de la muerte en el pecado a la vida de Dios.

En este contexto se aclara también que el nuevo sacrificio tendrá también su banquete sacrificial: "En verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros". (Jn 6,54).

En la última Cena, Cristo con humildad y reverencia guardó la Pascua con sus discípulos, observando su ritual pero cuando la Cena iba a concluir reemplazó el antiguo rito con el nuevo. Tomó el pan, lo bendijo y partió y lo que les dio a sus discípulos ya no era simplemente el pan sin levadura de la Pascua. Entonces tomó el cáliz, lo bendijo, y lo que les dio ya no era únicamente el ofrecimiento de la Pascua, sino él misterio del Nuevo Pacto que se acababa de establecer.

El momento supremo, anticipado en la conmemoración de la Pascua a través de los siglos, había llegado. La redención del hombre iba a realizarse.

Se cree que el Señor celebró la Pascua con sus discípulos el jueves por la noche, anticipando en un día la Pascua de pueblo escogido. El Viernes Santo, en la hora en que los corderos pascuales eran sacrificados en el Templo, el Cordero de Dios era sacrificado en la Cruz.

El Viejo Pacto entre Dios y el pueblo escogido había sido sellado por la sangre de muchas víctimas. El Nuevo Pacto estaba ahora sellado por la sangre de la única víctima perfecta.

El cordero figurado era reemplazado por el Cordero verdadero. El sacrificio ahora había sido hecho perfecto. Este mismo sacrificio profetizado en la Pascua judía, cumplido en el Calvario, es renovado en cada Misa.

Cuando los cristianos comemos el pan y bebemos el vino de la Eucaristía celebramos el misterio pascual. Como dice San Juan Crisóstomo, en cada Misa "es Cristo, quien aquí y ahora celebra la Pascua con sus discípulos. Y la mesa del altar es la mesa de la Última Cena".

Autor: Santiago Quemada. Estudió Derecho en la Universidad Complutense. Después se trasladó a Roma para estudiar Teología. Al terminar el bachillerato en Teología se fue a Pamplona para hacer la licenciatura y la Tesis en Teología Moral. Poco después de finalizar la tesis doctoral recibió la ordenación sacerdotal en Roma. Inesperadamente se le planteó la posibilidad de ir a vivir a Tierra Santa. Reside en Jerusalén donde desarrolla su labor pastoral.

El Papa cambia la rúbrica sobre el lavatorio de pies durante la Liturgia de la Misa "in Coena Domini"


El Santo Padre, con fecha 20 de diciembre de 2015, escribió una carta al cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Doctrina de los Sacramentos, en la que dispone que a partir de ahora, las personas elegidas para que sus pies sean lavados en la liturgia del Jueves Santo pertenezcan a todo el Pueblo de Dios y no sean solamente hombres o muchachos.

El Papa -escribe al purpurado- desde hace tiempo reflexiona sobre «el rito del lavatorio de los pies contenido en la Liturgia de la Misa in Coena Domini con el intento de mejorar la modalidad de actuación para que exprese plenamente el significado del gesto efectuado por Jesús en el Cenáculo, su entregarse 'hasta el final' por la salvación del mundo, su caridad sin límites».

«Después de una atenta ponderación -continúa- he llegado a la deliberación de aportar un cambio en las rúbricas del Misal Romano. Dispongo por lo tanto que se modifique la rúbrica en la que las personas elegidas para el lavatorio de los pies deban ser hombres o muchachos, de manera que, a partir de ahora, los Pastores de la Iglesia puedan elegir a los participantes en el rito entre todos los miembros del Pueblo de Dios. Se recomienda, además, que a los elegidos se les de una explicación adecuada del rito».

Por su parte, la Congregación para el Culto Divino y la Doctrina de los Sacramentos -con fecha 6 de enero de 2016, y también publicado hoy- ha emanado un decreto sobre dicho rito que publicamos a continuación.

"La reforma de la Semana Santa, con decreto Maxima Redemptionis nostra mysteria (30 de noviembre 1955) otorgó la facultad, allí donde lo aconsejase un motivo pastoral, de efectuar el lavatorio de los pies a doce hombres durante la Misa en la Cena del Señor, después de la lectura del evangelio según san Juan, como para manifestar de forma representativa la humildad y el amor de Cristo hacia sus discípulos.

