domingo, 21 de julio de 2013

MIÉRCOLES DE LA 16 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Exodo 16,1-5.9-15
Salmo 77: El Señor les dio un trigo celeste
Mateo 13,1-9

Exodo 16,1-5.9-15

Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto. La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: "¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad." El Señor dijo a Moisés: "Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. El día sexto prepararán lo que hayan recogido, y será el doble de lo que recogen a diario." Moisés dijo a Aarón: "Di a la comunidad de los israelitas: "Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones."" Mientras Aarón hablaba a la asamblea, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube. El Señor dijo a Moisés: "He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."" Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: "¿Qué es esto?" Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Es el pan que el Señor os da de comer."

Salmo 77: El Señor les dio un trigo celeste

Tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: "¿Podrá Dios
preparar una mesa en el desierto?
R. El Señor les dio un trigo celeste

Pero dio orden a las nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Hizo soplar desde el cielo el levante,
y dirigió con su fuerza el viento sur.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Hizo llover carne como una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad del campamento,
alrededor de sus tiendas.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Mateo 13,1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: "Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga."

viernes, 19 de julio de 2013

Lucas 10,38-42: Betania. por M. Dolors Gaja, M.N.



Comentario por M. Dolors Gaja, MN:
"Betania"

En el camino hacia Jerusalén, un alto. Jesús ama el hogar y en Betania tiene “casa propia”, la de sus amigos. Betania quedó para siempre, en la comunidad cristiana, como paradigma de la comunidad que acoge a Jesús. Betania es descanso para el corazón, casa de amistad, mesa compartida, servicio y escucha de la Palabra.

Obviamente, Jesús iba con sus discípulos. Pero en la escena no hay varones, ni siquiera está Lázaro que, como hombre, era el anfitrión. Los comentaristas suelen hablar de Marta – quizá por hallarla en su papel de ama de casa – como de la hermana mayor. De hecho Lucas nos dice que Jesús fue recibido en “casa de Marta”.

Hospitalidad 

Betania encarna el principio básico de la hospitalidad, tan sagrado en Oriente. A Jesús le gusta “ser acogido” y vivir en familia. Acepta con normalidad ser huésped de Zaqueo, de Mateo, de Simón… y  convierte la casa de Pedro en su sede misional. Habría pues que preguntarse hoy si yo acojo a Jesús, si mi vida y mi corazón es para Él lugar de reposo; si mis obras son “plataforma” para difundir el evangelio, si mis afectos y sentimientos son evangelizados con su Palabra. No deja de ser oportuno recordar que a nuestro Dios le gusta andar en familia, sentirse “en casa”.

Juego de miradas 

Imaginemos la escena. Cotidiana, normal. Dos mujeres que aman entrañablemente a Jesús. Una lo sirve, otra lo escucha. Son aspectos del mismo amor, irisaciones de la misma luz. María mira a Jesús, es su centro. Pero Marta, que se desvive por Jesús, mira a María. Y entra, sin darse cuenta, en esa fuente de sufrimiento que para todo corazón es la comparación.

Marta compara su quehacer con el “quehacer” – que también lo es– de María. Las comparaciones son siempre fuente de descontento. Porque, además, cuando hay comparación, uno tiende a imponer una visión o carisma.  Desde el momento que Marta ha comenzado a mirar a María ha nacido en ella un monólogo interior de refunfuño que acaba –como pasa con esas cosas– por verbalizarse: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Probablemente si María se hubiera ofrecido a ayudar a Marta ésta la hubiera despachado de su lado con un “quita, quita, que ya me apaño yo sola y además acabo antes”. Marta no quiere ayuda, no la precisa. Además, para ella es un honor y un orgullo agasajar al huésped. Pero la inquietud ha entrado en su corazón desde que ha dejado de mirar a Jesús para “mirar” qué hace su hermana.

Imagen de la Iglesia 

San Ambrosio decía que “no hay sólo una manera de ser santos”. La Iglesia se enriquece con los distintos carismas y todos son necesarios. El servicio y la contemplación pueden “parecer” distintos pero el servicio sólo es válido si nace de la contemplación y ésta sólo es fiable si lleva a la acción. Contemplativos en la acción.

No obstante algún comentarista ve en las dos hermanas la representación del Israel de los tiempos post-pascuales. María, sentada a los pies de Jesús como discípula –algo absolutamente inusual– encarnaría la apertura de Israel a la novedad que trajo Jesús. En ese sentido, y sólo en ese, se entiende el elogio de Jesús: sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

Cuando Lucas escribe esto la iglesia naciente anda a la greña: judeo-cristianos y cristianos venidos del paganismo se miran unos a otros en lugar de centrar la mirada sólo en Jesús. El Maestro deja clara la norma: sólo quien le escucha puede llamarse discípulo.

De transfondo, Nazaret 

A Jesús nunca se le ocurrió lo que durante siglos han alimentado comentaristas al hablar del evangelio: que un tipo de vida –la consagrada frente a la laical, la contemplativa frente a la activa…- fuera mejor que otra.

No pudo ocurrírsele porque Él vivió en Nazaret, con su madre, la fusión perfecta del “lado marta” y el “lado maría” que quizá todos tenemos. María es la mujer perfecta, la que une en sí toda forma de santidad: Ella es primacía de la Palabra y del Servicio. Por eso es Madre y Figura de la Iglesia.

Lucas 10,38-42: Sentarse a los pies de Jesús, por Mons. Francisco González, S.F.




Comentario por Mons. Francisco González, SF.

Hoy nos encontramos con otro pasaje fabuloso: Jesús con sus amistades, y éstas son dos mujeres. Da la impresión como que ha dejado que sus apóstoles marchen hacia delante mientras él visita a esta familia que tanto ama. Sólo están las dos hermanas, Marta y María. Marta, tal vez la mayor y más responsable se dedica completamente al ejercicio de la hospitalidad, a preparar todo para que a Jesús no le falte nada, pues después de tanto caminar, de no siempre tener una comida digna, e ir corriendo de un lugar a otro, Marta "se afana", para que todo esté en orden y no falte de nada.

Todo este trajín le crea angustia y echa unas miradas a su hermana María, que sentada a los pies del Maestro, lo único que hace es escucharle, sin poner atención a su hermana mayor. Finalmente Marta, y en esto yo veo el gran amor entre todos ellos, critica a Jesús su indiferencia, pues aunque la ve trabajando con tanto empeño, no sugiere a la joven que se levante y ayude a la hermana.

Jesús responde repitiendo el nombre dos veces: "Marta, Marta: andas inquieta, nerviosa, preocupada por tantas cosas, y la verdad es que no hay necesidad de tanto. María ha elegido escuchar la palabra, escucharme a mí, como una buena discípula...ha sabido elegir lo mejor y nadie se lo quitara".

El comentario e interpretación de estas palabras de Jesús han llenado centenares, miles de páginas en especial defendiendo algo que no me parece correcto, y es esa opinión que basada en este pronunciamiento del Maestro defienden algunos que nos han querido decir que la contemplación es mejor que la acción, cuando lo más probable es que ambas son aspectos diferentes de una misma realidad.

Jesús no critica el trabajo o la virtud de la hospitalidad que Marta está demostrando, pero sí que le anima a ver desde otra perspectiva todo lo que está haciendo, para que eso no le cause fatiga y mal humor, cuando debería estar disfrutando de la presencia del amigo que ha venido a visitarles. La comida y la mesa bien puesta es importante, pero no tanto como las personas que se sientan a la misma.

Jesús alaba a María pues ha elegido darle a Él toda la atención, escuchando e interiorizando toda palabra que Él pronuncia, de hecho Él es la Palabra, y al escucharla le está aceptando a Él, como una verdadera discípula, algo muy nuevo en aquellos momentos de la historia ya que las mujeres no se sentaban a los pies del maestro a escucharle.

Lo que cada una de las hermanas está haciendo, al ponerlas juntas se podría llamar, como ya algún santo lo ha hecho, "contemplación en la acción".

