lunes, 30 de septiembre de 2019

Domingo de la Palabra de Dios

A partir de ahora, la misa del tercer domingo del Tiempo Ordinario (que cae entre finales de enero y mediados de febrero) contará con signos litúrgicos especiales para reforzar la importancia de la Palabra de Dios. Por ejemplo, se entronizará un ejemplar de las Escrituras o se instituirán clérigos o laicos con el oficio de lectores. Ese domingo será, cada año, el "Domingo de la Palabra de Dios".

Así lo decreta para la Iglesia universal el papa Francisco con una carta apostólica en forma de Motu Proprio titulada “Aperuit Illis”, anunciada este 30 de septiembre de 2019, cuando se cumplen 1.600 años de la muerte del gran traductor de la Biblia al latín, San Jerónimo.

El objetivo de esta festividad, asegura el texto, es "que podamos anunciar por todo el mundo esa riqueza inagotable” que es "el tesoro de su Palabra".

Precedentes del Vaticano II y Benedicto XVI

El papa Francisco recuerda que, “el Concilio Vaticano II dio un gran impulso al redescubrimiento de la Palabra de Dios con la Constitución dogmática Dei Verbum”.

Además, en 2008 Benedicto XVI convocó un Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia”, publicando a continuación la Exhortación Apostólica Verbum Domini. “En este documento – precisa el Papa – se profundiza en el carácter performativo de la Palabra de Dios, especialmente cuando su carácter sacramental emerge en la acción litúrgica”.

Gestos para que sea un domingo solemne con la Palabra

El Pontífice anima a vivir este Domingo de la Palabra como un día solemne. “Será importante que en la celebración eucarística se entronice el texto sagrado, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios. En este domingo, de manera especial, será útil destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace a la Palabra del Señor”.

Los obispos pueden celebrar el rito del Lectorado (instituir personas ante el pueblo que sean lectores) o confiar un ministerio similar para recordar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia.

Es fundamental, subraya el Papa, que algunos fieles se preparen con una formación adecuada a ser anunciadores de la Palabra, como sucede de manera ya habitual para los acólitos o los ministros extraordinarios de la Comunión y poder resaltar la importancia de seguir en la vida diaria la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con una particular consideración a la lectio divina.

La Biblia no es "para unos pocos privilegiados"


El papa Francisco recuerda que la Biblia “no puede ser sólo patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados”. Pertenece, en primer lugar, al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra.

A menudo, denuncia el Pontífice, "se dan tendencias que intentan monopolizar el texto sagrado relegándolo a ciertos círculos o grupos escogidos. No puede ser así. La Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo".

Que los pastores expliquen la Biblia al pueblo

Para mejorar esa unidad, el Papa recuerda a los pastores que tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura. Puesto que es el libro del pueblo, los que tienen la vocación de ser ministros de la Palabra deben sentir con fuerza la necesidad de hacerla accesible a su comunidad.

La homilía, en particular, tiene una función muy peculiar, porque posee «un carácter cuasi sacramental», afirma. Ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha, le permite al sacerdote mostrar también la «belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien».

Recuerda también las palabras de San Pablo a los Romanos: “La fe proviene de la escucha y la escucha está centrada en la palabra de Cristo”. Por eso, los fieles necesitan escuchar la Palabra en la oración litúrgica y en la oración personal.

El día dedicado a la Biblia debe ayudar, dice el Papa, a tener "familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura; si no, el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera".

"Está en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas"

El Papa concluye invitando a que, el domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura, como el autor del Deuteronomio lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra «está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas». Y recuerda el Pontífice que en el camino de escucha de la Palabra de Dios, "nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho".

El análisis del arzobispo Rino Fisichella

El arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, ha comentado en una entrevista con VaticanNews el sentido de este texto.

- ¿Cómo surgió esta Carta?

- Nace porque el Papa recibió muchas peticiones de pastores y laicos después del Jubileo de la Misericordia. En aquella época, en su Carta Apostólica “Misericordia et Misera”, al final del Año Santo extraordinario, mencionaba que en las iglesias, según su propia creatividad se diera vida a un domingo en el que la Palabra de Dios se situaba en el centro de la vida de la comunidad cristiana. Un signo unitario para hacer emerger aún más la fuerza de la Palabra de Dios para la comunidad, pero también la responsabilidad que la comunidad siente a través de una acción auténticamente evangelizadora.

- ¿Cada domingo no debería ser el domingo de la Palabra de Dios?

- Cada domingo que celebramos es el domingo en el que se celebra el sacrificio de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, por lo que la acción litúrgica con la celebración de la Eucaristía se convierte en el culmen de la vida cristiana. Esto no significa que, a partir del año 1200, también celebremos la fiesta del Corpus Christi. En el domingo de la Palabra de Dios, en toda la Iglesia, en todas las comunidades cristianas, la Palabra puede ser proclamada con mayor solemnidad, una reflexión especial acompañada de signos más visibles sobre la importancia que esta Palabra tiene para la Iglesia. El Papa eligió celebrar este domingo el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, cuando todas las lecturas proclamadas en el Evangelio presentan la figura de Jesús como heraldo del Reino de Dios.

- ¿Cuál es la relación entre la vida diaria de los cristianos y la Palabra de Dios? Porque a veces sucede que la Palabra es sólo un libro escrito....

- Desafortunadamente, tenemos que tocar un punto de tristeza. La gran mayoría de nuestros cristianos no conocen la Sagrada Escritura. La Biblia es el libro más difundido, pero también es quizás el más polvoriento porque no está en nuestras manos. Con esta Carta el Papa nos invita a tenerla en nuestras manos todos los días, en la medida de lo posible, para hacerla nuestra oración.

» Pensamos que es importante redescubrir la oración hecha con los Salmos porque cada salmo llama a una condición del pueblo cristiano y de la vida de cada hombre y de cada mujer. Luego la Lectio divina y, por tanto, la capacidad de ver cómo se vive esta Palabra en el curso de nuestra historia y cómo ha sido iluminada, cómo su interpretación conduce a una riqueza de sentidos, de significados. Pero sobre todo es la Palabra de Dios que se expresa en nuestro testimonio.

» El Papa recuerda enormemente la dimensión de la caridad porque cuando escuchamos la Palabra de Dios nos volvemos más atentos, vigilantes y sensibles a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, especialmente de los más marginados, y no es casualidad que Francisco recuerde la parábola del rico y del pobre Lázaro. La capacidad de escuchar la Palabra nos hace más sensibles a las situaciones más difíciles y extremas de la vida, las que ahora se denominan "periferias existenciales" de las que somos testigos diariamente.

- Estas últimas son indicaciones concretas que el Papa sugiere a los bautizados, pero en la Carta también hay indicaciones para sacerdotes y obispos.

- El Papa recuerda a los sacerdotes el valor de la homilía. Nos dice que es una ocasión pastoral que no hay que perderse en absoluto. Los sacerdotes, en primer lugar, estamos llamados al contacto cotidiano con la Palabra que debemos explicar a nuestro pueblo que tiene derecho a una explicación inteligente y coherente, que toca la vida y las necesidades presentes en cada uno. Pero también recuerda a los obispos para que en este domingo puedan celebrar, por ejemplo, la institución del ministerio del Lector.

» El Papa va más allá, sin embargo, y dice que con vistas a este domingo, a partir de los próximos años, es bueno que se subraye más el papel de un servicio extraordinario, de un ministerio y de un mandato particular con el que las personas se preparan primero para un contacto más inmediato de estudio, de reflexión con la Palabra de Dios, como es el caso del servicio extraordinario de la Comunión. Creo que esto es también una provocación pastoral.

» Sabemos cómo sucede en nuestras iglesias: la primera persona que encontramos disponible va a leer. Este, sin embargo, no es el valor que debe darse a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios debe encontrar mujeres, hombres capaces de proclamar auténticamente y en el anuncio capaces también de comprender el texto sagrado.

Fuente: religionenlibertad.com

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martes, 24 de septiembre de 2019

24 de Septiembre: La Virgen de la Merced, por Celestino Hueso SF


Hoy celebramos nuevamente a la Virgen con un vestido que me encanta: El de la Merced.

