martes, 29 de octubre de 2019

"Santa de la familia": La hija de Gianna Beretta Molla relata la santidad con la que sus padres vivieron el matrimonio


Santa Gianna Beretta Molla fue beatificada (1994) y canonizada (2004) por San Juan Pablo II. Médico y pediatra, entregó su vida por salvar la de la hija que esperaba, renunciando al adecuado abordaje quirúrgico del fibroma que le detectaron en el útero al final del segundo mes de embarazo.

Murió una semana después de dar a luz por cesárea a Gianna Emanuela, quien explica que la santidad de su madre floreció en un matrimonio vivido junto a su esposo Pietro Molla como "camino hacia el Paraíso". E incluso antes, en unas vidas entrelazadas y llenas de amor por el Señor, que siempre ocupaba el primer lugar.

Pietro Molla (1912-2010) pudo asistir a la beatificación y a la canonización de su esposa Gianna Beretta (1922-1962).


Muchos conocen a Santa Gianna Beretta Molla por ese extraordinario gesto de amor que permitió que su hija naciera, al precio de su propia vida. Menos conocido, en cambio, es el hecho de que este sacrificio fue el sello a toda una vida santa y, sobre todo, a un matrimonio realmente santo.

Es la propia hija, Gianna Emanuela Molla, la que no duda en definir a sus padres como dos "santos progenitores", pues está íntimamente convencida de que su amado padre era el "dignísimo esposo de una santa esposa". Al hacerlo no quiere en absoluto anticipar un juicio que la Iglesia no ha expresado, sino que sencillamente pone voz al pensamiento que su madre, cuando vivía, habría manifestado en más de una ocasión.

Hoy queremos, por tanto, conocer y amar la vida de esta "santa de la familia" bajo esta luz especial de la santidad matrimonial; santa en cuya proclamación la Iglesia ha demostrado, de nuevo, su naturaleza profética. ¿En qué momento histórico ha sido la familia más acosada y humillada que en el actual? ¿Hay acaso hoy testimonio más providencial que éste, en el que se presenta la cotidianidad del matrimonio como una auténtica vía de santidad?

Familia, cuna de santidad

Nacida en Magenta, provincia de Milán, el 4 de octubre de 1922, festividad de San Francisco de Asís, Gianna, además del don de la vida, recibe del Señor unos padres profundamente cristianos, Maria De Micheli y Alberto Beretta, ambos terciarios franciscanos. Bautizada como Giovanna Francesca, es la décima de trece hijos, cinco de los cuales mueren en tierna edad. Otros tres se consagran a Dios.

Gracias a estos primeros datos se comprende que el contexto de su familia de procedencia es profundamente religioso. En una carta del 22 de abril de 1955 a su prometido Pietro, Gianna habla así de su madre y su padre: "Mis santos padres, tan rectos y sabios, con esa sabiduría que es reflejo de su alma buena, justa y temerosa de Dios".

Se comprende que para la santa la primera experiencia auténtica de Iglesia fue su familia, y la catequista más experta fue precisamente su madre: fue ella quien la introdujo en el conocimiento y el amor por el Señor, centro único de toda la vida, dentro y fuera del hogar.

La pequeña Gianna acoge de inmediato el don de la fe, al que se adhiere plenamente: "Con cinco años y medio -cuenta Gianna Emanuela-, recibe por primera vez la Santa Comunión y a partir de ese momento, junto a su madre, va todas las mañanas a misa para recibir el que rápidamente considera 'el alimento indispensable de cada día'". Así, la ferviente amistad con el Señor, que la niña Gianna respira en su familia, crece convirtiéndose en un amor profundo y personal junto a la mujer Gianna y, después, a la médico Gianna. Mientras tanto, nace en ella la urgencia de conocer su llamada personal en el plan de amor de Dios...

Vocación a la felicidad

"De seguir bien nuestra vocación depende nuestra felicidad terrena y eterna". Con esta profundidad de conciencia e igual serenidad de espíritu, Gianna sigue rezando, y hace rezar, por su vocación. "Mi madre -cuenta Gianna Emanuela- deseaba conocer la voluntad de Dios para ella para así poder servirLe mejor. Pero no tuvo prisa, siguió rezando hasta que estuvo segura de la vocación a la que Dios la llamaba".

En esta fase de elección vocacional, como durante toda su vida, la oración fue para Gianna mucho más que fundamental: "Siempre rezó mucho -sigue su hija-, dando ejemplo a sus jóvenes de Acción Católica. Les decía: 'Recordemos que el apostolado se hace, sobre todo y ante todo, de rodillas'. Cada día rezaba el rosario porque, como había aprendido de pequeña en su familia, 'sin la ayuda de la Virgen no se va al Paraíso'".

En principio, precisamente por este amor que siente y que la hace poner a Dios siempre en el primer puesto, se consolida en Gianna el deseo de unirse a su hermano, el padre Alberto, médico misionero capuchino en Brasil, para ayudarle como médico y dedicarse plenamente a la vocación misionera. Pero el camino que el Señor ha preparado para esta joven no es este: Gianna no tiene salud para soportar el calor tropical de esas tierras. "Esto significa que el Señor te quiere para otra cosa", le repite su director espiritual, que la anima a formar una familia sana, siguiendo el ejemplo de sus padres.

"Así, sintiéndose llamada por el Señor a la vocación del matrimonio, mi madre la abrazó con toda su alegría y entusiasmo". ¿Y qué hace la joven santa, que aún no tiene prometido? "En junio de 1954, con casi 32 años de edad, mi madre viaja a Lourdes para rezar a la Virgen y pedirle que le haga conocer al hombre que debería ser su esposo, el que el Señor había dispuesto para ella desde la eternidad".

Un encuentro deseado desde Arriba

En este entramado de santidad, que se transmite de familia a familia como un valioso tesoro, se introduce perfectamente la figura del ingeniero Pietro Molla, es decir, del hombre que la Providencia sugerirá a Gianna como marido.

Nacido el 1 de  julio de 1912 en Mesero, un municipio cercano a Magenta, también Pietro Molla,  el cuarto de ocho hijos, recibe el don de dos padres profundamente cristianos. "Cuando conoció a mi madre -continúa Gianna Emanuela-, a la que le llevaba diez años, mi padre era un hombre de gran fe y virtudes extraordinarias. Pero sobre todo, como ella, había puesto al Señor en el centro de su vida desde que era muy joven. Puedo decir que mi padre sentía, por un lado, una gran dedicación por el trabajo y, por el otro, se sentía llamado por el Señor a la vocación del matrimonio y deseaba profundamente tener una familia. Precisamente por esto iba cada día a 'su' pequeña iglesia de Ponte Nuovo (Magenta) para pedirle a la Virgen del Buen Consejo que le hiciera conocer 'una madre santa para sus hijos'".

"El Señor estaba llamando realmente a mis padres a la vocación del matrimonio como ellos pensaban: de hecho, la Virgen María escuchó sus oraciones y, aunque ya se conocían desde hacía cinco años, fue gracias a la Virgen que, por fin, sus hermosos corazones y almas se encontraron". A partir de ese momento empieza el noviazgo como un "tiempo de gracia", vivido con gran alegría y gratitud hacia el Señor y la Virgen María, y con la incansable oración de encomendar a la nueva familia que estaba naciendo.

El santo matrimonio

Gianna Beretta y el ingeniero Pietro Molla se casan el 24 de septiembre de 1955 en la Basílica de San Martín, en Magenta (Milán). Pero, ¿qué significa para los dos enamorados celebrar el sacramento del matrimonio y formar una familia?

Esto es lo que escribe Gianna en su Pedrin d'or, diez días antes de la boda: "Amadísimo Pietro, gracias por todo. Me gustaría decirte todo lo que siento y tengo en mi corazón, pero no soy capaz de hacerlo. Tú, que ya conoces bien mis sentimientos, sabrás comprenderme. Amadísimo Pietro, estoy segura de que siempre me harás feliz como lo soy ahora, y que el Señor responderá a tus oraciones, porque han sido pedidas por un corazón que siempre le ha amado y servido con santidad. Pietro, ¡cuánto tengo que aprender de ti! Eres realmente un ejemplo para mí y por ello te doy las gracias. Así, con la ayuda y la bendición de Dios, haremos todo para que nuestra nueva familia sea un pequeño cenáculo en el que Jesús reine por encima de todos nuestros afectos, deseos y acciones. Pedro mío, faltan pocos días y me siento tan conmovida por el hecho de acercarme a recibir el Sacramento del Amor: convirtámonos en colaboradores de Dios en la creación, dándoLe hijos que le amen y le sirvan. Pietro, ¿seré capaz de ser la esposa y madre que tú siempre has deseado? Lo deseo precisamente porque te lo mereces y porque te amo tanto. Te beso y te abrazo con todo mi afecto. Tuya, Gianna".

Y del mismo modo, Pietro le escribe antes del gran día: "Gianna amadísima, ... con la certeza de que Dios nos quería unidos, tú y yo hemos emprendido nuestra nueva vida. Estos meses han sido un crescendo de comprensión y afecto. Ahora nuestra comprensión es perfecta porque el Cielo es nuestra luz y la Ley Divina nuestra guía... Ahora nuestro afecto es pleno porque somos un sólo corazón y una sola alma, un único sentimiento y un único afecto, porque nuestro amor sabe esperar, fuerte y puro, la bendición del Cielo".

La hija Gianna Emanuela cuenta así la santa unión entre sus padres: "Leyendo y transcribiendo durante meses las cartas de mi padre a mi madre para su publicación, he comprendido que su amor podía ser tan grande, tan profundo y tan verdadero porque el Señor y la Madre Celestial estaban verdaderamente presentes y eran parte integrante de este amor, como de toda su vida. Hay aspectos que me iluminan y me conmueven en lo más hondo: su fe profunda y su ilimitada confianza en la Divina Providencia, su profunda humildad, su inmenso amor recíproco -que les daba mayor serenidad y fortaleza-, su amor inconmensurable por nosotros, sus hijos, su gran estima recíproca, su continua comunicación y apoyo mutuo, sus intensas y constantes oraciones de agradecimiento al Señor y la Virgen María, su amor y caridad hacia el prójimo. Vivieron verdaderamente el Sacramento del Matrimonio como vocación y camino a la santidad".