Marta nos da una lección: abrir las puertas y hacer que los que nos visitan se encuentren como en su propia casa, lo que solemos expresar con nuestro: "Mi casa es tu casa". María nos da la gran lección de escuchar al Maestro para, al dejarnos penetrar por su palabra, nos vayamos acercando a Él más y más hasta convertirnos en verdaderos seguidores.

En nuestras iglesias y salones parroquiales se menciona muchos nombres de famosos teólogos, filósofos, santos de una época u otra. Tal vez necesitemos fijarnos más y más en esa posición y actitud de María: Sentarnos a los pies del Señor y escucharle con todas nuestras facultades.

Estamos en medio de la nueva evangelización, y con la mejor voluntad estamos dispuestos a hablar y más hablar, de salir a las calles a proclamar y explicar lo que es la nueva evangelización, lo cual es un ministerio que merece nuestra atención, pero no olvidemos de callarnos de vez en cuando y sentarnos a los pies de Jesús para escucharle a Él, a ese Jesús "que tiene palabras de vida eterna".

Oremos y trabajemos por una Iglesia que es y ofrece hospitalidad. Trabajemos y oremos por una Iglesia que se sienta a los pies de Jesús, escucha la Palabra de Jesús y se convierte en heraldo de la misma, con palabras y con obras.

jueves, 18 de julio de 2013

La doctrina social de la Iglesia y el capitalismo. Actitudes de los papas por Agustín Ortega , Centro Loyola e ISTIC (artículo resumido)


Ha causado revuelo el mensaje moral y social de la iglesia, en este caso, del papa Francisco sobre "el capitalismo salvaje como causante de la crisis"(21 de Mayo 2013, Roma).

No es la primera vez que un papa crítica el capitalismo. En 1931, en el contexto de la grave crisis de 1929, Pío XI decía sobre el capitalismo: "Hemos examinado la economía actual y la hemos encontrado plagada de vicios" (Quadragesimo Anno, n. 28). Esta enseñanza la profundizaría Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio, en el año 1967.

Como señalan estudiosos de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la Iglesia ha criticado los sistemas injustos. Muchas veces se ha manipulado esta DSI. La iglesia se ha opuesto a los principios del comunismo y también del capitalismo.

En la encíclica social de Juan Pablo, en 1991, la Centesimus Annus (CA), se tergiversó un pasaje, (el n. 42), para decir que el papa justificaba el capitalismo. Nada más lejos de la realidad. Algunos mezclaron cosas como que la iglesia y el papa acepta la economía de libre mercado —que es cierto—, confundiendo esta libertad económica con el capitalismo, que es muy distinto.

Juan Pablo II, en el n. 42 de la CA, se resiste a identificar capitalismo con economía libre. Al final del n. 42, Juan Pablo II se opone al capitalismo y a su fanatismo de mercado. Aunque haya fracasado el comunismo, que según el papa es un capitalismo de estado, Juan Pablo II no acepta tampoco el capitalismo como alternativa (CA 35).

El capitalismo es inhumano porque da prioridad a las cosas sobre las personas y margina a los pobres (CA 34). El papa Juan Pablo II denuncia que la ideología liberal-burguesa antepone el individualismo a la dignidad del ser humano (CA 33, 35 y 42).

Benedicto XVI sigue el mismo camino y nos dice que "tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para crear de estructuras justas y afirmaron que éstas, una vez establecidas, funcionarían por sí mismas. Esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa" (Aparecida, 4).

En su último Mensaje de la Paz, Benedicto XVI denunciaba el descontrol del capitalismo, hoy sobre todo financiero, que causa "alarma por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista" (n. 1). El papa clamaba por "un nuevo modelo económico, ya que el que ha prevalecido en los últimos decenios valora a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad" (n. 5). El Catecismo de la Iglesia rechaza el capitalismo ya que promueve "el individualismo y la primacía de la ley de mercado sobre el trabajo humano" (n. 2425).

Los principios y valores de la DSI van en contra del capitalismo. La DSI enseña que no se puede vivir en la codicia y en la riqueza. La solidaridad no es solo compartir y distribuir lo superfluo, lo que nos sobra, sino incluso lo que necesitamos para vivir, como nos recuerda el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (SRS 31).

El individualismo neo-liberal es una falsificación de la libertad cristiana, la cual consiste en comprometerse por la solidaridad con los pobres. La economía y el mercado se deben situar en el marco moral del bien común, la solidaridad y la justicia con los pobres (Catecismo, 2425).

El destino universal de los bienes está por encima de la propiedad privada, que es para todos y tiene un carácter social, como nos enseña el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (LE 14). De ahí una clave esencial de la DSI, como es el trabajo y un salario digno para las personas y sus familias (LE 19) porque el trabajo, la realización y dignidad del trabajador tiene prioridad sobre el capital (beneficio, medios de producción..., LE 13).

La economía financiera especulativa y usurera es inmoral, con sus créditos e intereses abusivos y nada éticos. Por eso, debe dejar paso a una economía que sirva al trabajo, al empleo y al desarrollo integral, como ya manifestaba León XIII (RN 1), Juan Pablo II (CA 43), el reciente compendio de DSI (369-72) y continuaría enseñando Benedicto XVI (CIV 65).

La DSI pertenece a la misión evangelizadora de la iglesia, a la enseñanza de la iglesia sobre el ser humano. La DSI no es solo una teoría o enseñanza sino un estimulo en el compromiso por el bien común y la justicia con los pobres. Los pobres son los principales protagonistas de la misión, tal como nos enseña la tradición de la iglesia, el Vaticano II (LG 8, AA 8) y los obispos españoles (IP 9 y 132). La vida y dignidad de toda persona se enraíza en el Dios Trinitario. La Trinidad es la fuente y modelo de solidaridad, de compromiso por el bien común, la paz y la justicia con los pobres.

Es posible otro mundo si creemos en la esperanza. Si los cristianos, tenemos fe en la Pascua y Resurrección de Jesús, en la vida eterna. Si seguimos a Jesús acogiendo el don de su salvación liberadora en el amor fraterno, en la paz y la justicia que se anticipa ya en la historia y que vencerá a toda injusticia, mal y muerte.

Como testimoniaron lo santos y testigos de la fe, como nos testificaron todos estos queridos Papas, sucesores de Pedro, hasta llegar al Papa Francisco, Pastor y Profeta del Pueblo de Dios.

sábado, 6 de julio de 2013

14 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Julio González, S.F.

Comentario de Julio González SF

Las lecturas de este Domingo de la Semana XIV del Tiempo Ordanario, Año C, nos recuerdan que el Señor no vino a instruir, a reunir, a sanar, a un grupo de escogidos sino a toda la humanidad. Por eso, cuando el profeta Isaías dice en la primera lectura: “Festejad a Jerusalén, gozad con ella, os saciaréis de sus consuelos...”, Isaías sabe que la ciudad santa de Jerusalén no pertenece a una nación, a un reino, a una cultura, sino que en Jerusalén se congregarán todas las naciones, todos los reinos, todas las culturas.

Cuando Lucas dice en el evangelio: “Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él”, Lucas nos vuelve a recordar que el evangelio no está pensado solo para unos pocos, sino para que todos, ¡tooooodos!, tengamos cabida en él. Sí, también usted, que tal vez no se encuentra hoy en su mejor momento y la depresión, la enfermedad, la tristeza, o tal vez, el rencor, la envidia, el orgullo, están sembrando el desánimo y la duda en su corazón.

Jesús conoce nuestros sufrimientos y nuestras tentaciones. Por eso, ya nos ha avisado: “Mirad que os envió como corderos en medio de lobos”. Al decir esto, Jesús no piensa solamente en los doce sino en los setenta y dos, es decir, en todos nosotros.

Tal vez, nuestra mayor tentación sea la de querer ser lobos..., es normal. Vivimos en un mundo en el que los lobos parecen ser los ganadores y los corderos parecen ser los perdededores. Sin embargo, Jesús —nuestra fe—  no puede ser alimento para lobos, serpientes o escorpiones.

Oremos para que la palabra de Dios ilumine este Día del Señor y nos prepare para entrar en comunión con él a lo largo de la semana.

