jueves, 25 de mayo de 2017

Juan 16,16-20: Dos tiempos que se enlazan

Juan 16,16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver." Comentaron entonces algunos discípulos: "¿Qué significa eso de "dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver", y eso de "me voy con el Padre"?" Y se preguntaban: "¿Qué significa ese "poco"? No entendemos lo que dice." Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: "¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: "Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver"? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Dos tiempos que se enlazan" 

Jesús consuela a los suyos de la tristeza por su partida. Les asegura que esa tristeza durará poco: «Dentro de poco dejaréis de verme, pero dentro de otro poco volveréis a verme» (v. 16). ¿Qué significan estas enigmáticas afirmaciones de Jesús?

Se refiere a los dos tiempos a los que Jesús está a punto de dar cumplimiento. El primero se refiere a su vida terrena, que está a punto de acabar; el segundo se refiere a su vida gloriosa, inaugurada con la resurrección. Su retorno posterior no se limita a las apariciones pascuales, sino que se prolonga en el corazón de los creyentes mediante su presencia en ellos.

Las palabras del Maestro no son comprendidas por los discípulos, que se plantean varias preguntas (vv 17s). Jesús, que conoce a los suyos por dentro y los acontecimientos que les esperan, intenta remover, a partir de las preguntas que le plantean, su tristeza, infundiéndoles la confianza en él con una nueva revelación: “ Vuestra tristeza se convertirá en gozo” (v. 20).

La comunidad cristiana tendrá que hacer frente a todo tipo de pruebas. Especialmente cuando le sea arrebatado el Esposo. Con su muerte, experimentará el llanto, la aflicción y el desconcierto, mientras que el mundo se sentirá alegre pensando que ha extirpado el mal. Estos momentos serán, para la comunidad, momentos de duda y de silencio de Dios. Pero no siempre será así. La comunidad de los discípulos también experimentará el gozo. Jesús no habla de sus sufrimientos —y tenía motivos para ello—, sino que piensa en los suyos más que en él, como el buen pastor en su rebaño.

El tiempo de la Iglesia es el tiempo en el que el discípulo se encuentra cogido entre dos gozos: el del mundo y el de Cristo. El gozo del mundo está ligado a la consecución de valores y placeres efímeros.
El gozo que viene de Jesús deriva de ser sus discípulos, de saber que él está cerca en todo momento, que gastar la vida por él y por los hermanos es una inversión ventajosa y un honor grande; que lo único necesario es no perderle a él, sentir su proximidad.

Nuestro corazón se encuentra cogido entre estos dos gozos: el primero es más inmediato, aunque fugaz: el segundo es más paciente, pero no decepciona. A veces ambos gozos se enlazan; otras, se oponen. El corazón del discípulo debe estar orientado siempre hacia el “todavía no”, hacia el decisivo «dentro de otro poco volveréis a verme», cuando el gozo, frecuentemente querido y creído, se volverá felicidad plena y sin sombras.

Oración

Te doy gracias, Señor, por tus visitas, que me llenan de alegría. Te doy gracias también por tus ausencias, que me hacen desear tu venida. Sé que debería estar siempre alegre, “en todo tiempo”, que siempre debería bendecirte y darte gracias. Sé que un discípulo tuyo no debería estar nunca triste. Pero tú socórreme cuando este mundo me parezca demasiado dulce, para que no me embriague, y también cuando me parezca demasiado amargo, para que no me aplaste. Ayúdame a buscar mi consuelo y mi gozo en ti. Y no dejes de hacerte sentir por este pobre corazón mío, tan frágil y titubeante.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Hechos 17,16-34: Discurso de Pablo en el Areópago

17,16-34 En el aerópago de Atenas
Miércoles de la 6 Semana de Pascua

16 Mientras los esperaba en Atenas, Pablo se indignaba al observar la idolatría de la ciudad. 
17 En la sinagoga discutía con judíos y con los que temen a Dios; en la plaza pública hablaba 
     a los que pasaban por allí.
18 Algunos de las escuelas filosóficas de epicúreos y estoicos entablaban conversación con él; 
     otros comentaban: —¿Qué querrá decir este charlatán? Otros decían: —Parece un propagandista 
     de divinidades extranjeras. Porque anunciaba a Jesús y la resurrección. 
19 Lo llevaron al Areópago y le preguntaron: —¿Podemos saber en qué consiste esa nueva doctrina 
     que expones? 
20 Dices cosas que nos suenan extrañas y queremos saber lo que significan. 
21 Porque todos los atenienses y los extranjeros que residen allí no tienen mejor pasatiempo 
     que contar y escuchar novedades. 
22 Pablo se puso en pie en medio del Areópago y habló así: —Atenienses, veo que son hombres 
     sumamente religiosos. 
23 Cuando estaba paseando y observando sus lugares de culto, encontré un altar con esta inscripción: 
     al Dios desconocido. Ahora bien, yo vengo a anunciarles al que adoran sin conocer. 
24 Es el Dios que hizo cielo y tierra y todo lo que hay en él. El que es Señor de cielo y tierra 
     no habita en templos construidos por hombres 
25 ni pide que le sirvan manos humanas, como si necesitase algo. Porque él da vida y aliento 
     y todo a todos. 
26 De uno solo formó toda la raza humana, para que poblase la superficie entera de la tierra. 
     Él definió las etapas de la historia y las fronteras de los países. 
27 Hizo que buscaran a Dios y que lo encontraran aun a tientas. Porque no está lejos de ninguno 
     de nosotros, ya que 
28 en él vivimos, y nos movemos y existimos, como dijeron algunos de los poetas de ustedes: 
     porque somos también de su raza.
29 Por tanto, si somos de raza divina, no debemos pensar que Dios es semejante a la plata o el oro 
     o la piedra modelados por la creatividad y la artesanía del hombre. 
30 Ahora bien, Dios, pasando por alto la época de la ignorancia, manda ahora a todos los hombres 
     en todas partes a que se arrepientan; 
31 porque ha señalado una fecha para juzgar con  justicia al mundo por medio de un hombre que 
     él designó para esto. Y a este hombre lo ha acreditado ante todos resucitándolo de la muerte.
32 Al oír lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, otros decían: —En otra ocasión 
     te escucharemos sobre este asunto.
33 Y así Pablo abandonó la asamblea.
34 Algunos se juntaron a él y abrazaron la fe; entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada 
     Dámaris y algunos más.

SOBRE EL MISMO TEMA: 
Examen del discurso de Pablo 

Hechos 17,15.22-18,1: Examen del discurso de Pablo

Hechos 17,15.22-18,1

En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes. Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: "Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido." Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo. De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios. Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: "Somos estirpe suya." Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto, resucitándolo de entre los muertos." Al oír "resurrección de muertos", unos lo tomaban a broma, otros dijeron: "De esto te oiremos hablar en otra ocasión." Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

— Comentario por Reflexiones Católicas 

De todos los discursos misioneros dirigidos a los paganos, el más largo es el de Pablo a los atenienses. Pablo demuestra cómo el apóstol adapta su mensaje al auditorio ante el que se encuentra. Por ello escoge un tema bíblico susceptible de ser comprendido por los paganos. Sin duda no era el primero en confrontar las ideas de dos mundos diferentes. Pablo se aprovecha de las búsquedas y de la experiencia de autores sapienciales y helenistas.

a) El conocimiento de Dios es el tema fundamental del discurso

¿Cómo puede un pagano conocer a Dios? Para el judío, el desconocimiento (ignorancia) del Dios verdadero era el fruto de las pasiones desatadas (Rom 1,18-32; Sab 13,14; Ef 4,17-19). Pero Pablo abandona el tono severo de la Escritura para descubrir en la piedad, incluso de los paganos, una suerte de confesión de su ignorancia de Dios: la dedicación de un altar al "Dios desconocido".

El apóstol manipula el epitafio que estaba en plural y que expresaba un sentimiento de temor ante los maleficios de los dioses que los atenienses habrían podido olvidar. Pablo manifiesta, pues, una cierta simpatía por las ideas paganas, pero entendiéndolas con su mentalidad bíblica, y cree poder presentarse a los paganos como quien viene a colmar una ignorancia de la que ellos no tienen conciencia.

b) Dios no habita en templos construidos por hombres (v. 24)

Pablo recoge una corriente del pensamiento griego, pero que era igualmente una idea bíblica que Esteban había ya defendido ante un auditorio judío (Act 7, 48) y que se remonta a las antiguas polémicas de Israel contra la idolatría (v. 29; cf. Sal 113/115; Is 44,9-20; Jer 10,1-16). Pablo presenta hábilmente argumentos típicamente bíblicos pero conocidos por el paganismo griego y subraya que el cristianismo, tanto para los paganos como para los judíos, es una llamada a la espiritualización de su concepción de Dios y del culto que le es debido.

c) Pertenencia a la raza de Dios

Pablo presenta la pertenencia a la raza de Dios a partir de la cita de un filósofo griego (v. 28), pero comprendida a la manera bíblica (v. 26), como un anuncio del reagrupamiento de la humanidad tras el nuevo Adán (Rom 5, 12-21; 1 Cor 15, 21-22) y en la filiación divina.

d) Los últimos versículos del discurso provocan la ruptura

En ellos Pablo acumula unas expresiones incomprensibles para los griegos: la idea de un "ahora" (v. 30), es decir, de un momento privilegiado en la historia vinculado a un sentido escatológico poco en armonía con las concepciones paganas; la idea de resurrección sobre la que, además, se pedirá a Pablo que se detenga, concepción que incluso numerosos judíos se negaban a admitir (cf. vv. 31-32).