Y será exactamente en este terreno fértil y fecundo de santidad donde, en sólo seis años y medio de matrimonio, Gianna y Pietro acogerán a seis hijos: dos irán al cielo mientras aún estaban en el seno de su madre, Mariolina a la edad de seis años, dos años después de la muerte de Gianna, mientras que la última será la gracia que permitirá a ambos sellar, aunque de forma muy distinta, su vocación común: dar la vida por amor.

+ SOBRE SANTA GIANNA BERETTA MOLLA  

miércoles, 23 de octubre de 2019

Vida de San Juan de Capistrano


Nace en Capistrano, pueblo de los Abruzzos, reino de Nápoles, el año 1386. Ingresa en la Orden franciscana a los treinta años de edad. Ocupa dos veces el cargo de vicario general de la Orden. Sucumbe a los estragos de la peste, en el campamento de los cruzados de Eslovenia, el 23 de octubre de 1456. Ha sido llamado, "El Santo de Europa".

1453, los turcos conquistan Constantinopla

1453 es un año clave en la historia y consta como tal en todos los manuales. Los turcos, capitaneados por el sultán Mahomed II, tras un siglo de ocupación de tierra europea en los Balcanes, conquistan Constantinopla, afianzando así el imperio del Islam en el Asia Menor, sobre las ruinas del Oriente cristiano, y amenazando a toda la cristiandad de Occidente. Se presiente un trágico fin para la catolicidad medieval.

Roma y los pueblos tiemblan ante la impotencia de los príncipes cristianos, divididos entre sí. Pero Dios tiene preparados sus instrumentos: el Soldado, el Pontífice y el Santo. El caudillo húngaro Huniades, el papa Calixto III, que sucede en la sede de Pedro a Nicolás V en el mismo año 1453, y Juan de Capistrano, fraile minovita, reformador de los pueblos cristianos y de sus hermanos religiosos.

Conversión de Juan

La actividad apostólica de Juan se inicia paralelamente a los principios del siglo xv, el siglo del difícil tránsito entre dos edades tan distintas de la historia. Quedaban atrás en su vida las solicitudes por lo terreno, lo falaz. Tomó parte en conjuraciones políticas y, derrotado, había sido hecho prisionero, encerrado en unos sótanos inmundos, de los que creyó imposible salir con vida. Allí, encadenado a un poste, rodeado de ratas, con el agua hasta las rodillas, desengañado, reza a san Francisco y hace voto de entrar en su Orden. El voto le salva, y la ciudad de Perusa, donde cursaba sus estudios de jurisconsulto, es testigo de su conversión total, hasta espectacular en su externidad.

Reformador

Corría el año 1416. Ya franciscano, el de Capistrano se entrega en cuerpo y alma a la reforma espiritual del pueblo cristiano por medio de la predicación popular. Sigue las huellas y las enseñanzas de su hermano en religión, san Bernardino de Siena. Lleva su mismo gorro e invocándole hará sus maravillosas curaciones.

Va de pueblo en pueblo, acompañado de cuarenta caballeros, reúne a las multitudes en las plazas, pues no caben en los templos, y llega alguna vez a reunir el número de 20 000 oyentes. Así predica a Jesús, pero más con su figura que con las palabras. Pequeño, enjuto, apenas piel y huesos, vista corta, gesto austero, mas a la vez dulce y caritativo, semblante encendido, además sobrio y cálido.

Aunque predicaba casi siempre en latín, sus oyentes no daban tiempo al intérprete y pedían a gritos confesión, prometiendo cambiar de vida, encendiendo hogueras con los objetos de sus pecados: dados, naipes, afeites, etc.

Su característica era despertar vocaciones religiosas entre la juventud: en Leipzig 120 estudiantes siguen sus huellas, en Cracovia 130. Acabamos de nombrar dos ciudades no italianas, y es que lo extraordinario de la predicación de Juan de Capistrano, aquello en que supera a sus hermanos franciscanos misioneros como él, es su universalidad europea.

En veinte años misiona por Alemania, Austria, Hungría, Polonia, Moravia y hasta por Saboya, Borgoña y Flandes. Esta fue su lenta pero fundamental cooperación al mantenimiento de la unidad católica europea en el siglo XV.

Poseía dotes extraordinarias para la diplomacia. Trabajó en unir entre sí a los príncipes, recibió importantes misiones de cuatro Papas consecutivos, impugnó la naciente herejía husita, se relacionó con los griegos para tratar su unión con la Iglesia Romana, intervino en contener los perniciosos efectos del cisma de Basilea. Extendió la reforma de los "observantes" por los conventos de toda Europa, fundando muchos de ellos en Alemania.

Cruzada con el turco

Mas la ocasión culminante de su vida de "Santo de Europa" fue la Cruzada contra el turco, que empieza a predicar en el año 1453. El Papa Calixto III, español, de la familia Borja, le anima y le concede facultades omnímodas. Los príncipes cristianos no responden al llamamiento del Papa. El Papa nombra al cardenal español Juan de Carvajal su legado en Hungría.

El rey de Hungría huye, y tiene que ser Juan de Capistrano quien recluta a los campesinos húngaros para la Cruzada. Llegan a juntar a 7 000 cruzados. Mahomed ataca con 150 000 hombres y 300 cañones. Capistrano ha improvisado unos estandartes con la cruz y las figuras de San Francisco, San Antonio y San Bernardino. Anima a todos a la lucha al conjuro del nombre de Jesús, hace desistir a Huniades de su propósito de huir en retirada. Belgrado está rodeado por los turcos, y, contra toda previsión, los cruzados, animados por Capistrano desde la orilla, con la cruz, obtienen una victoria completa.

A los pocos días Mahomed vuelve al asalto con toda la rabia del león herido. Juan corre por las murallas, cuando la infantería turca escala el foso, y grita a los valientes húngaros que en sus manos está la cristiandad. Alzaba sus brazos a Dios, clamando misericordia por Europa. La derrota del turco fue completa.

Más admirable que la victoria en las armas, fue la victoria en los espíritus, que obtuvo Juan, convirtiendo a los cruzados en novicios. A diario celebraban misa él y sus frailes, y muchos soldados comulgaban. Políticamente no tuvo grandes consecuencias la victoria de Belgrado, pero quedaba el valor ejemplar de la conducta de un santo entregado a la defensa de la cristiandad.

Muerte

Una peste declarada en el campamento de los cruzados acabará con la vida, ya agotada, de aquel campeón. El mensaje de Juan de Capistrano quedaba escrito en la Historia.

Fuente: aciprensa.com

+ SOBRE SAN JUAN DE CAPISTRANO

miércoles, 16 de octubre de 2019

Benedicto XVI presenta a san Ignacio como el “Doctor de la unidad”

Prosiguiendo la catequesis sobre los padres apostólicos, Benedicto XVI habló en la audiencia general de san Ignacio de Antioquia.

San Ignacio fue obispo de Antioquia del año 70 al 107 de nuestra era y en esa ciudad “fue donde por primera vez -dijo el Papa- los discípulos recibieron el nombre de cristianos“. Condenado a ser devorado por las fieras, fue trasladado a Roma para que esa sentencia se ejecutase y en el camino aprovechó de su paso por diferentes ciudades para reafirmar la fe de los cristianos que habitaban allí.

“Ningún padre de la Iglesia ha expresado con la intensidad de Ignacio el anhelo de unión con Cristo y a la vida en El”, observó el Papa, explicando que en san Ignacio confluyen “dos corrientes espirituales: la de Pablo, que tiende a la unión con Cristo y la de Juan, concentrada en la vida en El. A su vez, estas dos corrientes se unen en la imitación de Cristo“.

“La irresistible tensión de Ignacio hacia la unión con Cristo funda una verdadera y propia mística de la unidad“, prosiguió Benedicto XVI, y recordó que en las siete cartas que el obispo antioqueno escribió durante su viaje hacia Roma repite a menudo que “Dios existiendo en tres personas es Uno en absoluta unidad” y dice a los cristianos que “la unidad que tienen que realizar en esta tierra no es más que una imitación, lo más conforme posible al arquetipo divino”.

“Se advierte en (…) Ignacio una dialéctica constante y fecunda entre dos aspectos característicos de la vida cristiana: por una parte la estructura jerárquica de la comunidad eclesial, y por otra la unidad fundamental que liga entre sí a todos los fieles en Cristo. Por lo tanto, los roles no se pueden contraponer. Al contrario, la insistencia de la comunión de los creyentes entre ellos mismos y sus pastores, se refuerza constantemente mediante (…) analogías” tomadas de la música, como “la cítara, las cuerdas, (…) la sinfonía”.

“Es evidente la responsabilidad peculiar de los obispos, de los presbíteros y los diáconos en la edificación de la comunidad. Para ellos es válido ante todo el llamamiento al amor y la unidad”.

“Con razón Ignacio es llamado “doctor de la unidad” -exclamó el Papa-, y (…) en definitiva su “realismo” invita a los fieles de ayer y hoy a realizar una síntesis progresiva entre configuración con Cristo (…) y compromiso con su Iglesia (unidad con el obispo y apertura al mundo) (…) entre comunión de la Iglesia en su interno y misión, que es la proclamación del Evangelio a los demás”.

Fuente: primeroscristianos.com

+ SOBRE SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA

¿Qué significan los nombres hebreos de la Sagrada Familia? ¿De dónde vienen los nombres de Jesús, María, José, Joaquín y Ana, además del título de Mesías o Cristo?