14 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.



Comentario de Mons. Francisco González SF

En la primera lectura de hoy, nos encontramos al final del libro del profeta Isaías. Ahí se nos habla de Jerusalén en la que sus habitantes van a encontrar alegría, consuelo, esperanza y sobre la que Dios va a mandar un río de paz. Este es un pasaje de gran consolación para todos nosotros. Jerusalén es para su gente "la madre que acaricia a sus hijos, que los consuela". La Iglesia también es nuestra madre donde podemos y debemos encontrar la salvación, pero no olvidemos que tanto en la Iglesia como en Jerusalén, el causante de todo ese bien, de todas esas bendiciones es Dios mismo, no nosotros.

¡Qué bueno si en nuestras iglesias, si en nuestras parroquias, supiéramos vivir disfrutando de esa paz verdadera que Cristo ofreció y dio a los apóstoles después de la Resurrección¡ Y que el profeta Isaías anunció: Yo voy a hacer correr hacia ella (Jerusalén/Iglesia), como un río, la paz.

En el Santo Evangelio de hoy seguimos a Jesús en su subida a Jerusalén. Si el domingo pasado vimos como instruía a sus discípulos acerca de las condiciones de su seguimiento, hoy nos habla de la paz. Cuando manda a los setenta y dos discípulos, les manda que saluden: "Paz en esta casa". Porque no hay otra alternativa, al anunciar el Reino de Dios hay que hacerlo desde la perspectiva de la paz, pues eso es lo que nos trae: paz.

Este es el segundo envío que hace Jesús. En el primero los doce apóstoles (representando el primer pueblo de Dios) predican a ese mismo pueblo. Ahora son setenta y dos, tal vez para indicar la universalidad del mensaje, pues como leemos en Gn.10, setenta era, según la enseñanza judía, el número de las naciones paganas. Jesús busca la salvación de todo el mundo, o sea, del mundo judío y del mundo pagano.

"Pidan, decía Jesús, al dueño de la cosecha que envíe obreros". Pedir o rogar es una actitud que, en sí misma, ya reconoce una necesidad. Hoy se nos pide que recemos por la nueva evangelización y por el aumento de las vocaciones (obreros y obreras), al sacerdocio y vida religiosa. Hoy, como entonces, no solamente los apóstoles (obispos y sus colaboradores inmediatos, los sacerdotes) son enviados a predicar "la buena nueva", sino también los seglares (los setenta y dos discípulos). Hoy, como entonces, el evangelizador debe entender que es enviado "como cordero entre lobos".

Hoy, como entonces, el evangelizador debe apoyarse en el poder de Dios y no tanto en su propio valor. Hoy, como entonces, el predicador evangélico se verá rechazado por los valores del mundo de nuestros días. Hoy, como entonces, los verdaderos discípulos podrán volver de su misión con la gran alegría de haber anunciado el evangelio, aunque a veces traigan en sus cuerpos las marcas de las heridas. Hoy, como ayer, los discípulos deben regocijarse de que "sus nombres están escritos en los cielos".

El discípulo que se precia como tal, debe sentirse orgulloso, al estilo de Pablo (2º lectura), de estar crucificado con Cristo. Por la cruz ha empezado una nueva creación y de la cruz proviene la paz y la misericordia de Dios.

Por el bautismo que hemos recibido tenemos una vocación, se nos ha confiado una misión: el Reino de Dios. No perdamos tiempo conversando con las distracciones que nos impiden anunciarlo a voz en grito.

jueves, 4 de julio de 2013

El papa Francisco invitó a cenar a 200 mendigos en el Vaticano


El pasado lunes, Francisco invitó a cenar a unos 200 mendigos que fueron recibidos y atendidos en su nombre, por el Presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, el Cardenal Giuseppe Bertello.

Según informó el 3 de julio el diario de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, la autoridad vaticana acompañó durante la velada a los invitados, con quienes intercambió palabras, impresiones, y vivencias personales.

"Les doy la bienvenida en nombre del Papa. Como saben, ésta es su casa y se alegra porque nos acompañen aquí", dijo el Cardenal Bertello a los mendigos antes de servir la cena.

La velada se desarrolló en la plaza situada dentro de los jardines ante la réplica de la Gruta de la Virgen de Lourdes. La cena fue organizada por el Círculo de San Pedro, y es parte de una de las tantas que la organización vaticana gestiona durante todo el año en el centro de acogida nocturno que dirigen en la ciudad de Roma "como signo concreto de la caridad del Papa".

Los comensales llegaron a bordo de cuatro autobuses, y fueron asistidos por 122 socios de Círculo de San Pedro. Los mendigos que tomaron asiento son algunos de los muchos a los que el Círculo de San Pedro ayuda a vivir dignamente cada día mediante la provisión de un plato de comida, una cama, un techo bajo el que dormir, y ropas para vestirse.

El menú fue cocinado por un equipo de chefs llegados de Nápoles, conocidos en Italia por la calidad de su cocina, y los socios del Círculo hicieron de camareros y sirvieron las mesas ayudados por sus mujeres y sus hijos. Además, la Banda del Cuerpo de Gendarmería tocó un largo repertorio y la música también formó parte de esta singular noche.

Antes de concluir, los voluntarios entregaron a cada uno de los huéspedes un paquete con productos de pastelería, fruta fresca y un Rosario.

sábado, 29 de junio de 2013

El Ministerio Petrino: CONFIRMAR, por el papa Francisco (29 de junio: San Pedro y San Pablo)


Comentario por el papa Francisco (29 de junio de 2013)

Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas

Celebramos la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo.

Es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de Pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una sola familia.

Saludo cordialmente y con gratitud a la delegación del Patriarcado de Constantinopla, guiada por el Metropolita Ioannis. Agradezco al Patriarca ecuménico Bartolomé I por este Nuevo gesto de fraternidad.

Saludo a los señores embajadores y a las autoridades civiles. Un gracias especial al Thomanerchor, el coro de la Thomaskirche, de Lipsia, la iglesia de Bach, que anima la liturgia y que constituye una ulterior presencia ecuménica.

Tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo «confirmar». ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma?

— 1. Ante todo, confirmar en la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (Mt, 16,16), una confesión que no viene de él, sino del Padre celestial. Y, a raíz de esta confesión, Jesús le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (v. 18).

El papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto. En la segunda parte del Evangelio de hoy vemos el peligro de pensar de manera mundana. Cuando Jesús habla de su muerte y resurrección, del camino de Dios, que no se corresponde con el camino humano del poder, afloran en Pedro la carne y la sangre: «Se puso a increparlo: "¡Lejos de ti tal cosa, Señor!"» (16,22). Y Jesús tiene palabras duras con él: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo» (v. 23). 

Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia.

— 2. Confirmar en el amor. En la Segunda Lectura hemos escuchado las palabras conmovedoras de san Pablo: «He luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (2 Tm 4,7). 

¿De qué combate se trata? No el de las armas humanas, que por desgracia todavía ensangrientan el mundo; sino el combate del martirio. San Pablo sólo tiene un arma: el mensaje de Cristo y la entrega de toda su vida por Cristo y por los demás. Y es precisamente su exponerse en primera persona, su dejarse consumar por el evangelio, el hacerse todo para todos, sin reservas, lo que lo ha hecho creíble y ha edificado la Iglesia. El Obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar en este amor a Jesús y a todos sin distinción, límites o barreras.

— 3. Confirmar en la unidad. Aquí me refiero al gesto que hemos realizado. El palio es símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro, «principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión» (Lumen gentium, 18). Y vuestra presencia hoy, queridos hermanos, es el signo de que la comunión de la Iglesia no significa uniformidad.

El Vaticano II, refiriéndose a la estructura jerárquica de la Iglesia, afirma que el Señor «con estos apóstoles formó una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él» (ibíd. 19). 

Y prosigue: «Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la unidad del Pueblo de Dios» (ibíd. 22). La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las teselas se juntan para formar el único gran diseño de Dios. Y esto debe impulsar a superar siempre cualquier conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias: éste es el camino de Jesús.