Examen del discurso de Pablo

Puede ser instructivo examinar el discurso de Pablo a la luz de las dificultades encontradas por los cristianos modernos para explicitar su fe ante los ateos. Ciertamente, el contexto ha cambiado porque Pablo y los griegos se encuentran todavía en un ambiente sacralizado; cristianos y ateos se encuentran hoy en un mundo secularizado, pero los puntos de fricción siguen siendo los mismos, tanto desde el punto de vista doctrinal como psicológico.

En primer lugar hemos de reconocer en Pablo una preocupación real por estar atento a la mentalidad de sus interlocutores. Pablo abandona la argumentación clásica del kerygma apostólico, basado sobre una cultura demasiado bíblica para los paganos. Además se tomó el trabajo de conocer las principales corrientes espirituales del paganismo griego y especialmente la concepción de una paternidad universal (v, 28), así como la de una religión liberada del materialismo y del formalismo (v. 29).

He aquí dos actitudes particularmente importantes en el diálogo contemporáneo entre cristianos y ateos: la conciencia común de la dignidad humana y de una superación del fenómeno religioso y mítico constituyen excelentes plataformas de comunión y de diálogo.

Por el contrario, dos puntos del discurso de Pablo son bastante chocantes para sus oyentes. El primero es la larga exposición sobre el Dios desconocido. Dejemos el mismo procedimiento por el que Pablo utiliza a favor de su Dios el culto pagano al Dios desconocido. Es un argumento táctico bueno. Pero lo que parece más grave es el hecho de que Pablo, convencido de que los otros son ignorantes, se presenta como "el que sabe" frente a los que "no saben".

El otro punto donde el discurso de Pablo revela alguna debilidad es la concepción de una historia que tiene un sentido más allá de sí misma en la voluntad de Dios que la lleva a su realización.

Ciertamente, esta concepción de la historia pertenece a la fe y no puede ser minimizada, pero qué puede significar para los atenienses convencidos del desarrollo cíclico y fatal de la historia y para los ateos de hoy convencidos de que la historia, lo mismo que la naturaleza, se explica por sí misma sin recurso a lo divino.

¿Es mediante discursos cómo el cristiano debe abordar el mundo pagano o ateo?

¿No es importante comenzar por insertarse en el mismo corazón de las actividades humanas y vivirlas de tal manera que se descubra en ellos progresivamente su significación para Dios? Es claro que el ateo será siempre para el creyente alguien que no sabe, pero ¿no habrá de situarse en el mismo terreno en que el hombre cree poder afirmar la inutilidad de Dios y el absurdo de la historia para purificar su fe y ser capaz de dar cuenta de ella?

Juan 16,1-15: El Espíritu os guiará a la verdad plena

1 Les he dicho esto para que no se escandalicen.
2 Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora 
   en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.
3 Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
4 Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho. 
   No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes.
5 Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: "¿A dónde vas?".
6 Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido.

La misión del Espíritu Santo
7 Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, 
   el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré.
8 Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio.
9 El pecado está en no haber creído en mí.
10 La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán.
11 Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.
12 Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
13 Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, 
     porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
14 Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
15 Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: "Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes".


Jn 16,12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará."

SOBRE EL MISMO TEMA:

Juan 16,12-15: ¿Fue incompleta la enseñanza impartida por Jesús a sus discipulos durante su ministerio terreno?

Juan 16,12-15 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará."

— Comentario por Reflcxiones Católicas
"¿Fue incompleta la enseñanza impartida por Jesús a sus discipulos durante su ministerio terreno?"

¿Fue incompleta la enseñanza impartida por Jesús a sus discípulos durante su ministerio terreno? La respuesta afirmativa parece deducirse de las palabras que abren esta pequeña sección. En el terreno de la enseñanza quedaban muchas cosas que Jesús no pudo enseñar por falta de comprensión en sus discípulos. ¿Cómo se explica esta «insuficiencia» en su función magisterial?

El evangelio nos ha dicho que algunos acontecimientos de la vida de Jesús no fueron entendidos por los discípulos cuando tuvieron lugar, sino después de la resurrección (2,22, con motivo de la purificación del templo; 12,16, a propósito de la profecía citada con motivo de la entrada solemne en Jerusalén). En los ejemplos mencionados estamos ante una incomprensión muy natural: refiriéndose a predicciones del futuro es lógico que no fuesen comprendidas hasta que tuvieron lugar.

Esta verdad «completa» no debe ser entendida cuantitativamente es decir, en el sentido de un determinado número de verdades que Jesús no habría enseñado y que serían dadas a conocer por el Espíritu Santo. La verdad «completa» debemos entenderla cualitativamente. Se trataría, por tanto, de una comprensión en profundidad; penetración del misterio de la persona de Cristo y de su obra, del sentido de su muerte, del sentido universalista de su misión salvadora… Todo esto no podía ser comprendido entonces por los discípulos.

Posteriormente, a la luz de la resurrección, del Espíritu y de la vida de la Iglesia, iría adquiriendo la claridad que entonces no tenía. Así lo demuestran las cartas de Pablo, la carta de los Hebreos y los mismos evangelios, particularmente el de Juan.

Jesús habla de la verdad completa, no de nuevas verdades; por tanto, de un conocimiento más profundo siempre creciente, de aquello que él había dicho y hecho. Por eso, esta novedad prometida no contradice. lo que ha afirmado anteriormente (15,15), cuando, al llamarles sus amigos, afirma que les ha comunicado todo aquello que había oído a su Padre.

El espíritu de profecía

Una de las formas en que la Iglesia experimentó la presencia del Espíritu Santo fue la profecía. El espíritu de profecía que actuaba en cristianos individuales, que predecían acontecimientos que iban a ocurrir. Pero, evidentemente no se trata única ni preferentemente de ese espíritu de profecía centrado en la predicción del futuro. Lo esencial Para los cristianos era conocer no exactamente lo que iba a ocurrir sino lo que estaba ocurriendo actualmente. En realidad ésta fue la principal tarea de los profetas del Antiguo Testamento descubrir la profundidad y dimensión total de los acontecimientos que ocurrían para que no quedasen en un nivel superficial, sino que fuesen vistos en esa perspectiva profética.

Jesús había dado determinadas enseñanzas al respecto, pero promete el Espíritu para que lleve a los cristianos a esta comprensión profética de los acontecimientos en cualquiera de las situaciones en que se encuentre la Iglesia.

Este Espíritu será quien glorifique a Jesús. Porque, gracias a la luz del Espíritu, los discípulos podrán comprender que la humillación de Cristo, su muerte, fue el principio de la exaltación, de la «elevación» hacia el Padre. Les llevaría a la comprensión total de lo que, durante el ministerio terreno de Jesús, permaneció oculto. Era necesario caer en la cuenta de que Jesús era el plenipotenciario del Padre, su agente enviado, para la salvación del mundo. Y esto sólo quien está en los secretos de Dios, como su Espíritu, podrá conocerlo y darlo a conocer. 

SALMO 148

SALMO 148

Alaben el nombre del Señor
148:1 ¡Aleluya!
Alaben al Señor desde el cielo,
alábenlo en las alturas;
148:2 alábenlo, todos sus ángeles,
alábenlo, todos sus ejércitos.
148:3 Alábenlo, sol y luna,
alábenlo, astros luminosos;
148:4 alábenlo, espacios celestiales
y aguas que están sobre el cielo.
148:5 Alaben el nombre del Señor,
porque él lo ordenó, y fueron creados;
148:6 él los afianzó para siempre,
estableciendo una ley que no pasará.
148:7 Alaben al Señor desde la tierra,
los cetáceos y los abismos del mar;
148:8 el rayo, el granizo, la nieve, la bruma,
y el viento huracanado
que obedece a sus órdenes.
148:9 Las montañas y todas las colinas,
los árboles frutales y todos los cedros;
148:10 las fieras y los animales domésticos,
los reptiles y los pájaros alados.
148:11 Los reyes de la tierra y todas las naciones,
los príncipes y los gobernantes de la tierra;
148:12 los ancianos, los jóvenes y los niños,
148:13 alaben el nombre del Señor.
Porque sólo su Nombre es sublime;
su majestad está sobre el cielo y la tierra,
148:14 y él exalta la fuerza de su pueblo.
¡A él, la alabanza de todos sus fieles,
y de Israel, el pueblo de sus amigos!
¡Aleluya!