Hacer una merced a alguien es darle un regalo. Y en los años difíciles de las incursiones de los moros en España que hacían cautivos por montones para que se pudrieran en las cárceles del norte de África o para venderlos como esclavos, La Virgen, nuestra madre quiso hacer la merced más grande: sacarlos de esa situación a través de un grupo de hombres entregados al amor que viene de la fe verdadera.

Por eso Nuestra Madre de la Merced lleva el vestido blanco de la vida, la libertad y la justicia que regala a manos llenas a quienes se quieran proteger bajo su manto.

Reina de Barcelona cúbrenos con tu manto y enséñanos a ser mercedarios como tú, capaces de ir derramando mercedes a manos llenas por todos los lugares donde nos encontremos.

Felicidades a Barcelona, a Bahía Blanca y a todas las Mercedes.

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lunes, 23 de septiembre de 2019

Los estigmas del Padre Pío

 

Muchos se preguntarán aún quién era San Pío de Pietrelcina (1887-1968), tal vez el santo más venerado hoy en Italia y, desde luego, el único sacerdote estigmatizado en toda la historia de la Iglesia.

A propósito de sus estigmas en manos, pies y costado durante cincuenta años consecutivos, sangrantes a diario, a los que el Padre Pío aludía enigmático como «el secreto del Rey», tuve el privilegio de consultar en su día los informe médicos conservados en el proceso de canonización para componer mi libro «Padre Pío».

Las primeras señales del prodigio aparecieron a finales de 1910, a la edad de 23 años. Lo sabemos por una carta a su entonces director espiritual, padre Benedetto, datada el 8 de septiembre del año siguiente. Pero los estigmas no se hicieron visibles hasta ocho años después, desde la tarde del 5 de agosto de 1918. Sólo la obediencia debida a su director le hizo revelar finalmente el fenómeno que tanto le avergonzaba, por considerarse indigno de llevar las mismas heridas que Jesucristo. En cuanto trascendió «el secreto del Rey» sus enemigos se apresuraron a calumniarle, aduciendo que los falsos estigmas eran producto de la histeria del fraile, cuando no fruto de la sugestión e incluso de la autolesión, unidas al fanatismo, el desequilibrio mental o la mala fe.

Muy pronto, el convento de San Giovanni Rotondo, donde vivió el Padre Pío los últimos 52 años de su vida, se convirtió en el principal observatorio médico del planeta.

— Examen médico

Luigi Romanelli fue el primer médico que visitó el convento para examinar al fraile en mayo y julio de 1919. En octubre, estuvo allí el doctor Giorgio Festa, que repitió la visita en julio de 1920, acompañado de Romanelli. Precisamente este último, director del hospital civil de Barletta, describía con gran precisión visual los estigmas en las manos del Padre Pío: «En las regiones palmares de ambas manos, y propiamente al nivel del tercer metacarpo, se aprecia a simple vista una pigmentación de la piel de color rojo vinoso en una superficie del tamaño de una moneda de bronce de cinco centavos en la mano derecha y de dos centavos en la mano izquierda. Los contornos aparecen con leves franjas, de forma casi circular. Observándolos con cuidado, se aprecia en esa zona de la piel un epitelio, o más bien una membrana reluciente, algo levantada en el centro... Aplicando el pulgar en la palma de la mano y el índice en el dorso, y haciendo presión, que resulta muy dolorosa, se tiene la percepción exacta del vacio existente entre ambos dedos».

Respecto a las heridas en los pies, Romanelli anotaba en su informe: «Sobre el dorso de ambos pies se advierte una zona circular, del tamaño de una moneda de cinco centavos, recubierta también de una membrana de color rojo vivo... Tras palparla, se comprueba que la membrana es también elástica y permite apreciar el vacío subyacente. En las regiones plantares se perciben idénticas zonas y características. Comprimiéndolas al mismo tiempo, ya sea la región dorsal o plantar, se aprecia el vacío existente, así como el pie perforado».

Tras detallar también la llaga del costado, Luigi Romanelli concluía, rotundo, su informe: «Se excluye que la etiología de las lesiones del Padre Pío sea de origen natural sino que el agente productor debiera buscarse, sin temor a equivocarnos, en lo sobrenatural, ya que el hecho constituye por sí mismo un fenómeno inexplicable sólo desde la ciencia humana».

A idéntica conclusión llegó el doctor Giorgio Festa; lo mismo que su homólogo Andrea Cardona, quien en 1968, tras reconocer al Padre Pío, manifestó: «En ambas manos he hallado orificios del diámetro aproximado de uno y medio centímetros, respectivamente, que atravesaban las palmas de un lado a otro, filtrándose por ellos la luz; con la presión, las yemas de mis dedos índice y pulgar se tocaban».

Resultaba imposible explicar así fenómenos sobrenaturales a la exclusiva luz de la ciencia; igual que sucedía con otros carismas con los que Jesús adornó al Padre Pío: bilocación, introspección de conciencias o profecía. En el proceso de canonización se amontonan centenares de testimonios documentados que dan fe hoy de todos y cada uno de ellos.

— La burda treta de Gemelli

Para enturbiar la verdad, el padre Agostino Gemelli arrojó sus propias cartas marcadas al cesto del oprobio. Curiosamente, pertenecía a la Orden de Hermanos Menores Franciscanos y unía a su condición de médico, las de rector de la Universidad Católica de Milán, consejero del Santo Oficio y amigo personal de Pío XI.

Gemelli, precisamente, escribió un tratado para demostrar que todos los estigmatizados, a excepción de San Francisco de Asís y de Santa Catalina de Siena eran poco más o menos que unos farsantes. Y, naturalmente, el Padre Pío figuraba, a su juicio, entre ellos.

Gemelli osó entonces entregar al Pontífice un informe denigratorio sobre el Padre Pío... ¡sin haber examinado sus estigmas! Al contrario que Romanelli y Festa, quienes, tras estudiarlos minuciosamente, desenmascararon finalmente a Gemelli. La autosugestión era un camelo: no por creer que fuera un buey, al Padre Pío iban a salirle cuernos en la cabeza.

Autor: 
José María Zavala, historiador
larazon.es

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20 consejos del Padre Pío para los que están sufriendo y su esperanza flaquea y se apaga poco a poco


Cada cierto tiempo Dios envía a nuestro mundo algunos hombres extraordinarios que hacen de puente entre la tierra y el cielo, y ayudan a que miles de hombres puedan gozar del Paraíso eterno. El siglo XX nos dejó uno especialmente singular: el Padre Pío de Pietrelcina, un religioso capuchino nacido en ese pequeño pueblo del sur de Italia y muerto en 1968 en San Giovanni Rotondo. San Juan Pablo II lo elevó a los altares en 2002 en una canonización que batió todos los récords de asistencia. Hoy se puede decir que es el santo más venerado en Italia.

El Padre Pío recibió unos dones especiales por parte de Dios como el discernimiento de las almas y su capacidad para leer las conciencias; curaciones milagrosas; la bilocación; el don de lágrimas; el perfume a rosas que desprendía y, sobre todo, los estigmas en pies, manos y costado que padeció durante 50 años.

A lo largo de su vida escribió miles de cartas a sus dirigidos espirituales que son una fuente de sabiduría cristiana práctica y de gran actualidad.

Pensamientos para afrontar el sufrimiento:

Esta pequeña selección de pensamientos del Padre Pío ante el sufrimiento, extraídos, precisamente, provienen de esas cartas. No tienen desperdicio. Dan esperanza y elevan el alma:

1.-  "Si puedes hablar al Señor en la oración, háblale, ofrécele tu alabanza; si por mucho cansancio no puedes hablar, no te disgustes en los caminos del Señor. Detenté en la habitación como los servidores en la corte y hazle reverencia. El te verá, le gustará tu presencia, favorecerá tu silencio y en otro momento encontrarás consuelo cuando él te tome de la mano”.

2.- "Cuanta más amargura tengas, más amor recibirás”.

3.- "Jesús quiere llenar todo tu Corazón”.

4.- "Dios quiere que vuestra incapacidad sea la sede de su omnipotencia”.

5. - "La fe es la antorcha que guía los pasos de los espíritus desolados".

6.- "En el tumulto de las pasiones y de las vicisitudes adversas nos sostenga la grata esperanza de la inagotable misericordia de Dios”.