El palio, siendo signo de la comunión con el Obispo de Roma, con la Iglesia universal, supone también para cada uno de vosotros el compromiso de ser instrumentos de comunión.

Confesar al Señor dejándose instruir por Dios; consumarse por amor de Cristo y de su evangelio; ser servidores de la unidad. Queridos hermanos en el episcopado, estas son las consignas que los santos apóstoles Pedro y Pablo confían a cada uno de nosotros, para que sean vividas por todo cristiano. Que la santa Madre de Dios nos guíe y acompañe siempre con su intercesión: Reina de los apóstoles, reza por nosotros. Amén.

+ SOBRE EL MISMO TEMA  

jueves, 27 de junio de 2013

Jueves de la 12 Semana del Tiempo Ordinario, por el papa Francisco

Génesis 16,1-12.15-16
Salmo 105: Dad gracias al Señor porque es bueno
Mateo 7,21-29

Génesis 16,1-12.15-16

[Saray, la mujer de Abrán, no le daba hijos; pero tenía una sierva egipcia llamada Hagar. Y Saray dijo a Abrán: "El Señor no me deja tener hijos; llégate a mi sierva a ver si ella me da hijos." Abrán aceptó la propuesta. A los diez años de habitar Abrán en Canaán, Saray, la mujer de Abrán, tomó a Hagar, la esclava egipcia, y se la dio a Abrán, su marido, como esposa. Él se llegó a Hagar, y ella concibió. Y, al verse encinta, le perdió el respeto a su señora. Entonces Saray dijo a Abrán: "Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella, al verse encinta, me pierde el respeto. Sea el Señor nuestro juez." Abrán dijo a Saray: "De tu esclava dispones tú; trátala como te parezca."] Saray la maltrató, y ella se escapó. El ángel del Señor la encontró junto a la fuente del desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo: "Hagar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?" Ella respondió: "Vengo huyendo de mi señora." El ángel del Señor le dijo: "Vuelve a tu señora y sométete a ella." Y el ángel del Señor añadió: "Haré tan numerosa tu descendencia que no se podrá contar." Y el ángel del Señor concluyó: "Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en la aflicción. Será un potro salvaje: él contra todos y todos contra él; vivirá separado de sus hermanos." Hagar dio un hijo a Abrán, y Abrán llamó Ismael al hijo que le había dado Hagar. Abrán tenía ochenta y seis años cuando Hagar dio a luz a Ismael.

Salmo 105: Dad gracias al Señor porque es bueno

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza?
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Mateo 7,21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados." El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente." Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Comentario por el papa Francisco:
¿Alegría superficial o continua vigilia fúnebre?


Hay personas que "se hacen pasar por cristianos", y pecan o de superficialidad excesiva o de demasiada rigidez, olvidando que un verdadero cristiano es el hombre de la alegría, que apoya la fe sobre la roca de Cristo. Esta ha sido la idea básica del papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta.

Rígido y triste. O feliz, pero sin tener ni idea de la alegría cristiana. Hay dos "casos", en un modo opuesto, en que viven dos categorías de los creyentes, y que en ambos casos tienen un grave defecto: se basan en un cristianismo hecho de palabras, y no se basan en la "roca" de la Palabra de Cristo. Francisco identifica este doble grupo comentando el evangelio de Mateo de hoy, aquel famoso pasaje de las casas de arena y de piedra.

— Cristianos de palabra

"En la historia de la Iglesia han habido dos clases de cristianos: los cristianos de las palabras, aquellos del Señor, Señor, Señor, y los cristianos de la acción, en la verdad. Siempre ha habido la tentación de vivir nuestro cristianismo fuera de la roca que es Cristo. El único que nos da la libertad de decir Padre a Dios es Cristo o la roca. Es el único que nos sostiene en los momentos difíciles, ¿no?

Como dijo Jesús: la lluvia cae, se desbordan los ríos, soplan los vientos, pero cuando se está en la roca es seguro, pero cuando son sólo palabras, las palabras se vuelan, no sirven. Pero permanece la tentación de estos cristianos de palabras, de un cristianismo sin Jesús, un cristianismo sin Cristo. Y esto ha sucedido y está sucediendo hoy en día en la Iglesia: ser cristianos sin Cristo".

El papa mira más de cerca a estos "cristianos de palabras", revelando sus características específicas. Hay un primer tipo, llamado ‘gnóstico’, “que en lugar de amar a la roca, le gustan las palabras hermosas", y por lo tanto vive flotando en la superficie de la vida cristiana. Y luego está la otra, que Francisco llama "pelagiano", que tiene un estilo de vida serio y almidonada. Cristianos, ironiza, que "miran al suelo":

"Y esta tentación existe hoy. Cristianos superficiales que creen, sí en Dios, en Cristo, pero demasiado ‘difuso’: no es Jesucristo el que le da fundamento. Son los gnósticos modernos. La tentación del gnosticismo. Un cristianismo "líquido".

— Excesiva rigidez

Por otro lado, están los que creen que la vida cristiana debe ser tomada tan en serio que terminan por confundir solidez y firmeza, con rigidez. ¡Son rígidos! Estos creen que para ser cristiano se necesita estar de luto, siempre".

El hecho, dijo, es que de estos cristianos "hay muchos". Sin embargo, indica, "no son cristianos, se disfrazan como cristianos". "No saben –insiste– quién es el Señor, no saben lo que es la roca, no tienen la libertad de los cristianos. Y, para decirlo de un modo simple, no tienen alegría":

"Los primeros tienen una cierta ‘alegría’ superficial. Los otros viven en una continua vigilia fúnebre, pero no saben lo que es la alegría cristiana. No saben cómo disfrutar de la vida que Jesús nos da, porque no saben hablar con Jesús. No se afirman sobre Jesús, con la firmeza que da la presencia de Jesús. Y no solo no tienen alegría: no tienen libertad. Son esclavos de la superficialidad, de esta vida generalizada, y estos son los esclavos de la rigidez, no son libres.

En su vida, el Espíritu Santo no tiene cabida. ¡Es el Espíritu quien nos da la libertad! El Señor hoy nos invita a construir nuestra vida cristiana en Él, la roca, Aquel que nos da la libertad, que nos envía el Espíritu, que te hace ir adelante con alegría, en su camino, en sus propuestas".

miércoles, 26 de junio de 2013

PAPA FRANCISCO: "¿Somos piedras vivas, o somos piedras cansadas?" Homlía del papa Francisco en la audiencia del miércoles, 26 de junio de 2013.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría hacer una breve referencia a una imagen más que nos ayuda a ilustrar el misterio de la Iglesia: la del templo.

¿Qué nos hace pensar en la palabra templo? Nos hace pensar en un edificio, en una construcción de este tipo. En particular, la mente de muchos se dirige a la historia del pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento.

En Jerusalén, el gran templo de Salomón era el lugar del encuentro con Dios en la oración; en el interior del Templo estaba el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios entre la gente; y en el Arca estaban las Tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón: un recordatorio de que Dios siempre había estado en la historia de su pueblo, que lo había acompañado durante el viaje, que había guiado sus pasos.

El templo recuerda esta historia: también nosotros, cuando vamos al templo, debemos recordar esta historia, la historia de cada uno de nosotros, el modo en que Jesús me encontró, cómo Jesús anduvo conmigo, cómo Jesús me ama y me bendice.

Aquí, lo que fue prefigurado en el antiguo templo, se hace, por el poder del Espíritu Santo, en la Iglesia: la Iglesia es la "casa de Dios", el lugar de su presencia, donde podemos encontrar al Señor; la Iglesia es el templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene.

Si nos preguntamos: ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él por medio de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo para que ilumine nuestras vidas? La respuesta es: en el pueblo de Dios, en medio de nosotros, que somos la Iglesia. Aquí encontraremos a Jesús, al Espíritu Santo y al Padre.