La Sagrada Familia de Nazaret está formada por Jesucristo, su madre María y su padre adoptivo José, así como por sus abuelos maternos Joaquín y Ana. Desafortunadamente, el nombre de los padres de San José no nos ha llegado. Aquí está el origen y el significado de estos nombres:

JESÚS

Del latín Iésus, que deriva del hebreo Yeshua, variación de Yehoshua (del que también deriva el nombre Josué). Significa “Dios salva”.

Cristo (o Mesías): Del latín Christus, versión del griego Christós, traducción del hebreo Mashiakh. Significa “Ungido”. No es parte del nombre propio de Jesús, sino un título reconocido para él.

MARÍA

Del latín Maria, derivado del arameo Maryam o Mariam, cuya versión hebrea es Myrhiàm. María significa “La elegida por dios” proviene del hebreo מִרְיָם (Miryam) que significa “Excelsa”.

JOSÉ

Del latín Ioseph, derivato del hebreo Yosef. Existe también la versión latinizada Iosephus. Tiene dos significados: en el primer caso significa ‘Yavhé ha borrado’ y en el segundo ‘que Yavhé añada’.

La Biblia interpreta de este nombre a partir de las frases de Raquel recogidas en el Génesis al dar a luz al patriarca José cuando dice: ”Dios ha borrado mi afrenta” y llamó a su hijo José, “que me añada Yahvé otro hijo”.

JOAQUÍN

Del latín Ioachim, derivado del hebreo Yəhôyāqîm. Significa “Aquel que ha sido preparado por Dios”. San Joaquín, marido de Santa Ana, era el padre de la Virgen María, y por tanto el abuelo de Jesús.

ANA

Del latín Anna, deriva del hebreo  annāh. Significa “Gracia”. Santa Ana, mujer de San Joaquín, era la madre de la Virgen María, y así, la abuela de Jesús.

Fuente: Aleteia

"Un cristiano que no sabe acusarse a sí mismo no es un buen cristiano"

Lecturas del martes de la 28 semana del Tiempo Ordinario. Año II

Jesús no tolera la hipocresía y llama a los fariseos «sepulcros blanqueados». Lo recordó el Santo Padre en su homilía en la misa de esta mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Debemos curarnos de la hipocresía y la medicina es saber acusarse a sí mismo ante Dios. Quien no sabe cómo hacerlo «no es un buen cristiano», dijo Francisco

La hipocresía fue el tema que abordó el Papa en su homilía de la Misa matutina. Y comenzó a partir de la sugerencia del pasaje evangélico del día, en el que se relata que Jesús, invitado a comer por un fariseo, fue criticado por el dueño de casa porque, antes de ponerse a la mesa, no había hecho las abluciones rituales.

Francisco comentó al respecto: «Hay una actitud que el Señor no tolera: la hipocresía. Y esto es lo que leemos en el Evangelio. Invitan a Jesús a comer, pero para juzgarlo, no para hacer amistad». A lo que añadió que “la hipocresía es precisamente presentarse de un modo y ser de otro». Es pensar en secreto de manera diferente a como uno se presenta.

Jesús no soporta la hipocresía. Y a menudo llama a los fariseos “hipócritas”, “sepulcros blanqueados”. Pero no es un insulto de Jesús, “es la verdad”. «Desde afuera eres perfecto”, es más, “almidonado” – reafirmó Francisco – precisamente “siendo correcto”, pero “dentro eres otra cosa». Y afirmó que «la actitud hipócrita nace del gran mentiroso, el diablo». Él es el «gran hipócrita» y los hipócritas son sus «herederos».

La hipocresía es el lenguaje del diablo, es el lenguaje del mal que entra en nuestro corazón y es sembrado por el diablo. No se puede convivir con gente hipócrita, pero existe. A Jesús le gusta desenmascarar la hipocresía. Él sabe que será ciertamente esta actitud hipócrita la que lo llevará a la muerte, porque el hipócrita no piensa si utiliza medios lícitos o no, va adelante: con la calumnia. «Calumniemos, ¿el falso testigo?”… «Busquemos un falso testigo”.

El Papa prosiguió diciendo que alguien podría objetar «que no existe tal hipocresía” en el propio entorno. Sin embargo, añadió, “pensar esto es un error”:

El lenguaje hipócrita, no diré que sea normal, pero es común, es de todos los días. El hecho de presentarse de un modo y ser de otro. En la lucha por el poder, por ejemplo, las envidias, los celos, te hacen parecer con una forma de ser y desde dentro hay veneno para matar, porque la hipocresía siempre mata, siempre, tarde o temprano mata.

Es necesario sanar de esta actitud. Pero ¿cuál es la medicina? se preguntó el Papa. Y la respuesta es decir «la verdad, ante Dios». Es acusarse a sí mismo:

Debemos aprender a acusarnos a nosotros mismos: «He hecho esto, yo pienso así, malamente…. Tengo envidia, me gustaría destruir aquello…», lo que está dentro, lo nuestro, y decirlo ante Dios. Este es un ejercicio espiritual que no es común, no es habitual, pero tratamos de hacerlo: acusarnos a nosotros mismos, vernos en el pecado, en las hipocresías y en la maldad que hay en nuestro corazón. Porque el diablo siembra la maldad y decirle al Señor: «¡Mira, Señor, cómo soy!», y decirlo con humildad.

Aprendemos a acusarnos a nosotros mismos, reafirmó el Papa, a la vez que añadió textualmente:

“Una cosa tal vez demasiado fuerte, pero es así: un cristiano que no sabe acusarse a sí mismo no es un buen cristiano y corre el riesgo de caer en la hipocresía”.

Y concluyó recordando la oración de Pedro cuando dijo al Señor: «Aléjate de mí porque soy un hombre pecador”. «Aprendamos – dijo Francisco – a acusarnos a nosotros mismos».

San Claudio y Santa Margarita de Alacoque

“Es necesario ser santo para hacer santos”
San Claudio de la Colombiere


Nacido en las cercanías de Lyon en el seno de una familia de notarios y magistrados, San Claudio fue capaz de colocar al servicio de su obra evangelizadora el conocimiento y los contactos a los que había accedido por su acomodada cuna.

San Claudio y Santa Margarita de Alacoque

Ingresó en la Compañía de Jesús y, como superior de su comunidad, fue nombrado confesor de las religiosas de la Visitación de Paray-le-Monial. Allí entró en contacto con Santa Margarita María de Alacoque, receptora de visiones del Sagrado Corazón de Jesús. San Claudio disipó los temores de la religiosa de que aquellas experiencias místicas fueran obra demoniaca y encauzó y dio forma a las revelaciones de Santa Margarita. Juntos fueron los principales impulsores de la devoción al Sagrado Corazón y juntos fueron representados en este óleo que figura en la capilla sepulcral del santo, en Paray-le-Monial.

¡San Claudio de la Colombiere, Santa Margarita de Alacoque, rogad por nosotros!

lunes, 14 de octubre de 2019

14 de Octubre: San Calixto, por Celestino Hueso SF


Al hombre que presento hoy podrían tenerlo como patrón los banqueros. No era un ricachón de la época. No; sino todo lo contrario, era un esclavo, pero un esclavo con un corazón tan grande que su amo lo nombró administrador de sus bienes.

La cosa pintó en bastos y perdió media fortuna de su dueño. Y, como era de esperar, fue a dar con sus huesos en la cárcel. Cuando salió consiguió recuperar todo lo perdido y su dueño Carpóforo le dio la libertad y se convirtió en un gran administrador de todo lo que se puso en sus manos. Y en un gran creyente y administrador de la fe.

Lo nombraron Papa y se convirtió en el Papa Francisco del siglo III. Lo que el alma es para el cuerpo fue Calixto para el mundo. Por eso lo odiaban los gerifaltes y quienes tenían ínfulas de grandeza.

Tertuliano e Hipólito (los sabihondos de la época) lo condenaron por perdonar a los adúlteros arrepentidos. Finalmente los enemigos de la fe y las buenas obras lo arrojaron de cabeza a un pozo. Lo que no sabían es que en el fondo había una escalera que iba derechita al cielo. Por ella subió San Calixto.

+ SOBRE SAN CALIXTO I

lunes, 30 de septiembre de 2019

Carta apostólica en forma de Motu Proprio del Santo Padre Francisco “Aperuit Illis” con la que se instituye el Domingo de la Palabra de Dios (30 de septiembre del 2019)

Carta Apostólica
en forma de Motu Proprio
del Santo Padre
Francisco
Aperuit illis
con la que se instituye el
Domingo de la Palabra de Dios

1. «Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» (Lc 24,45). Es uno de los últimos gestos realizados por el Señor resucitado, antes de su Ascensión. Se les aparece a los discípulos mientras están reunidos, parte el pan con ellos y abre sus mentes para comprender la Sagrada Escritura. A aquellos hombres asustados y decepcionados les revela el sentido del misterio pascual: que según el plan eterno del Padre, Jesús tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos para conceder la conversión y el perdón de los pecados (cf. Lc 24,26.46-47); y promete el Espíritu Santo que les dará la fuerza para ser testigos de este misterio de salvación (cf. Lc 24,49).

La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables. San Jerónimo escribió con verdad: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo» (In Is., Prólogo: PL 24,17).

2. Tras la conclusión del Jubileo extraordinario de la misericordia, pedí que se pensara en «un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo» (Carta ap. Misericordia et misera, 7). Dedicar un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable. En este sentido, me vienen a la memoria las enseñanzas de san Efrén: «¿Quién es capaz, Señor, de penetrar con su mente una sola de tus frases? Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la palabra del Señor presenta muy diversos aspectos, según la diversa capacidad de los que la estudian. El Señor pintó con multiplicidad de colores su palabra, para que todo el que la estudie pueda ver en ella lo que más le plazca. Escondió en su palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos en que concentrar su reflexión» (Comentarios sobre el Diatésaron, 1,18).