Liturgia de la Palabra:
   148,1-2.11-12.13.14   

martes, 23 de mayo de 2017

Salmo 137: Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Jueves de la 1 Semana de Cuaresma
Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Martes de la 6 Semana de Pascua
Señor, tu derecha me salva

Salmo 137,1-2a.2bc.3.7c-8:
Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

SOBRE EL SALMO 138 (137) 

Hechos 16,25-34: La conversión del carcelero

16,25-34: La conversión del carcelero

25 A media noche Pablo y Silas recitaban un himno a Dios, mientras los demás presos escuchaban. 
26 De repente sobrevino un terremoto que sacudió los cimientos de la prisión. 
     En ese instante se abrieron todas las puertas y se les soltaron las cadenas a los prisioneros. 
27 El carcelero se despertó, y al ver las puertas abiertas, empuñó la espada para matarse, 
     creyendo que se habían escapado los presos. 
28 Pero Pablo le gritó muy fuerte: —¡No te hagas daño, que estamos todos aquí! 
29 El carcelero pidió una antorcha, temblando corrió adentro y se echó a los pies de Pablo y Silas.
30 Los sacó afuera y les dijo: —Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme? 
31 Ellos le contestaron: —Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú con tu familia. 
32 Enseguida le anunciaron a él y a toda la familia el mensaje del Señor. 
33 Todavía de noche se los llevó, les lavó las heridas y se bautizó con toda su familia. 
34 Después los llevó a su casa, les ofreció una comida y festejó con toda la casa el haber creído en Dios. 

lunes, 22 de mayo de 2017

Juan 15,26-16,4a: Las nuevas persecuciones

Juan 15,26-16,4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Las nuevas persecuciones"

Las persecuciones hoy. Continúa el tema del odio del mundo a los discípulos completado con detalles significativos de su realización. Juan tiene a la vista las persecuciones que ha presenciado. Menciona dos expresiones: la excomunión de la sinagoga y la muerte martirial:“El que os quite la vida, creerá que presta un servicio a Dios”.

Los judíos creían que, en determinadas circunstancias, era un deber religioso castigar la blasfemia con la muerte. A los cristianos los consideraban blasfemos (cf. Flp 3,6). Eran los males que caían sobre un judío que se hubiese convertido a la fe cristiana. Era la amenaza constante que pesaba sobre los judíos que hablaban griego, en las comunidades judías en las que residían, y que se convirtiesen al cristianismo.

Las persecuciones son una continuación del proceso judicial que condenó a Jesús y le seguirá condenando en los suyos. Los martirios y las persecuciones cambian a lo largo de los siglos en cuanto a las motivaciones y en cuanto a las formas. En los siglos precedentes el martirio se infringía a causa de la confesión de la fe, como ocurría en los tiempos apostólicos. Es lo que reflejan las actas de los mártires de la primitiva Iglesia y las de los siglos pasados en China, Japón, México y España. Ahora los cristianos, más que por confesar a Dios, sufren persecución por confesar al hombre, sus derechos, su libertad y su dignidad. Vivimos en un pluralismo ideológico y religioso y cada uno puede profesar el credo que le parezca mejor; los “perseguidores” hasta ayudarán al ejercicio de una religiosidad “inofensiva”; pero en cuanto “incomode”, toque al bolsillo o al poder, levantarán el grito.

Se puede ejercer la caridad limosnera sin ser molestado, pero en cuanto se reclama justicia salta la chispa del conflicto. El teólogo J. Moltmann nos decía en un Congreso: “Proclamad la beneficencia como la Madre Teresa de Calcuta, y hasta os ayudarán; pero pregonad los derechos de los sectores marginados, y os declararán la guerra”.

La persecución salta cuando se pone en peligro la fuente de ingresos porque se reclama justicia en el reparto de bienes, el respeto a los derechos del otro, con lo que se ven afectados los intereses egoístas. Una amiga perdió el empleo y la amistad de un amigo empresario por echarle en cara sus injusticias y ponerse al lado de los reivindicadores. “Supuso para mí y para mi familia grandes sacrificios, pero estoy satisfecha de este episodio de mi vida como cristiana y de haber sido perseguida por fidelidad a mis compañeros de trabajo”.

Me impresionó el testimonio dado entre lágrimas de algunos “mártires” de los derechos humanos en América Latina: amigos y algunos matrimonios cristianos que me contaban los días de cárcel, la pérdida del empleo, la descalificación laboral que habían sufrido por luchar desde su fe por los derechos humanos, “por ser fieles a lo que tantas veces hablamos en las reuniones”, me decían.

A veces los sufrimientos y ataques provienen de la propia familia porque se les “complica la vida” cuando se es consecuente con la fe: por negarse a entrar en ciertas injusticias por razones de herencia, por no consentir en un aborto, por oponerse al consumismo, por compartir bienes y tiempo con los pobres, y por otros servicios gratuitos… Por ejemplo, unos padres no acceden a las presiones de la hija y el yerno para defraudar a Hacienda. Éstos rompen con ellos y los han aislado durante años.

En nuestro tiempo, muchos cristianos sufren persecución por su honradez personal: “Si lo hace todo el mundo…”

Sufrirán persecución el político y el sindicalista que no se plieguen a ciertos postulados de su partido o sindicato y defiendan actitudes honradas. Sufrirá persecución el empleado que no tome parte en el juego sucio de la empresa, de los compañeros, en las trampas del comercio.

He escuchado bastantes testimonios en este sentido. Comprendo que esto es heroico. Son los nuevos santos que necesita nuestra sociedad salpicada de corrupción. Quien intenta ir a contrapelo del ambiente, actuar con otros criterios pronto topará con las críticas. En el momento en que un cristiano se opone a un estilo mundano y es honesto en los deberes cívicos, encontrará dificultades. “¿Por qué no haces como todo el mundo? ¿Por qué te haces el raro? Si nos ponemos así, no vivimos...”.

Un matrimonio, los dos cristianos comprometidos, decidieron celebrar austeramente la Primera Comunión de uno de sus hijos y entregar a una parroquia pobre de Perú la diferencia de lo que hubiera costado una celebración según la categoría social del padre, ingeniero. El disgusto y las críticas familiares fueron acerbas: “Qué dirán tus compañeros, algunos familiares... Que sois unos egoístas. Pero el matrimonio no se arredró. Es el cumplimiento de aquella promesa de Jesús de que el mismo Espíritu dará testimonio por nuestro medio: “No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu hablará (y actuará) por vosotros” (Mt 10,20). El Resucitado sigue haciendo milagros en nosotros.

Juan 15,26-16,4a: El odio del mundo

Juan 15,26-16,4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"El odio del mundo"    

La sección precedente se ocupó del amor entre Jesús y sus discípulos y del mutuo amor entre los creyentes, el pequeño grupo unido con él por el amor, la obediencia y la oración. Pero estos discípulos viven en el mundo. Ya tenemos el punto de apoyo para el contraste. Lo contrarío del amor es el odio.

Jesús ha hablado de la vida de los discípulos, es decir, de la Iglesia (aunque está palabra nunca es utilizada en el cuarto evangelio); lo opuesto a la Iglesia, en el pensamiento joánico, es el mundo. Los discípulos son amigos de Jesús, son amados por Jesús; son odiados por el mundo. Los discípulos lo conocen y conocen al Padre; el mundo no.

La primera experiencia de la Iglesia fue la persecución. Los cristianos fueron perseguidos, primero por los judíos y después por los gentiles. El evangelista, utilizando las palabras de Jesús, afirma que la persecución y el odio son normales en el cristiano. ¿Razón? Porque no son del mundo, no le pertenecen. El mundo sólo ama a lo «suyo».

Ahora bien, los cristianos son de Cristo y con su estilo de vida ponen en evidencia la conducta del mundo. ¿Cómo podría amarlos el mundo? Téngase en cuenta que la separación entre la Iglesia y el mundo no tiene un sentido o significado social sino teológico.

Pero hay más. El siervo no es más que su señor. No puede correr mejor suerte. La persecución y el odio del mundo eran considerados en la época como algo inevitable. Era una herencia que llegó a los cristianos desde el judaísmo. Esta era la forma judía de considerar la historia. La persecución y el odio formaban parte de la necesaria intensificación del mal, que era una especie de preludio del juicio último.

Desde esta perspectiva judía se comprende por qué el siervo no puede correr mejor suerte que su señor. Jesús vivió entre la animosidad y la persecución; murió crucificado. ¿Qué puede esperar el discípulo, que es heredero de su palabra, de su mensaje, y anunciador de aquello mismo que a Jesús le llevó a la muerte?