7.- "Ponga toda la confianza sólo en Dios”.

8.- "El mejor consuelo es el que viene de la oración”.

9.- "No temas por nada. Al contrario, considérate muy afortunado por haber sido hecho digno y participe de los dolores del Hombre-Dios”.

10.- "Dios os deja en esas tinieblas para su gloria; aquí está la gran oportunidad de vuestro progreso espiritual”.

11.- "Las tinieblas que a veces oscurecen el cielo de vuestras almas son luz: por ellas, cuando llegan, os creéis en la oscuridad y tenéis la impresión de encontraros en medio de un zarzal ardiendo. En efecto, cuando las zarzas arden, todo alrededor es una nubarrada y el espíritu desorientado teme no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al alma, que vislumbra, entiende, ama y tiembla”.

12.- "Jesús mío, es el amor que me sostiene”.

13.- "La felicidad sólo se encuentra en el cielo”.

14.- "Cuando os veáis despreciados, haced como el Martín Pescador que construye su nido en los mástiles de las naves es decir, levantaos de la tierra, elevaos con el pensamiento y con el corazón hacia Dios, que es el único que os puede consolar y daros fuerza para sobrellevar santamente la prueba”.

15.- "Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del demonio tanto más cerca del alma está Dios".

16.- "Bendice el Señor por el sufrimiento y acepta beber el cáliz de Getsemani”.

17.- "Sé capaz de soportar las amarguras durante toda tu vida para poder participar de los sufrimientos de Cristo”.

18.- "El sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que conducen a la salvación, ha establecido para concedernos la gloria”.

19.- "Recuerda que no se vence en la batalla si no es por la oración; a ti te corresponde la elección”.

20.- "La oración es la mejor arma que tenemos; es una llave que abre el corazón de Dios”.

Fuente: religionenlibertad.com

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miércoles, 11 de septiembre de 2019

12 de septiembre: Significado del nombre de María

Estampa con el monograma mariano
y los lirios símbolo de la virginidad


Según san Jerónimo significa: "La Iluminadora". (S. Jeronimo M 1.23.780)
En el idioma arameo significa: "Señora" o "Princesa".
En el idioma hebreo significa: "Bella, Hermosa".

El idioma egipcio fue el primero que utilizó este nombre (Exodo 15,20). Mar o Myr, en Egipcio significaba "la más preferida de las hijas". "Ya" o "Yam", significaba: El Dios verdadero -Yahvé-. Así que MAR-YA o MYR-YAM en egipcio significaria: "La Hija preferida de Dios".

Según los Padres de la Iglesia:

El nombre hebreo de María se traduce por “Domina” en latín; el ángel le da, por tanto, el título de “Señora” (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón sobre la Anunciación de la B. Virgen María, 142).

"Y el nombre de la Virgen era María". Digamos también acerca de este nombre, que significa «estrella del mar» y se adapta a la Virgen Madre con la mayor proporción (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Madre, 2).

Estas palabras, "el Señor es contigo", son las más excelsas que se le podían haber dicho. Con razón, pues, el Angel reverencía a la Virgen, por ser Madre del Señor, y Señora por tanto. Y le es muy propio el nombre de María, que en siríaco quiere decir «Señora» (SANTO TOMÁS, Sobre el Avemaría, 1. c., p. 183).

Porque sólo Ella conjuró la maldición, trajo la bendición y abrió la puerta del paraíso. Por este motivo le va el nombre de «María», que significa «estrella del mar»; como la estrella del mar orienta a puerto a los navegantes, María dirige a los cristianos a la gloria (SANTO TOMÁS, Sobre el Avemaría, 1. c., p. 185).

Con razón se la llama «María», que quiere decir «iluminada»: El Señor llenará tu alma de resplandores (Is 58, 11), y significa además «iluminadora de otros», por referencia al mundo entero; y se la compara a la luna y al sol (SANTO TOMAS, Sobre el Avemaría, 1. c., 182).

La palabra María significa en hebreo "estrella del mar", y en siríaco "Señora". Y con razón, porque mereció llevar en sus entrañas al Señor del mundo y a la luz perenne de los siglos (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. V, p. 36).

FUENTE:
Mes de María, P. Eliecer Salesman,
Mes de María, Paulinas.

lunes, 19 de agosto de 2019

19 de agosto: SAN JUAN EUDES, por CH


El matrimonio Eudes Corbin estaba preocupadísimo. Llevaban dos años casados y no tenían hijos, así que, sin pensarlo dos veces, se fueron a un santuario de la Virgen a pedirle ese favor tan grande y al cabo de nueve meses llegó Juan, detrás de él llegaron otros cinco.

Nuestro santo de hoy es el mayor, Juan Eudes que ya desde niño se mostró como un enamorado de Dios. A los 14 entró a estudiar con los Jesuitas y, poco después ingresó en la Congregación del oratorio, muy a pesar de sus padres que querían que se casara y fuera granjero como ellos.

Un par de años más tarde la peste visitó Normandía y allá fue nuestro joven para atender a las víctimas de tan terrible plaga.

¿Os acordáis de las misiones populares, aquellas en las que cantábamos “El demonio a la oreja te está diciendo: No vayas al rosario sigue durmiendo. Viva María, viva el rosario, viva Santo Domingo que lo ha fundado? Bueno pues comenzaron en esta época y Juan fue predicador de las misiones durante toda su vida. Y de los buenos.

El día de la Anunciación de 1643 fundó la Congregación de Jesús y María, dedicada a la formación de los sacerdotes, pero no le fue sencillo porque la Congregación tuvo muchos enemigos en los primeros tiempos.

Se nos fue al cielo el 19 de Agosto de 1680.

jueves, 15 de agosto de 2019

¿Creían los padres de la Iglesia en la Asunción de la Virgen?

Estamos en la  fiesta de la Asunción en cuerpo  y alma a los cielos de la Santísima Virgen María. Este dogma católico, del cuál ya hemos hablado en otras ocasiones y hemos proporcionado las evidencias bíblicas al respecto, también tiene apoyo en la Tradición de la Iglesia.

Veamos entonces algunos textos que nos hablan sobre la asunción:

¿Cuales son los textos más antiguos?                     

El primer testimonio de la fe en la Asunción de la Virgen aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», cuyo núcleo originario se remonta a los siglos II-III. Se trata de representaciones populares, a veces noveladas, pero que en este caso reflejan una intuición de fe del pueblo de Dios. Después de este testimonio podemos citar otros en orden claro está a su antigüedad:

A finales del siglo III y principios del siglo IV tenemos un carta que escribió Dionisio el Egipcio, al Obispo de Creta, llamado Tito, su fecha de composición puede ser el año 363 d. C. Es un documento histórico importantísimo para conocer que pensaba la Iglesia de Jerusalén y de Creta sobre la Asunción de la Santa Madre de Dios:

“Debes saber, ¡oh noble Tito!, según tus sentimientos fraternales, que al tiempo en que María debía pasar de este mundo al otro, es a saber a la Jerusalén Celestial, para no volver jamás, conforme a los deseos y vivas aspiraciones del hombre interior, y entrar en las tiendas de la Jerusalén superior, entonces, según el aviso recibido de las alturas de la gran luz, en conformidad con la santa voluntad del orden divino, las turbas de los santos Apóstoles se juntaron en un abrir y cerrar de ojos, de todos los puntos en que tenían la misión de predicar el Evangelio. Súbitamente se encontraron reunidos alrededor del cuerpo todo glorioso y virginal. Allí figuraron como doce rayos luminosos del Colegio Apostólico. Y mientras los fieles permanecían alrededor, Ella se despidió de todos, la augusta (Virgen) que, arrastrada por el ardor de sus deseos, elevó a la vez que sus plegarias, sus manos todas santas y puras hacia Dios, dirigiendo sus miradas, acompañadas de vehementes suspiros y aspiraciones a la luz, hacia Aquél que nació de su seno, Nuestro Señor, su Hijo. Ella entregó su alma toda santa, semejante a las esencias de buen olor y la encomendó en las manos del Señor. Así es como, adornada de gracias, fue elevada a la región de los Ángeles, y enviada a la vida inmutable del mundo sobrenatural.

