sábado, 26 de octubre de 2013

Parábola del rey que celebraba la boda de su hijo (Mateo 22:1-14)

Mateo 22,1-14
Jueves de la 20 semana del tiempo ordinario, Año I
Domingo de la 28 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A,

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos."

Comentario:

Algunas parabolas pueden resultar enigmaticas para el lector de hoy, sin embargo, las imagenes, historias, simbolos... que Jesus utilizaba en sus parabolas hacian que los oyentes, en este caso, los sacerdotes, fariseos y lideres del pueblo, se sintieran parte de la accion recogida en la parabola.

Esta parabola de Jesus contiene una critica muy fuerte contra un pueblo y unos lideres que afirmaban haber sido escogidos por Dios. Desde la liberacion de Egipto y el principio del cumplimiento de las promesas, Israel proclama que ha sido escogido por Dios. Israel es un pueblo orgulloso de su identidad y de su pasado, por eso, las leyes debian proteger a sus hijos e hijas de la tentacion de mezclarse con otros pueblos y culturas. Pero Dios habia dado la ley a su pueblo para que perdiera el miedo de darse, compartirse, ofrecerse a todos los pueblos. En lugar de darse, Israel utilizara las promesas de Dios para protegerse y separarse de los otros pueblos. Por eso, este pueblo no se ha preparado para participar en el baquete de bodas.

La invitacion del rey es para muchos escandalosa: "Llamad a cuantos halleis'. Salieron los siervos al camino y llamaron a todos los que hallaron, tanto buenos como malos, y se lleno la boda de invitados". A partir de este momento, todos son llamados. Sin embargo, la parabola no se detiene aqui.

"Cuando entro el rey para ver a los invitados vio a un hombre que no llevaba el vestido de boda, y le dijo: 'Amigo, como entraste aqui sin estar vestido de boda?..."

Algunos autores cristianos han interpretado el vestido de bodas citando a Lucas y a Pablo, los cuales utilizan el mismo verbo vestirse para decirnos que los bautizados se han vestido de Cristo. En cualquier caso, estar vestido para el banquete retoma la idea, siempre presente en el evangelio, de que debemos estar alerta y preparados para la llegada del reino, expresado en esta parabola como banquete de bodas.

Todos estan ahora donde debian haber estado siempre, sin embargo, algunos no se han preparado para ese momento y no podran participar..., no porque no han sido invitados sino porque no se estaban preparados.

Seguramente, este es el motivo por el cual cuando nos reunimos para participar en la Eucaristia comenzamos a prepararnos reconociendo que somos pecadores.

Parábola de las cinco doncellas necias y las cinco sensatas (Mateo 25:1-13)

Mateo 25,1-13
Viernes de la 21 semana del tiempo ordinario
32 Domingo del tiempo ordinario, A

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora."

Parábola para no ocupar los puestos de honor (Lucas 14:1,7-14)

Lucas 14:1,7-14
22 Domingo del tiempo ordinario, C

Un día Jesús fue a comer a casa de un notable de los fariseos. Era sábado, así que éstos estaban acechando a Jesús. Al notar cómo los invitados escogían los lugares de honor en la mesa, les contó esta parábola:
– Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor, no sea que haya algún invitado más distinguido que tú. Si es así, el que los invitó a los dos vendrá y te dirá: Cédele tu asiento a este hombre. Entonces, avergonzado, tendrás que ocupar el último asiento. Más bien, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, pasa más adelante a un lugar mejor. Así recibirás honor en presencia de todos los demás invitados. Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
También dijo Jesús al que lo había invitado:
– Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos, a su vez, te inviten y así seas recompensado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.

Parábola del ciego que guía a otro ciego (Lucas 6:39-42)

Lucas 6,39-42
Viernes de la 23 semana del tiempo ordinario

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola: "¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano."

Parábola de la oveja perdida, la moneda perdida, y del hijo pródigo (Lucas 15:1-32)

Lucas 15, 1-32
24 Domingo del tiempo ordinario, C
4 Domingo de Cuaresma, C

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
— Ése acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola:
— Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
También les dijo:
— Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes.No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.Éste le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.

Parábola de un hombre rico y de un pobre llamado Lázaro (Lucas 16:19-31)


Lucas 16,19-31
26 Domingo del Tiempo Ordinario, C

En aquellos días dijo Jesús esta parábola: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama." Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros." «Replicó: "Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento." Díjole Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan." El dijo: "No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán." Le contestó: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite."»

- Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

Seguimos en el Camino a Jerusalén. Lucas sabe que el camino es espejo de la vida y coloca en este camino las grandes enseñanzas de Jesús. En el centro de este camino, dos capítulos clave: el 15, que nos habla de la Misericordia de Dios y de cómo deben ser nuestras relaciones con el Padre (recuérdese hijo pródigo, hermano mayor…oveja que se aleja…) y el capítulo 16, aparentemente centrado en el uso del dinero pero, en realidad, centrado en la relación con el hermano. Lo cual conlleva, claro está, la justicia social y el reparto equitativo de bienes.

Dos dípticos:

Lucas tiene la costumbre de “pintar” cuadros con dos protagonistas en los que, generalmente, el segundo es el humanamente pobre y, sin embargo, sale ganando en el relato: recordemos la anunciación a Zacarias/María, el fariseo y el publicano, Marta y María, este rico y el pobre Lázaro… Algo nos deja claro: que este mundo está al revés porque cuando lo explica Jesús los pobres salen ganando.

El segundo díptico (imaginemos pintar un cuadro con dos escenas) lo forman la contraposición de este mundo con el de más allá.

LOS HOMBRES DE ESTA PARÁBOLA

En este mundo

Lucas tiene muchas parábolas que comienzan con el sintagma “Un hombre…”. Es una manera de decir que no se trata de un hombre concreto sino de la humanidad en general. (Un hombre tenía dos hijos…Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó…) Por contraposición el pobre tiene nombre y un nombre que en hebreo significa “Dios ayuda”. Pero Dios no ha podido ayudar porque aunque el pobre está cerca del rico, la puerta de éste está cerrada.

Del rico sabemos que vestía bien y comía espléndidamente. Lázaro ni siquiera puede mantener su dignidad pues está “echado” y los únicos que se acercan son perros. La parábola denuncia el abismo de injusticia que había en tiempos de Jesús…¡y que hay ahora!

Hermanos nuestros echados, sin casa, sin papeles, sin comida, sin dignidad…Y nuestra sociedad, y nosotros, preocupados por si engordamos, por si tenemos lo último en tecnología, por…

En el otro

La muerte, ya lo cantaban los medievales, trata a todos por igual, Muere el rico y muere el pobre. Pero la muerte del pobre es fiesta (ángeles, Abraham…) mientras del rico sólo sabemos que fue sepultado.

Y por un momento atisbamos “el otro lado”. Podemos deducir que el rico era piadoso pues conoce a Abraham y lo llama “Padre Abraham” y éste le contesta “Hijo”. Pero no vivió como hijo de Abraham y por tanto no participará del banquete.

Dice Gustavo Gutiérrez que “fuera de los pobres no hay salvación”. Al cerrar la puerta al pobre, el rico se cerró la puerta del paraíso. Los pobres (de cualquier tipo) los marginados, los carentes, los ninguneados…ellos son nuestra salvación o perdición porque “cualquier cosa que hicierais a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”

Jesús ha querido vincular la salvación a los pobres. En la parábola queda claro que el hombre rico se habría salvado si hubiera ayudado a Lázaro. El cielo significa, en cierto modo, ver claro. Y el hombre rico ve ahora a Lázaro como el único que le puede ayudar. No pide a Abraham que le dé agua él mismo sino que “mande a Lázaro”. Lázaro significa “Dios ayuda”. Pero el kairós, el tiempo oportuno, ha sido desperdiciado…Es un aviso serio para no dejar pasar de largo la Gracia y “agarrarla por los pelos”.

Siempre pensamos que hay que ayudar a los pobres. Jesús pone los puntos sobre las íes y nos explica que son ellos, los pobres quienes pueden ayudarnos.