Por tanto, con esta Carta tengo la intención de responder a las numerosas peticiones que me han llegado del pueblo de Dios, para que en toda la Iglesia se pueda celebrar con un mismo propósito el Domingo de la Palabra de Dios. Ahora se ha convertido en una práctica común vivir momentos en los que la comunidad cristiana se centra en el gran valor que la Palabra de Dios ocupa en su existencia cotidiana. En las diferentes Iglesias locales hay una gran cantidad de iniciativas que hacen cada vez más accesible la Sagrada Escritura a los creyentes, para que se sientan agradecidos por un don tan grande, con el compromiso de vivirlo cada día y la responsabilidad de testimoniarlo con coherencia.

El Concilio Ecuménico Vaticano II dio un gran impulso al redescubrimiento de la Palabra de Dios con la Constitución dogmática Dei Verbum. En aquellas páginas, que siempre merecen ser meditadas y vividas, emerge claramente la naturaleza de la Sagrada Escritura, su transmisión de generación en generación (cap. II), su inspiración divina (cap. III) que abarca el Antiguo y el Nuevo Testamento (capítulos IV y V) y su importancia para la vida de la Iglesia (cap. VI). Para aumentar esa enseñanza, Benedicto XVI convocó en el año 2008 una Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia”, publicando a continuación la Exhortación apostólica Verbum Domini, que constituye una enseñanza fundamental para nuestras comunidades.[1] En este Documento en particular se profundiza el carácter performativo de la Palabra de Dios, especialmente cuando su carácter específicamente sacramental emerge en la acción litúrgica.[2]

Por tanto, es bueno que nunca falte en la vida de nuestro pueblo esta relación decisiva con la Palabra viva que el Señor nunca se cansa de dirigir a su Esposa, para que pueda crecer en el amor y en el testimonio de fe.

3. Así pues, establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad.

Las comunidades encontrarán el modo de vivir este Domingo como un día solemne. En cualquier caso, será importante que en la celebración eucarística se entronice el texto sagrado, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios. En este domingo, de manera especial, será útil destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace a la Palabra del Señor. En este domingo, los obispos podrán celebrar el rito del Lectorado o confiar un ministerio similar para recordar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia. En efecto, es fundamental que no falte ningún esfuerzo para que algunos fieles se preparen con una formación adecuada a ser verdaderos anunciadores de la Palabra, como sucede de manera ya habitual para los acólitos o los ministros extraordinarios de la Comunión. Asimismo, los párrocos podrán encontrar el modo de entregar la Biblia, o uno de sus libros, a toda la asamblea, para resaltar la importancia de seguir en la vida diaria la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con una particular consideración a la lectio divina.

4. El regreso del pueblo de Israel a su patria, después del exilio en Babilonia, estuvo marcado de manera significativa por la lectura del libro de la Ley. La Biblia nos ofrece una descripción conmovedora de ese momento en el libro de Nehemías. El pueblo estaba reunido en Jerusalén en la plaza de la Puerta del Agua, escuchando la Ley. Aquel pueblo había sido dispersado con la deportación, pero ahora se encuentra reunido alrededor de la Sagrada Escritura como si fuera «un solo hombre» (Ne 8,1). Cuando se leía el libro sagrado, el pueblo «escuchaba con atención» (Ne 8,3), sabiendo que podían encontrar en aquellas palabras el significado de los acontecimientos vividos. La reacción al anuncio de aquellas palabras fue la emoción y las lágrimas: «[Los levitas] leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido, de modo que entendieran la lectura. Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea: “Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios. No estéis tristes ni lloréis” (y es que todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley). […] “¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!”» (Ne 8,8-10).

Estas palabras contienen una gran enseñanza. La Biblia no puede ser sólo patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados. Pertenece, en primer lugar, al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra. A menudo se dan tendencias que intentan monopolizar el texto sagrado relegándolo a ciertos círculos o grupos escogidos. No puede ser así. La Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo.

5. En esta unidad, generada con la escucha, los Pastores son los primeros que tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura. Puesto que es el libro del pueblo, los que tienen la vocación de ser ministros de la Palabra deben sentir con fuerza la necesidad de hacerla accesible a su comunidad.

La homilía, en particular, tiene una función muy peculiar, porque posee «un carácter cuasi sacramental» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 142). Ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha, le permite al sacerdote mostrar también la «belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien» (ibíd.). Esta es una oportunidad pastoral que hay que aprovechar.

De hecho, para muchos de nuestros fieles esta es la única oportunidad que tienen para captar la belleza de la Palabra de Dios y verla relacionada con su vida cotidiana. Por lo tanto, es necesario dedicar el tiempo apropiado para la preparación de la homilía. No se puede improvisar el comentario de las lecturas sagradas. A los predicadores se nos pide más bien el esfuerzo de no alargarnos desmedidamente con homilías pedantes o temas extraños. Cuando uno se detiene a meditar y rezar sobre el texto sagrado, entonces se puede hablar con el corazón para alcanzar los corazones de las personas que escuchan, expresando lo esencial con vistas a que se comprenda y dé fruto. Que nunca nos cansemos de dedicar tiempo y oración a la Sagrada Escritura, para que sea acogida «no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios» (1 Ts 2,13).

Es bueno que también los catequistas, por el ministerio que realizan de ayudar a crecer en la fe, sientan la urgencia de renovarse a través de la familiaridad y el estudio de la Sagrada Escritura, para favorecer un verdadero diálogo entre quienes los escuchan y la Palabra de Dios.

6. Antes de reunirse con los discípulos, que estaban encerrados en casa, y de abrirles el entendimiento para comprender las Escrituras (cf. Lc 24,44-45), el Resucitado se aparece a dos de ellos en el camino que lleva de Jerusalén a Emaús (cf. Lc 24,13-35). La narración del evangelista Lucas indica que es el mismo día de la Resurrección, es decir el domingo. Aquellos dos discípulos discuten sobre los últimos acontecimientos de la pasión y muerte de Jesús. Su camino está marcado por la tristeza y la desilusión a causa del trágico final de Jesús. Esperaban que Él fuera el Mesías libertador, y se encuentran ante el escándalo del Crucificado. Con discreción, el mismo Resucitado se acerca y camina con los discípulos, pero ellos no lo reconocen (cf. v. 16). A lo largo del camino, el Señor los interroga, dándose cuenta de que no han comprendido el sentido de su pasión y su muerte; los llama «necios y torpes» (v. 25) y «comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras» (v. 27). Cristo es el primer exegeta. No sólo las Escrituras antiguas anticiparon lo que Él iba a realizar, sino que Él mismo quiso ser fiel a esa Palabra para evidenciar la única historia de salvación que alcanza su plenitud en Cristo.

7. La Biblia, por tanto, en cuanto Sagrada Escritura, habla de Cristo y lo anuncia como el que debe soportar los sufrimientos para entrar en la gloria (cf. v. 26). No sólo una parte, sino toda la Escritura habla de Él. Su muerte y resurrección son indescifrables sin ella. Por esto una de las confesiones de fe más antiguas pone de relieve que Cristo «murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas» (1 Co 15,3-5). Puesto que las Escrituras hablan de Cristo, nos ayudan a creer que su muerte y resurrección no pertenecen a la mitología, sino a la historia y se encuentran en el centro de la fe de sus discípulos.

Es profundo el vínculo entre la Sagrada Escritura y la fe de los creyentes. Porque la fe proviene de la escucha y la escucha está centrada en la palabra de Cristo (cf. Rm 10,17), la invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal.

8. El “viaje” del Resucitado con los discípulos de Emaús concluye con la cena. El misterioso Viandante acepta la insistente petición que le dirigen aquellos dos: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída» (Lc 24,29). Se sientan a la mesa, Jesús toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y se lo ofrece a ellos. En ese momento sus ojos se abren y lo reconocen (cf. v. 31).

Esta escena nos hace comprender el inseparable vínculo entre la Sagrada Escritura y la Eucaristía. El Concilio Vaticano II nos enseña: «la Iglesia ha venerado siempre la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo» (Const. dogm. Dei Verbum, 21).

El contacto frecuente con la Sagrada Escritura y la celebración de la Eucaristía hace posible el reconocimiento entre las personas que se pertenecen. Como cristianos somos un solo pueblo que camina en la historia, fortalecido por la presencia del Señor en medio de nosotros que nos habla y nos nutre. El día dedicado a la Biblia no ha de ser “una vez al año”, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera.

La Sagrada Escritura y los Sacramentos no se pueden separar. Cuando los Sacramentos son introducidos e iluminados por la Palabra, se manifiestan más claramente como la meta de un camino en el que Cristo mismo abre la mente y el corazón al reconocimiento de su acción salvadora. Es necesario, en este contexto, no olvidar la enseñanza del libro del Apocalipsis, cuando dice que el Señor está a la puerta y llama. Si alguno escucha su voz y le abre, Él entra para cenar juntos (cf. 3,20). Jesucristo llama a nuestra puerta a través de la Sagrada Escritura; si escuchamos y abrimos la puerta de la mente y del corazón, entonces entra en nuestra vida y se queda con nosotros.

9. En la Segunda Carta a Timoteo, que constituye de algún modo su testamento espiritual, san Pablo recomienda a su fiel colaborador que lea constantemente la Sagrada Escritura. El Apóstol está convencido de que «toda Escritura es inspirada por Dios es también útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar» (3,16). Esta recomendación de Pablo a Timoteo constituye una base sobre la que la Constitución conciliar Dei Verbum trata el gran tema de la inspiración de la Sagrada Escritura, un fundamento del que emergen en particular la finalidad salvífica, la dimensión espiritual y el principio de la encarnación de la Sagrada Escritura.

Al evocar sobre todo la recomendación de Pablo a Timoteo, la Dei Verbum subraya que «los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación» (n. 11). Puesto que las mismas instruyen en vista a la salvación por la fe en Cristo (cf. 2 Tm 3,15), las verdades contenidas en ellas sirven para nuestra salvación. La Biblia no es una colección de libros de historia, ni de crónicas, sino que está totalmente dirigida a la salvación integral de la persona. El innegable fundamento histórico de los libros contenidos en el texto sagrado no debe hacernos olvidar esta finalidad primordial: nuestra salvación. Todo está dirigido a esta finalidad inscrita en la naturaleza misma de la Biblia, que está compuesta como historia de salvación en la que Dios habla y actúa para ir al encuentro de todos los hombres y salvarlos del mal y de la muerte.