“Al punto, en medio de gemidos mezclados de llantos y lágrimas, en medio de la alegría inefable y llena de esperanza que se apoderó de los Apóstoles y de todos los fieles presentes, se dispuso piadosamente, tal y como convenía hacerlo con la difunta, el cuerpo que en vida fue elevado sobre toda ley de la naturaleza, el cuerpo que recibió a Dios, el cuerpo espiritualizado, y se le adornó con flores en medio de cantos instructivos y de discursos brillantes y piadosos, como las circunstancias lo exigían. Los Apóstoles inflamados enteramente en amor de Dios, y en cierto modo, arrebatados en éxtasis, lo cargaron cuidadosamente sobre sus brazos, como a la Madre de la Luz, según la orden de las alturas del Salvador de todos. Lo depositaron en el lugar destinado para la sepultura, en el lugar llamado Getsemaní.

“Durante tres días seguidos, ellos oyeron sobre aquel lugar los aires armoniosos de la salmodia, ejecutada por voces angélicas, que extasiaban a los que las escuchaban; después nada más.

“Eso supuesto para confirmación de lo que había sucedido, ocurrió que faltaba uno de los santos Apóstoles al tiempo de su reunión. Este llegó más tarde y obligó a los Apóstoles que le enseñasen de una manera palpable y al descubierto el precioso tesoro, es decir, el mismo cuerpo que encerró al Señor. Ellos se vieron, por consiguiente, obligados a satisfacer el ardiente deseo de su hermano. Pero cuando abrieron el sepulcro que había contenido el cuerpo sagrado, lo encontraron vacío y sin los restos mortales. Aunque tristes y desconsolados, pudieron comprender que, después de terminados los cantos celestiales, había sido arrebatado el santo cuerpo por las potestades etéreas, después de estar preparado sobrenaturalmente para la mansión celestial de la luz y de la gloria oculto a este mundo visible y carnal, en Jesucristo Nuestro Señor, a quien sea gloria y honor por los siglos de los siglos. Amén”.

¿Qué enseñaron los padres de la Iglesia sobre la asunción?

SAN EFREN EL SIRIO:

Se tratan de testimonios indirectos, en sentido asuncionista, pero no explicitos:

“ Entre todos los descendientes de David, escogistes una humilde doncella, hija de la Tierra, y la introdujiste en cielo, tú que del cielo vienes” ( Ed. Assem syr 2,415)

“El haberle engendrado me hermoseó, sobre cuantos sobresalieron en la santidad. Entro ahora en las verdes arboledas del paraíso, y alabo a Dios allí donde Eva cayo miserablemente “ (Ed assem sir 3,600).

TIMOTEO DE JERUSALEN:

Quizás aquí tengamos el primer testimonio explícito de la asunción de la Virgen:

Y tu misma alma traspasada con una espada de aquí algunos opinaron que la Madre del Señor, muerta a espada acabó con fin martirial por decir Simeón: tú misma alma traspasara una espada , mas no es así, porque la espada de bronce traspasa el cuerpo, no separa el alma, por donde también la Virgen es hasta el presente inmortal habiéndola el Señor que moro en ella trasladado a los parajes celestiales (MG 86,245)

HESIQUIO DE JERUSALEN:

“Levántate Señor a tu reposo, tú y el arca de tu santidad, la Virgen, Madre de Dios evidentemente. Pues si tú eres perla, lógicamente ella es arca o concha, si tú eres sol, cielo necesariamente será llamada la virgen, pues si tú eres flor inmarchitable, luego la Virgen será árbol de incorrupción, huerto de inmortalidad “ (MG 93,1464-1465)

SAN GREGORIO DE TOURS:

"Los apóstoles se repartieron por diferentes países  para predicar la palabra de Dios. Más tarde, la bienaventurada  María llegó al fin de su vida y fue llamada a salir  de este mundo. Entonces, todos los apóstoles vinieron a  reunirse en la casa de María y, al saber que debía salir de  este mundo, permanecieron todos juntos velando. De repente,  el Señor apareció con sus ángeles, cogió su alma, se  la entregó a Miguel, el arcángel, y desapareció. Al amanecer,  los apóstoles tomaron el cuerpo, lo pusieron sobre una  camilla y lo colocaron en una tumba, velándolo mientras  esperaban la venida del Señor. Y, de nuevo, se presentó el  Señor, de repente, y mandó que el santo cuerpo fuera levantado y llevado al paraíso sobre una nube. Allí, reunido con su alma, se llena de gozo con los elegidos de Dios y disfruta de las bendiciones de la eternidad, que nunca terminarán." (Gregorio de Tours, ocho libros de los Milagros, 1:4 (entre 575-593 dC), en JUR, III: 306 )

SAN MODESTO DE JERUSALEM:

 "Como la Madre más gloriosa de Cristo, nuestro Salvador y Dios y el dador de la vida y la inmortalidad, se ha dotado a la vida por él, que ha recibido una incorruptibilidad eterna del cuerpo, junto con él que ha levantaron de la tumba y la ha llevado hasta a sí mismo de un modo conocido sólo por él ".

(Modesto de Jerusalem, Encomium in dormitionnem Sanctissimae Dominae nostrae Deiparae semperque Virginis Mariae PG 86-II,3306)

THEOTEKNOS DE LIVIAS:

" Era conveniente que su cuerpo santísimo, que había llevado y contenido dentro de sí a Dios, cuerpo divinizado, incorruptible, iluminado por la luz divina y lleno de gloria, fuese transportado por los apóstoles en compañía de los ángeles, y puesto por poco tiempo en la tierra, fuese alzado gloriosamente al cielo, junto con su alma agradable a Dios".

Theoteknos de Livias, Homilía en la Asunción (ante AD 650),

SAN GERMAN DE CONSTANTINOPLA:

“Tú eres bella y tu cuerpo virginal es totalmente santo, casto, morada de Dios. Por este motivo está exento de la disolución en el polvo. Como cuerpo humano fue transformado hasta la vida excelsa de la incorruptibilidad. Está vivo; es superglorioso, lleno de vida e inmortal”  (German de Constantinopla, Moma. In dormí. I: PG 98; 345.)

San Germán utilizaba un argumento teológico muy poderoso, basado en el principio de conveniencia. Bajo este principio habría sido imposible que la morada de Dios, el templo vivo de la santísima divinidad del Unigénito fuera presa de la muerte en la tumba.

Autores: Yasmín Oré y Jesús Urones



sábado, 29 de junio de 2019

"La santidad no está en enaltecerse, sino en abajarse", dice el papa Francisco (29 de junio: San Pedro y San Pablo)


En la solemnidad de la fiesta de San Pedro y san Pablo, el papa Francisco ha celebrado una solemne Eucaristía en la basílica vaticana. De estos dos grandes santos de la cristiandad, Francisco recalcó que “no se cansaron nunca de anunciar, de vivir en mision, en camino, desde la tierra de Jesús hasta Roma. Aquí dieron testimonio de Él, hasta el final, entregando su vida como mártires. Si vamos a las raíces de su testimonio, los descubrimos como testigos de vida, testigos de perdón y testigos de Jesuús”.

Francisco recalcó que fueron “testigos de vida” y que fueron elegidos “aún cuando sus vidas no fueron cristalinas y lineales”. “Hay una gran enseñanza en todo esto: el punto de partida de la vida cristiana no está en el ser dignos; con aquellos que se creían buenos, el Señor no pudo hacer mucho. Cuando nos consideramos mejores que los demás, es el principio del fin. Porque el Señor no hace milagros con quien se cree justo, sino con quien se reconoce necesitado”, explicó en su homilía.

"La santidad no consiste en enaltecerse"

Tanto Pedro como Pablo –agregó el Papa- “comprendieron que la santidad no consiste en enaltecerse, sino en abajarse, no se trata de un ascenso en la clasificación, sino de confiar cada día la propia pobreza al Señor, que hace grandes cosas con los humildes. ¿Cuál fue el secreto que los sostuvo en sus debilidades? El perdón del Señor”.