Sin embargo, no todos rechazan y odian a Jesús. Así ocurrió ya cuando vivió entre los hombres. Muchos lo amaron. Y lo amaron por razón del testimonio que dio a favor del Bautista y por el testimonio de Jesús mismo. Ahora se afirma que es necesario que siga el testimonio para que continúe el amor. Por esta razón se introduce en la sección el tema del Abogado.

El Paráclito, el Abogado, dará testimonio. Él traerá a la memoria de los discípulos, profundizándolas e interpretándolas las palabras de Jesús (14,26) y así los transformará en verdaderos testigos. La presencia del Espíritu añadirá a sus experiencias personales de testigos oculares la plena inteligencia de lo que presenciaron. Así su testimonio adquirirá todo el valor que se requiere en la persona del testificante: el pleno conocimiento de la causa a favor de la cual da testimonio.

Los Sinópticos recogen profecías concretas de Jesús sobre las persecuciones y tribulaciones por las que la Iglesia tiene que pasar. Juan únicamente menciona estas dos. “Os expulsarán de la sinagoga”. Es la actitud definitiva del judaísmo frente al cristianismo sobre el que había lanzado la sentencia de excomunión. Esto tuvo lugar no antes del año 70: excomunión de la sinagoga, del judaísmo oficial, para todo aquél que reconociese en Jesús al Mesías de la fe cristiana. Este acontecimiento posterior se prevee ahora.

“El que os quite la vida creerá que presta un servicio a Dios”. Los judíos creían que, en determinadas circunstancias, era un grave deber religioso castigar la blasfemia con la muerte. Y, naturalmente a los cristianos los consideraban como blasfemos (ver Flp 3,6). Eran los males inminentes que caían sobre un judío que se hubiese convertido a la fe cristiana. Era la amenaza constante que pesaba sobre los judíos que hablaban griego, en las comunidades judías en las que residían, y que se convirtiesen al cristianismo y precisamente por haberse convertido. 

Juan 15,26-16,4a: Tiempo de dar testimonio

Juan 15,26-16,4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Tiempo de dar testimonio"   

Jesús, después de haber advertido a los suyos del odio y de las persecuciones por parte del mundo, ahora pasa a tranquilizarles diciéndoles que su fiel testimonio en las duras pruebas que sufrirán por parte de los tribunales será apoyado por el testimonio del Espíritu de la verdad, que él mismo les enviará desde el Padre. Las contradicciones serán el lugar donde se manifieste con poder la acción del Espíritu Santo, que hablará por ellos.

¿Cuál es el contexto del testimonio del Espíritu? El odio del mundo. En este clima de oposición es en el que tendrán que dar testimonio de Cristo los discípulos. El, sin embargo, una vez glorificado, enviará al Paráclito en unidad con el Padre. El Espíritu «dará testimonio» en favor suyo (15,26). A este testimonio interior del Paráclito se añade el exterior de los discípulos (v. 27), banco de prueba para la fe cristiana: «Os expulsarán de la Sinagoga. Más aún, llegará un momento en el que os quiten la vida pensando que dan culto a Dios» (16,2). 

Estas predicciones del Maestro a los suyos, realizadas con acentos de contenido sufrimiento, revelan los acontecimientos que vivirán en breve los discípulos. Lo subraya para que éstos, durante las pruebas, puedan acordarse de cuanto les dijo el Maestro y no tengan que sucumbir así al escándalo, y continúen confiando en él (v. 4). Los enemigos de la Iglesia pueden pensar que están de parte del justo y tener también a Dios de su parte; pero, como no han visto la verdad de la luz del Padre, reflejada en la persona de Jesús, no han conocido el verdadero rostro del Padre.

La vida del cristiano es tiempo de tentación y tiempo de testimonio, tiempo de lucha y tiempo de colaboración en la obra del Espíritu destinada a dar testimonio del Resucitado. Así como el Resucitado fue al Padre en medio de la incomprensión humana, así también los discípulos serán incomprendidos, expulsados de los lugares importantes e incluso les quitarán la vida.

Se perfila aquí una visión «heroica» de la vida cristiana, una visión en la que el cristiano ha de ser testigo en el sentido más pleno, es decir, en el de mártir. La realidad de Cristo resulta tan decisiva para la humanidad y, al mismo tiempo, tan heterogénea con el modo común de pensar, que quien se pone de parte de Cristo será, inevitablemente, marginado e incluso suprimido.

También hoy los discípulos, elegidos para ser custodios y testigos de la realidad divina de Cristo, están advertidos de la incomprensión y de la hostilidad con que serán perseguidos por el mundo. Y lo hará unas veces en nombre del progreso, otras de la emancipación y de la modernización, de la liberación de los tabúes, de las batallas de la civilización, de los Derechos Humanos y de todas las motivaciones que en estos años se han esgrimido, en no raras ocasiones también para hacer olvidar el pasado cristiano e imponer nuevos modelos de vida. 

Hechos 16,11-15: El Señor le abrió el corazón

Hechos 16,11-15  

En aquellos días, zarpamos de Troas rumbo a Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, colonia romana, capital del distrito de Macedonia. Allí nos detuvimos unos días. El sábado salimos de la ciudad y fuimos por la orilla del río a un sitio donde pensábamos que se reunían para orar; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. Se bautizó con toda su familia y nos invitó: "Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa." Y nos obligó a aceptar.

— Comentario por Reflexiones Católicas
"El Señor le abrió el corazón"

Estamos en Europa, en Macedonia, la patria de Filipo el Macedonio, padre de Alejandro Magno. Sin embargo, para Pablo, probablemente se tratara de una de las tantas ciudades de lengua y cultura griegas del inmenso Imperio romano. La comunidad judía debía de ser aquí más bien exigua, si es verdad que no había sinagoga y las reuniones se celebraban junto al río.

Al parecer, prevalece el público femenino, entre el cual destaca una rica comerciante de púrpura, cuyo nombre también se cita. Lidia es el paralelo femenino de Cornelio, y «adoraba al verdadero Dios»: eso significa que era una pagana que se había acercado al judaísmo y se había convertido en una «prosélito».

Contrariamente a lo que había sucedido en Antioquía de Pisidia, donde algunas mujeres habían participado en la revuelta contra los misioneros, Lidia se siente atraída de inmediato por el mensaje cristiano: «El Señor le abrió el corazón para que aceptara las palabras de Pablo».

Precisamente como había hecho el Resucitado con los discípulos, cuando les abrió la mente (Lc 24,25): es siempre el Señor quien acompaña a sus testigos y hace eficaz su Palabra cuando y donde cree oportuno. Más tarde, se desencadenará la fantasía de los apócrifos sobre este episodio, tejiendo una historia de aventuras y acontecimientos inverosímiles que tendrían como protagonistas a Pablo y Lidia. 

Salmo 149,1-2.3-4.5-6a.9b: El Señor ama a su pueblo

Salmo 149,1-2.3-4.5-6a.9b
Lunes de la 6 Semana de Pascua

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
R. El Señor ama a su pueblo

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
R. El Señor ama a su pueblo

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas,
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles.
R. El Señor ama a su pueblo

SALMO 149

SALMO 149

SALMO 149

El Señor se complace en su pueblo
149:1 ¡Aleluya!
Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
149:2 que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.
149:3 Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
149:4 porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes.
149:5 Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
149:6 Glorifiquen a Dios con sus gargantas
y empuñen la espada de dos filos:
149:7 para tomar venganza de los pueblos
y castigar a las naciones;
149:8 para atar con cadenas a sus reyes,
y con grillos de hierro a sus jefes.
149:9 Así se les aplicará la sentencia dictada:
esta es la victoria de todos tus fieles.
¡Aleluya!

Liturgia de la Palabra:
   149,1-2.3-4.5-6a.9b  

sábado, 20 de mayo de 2017

Juan 14,15-21: Últimas palabras

Juan 14,15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él."

— Comentario por Sergio Mora (zenit.org)

Él ya no es un jovencito pero lo lleva prendido en su mente y en su corazón. Y aunque ya hace muchos años que falleció su padre, platica sus últimos momentos como si fuera ayer. “Es que sus últimas palabras las llevo grabadas en mi corazón y no las puedo olvidar. Para mí fueron como la gran herencia que me dejó para toda la vida. Más que las riquezas sus consejos últimos me han sostenido en todas las dificultades”. Y me detalla sus conceptos sobre los valores, sobre la verdad, sobre el trabajo, sobre Dios. “Ahora ya no hay valores que sostengan la vida. Hay palabras que valen más que un tesoro”.

Jesús no quiere dejar en la orfandad a sus discípulos, ni los quiere desprotegidos, ni que vivan como abandonados. En la intimidad de la Última Cena, abre su corazón y les confía sus tesoros más preciados: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos”.