El antiguo Templo fue construido por manos de hombres: se quería “dar una casa" a Dios, para tener un signo visible de su presencia en medio del pueblo. Con la encarnación del Hijo de Dios, se cumple la profecía de Natán al rey David (2 Sam. 7,1-29): no es el rey, no somos nosotros quienes "daremos una casa a Dios", sino que es el mismo Dios quien "construye su casa" para venir a habitar en medio de nosotros, como escribe san Juan en su evangelio (1,14).

Cristo es el Templo viviente del Padre, y Cristo mismo edifica su "hogar espiritual", la Iglesia, no hecha de piedras materiales, sino de "piedras vivas" que somos nosotros.

El apóstol Pablo dice a los cristianos de Éfeso: "Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En Él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En Él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu”. (Ef. 2,20-22).

¡Esto es algo hermoso! Somos las piedras vivas de Dios, profundamente unidos a Cristo, quien es la roca de apoyo, y también un apoyo entre nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que el templo somos nosotros, somos la Iglesia viva, el templo vivo, y cuando estamos juntos, entre nosotros está también el Espíritu Santo, que nos ayuda a crecer como Iglesia. No estamos aislados, sino que somos el pueblo de Dios: ¡esta es la Iglesia!

Y es el Espíritu Santo, con sus dones, que armoniza la variedad. Esto es importante: ¿qué hace el Espíritu Santo en medio de nosotros? Armoniza la variedad que es la riqueza de la Iglesia y une todo y a todos, a fin de constituir un templo espiritual, donde no ofrecemos sacrificios materiales, sino a nosotros mismos, nuestra vida (cf. 1 Pe. 2,4-5).

La Iglesia no es una mezcla de cosas e intereses, sino que es el templo del Espíritu Santo, el templo por medio del cual Dios obra, el templo del Espíritu Santo, el templo en el que cada uno de nosotros, con el don del bautismo, es una piedra viva. Esto nos dice que nadie es inútil en la Iglesia y si a veces, alguien le dice al otro: "Vete a tu casa, eres inútil", ¡esto no es cierto, porque nadie es inútil en la Iglesia, ¡todos somos necesarios para construir este templo! Nadie es secundario. Ninguno es el más importante en la Iglesia, todos somos iguales ante los ojos de Dios.

Alguno de ustedes podría decir: 'Fíjese, señor papa, usted no es igual a nosotros’. Sí, soy como ustedes, todos somos iguales, ¡somos hermanos! Nadie es anónimo: todos formamos y edificamos la Iglesia. Esto también nos invita a reflexionar sobre el hecho de que si faltara el ladrillo de nuestra vida cristiana, le falta algo a la belleza de la Iglesia.

Algunas personas dicen: ‘No tengo nada que ver con la Iglesia’, por lo que cae el ladrillo de una vida en este hermoso templo. Nadie puede irse, todos tenemos que ofrecerle a la Iglesia nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor, nuestro pensamiento y nuestro trabajo: todo junto.

Así es que me gustaría que nos preguntemos: ¿cómo vivimos nuestro ser Iglesia? ¿Somos piedras vivas, o somos, por así decirlo, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? ¿Han visto lo feo que es ver a un cristiano cansado, aburrido, indiferente? Un cristiano así no es bueno, el cristiano tiene que estar vivo, feliz de ser cristiano; debe vivir esta belleza de ser parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. ¿Nos abrimos a la acción del Espíritu Santo para ser parte activa en nuestras comunidades, o nos cerramos en nosotros mismos, diciendo: "tengo tantas cosas que hacer, no es mi obligación”?

Que el Señor nos conceda a todos su gracia, su fuerza, para que estemos profundamente unidos a Cristo, que es la piedra angular, el pilar, la roca de apoyo de nuestra vida y de toda la vida de la Iglesia. Oremos para que, animados por su Espíritu, siempre seamos piedras vivas de su Iglesia.

viernes, 21 de junio de 2013

LA CRUZ, EL CAMINO, por M. Dolors Gaja, M.N.


Lucas 9:18-24
12 Domingo del tiempo ordinario, año C

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.» Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

Del relato evangélico de este domingo me parece vital subrayar el marco en que se halla incrustada la confesión de Pedro, pues la escena precedente y subsiguiente se proyectan, como focos potentes, sobre la que leemos este domingo.

Lucas acaba de relatar la multiplicación de los panes: Jesús, nuevo Moisés, da de comer a una muchedumbre. Es el banquete mesiánico, banquete de abundancia que preludia el Reino.
En este contexto – que debía ser de euforia y gozo- Jesús hace su pregunta que, en realidad, son dos:

¿Quién dice la gente que soy yo?
¿Quién soy para vosotros?

Son preguntas que sigue haciendo  hoy y es esencial contestar, sobre todo, a la segunda. Pedro toma la palabra y en nombre de toda la comunidad eclesial da una respuesta: el Mesías de Dios.

Mesías significa “ungido”. Es título de gloria pero en absoluto significa que Pedro reconozca a Jesús como Hijo de Dios. Esta afirmación sólo nace de la fe post-pascual. La de Pedro nace, en parte, del banquete mesiánico precedente. ¿De dónde nace lo que yo afirmo sobre Jesús? Y sobre todo…¿qué digo yo sobre Jesús con mi vida?

La respuesta de Pedro nos puede hacer ver que todas nuestras propias respuestas sobre Dios son siempre incompletas y, a veces, deformantes. Nunca llegamos a conocer a Dios. Tenemos experiencia de su grandeza pero no la abarcamos. Tenemos experiencia de su bondad y amor pero somos incapaces de imitarlo en plenitud… A veces, tenemos también imágenes falsas sobre Dios.

Hay que aprender a vivir con el Dios que nos desconcierta. Pedro y los otros estaban eufóricos: ¡lo de los panes había sido maravilloso!

Y entonces Jesús viene a “completar” (y fastidiar) la afirmación de Pedro. No niega que sea el Mesías pero ordena que callen y  escoge para sí un título muy alejado de la gloria: Hijo del Hombre. Y por si acaso lo de los panes fuera la motivación del entusiasmo de Pedro lo enfrenta a la realidad: no me puedes seguir por los panes sino por la cruz.

Podríamos preguntarnos si no añoramos a veces para la Iglesia un cierto reconocimiento, prestigio, una gloria e influencia en la sociedad que nada tiene que ver con su esencia. Preguntémonos si nuestra concepción de la Iglesia es algo mesiánica o se acerca más al sueño del papa Francisco: “¡cómo me gustaría una iglesia pobre para los pobres!”

Este evangelio deja claro que pretender seguir a Jesús sin la cruz es pura quimera. Las últimas líneas parecen ya fruto de esta certeza. Jesús no pudo haber dicho “tome su cruz cada día y sígame”. La cruz era tortura y muerte, no algo para cada día, ni siquiera metafóricamente. Pero la Iglesia primitiva ha descubierto ya el camino a Jesús: la cruz. Y ese camino hay que seguirlo día a día.

Sólo si aceptamos la desfiguración de Cristo, su anonadamiento total, seremos llamados a participar en su transfiguración que es la escena, teñida de  cielo, que se relata a continuación de este evangelio.

12 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.


Zacarías 12,10-11;13,1
Salmo 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Gálatas 3,26-29
Lucas 9, 18-24

Zacarías 12,10-11;13,1

Así dice el Señor: "Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo Único, y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día, será grande el luto en Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Meguido." Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas.

Salmo 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Gálatas 3,26-29

Hermanos: Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

Lucas 9, 18-24

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:
— ¿Quién dice la gente que soy yo?
Ellos contestaron:
— Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Pedro tomó la palabra y dijo:
— El Mesías de Dios.
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió:
El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Y, dirigiéndose a todos, dijo:
— El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Una de las cosas que me pone nervioso es cuando visitando las parroquias o en algún evento alguien se me acerca y me pregunta: “¿Se acuerda de mí? ¿Sabe quién soy?” Soy muy malo para acordarme de la fisonomía de la gente que no veo con frecuencia y de sus nombres. Uno no sabe qué responder pues no quieres ofender a la persona. En la mayoría de los casos, como la gente es buena, se dan cuenta de mi apuro y tratan de hacerme sentir bien con el comentario: “Claro, como ve a tanta gente es imposible acordarse de todos”. Les doy las gracias, pero sigo sintiéndome mal.