Para el Papa, “fue precisamente en sus caídas donde  descubrieron el poder de la misericordia del Señor, que los regeneró. En su perdón encontraron una paz y una alegría irreprimibles. Con todo el desastre que habían realizado, habrían podido vivir con sentimientos de culpa: ¡Cuántas veces habrá pensado Pedro en su negación! ¡Cuántos escrúpulos tendría Pablo, por el daño que había hecho a tantas personas inocentes! Humanamente habían fallado; pero sin embargo se encontraron con un amor más grande que sus fracasos, con un perdón tan fuerte como para curar sus sentimientos de culpa”.

"Jesús no es el pasado"

De este modo, el Papa explicó que para los testigos como Pedro y Pablo “Jesús no es el pasado, sino el presente y el futuro. No es un personaje lejano para recordar, sino Aquél a quien Pedro tutea: 'Tú eres el Cristo'. Para el testigo, Jesús es más que un personaje histórico, es la persona de la vida: es lo nuevo, no lo ya visto; es la novedad del futuro, no un recuerdo del pasado. Por consiguiente, un testigo no es quien conoce la historia de Jesús, sino el que vive una historia de amor con Jesús. Porque el testigo, después de todo, lo único que anuncia es que Jesús está vivo y es el secreto de la vida”.

“Ante estos testigos, preguntémonos: ‘¿Renuevo mi encuentro con Jesús todos los días?’. Es posible que seamos personas que tienen curiosidad por Jesés, que nos interesemos por las cosas de la Iglesia o por las noticias religiosas; que abramos péginas de internet y periódicos, y hablemos de cuestiones sagradas. Pero de esta forma, nos quedamos sólo al nivel de lo que la gente dice, de las encuestas, del pasado. A Jesús esto le interesa poco. Él no quiere “reporteros” del espíritu, mucho menos cristianos de fachada. Él busca testigos, que le digan cada día: ‘Señor, tú eres mi vida’”.

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sábado, 22 de junio de 2019

22 de junio (1901): Aprobación Pontificia de los Hijos de la Sagrada Familia





1. Con motivo de la Aprobación Pontificia de los Hijos de la Sagrada Familia, la Revista de La Sagrada Familia dedicó en agosto de 1901 un número especial, caracterizado por un espíritu profundo de gratitud a Dios por el carisma inspirado por el Espíritu Divino, a su Iglesia por acoger el nuevo don fundacional en su regazo maternal y al Santo Padre León XIII, por que su autoridad apostólica reconoce que la lectura que nuestro Fundador y Padre San José Manyanet realizó del Evangelio en Clave Nazareno-familiar, constituye un camino seguro hacia el Cielo.

Hoy, al celebrar el 117 aniversario de nuestra Aprobación Pontificia, pidamos a Dios por nuestra constante conversión, nuestra fidelidad y perseverancia. Una efeméride para renovar nuestro "Sentire cum Ecclesia".

2. Hoy, 22 de junio, se cumplen 117 años de la aprobación pontificia de nuestro Instituto por el papa León XIII con el decreto "Attenta salutarium".

Fue la segunda de las tres alegrías que San José Manyanet tuvo el último año de su vida. Alegría que fue compartida no sólo por sus hijos e hijas sino también por los amigos y benefactores del Instituto.

Sobresale entre ellos el Siervo de Dios Antonio Gaudí, quien, para la ocasión, le regaló este cuadro de la Huida a Egipto, de autor desconocido, que a su vez él había recibido de Mons. Juan Bta. Grau y Vallespinós, obispo de Astorga. Gaudí felicitó al Padre Fundador con estas significativas palabras:

"La alegría y gozo de este trabajador de la Sagrada Familia por el reconocimiento de estos trabajadores por la gloria de la Sagrada Familia, que en verdad son hijos suyos por la consagración y la devoción que le tienen en toda hora y momento. Gratitud y Providencia de las Tres Sagradas Personas de Nazaret. ¡Gloria, Gloria, Gloria!. Siempre afmo. vuestro, Antonio Gaudí" (24 junio 1901).

22 de junio: Santo Tomás Moro

lunes, 3 de junio de 2019

3 Junio: Mártires de Uganda, por Celestino Hueso, S.F.


Cuando el rey Mwanga subió al trono de Uganda la situación de los cristianos mejoró y parecía que comenzaba una época de paz para la Iglesia en ese país pero no tardaron en torcerse las cosas cuando el monarca se hizo homosexual y ahí ardió Troya porque comenzó una persecución contra los cristianos de su propio palacio que no quisieron seguirle el juego.

El primero en caer fue José Mkasa, su mayordomo que, incluso le había salvado la vida, pero le afeó la conducta por haber matado a un misionero protestante.

Para sustituirlo colocó en su lugar a Carlos Lwanga, que hizo todo lo que pudo por mantener a los pajes alejados del rey, pero no le sirvió de mucho porque el rey llamó a un muchacho que se negó a sus propuestas y Mwanga se descontroló totalmente hasta el punto de dar muerte él mismo al catequista Daniel.

Después de esto reunió a toda su corte y pidió a los cristianos separarse del resto diciendo “quienes no rezan colóquense a mi lado, quienes rezan vayan allá”, después les preguntó si querían seguir siendo cristianos y los condenó a muerte.

Murieron 13 católicos, entre ellos el hijo del verdugo que rechazó todas las oportunidades que le dieron para renegar de su fe, y 11 anglicanos; a la cabeza de todos, dándoles ánimos hasta el final estaba San Carlos Lwanga que dejó de ser ministro para convertirse en santo.

No quiero olvidar tampoco hoy a San Cecilio, importante porque convirtió a la fe católica nada menos que a San Cipriano, una de las columnas de la Iglesia de los primeros tiempos; ni a Santa Clotilde, reina, que consiguió la conversión del rey franco Clodoveo.

jueves, 11 de abril de 2019

¿Qué es el “Kerigma”?

La palabra “Kerigma” tiene sus raíces vinculadas a los emisarios o mensajeros reales. El “kerix” es el grupo de hombres que cruzaban los reinos para proclamar noticias relacionadas con el rey y la corte.

En la tradición cristiana, la palabra kerygma se convirtió en sinónimo del primer anuncio de las verdades de la fe. Los discípulos, después de la muerte de Jesús, fueron de ciudad en ciudad predicando “el kerigma del Reino de Dios” que, en las Escrituras, se resume así: “Jesús de Nazaret murió, resucitó y exaltó a la derecha de la mano de Dios”.

Esta afirmación es el centro de la fe cristiana. Entre los apóstoles, por ejemplo, a menudo se llamaba a san Pablo el gran misionero kerigmático porque sabía más que nadie proponer las bases del Evangelio y el nombre de Jesús a muchos pueblos diferentes y muchas culturas diferentes.

El kerigma cristiano consiste en la presentación de Jesús con sus tres grandes títulos: Salvador, Señor y Mesías. Todos aquellos que desean seguir a Jesucristo pasan, necesariamente, a través del primer anuncio de la fe, a través del despertar del amor por Jesucristo.

Este es, por lo tanto, el primer anuncio del Evangelio para aquellos que aún no conocen a Jesucristo . La palabra anunciada no es una teoría. Son las buenas nuevas las que revelan el amor de Dios por la humanidad en la entrega de su Hijo Jesús.

Autor: P. Evaldo César de Souza, C.SS.R

martes, 2 de abril de 2019

2 de abril: San Juan Pablo II, Papa

Biografía de Juan Pablo II


Karol Józef Wojtyła, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, el 18 de mayo de 1920.

Primeros años

Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera él.

Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Marcin Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.

Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.

Seminarista

A partir de 1942, al sentir la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de Cracovia, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino.

Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha.

Doctorado en Roma

Seguidamente fue enviado a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró en 1948 en teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz (Doctrina de fide apud Sanctum Ioannem a Cruce). En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.

En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada "Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler". Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Etica Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.

Obispo

El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.

El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967.

Concilio Vaticano II

Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-1965), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyła tomó parte en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos anteriores a su pontificado.

Elegido Papa

Los cardenales reunidos en Cónclave le eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro. Su pontificado ha sido uno de los más largos de la historia de la Iglesia y ha durado casi 27 años.

Juan Pablo II ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la "sollicitudo omnium Ecclesiarum" y por la caridad abierta a toda la humanidad. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, y 146 por el interior de este país. Además, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 333 parroquias romanas.

Más que todos sus predecesores se encontró con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones con los que se entrevistó durante las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.