En la liturgia romana ese rito se transmitía con el nombre de Mandatum del Señor sobre la caridad fraterna según las palabras de Jesús (cfr Jn 13,34) cantadas en la antífona durante la celebración.
Al cumplir ese rito, los obispos y sacerdotes están invitados a conformarse profundamente a Cristo que "no vino para ser servido, sino para servir" (Mat, 20,28) y empujado por un amor "hasta el final" (Jn 13,1), a dar su vida por la salvación de todo el género humano.

Para manifestar este significado pleno del rito a cuantos participan en él, el Sumo Pontífice Francisco ha considerado oportuno cambiar la norma que se lee en las rúbricas del Missale Romanun (p. 300 n.11) "Los hombres elegidos son acompañados por los ministros".. que debe variar como sigue: "Los elegidos entre el Pueblo de Dios son acompañados por los ministros" ..(y, en consecuencia, en el Caeremoniale Episcoporum n.301 y n.229 b "las sillas para los designados") de modo que los pastores puedan elegir a un grupo de fieles que represente la variedad y la unidad de cada porción del pueblo de Dios. Ese grupo puede estar formado por hombres y mujeres y, convenientemente, por jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, clérigos, consagrados, laicos.

Esta Congregación para el Culto Divino y la Doctrina de los Sacramentos, en vigor de las facultades concedidas por el Sumo Pontífice, introduce esa innovación en los libros litúrgicos del Rito Romano, recordando a los pastores su tarea de instruir adecuadamente tanto a los fieles elegidos como a los demás, para que participen en el rito responsable, activa y fructuosamente"».

Fuente: infocatolica.com

LA LITURGIA DEL JUEVES SANTO


La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar en el misterio de la Pasión de Cristo, ya que quien quiera seguirle tiene que sentarse a su mesa y participar de lo que aconteció en la noche en que iban a entregarlo.

Jesús nos da testimonio de la vocación al servicio del mundo y de la Iglesia que tenemos todos los cristianos. El Evangelio de San Juan presenta a Jesús “sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos” pero que, ante cada hombre, siente tal amor que se arrodilla y le lava los pies.

En la segunda lectura, san Pablo recuerda a las comunidades cristianas lo que él mismo recibió: aquella noche la entrega de Cristo se hizo sacramento en un pan y en un vino que convierte en alimento su Cuerpo y Sangre para todos los que quieran recordarle y esperar su venida al final de los tiempos, quedando instituida la Eucaristía.

La Santa Misa es entonces la celebración de la Cena del Señor en la cuál Jesús, la víspera de su pasión, "mientras cenaba con sus discípulos tomó pan..." (Mt 28,26).

Como en su última Cena, quiso que sus discípulos nos reuniéramos y nos acordáramos de Él bendiciendo el pan y el vino: "Hagan esto en memoria mía" (Lc 22,19).

Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento. Lo que hizo, lo hizo como anuncio profético y ofrecimiento anticipado de su muerte. Por eso "cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva" (1 Cor 11,26). De modo que podemos decir que la Eucaristía es memorial de la Última Cena y de la Muerte de Cristo. Él mismo dijo en su despedida: "Un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver" (Jn 16,16).

Como dice el prefacio de este día: "Cristo verdadero y único sacerdote se ofreció como víctima de salvación y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya".

Esta Eucaristía debe celebrarse con características propias: como Misa "en la Cena del Señor".

De manera distinta a todas las demás Eucaristías, no celebramos "directamente" ni la muerte ni la Resurrección de Cristo. No nos adelantamos al Viernes Santo ni a la Noche de Pascua. Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor tuvo un por qué y para qué: fue una "entrega", un "darse", fue "por algo" o, mejor dicho, "por alguien", por "nosotros y por nuestra salvación" (Credo).

Esta Eucaristía debe celebrarse solemnemente, pero, en los cantos, en los signos, en el mensaje, no debe ser tan festiva como la Noche de Pascua, en que celebramos el desenlace glorioso de esta entrega sin el cual hubiera sido inútil; hubiera sido la entrega de uno más que muere por los pobres y no los libera.

