sábado, 3 de diciembre de 2011

Domingo Segundo de Adviento: "Preparad el camino del Señor" (Mc 1,1-8), por Mons. Francisco Gonzalez, S.F., Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Isaías 40, 1-5.9-11
Salmo 84
2 Pedro 3,8-14
Marcos 1,1-8


La primera lectura está tomada de Isaías. El Pueblo de Dios ya lleva bastante tiempo en el exilio, lo cual está influyendo en el ánimo de todos. Hay un cierto cansancio moral, tal vez, como pensaban algunos, debemos acostumbrarnos a todo lo que estamos viviendo.

En medio de este desánimo general, se oye la voz de Dios: "Consuelen a mí pueblo". Inmediatamente se les insta a poner manos a la obra: "Abrir el camino al Señor". No es nada fácil pues hay que rellenar los valles y allanar montañas, o sea, tenemos que bajarnos de esos pedestales donde nos hemos instalado y llenar los vacíos de nuestro corazón.

Ese cambio tan brusco y profundo no es para intentarlo a solas, como si fuera poca cosa. Tampoco es para acobardarse, pues la misma lectura nos dice: "Aquí está tu Dios", un Dios que viene con poder, un pastor que toma en brazos a los corderos.

¿Aceptamos a ese que nos llega como Dios de poder y Buen Pastor? ¿En qué forma tratamos de prepararle el camino? ¿Tratamos de buscar la gente y los lugares que nos ayuden a descubrir la presencia oculta de Dios?

El evangelio de hoy, que es el comienzo del evangelio de San Marcos, nos indica lo que quiere hacer. Este libro que escribo, parece decir, tiene como objetivo darles una buena noticia: "Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". Una buena noticia y que tiene un doble aspecto: la "buena noticia" de las obras y mensajes de Jesucristo, al mismo tiempo que la "buena noticia" que es Jesucristo mismo.

Para reconocer la "buena nueva" y poderla aceptar y disfrutar, Marcos nos habla del "mensajero" que nos enseña a preparar los caminos. Este mensajero, Juan el Bautista, nos llama a la conversión y al bautismo, o sea al arreglo de los caminos que llevamos en nuestra vida y a una limpieza tal, para que en cada uno reaparezca la figura original, la imagen de Dios, que está en nosotros.

Juan no perdona los pecados, pero llama a la conversión para que puedan ser perdonados al recibir el bautismo de quien bautiza en el Espíritu Santo.

Es bueno recordar que las palabras de San Marcos no son palabras dirigidas exclusivamente a la gente de aquellos tiempos, más bien, es un mensaje que supera el tiempo, son palabras que no están sujetas al paso de nuestro calendario. La conversión es el reto constante de todo cristiano, por más que haya avanzado en los caminos del Señor.

San Pedro (2º lectura) nos recuerda que el Señor es misericordioso y no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión. Él nos dice a los humanos que el tiempo nuestro no es el tiempo de Dios, porque Dios no mide el tiempo. Además, nos exhorta a tener una conducta santa y piadosa para esperar la venida del Señor.

¿Qué debo yo cambiar en mi relación con Dios, con mi prójimo y seres queridos, conmigo mismo?

En estos días en que visitamos centros comerciales, que ojeamos catálogos, que exploramos el Internet, Facebook y tantos otros medios sociales con la idea de 'encontrar', hermano, hermana: ¿Qué es lo que quieres encontrar? ¿Estarás buscando en donde no se 'encuentra'?

En el Salmo 84 que recitamos este domingo dice: "Voy a escuchar lo que dice el Señor. Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra".

"La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos."

"Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación".

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