Jornadas Mundiales de la Juventud

Su amor a los jóvenes le impulsó a iniciar en 1985 las Jornadas Mundiales de la Juventud. En las 19 ediciones de la JMJ celebradas a lo largo de su pontificado se reunieron millones de jóvenes de todo el mundo. Además, su atención hacia la familia se puso de manifiesto con los encuentros mundiales de las familias, inaugurados por él en 1994.


Promotor del diálogo intereligioso y la oración

Juan Pablo II promovió el diálogo con los judíos y con los representantes de las demás religiones, convocándolos en varias ocasiones a encuentros de oración por la paz, especialmente en Asís.

Bajo su guía, la Iglesia se acercó al tercer milenio y celebró el Gran Jubileo del año 2000, según las líneas indicadas por él en la carta apostólica Tertio millennio adveniente; y se asomó después a la nueva época, recibiendo sus indicaciones en la carta apostólica Novo millennio ineunte, en la que mostraba a los fieles el camino del tiempo futuro.

Con el Año de la Redención, el Año Mariano y el Año de la Eucaristía, promovió la renovación espiritual de la Iglesia.

El Papa de los Santos y Beatos

Realizó numerosas canonizaciones y beatificaciones para mostrar innumerables ejemplos de santidad de hoy, que sirvieran de estímulo a los hombres de nuestro tiempo: celebró 147 ceremonias de beatificación -en las que proclamó 1338 beatos- y 51 canonizaciones, con un total de 482 santos. Proclamó a santa Teresa del Niño Jesús Doctora de la Iglesia.

Amplió notablemente el Colegio cardenalicio, creando 231 cardenales (más uno "in pectore", cuyo nombre no se hizo público antes de su muerte) en 9 consistorios. Además, convocó 6 reuniones plenarias del colegio cardenalicio.

Presidió 15 Asambleas del Sínodo de los obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994 y 2001), 1 general extraordinaria (1985) y 8 especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 (2) y 1999).

Escritor

Entre sus documentos principales se incluyen: 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas.

Promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica, a la luz de la Revelación, autorizadamente interpretada por el Concilio Vaticano II. Reformó el Código de Derecho Canónico y el Código de Cánones de las Iglesias Orientales; y reorganizó la Curia Romana.

Publicó también cinco libros como doctor privado: "Cruzando el umbral de la esperanza" (octubre de 1994);"Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (noviembre de 1996); "Tríptico romano - Meditaciones", libro de poesías (marzo de 2003); “¡Levantaos! ¡Vamos!” (mayo de 2004) y “Memoria e identidad” (febrero de 2005).


Muerte

Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005, a las 21.37, mientras concluía el sábado, y ya habíamos entrado en la octava de Pascua y domingo de la Misericordia Divina.

Desde aquella noche hasta el 8 de abril, día en que se celebraron las exequias del difunto pontífice, más de tres millones de peregrinos rindieron homenaje a Juan Pablo II, haciendo incluso 24 horas de cola para poder acceder a la basílica de San Pedro.

Beatificación y canonización

El 28 de abril, el Santo Padre Benedicto XVI dispensó del tiempo de cinco años de espera tras la muerte para iniciar la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II. La causa la abrió oficialmente el cardenal Camillo Ruini, vicario general para la diócesis de Roma, el 28 de junio de 2005.

El Papa Benedicto XVI lo beatificó el 1 de mayo de 2011.

El Santo Padre Francisco lo canonizó, junto a Juan XXIII, el 27 de abril del 2014.

+ SOBRE JUAN PABLO II  

Sobre la muerte del papa Juan Pablo II


Este 2 de abril (2019) se conmemoran 14 años del fallecimiento de san Juan Pablo II, el Papa polaco que estuvo al frente de la Iglesia Católica por 26 años y 5 meses. Es recordado como el “Papa peregrino”, fue un gran defensor de las familias y amado por los jóvenes.

San Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005 a las 21:37 horas, la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia que él mismo instituyó y de la que fue muy devoto. Pocos minutos después, Mons. Leonardo Sandri, que entonces era el Sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, anunció la noticia a las miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro y al resto del mundo, que seguía las últimas horas del Pontífice a través de los medios de comunicación.

Desde aquella noche hasta el 8 de abril, día en que se celebraron las exequias del difunto pontífice, más de tres millones de peregrinos rindieron homenaje al papa polaco, haciendo incluso 24 horas de cola para poder acceder a la Basílica de San Pedro.

El 28 de abril, Benedicto XVI dispensó del tiempo de cinco años de espera tras la muerte para iniciar la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II. La causa la abrió oficialmente el Cardenal Camillo Ruini, vicario general para la diócesis de Roma, el 28 de junio de 2005.

Benedicto XVI lo beatificó el 1 de mayo de 2011 y fue canonizado por el Papa Francisco el 27 de abril del 2014 junto a San Juan XIII.

San Juan Pablo II lideró el tercer pontificado más largo en los más de 2.000 años de historia de la Iglesia, realizando 104 viajes apostólicos fuera de Italia y 146 en ese país.

Impulsó las Jornadas Mundiales de la Juventud en las que se reunió con millones de jóvenes de todo el mundo e inauguró los Encuentros Mundiales de las Familias.

Sobre la muerte del papa Juan Pablo
1. Murió de un colapso cardiocirculatorio

Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005 a las 09:37 p.m. (hora de Roma) en la víspera del Domingo de la Misericordia, una fiesta establecida durante su pontificado. Sufrió un “choque séptico con colapso cardiocirculatorio debido a una infección, ya detectada, de vías urinarias”. Así lo detalló un exhaustivo informe sobre su agonía y muerte realizado en el Vaticano.

Durante la última semana de vida recibió comida procesada a través de un tubo nasal. Los doctores decían que los problemas en la ingesta de alimentos y en la respiración del Papa de 84 años, eran consecuencia de la enfermedad de Parkinson.

2. Su funeral duplicó la población de Roma

A su funeral asistieron 75 jefes de estado, incluyendo presidentes, príncipes, entre otras autoridades. La población de Roma se duplicó durante ese evento y los asistentes esperaron más de 24 horas para verlo en cuerpo presente.

3. Sus últimas palabras fueron en polaco

El informe del Vaticano precisa que seis horas antes de su muerte, Juan Pablo dijo en polaco, “con una voz muy débil y con palabras murmuradas, 'Déjame ir a la casa del Padre'”.

El diario La Repubblica de Roma citó a un sacerdote polaco, Jarek Cielecki, diciendo que el Papa murió “un instante” después de pronunciar con gran esfuerzo la palabra “amén”.

4. Escuchaba la oración de los fieles días antes de su muerte

Miles de fieles se reunieron para orar en voz alta y hacer vigilia en la Plaza de San Pedro en los días previos a su muerte.

El entonces Arzobispo de Cracovia y Secretario Personal de Juan Pablo II durante más de 40 años, Cardenal Stanislaw Dziwisz, aseguró que el Papa escuchaba las oraciones de la multitud.

5. Sumamente enfermo dio una última bendición desde su ventana

Tras su fallido y conmovedor intento de dar la bendición “Urbi et Orbi” el último Domingo de Pascua de 2005, el cual arrancó los aplausos y el llanto de los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Juan Pablo II –que después de su segunda hospitalización sufría “déficit nutricional y marcada debilidad”– volvió a asomarse a la ventana de su habitación el miércoles 30 de marzo para dar la bendición.

Este nuevo intento tampoco tuvo éxito. Aquella comparecencia “fue la última estación pública de su doloroso Vía Crucis”, dice el documento vaticano.

6. “Concelebró” una Misa en su agonía

El informe del Vaticano detalló que los ojos de Juan Pablo II estaban prácticamente cerrados durante una Misa celebrada al pie de su cama en la tarde del 31 de marzo de 2005.

“Pero en el momento de la consagración, débilmente levantó su mano derecha dos veces, es decir, cuando se eleva el pan y el vino. Hizo un gesto indicando que estaba tratando de golpear su pecho durante la recitación de la oración del Cordero de Dios”.

Ese día el Cardenal Marian Jaworski, amigo íntimo desde que ambos eran jóvenes sacerdotes en Polonia, le administró el sacramento de la unción de los enfermos.