Pero esta Misa no está llena de la solemne y contrita tristeza del Viernes Santo porque lo que celebramos en este momento es que "el Padre nos entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna" (Jn 3,16) y que el Hijo se entregó voluntariamente a nosotros.

Hoy hay alegría y la Iglesia rompe la austeridad cuaresmal cantando el "gloria": es la alegría del que se sabe amado por Dios, pero al mismo tiempo es sobria y dolorida porque conocemos el precio que le costamos a Cristo. Podríamos decir que la alegría es por nosotros y el dolor por Él; sin embargo, predomina el gozo porque el que da y se da con amor y por amor lo hace con alegría y para dar alegría.

Podemos decir que hoy celebramos con la liturgia (1a Lectura), la Pascua, pero la de la Noche del Éxodo (Ex 12) y no la de la llegada a la Tierra Prometida (Jos 5,10-ss). Hoy inicia la fiesta de la "crisis pascual", es decir de la lucha entre la muerte y la vida, ya que la vida nunca fue absorbida por la muerte pero si combatida por ella. La noche del Sábado de Gloria es el canto a la victoria teñida de sangre y hoy es el himno a la lucha pero de quien lleva la victoria.

Juan 13,1-15: El lavatorio de los pies

Juan 13,1-15


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: "Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?" Jesús le replicó: "Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde." Pedro le dijo: "No me lavarás los pies jamás." Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo." Simón Pedro le dijo: "Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza." Jesús le dijo: "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos." Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios." Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis."

SOBRE EL MISMO TEMA:

1 Corintios 11,23-26: La Cena del Señor



Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía." Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía." Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Exodo 12,1-14: El Cordero Pascual

Exodo 12,1-14: El cordero pascual 
Cf. Esdras 6,19-22 Mateo 26,2; Marcos 14,1; Lucas 2,41; 1 Corintios 5, 7 


1 Dijo Yahveh a Moisés y Aarón en el país de Egipto:
2 "Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año.
3 Hablad a toda la comunidad de Israel y decid: 
   El día diez de este mes tomará cada uno para sí una res de ganado menor por familia, 
   una res de ganado menor por casa.
4 Y si la familia fuese demasiado reducida para una res de ganado menor, 
   traerá al vecino más cercano a su casa, según el número de personas y conforme 
   a lo que cada cual pueda comer.
5 El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
6 Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; 
   y toda la asamblea de la comunidad de los israelitas lo inmolará entre dos luces.
7 Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde lo coman.
8 En aquella misma noche comerán la carne. 
   La comerán asada al fuego, con ázimos y con hierbas amargas.
9 Nada de él comeréis crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus patas y sus entrañas.
10 Y no dejaréis nada de él para la mañana; lo que sobre al amanecer lo quemaréis.
11 Así lo habéis de comer: ceñidas vuestras cinturas, calzados vuestros pies, 
     y el bastón en vuestra mano; y lo comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
12 Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, 
     desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. 
     Yo, Yahveh.
13 La sangre será vuestra señal en las casas donde moráis. 
     Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, 
     y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.
14 Este será un día memorable para vosotros, 
     y lo celebraréis como fiesta en honor de Yahveh de generación en generación. 
     Decretaréis que sea fiesta para siempre".

JUEVES SANTO (Lecturas)

Exodo 12,1-8.11-14
Salmo 115: El cáliz de la bendición es comunión 
con la sangre de Cristo
1 Corintios 11,23-26
Juan 13,1-15



En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones."



¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
R. El cáliz de la bendición 
es comunión con la sangre de Cristo

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas.
R. El cáliz de la bendición 
es comunión con la sangre de Cristo

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
R. El cáliz de la bendición 
es comunión con la sangre de Cristo



Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía." Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía." Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.



Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: "Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?" Jesús le replicó: "Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde." Pedro le dijo: "No me lavarás los pies jamás." Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo." Simón Pedro le dijo: "Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza." Jesús le dijo: "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos." Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios." Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis."

miércoles, 5 de abril de 2023

Génesis 37,1-36: José vendido por sus hermanos

Génesis 37,1-36:
Sueños de gloria de José. José vendido por sus hermanos

Gn 37,3-4.12-13a.17b-28:

Génesis 37,1-11: Sueños de gloria de José

1 Jacob, por su parte, se estableció en el que fue país residencial de su padre, el país de Canaán.
2 Esta es la historia de Jacob. José tenía diecisiete años. 
   Estaba de pastor de ovejas con sus hermanos, él, muchacho todavía, 
   con los hijos de Bilhá y los de Zilpá, mujeres de su padre. 
   Y José comunicó a su padre lo mal que se hablaba de ellos.
3 Israel amaba a José más que a todos los demás hijos, por ser para él el hijo de la ancianidad. 
   Le había hecho una túnica de manga larga.
4 Vieron sus hermanos cómo le prefería su padre a todos sus otros hijos 
   y le aborrecieron hasta el punto de no poder ni siquiera saludarle.
5 José tuvo un sueño y lo manifestó a sus hermanos, quienes le odiaron más aún.
6 Les dijo: "Oíd el sueño que he tenido.
7 Me parecía que nosotros estábamos atando gavillas en el campo, 
   y he aquí que mi gavilla se levantaba y se tenía derecha, 
   mientras que vuestras gavillas le hacían rueda y se inclinaban hacia la mía."
8 Sus hermanos le dijeron: "¿Será que vas a reinar sobre nosotros o que vas a tenernos domeñados?" 
   Y acumularon todavía más odio contra él por causa de sus sueños y de su palabras.
9 Volvió a tener otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. 
   Díjoles: "He tenido otro sueño: Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí".
10 Se lo contó a su padre y a sus hermanos, y su padre le reprendió y le dijo: 
     "¿Qué sueño es ése que has tenido? 
     ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a venir a inclinarnos ante ti hasta el suelo?"
11 Sus hermanos le tenían envidia, mientras que su padre reflexionaba.

Génesis 37,12-36: José vendido por sus hermanos

12 Fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem,
13 y dijo Israel a José: "¿No están tus hermanos pastoreando en Siquem? 
     Ve de mi parte a donde ellos." Dijo: "Estoy listo."
14 Díjole: "Anda, vete a ver si tus hermanos siguen sin novedad, y lo mismo el ganado, 
     y tráeme noticias." Le envió, pues, desde el valle de Hebrón, y José fue a Siquem.
15 Encontróse con él un hombre mientras estaba discurriendo por el campo. 
     El hombre le preguntó: "¿Qué buscas?"
16 Díjole: "Estoy buscando a mis hermanos. Indícame, por favor, dónde están pastoreando."
17 El hombre le dijo: "Partieron de aquí, pues yo les oí decir: "Vamos a Dotán."" 
     José fue detrás de sus hermanos y los encontró en Dotán.
18 Ellos le vieron de lejos, y antes que se les acercara, conspiraron contra él para matarle,
19 y se decían mutuamente: "Por ahí viene el soñador.
20 Ahora, pues, venid, matémosle y echémosle en un pozo cualquiera, 
     y diremos que algún animal feroz le devoró. Veremos entonces en qué paran sus sueños."
21 Rubén lo oyó y le libró de sus manos. Dijo: "No atentemos contra su vida."
22 Rubén les dijo: "No derraméis sangre. Echadle a ese pozo que hay en el páramo, 
     pero no pongáis la mano sobre él." 
     Su intención era de salvarle de sus hermanos para devolverle a su padre.
23 Y ocurrió, que cuando llegó José donde sus hermanos, éstos despojaron a José de su túnica 
     —aquella túnica de manga larga que llevaba puesta—,
24 y echándole mano le arrojaron al pozo. Aquel pozo estaba vacío, sin agua.
25 Luego se sentaron a comer. Y levantando los ojos divisaron una caravana de ismaelitas 
     que venían de Galaad, con camellos cargados de almáciga, sandáraca y ládano, 
     que iban bajando hacia Egipto.
26 Entonces dijo Judá a sus hermanos: 
     "¿Qué aprovecha el que asesinemos a nuestro hermano y luego tapemos su sangre?
27 Venid vamos a venderle a los ismaelitas, pero no pongamos la mano en él, 
     porque es nuestro hermano, carne nuestra." Y sus hermanos asintieron.
28 Pasaron unos madianitas mercaderes, y descubriéndole subieron a José del pozo. 
     Vendieron a José a los ismaelitas  por veinte piezas de plata, y éstos se llevaron a José a Egipto.
29 Vuelve Rubén al pozo, y he aquí que José no estaba en el pozo. El desgarró sus ropas,
30 y volviendo donde sus hermanos les dijo: "El niño no aparece, y yo ¿qué hago ahora?"
31 Entonces tomaron la túnica de José, y degollando un cabrito, tiñeron la túnica en sangre,
32 y enviaron la túnica de manga larga, haciéndola llegar hasta su padre con este recado: 
     "Esto hemos encontrado: examina si se trata de la túnica de tu hijo, o no."
33 El la examinó y dijo: "¡Es la túnica de mi hijo! ¡Algún animal feroz le ha devorado! 
     ¡José ha sido despedazado!"
34 Jacob desgarró su vestido, se echó un sayal a la cintura 
     e hizo duelo por su hijo durante muchos días.
35 Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarle, pero él rehusaba consolarse y decía: 
     "Voy a bajar en duelo al seol donde mi hijo." Y su padre le lloraba.
36 Por su parte, los madianitas, llegados a Egipto, 
     le vendieron a Putifar, eunuco de Faraón y capitán de los guardias.