No me resisto a dejar algún texto que nos hace ver cómo se tomaron los cristianos de los primeros siglos el tema de la riqueza:

“Forzosamente, el principio y raíz de tus riquezas proceden de la injusticia. Porque Dios, al principio, no hizo al uno rico y al otro pobre, sino que dejó a todos la misma tierra. ¿De dónde, pues, siendo la tierra común tienes tú tantas yugadas de tierra y tu vecino ni un palmo de terreno?” San Juan Crisóstomo

El no dar parte de lo que se tiene es ya rapiña. S. Juan Crisóstomo

Abrid de par en par las puertas de vuestros graneros, dad salida a vuestras riquezas en todas las direcciones. Dime, ¿qué es lo que te pertenece?, ¿de dónde trajiste nada a la vida?, ¿de quién lo recibiste? Así son los ricos: se apoderan los primeros de lo que es de todos y se lo apropian, sólo porque se han adelantado a los demás... Si cada uno se contentase con lo indispensable para atender a sus necesidades y dejara lo superfluo a los indigentes, no habría ricos ni pobres. San Basilio

Y acabo con un no-cristiano (o no bautizado) Gandhi:

"Es bonito hablar de Dios mientras estamos sentados después de un agradable desayuno y a la espera de otra comida aún mejor. Pero, ¿cómo puedo hablarle de Dios a las muchedumbres que tienen que tirar adelante sin dos comidas al día?. A éstos, Dios sólo se les puede representar como pan y mantequilla. La única forma aceptable en que Dios puede osar presentarse a un pueblo hambriento y desocupado, es en el trabajo y las promesa de alimento como salario".

Que la lectura de este domingo nos lleva al hermano necesitado. ¡Lean lo últimito del Papa Francisco también!

Parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37)



Lucas 10,25-37
Lunes de la 27 semana del tiempo ordinario
15 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor, tu, Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó en una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tu lo mismo."

— Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

El evangelio de este domingo es uno de los fragmentos que, desde siempre, ha fascinado a la comunidad cristiana. ¿Quién, por poco que conozca el evangelio, ignora la parábola del buen samaritano. Subrayaremos, por tanto, sólo algunos aspectos:

— Un maestro ante el Maestro

Jesús no era Rabbí. No había estudiado en Jerusalén la Torah, como lo hará, por ejemplo, Pablo. La gente le dio espontáneamente el título de rabbí y Él lo asumió como propio, como uno de los “títulos” que le gustaban. Pero sorprende que un maestro” auténtico” de la Ley le dé el nombre de “rabbí” a menos que entendamos que lo hace, como dice el texto, para probarlo, para provocarlo; su tono debía ir cargado de ironía y quizá, desprecio. Trataba de desenmascararlo, no de aprender.

Jesús le responde en el mismo tono de ironía con una pregunta que obliga al maestro de la Ley a responder: ¿Tú eres maestro y no sabes esto?  La respuesta es el texto de  Deuteronomio y Levítico, un fragmento que conocen hasta los más niños. Jesús parece haber terminado de prestar atención al maestro de la Ley con su exhortación a vivir lo mandado cuando éste lanza una pregunta nueva: ¿y quién es mi prójimo?

Esta es una pregunta que ya no contestaría un niño porque para los judíos conservadores no eran “prójimos” todos. Se excluía de este concepto al pagano, al pecador público, al leproso... Y ahora Jesús acepta el envite.

— La parábola del buen samaritano

Los Santos Padres han visto en este hombre que baja de Jerusalén a Jericó la representación simbólica de la humanidad entera o, si queremos, la figura de Adán. Jerusalén, cuyo nombre significa ciudad de paz, es el Paraíso. Y Jericó, ciudad rodeada por murallas, el mundo. La humanidad pues, ha sido expulsada de la paz del paraíso y el pecado ha apaleado a la persona hasta dejarla medio muerta.

Pasan cerca de esta humanidad derrumbada  un sacerdote y un levita. No se trata de que ambos mantengan posturas inmisericordes (que también) sino de una manera de Jesús de decirnos que la Ley de Moisés, que ambos representan, no tiene capacidad para salvar a la humanidad. La Ley carece de fuerza para sanar la profunda herida que el pecado ha infligido en el corazón humano. La Ley, dirá San Pablo, es sólo una nodriza que ha acompañado al pueblo de Israel en su minoría de edad. Llegada la plenitud de los tiempos, aparece Cristo, representado por sí mismo en la figura del buen samaritano.

Sabemos lo que hace ese samaritano. Pero es preciso subrayar lo que siente: “se compadeció”. Y sólo después actúa. Jesús subraya nuevamente el valor de la interioridad y la necesidad de tener “un corazón de carne” y no de piedra.

El samaritano se acerca al hombre herido. También Dios se acerca a mí, a mis heridas, a mi sufrimiento, a mi pecado. Sobre mí derrama “vino y aceite”, elementos que algunos comentaristas ven como prefiguraciones del sacramento del bautismo y la eucaristía. El samaritano venda heridas (un corazón quebrantado, tú no lo desprecias…) y carga al hombre en su cabalgadura.

— Una iglesia pobre para los pobres

Siguiendo los comentarios, tan valiosos, de los Padres, vamos a ver en este hostal  la imagen de la Iglesia. Allí el hombre herido sanará, allí será cuidado, alimentado. Allí será devuelto a la vida. Ojalá todos fuéramos buenos samaritanos que, con nuestras obras, llevamos a las personas marginales, heridas, desheredadas y rechazadas a una Iglesia misericordiosa que se preocupa como madre por ellos y los cuida y atiende hasta el regreso del Señor.

El samaritano da dos denarios al hostalero. El denario era el sueldo de un día y por tanto se prevé una ausencia de dos días porque “al tercer día” volverá. Clara alusión a la resurrección de Cristo.
Y mientras Cristo no vuelve, queda clara la misión de la Iglesia: salvar, sanar, cuidar. Atender a cuantos van heridos por el camino.

Cristo no se ha desentendido de la humanidad, como hizo Caín. Cristo anda por los caminos llevando a todos los heridos a esa casa de sanación que Él llamó Iglesia.

— Anda y haz tú lo mismo

Al maestro no le queda otro remedio que reconocer que prójimo es aquel que obra con misericordia. Y Jesús sentencia: “Anda y haz tú lo mismo”. Con lo cual da respuesta a la pregunta inicial del maestro de la Ley: ¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida Eterna?”

Indicar a un maestro de la Ley que haga lo mismo que un samaritano no deja de ser, en el fondo, una muestra del sentido del humor de Jesús. Un humor cargado de amor, un humor que invita a no sentirse poseedor de la Verdad, un humor que derriba murallas (incluidas las altísimas de Jericó) y acerca personas. Un humor que es expresión de vida fecunda, de capacidad de sanación. Un humor que nos hace algo de falta en la Iglesia, la verdad.

Parábola para enseñarles que debían orar siempre (Lucas 18:1-8)


Lucas 18,1-8
29 Domingo del Tiempo Ordinario, C

Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre y no desanimarse. Les dijo: “Había en un pueblo un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres.  Y en el mismo pueblo vivía también una viuda, que tenía planteado un pleito y que fue al juez a pedirle justicia contra su adversario.  Durante mucho tiempo el juez no quiso atenderla, pero finalmente pensó: ‘Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres.  Sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, le haré justicia, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia.’
El Señor añadió: “Pues bien, si esto es lo que dijo aquel mal juez,  ¿cómo Dios no va a hacer justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? Os digo que les hará justicia sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra?”

TEMA

El tema indudable de este fragmento es la insistencia en la oración. El seguidor de Jesús no es aquel que ora “de pascuas a ramos” sino el que mantiene una conversación interna constante con su Señor. Este es un evangelio esperanzador y optimista porque viene a dejarnos muy claro que, aunque el mal existe, acaba triunfando la bondad insistente.

EL JUEZ INJUSTO…Y CLARIVIDENTE

Pero tengo que confesar que a mí este juez injusto me cae bien. Casi diría yo que es un modelo – si es que alguien injusto puede ser modelo – de lo que hoy se llama inteligencia intrapersonal o emocional. El narrador de esta parábola conoce al juez como nosotros conocemos con frecuencia a los otros mejor que a nosotros mismos.