Fuente: aciprensa.com

+ SOBRE SAN JUAN PABLO II

2 de Abril: San Juan Pablo II, por Celestino Hueso SF


Hacer la reseña de un santo conocido y estimado por todos es meterse en camisa de once varas, pero ¡en fin! Ustedes perdonen el atrevimiento.

Hoy celebramos nada más y nada menos que a Juan Pablo II, el Papa que vino de un país lejano trayendo a la Iglesia la frescura de su vida cercana y su sonrisa abierta y acogedora para con todos.

Sus comienzos fueron difíciles. Su madre murió cuando él tenía 9 años y recibió una gran formación en el sentido del deber y la disciplina por parte de su padre que era militar.

Ocupada Polonia por las tropas de Hitler en 1939, tuvo que abandonar sus estudios y ponerse a trabajar para evitar ser deportado a Alemania, al mismo tiempo se inició en el teatro. Durante la guerra, y poniendo en riesgo su propia vida, consiguió salvar a muchos judíos.

La muerte de su padre en 1941 cambia totalmente su vida pues, después de mucha reflexión, decide ser cura y será ordenado el 1 de Noviembre del 46.

A partir de ahí su ascenso será meteórico debido a su dedicación y entrega pastoral. Pio XII lo nombre obispo en 1958 y pasa a ser auxiliar de la diócesis de Cracovia. Sus grandes preocupaciones serán las vocaciones sacerdotales y la integración de los laicos en el trabajo pastoral.

Hecho cardenal por Pablo VI en 1967 se convierte en el gran impulsor del diálogo entre la Iglesia y el estado comunista polaco.

Fue elegido Papa el 16 de Octubre de 1978 y quiso seguir la labor comenzada por su antecesor Juan Pablo I, consiguiendo ser un papa cercano y bueno como Juan XXIII, al mismo tiempo que abierto al mundo, misionero y renovador como Pablo VI.

Finalmente partió para el Reino de Dios el 2 de Abril de 2005, fue beatificado el 1 de Mayo de 2011 y ya lo tenemos en los altares.

+ SOBRE JUAN PABLO II

lunes, 25 de marzo de 2019

La auténtica historia del 25 de diciembre, por William J. Tighe

William J. Tighe, profesor de Historia de la Universidad de Muhlenberg, publicó en diciembre de 2003 un análisis sobre el origen de la fecha de la Navidad –25 de diciembre–, negando que fuera una fecha que suplantara una fiesta pagana previa.

La opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.

¿Cómo se determinó la fecha 
del nacimiento de Jesucristo?

La primera prueba hallada en Roma de la celebración cristiana del 25 de diciembre es del año 336 d.C., es decir, algunos años después de Aureliano, pero hay pruebas procedentes del cristianismo griego y del cristianismo latino que muestran que los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo ya en los siglos II y III, mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica.

Las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar la muerte y resurrección de Cristo.

[Tighe no lo detalla, pero un ejemplo claro es el de Sexto Julio Africano, escritor cristiano que en el año 221, en sus Chronographiai, dice que Jesús se encarnó el 25 de marzo (por lo que nació 9 meses después, en 25 de diciembre). Esto lo escribe medio siglo antes de que en el 274 Aureliano cree una fiesta para el 25 de diciembre en Roma].

¿Y cómo ocurrió todo esto? Parece haber una contradicción en la fecha de la muerte del Señor entre los evangelios sinópticos y el evangelio de Juan.

Los sinópticos la sitúan en la Pascua de los judíos (después de la Última Cena la noche anterior), mientras que Juan la sitúa en la Víspera de la Pascua: momento en que los corderos eran sacrificados en el Templo de Jerusalén para el ágape que tendría lugar después de la salida del sol ese mismo día. La primitiva Iglesia siguió a Juan y no a los sinópticos y creyó que la muerte de Cristo había acontecido el 14 Nisán, de acuerdo con el calendario lunar judío.

Los estudiosos modernos están de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., porque éstos son los años en los que la Vigilia de Pascua podía haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33. Sin embargo, la Iglesia primitiva, una vez expulsada del judaísmo, tuvo que datar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor.

Durante el siglo II se produjeron fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Nisán. Estas disputas fueron especialmente virulentas entre los cristianos griegos y los cristianos latinos. Los cristianos griegos quisieron encontrar una fecha equivalente al 14 Nisán en su calendario solar y dado que Nisán era el mes en el que tenía lugar el equinoccio de primavera, eligieron el día 14 de Artemision cuando el equinoccio de primavera caía invariablemente en su calendario. Alrededor del 300 d.C., el calendario griego fue reemplazado por el romano y como las fechas de principio y final de los meses en estos dos sistemas no coincidían, el 14 Artemision se convirtió en el 6 de abril.

Por su parte, los cristianos latinos del siglo II en Roma y en África del norte querían establecer la fecha de la muerte de Jesús. En la época de Tertuliano [c.155 -220 d.C.] ya habían establecido que Jesús murió el viernes 25 de marzo del año 29. Debo hacer constar que ello es imposible: el 25 de marzo del año 29 no fue viernes, y la Víspera de Pascua judía en el 29 d.C. no caía en viernes ni en 25 de marzo, ni siquiera en el mes de marzo.

Cuando los antiguos 
creían en la "edad integral"

Así pues, los cristianos griegos comenzaron a celebrar la muerte del Señor el 6 de abril y los cristianos latinos el 25 de marzo. Ahora debo explicar una creencia del judaísmo del tiempo de Cristo que, al no aparecer en la Biblia, no la han tenido presente los cristianos. Se trata de la "edad integral" de los grandes profetas judíos: los profetas de Israel murieron en la misma fecha de su nacimiento o de su concepción.

Esto es un factor clave a la hora de entender por qué los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que Jesús nació el 25 de diciembre. El 25 de marzo (para los cristianos latinos) y el 6 de abril (para los cristianos griegos) no sólo eran las supuestas fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción o nacimiento.

Hay alguna prueba de que algunos cristianos en los siglos I y II consideraron el 25 de marzo y el 6 de abril como la fecha del nacimiento de Cristo, pero finalmente prevaleció el 25 de marzo como la fecha de la concepción de Cristo en lugar de su nacimiento. Ese día el Arcángel Gabriel anunció la Buena Nueva a la Virgen María. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.

Una fiesta cristiana

El 25 de diciembre es improbable que fuera la fecha del nacimiento de Cristo. Surgió al tratar de averiguar la fecha de la muerte de Cristo. La decisión de escoger esta fecha se debió más a la influencia del judaísmo de la época de Jesús que a los ritos paganos romanos (culto al sol). La fecha del nacimiento de Jesús se estableció en relación al día que expiró en la cruz, que a su vez señaló el día de su concepción (encarnación).

miércoles, 6 de marzo de 2019

Sobre el AYUNO


¿En qué consiste el ayuno? ¿Cuál es su sentido?


Hay dos días al año en el que la Iglesia obliga a hacer ayuno y abstinencia, el miércoles de ceniza y el viernes santo. Sin embargo el ayuno es un instrumento muy valioso que no tiene porque reducirse a estos dos días. La Iglesia nos invita a realizarlo en ocasiones fuera de estos días, por ejemplo, el papa Francisco invitó a realizarlo en septiembre de 2013 por la paz en Siria. Pero ¿en que consiste el ayuno? ¿Cuál es su sentido?

Para explicar el ayuno habría que empezar hablando de lo que es la Ascesis o Penitencia, ya que el ayuno es solo parte de este trabajo espiritual que todo cristiano debe hacer si quiere llegar a la santidad propuesta por Jesucristo.

Cuando hablamos de Ascesis o Penitencia nos referimos al esfuerzo humano que responde a la gracia de Dios, y es el medio por el cual el hombre se dispone y purifica su vida para que en ella se desarrolle en plenitud la vida divina. Este esfuerzo en nosotros los cristianos adquiere una nota particular y quizás única, ya que, a diferencia de algunas otras “espiritualidades”, la Ascesis en el fiel cristiano, es animada y dirigida por el mismo Espíritu Santo, que no busca destruir sino construir.

El padre Rainiero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, al referirse a la santidad y su relación con la Penitencia, dice que ésta “es el arte de quitar todo lo que estorba en el hombre a fin de hacer visible esa santidad ya contenida en el hombre desde el bautismo”.