En el evangelio de este domingo Jesús hace dos preguntas a sus apóstoles, la primera como introducción o apertura para la segunda. El Maestro aprovecha la ocasión para orar, ya que se encuentra solo con sus discípulos, y para hacerles pensar un poco, les pregunta: “¿Quién dice la gente que soy?”

La respuesta, sea cual sea a esta pregunta, no tiene implicaciones positivas ni negativas. Ellos le contestan de acuerdo con lo que han oído: Juan el Bautista, el profeta Elías o algún otro profeta que ha vuelto a la vida.

La segunda pregunta es de mayor envergadura: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”

La respuesta tiene consecuencias, consecuencias serias. Pedro responde: Tú eres el Mesías de Dios. Y como respuesta a la respuesta de Pedro, Jesús les prohibió terminantemente decírselo a nadie, lo cual parece algo sin sentido pues Pedro ha dado en el clavo y Jesús les prohíbe repetirlo. ¿Por qué razón?

El pueblo llevaba siglos esperando el mesías, un mesías libertador, un mesías que echaría fuera a los opresores, un mesías que al arrojar fuera el poder opresor daría al pueblo judío la liberación, la independencia del poder extranjero, pero Jesús no es ese tipo de mesías, es el Mesías de Dios, y la salvación que Él trae va por otros caminos. Y así les anuncia algo, que a los oídos de los discípulos les tuvo que resultar un tanto raro: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho a manos de los llamados jefes del pueblo, la jerarquía religiosa, y los fiscales hasta el punto de que lo condenarán a muerte, será ejecutado, aunque resucitará al tercer día”.

Pero hay algo más para ellos y todos los que quieran seguirle: deben renunciar al propio egoísmo y estar abiertos o dispuestos a sufrir. Sólo entonces se podrán declarar y presentarse como sus discípulos.

La pregunta que les hizo, la segunda para ser más concretos, nos la sigue hacienda a nosotros hoy en 2013. ¿Quién es Jesús para mí, hoy, en este momento de mi vida? Porque sí, muchos domingos, incluso cada domingo recito el credo durante la santa misa, pero ¿es eso todo? ¿cuáles son las consecuencias de esa profesión dominical? ¿en qué sentido afecta tu vida?

Jesús trajo un nuevo estilo de vida que requería un cambio constante y radical de la persona. Esa profesión que sale de mi boca, ¿procede del corazón? ¿Estoy tratando por todos los medios posibles ser a las exigencias del seguimiento de Cristo?

No hay otro remedio, debemos reorientar nuestra vida, y cada día mirar la brújula para ver si vamos bien, por el camino correcto, con la actitud que no solamente nos hace vivir la felicidad, sino también comunicarla a los demás con una buena dosis de esperanza para evitar la tristeza, el desasosiego, el desencanto por la vida, el no vale la pena, etc. Necesitamos acercarnos más y más a ese “Mesías de Dios” que nos da a conocer a Dios, que nos guía por el camino de la salvación, que nos alumbra el futuro, que nos acompaña hacia la verdad, que nos protege del desánimo, que nos fortalece ante el enemigo, que siempre va delante, tal vez a nuestro lado para ayudarnos con nuestra cruz, para levantarnos cuando caemos.

¿Quién decís que soy? No tengas miedo a contestar, el que te pregunta es el que tiene el poder y el deseo de salvarte, de compartir contigo toda una eternidad feliz.

ORACIÓN, de Teillard de Chardin

“¡Te necesito, Señor!,
porque sin Ti mi vida se seca.
Quiero encontrarte en la oración,
en tu presencia inconfundible,
durante esos momentos en los que el silencio
se sitúa de frente a mí, ante Ti.
¡Quiero buscarte!
Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado;
en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,
y en la profundidad de un bosque
que protege con sus hojas los latidos escondidos
de todos sus inquilinos.
¡Necesito sentirte alrededor!
Quiero encontrarte en tus sacramentos,
En el reencuentro con tu perdón,
en la escucha de tu palabra,
en el misterio de tu cotidiana entrega radical.
¡Necesito sentirte dentro!
Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,
en la convivencia con mis hermanos;
en la necesidad del pobre
y en el amor de mis amigos;
en la sonrisa de un niño
y en el ruido de la muchedumbre.
¡Tengo que verte!
Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,
en las capacidades que me has dado,
en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,
en mi trabajo y mi descanso
y, un día, en la debilidad de mi vida,
cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo”.

Pierre Teillard de Chardin

San José “entra” también en las otras Plegarias Eucarísticas


Décadas después de que el Beato Juan XXIII determinara que el nombre de San José fuese incluido en el venerable Canon Romano, el Santo Padre Francisco, a través de un decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha decidido que San José sea invocado también en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV. 

El decreto Paternas Vices, firmado por el Cardenal Prefecto Antonio Cañizares y el Arzobispo Secretario Arthur Roche, manifiesta así la decisión del Papa Benedicto XVI de acoger las numerosas peticiones recibidas desde muchos lugares en este sentido, una decisión confirmada por su sucesor, el Papa Francisco.

De este modo, en la tercera edición típica del Misal Romano deberá decir, respectivamente:

II: “con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y…”

III: “con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires…”

IV: “con María, la Vigen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los santos…”

sábado, 8 de junio de 2013

Lucas 7,11-17: Corazón compasivo, por M. Dolors Gaja, M.N.

Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
– No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
– ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
– Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera”

Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

Acabamos de celebrar la fiesta del Corazón de Jesús. Un corazón herido de amor, un corazón que se dejó dañar por el dolor ajeno, que supo sufrir con el dolor del otro; un corazón que fue moldeado, no lo olvidemos, por José y María. Este sábado celebramos también el Corazón inmaculado de María (por lo visto a nadie se le ocurre pensar en el corazón de José…)

Corazón, sede de sentimientos, de afecto. Dios no vino a salvarnos de un mal más o menos teórico. Vino a “cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne”. Eso es estar salvado: tener un corazón de carne. Como el de Jesús.

Veamos a ese Corazón sagrado en sus acciones:

El encuentro entre la procesión de la muerte, que sale de la ciudad, y la procesión de la vida, que entra en ella. Jesús va con alguna intención a Naín. Pero las intenciones de Jesús, sus planes, siempre quedan trastocados por la vida.

Primera lección: estar atentos a la vida. Y dar respuesta. Al dolor de la madre por la muerte de su hijo se suma el desamparo en que ésta queda. Las mujeres que no tenían un varón que las atendiera – esposo o hijo, también padre – quedaban expuestas a la mendicidad y a todo tipo de sufrimiento. Jesús se encuentra por tanto con una situación de profundo dolor y profundo desamparo.

Y se conmueve. Y su com-pasión lo pone en movimiento. Primero mira. Ve a la mujer en su totalidad. Y le ruega: “No llores”. Al hombre Jesús no le gusta ver llorar una mujer, parece desestabilizarlo. También a María Magdalena le dirá ¿Por qué lloras?

Fijémonos en las acciones de Jesús: mirar, hablar, acercarse, tocar. Son, en realidad, un buen programa pastoral: miremos la persona, esa que tenemos al lado, esa que han puesto a nuestro cargo; hablémosle, individualicemosla, hagámosle sentir que la hemos visto. Y acerquémonos. Acercarse en totalidad, no un poquito. Eso implica tocar.

La compasión de los santos ha hecho que tocaran leprosos, que cogieran en brazos moribundos, que acunaran bebés abandonados, que abrieran los brazos para consolar. La cercanía humana nos hace tocar. Y Dios se ha dejado tocar (y hasta comer) para que aprendamos también a tocar.

La palabra de Jesús a la mujer es suave, implorante, llena de ternura. Es una mujer rota. La palabra de Jesús al joven es enérgica, imperativa, vigorosa. Un corazón compasivo es aquel que encuentra siempre el “tono” que el otro precisa.

El muchacho difunto estaba, obviamente, tendido sobre el féretro. Para vivir hay que levantarse. Levantarse cada día de aquello que nos mata, de aquello que nos quita libertad, de aquello que nos aleja de quien nos ha dado vida.