Para alcanzar esa finalidad salvífica, la Sagrada Escritura bajo la acción del Espíritu Santo transforma en Palabra de Dios la palabra de los hombres escrita de manera humana (cf. Const. dogm. Dei Verbum, 12). El papel del Espíritu Santo en la Sagrada Escritura es fundamental. Sin su acción, el riesgo de permanecer encerrados en el mero texto escrito estaría siempre presente, facilitando una interpretación fundamentalista, de la que es necesario alejarse para no traicionar el carácter inspirado, dinámico y espiritual que el texto sagrado posee. Como recuerda el Apóstol: «La letra mata, mientras que el Espíritu da vida» (2 Co 3,6). El Espíritu Santo, por tanto, transforma la Sagrada Escritura en Palabra viva de Dios, vivida y transmitida en la fe de su pueblo santo.

10. La acción del Espíritu Santo no se refiere sólo a la formación de la Sagrada Escritura, sino que actúa también en aquellos que se ponen a la escucha de la Palabra de Dios. Es importante la afirmación de los Padres conciliares, según la cual la Sagrada Escritura «se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita» (Const. dogm. Dei Verbum, 12). Con Jesucristo la revelación de Dios alcanza su culminación y su plenitud; aun así, el Espíritu Santo continúa su acción. De hecho, sería reductivo limitar la acción del Espíritu Santo sólo a la naturaleza divinamente inspirada de la Sagrada Escritura y a sus distintos autores. Por tanto, es necesario tener fe en la acción del Espíritu Santo que sigue realizando una peculiar forma de inspiración cuando la Iglesia enseña la Sagrada Escritura, cuando el Magisterio la interpreta auténticamente (cf. ibíd., 10) y cuando cada creyente hace de ella su propia norma espiritual. En este sentido podemos comprender las palabras de Jesús cuando, a los discípulos que le confirman haber entendido el significado de sus parábolas, les dice: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo» (Mt 13,52).

11. La Dei Verbum afirma, además, que «la Palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre, asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres» (n. 13). Es como decir que la Encarnación del Verbo de Dios da forma y sentido a la relación entre la Palabra de Dios y el lenguaje humano, con sus condiciones históricas y culturales. En este acontecimiento toma forma la Tradición, que también es Palabra de Dios (cf. ibíd., 9). A menudo se corre el riesgo de separar la Sagrada Escritura de la Tradición, sin comprender que juntas forman la única fuente de la Revelación. El carácter escrito de la primera no le quita nada a su ser plenamente palabra viva; así como la Tradición viva de la Iglesia, que la transmite constantemente de generación en generación a lo largo de los siglos, tiene el libro sagrado como «regla suprema de la fe» (ibíd., 21). Por otra parte, antes de convertirse en texto escrito, la Sagrada Escritura se transmitió oralmente y se mantuvo viva por la fe de un pueblo que la reconocía como su historia y su principio de identidad en medio de muchos otros pueblos. Por consiguiente, la fe bíblica se basa en la Palabra viva, no en un libro.

12. Cuando la Sagrada Escritura se lee con el mismo Espíritu que fue escrita, permanece siempre nueva. El Antiguo Testamento no es nunca viejo en cuanto que es parte del Nuevo, porque todo es transformado por el único Espíritu que lo inspira. Todo el texto sagrado tiene una función profética: no se refiere al futuro, sino al presente de aquellos que se nutren de esta Palabra. Jesús mismo lo afirma claramente al comienzo de su ministerio: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,21). Quien se alimenta de la Palabra de Dios todos los días se convierte, como Jesús, en contemporáneo de las personas que encuentra; no tiene tentación de caer en nostalgias estériles por el pasado, ni en utopías desencarnadas hacia el futuro.

La Sagrada Escritura realiza su acción profética sobre todo en quien la escucha. Causa dulzura y amargura. Vienen a la mente las palabras del profeta Ezequiel cuando, invitado por el Señor a comerse el libro, manifiesta: «Me supo en la boca dulce como la miel» (3,3). También el evangelista Juan en la isla de Patmos evoca la misma experiencia de Ezequiel de comer el libro, pero agrega algo más específico: «En mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor» (Ap 10,10).

La dulzura de la Palabra de Dios nos impulsa a compartirla con quienes encontramos en nuestra vida para manifestar la certeza de la esperanza que contiene (cf. 1 P 3,15-16). Por su parte, la amargura se percibe frecuentemente cuando comprobamos cuán difícil es para nosotros vivirla de manera coherente, o cuando experimentamos su rechazo porque no se considera válida para dar sentido a la vida. Por tanto, es necesario no acostumbrarse nunca a la Palabra de Dios, sino nutrirse de ella para descubrir y vivir en profundidad nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos.

13. Otra interpelación que procede de la Sagrada Escritura se refiere a la caridad. La Palabra de Dios nos señala constantemente el amor misericordioso del Padre que pide a sus hijos que vivan en la caridad. La vida de Jesús es la expresión plena y perfecta de este amor divino que no se queda con nada para sí mismo, sino que se ofrece a todos incondicionalmente. En la parábola del pobre Lázaro encontramos una indicación valiosa. Cuando Lázaro y el rico mueren, este último, al ver al pobre en el seno de Abrahán, pide ser enviado a sus hermanos para aconsejarles que vivan el amor al prójimo, para evitar que ellos también sufran sus propios tormentos. La respuesta de Abrahán es aguda: «Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen» (Lc 16,29). Escuchar la Sagrada Escritura para practicar la misericordia: este es un gran desafío para nuestras vidas. La Palabra de Dios es capaz de abrir nuestros ojos para permitirnos salir del individualismo que conduce a la asfixia y la esterilidad, a la vez que nos manifiesta el camino del compartir y de la solidaridad.

14. Uno de los episodios más significativos de la relación entre Jesús y los discípulos es el relato de la Transfiguración. Jesús sube a la montaña para rezar con Pedro, Santiago y Juan. Los evangelistas recuerdan que, mientras el rostro y la ropa de Jesús resplandecían, dos hombres conversaban con Él: Moisés y Elías, que encarnan la Ley y los Profetas, es decir, la Sagrada Escritura. La reacción de Pedro ante esa visión está llena de un asombro gozoso: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» (Lc 9,33). En aquel momento una nube los cubrió con su sombra y los discípulos se llenaron de temor.

La Transfiguración hace referencia a la fiesta de las Tiendas, cuando Esdras y Nehemías leían el texto sagrado al pueblo, después de su regreso del exilio. Al mismo tiempo, anticipa la gloria de Jesús en preparación para el escándalo de la pasión, gloria divina que es aludida por la nube que envuelve a los discípulos, símbolo de la presencia del Señor. Esta Transfiguración es similar a la de la Sagrada Escritura, que se trasciende a sí misma cuando alimenta la vida de los creyentes. Como recuerda la Verbum Domini: «Para restablecer la articulación entre los diferentes sentidos escriturísticos es decisivo comprender el paso de la letra al espíritu. No se trata de un paso automático y espontáneo; se necesita más bien trascender la letra» (n. 38).

15. En el camino de escucha de la Palabra de Dios, nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho (cf. Lc 1,45). La bienaventuranza de María precede a todas las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús para los pobres, los afligidos, los mansos, los pacificadores y los perseguidos, porque es la condición necesaria para cualquier otra bienaventuranza. Ningún pobre es bienaventurado porque es pobre; lo será si, como María, cree en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Lo recuerda un gran discípulo y maestro de la Sagrada Escritura, san Agustín: «Entre la multitud ciertas personas dijeron admiradas: “Feliz el vientre que te llevó”; y Él: “Más bien, felices quienes oyen y custodian la Palabra de Dios”. Esto equivale a decir: también mi madre, a quien habéis calificado de feliz, es feliz precisamente porque custodia la Palabra de Dios; no porque en ella la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, sino porque custodia la Palabra misma de Dios mediante la que ha sido hecha y que en ella se hizo carne» (Tratados sobre el evangelio de Juan, 10,3).

Que el domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura, como el autor sagrado lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra «está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas» (Dt 30,14).

Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 30 de septiembre de 2019.     
Memoria litúrgica de San Jerónimo en el inicio del 1600 aniversario de la muerte.

 FRANCISCO

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[1] Cf. AAS 102 (2010), 692-787.

[2] «La sacramentalidad de la Palabra se puede entender en analogía con la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino consagrados. Al acercarnos al altar y participar en el banquete eucarístico, realmente comulgamos el cuerpo y la sangre de Cristo. La proclamación de la Palabra de Dios en la celebración comporta reconocer que es Cristo mismo quien está presente y se dirige a nosotros para ser recibido» (Exhort. ap. Verbum Domini, 56).

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Domingo de la Palabra de Dios

A partir de ahora, la misa del tercer domingo del Tiempo Ordinario (que cae entre finales de enero y mediados de febrero) contará con signos litúrgicos especiales para reforzar la importancia de la Palabra de Dios. Por ejemplo, se entronizará un ejemplar de las Escrituras o se instituirán clérigos o laicos con el oficio de lectores. Ese domingo será, cada año, el "Domingo de la Palabra de Dios".

Así lo decreta para la Iglesia universal el papa Francisco con una carta apostólica en forma de Motu Proprio titulada “Aperuit Illis”, anunciada este 30 de septiembre de 2019, cuando se cumplen 1.600 años de la muerte del gran traductor de la Biblia al latín, San Jerónimo.

El objetivo de esta festividad, asegura el texto, es "que podamos anunciar por todo el mundo esa riqueza inagotable” que es "el tesoro de su Palabra".

Precedentes del Vaticano II y Benedicto XVI

El papa Francisco recuerda que, “el Concilio Vaticano II dio un gran impulso al redescubrimiento de la Palabra de Dios con la Constitución dogmática Dei Verbum”.