Porque somos muy ciegos ante nuestros defectos y maldades y…el juez es un modelo de autoconocimiento!  ‘Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres” dice. Asume lo que es, aunque no lo corrija por lo que debiera corregirlo, por amor a la viuda y su situación. Pero que Dios nos dé la clarividencia de este juez a la hora de hacer nuestro examen de conciencia… Porque ¿qué decimos muchas veces cuando no atendemos necesidades ajenas? “Esto es cosa del gobierno… si pudiera lo haría pero me pilla en un mal momento… ¿por qué tengo que sacar yo siempre las castañas del fuego? Yo…si alguien se anima primero, colaboro….” ¡tantas excusas! Por lo menos el juez es claro: sabe cómo es y sabe que no la ayuda por ella misma, por lo que merece sino para sacársela de encima.

Porque la viuda “sigue viniendo” Y eso es lo que me pide el Señor. Que le siga buscando, que le siga preguntando, que le siga chillando cuando me enfado con Él, que le siga llorando, que le siga contando…que siga.

LA VIUDA

Si ya la mujer era un personaje absolutamente secundario y sin derechos la mujer que quedaba viuda solía vivir en el desamparo. Si no tenía hijos adultos que pudieran mantenerla dependía de la caridad.

“Huérfanos y viudas” son en el Antiguo Testamento sinónimo de pobreza y necesidad. Esta viuda, no obstante, es un monumento a la dignidad de la mujer que en situación de desventaja saca fuerzas de su interior y no se deja pisar, no cede ante los prepotentes del mundo.

Es insólita la actitud de esta viuda que “molesta” reiteradamente al juez.  De una manera u otra Dios nos quiere “dignos”, clamando a Él día y noche. Desde la dignidad inmensa de sabernos hijos de Dios.

LAS VIUDAS DE HOY

También ellas siguen viniendo, golpeando nuestra puerta. ¡Son tantas las viudas de nuestro mundo! Una de ellas es esa mujer que parió en la barcaza de Lampedusa para ver morir ahogado a su bebé y morir ella también en un naufragio que apenas oímos…o esas mujeres silenciadas, maltratadas, vendidas…esas niñas casadas a la fuerza, esas niñas violadas por grupos que se protegen entre ellos…esas niñas a las que se les prohíbe el acceso a la escuela, esas niñas cambiadas por una cabra, mutiladas en su intimidad, esas niñas ahogadas al nacer, esas ancianas que mueren solas en su piso y que nadie encuentra a faltar…o esas que lloran solas en residencias añorando visitas que no tienen…

Desgraciadamente existe el mal y la injusticia. Pero sigue teniendo un rostro muy femenino… ¿Qué hago yo? ¿Oigo su llamada, su clamor? ¿Ayudo para tranquilizar mi conciencia…con un donativo a una oenegé, a la parroquia? O ¿cierro mis oídos y subo el volumen de la televisión para ver un interesantísimo reality show?

Ojalá aprendamos a orar. Porque si tememos a Dios, si lo amamos, respetaremos su imagen: la persona.

Parábola de un hombre rico que tuvo una gran cosecha (Lucas 12:13-21)

Lucas 12,13-21
Lunes de la 29 semana del tiempo ordinario
18 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: "Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia." Él le contestó: "Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?" Y dijo a la gente: "Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes."Y les propuso una parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."

Parábola del Fariseo y del Publicano (Lucas 18:9-14), por M. Dolors Gaja, M.N.

Lucas 18,9-14
30 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. "El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

— Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

Lucas insiste a lo largo de todo el evangelio en la necesidad de orar. Y en este relato se nos dice, además, cómo debemos orar, qué actitud es precisa para orar de verdad.

Tradicionalmente se llama a este fragmento “parábola del fariseo y el publicano”; no obstante, no se trata de una parábola (una realidad de la tierra que nos habla de una del cielo) sino de un “relato ejemplar”. En los relatos ejemplares se suelen presentar parejas opuestas (bueno-malo) y los rasgos se exageran para poner de relieve el mensaje. Es lo que hace Jesús.

LA INTENCIÓN

Jesús es Maestro por excelencia. Tiene un mensaje claro pero sabe adaptarlo al público que tiene delante. Y en este momento habla a un grupo que se tiene por justo, por santo, por recto... Y como consecuencia inmediata de tanta seguridad, ese grupo desprecia a todos los que no piensan como ellos, los que no hacen como ellos, los que no son como ellos. Se han convertidos en poseedores de la verdad. Y a mí me recuerda que esa corriente también existe en la Iglesia, que hay grupos potentes “más papistas que el Papa”, y gente que siempre tiene una receta para todo. Leamos esta “parábola” identificándonos con el fariseo.

EL FARISEO

Cumplidor de la Ley hasta el extremo sube al Templo a orar. Pero su mirada no se dirige a Dios sino a él mismo: da gracias por no ser como el otro, los otros, da gracias por todo lo que hace.

Repito que Jesús exagera y Lucas incluso subraya maliciosamente que oraba “de pie” cuando en el mundo judío es una postura normal. Pero Lucas lo subraya porque lo que estaba erguido era el corazón. Quizá no nos identificamos mucho con el fariseo porque la exageración parece que no va con nosotros. Pero atendamos la mirada y preguntémonos si cuando oramos nuestro corazón se centra en Dios o si es un momento para hablar – y sólo hablar – de mis problemas, mis deseos, mis miedos, mis éxitos, mis buenos propósitos, mi vocación, mi matrimonio…mi…mi…

El Fariseo es un nuevo Narciso que no alaba a Dios porque ya se alaba a sí mismo. Y no olvidemos que nuestra sociedad fomenta el narcisismo, así que alerta. Por otra parte, el fariseo parece entender que la bondad o santidad dependen del cumplimiento de una serie de leyes y eso le aleja de Dios.

EL PUBLICANO

No es, desde luego, “el bueno”. Usurero, injusto, ladrón (encima parece que era adúltero pues lo más seguro es que el fariseo supiera la vida y milagros del publicano), todo lo que dice el fariseo era lo habitual en los publicanos. Además eran colaboracionistas romanos, traidores a la patria etc etc.

Pero la gran diferencia es que el publicano tiene conciencia de su pecado. Y “conoce” lo suficiente a Dios como para pedirle que se compadezca de Él. Su inteligencia emocional, diríamos hoy, es bastante más sana que la del fariseo. Este publicano sabe cómo es él y cómo es Dios; el fariseo ni se conoce a sí mismo ni conoce a Dios. Es por tanto incapaz de orar. En cambio el publicano es apto para orar porque parte de su realidad…y no se preocupa de los otros. Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría. Si el publicano es elogiado no lo es, desde luego, por el mal que hace, pero sí por su capacidad de reconocerlo y sentir dolor por ello.

Me temo que estamos formando muchos fariseos. Queriendo privar a los niños de un sentimiento de culpa (que puede ser muy sano) los hemos casi convencido de que todo está bien. A lo sumo, cometen errores. Son muchas las personas – niños y adultos – que no saben de qué confesarse. Si es así, uno mismo se coloca en el lugar del fariseo. La Palabra de Dios es tajante en ese sentido. Ante Dios uno sólo puede sentirse pecador…y pecador amado. Los cristianos no somos otra cosa que pecadores con vocación de santos.

El evangelio termina con una sentencia que recuerda el Magnificat de María: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”. María y este publicano coincidían. ¿Coincido yo y tengo esa misma relación con Dios?

Los árboles del paraíso y el bautismo cristiano, por Martín Gelabert, O.P.


Según el libro del Génesis, en el paraíso en el que se encontraban los primeros humanos, había dos árboles extraordinarios: el de la vida y el del conocimiento del bien y del mal.

Como su mismo nombre indica, se trata de dos árboles simbólicos. El árbol de la vida se encuentra en la mitología antigua. Quien come de él, obtiene la inmortalidad. El relato afirma que el hombre, mortal por naturaleza (sacado del barro), ha sido creado a imagen de Dios. Es como un “hijo de Dios”, al que se le ofrece, como un regalo, la vida inmortal. Es un regalo, no un derecho, porque sin el regalo el hombre es mortal. Sin embargo, este humano es una criatura. No tiene el conocimiento divino ni el poder absoluto de decretar lo que es bueno y lo que es malo. Este límite de la condición humana está simbolizado por el otro árbol, el árbol prohibido, el del conocimiento del bien y del mal. Por esta razón la astuta serpiente tienta a Eva, diciéndole que es posible conocer y decidir sobre el bien y el mal y, así, ir más allá del límite: “si coméis de este árbol, seréis como dioses” (Gen 3,5).