Y Jesús lo entrega a su madre. ¡Quién vería el abrazo del joven y la madre viuda! ¿Sería así el abrazo de Jesús resucitado y María? Quizá Dios Padre no quiso ser superado en compasión por su Hijo y también Él se acercó a la tumba de Jesús y le ordenó:¡levántate! para entregarlo, aunque brevemente, a María.

La conclusión de la gente, maravillada, es fundamental: Dios ha visitado a su pueblo. Porque Dios sólo puede tener gestos de compasión, de misericordia. Pero no olvidemos que lo visita en la persona de su Hijo. Igual que ahora el mundo debe ser visitado por Dios…a través de nuestras obras, de nuestro corazón compasivo.

Somos portadores de Vida. Vayamos a iluminar los espacios de muerte.

jueves, 6 de junio de 2013

10 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.

I Reyes 17,17-24
Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
Gálatas 1,11-19
Lucas 7,11-17

I Reyes 17, 17-24

En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías:
— ¿Qué tienes tú que ver conmigo? ¿Has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo?
Elías respondió:
— Dame a tu hijo.
Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor:
— Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar, haciendo morir a su hijo?"
Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor:
— Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.
El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre, diciendo:
— Mira, tu hijo está vivo.
Entonces la mujer dijo a Elías:
— Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.

Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Gálatas 1,11-19

Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados. Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: "No llores." Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: "¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!" El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: "Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo." La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Comentario por Mons. Francisco González, S.F.,
Obispo Auxliar de Washington, D.C.


La muerte, ¡qué gran misterio! Sabemos que moriremos, sabemos que todo el que nace muere. Sabemos que tanto niños, como jóvenes, personas maduras y ancianos mueren. No sabemos cuándo ni cómo. Algunos mueren por enfermedad, otros en accidentes, hay quienes son víctimas de terrorismo o guerra. Sea como sea, la muerte es la compañera inseparable del ser humano, y, sin embargo, a pesar de la certeza de la misma empleamos mucha energía en ignorarla, incluso casi queriéndola negar o disimular. Muchos cementerios no permiten monumentos o mausoleos, y los hacen parecer como jardines. Hay que olvidar la muerte.

Dos de las lecturas de este domingo nos hablan de la muerte, pero también de la vida, y en especial del corazón de Jesús, que se conmueve ante de la situación de la viuda de Naín camino del camposanto para enterrar a su único hijo. Jesús ve a esa madre desconsolada, destrozada y le dice sólo dos palabras: No llores.

El Maestro se acerca a los que llevaban el ataúd, (ellos se pararon) y dijo: “Muchacho, a ti te lo digo, ¡levántate!” El joven muerto se incorporó, empezó a hablar y Jesús se lo entregó a su madre.

Este milagro de Jesús tiene una gran diferencia del que encontramos en la primera lectura, donde el profeta como si hiciera cosas de magia, sigue como una especie de rito. Jesús, no. Simplemente manda, dice unas palabras y el muerto vuelve a la vida. Estos milagros de Jesús son el signo de su mesianismo, signos que anunciaban la llegada del Mesías, pues como podemos leer unos versículos más adelante, cuando Juan el Bautista que se entera de estas cosas, manda a dos de sus discípulos a Jesús para preguntarle si era él el que esperaban o tenían que aguardar a otro. Jesús les responde pidiéndoles que informen a Juan de lo que han visto: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la buena nueva”.

Ya desde su discurso programático en la sinagoga de Nazaret, Jesús se nos muestra muy preocupado por los que sufren y él se convierte no solamente en el pregonero de la buena nueva, sino en buena noticia para los que sufren, él es fuente de esperanza para aquel mundo y el nuestro, cargado con pesas muy pesadas que son difíciles de acarrear y que son agobiantes, principalmente para los débiles.

Situaciones como la presentada en este pasaje evangélico, me hace recordar también a esas personas que imitándole también están a nuestro alrededor con esas palabras que suavizan el dolor: no llores, e inmediatamente se ponen a nuestro lado para ir dándonos esa vida, esa felicidad y ganas de vivir que habíamos perdido.

El mensaje del Mesías es trabajar para poder vivir la vida a plenitud, para que en los casos en los que eso no sucede, sepamos ser compasivos y solidarios con los que sufren sed, los que carecen de comida y vestido, los que buscan y no encuentran justicia, los que padecen enfermedad. El mesianismo de Jesús es de salvación, de querer salvar a todo el mundo, de preocupación por la mujer que perdió a su hijo y de toda mujer a quien se le ha negado su dignidad, o la oportunidad de ser quien es.

No llores, nos dice el Señor, pues aquí estoy contigo hasta el final de los tiempos, siendo siempre tu salvador, tu amigo, tu hermano.

martes, 4 de junio de 2013

APOLOGÉTICA, por Martín Gelabert Ballester, O.P.

A FALTA DE TEOLOGÍA, APOLOGÉTICA
por Martín Gelabert Ballester, O.P.


La apologética, o sea, la defensa de la fe cristiana frente a los malentendidos, descalificaciones o ataques venidos del exterior, siempre ha existido en la Iglesia. Ha tenido una doble orientación, que dependía más del talante del apologeta que del tipo de ataque al que había que responder.

Hay una apología que se dedica a descalificar al adversario y lo trata como un enemigo; y hay otra que busca puentes de diálogo con la postura distante, diferente o disidente. Por lo demás, la apología no es la más importante tarea eclesial. La tarea principal de la Iglesia es dar a conocer el Evangelio y ofrecer una reflexión teológica que ayude a comprenderlo mejor, primero por los propios creyentes y luego por los que deben ser evangelizados.

Hoy abunda la apologética y es escasa la buena teología. A falta de propuestas teológicas y de ofertas teologales, hacemos apologética. Y además de la mala, de la que descalifica y es incapaz de ver nada bueno en el diferente o en el distinto. Una apologética que piensa que una tradición humana (Col 2,8) es tanto más divina cuanto más contraria es a las ideas del mundo moderno.

Esta apologética no tiene ideas propias, se alimenta de lo que dicen otros, pero no para dialogar, aprender o aprovecharlo, sino para mostrarse escandalizada y condenar. No aporta nada, sólo critica lo que otros ofrecen. No hace ninguna concesión. Todo es blanco o negro. Para ella no hay escala de grises. No reconoce nada bueno fuera de lo que ella dice. En vez de resaltar el fondo cristiano que pueda haber en las nuevas tendencias, no hace sino provocarlas para que rompan con los pocos vínculos que las unen a la Iglesia. Así el diálogo y el acercamiento con el otro es imposible.

Además de buena teología (reflexión que ayuda a comprender mejor a Dios), necesitamos recursos teologales (que propician el encuentro con Dios), como la oración, el compromiso apostólico, una liturgia viva y comprometida, un servicio de caridad y solidaridad iluminado por la fe, que ve en todo ser humano la imagen misma de Dios. La oferta y vivencia de estos recursos es mucho más eficaz que todas las apologéticas condenatorias.

De entrada y de salida, debemos buscar la salvación. Para que resplandezca la salvación no hace falta estar todo el día lamentando y condenado la oscuridad. La oscuridad desaparece por sí sola cuando se enciende una pequeña luz, una cerilla. La oferta teológica y teologal es esa cerilla que tenemos que cuidar, para que no se apague. No sea que después de tanto lamento lo que tengamos es más oscuridad porque nadie se ha preocupado de encender una cerilla.

http://nihilobstat.dominicos.org/

viernes, 31 de mayo de 2013

VISITIACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA: "No se puede anunciar a Jesucristo con cara de funeral", por el papa Francisco

VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Sofonías 3,14-18
Isaías 12,2-6 : Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel
Lucas 1,39-56

Sofonías 3,14-18

Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: "No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta." Apartaré de ti la amenaza, el oprobio que pesa sobre ti.