Además, en 2008 Benedicto XVI convocó un Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia”, publicando a continuación la Exhortación Apostólica Verbum Domini. “En este documento – precisa el Papa – se profundiza en el carácter performativo de la Palabra de Dios, especialmente cuando su carácter sacramental emerge en la acción litúrgica”.

Gestos para que sea un domingo solemne con la Palabra

El Pontífice anima a vivir este Domingo de la Palabra como un día solemne. “Será importante que en la celebración eucarística se entronice el texto sagrado, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios. En este domingo, de manera especial, será útil destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace a la Palabra del Señor”.

Los obispos pueden celebrar el rito del Lectorado (instituir personas ante el pueblo que sean lectores) o confiar un ministerio similar para recordar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia.

Es fundamental, subraya el Papa, que algunos fieles se preparen con una formación adecuada a ser anunciadores de la Palabra, como sucede de manera ya habitual para los acólitos o los ministros extraordinarios de la Comunión y poder resaltar la importancia de seguir en la vida diaria la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con una particular consideración a la lectio divina.

La Biblia no es "para unos pocos privilegiados"


El papa Francisco recuerda que la Biblia “no puede ser sólo patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados”. Pertenece, en primer lugar, al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra.

A menudo, denuncia el Pontífice, "se dan tendencias que intentan monopolizar el texto sagrado relegándolo a ciertos círculos o grupos escogidos. No puede ser así. La Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo".

Que los pastores expliquen la Biblia al pueblo

Para mejorar esa unidad, el Papa recuerda a los pastores que tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura. Puesto que es el libro del pueblo, los que tienen la vocación de ser ministros de la Palabra deben sentir con fuerza la necesidad de hacerla accesible a su comunidad.

La homilía, en particular, tiene una función muy peculiar, porque posee «un carácter cuasi sacramental», afirma. Ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha, le permite al sacerdote mostrar también la «belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien».

Recuerda también las palabras de San Pablo a los Romanos: “La fe proviene de la escucha y la escucha está centrada en la palabra de Cristo”. Por eso, los fieles necesitan escuchar la Palabra en la oración litúrgica y en la oración personal.

El día dedicado a la Biblia debe ayudar, dice el Papa, a tener "familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura; si no, el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera".

"Está en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas"

El Papa concluye invitando a que, el domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura, como el autor del Deuteronomio lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra «está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas». Y recuerda el Pontífice que en el camino de escucha de la Palabra de Dios, "nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho".

El análisis del arzobispo Rino Fisichella

El arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, ha comentado en una entrevista con VaticanNews el sentido de este texto.

- ¿Cómo surgió esta Carta?

- Nace porque el Papa recibió muchas peticiones de pastores y laicos después del Jubileo de la Misericordia. En aquella época, en su Carta Apostólica “Misericordia et Misera”, al final del Año Santo extraordinario, mencionaba que en las iglesias, según su propia creatividad se diera vida a un domingo en el que la Palabra de Dios se situaba en el centro de la vida de la comunidad cristiana. Un signo unitario para hacer emerger aún más la fuerza de la Palabra de Dios para la comunidad, pero también la responsabilidad que la comunidad siente a través de una acción auténticamente evangelizadora.

- ¿Cada domingo no debería ser el domingo de la Palabra de Dios?

- Cada domingo que celebramos es el domingo en el que se celebra el sacrificio de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, por lo que la acción litúrgica con la celebración de la Eucaristía se convierte en el culmen de la vida cristiana. Esto no significa que, a partir del año 1200, también celebremos la fiesta del Corpus Christi. En el domingo de la Palabra de Dios, en toda la Iglesia, en todas las comunidades cristianas, la Palabra puede ser proclamada con mayor solemnidad, una reflexión especial acompañada de signos más visibles sobre la importancia que esta Palabra tiene para la Iglesia. El Papa eligió celebrar este domingo el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, cuando todas las lecturas proclamadas en el Evangelio presentan la figura de Jesús como heraldo del Reino de Dios.

- ¿Cuál es la relación entre la vida diaria de los cristianos y la Palabra de Dios? Porque a veces sucede que la Palabra es sólo un libro escrito....

- Desafortunadamente, tenemos que tocar un punto de tristeza. La gran mayoría de nuestros cristianos no conocen la Sagrada Escritura. La Biblia es el libro más difundido, pero también es quizás el más polvoriento porque no está en nuestras manos. Con esta Carta el Papa nos invita a tenerla en nuestras manos todos los días, en la medida de lo posible, para hacerla nuestra oración.

» Pensamos que es importante redescubrir la oración hecha con los Salmos porque cada salmo llama a una condición del pueblo cristiano y de la vida de cada hombre y de cada mujer. Luego la Lectio divina y, por tanto, la capacidad de ver cómo se vive esta Palabra en el curso de nuestra historia y cómo ha sido iluminada, cómo su interpretación conduce a una riqueza de sentidos, de significados. Pero sobre todo es la Palabra de Dios que se expresa en nuestro testimonio.

» El Papa recuerda enormemente la dimensión de la caridad porque cuando escuchamos la Palabra de Dios nos volvemos más atentos, vigilantes y sensibles a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, especialmente de los más marginados, y no es casualidad que Francisco recuerde la parábola del rico y del pobre Lázaro. La capacidad de escuchar la Palabra nos hace más sensibles a las situaciones más difíciles y extremas de la vida, las que ahora se denominan "periferias existenciales" de las que somos testigos diariamente.

- Estas últimas son indicaciones concretas que el Papa sugiere a los bautizados, pero en la Carta también hay indicaciones para sacerdotes y obispos.

- El Papa recuerda a los sacerdotes el valor de la homilía. Nos dice que es una ocasión pastoral que no hay que perderse en absoluto. Los sacerdotes, en primer lugar, estamos llamados al contacto cotidiano con la Palabra que debemos explicar a nuestro pueblo que tiene derecho a una explicación inteligente y coherente, que toca la vida y las necesidades presentes en cada uno. Pero también recuerda a los obispos para que en este domingo puedan celebrar, por ejemplo, la institución del ministerio del Lector.

» El Papa va más allá, sin embargo, y dice que con vistas a este domingo, a partir de los próximos años, es bueno que se subraye más el papel de un servicio extraordinario, de un ministerio y de un mandato particular con el que las personas se preparan primero para un contacto más inmediato de estudio, de reflexión con la Palabra de Dios, como es el caso del servicio extraordinario de la Comunión. Creo que esto es también una provocación pastoral.

» Sabemos cómo sucede en nuestras iglesias: la primera persona que encontramos disponible va a leer. Este, sin embargo, no es el valor que debe darse a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios debe encontrar mujeres, hombres capaces de proclamar auténticamente y en el anuncio capaces también de comprender el texto sagrado.

Fuente: religionenlibertad.com

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martes, 24 de septiembre de 2019

24 de Septiembre: La Virgen de la Merced, por Celestino Hueso SF


Hoy celebramos nuevamente a la Virgen con un vestido que me encanta: El de la Merced.

Hacer una merced a alguien es darle un regalo. Y en los años difíciles de las incursiones de los moros en España que hacían cautivos por montones para que se pudrieran en las cárceles del norte de África o para venderlos como esclavos, La Virgen, nuestra madre quiso hacer la merced más grande: sacarlos de esa situación a través de un grupo de hombres entregados al amor que viene de la fe verdadera.

Por eso Nuestra Madre de la Merced lleva el vestido blanco de la vida, la libertad y la justicia que regala a manos llenas a quienes se quieran proteger bajo su manto.

Reina de Barcelona cúbrenos con tu manto y enséñanos a ser mercedarios como tú, capaces de ir derramando mercedes a manos llenas por todos los lugares donde nos encontremos.

Felicidades a Barcelona, a Bahía Blanca y a todas las Mercedes.

+ SOBRE NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES

lunes, 23 de septiembre de 2019

Los estigmas del Padre Pío

 

Muchos se preguntarán aún quién era San Pío de Pietrelcina (1887-1968), tal vez el santo más venerado hoy en Italia y, desde luego, el único sacerdote estigmatizado en toda la historia de la Iglesia.

A propósito de sus estigmas en manos, pies y costado durante cincuenta años consecutivos, sangrantes a diario, a los que el Padre Pío aludía enigmático como «el secreto del Rey», tuve el privilegio de consultar en su día los informe médicos conservados en el proceso de canonización para componer mi libro «Padre Pío».

Las primeras señales del prodigio aparecieron a finales de 1910, a la edad de 23 años. Lo sabemos por una carta a su entonces director espiritual, padre Benedetto, datada el 8 de septiembre del año siguiente. Pero los estigmas no se hicieron visibles hasta ocho años después, desde la tarde del 5 de agosto de 1918. Sólo la obediencia debida a su director le hizo revelar finalmente el fenómeno que tanto le avergonzaba, por considerarse indigno de llevar las mismas heridas que Jesucristo. En cuanto trascendió «el secreto del Rey» sus enemigos se apresuraron a calumniarle, aduciendo que los falsos estigmas eran producto de la histeria del fraile, cuando no fruto de la sugestión e incluso de la autolesión, unidas al fanatismo, el desequilibrio mental o la mala fe.

Muy pronto, el convento de San Giovanni Rotondo, donde vivió el Padre Pío los últimos 52 años de su vida, se convirtió en el principal observatorio médico del planeta.

— Examen médico

Luigi Romanelli fue el primer médico que visitó el convento para examinar al fraile en mayo y julio de 1919. En octubre, estuvo allí el doctor Giorgio Festa, que repitió la visita en julio de 1920, acompañado de Romanelli. Precisamente este último, director del hospital civil de Barletta, describía con gran precisión visual los estigmas en las manos del Padre Pío: «En las regiones palmares de ambas manos, y propiamente al nivel del tercer metacarpo, se aprecia a simple vista una pigmentación de la piel de color rojo vinoso en una superficie del tamaño de una moneda de bronce de cinco centavos en la mano derecha y de dos centavos en la mano izquierda. Los contornos aparecen con leves franjas, de forma casi circular. Observándolos con cuidado, se aprecia en esa zona de la piel un epitelio, o más bien una membrana reluciente, algo levantada en el centro... Aplicando el pulgar en la palma de la mano y el índice en el dorso, y haciendo presión, que resulta muy dolorosa, se tiene la percepción exacta del vacio existente entre ambos dedos».