Según el Génesis, los dos árboles, contrarios e incompatibles, están en “el centro del jardín” (Gen 2,9). En el centro de la existencia. Esta dualidad es perfectamente coherente y hay que tenerla muy en cuenta si queremos entender el mensaje que el texto transmite.

Del primer árbol se puede comer; pero está prohibido, bajo pena de muerte, comer del segundo. Los dos arboles son el signo de una oposición fundamental y universal: la Vida y la Muerte. El humano debe escoger uno u otro camino. Porque el humano no es un animal como los otros. No es un autómata. Es libre, más aún, es el interlocutor de Dios. Puede convertirse en amigo de Dios, y cumplir su voluntad; es lo propio de los amigos, que buscan complacer al amigo; o separarse de Dios y seguir su propio camino. En adelante este será el dilema de Israel y, por extensión de toda la humanidad: “Yo os propongo el camino de la vida y el camino de la muerte” (Jr 21,8). Pero la voluntad de Dios es clara: “Escoge la vida” (Dt 30,19).

La elección fundamental entre vida y muerte, bien y mal, sigue siendo totalmente válida. Para el cristiano, el simbolismo del primer jardín se encuentra en el simbolismo sacramental del bautismo. El doble rito de la renuncia a Satanás y de la adhesión a Cristo es el lugar sacramental de esta elección decisiva. El creyente renuncia a la vía del mal y se compromete a seguir la vía de Cristo que conduce a la vida eterna. El catecúmeno hace así lo contrario de lo que hizo el primer hombre. Adán hizo una mala elección. Siguiendo a Cristo, Camino, Verdad y Vida, el catecúmeno encuentra abierto el camino que conduce al árbol de la vida.

viernes, 25 de octubre de 2013

Homilía del papa Francisco en su primera consagración de obispos

Homilía del papa Francisco en la ordenación de los primeros obispos por él consagrados

Reflexionemos atentamente sobre la alta responsabilidad eclesiástica a la que son llamados estos nuestros hermanos. El Señor nuestro Jesucristo enviado por el Padre, para redimir a los hombres envió a su vez en el mundo a los doce apóstoles, para que llenos de la potencia del Espíritu Santo anunciaran el evangelio a todos los pueblos reuniéndolos bajo un único pastor, los santificaran y los guiaran a la salvación.

Con la finalidad de perpetuar de generación en generación este ministerio apostólico, los doce se valieron de colaboradores apostólicos transmitiéndole a ellos con la imposición de las manos, el don del Espíritu recibido de Cristo, que confería la plenitud del sacramento del orden. Así, a través de la ininterrumpida sucesión de los obispos en la tradición viviente de la Iglesia se ha conservado este ministerio primario, es la obra del Salvador que sigue y se desarrolla hasta nuestros tiempos.

En el obispo, circundado por sus presbíteros está presente en medio de ustedes, el mismo Señor Nuestro Jesucristo, sumo sacerdote 'in eterno'.

Es Cristo de hecho que en el ministerio del obispo sigue predicando el evangelio de la salvación y a santificar a los creyentes mediante los sacramentos de la fe. Es Cristo que a través de la paternidad del obispo acrece de nuevos miembros su cuerpo que es la Iglesia. Es Cristo que en la sabiduría y prudencia del obispo guía el pueblo de Dios en la peregrinación terrena hasta la felicidad eterna.

Acojan pues con alegría y gratitud a estos nuestros hermanos que nosotros obispos con la imposición de nuestras manos asociamos al colegio episcopal. Rindan a ellos el honor que se debe a los ministros de Cristo y a quienes dispensan los ministerios de Dios, a quienes les es confiado el testimonio del Evangelio y el ministerio del Espíritu para la santificación. Acuérdense las palabras de Jesucristo a los apóstoles: 'Quien le escucha a ustedes, me escucha a mi, quien les desprecia a ustedes me desprecia a mi, y quien les desprecia a ustedes desprecia a Aquel que me ha enviado'.

En cuanto a ustedes, Gianmaría y Gianpiero, elegidos por el Señor, reflexionen que han sido elegidos entre los hombres y para los hombres han sido constituidos en las cosas que se refieren a Dios. Episcopado es de hecho el nombre de un servicio, no de un honor. Al obispo le compete más el servir que el dominar, según el mandamiento del Maestro: quien es el más grande entre ustedes se vuelva como el más pequeño, quien gobierna como aquel que sirve, siempre en servicio, siempre el servicio.

Anuncien la palabra e toda ocasión, oportuna y no oportuna. Adviertan, reten, exhorten con toda magnanimidad y doctrina, y mediante la oración y la oferta del sacrificio por vuestro pueblo, alcancen de la plenitud de la santidad de Cristo la multiforme riqueza de la divina gracia, mediante la oración.

Recuerden ese primer conflicto en la Iglesia de Jerusalén, cuando los obispos tenían tanto trabajo para proteger a las viudas, los huérfanos, que decidieron nombrar diáconos. ¿Por qué? Para rezar y predicar la Palabra. Un obispo que no reza es un obispo 'a mitad camino', y si no le reza al Señor termina en la mundanidad. En la Iglesia que a ustedes les fue confiada sean fieles custodios y dispensadores del misterio de Cristo, puestos por el Padre a la cabeza de su familia.

Sigan siempre el ejemplo del Buen Pastor que conoce a sus ovejas y por ellas es conocido y por ellas no dudó en dar su vida. El amor del obispo: amen con amor de padre y hermano a todos aquellos a quien Dios les confía. Amen sobre todo a los presbíteros y diáconos que son vuestros colaboradores, son los que están más cerca de los próximos de ustedes. Nunca hacer esperar una audiencia a un presbítero, en seguida responderles, estén cerca de ellos. Amen también a los pobres y a los indefensos y a quienes tienen necesidad de acogida y ayuda.

Exhorten a los fieles a cooperar al empeño apostólico y acérquelos con gusto. Tengan viva atención hacia quienes no pertenecen al rebaño de Cristo porque si esos mismo les han sido confiados en el Señor. Recen mucho por ellos.

Acuérdense que en la Iglesia católica unidos en el vínculo de la caridad están unidos al colegio de los obispos y tienen que llevar la solicitud de todas las Iglesias acudiendo a las más necesitadas se ayuda.

Y velen con amor por todo el rebaño, en el cual el Espíritu Santo les pone a regir la Iglesia de Dios. Velen en el nombre del Padre, en nombre del cual toman la imagen, en nombre de Jesucristo su hijo de quien son constituidos maestros, sacerdotes y pastores. Y en nombre del Espíritu Santo que da vida a la Iglesia y con su potencia sostiene nuestra debilidad. Que así sea.

24 de octubre de 2013

jueves, 24 de octubre de 2013

¿Qué templo podréis construirme? Isaías 66,1

Isaías: 66,1-2
Laudes, lectura breve; 
jueves de la 29 semana del tiempo ordinario
Semana I

Así dice el Señor: «El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme? ; ¿o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío -oráculo del Señor-. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.»

jueves, 17 de octubre de 2013

La Iglesia es apostólica, texto de la homilía de la audiencia ofrecida por el papa Francisco

Miércoles, 16 de octubre de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando recitamos el Credo decimos "Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica". No sé si alguna vez han reflexionado sobre el significado que tiene la expresión "la Iglesia es apostólica". Quizás alguna vez, viniendo a Roma, han pensado en la importancia de los apóstoles Pedro y Pablo, que aquí dieron sus vidas para llevar el Evangelio y dar testimonio.

Más aún. Profesar que la Iglesia es apostólica, significa hacer hincapié en la relación que esta tiene con los apóstoles, con ese pequeño grupo de doce hombres que un día Jesús llamó para que permanecieran con Él y para enviarlos a predicar (cf. Mc. 3,13-19).

"Apóstol" es una palabra griega que significa "mandado", "enviado". Un apóstol es una persona que es enviada, y enviada a hacer algo; y los apóstoles fueron escogidos, llamados y enviados por Jesús para continuar su obra; es decir para rezar --ese es la primera tarea de un apóstol--, y segundo, para proclamar el Evangelio. Esto es importante, porque cuando pensamos en los apóstoles, podríamos pensar que ellos fueron enviados solo para anunciar el Evangelio, para hacer muchas obras. Pero en los primeros días de la Iglesia había un problema porque los apóstoles debían hacer muchas cosas y luego formaron a los diáconos, para que los apóstoles tuvieran más tiempo para orar y proclamar la Palabra de Dios.