Coloca Jesús el amor como el más valioso de sus tesoros, como el imprescindible para ser su discípulo, como la señal distintiva. No les dice, si ustedes son muy valientes, si me obedecen o si no quieren ir al infierno. La razón fundamental del cristiano, lo que lo mueve, el estilo propio de su conducta es el amor.

Podríamos aducir muchas otras motivaciones, muchas implicaciones, pero si en la base no está el amor, es mentira que seamos cristianos. Quizás hemos perdido mucho tiempo en busca de disciplina, doctrina u organización y hemos descuidado lo fundamental: el amor a Cristo y a los hermanos. Es su mandamiento fundamental. Jesús no espera soldados que lo defiendan, Jesús no busca científicos que demuestren su verdad, Jesús no llama legisladores que sostengan su ley, Jesús busca enamorados que vivan a plenitud su misma vida. Entonces sí, bienvenidos los evangelizadores, bienvenidos los soldados, bienvenidos los legisladores, porque si tienen en su corazón el amor sabrán proclamar su Evangelio.

El evangelio de este domingo está envuelto en la atmósfera de despedida. Jesús está dando las últimas instrucciones a sus discípulos porque ya se va. Los discípulos empiezan a entrever el dolor de la ausencia, pero Jesús anuncia, promete y revela una nueva presencia. Una presencia que cambia el concepto antiguo de Dios y la relación del hombre con Él.

En el Antiguo Testamento, y quizás en la mente y vivencia de muchos de nosotros, se tenía el concepto de un Dios como una realidad exterior al hombre y como distante de él. Se necesitan mediaciones para llegar a Él. Así se ponen una serie de elementos que nos llevan a Dios: el templo, la observancia de las leyes, los sacrificios, el sacerdote, los santos. Dios quedaba fuera del mundo y nosotros a veces nos quedábamos anclados en los signos y no llegábamos a Dios, y no es raro que terminábamos dando más importancia al rito, a la ley, al signo que al mismo Dios.

Y Cristo hoy nos descubre una relación dinámica, interior, vivificante. Cristo anuncia esa nueva presencia divina en nosotros, muy dentro en nuestro corazón, en nuestra vida diaria. Y nos asegura tres diferentes modos de presencia que sostendrán la comunidad:
  • su permanencia viva en medio de nosotros, 
  • la donación del Espíritu Santo 
  • la presencia íntima de la Trinidad en el corazón de los creyentes al darnos a conocer “Yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes”.
No estamos solos, Cristo nos asegura: “No los dejaré desamparados”. Y nos descubre este profundo cambio de relación entre Dios y nosotros. La comunidad y cada miembro se convierten en morada de la divinidad. Nos hacemos templo y santuario de Dios. Dios ya no está fuera de nosotros, sino en nosotros mismos y de ahí brotan infinidad de consecuencias: la dignidad del hombre y de la naturaleza, la exigencia del respeto al otro que también es santuario de Dios, la primacía del amor sobre los ritos y de la vida sobre la doctrina. Dios está vivo en medio de nosotros, no es doctrina, ni ley, sino vida.

Jesús se va y se queda. Al marcharse el que es el Guía, cuando parece que se agrieta y se desmorona el grupo ante la ausencia del Maestro, recibe la promesa de esta nueva presencia que se hará realidad en la vida de la primera Iglesia, al recibir el Espíritu Santo y descubrir la realidad de la presencia y asistencia de Jesús en medio de todas las vicisitudes de una Iglesia que recién empieza.

A pesar de los riesgos que los apóstoles corrían cuando Jesús los dejó “solos”, siguieron conservando su identidad y su tarea porque contaban con el dinamismo del Espíritu Santo. Cada paso, cada nueva crisis, siempre es resuelta con la presencia de Jesús y con la asistencia del Espíritu Santo. Pero es también todo un reto, porque están más propensos a construir su propia iglesia, su propio grupo y olvidarse de la Iglesia de Jesús. Todo esto tiene una condición: “si me aman…” Si no, todo está perdido.

Hoy debemos preguntarnos seriamente: ¿Qué importancia le damos nosotros a este amor que nos propone Jesús? ¿No hemos perdido demasiado el tiempo en cosas secundarias y nos hemos olvidado de amar al estilo de nuestro Maestro y Pastor? ¿Cuál sería la señal distintiva de nosotros cristianos, de nuestras familias y de nuestras comunidades? ¿Es el amor?

Gracias, Padre Bueno, por el regalo que nos has hecho de la presencia de Jesús. Él es nuestro pastor, nuestro camino y nuestro guía. Concédenos vivir plenamente su mandamiento de amarte y amarnos unos a otros para ser sus dignos discípulos. Amén.

Juan 14,15-21: El Padre os dará otro defensor

Juan 14,15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"El Padre os dará otro defensor"

Tendréis un abogado a vuestra disposición. Es la garantía ofrecida por Cristo; como el consuelo supremo que puede dar a sus discípulos que estaban tristes por el anuncio de su partida.

La promesa de Jesús presupone la representación tradicional, según la cual, cuando los hombres aparezcan ante el tribunal de Dios, se encontrarán con muchas culpas de las que serán acusados y tendrán que dar respuesta. Sus pecados, a modo de acusadores, se volverán contra ellos. Por si esto fuese poco, el demonio acentuará estas acusaciones.

La defensa estará a cargo de las buenas obras realizadas y que serán presentadas como un contrapeso a la malas. Además, ahora promete Jesús -apoyándose en los procedimientos legales judíos- que tendrán un abogado. Este abogado, siguiendo siempre los procedimientos y costumbres judías, no es sólo una persona encargada de aducir pruebas a favor de la parte defendida, sino sobre todo, es una persona de gran categoría y ascendencia ante el juez, al que podía influir favorablemente con su sola presencia. Esta influencia en el juez no obedecía principalmente al conocimiento que dicho abogado tuviese de la Ley y al manejo de lo trucos legales, sino al peso de su autoridad personal, por tratarse de un hombre que gozaba de la estima de la sociedad.

El contexto, por tanto, de la promesa de un abogado -que no corresponde a nuestro concepto de abogado, como hemos podido ver- es escatológico, con una referencia inmediata al último Juicio de Dios. Los judíos creían que, en aquel momento, tendrían a su disposición además de sus buenas obras y las de sus antepasados, un abogado de esa naturaleza.

En el cuarto evangelio este lenguaje, que describe el futuro, se aplica ya para describir el presente. Es decir se promete a los creyentes ese abogado no para el futuro juicio de Dios, sino desde el momento de la partida de Jesús. Este abogado es el Espíritu Santo, prometido para cuando los cristianos se hallen en dificultades por razón de la profesión de su fe. Y como en el evangelio de Juan estamos ante una confrontación constante entre el cristianismo y el mundo, la presencia del abogado es aun más necesaria.

El abogado es prometido a los que aman a Jesús. Y lo aman los que cumplen sus mandamientos. El cuarto evangelio establece frecuentemente esa conexión entre el amor y la obediencia (14, 21. 23. 24; 15, 10. 14). Probablemente lo hace para explicar lo que significa pedir en su nombre. El «nombre» de Cristo no puede ser utilizado si no va acompañado de la obediencia y el amor.

Este abogado es el espíritu de la verdad. Es el mismo Espíritu que continúa la obra de Cristo dando a conocer la verdad total en torno a Jesús. Es el Espíritu quien comunica la verdad y Jesús es la verdad.

El mundo, por definición, no puede recibir la enseñanza del Espíritu. En este contexto el mundo es sinónimo de los no creyentes. Por eso, el mundo dejará de ver a Jesús, que se va; los discípulos, sin embargo, lo ven porque creen en él. Es la visión de la fe. La visión que proporciona la vida. Los discípulos vivirán con esa vida eterna, que se pone a su disposición a través de la muerte y resurrección de Jesús.

Todo esto ocurrirá «aquel día», es decir, en la nueva situación que nace como consecuencia de la muerte-resurrección de Jesús. La fe de los discípulos descubrirá la unidad entre el Padre y el Hijo, que el Hijo actuaba en nombre del Padre a modo de su agente entre los hombres para su salvación.

La respuesta de los discípulos debe ser la del amor. Este amor les une a Jesús y, a través de él, participan en el amor que el Padre tiene por el Hijo. Son amados por Dios. 

Hechos 8,5-8.14-17: Felipe predica a los samaritanos


En aquellos días, Felipe bajo a la ciudad de Samaría y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacia, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se lleno de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Comentario por Reflexiones Católicas
"Felipe predica a los samaritanos"

La primera lectura, tomada del libro de los Hechos, nos presenta a Felipe, no el apóstol sino el diácono, predicando a los samaritanos en su capital. Es una noticia inusitada si tenemos en cuenta la enemistad tradicional entre judíos y samaritanos, tan presente en los evangelios, en pasajes como la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37), o la conversación de Jesús con la samaritana (Jn 4,1-42) o en otros pasajes más breves (Mt 10,5; Lc 9,51-56; 17,16; Jn 8,48).