Isaías 12,2-6 : Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel

El Señor es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.
R. Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.
R. Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
"Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel."
R. Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel

Lucas 1,39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
María dijo: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre." María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Comentario por el papa Francisco
"No se puede anunciar a Jesús con cara de funeral"


El Espíritu Santo es "el autor" de la alegría cristiana, y para anunciar el Evangelio es necesario tener en el corazón la alegría que da el Espíritu de Dios. Lo repitió el Papa Francisco durante la Misa de la mañana celebrada en la Domus Santa Marta.

Con cara de funeral no se puede anunciar a Jesús. El Papa Francisco traza una línea de demarcación respecto a una cierta forma de entender la vida cristiana, caracterizada por la tristeza. La reflexión partió las dos lecturas de la misa de hoy. La primera, del profeta Sofonías, recoge la exclamación "¡Alégrate! ¡Grita de alegría, el Señor está en medio de ti!". La segunda, tomada del Evangelio, habla de Isabel y el del niño que "salta de alegría" en su seno al oír las palabras de María - de quien el Papa, como el domingo pasado, subraya la "prisa" con la que acudía en ayuda de su prima.

Por tanto, observa el Papa Francisco, "es todo alegría, alegría que es fiesta". Y sin embargo, prosigue. "nosotros los cristianos no estamos muy acostumbrados a hablar de gozo, de alegría", "creo que muchas veces nos gustan más las lamentaciones". Y sin embargo, "quien nos da la alegriá es el Espíritu Santo":

"Es precisamente el Espíritu el que nos guía: Él es el autor de la alegría, el Creador de la alegría. Y esta alegría en el Espíritu, nos da la verdadera libertad cristiana. Sin alegría, los cristianos no podemos ser libres, nos hacemos esclavos de nuestras tristezas. El gran Pablo VI decía que no se puede llevar el Evangelio con cristianos tristes, decepcionados, desanimados. No se puede. Esta actitud un poco fúnebre, ¿eh? Muchas veces los cristianos tienen cara más de ir a un funeral que de ir a alabar a Dios. Y de esta alegría viene la alabanza, esta alabanza de María, esta alabanza que dice Sofonías, esta alabanza de Simeón, de Ana: ¡la alabanza de Dios!"

¿Y cómo se alaba a Dios? Se le alaba saliendo de nosotros mismos, "gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da", explica el Papa Francisco. El mismo invita a un examen de conciencia sobre la manera de rezar a Dios, dirigiendo a los presentes esta pregunta:

"Usted que está aquí en Misa, ¿usted alaba a Dios o sólo le pide o le da gracias? ¿Pero alaba a Dios? Es algo nuevo, nuevo en nuestra vida espiritual. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos para alabar; perder tiempo alabando. ‘¡Esta Misa, qué larga se ha hecho!'. Si no alabas a Dios, no conoces esa gratuidad de perder el tiempo alabando a Dios, la Misa es larga. Pero si tienes esta actitud de alegría, de alabanza a Dios, ¡eso es hermoso! La eternidad será eso: ¡alabar a Dios! Y no será aburrido: ¡será bellísimo! Esta alegría nos hace libres".

El modelo de esta alabanza y de esta alegría es de nuevo la Madre de Jesús. "La Iglesia - recuerda el Papa Francisco - la llama "causa de nuestra alegría", Causa Nostrae Letitiae. ¿Por qué? Porque trae la alegría más grande, que es Jesús":

"Debemos rezar a la Virgen, para que al traer a Jesús nos de la gracia de la alegría, la libertad de la alegría. Que nos de la gracia de alabar, de alabar con una oración de alabanza gratuita, de alabanza, porque Él es digno de alabanza siempre. Rezar a la Virgen y decirle como dice la Iglesia: Veni, Precelsa Domina, Maria, tu nos visita, ¡Señora, tu que eres tan grande, visítanos y danos la alegría!"

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO, C, por Mons. Francisco González, S.F.


Génesis 14, 18-20
Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec
I Corintios 11, 23-26
Lucas 9, 11b-17

Génesis 14, 18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: "Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos." Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.

Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos estrado de tus pies."
R. Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
R. Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora."
R. Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
"Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec."
R. Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

I Corintios 11, 23-26

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía." Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía." Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Lucas 9,11b-17

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:
— Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.
Él les contestó:
— Dadles vosotros de comer
Ellos replicaron:
— No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.
Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos:
— Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.
Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Este fin de semana celebramos la fiesta del Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo, más conocida por Corpus Christi. Esta celebración tuvo sus orígenes allá por el siglo XII y se extendió a toda la iglesia por el año 1264.

Muchos, estoy seguro, nos acordamos de aquellas procesiones tan preciosas por las calles de nuestros pueblos y ciudades, donde podíamos ver a Jesús Eucaristía paseando en medio de nosotros, una de las tradiciones más importantes asociadas a esta fiesta, es decir, el Santísimo por las calles.

En muchos lugares se cubre el trayecto que va a seguir la procesión con infinidad de arreglos florales, banderas y otros adornos. También se erigen altares desde los cuales se imparte la bendición con el Santísimo, se recitan algunas preces y se cantan himnos eucarísticos.

Las lecturas que hoy nos ofrece la liturgia, si queremos seguir el tema de esta festividad, deberíamos decir que está centrado en la segunda lectura y que la primera y el evangelio son preparación e indicación que nos llevan a la narración que Pablo nos ofrece de la institución de la Santa Eucaristía.

Pablo se enfrenta a la comunidad cristiana de Corinto a causa de varios abusos en las asambleas litúrgicas, y de ninguna forma puede tolerar, y así se lo dice, el abuso que cometen al celebrar la Eucaristía.

Estaban divididos y además, en la cena antes de la Eucaristía, los que tenían, no compartían con los que no tenían. Se parecían un poco a aquella primera reacción de los apóstoles de querer despedir a los necesitados para no tener que hacer nada por ellos y que el mismo Señor les corrige mandándoles que "les den ellos de comer". Ellos todavía no habían aceptado ni las palabras ni el ejemplo de Jesús de dar y darse a los demás.

Para corregir los abusos de aquella comunidad, donde los que tenían ni sabían compartir con los necesitados, Pablo les recuerda la institución de la Eucaristía donde el Señor convierte el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre para alimento de todos, les recuerda el hecho de que Jesús no solamente compartió lo que tenía, sino mucho más, se dio a sí mismo por nuestro bien, para nuestra salvación.

Hoy, al celebrar la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos llama a una fe, a una creencia firme en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Según estudios recientes hay muchos católicos que no profesan esta fe. Nosotros debemos proclamarla tanto con la palabra como con ese respeto que se merece cuando estamos en su presencia en nuestras iglesias. Debemos proclamar esa fe con la digna recepción de la Sagrada Comunión y la práctica de las diversas devociones eucarísticas.

La Eucaristía no solamente nos exige esa fe profunda y sin condiciones, también nos pide el compromiso de compartir: "Denles ustedes de comer". Mientras aún hay un veinte por ciento de la población mundial que disfrute del ochenta por ciento de la producción y el ochenta por ciento de la población se tenga que contentar con el veinte por ciento de la producción.

En este siglo XXI: cuando encuentras un obstáculo a lo tuyo destruyes con bombas, explotas unos trenes, explotas coches bomba, te llevas a unos rehenes, construyes unas paredes ilegales, tienes escuelas para suicidas, callas las piedras con misiles, usas el poder económico y político para saquear los países tercermundistas, usas y abusas al inmigrante a quien toleras o rechazas según tus necesidades y bajo la excusa de la seguridad nacional, violas los derechos más elementales de los que han caído en tus cárceles, negándoles la dignidad humana que todo hombre o mujer lleva consigo.

Ante esos deseos de violencia y ruina para la aldea de Samaria, a los deseos de completa aniquilación por parte de Santiago y Juan, Cristo tiene una reacción: les regañó.

No basta desear la paz, es preciso construirla a partir de nuestra propia vida. (Baggio).

El banquete entre cristianos exige hospitalidad, compartir lo que uno es y tiene, amistad, perdón y reconciliación. Se nos conocerá como cristianos al "compartir el pan", al partirnos por los demás.

Por tanto, la queja y crítica de Pablo a los corintios sigue siendo actual, hoy, en este siglo que vivimos.