Cuando pensamos en los sucesores de los apóstoles, los obispos, incluido el papa, porque él también es un obispo, debemos preguntarnos si este sucesor de los apóstoles primero que todo ora y luego proclama el Evangelio: esto es ser apóstol y por esta razón la Iglesia es apostólica. Todos nosotros, si queremos ser apóstoles como explicaré luego, debemos preguntarnos: ¿rezo por la salvación del mundo? ¿Predico el Evangelio? ¡Esta es la Iglesia Apostólica! Es una relación constitutiva que tenemos con los apóstoles.

A partir de esto me gustaría hacer hincapié muy brevemente en tres acepciones del adjetivo "apostólica", tal como se aplica a la Iglesia.

1 . La Iglesia es apostólica porque está fundada en la oración y la predicación de los apóstoles, en la autoridad que les fue dada por el mismo Cristo. San Pablo escribe a los cristianos de Éfeso : "Ustedes son conciudadanos de los santos y miembros de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, teniendo como piedra angular al mismo Cristo Jesús" (2, 19-20). Compara, es decir, a los cristianos con piedras vivas que forman un edificio que es la Iglesia, y este edificio está fundado sobre los apóstoles, como columnas, y la piedra que sostiene todo es Jesús mismo.

¡Sin Jesús no puede existir la Iglesia! ¡Jesús es la base misma de la Iglesia, el fundamento! Los apóstoles vivieron con Jesús, escucharon sus palabras, compartieron su vida, sobre todo han sido testigos de su muerte y resurrección. Nuestra fe, la Iglesia que Cristo quiso, no se basa en una idea, no se funda en una filosofía, se fundamenta en el mismo Cristo. Y la Iglesia es como una planta que ha crecido a lo largo de los siglos, se ha desarrollado, ha dado sus frutos y sus raíces están firmemente plantadas en Él, y la experiencia fundamental de Cristo que han tenido los Apóstoles, elegidos y enviados por Jesús, permanece hasta nosotros. Desde esa pequeña planta hasta nuestros días: así es la Iglesia en todo el mundo.

2. Pero preguntémonos: ¿cómo es posible para nosotros conectarnos con ese testimonio? ¿Cómo puede llegar hasta nosotros lo que han experimentado los apóstoles con Jesús, lo que han oído de Él? Este es el segundo significado del término "apostólicidad”.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la Iglesia es apostólica porque «conserva y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las palabras sanas oídas a los apóstoles» (n. 857). La Iglesia conserva a través de los siglos este precioso tesoro, que es la Sagrada Escritura, la doctrina, los sacramentos, el ministerio de los pastores, para que podamos ser fieles a Cristo y participar de su vida misma. Es como un río que fluye en la historia, se desarrolla, irriga, pero el agua que fluye es siempre la que comienza desde la fuente, y la fuente es el propio Cristo: Él ha resucitado, Él es el Viviente, y sus palabras no pasan, porque Él no pasa, Él está vivo, Él está con nosotros hoy aquí, Él nos oye y nosotros hablamos con él y Él nos escucha, está en nuestro corazón. ¡Jesús está con nosotros hoy! Esta es la belleza de la Iglesia: la presencia de Jesucristo en medio de nosotros. ¿Pensamos acaso lo importante que es este don que Cristo nos ha dado, el don de la Iglesia, donde lo podemos encontrar? ¿Pensamos acaso cómo es la misma Iglesia, en su camino a lo largo de estos siglos --a pesar de las dificultades, los problemas, las debilidades, nuestros pecados--, la que nos transmite el auténtico mensaje de Cristo? ¿Nos da la confianza de que lo que creemos es realmente lo que Cristo nos dijo?

3 . El último pensamiento: la Iglesia es apostólica porque es enviada a llevar el Evangelio a todo el mundo. Continúa en el camino de la historia la misma misión que Jesús confió a los apóstoles: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt. 28,19-20). ¡Esto es lo que Jesús nos dijo que hiciéramos! Insisto en este aspecto de la actividad misionera, porque Cristo invita a todos a "ir" al encuentro de los demás, nos envía, nos pide movernos para llevar la alegría del Evangelio!

Una vez más debemos preguntarnos: ¿somos misioneros con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestra vida cristiana, a través de nuestro testimonio? ¿O somos cristianos encerrados en nuestro corazón y en nuestras iglesias, cristianos de sacristía? ¿Cristianos solo de palabras, pero que viven como paganos? Debemos hacernos estas preguntas, que no son un reproche. Yo también, me lo digo a mí mismo: ¿cómo soy cristiano, realmente con el testimonio?

La Iglesia tiene sus raíces en la enseñanza de los apóstoles, verdaderos testigos de Cristo, pero mira hacia el futuro, tiene la firme conciencia de ser enviada --enviada por Jesucristo--, de ser misionera, llevando el nombre de Jesús a través de la oración, el anuncio y el testimonio. Una Iglesia que se cierra sobre sí misma y en el pasado, una Iglesia que ve solo las pequeñas reglas de hábitos, de actitudes, es una Iglesia que traiciona a su propia identidad; ¡una Iglesia cerrada traiciona su propia identidad! Por ello, ¡descubramos hoy toda la belleza y la responsabilidad de ser Iglesia Apostólica! Y recuérdenlo: Iglesia Apostólica porque oramos -- primera tarea--, y porque proclamamos el Evangelio con nuestra vida y con nuestras palabras.

miércoles, 16 de octubre de 2013

MARTES DE LA SEMANA 28 DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar, por el papa Francisco

Comentario del papa Francisco

La idolatría y la hipocresía no perdonan ni a la vida cristiana. El papa Francisco ha advertido sobre estos dos "vicios", durante la homilía de la misa celebrada en la Casa Santa Marta. Para no ceder a los peligros de estos pecados, dijo, es necesario poner en práctica los mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo.

Convertirse en un apóstol de sus propias ideas, o un devoto de su propio bienestar, en lugar que de Dios. Hablar de alguien porque no se ajusta a ciertas formalidades, olvidando que el mandamiento "nuevo" del cristianismo es el amor al prójimo sin peros.

Una vez más la liturgia de la misa insta al Papa a una reflexión sobre las trampas que jalonan la vida de fe. De las palabras de san Pablo, el Papa parte para señalar el pecado de idolatría, el de algunas personas que, para decirlo como el Apóstol, "aún habiendo conocido a Dios, no le glorificaron ni le dieron las gracias como Dios", prefiriendo adorar "a las criaturas antes que al Creador". Es una idolatría, dice el papa, que llega a "ahogar la verdad de la fe, en la que se revela la justicia de Dios":

"Pero así como todos tenemos necesidad de adorar –porque tenemos el sello de Dios en nosotros–, cuando no adoramos a Dios, adoramos a las criaturas. Y este es el paso de la fe a la idolatría. Ellos, los idólatras, no tienen ninguna razón como excusa: a pesar de haber conocido a Dios, no le glorificaron ni le dieron las gracias como Dios. ¿Y cuál es el camino del idólatra? Lo dice claro: ‘Están perdidos en sus vanos razonamientos, y su mente obtusa fue obscurada. El egoísmo de su propio pensamiento, el pensamiento todopoderoso, lo que yo creo es cierto: yo digo la verdad, hago lo que es cierto con mi pensamiento...".

Las críticas de san Pablo fueron, hace dos mil años, a los idólatras, que se postraban delante de los reptiles, de las aves y de los cuadrúpedos.

Y aquí el papa Francisco frena una objeción: hoy el problema no se pone porque nadie va a adorar las estatuas. No es así, afirma el papa, la idolatría ha encontrado otras maneras y formas:

"Incluso hoy en día, hay tantos ídolos e idólatras, que incluso se creen sabios. Pero también entre nosotros, entre los cristianos, ¡eh! Yo no hablo de ellos, yo respeto a los que no son cristianos. Pero entre nosotros –hablamos en familia– se creen los sabios, que saben todo... Y se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen: el propio yo, mis ideas, mi comodidad... Hoy en día, todos nosotros. No es sólo una cosa histórica , aún hoy por el camino hay ídolos... Todos tenemos algún ídolo oculto en el interior. Podemos preguntarnos delante de Dios: ¿cuál es mi ídolo oculto?, ¡el cual le quita el lugar al Señor!".