Los judíos consideraban a los samaritanos como herejes y extranjeros (Cfr. 2Re 17,24-41) pues, aunque adoraban al único Dios y vivían de acuerdo con su ley, no querían rendir culto en Jerusalén, ni aceptaban ninguna revelación ni otras normas que las contenidas en el Pentateuco.

Los samaritanos pagaban a los judíos con la misma moneda pues los habían hostigado en los períodos de su poderío y habían llegado a destruir su templo en el monte Garizim. Por todo esto nos parece sorprendente encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su propia capital, y con tanto éxito como testimonia el pasaje que hemos leído, hasta concluir con un hermoso final: que su ciudad, la de los samaritanos, "se llenó de alegría".

Esta obra evangelizadora que rompe fronteras nacionales, que supera odios y rivalidades ancestrales, provocando en cambio la unidad y la concordia de los creyentes, es obra del Espíritu Santo, como comprueban los apóstoles Pedro y Juan, que con su presencia en Samaria confirman la labor de Felipe. Se trata de una especie de Pentecostés, de venida del Espíritu Santo sobre estos nuevos cristianos procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu divino, no hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz. 

DOMINGO DE LA 6 SEMANA DE PASCUA, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.


— Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Estamos en el sexto domingo de Pascua. Hoy nos encontramos en la primera lectura la narración de cómo el evangelio salió de los confines de Jerusalén y empieza a cumplirse el deseo de Jesucristo de que su mensaje se proclame hasta "los confines de la tierra". Felipe, no el apóstol sino "el diácono", fue a Samaria y como resultado de su predicación ocurrieron cosas maravillosas: tanto endemoniados como paralíticos reciben sanación y todo esto produce gran alegría. Todo ello no es ni más ni menos lo que significa la salvación que había sido profetizada y prometida: curación, expulsión de espíritus malos y alegría.

La comunidad cristiana primitiva, como vemos en esta lectura, tiene un profundo espíritu misionero que con su predicación produce una liberación llena de alegría.

¿En qué se parece mi comunidad, mi parroquia a esa comunidad primitiva? ¿Hasta qué punto sanamos? ¿Hasta qué punto estamos liberados? ¿Vivimos nuestra fe en alegría?

En la segunda lectura vemos a San Pedro aconsejando la conducta que deben seguir ante las pruebas a las que serán sometidos: adorar interiormente al Señor, dar razón si es necesario pero siempre con sencillez y respeto. Tal vez nos está hablando un poco en contra del fanatismo religioso, ese celo excesivo e irracional que no debe tener cabida entre cristianos. También creo que nos quiere recordar que el templo donde debemos dar adoración al Señor es en nuestro interior. En ocasiones estamos dispuestos a ir muy lejos buscando algo, que si lo pensáramos bien lo tenemos muy cerca: "Sigan adorando interiormente al Señor". Para algunos resulta menos complicado gastarse varios centenares de dólares, viajar miles de kilómetros, soportar comidas que no les gustan y aguantar viajes y personas que no les caen bien, y todo para "adorar" a Dios en algún santuario famoso, en vez de "adorarle en el propio interior". Es menos exigente mezclarse entre la gente que enfrentarse consigo mismo. Dicho lo cual, debo aclarar que no estoy en contra de las peregrinaciones o visitas a lugares santos, especialmente cuando se hacen con verdadero espíritu peregrino.

La liturgia de hoy nos ha presentado a una Iglesia misionera y a una comunidad llamada al "culto interior", a una comunidad que no va por ahí blandiendo orgullosamente su fe, pero que tampoco la oculta, simplemente la presenta con serenidad y convicción, aunque esto le traiga al individuo sufrimiento por "hacer el bien". No hay que preocuparse, pues lo mismo le pasó a Cristo, quien en el evangelio de hoy, según nos cuenta San Juan (14, 15-21) nos habla de la razón de ser de nuestra existencia: el amor.

Muchas veces nuestro comportamiento religioso se basa en el miedo, en el que dirán, en la costumbre, en la obligación. Nada de eso tiene valor. La verdadera razón para nuestro comportamiento para con Dios y nuestros hermanos es simplemente el amor. El cumplimiento de la ley por obligación es un simple cumplo-y-miento.

Estamos en pleno capítulo 14, el "Discurso de Despedida de Cristo". Él está sentado a la mesa con sus más íntimos amigos y trata de consolarles pues ya les ha dicho que se va. Jesús les promete un Defensor, les asegura que no quedarán huérfanos, que se les mostrará y estará con ellos.

¡De lo que es capaz el amor!

Hechos 8,4-25: Felipe en Samaria


4 Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra.
5 Felipe descendió a la ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo.
6 Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe.
7 Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, 
   y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados.
8 Y fue grande la alegría de aquella ciudad.

Simón el mago

9 Desde hacía un tiempo, vivía en esa ciudad un hombre llamado Simón, 
   el cual con sus artes mágicas tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje.
10 Todos, desde el más pequeño al más grande, lo seguían y decían: 
     "Este hombre es la Fuerza de Dios, esa que es llamada Grande".
11 Y lo seguían, porque desde hacía tiempo los tenía seducidos con su magia.
12 Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios 
     y el nombre de Jesucristo, todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar.
13 Simón también creyó y, una vez bautizado, no se separaba de Felipe. 
     Al ver los signos y los grandes prodigios que se realizaban, él no salía de su asombro.
14 Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido 
     la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.
15 Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo.
16 Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, 
     sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.
17 Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
18 Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, 
     Simón les ofreció dinero,
19 diciéndoles: "Les ruego que me den ese poder a mí también, 
     para que aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo".
20 Pedro le contestó: "Maldito sea tu dinero y tú mismo, 
     porque has creído que el don de Dios se compra con dinero.
21 Tú no tendrás ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios.
22 Arrepiéntete de tu maldad y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón,
23 porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad".
24 Simón respondió: "Rueguen más bien ustedes al Señor, 
     para que no me suceda nada de lo que acabas de decir".
25 Y los Apóstoles, después de haber dado testimonio y predicado la Palabra del Señor, 
     mientras regresaban a Jerusalén, anunciaron la Buena Noticia a numerosas aldeas samaritanas.


SOBRE EL MISMO TEMA:

SALMO 66 (65): Qué admirables, Señor, son tus obras

SALMO 66 (65)

¡Oh Dios, qué admirables son tus obras!
66:1 Del maestro de coro. Canto. Salmo.

Invitación a la alabanza
¡Aclame al Señor toda la tierra!
66:2 ¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
66:3 digan al Señor: "¡Qué admirables son tus obras!"
Por la inmensidad de tu poder,
tus enemigos te rinden pleitesía;
66:4 toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
66:5 Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres:
66:6 él convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en él,
66:7 que gobierna eternamente con su fuerza;
sus ojos vigilan a las naciones,
y los rebeldes no pueden sublevarse. Pausa
66:8 Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
66:9 él nos concedió la vida
y no dejó que vacilaran nuestros pies.
66:10 Porque tú nos probaste, Señor,
nos purificaste como se purifica la plata;
66:11 nos hiciste caer en una red,
cargaste un fardo sobre nuestras espaldas.
66:12 Dejaste que cabalgaran sobre nuestras cabezas,
pasamos por el fuego y por el agua,
¡hasta que al fin nos diste un respiro!

Liturgia de acción de gracias
66:13 Yo vengo a tu Casa a ofrecerte holocaustos,
para cumplir los votos que te hice:
66:14 los votos que pronunciaron mis labios
y que mi boca prometió en el peligro.
66:15 Te ofreceré en holocausto animales cebados,
junto con el humo de carneros;
te sacrificaré bueyes y cabras. Pausa
66:16 Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
66:17 apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo.
66:18 Si hubiera tenido malas intenciones,
el Señor no me habría escuchado;
66:19 pero Dios me escuchó
y atendió al clamor de mi plegaria.
66:20 Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia.

Liturgia de la Palabra:
   65,1-3a.4-5.6-7a: Aclamad al Señor, tierra entera
   65,1-3a.4-5.6-7a.16 y 20: Los obras del Señor son admirables.

Salmo 65,1-3a.4-5.6-7a.16 y 20: Los obras del Señor son admirables. Aleluya.

Salmo 65,1-3a.4-5.6-7a.16 y 20:
Los obras del Señor son admirables. Aleluya.
Domingo de la 6 Semana de Pascua, Año A

Que aclame al Señor toda la tierra.
Celebremos su gloria y su poder,
cantemos un himno de alabanza,
digamos al Señor: "Tu obra es admirable".
R. Los obras del Señor son admirables. Aleluya.

Que se postre ante ti la tierra entera
y celebre con cánticos tu nombre.
Admiremos las obras del Señor,
los prodigios que ha hecho por los hombres.
R. Los obras del Señor son admirables. Aleluya.