Respecto a las heridas en los pies, Romanelli anotaba en su informe: «Sobre el dorso de ambos pies se advierte una zona circular, del tamaño de una moneda de cinco centavos, recubierta también de una membrana de color rojo vivo... Tras palparla, se comprueba que la membrana es también elástica y permite apreciar el vacío subyacente. En las regiones plantares se perciben idénticas zonas y características. Comprimiéndolas al mismo tiempo, ya sea la región dorsal o plantar, se aprecia el vacío existente, así como el pie perforado».

Tras detallar también la llaga del costado, Luigi Romanelli concluía, rotundo, su informe: «Se excluye que la etiología de las lesiones del Padre Pío sea de origen natural sino que el agente productor debiera buscarse, sin temor a equivocarnos, en lo sobrenatural, ya que el hecho constituye por sí mismo un fenómeno inexplicable sólo desde la ciencia humana».

A idéntica conclusión llegó el doctor Giorgio Festa; lo mismo que su homólogo Andrea Cardona, quien en 1968, tras reconocer al Padre Pío, manifestó: «En ambas manos he hallado orificios del diámetro aproximado de uno y medio centímetros, respectivamente, que atravesaban las palmas de un lado a otro, filtrándose por ellos la luz; con la presión, las yemas de mis dedos índice y pulgar se tocaban».

Resultaba imposible explicar así fenómenos sobrenaturales a la exclusiva luz de la ciencia; igual que sucedía con otros carismas con los que Jesús adornó al Padre Pío: bilocación, introspección de conciencias o profecía. En el proceso de canonización se amontonan centenares de testimonios documentados que dan fe hoy de todos y cada uno de ellos.

— La burda treta de Gemelli

Para enturbiar la verdad, el padre Agostino Gemelli arrojó sus propias cartas marcadas al cesto del oprobio. Curiosamente, pertenecía a la Orden de Hermanos Menores Franciscanos y unía a su condición de médico, las de rector de la Universidad Católica de Milán, consejero del Santo Oficio y amigo personal de Pío XI.

Gemelli, precisamente, escribió un tratado para demostrar que todos los estigmatizados, a excepción de San Francisco de Asís y de Santa Catalina de Siena eran poco más o menos que unos farsantes. Y, naturalmente, el Padre Pío figuraba, a su juicio, entre ellos.

Gemelli osó entonces entregar al Pontífice un informe denigratorio sobre el Padre Pío... ¡sin haber examinado sus estigmas! Al contrario que Romanelli y Festa, quienes, tras estudiarlos minuciosamente, desenmascararon finalmente a Gemelli. La autosugestión era un camelo: no por creer que fuera un buey, al Padre Pío iban a salirle cuernos en la cabeza.

Autor: 
José María Zavala, historiador
larazon.es

+ SOBRE EL P. PÍO  

20 consejos del Padre Pío para los que están sufriendo y su esperanza flaquea y se apaga poco a poco


Cada cierto tiempo Dios envía a nuestro mundo algunos hombres extraordinarios que hacen de puente entre la tierra y el cielo, y ayudan a que miles de hombres puedan gozar del Paraíso eterno. El siglo XX nos dejó uno especialmente singular: el Padre Pío de Pietrelcina, un religioso capuchino nacido en ese pequeño pueblo del sur de Italia y muerto en 1968 en San Giovanni Rotondo. San Juan Pablo II lo elevó a los altares en 2002 en una canonización que batió todos los récords de asistencia. Hoy se puede decir que es el santo más venerado en Italia.

El Padre Pío recibió unos dones especiales por parte de Dios como el discernimiento de las almas y su capacidad para leer las conciencias; curaciones milagrosas; la bilocación; el don de lágrimas; el perfume a rosas que desprendía y, sobre todo, los estigmas en pies, manos y costado que padeció durante 50 años.

A lo largo de su vida escribió miles de cartas a sus dirigidos espirituales que son una fuente de sabiduría cristiana práctica y de gran actualidad.

Pensamientos para afrontar el sufrimiento:

Esta pequeña selección de pensamientos del Padre Pío ante el sufrimiento, extraídos, precisamente, provienen de esas cartas. No tienen desperdicio. Dan esperanza y elevan el alma:

1.-  "Si puedes hablar al Señor en la oración, háblale, ofrécele tu alabanza; si por mucho cansancio no puedes hablar, no te disgustes en los caminos del Señor. Detenté en la habitación como los servidores en la corte y hazle reverencia. El te verá, le gustará tu presencia, favorecerá tu silencio y en otro momento encontrarás consuelo cuando él te tome de la mano”.

2.- "Cuanta más amargura tengas, más amor recibirás”.

3.- "Jesús quiere llenar todo tu Corazón”.

4.- "Dios quiere que vuestra incapacidad sea la sede de su omnipotencia”.

5. - "La fe es la antorcha que guía los pasos de los espíritus desolados".

6.- "En el tumulto de las pasiones y de las vicisitudes adversas nos sostenga la grata esperanza de la inagotable misericordia de Dios”.

7.- "Ponga toda la confianza sólo en Dios”.

8.- "El mejor consuelo es el que viene de la oración”.

9.- "No temas por nada. Al contrario, considérate muy afortunado por haber sido hecho digno y participe de los dolores del Hombre-Dios”.

10.- "Dios os deja en esas tinieblas para su gloria; aquí está la gran oportunidad de vuestro progreso espiritual”.

11.- "Las tinieblas que a veces oscurecen el cielo de vuestras almas son luz: por ellas, cuando llegan, os creéis en la oscuridad y tenéis la impresión de encontraros en medio de un zarzal ardiendo. En efecto, cuando las zarzas arden, todo alrededor es una nubarrada y el espíritu desorientado teme no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al alma, que vislumbra, entiende, ama y tiembla”.

12.- "Jesús mío, es el amor que me sostiene”.

13.- "La felicidad sólo se encuentra en el cielo”.

14.- "Cuando os veáis despreciados, haced como el Martín Pescador que construye su nido en los mástiles de las naves es decir, levantaos de la tierra, elevaos con el pensamiento y con el corazón hacia Dios, que es el único que os puede consolar y daros fuerza para sobrellevar santamente la prueba”.

15.- "Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del demonio tanto más cerca del alma está Dios".

16.- "Bendice el Señor por el sufrimiento y acepta beber el cáliz de Getsemani”.

17.- "Sé capaz de soportar las amarguras durante toda tu vida para poder participar de los sufrimientos de Cristo”.

18.- "El sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que conducen a la salvación, ha establecido para concedernos la gloria”.

19.- "Recuerda que no se vence en la batalla si no es por la oración; a ti te corresponde la elección”.

20.- "La oración es la mejor arma que tenemos; es una llave que abre el corazón de Dios”.

Fuente: religionenlibertad.com

+ SOBRE EL P. PÍO  

miércoles, 11 de septiembre de 2019

12 de septiembre: Significado del nombre de María

Estampa con el monograma mariano
y los lirios símbolo de la virginidad


Según san Jerónimo significa: "La Iluminadora". (S. Jeronimo M 1.23.780)
En el idioma arameo significa: "Señora" o "Princesa".
En el idioma hebreo significa: "Bella, Hermosa".

El idioma egipcio fue el primero que utilizó este nombre (Exodo 15,20). Mar o Myr, en Egipcio significaba "la más preferida de las hijas". "Ya" o "Yam", significaba: El Dios verdadero -Yahvé-. Así que MAR-YA o MYR-YAM en egipcio significaria: "La Hija preferida de Dios".

Según los Padres de la Iglesia:

El nombre hebreo de María se traduce por “Domina” en latín; el ángel le da, por tanto, el título de “Señora” (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón sobre la Anunciación de la B. Virgen María, 142).

"Y el nombre de la Virgen era María". Digamos también acerca de este nombre, que significa «estrella del mar» y se adapta a la Virgen Madre con la mayor proporción (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Madre, 2).

Estas palabras, "el Señor es contigo", son las más excelsas que se le podían haber dicho. Con razón, pues, el Angel reverencía a la Virgen, por ser Madre del Señor, y Señora por tanto. Y le es muy propio el nombre de María, que en siríaco quiere decir «Señora» (SANTO TOMÁS, Sobre el Avemaría, 1. c., p. 183).

Porque sólo Ella conjuró la maldición, trajo la bendición y abrió la puerta del paraíso. Por este motivo le va el nombre de «María», que significa «estrella del mar»; como la estrella del mar orienta a puerto a los navegantes, María dirige a los cristianos a la gloria (SANTO TOMÁS, Sobre el Avemaría, 1. c., p. 185).

Con razón se la llama «María», que quiere decir «iluminada»: El Señor llenará tu alma de resplandores (Is 58, 11), y significa además «iluminadora de otros», por referencia al mundo entero; y se la compara a la luna y al sol (SANTO TOMAS, Sobre el Avemaría, 1. c., 182).

La palabra María significa en hebreo "estrella del mar", y en siríaco "Señora". Y con razón, porque mereció llevar en sus entrañas al Señor del mundo y a la luz perenne de los siglos (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. V, p. 36).

FUENTE:
Mes de María, P. Eliecer Salesman,
Mes de María, Paulinas.

lunes, 19 de agosto de 2019

19 de agosto: SAN JUAN EUDES, por CH


El matrimonio Eudes Corbin estaba preocupadísimo. Llevaban dos años casados y no tenían hijos, así que, sin pensarlo dos veces, se fueron a un santuario de la Virgen a pedirle ese favor tan grande y al cabo de nueve meses llegó Juan, detrás de él llegaron otros cinco.