Si san Pablo llama necios a los idólatras, en el evangelio del día Jesús hace lo mismo con los hipócritas, interpretados por el fariseo que se escandaliza porque el Maestro no se ha lavado como debe ser antes de sentarse a la mesa.

"Ahora vosotros fariseos –Jesús responde– limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de avidez y de maldad". Y añade: "Den más bien como limosna lo que hay dentro, y he aquí que todo para ustedes estará puro".

"Jesús aconseja: no miren las apariencias, vayan directo a la verdad. El plato es plato, pero lo que es más importante es lo que está dentro del plato: la comida. Pero si eres vanidoso, si eres es un arribista, si eres un ambicioso, entonces eres una persona que siempre se jacta de sí mismo al cual le gusta presumir, porque piensas que eres perfecto; haz un poco de limosna y eso sanará tu hipocresía. Ese es el camino del Señor: es adorar a Dios, amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo. ¡Es tan simple, pero a la vez tan difícil! Esto solo se puede hacer con la gracia. Pidamos la gracia".

martes, 15 de octubre de 2013

El Síndrome de Jonás y la Señal de Jonás, por el papa Franciso y comentario de Nestor Mora Núñez


Lucas 11,29-32
Lunes de la Semana 28 del tiempo ordinario, año impar

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: "Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás."

— Comentario por el papa Francisco

El papa en Santa Marta alerta sobre el 'síndrome de Jonás'. Jesús los llama hipócritas, porque ellos no quieren la salvación de la pobre gente, de los ignorantes y pecadores.

Se tiene que luchar contra el "síndrome de Jonás" que nos lleva a la hipocresía de pensar que para salvarnos son suficientes nuestras obras. Así lo explicó el papa Francisco la mañana del lunes durante la misa celebrada en la Casa Santa Marta. El santo padre advirtió acerca de "una actitud de perfecta piedad", que atiende a la doctrina pero no se ocupa de la salvación de la "pobre gente".

— El "síndrome de Jonás" y la "señal de Jonás"

El papa Francisco centró su homilía en este binomio. Jesús, explicó, en el evangelio de hoy habla de "generación perversa". Es muy fuerte con su palabra. Pero, advirtió el papa, no se refiere a las personas "que lo seguían con mucho amor", sino a los "doctores de la ley" que "trataban de probarlo y hacerlo caer en una trampa".

Estas personas "le pedían signos" y Jesús les responde que solo se les dará "la señal de Jonás”. Existe sin embargo, advirtió el papa, el "síndrome de Jonás". El Señor le pidió que fuera a Nínive, y él huye a España. Jonás, dijo, "tenía las cosas claras": "la doctrina es ésta", "se debe hacer esto" y los pecadores "que se las arreglen, yo me voy”. Los que "viven de acuerdo con este síndrome de Jonás", añadió Francisco, Jesús "los llama hipócritas , porque ellos no quieren la salvación" de la "pobre gente", de los "ignorantes " y "pecadores":

"El 'síndrome de Jonás’ no tiene el celo por la conversión del pueblo, busca una santidad –me permito la palabra--, una santidad de ‘tintorería’, toda hermosa, bien hecha, pero sin aquel celo de ir a predicar al Señor. Pero el Señor con esta generación que sufre del "síndrome de Jonás' promete la señal de Jonás.

La otra versión, la de Mateo, dice: Jonás estuvo dentro de la ballena tres días y tres noches, una referencia a Jesús en la tumba --a su muerte y a su resurrección-- y aquel es el signo que Jesús promete, contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, en contra de esta actitud de un grupo de fariseos".

Hay una parábola en el Evangelio, agregó el pontífice, que pinta muy bien este aspecto: aquella del fariseo y del publicano que oran en el templo. El fariseo, "tan seguro de sí mismo", ante el altar da gracias a Dios por no ser como el publicano que en cambio solo pide la misericordia del Señor, reconociéndose pecador.

He aquí, entonces, que "el signo que Jesús promete por su perdón, a través de su muerte y su resurrección", dijo el papa, "es su misericordia": "Misericordia quiero y no sacrificio":

"El signo de Jonás, el verdadero, es lo que nos da la confianza para ser salvados por la sangre de Cristo. ¿Cuántos cristianos, cuántos son los que piensan que van a ser salvados solo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva. Sin embargo, las mismas obras, sin este amor misericordioso no sirven. En cambio, el 'síndrome de Jonás’ tiene confianza solo en su justicia personal, en sus obras".

Jesús habla entonces de "generación malvada" y "a la pagana, a la reina de Saba, casi la nombra jueza: que se levantará contra los hombres de esta generación". Y esto, señaló, "porque era una mujer inquieta, una mujer que buscaba la sabiduría de Dios":

"Es así que el ‘Síndrome de Jonás' nos lleva a la hipocresía, a aquella suficiencia, a ser cristianos limpios, perfectos, ‘porque hacemos estas obras: cumplimos los mandamientos, todo’. Es una gran enfermedad.

Y está la señal de Jonás, que es la misericordia de Dios en Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación. Son dos palabras en la primera lectura que se conectan con esto.

Pablo dice de sí mismo que es un apóstol no porque ha estudiado esto, no: (sino) apóstol por llamada. Y a los cristianos les dice: 'Ustedes son llamados por Jesucristo’. El signo de Jonás nos llama: seguir al Señor, pecadores, somos todos, con humildad, con mansedumbre. Hay una llamada, incluso una elección".

"Aprovechemos hoy de esta liturgia --concluyó el papa--, para preguntarnos y tomar una decisión: ¿Qué prefiero? ¿El síndrome de Jonás o la señal de Jonás?"

— Comentario de Nestor Mora Núñez
El síndrome de Jonás o del escapismo fariseo. Papa Francisco

La homilía de Santa Marta de ayer trató sobre la actitud que nos lleva a creernos “salvados” y desentendernos de la misión evangelizadora. Esta actitud aparece claramente en la parábola del Publicano y el Fariseo, pero ¿Por qué el Papa ha utilizado el pasaje de Jonás para subrayar este comportamiento?

De hecho ha llamado el “Síndrome de Jonás” a la tendencia innata a escapar de los compromisos que Dios nos presenta, escudándonos en el cumplimiento de los preceptos. Esta denominación ha causado extrañeza en algunas personas.

A muchos nos llama la atención la facilidad con que el Papa genera noticia y plantea reflexiones a partir de situaciones o referencias diferentes a las habituales. También nos preguntamos la razón que hace que no concrete totalmente los temas, dejando incómodos espacios vacíos de comunicación. Incómodos, porque de repente nos encontramos con la patata caliente en nuestras manos. Tenemos que rellenar nosotros mismos estos espacios, para poder dar consistencia al mensaje papal. Si a esto unimos que las diferentes sensibilidades o ideologías se echan encima de estos espacios para reclamarlos, nos encontramos con la perplejidad que muchas personas padecemos.

Desde mi humilde punto de vista, el Santo Padre sabe crear buenos cebos para que nos echemos encima y dialoguemos sobre lo que él nos señala. Si dialogamos sobre la conveniencia, o no, de llamar “Síndrome de Jonás” al escapismo farisaico, tenemos la oportunidad de abrir un interesante intercambio de puntos de vista. Veamos qué nos dice el Santo Padre:

“El ‘síndrome de Jonás’ no tiene celo por la conversión de la gente, busca una santidad, me permito la palabra, una santidad de ‘tintorería’, toda bonita, bien hecha pero sin ese celo de ir a predicar al Señor. Pero el Señor, ante esta generación enferma con el ‘síndrome de Jonás’, promete el signo de Jonás. La otra versión, la de Mateo, dice: Jonás estuvo dentro de la ballena tres noches y tres días, refiriéndose a Jesús en el sepulcro, a su muerte y Resurrección, este es el signo que Jesús promete contra la hipocresía, contra este comportamiento de religiosidad perfecta, contra la actitud de un grupo de fariseos ”

El Santo Padre reúne el episodio de Jonás y la parábola del Publicano y el Fariseo. Qué podemos encontrar que hile con coherencia estas dos figuras. ¿Complicado? Mucho, pero igual que Jonás, tenemos que dejar los miedos fuera de nosotros y confiar en que el Señor nos dará las herramientas suficientes para entendernos y caminar hacia una verdadera comunidad cristiana. Pero para ello hace falta ir bien armado de humildad y caridad.