El transformó el mar Rojo en tierra firme
y los hizo cruzar el Jordán a pie enjuto.
Llenémonos por eso de gozo y gratitud:
El Señor es eterno y poderoso.
R. Los obras del Señor son admirables. Aleluya.

Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen,
y les diré lo que ha hecho por mí.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su gracia.
R. Los obras del Señor son admirables. Aleluya.

SALMO 66 (65)  

viernes, 19 de mayo de 2017

Salmo 57 (56): Me refugio a la sombra de tus alas

SALMO 57 (56)  

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Me refugio a la sombra de tus alas"

Un hombre que alberga el deseo de ser fiel al Dios de la Alianza se siente alcanzado por una prueba superior a sus fuerzas, sufre un total desfallecimiento de su alma y describe así el ataque a que se ve sometido: «Estoy echado en medio de leones que devoran a los hombres; sus dientes son lanzas y flechas, su lengua es una espada afilada». 

Cuando una persona se ve probada y perseguida de esta manera a causa de su fe, Dios no la abandona a su suerte, no se desentiende de ella y, menos aún, no la deja a merced de sus enemigos. Dios infunde sobre él su sabiduría y fortaleza para vencer la prueba.

Así vemos a nuestro hombre, invocando con sabiduría a Dios y suplicándole que su alma atormentada encuentre cobijo a la sombra de sus alas, algo así como si fuese un águila protectora: «Piedad, oh Dios, ten piedad de mí, pues mi alma se refugia en ti; me refugio a la sombra de tus alas, mientras pasa la desgracia». 

La espiritualidad del pueblo de Israel identificando a Yavé con un águila protectora hace parte de su experiencia en el desierto. Sujeto a mil peligros y desastres, Israel siente la protección de Dios. Se sabe rescatado de Egipto, con el consiguiente paso del mar Rojo, por Yavé. El mismo les recuerda en el monte Sinaí que les ha llevado sobre alas de águila y les ha traído hacia sí: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí» (Ex 19,4). 

Ya en el desierto, y a la vista de la tierra prometida, la boca de Moisés entona un himno de acción de gracias a Yavé porque ha sido leal en todas sus promesas: «Voy a aclamar el nombre de Yavé; ¡ensalzad a nuestro Dios! El es la roca, su obra es consumada, pues todos sus caminos son justicia. Es Dios de lealtad...» (Dt 32,3-4). 

Este cántico de acción de gracias de Moisés tiene un proceso creciente de belleza y armonía. El autor se deshace en elogios a Yavé porque ha sido misericordioso y providente con el pueblo, La majestuosidad lírica llega a su máxima expresión cuando le compara con un águila que, descendiendo sobre Egipto, rescata al pueblo, lo cobija en el desierto y lo conduce a su destino: «En tierra desierta lo encuentra, en la soledad rugiente de la estepa. Y le envuelve, le sustenta, le cuida como a la niña de sus ojos. Como un águila incita a su nidada y revolotea sobre sus polluelos, así El despliega sus alas y le toma y le lleva sobre su plumaje» (Dt 32,10-11). 

Volvemos al salmo y podemos sospechar que nuestro hombre habría cantado frecuentemente este himno en el culto del templo. Podemos intuir también que, en su infortunio, Dios le iluminó y le hizo presente que Él había sido águila salvadora para el pueblo. De ahí su súplica y su decisión: «Me refugio a la sombra de tus alas». 

Mesías

A la luz de esta imagen tan plástica de salvación, nuestros ojos se vuelven al Hijo de Dios crucificado. El es el que verdaderamente se acoge, como si fueran alas de águila, a los brazos abiertos de su Padre: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Manos y brazos de salvación que le rescatarán de la muerte y lo conducirán hacia sí, llevando a plenitud el cántico de Moisés en el desierto.

En Jesucristo todos estamos salvados. Todos los títulos que Israel ha dado a Dios como: refugio, protector, redentor, rescatador, salvador, etc., se cumplen en Jesucristo en favor nuestro. Acogida de Dios, por medio de su Hijo, que no deja de escandalizar a los escribas y fariseos porque, para sorpresa de estos, nadie queda excluido; como lo vemos, entre muchos y variados textos, en este de san Lucas: «Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos» (Lc 15,1-2).

Es más, nos es fácil hacer una transposición de imágenes. Así como hemos visto a Israel escondido en el plumaje del águila y, sobre las alas de esta, ha sido llevado de Egipto a la tierra prometida, podemos ver al hombre, alejado como oveja perdida, a cuyo encuentro va Jesucristo como Buen Pastor, quien la pone contento sobre sus hombros. Este ir sobre los hombros de Jesucristo, imagen de las alas del águila, no es para conducirle a una tierra prometida, sino directamente al seno del Padre. Veamos este texto evangélico que da autoridad a la imagen que acabamos de exponer: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa...» (Lc 15,4-6).

Todo hombre, por el hecho de serlo, es un alejado con respecto a Dios. La imagen de Adán y Eva saliendo del paraíso es la nuestra. Ningún hombre ha podido franquear la puerta de entrada para volver a la presencia de Dios. Así pues, Dios mismo la franqueó para nosotros viniendo a nuestro encuentro y, como Buen Pastor, nos lleva sobre Él hacia el Padre, como Israel fue llevado en alas de águila hasta la tierra prometida. 

15,22-29: Carta a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicea

15,22-29: Carta a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicea

22 Entonces los apóstoles, los ancianos y la comunidad entera decidieron escoger algunos dirigentes 
     de los hermanos, para enviarlos con Pablo, Bernabé, Judas, por sobrenombre Barsabás, y Silas a 
     Antioquía. 
23 Les dieron una carta autógrafa que decía: —Los hermanos apóstoles y ancianos saludan 
     a los hermanos convertidos del paganismo de Antioquía, Siria y Cilicia: 
24 Nos hemos enterado de que algunos de los nuestros, sin nuestra autorización, 
     han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto. 
25 Por eso hemos decidido de común acuerdo elegir unos delegados y enviárselos 
     con nuestros queridos Bernabé y Pablo, 
26 hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo.
27 Por eso les enviamos a Judas y Silas, que les explicarán esto de palabra.
28 Es decisión del Espíritu Santo y nuestra no imponerles ninguna carga más que estas cosas
     indispensables: 
29 absténganse de alimentos ofrecidos a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados 
     y de relaciones sexuales prohibidas. Harán bien si se privan de estas cosas. Adiós. 

SOBRE EL MISMO TEMA:

Hechos 15,22-31: Carta apostólica a la comunidad de Antioquía

Hechos 15,22-31

En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabá y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: "Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo. Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud." Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la Iglesia y entregaron la carta. Al leer aquellas palabras alentadoras, se alegraron mucho.

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Carta apostólica a la comunidad de Antioquía"

La asamblea concluye eligiendo una delegación y con el envío de una carta. En ella se desautoriza a los rigoristas —o sea, a los que habían provocado el altercado— y se da vía libre a la apertura a los paganos, sin imponerles demasiadas cargas. Es importante la conciencia que tiene la asamblea de haber tomado una decisión bajo la iluminación del Espíritu Santo: la Iglesia ha experimentado, desde sus orígenes, la presencia del Espíritu y la ha transmitido a lo largo de los siglos. El discernimiento practicado —en el que ha participado toda la Iglesia— ha sido verdaderamente «espiritual», es decir, ha sido guiado por el Espíritu.

La delegación debe explicar los detalles del contenido del texto, así como las cláusulas de Santiago, presentadas como generosas; esto es, no como cargas pesadas. De hecho, esas limitaciones caerán pronto en desuso frente a la aplastante presencia de los procedentes del paganismo y la disminución del componente judío. El mismo Pablo, por su parte, no hizo nunca alusión a estas cláusulas.

La línea de Antioquía tiene ahora vía libre para su estilo de evangelización: sus tesis han sido aceptadas y avaladas plenamente. Se comprende que “su lectura les llenara de alegría y les proporcionara un gran consuelo”. Este consuelo les animó a seguir por el camino emprendido. Antioquía se convierte ahora en el nuevo centro de irradiación del Evangelio y en el punto de partida de las nuevas empresas de Pablo. Reina un clima de alegría y de serenidad por el avance del Evangelio, que les hace cerciorarse de la importancia vital de la difusión del camino de la salvación a todos los hombres.

Esto nos hace reflexionar sobre la escasa presencia actual de esta preocupación en nuestras comunidades. ¿Qué está pasando? ¿Ha perdido su relevancia a nuestros ojos la causa del Evangelio? ¿O será que han disminuido los hombres que, como Pablo y Bernabé, «han consagrado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo»? 

Juan 15,12-17: Sobre el amor fraterno

Juan 15,12-17 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Sobre el amor fraterno"

Las relaciones entre Jesús y los discípulos asumen una intensidad particular en esta perícopa donde se afronta el tema del mandamiento del amor fraterno: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (v. 12). 