Nuestro santo de hoy es el mayor, Juan Eudes que ya desde niño se mostró como un enamorado de Dios. A los 14 entró a estudiar con los Jesuitas y, poco después ingresó en la Congregación del oratorio, muy a pesar de sus padres que querían que se casara y fuera granjero como ellos.

Un par de años más tarde la peste visitó Normandía y allá fue nuestro joven para atender a las víctimas de tan terrible plaga.

¿Os acordáis de las misiones populares, aquellas en las que cantábamos “El demonio a la oreja te está diciendo: No vayas al rosario sigue durmiendo. Viva María, viva el rosario, viva Santo Domingo que lo ha fundado? Bueno pues comenzaron en esta época y Juan fue predicador de las misiones durante toda su vida. Y de los buenos.

El día de la Anunciación de 1643 fundó la Congregación de Jesús y María, dedicada a la formación de los sacerdotes, pero no le fue sencillo porque la Congregación tuvo muchos enemigos en los primeros tiempos.

Se nos fue al cielo el 19 de Agosto de 1680.

jueves, 15 de agosto de 2019

¿Creían los padres de la Iglesia en la Asunción de la Virgen?

Estamos en la  fiesta de la Asunción en cuerpo  y alma a los cielos de la Santísima Virgen María. Este dogma católico, del cuál ya hemos hablado en otras ocasiones y hemos proporcionado las evidencias bíblicas al respecto, también tiene apoyo en la Tradición de la Iglesia.

Veamos entonces algunos textos que nos hablan sobre la asunción:

¿Cuales son los textos más antiguos?                     

El primer testimonio de la fe en la Asunción de la Virgen aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», cuyo núcleo originario se remonta a los siglos II-III. Se trata de representaciones populares, a veces noveladas, pero que en este caso reflejan una intuición de fe del pueblo de Dios. Después de este testimonio podemos citar otros en orden claro está a su antigüedad:

A finales del siglo III y principios del siglo IV tenemos un carta que escribió Dionisio el Egipcio, al Obispo de Creta, llamado Tito, su fecha de composición puede ser el año 363 d. C. Es un documento histórico importantísimo para conocer que pensaba la Iglesia de Jerusalén y de Creta sobre la Asunción de la Santa Madre de Dios:

“Debes saber, ¡oh noble Tito!, según tus sentimientos fraternales, que al tiempo en que María debía pasar de este mundo al otro, es a saber a la Jerusalén Celestial, para no volver jamás, conforme a los deseos y vivas aspiraciones del hombre interior, y entrar en las tiendas de la Jerusalén superior, entonces, según el aviso recibido de las alturas de la gran luz, en conformidad con la santa voluntad del orden divino, las turbas de los santos Apóstoles se juntaron en un abrir y cerrar de ojos, de todos los puntos en que tenían la misión de predicar el Evangelio. Súbitamente se encontraron reunidos alrededor del cuerpo todo glorioso y virginal. Allí figuraron como doce rayos luminosos del Colegio Apostólico. Y mientras los fieles permanecían alrededor, Ella se despidió de todos, la augusta (Virgen) que, arrastrada por el ardor de sus deseos, elevó a la vez que sus plegarias, sus manos todas santas y puras hacia Dios, dirigiendo sus miradas, acompañadas de vehementes suspiros y aspiraciones a la luz, hacia Aquél que nació de su seno, Nuestro Señor, su Hijo. Ella entregó su alma toda santa, semejante a las esencias de buen olor y la encomendó en las manos del Señor. Así es como, adornada de gracias, fue elevada a la región de los Ángeles, y enviada a la vida inmutable del mundo sobrenatural.

“Al punto, en medio de gemidos mezclados de llantos y lágrimas, en medio de la alegría inefable y llena de esperanza que se apoderó de los Apóstoles y de todos los fieles presentes, se dispuso piadosamente, tal y como convenía hacerlo con la difunta, el cuerpo que en vida fue elevado sobre toda ley de la naturaleza, el cuerpo que recibió a Dios, el cuerpo espiritualizado, y se le adornó con flores en medio de cantos instructivos y de discursos brillantes y piadosos, como las circunstancias lo exigían. Los Apóstoles inflamados enteramente en amor de Dios, y en cierto modo, arrebatados en éxtasis, lo cargaron cuidadosamente sobre sus brazos, como a la Madre de la Luz, según la orden de las alturas del Salvador de todos. Lo depositaron en el lugar destinado para la sepultura, en el lugar llamado Getsemaní.

“Durante tres días seguidos, ellos oyeron sobre aquel lugar los aires armoniosos de la salmodia, ejecutada por voces angélicas, que extasiaban a los que las escuchaban; después nada más.

“Eso supuesto para confirmación de lo que había sucedido, ocurrió que faltaba uno de los santos Apóstoles al tiempo de su reunión. Este llegó más tarde y obligó a los Apóstoles que le enseñasen de una manera palpable y al descubierto el precioso tesoro, es decir, el mismo cuerpo que encerró al Señor. Ellos se vieron, por consiguiente, obligados a satisfacer el ardiente deseo de su hermano. Pero cuando abrieron el sepulcro que había contenido el cuerpo sagrado, lo encontraron vacío y sin los restos mortales. Aunque tristes y desconsolados, pudieron comprender que, después de terminados los cantos celestiales, había sido arrebatado el santo cuerpo por las potestades etéreas, después de estar preparado sobrenaturalmente para la mansión celestial de la luz y de la gloria oculto a este mundo visible y carnal, en Jesucristo Nuestro Señor, a quien sea gloria y honor por los siglos de los siglos. Amén”.

¿Qué enseñaron los padres de la Iglesia sobre la asunción?

SAN EFREN EL SIRIO:

Se tratan de testimonios indirectos, en sentido asuncionista, pero no explicitos:

“ Entre todos los descendientes de David, escogistes una humilde doncella, hija de la Tierra, y la introdujiste en cielo, tú que del cielo vienes” ( Ed. Assem syr 2,415)

“El haberle engendrado me hermoseó, sobre cuantos sobresalieron en la santidad. Entro ahora en las verdes arboledas del paraíso, y alabo a Dios allí donde Eva cayo miserablemente “ (Ed assem sir 3,600).

TIMOTEO DE JERUSALEN:

Quizás aquí tengamos el primer testimonio explícito de la asunción de la Virgen:

Y tu misma alma traspasada con una espada de aquí algunos opinaron que la Madre del Señor, muerta a espada acabó con fin martirial por decir Simeón: tú misma alma traspasara una espada , mas no es así, porque la espada de bronce traspasa el cuerpo, no separa el alma, por donde también la Virgen es hasta el presente inmortal habiéndola el Señor que moro en ella trasladado a los parajes celestiales (MG 86,245)

HESIQUIO DE JERUSALEN:

“Levántate Señor a tu reposo, tú y el arca de tu santidad, la Virgen, Madre de Dios evidentemente. Pues si tú eres perla, lógicamente ella es arca o concha, si tú eres sol, cielo necesariamente será llamada la virgen, pues si tú eres flor inmarchitable, luego la Virgen será árbol de incorrupción, huerto de inmortalidad “ (MG 93,1464-1465)

SAN GREGORIO DE TOURS:

"Los apóstoles se repartieron por diferentes países  para predicar la palabra de Dios. Más tarde, la bienaventurada  María llegó al fin de su vida y fue llamada a salir  de este mundo. Entonces, todos los apóstoles vinieron a  reunirse en la casa de María y, al saber que debía salir de  este mundo, permanecieron todos juntos velando. De repente,  el Señor apareció con sus ángeles, cogió su alma, se  la entregó a Miguel, el arcángel, y desapareció. Al amanecer,  los apóstoles tomaron el cuerpo, lo pusieron sobre una  camilla y lo colocaron en una tumba, velándolo mientras  esperaban la venida del Señor. Y, de nuevo, se presentó el  Señor, de repente, y mandó que el santo cuerpo fuera levantado y llevado al paraíso sobre una nube. Allí, reunido con su alma, se llena de gozo con los elegidos de Dios y disfruta de las bendiciones de la eternidad, que nunca terminarán." (Gregorio de Tours, ocho libros de los Milagros, 1:4 (entre 575-593 dC), en JUR, III: 306 )

SAN MODESTO DE JERUSALEM:

 "Como la Madre más gloriosa de Cristo, nuestro Salvador y Dios y el dador de la vida y la inmortalidad, se ha dotado a la vida por él, que ha recibido una incorruptibilidad eterna del cuerpo, junto con él que ha levantaron de la tumba y la ha llevado hasta a sí mismo de un modo conocido sólo por él ".

(Modesto de Jerusalem, Encomium in dormitionnem Sanctissimae Dominae nostrae Deiparae semperque Virginis Mariae PG 86-II,3306)

THEOTEKNOS DE LIVIAS:

" Era conveniente que su cuerpo santísimo, que había llevado y contenido dentro de sí a Dios, cuerpo divinizado, incorruptible, iluminado por la luz divina y lleno de gloria, fuese transportado por los apóstoles en compañía de los ángeles, y puesto por poco tiempo en la tierra, fuese alzado gloriosamente al cielo, junto con su alma agradable a Dios".

Theoteknos de Livias, Homilía en la Asunción (ante AD 650),

SAN GERMAN DE CONSTANTINOPLA:

“Tú eres bella y tu cuerpo virginal es totalmente santo, casto, morada de Dios. Por este motivo está exento de la disolución en el polvo. Como cuerpo humano fue transformado hasta la vida excelsa de la incorruptibilidad. Está vivo; es superglorioso, lleno de vida e inmortal”  (German de Constantinopla, Moma. In dormí. I: PG 98; 345.)

San Germán utilizaba un argumento teológico muy poderoso, basado en el principio de conveniencia. Bajo este principio habría sido imposible que la morada de Dios, el templo vivo de la santísima divinidad del Unigénito fuera presa de la muerte en la tumba.

Autores: Yasmín Oré y Jesús Urones