El centro debe estar en lo que Jonás temía: hacer la Voluntad de Dios. ¿Cuál es la Voluntad de Dios expresada por Cristo: Ir a evangelizar el mundo, estar junto al necesitado, llevar el mensaje de Cristo a las periferias. ¿Qué solemos hacer cuando se nos plantea esta misión? Casi siempre quedarnos en los preceptos obligatorios y dejar este trabajo a personas más adecuadas. Es decir, no confiamos en que el Señor nos señale el camino y dos de las fuerzas para llevar adelante la tarea. Justo lo que hizo Jonás, desesperar de su misión y de Dios mismo.

El Santo Padre cambia de repente el sentido del su locución y habla del signo de Jonás. El signo se contrapone al síndrome, ya que el signo sirve para comunicar, mientras que el síndrome produce todo lo contrario:

“El signo de Jonás, el verdadero, es el que nos da la confianza de ser salvados por la sangre de Cristo. Cuántos cristianos, cuántos hay, que piensan que serán salvados por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva. Las obras solas, sin este amor misericordioso, no sirven. Sin embargo, ‘el síndrome de Jonás’ tiene confianza solo en su justicia personal, en sus obras”

Busquemos en nosotros aquellas comodidades que nos alejan de los demás e intentemos dejarlas de lado. “Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva” Precisamente la clave de bóveda es el amor misericordioso que nos permite poner en práctica la caridad y la humildad. Ese amor misericordioso es lo que nos salva y no las obras o certezas que portemos con nosotros. Todo un desafío al que da igual que lo llamemos Síndrome de Jonás o Síndrome del escapismo farisaico. Lo importante son nuestras actitudes y la Gracia del Señor. El nombre que le demos, es importante, pero siempre en segundo lugar.


lunes, 14 de octubre de 2013

VOCABULARIO RELIGIOSO: ¿Peregrinos o romeros?, por Vicente Alejandro Guillamón


(Artículo resumido)

El domingo anterior, los católicos del mundo entero vivimos con intensidad y fervor la beatificación del Papa Juan Pablo II, el andariego universal a pesar de sus dolencias. Nunca un testigo de Dios exaltado a los altares había suscitado tanta presencia de peregrinos en Roma. Pero me pregunto, ¿peregrinos o romeros?

Los medios informativos reiteraban eso de los peregrinos, la muchedumbre de peregrinos que habían acudido a Roma. Sin embargo hubo un tiempo, ya remoto, en que los penitentes que acudían a Roma para alcanzar la remisión de sus pecados o asistir a la elevación de algún clérigo de su particular afecto a la cátedra de San Pedro, no eran llamados peregrinos, sino romeros, es decir, los que a Roma iban y de Roma volvían.

El término peregrino se reservaba para quienes acudían a Santiago de Compostela a venerar al Hijo del trueno, al “amigo del Señor” en su tumba del fin del mundo. De igual manera recibían el nombre de "palmeros" los que encaminaban sus pasos a Tierra Santa para recorrer las huellas físicas de Jesús de Nazaret, el Crucificado, el Redentor. En la Edad Media, Jerusalén, Roma y Santiago, eran los tres grandes focos de espiritualidad del orbe cristiano, como lo siguen siendo hoy en día.

A los palmeros se los llamó así porque llevaban ramas de palma, como si celebraran un Domingo de Ramos permanente. Los peregrinos, a su vez, solían ataviarse, y todavía hay muchos que lo hacen ahora, con el sombrero de ala ancha, doblado en la frente, la esclavina y el bordón, cubiertos de conchas que expresan su condición de penitentes compostelanos. En cambio, de los romeros, no me consta que fueran reconocibles por algún distintivo externo especial.

Estos términos y símbolos concretos que denotaban la condición especial de los distintos penitentes que seguían los caminos de los grandes santuarios de la fe, hoy han perdido su significado específico, en parte por la mezcla de términos y conceptos, o acaso, por el empobrecimiento del lenguaje.

De cualquier modo, limitar las expresiones romería y romero únicamente a quienes se encaminan a Roma por motivos religiosos, sería hoy poco entendible. Las romerías son un patrimonio espiritual de muchas poblaciones que con motivo de las fiestas patronales u otras de fervor popular, celebran procesiones a la ermita o santuario local, situado generalmente en el extrarradio, donde se venera la Virgen o santo particular, actos masivos a los que llaman romerías.

De igual forma llamamos peregrinación a toda manifestación colectiva que suponga trasiego de fieles de cualquier lugar a otro por motivos religiosos o devotos. En el fondo importa poco que se llame de una manera u otra. Lo realmente decisivo son los hechos y no las palabras.

viernes, 11 de octubre de 2013

VIERNES DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Joel 1,13-15;2,1-2
Salmo 9: El Señor juzgará el orbe con justicia
Lucas 11,15-26

Joel 1,13-15;2,1-2

Vestíos de luto y haced duelo, sacerdotes; llorad, ministros del altar; venid a dormir en esteras, ministros de Dios, porque faltan en el templo del Señor ofrenda y libación. Proclamad el ayuno, congregad la asamblea, reunid a los ancianos, a todos los habitantes de la tierra, en el templo del Señor, nuestro Dios, y clamad al Señor. ¡Ay de este día! Que está cerca el día del Señor, vendrá como azote del Dios de las montañas. Tocad la trompeta en Sión, gritad en mi monte santo, tiemblen los habitantes del país, que viene, ya está cerca, el día del Señor. Día de oscuridad y tinieblas, día de nube y nubarrón; como negrura extendida sobre los montes, una horda numerosa y espesa; como ella no la hubo jamás, después de ella no se repetirá, por muchas generaciones.

Salmo 9: El Señor juzgará el orbe con justicia

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.
R. El Señor juzgará el orbe con justicia

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
R. El Señor juzgará el orbe con justicia

Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud.
R. El Señor juzgará el orbe con justicia

Lucas 11,15-26

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: "Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo les demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: "Volveré a la casa de donde salí." Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio."

martes, 8 de octubre de 2013

JUEVES DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Malaquías 3,13-20a
Salmo 1: Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor
Lucas 11,5-13

Malaquías 3,13-20a

"Vuestros discursos son arrogantes contra mí -oráculo del Señor-. Vosotros objetáis: "¿Cómo es que hablamos arrogantemente?" Porque decís: "No vale la pena servir al Señor; ¿qué sacamos con guardar sus mandamientos?; ¿para qué andamos enlutados en presencia del Señor de los ejércitos? Al contrario: nos parecen dichosos los malvados; a los impíos les va bien; tientan a Dios, y quedan impunes. "Entonces los hombres religiosos hablaron entre sí: "El Señor atendió y los escuchó." Ante él se escribía un libro de memorias a favor de los hombres religiosos que honran su nombre. Me pertenecen -dice el Señor de los ejércitos- como bien propio, el día que yo preparo. Me compadeceré de ellos, como un padre se compadece del hijo que lo sirve. Entonces veréis la diferencia entre justos e impíos, entre los que sirven a Dios y los que no lo sirven. Porque mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir -dice el Señor de los ejércitos-, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas."

Salmo 1: Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
R. Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor

Será como árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
R. Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
R. Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor

Lucas 11,5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle." Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos." Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?"

MIÉRCOLES DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Jonás 4,1-11
Salmo 85: Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad
Lucas 11,1-4

Jonás 4,1-11

Jonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: "Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir." Respondióle el Señor: "¿Y tienes tú derecho a irritarte?" Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino.Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer. Deseó Jonás morir, y dijo: "Más me vale morir que vivir." Respondió el Señor a Jonás: "¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?" Contestó él: "Con razón siento un disgusto mortal?" Respondióle el Señor: "Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy ha sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?"

Salmo 85: Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti.
R. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende la voz de mi súplica.
R. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
"Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios."
R. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Lucas 11,1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos," Él les dijo: "Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.""