Los mandamientos que debe observar la comunidad mesiánica están compendiados en el amor fraterno. Este precepto del Señor glorifica al Padre. Supone vivir como verdaderos discípulos y dar como fruto el testimonio. Ahora bien, la calidad y la norma del amor al hermano son una sola: el amor que Jesús tiene por los suyos, un amor que ha llegado a su cima en la cruz (v. 13).

La cruz es el ejemplo de la entrega de Jesús hasta el extremo por sus discípulos: ha entregado su propia vida por aquellos a los que ama. Lo que desea, a cambio, de los suyos es la fidelidad al mismo mandamiento siguiendo su ejemplo. La riqueza del amor que une a Jesús con los suyos, y a los discípulos entre ellos es, en consecuencia, total y de una gran calidad.

El modelo del amor de Jesús por sus discípulos no tiene que ver solamente con el sacrificio de su vida, sino que contiene también otras prerrogativas: es relación de intimidad entre amigos y don gratuito (vv. 14s). El signo mayor de la amistad entre dos amigos consiste en revelarse los secretos de sus corazones. El amor de amistad, del que nos habla Jesús, no se impone; es respuesta de adhesión en el seno de la fidelidad. El Maestro, al hacer partícipes a sus discípulos de los secretos de su vida, ha hecho madurar en ellos el seguimiento, les ha hecho comprender que la amistad es un don gratuito que procede de lo alto.

La verdadera amistad se sitúa en el orden de la salvación. Jesús ya no es para ellos el señor, sino el Padre y el confidente, y ellos ya no son siervos, sino amigos. Convertirse en discípulo de Jesús es don, gracia, elección y certeza de que nuestras peticiones dirigidas al Padre en nombre de Jesús serán escuchadas (vv. 16s).

«Mi mandamiento», el que resume todos los otros, el que distingue a un discípulo de Jesús de todos los demás, el que Juan llamará también «mandamiento nuevo», el típico e inconfundible de Jesús, es sencillo y exigente: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». Seguir a Jesús consiste en amar al hermano hasta dar la vida por él, precisamente como hizo Jesús, el Hijo que bajó para dar la vida por mí.

Dar la vida no significa sólo «morir» por los hermanos. Puede ser incluso hermoso y deseado, en ciertos momentos en que sentimos en nosotros un particular impulso de generosidad. Dar la vida significa gastar nuestra propia vida para que sean felices los que viven juntos a mí. Significa que cada mañana debo preguntarme cómo puedo hacer para no ser una carga para los que viven conmigo. Significa soportar sus silencios y sus «malas caras», aceptar los límites de su carácter, no extrañarse de sus contradicciones ni de sus pecados. Significa aceptar a mi prójimo tal como es, y no tal como debería ser. 

Salmo 57 (56)

Salmo 57 (56)

Muestra, oh Dios, tu gloria sobre toda la tierra
57:1 Del maestro de coro. "No destruyas". De David. Mictán. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva.

Súplica confiada
57:2 Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad,
porque mi alma se refugia en ti;
yo me refugio a la sombra de tus alas
hasta que pase la desgracia.
57:3 Invocaré a Dios, el Altísimo,
al Dios que lo hace todo por mí:
57:4 él me enviará la salvación desde el cielo
y humillará a los que me atacan.
¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad! Pausa
57:5 Yo estoy tendido en medio de leones
que devoran con avidez a los hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua, una espada afilada.
57:6 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!

Acción de gracias
57:7 Ellos tendieron una red a mi paso,
para que yo sucumbiera;
cavaron una fosa ante mí,
pero cayeron en ella.
57:8 Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar al son de instrumentos:
57:9 ¡despierta, alma mía!
¡Despierten, arpa y cítara,
para que yo despierte a la aurora!
57:10 Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,
te cantaré entre las naciones,
57:11 porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
y tu fidelidad hasta las nubes.
57:12 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!

Sobre el mismo tema:
   Me refugio a la sombra de tus alas
Liturgia de la Palabra:
   Salmo 57 (56), 8-9,10-12    

miércoles, 26 de abril de 2017

El «ancla» es uno de sus símbolos cristianos preferidos del papa Francisco

El papa Francisco presidió este miércoles la Audiencia General en la Plaza de San Pedro y continuó con sus catequesis sobre la esperanza cristiana. De hecho, el Santo Padre la comparó a un ancla y confesó que es uno de sus símbolos cristianos que más le gustan.

“Solo tenemos que amarrarnos al cabo y seguir siempre adelante, porque estamos seguros de que nuestra vida es como un ancla que está en el cielo, fija en el lugar adonde llegaremos”, aseguró Francisco.

Sobre el ancla, el Papa aseguró que “no es coincidencia que entre los símbolos de la esperanza cristiana esté el ancla. Expresa que nuestra esperanza no es vaga, que no se puede confundir con el sentimiento mutable de quien quiere mejorar las cosas de este mundo de manera fantasiosa, bastándose únicamente de su propia fuerza de voluntad”.

"¿Por qué habríamos de tener temor?"

El Papa añadió que por el contrario, “la esperanza cristiana encuentra sus raíces no en el atractivo del futuro, sino en la seguridad de que aquello que Dios nos prometió, lo realizó en Jesucristo. Si Él nos ha garantizado que no nos abandonará nunca, si el comienzo de cada vocación es un ‘sígueme’ con el cual Él nos asegura que permanecerá siempre delante de nosotros, ¿por qué habríamos de tener temor? Con esta promesa, los cristianos pueden caminar por todas partes”.

El Pontífice realizó esta reflexión a partir de dos frases del Evangelio de San Mateo: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”; “A Él le será dado el nombre de Emmanuel, que significa Dios con nosotros”.

Francisco destacó que estas palabras reflejan la cercanía de Dios a sus criaturas. “Son palabras que comunican el misterio de un Dios cuyo nombre, cuya identidad es ‘estar con’, en particular, ‘con nosotros’, es decir, con la criatura humana”.

El alma es "migrante"

“Nuestro Dios no es un Dios sentado, secuestrado en un cielo lejano, en vez de un Dios apasionado del hombre, tiernamente amante de seres de los que es incapaz de separarse. Los seres humanos somos hábiles rompiendo lazos y puentes. En cambio Él no. Si nuestro corazón se enfría, el suyo permanece incandescente. Nuestro Dios nos acompaña siempre, incluso aunque nos olvidemos de Él”.

El Papa recordó que el hombre está en camino en este mundo, y que en ese caminar siempre está acompañado por Dios. “Nuestra existencia es un peregrinar, un camino. Nuestra alma es un alma migrante. La Biblia está llena de historias de peregrinos y viajeros”.

"Él se preocupa de nosotros"

“En su camino en el mundo, el hombre nunca está solo. Sobre todo los cristianos no se sienten nunca abandonados, porque Jesús nos asegura que nos espera no solo al final de nuestro largo viaje, sino que nos acompaña en cada una de nuestras jornadas”.

El Obispo de Roma se preguntó: “¿Hasta cuándo perdurará la preocupación de Dios por el bienestar del hombre? La respuesta del Evangelio no deja lugar a dudas: ¡Hasta el fin del mundo! Pasará el cielo, pasará la tierra, veremos desaparecer la esperanza humana, pero la Palabra de Dios es más grande que todo y no pasará”.

“No habrá día de nuestra vida en la que no dejemos de ser una preocupación en el corazón de Dios. Él se preocupa de nosotros y camina con nosotros. ¿Y por qué hace eso? Simplemente porque nos ama. Dios seguramente cubrirá todas nuestras necesidades, no nos abandonará en el tiempo de la prueba y de la oscuridad”, concluyó.

domingo, 2 de abril de 2017

Juan 1,1-45: Resurrección de Lázaro

Juan 11,1-45
Domingo de la 5 Semana de Cuaresma, Año A

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:
— Señor, tu amigo está enfermo.
Jesús, al oírlo, dijo:
— Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:
— Vamos otra vez a Judea.
Los discípulos le replican:
— Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?
Jesús contestó:
— ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.
Dicho esto, añadió:
— Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.
Entonces le dijeron sus discípulos:
— Señor, si duerme, se salvará.
Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente:
— Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.
Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:
— Vamos también nosotros y muramos con él.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
— Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.
Jesús le dijo:
— Tu hermano resucitará.
Marta respondió:
— Sé que resucitará en la resurrección del último día.
Jesús le dice:
— Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?
Ella le contestó:
— Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:
— El Maestro está ahí y te llama.
Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:
— Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó:
— ¿Donde lo habéis enterrado?
Le contestaron:
— Señor, ven a verlo.
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
— ¡Cómo lo quería!
Pero algunos dijeron:
— Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús:
— Quitad la losa.
Marta, la hermana del muerto, le dice:
— Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.
Jesús le dice:
— ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
— Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.
Y dicho esto, gritó con voz potente:
— Lázaro, ven afuera.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
— Desatadlo y dejadlo andar.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.