SOBRE EL MISMO TEMA:

Mateo 26,14-25: Traición de Judas y preparativos de la cena pascual


Traición de Judas
(Mc 14,10s; Lc 22,3-6)

14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, se dirigió a los sumos sacerdotes
15 y les propuso: —¿Qué me dan si lo entrego a ustedes? 
     Ellos se pusieron de acuerdo en treinta monedas de plata.
16 Desde aquel momento buscaba una ocasión para entregarlo.

 Preparación de la cena pascual
(Mc 14,12-16; Lc 22,7-13)

 17 El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
      —¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
18 Él les contestó: —Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 
     El maestro dice: mi hora está próxima; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos.
19 Los discípulos prepararon la cena de Pascua siguiendo las instrucciones de Jesús.
 
Anuncio de la traición
(Mc 14,17-21; cfr. Lc 22,21-23; Jn 13,21-30)
 
20 Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
21 Mientras comían, les dijo:
     —Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar.
22 Muy tristes, empezaron a preguntarle uno por uno: —¿Soy yo, Señor?
23 Él contestó: —El que se ha servido de la misma fuente que yo, ése me entregará.
24 El Hijo del Hombre se va, como está escrito de él; 
     pero, ¡ay de aquél por quien el Hijo del Hombre será entregado! 
     Más le valdría a ese hombre no haber nacido.
25 Le dijo Judas, el traidor: 
     —¿Soy yo, maestro? 
     Le respondió Jesús: 
     —Tú lo has dicho.

MIERCOLES DE SEMANA SANTA (Lecturas)

Isaías 50,4-9a
Salmo 68: Señor, que me escuche 
tu gran bondad el día de tu favor
Mateo 26,14-25


Isaías 50,4-9a:

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Salmo 68,8-10.21-22.31.33-34:
Señor, que me escuche 
tu gran bondad el día de tu favor

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.
R. Señor, que me escuche 
tu gran bondad el día de tu favor

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
R. Señor, que me escuche 
tu gran bondad el día de tu favor

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
R. Señor, que me escuche 
tu gran bondad el día de tu favor 



En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso:
— ¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: — ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
Él contestó:
— ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.’
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
— Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
— ¿Soy yo acaso, Señor?
Él respondió:
— El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
— ¿Soy yo acaso, Maestro?
Él respondió:
— Tú lo has dicho.

martes, 4 de abril de 2023

MARTES SANTO (Lecturas)

Isaías 49,1-6
Salmo 70: Mi boca contará tu salvación, Señor
Juan 13,21-33.36-38



Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Salmo 70,1-2.3-4a.5-6ab.15.17:
Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor


Juan 13,21-33.36-38

En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo:
— Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
— Señor, ¿quién es?
Le contestó Jesús:
— Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás.
Entonces Jesús le dijo:
— Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
— Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: "Donde yo voy, vosotros no podéis ir."
Simón Pedro le dijo:
— Señor, ¿a dónde vas?
Jesús le respondió:
— Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.
Pedro replicó:
— Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.
Jesús le contestó:
— ¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.