MARTES DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Jonás 3,1-10
Salmo 129: Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?
Lucas 10,38-42

Jonás 3,1-10

De nuevo vino la palabra del Señor sobre Jonás: "Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo." Se levantó Jonàs y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: "¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!" Creyereon en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive: "Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos." Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Salmo 129: Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
R. Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
R. Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redemirá a Israel
de todos sus delitos.
R. Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resisitir?

Lucas 10,38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señeor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano." Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."

domingo, 6 de octubre de 2013

¿Somos creyentes?

Comentario por Jose A Pagola
¿SOMOS CREYENTES?

Jesús les había repetido en diversas ocasiones: “¡Qué pequeña es vuestra fe!”. Los discípulos no protestan. Saben que tiene razón. Llevan bastante tiempo junto a él. Lo ven entregado totalmente al Proyecto de Dios; solo piensa en hacer el bien; solo vive para hacer la vida de todos más digna y más humana. ¿Lo podrán seguir hasta el final?

Según Lucas, en un momento determinado, los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe”. Sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien, pero no le discuten. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe.

La crisis religiosa de nuestros días no respeta ni si quiera a los practicantes. Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos “cristianos” nos hemos de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Lo amamos? ¿Es él quien dirige nuestra vida?

La fe puede debilitarse en nosotros sin que nunca nos haya asaltado una duda. Si no la cuidamos, puede irse diluyendo poco a poco en nuestro interior para quedar reducida sencillamente a una costumbre que no nos atrevemos a abandonar por si acaso. Distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.

¿Qué podemos hacer? En realidad, no se necesitan grandes cosas. Es inútil que nos hagamos propósitos extraordinarios pues seguramente no los vamos a cumplir. Lo primero es rezar como aquel desconocido que un día se acercó a Jesús y le dijo: “Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi incredulidad”. Es bueno repetirlas con corazón sencillo. Dios nos entiende. El despertará nuestra fe.

No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia. Tampoco nos hemos de entretener en pensar en él, como si estuviera solo en nuestra cabeza. Está en lo íntimo de nuestro ser. Lo hemos de buscar en nuestro corazón.

Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará. No importa que hayamos vivido olvidados de él. Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que nos tiene.

sábado, 5 de octubre de 2013

Domingo de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año C, por Mons. Francisco González, S.F.

Comentario de Mons. Francisco González, SF:
Necesitamos hombres profundos


Este domingo vigésimo séptimo del Tiempo Ordinario, concluye la segunda etapa del viaje de Jesús a Jerusalén. Durante estos domingos (del 21 al 27 del tiempo ordinario) hemos ido reflexionando sobre esas advertencias que Jesús hace a todos aquellos que desearon y desean ser sus discípulos: humildad, pobreza, dificultades que pueden las riquezas, la necesidad de aceptar la cruz y el juicio de Dios. También hemos visto la misericordia de Dios, siempre dispuesto a perdonar.

Habacuc, un profeta del que no conocemos mucho, pero que parece estar preocupado por lo que le toca vivir. Los primeros versos de la lectura de hoy, parece que cuestionan la presencia de Dios en la historia, pues hay violencia, robos, atropello, opresión, altercados y querellas y a Dios no se le vé por ninguna parte. Sin embargo, la segunda parte nos habla de la fe y de la paciencia y que a su debido tiempo las cosas se arreglarán y “el justo vivirá por su fe”, pensamiento y enseñanza que encontramos repetidamente en San Pablo.

Durante estas semanas habrá habido, sin duda alguna, muchos imitadores del profeta Habacuc. Mucha gente (muchos inmigrantes indocumentados) habrá gritado a Dios, le habrá interpelado: ¿Por qué has permitido tantas injusticias? ¿Por qué, tal vez, otros muchos, muchos niños, jóvenes y adultos tendrán que caer víctimas de la violencia, de las redadas?

En éstos y otros momentos semejantes sólo nos queda volvernos a ese mismo Dios y escucharle en su silencio, pues el justo vivirá por su fe, esa fe-paciencia que espera siempre, aunque la desesperación esté a la puerta y quiera dominar nuestro espíritu.

Al entrar en el santo evangelio nos encontramos con un señor, todo un señorazo. Dá la impresión que ni capaz de bostezar es por el esfuerzo que eso requiere. Tal vez debamos fijarnos más en el siervo que con diligencia y humildad cumple con sus tareas y que cuando las termina reconoce que lo que ha hecho es, simplemente, cumplir con su deber. Por eso nuestra relación con Dios debe estar basada en el cumplimiento de nuestras obligaciones, (No es el que dice: ¡Señor!, ¡Señor!, el que entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. Mt. 7,21) sin buscar ni reclamar recompensas o reconocimiento alguno. Y yo creo que si miramos a nuestro alrededor, en nuestras parroquias, encontramos muchos de esos siervos, “siervos inútiles” que trabajan y nunca se cansan de hacer el bien.

Cuando miramos el mundo actual con toda esa violencia multifacética, con toda esa corrupción en los distintos niveles de la sociedad, el maremágnum de ideas confrontacionales y sus acérrimos defensores, nos vienen a la boca las palabras del profeta: ¿Hasta cuándo, Señor? Es tan difícil seguir creyendo cuando vemos todo ese mal.

Hoy, como siempre, necesitamos más y más siervos inútiles, discípulos del Señor, creyentes hasta la médula que trabajen por el Reino de Dios, confiando siempre en Su programa, en Su promesa, en Su calendario, en Su voluntad.

Hoy hay una cierta tendencia a los grandes eventos, a los grandes programas, a las grandes conquistas, a todo lo que sea multitudinario y enorme. Un autor moderno dice que el gran pecado del mundo hoy en día es la SUPERFICIALIDAD. El mismo autor dice que lo que el mundo necesita no son más científicos y técnicos, que ya hay muchos, sino hombres profundos.

Al releer el evangelio veo en ese “siervo inútil” el cristiano/a profundo/a que en su modestia, hace todo lo que debe hacer y reconocer en lo más hondo de su corazón, que no puede reclamar el papel estelar, sino que continúa siempre a la disposición del Señor.

Cuando seguimos nuestros planes, cuando nos dejamos guiar simplemente por el legalismo y nos contentamos con haber cumplido, nos hemos esclavizado. Nuestra apertura al Espíritu, al siempre más y más, incluso cuando nos es desconocido, hace que esa inutilidad sea la actitud más productiva que podamos tener.

Recuerda hermano/a que “Dios no nos dió un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de amor y buen juicio para luchar por el Evangelio siendo sostenidos por la fuerza del Señor” (segunda lectura).

viernes, 4 de octubre de 2013

HUIDA A EGIPTO, por Arlene Cisneros Sena

HUIDA A EGIPTO
Arlene Cisnero Sena
Catedral de Santa Fe, New Mexico, Estados Unidos
Se trata de uno de los seis paneles del altar 
de la capilla del Santísimo Sacramento.

martes, 1 de octubre de 2013

LUNES DE LA 26 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Zacarías 8,1-8
Salmo 101: El Señor reconstruyó Sión, 
y apareció en su gloria
Lucas 9,46-50

Zacarías 8,1-8

En aquellos días, vino la palabra del Señor de los ejércitos: "Así dice el Señor de los ejércitos: Siento gran celo por Sión, gran cólera en favor de ella. Así dice el Señor: Volveré a Sión y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén se llamará Ciudad Fiel, y el monte del Señor de los ejércitos, Monte Santo. Así dice el Señor de los ejércitos: De nuevo se sentarán en las calles de Jerusalén ancianos y ancianas, hombres que, de viejos, se apoyan en bastones. Las calles de Jerusalén se llenarán de muchachos y muchachas que jugarán en la calle. Así dice el Señor de los ejércitos: Si el resto del pueblo lo encuentra imposible aquel día, ¿será también imposible a mis ojos? -oráculo del Señor de los ejércitos-. Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país de occidente, y los traeré para que habiten en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios con verdad y con justicia."

Salmo 101: El Señor reconstruyó Sión, 
y apareció en su gloria

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones.
R. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.
R. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor.
R. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Lucas 9,46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: "El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante." Juan tomó la palabra y dijo: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir." Jesús le respondió: "No se lo impidáis; el que no está contra vosotros, está a favor vuestro."