Por ello, la Ascesis es la herramienta de la que nos valemos para fortalecer los muros por los cuales transitan nuestros deseos y aspiraciones, los cuales fuera de control son capaces de destruir nuestra vida, o al menos impedir que ésta alcance la plenitud. Es, digamos, el elemento regulador, y, en muchos casos, el propulsor de una vida equilibrada y santa. Por eso dice al respecto el Catecismo de la Iglesia Católica: “Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia” (Cat. No. 1435).

Por una ancestral tradición, los viernes son considerados como un día de Penitencia. Esto es debido, principalmente a que en un viernes Jesús padeció por nosotros para darnos la vida eterna. Por esta razón, entre otras, se ha identificado la Penitencia con el sufrimiento. Cuando pensamos en la Penitencia, de inmediato viene a nuestra mente los monjes dándose de latigazos, o poniéndose espinas en el pecho, o de alguna manera destruyendo su cuerpo. Sin embargo la Penitencia, como nos lo explicó el Papa Juan Pablo II en Reconciliación y Penitencia, es: todo aquello que ayuda a que el Evangelio pase de la mente al corazón y del corazón a la vida. Es decir la Penitencia es una ayuda para que podamos realmente vivir el Evangelio.

Un santo de la edad media que había entendido bien lo que era la Penitencia decía: la primera y más importante Penitencia es: Orar.

Desafortunadamente, el hombre de hoy tiene un concepto equivocado de lo que es la Ascesis o Penitencia y en muy baja estima el valor de la cruz. La vida cómoda y materialista que vivimos nos hace despreciar con facilidad estos dos valores que son fundamentales (cf. Mt 10,38), por no decir, indispensables, en la vida, no solo para alcanzar la santidad y con ello la plenitud, sino incluso para poder vivir una vida razonablemente alegre y estable. Y es que la Penitencia actúa como una fuerza reguladora sobre nuestras pasiones y deseos los cuales dejados en libertad pueden llegar a destruir nuestra vida. Para contenerlos, en algunos casos debemos agregar a nuestra vida algo, “Ascesis Positiva” , y en otros eliminar o matizar, “Ascesis Negativa”.

En ambas direcciones la Penitencia supone una renuncia, por lo que esto no se podrá hacer sin la ayuda de la cruz y del Espíritu Santo. La Penitencia cristiana, correctamente entendida, no es estoicismo, ni platonismo, por lo que no se trata de destruir nuestro cuerpo, sino de una “herramienta espiritual que ayuda a que los criterios y la vida evangélica, pasen de la mente al corazón y del corazón a la vida diaria”.

Para que la Penitencia sea verdaderamente una ayuda para el crecimiento espiritual, es necesario quitarle toda esa carga negativa que por años ha tenido, para redescubrirla como un momento privilegiado de encuentro con la misericordia de Dios que conoce nuestras miserias y que a pesar de ellas, nos ama y nos ha llamado a la santidad más elevada. Esto nos llevará sin lugar a dudas a experimentar el poder que sana el interior del hombre y que le impulsa a reemprender el camino de la felicidad, la alegría, el gozo y la paz, ya que como bien decía Clímaco: “es mediante la Penitencia como nos libramos de la tiranía de las pasiones”. Así la Ascesis es la cruz benéfica que nos ayuda a renunciar a nosotros mismos, a los excesos y exageraciones, y que prepara el camino para que Dios desarrolle en nosotros la vida divina, la “vida según el Espíritu”.

Sin embargo debemos ser conscientes que la falta de prudencia, puede también desordenar la misma Penitencia, con lo cual se causan graves daños, sobre todo al alma, ya que la práctica de la mortificación debe ser siempre un acto de templanza.

Santo Tomas, citando a San Jerónimo dice: “No hay diferencia entre matarse en largo o en corto tiempo. Se comete una rapiña, en vez de hacerse una ofrenda, cuando se extenúa inmoderadamente [sin templanza] el cuerpo por la demasiada escasez de alimento o el poco de sueño”.

Ahora si, teniendo en cuenta lo que te he dicho sobre la Penitencia, veamos un poco el Ayuno. El Ayuno, desde la vida espiritual, nos ayuda en dos áreas de nuestra vida. Por un lado, es la forma como la voluntad se entrena con la renuncia a cosas buenas, para en su momento poder rechazar las malas. Por otro lado, ejerce una acción misteriosa, que permite al alma abrirse de una manera particular a la gracia y a la presencia de Dios.

Cuando nos privamos de cualquier cosa que está en relación con nuestros apetitos, especialmente con el placer (comer, beber, ver, oír, sentir), estamos acostumbrando a nuestra voluntad a recibir ordenes directamente de nosotros y no de nuestras pasiones. Nos lleva a ser dueños de nosotros mismos. De esta manera, una persona habituada a ayunar será una persona habituada a la renuncia, y tendrá sometidas sus pasiones a la voluntad, de manera que el cuerpo come, duerme, y hace lo que la voluntad le indica. Si la voluntad está orientada a Dios, buscará evitar todo lo que lo separa de Dios y orientará todas sus acciones a Él.

Por otro lado, el Ayuno, especialmente el de la comida, nos abre de una manera misteriosa a la presencia de Dios. Parecería como si el hambre corporal se fuera convirtiendo en hambre de Dios.

Ahora bien, para que esto se realice, el Ayuno debe estar unido a la oración. Sin oración el Ayuno se convierte en dieta o en estoicismo, que poco o nada ayuda a la vida espiritual.

De manera práctica, indicamos algunos elementos que pueden ser de utilidad para iniciarse y crecer en este ejercicio espiritual:

1- Lo primero es que el Ayuno debe ser progresivo. Es decir hay que comenzar por lo poco y, poco a poco, progresar en él. Hay que empezar por tanto con pequeñas renuncias, como negarse un café, un vaso de agua, un dulce, un postre, un programa de televisión, etc. Esto irá poco a poco aumentando tu capacidad de renuncia.

2- Iniciar el Ayuno con un buen rato de oración. Es recomendable prepararlo desde un día antes. Por ejemplo haciendo por la noche un buen rato de oración y ofreciendo a Dios el día de Ayuno. Pidiendo a Dios la gracia que se necesita o el sentido que se quiere ver fortalecido con el Ayuno. Durante todo el día de Ayuno, dedicar el mayor tiempo que se pueda a la oración. Es conveniente que se escoja un salmo el día anterior y alguna frase del salmo para repetirlo durante todo el día de Ayuno, como: “Señor tú eres mi fuerza y mi victoria”, o alguna frase del mismo salmo. Regresar durante el día al salmo y tener el mayor tiempo de oración que se pueda. Hay que sustituir el alimento corporal con alimento espiritual.

3- Es muy conveniente iniciar el Ayuno con la Eucaristía. Buscar una Iglesia en donde se pueda comulgar en la mañana. Si no se puede, hacer al menos una comunión espiritual.

4- Una vez que se haya progresado con las renuncias, iniciar con lo que se llama el Ayuno Eclesiástico, que es lo mínimo que nos invita a vivir la Iglesia en los días prefijados de Ayuno (Miércoles de ceniza y Viernes Santo). Este consiste en desayunar un pan y un café, no tomar nada entre comidas, comer ligero (procurando que te quedes con un poco de hambre) y finalmente por la noche lo mismo un pan y un café.

5- El siguiente paso es hacer medio Ayuno, que consiste en solo un café en la mañana, nada entre comidas y una comida ligera. Solo agua todo el día. Por la tarde se puede tomar una cucharada de miel, sobre todo si se tiene un trabajo que requiera mucho desgaste de energía.

6- Finalmente se puede aspirar al Ayuno de pan y agua, que consiste en comer solo pan y agua. Lo mismo, se podría tomar una cucharada de miel a media mañana y a media tarde para recuperar energía.

Hay que recordar que es una obra del Espíritu, por lo que no hay que esperar resultados como si a cada acción hubiera una reacción. A veces un pequeño esfuerzo de nuestra parte corresponde a una gracia inmensa de Dios y viceversa, un gran esfuerzo humano y pocos resultados espirituales. Dios sabe cómo, y en qué momento darnos las gracias. De lo que si podemos estar seguro es que al iniciarse en el ayuno te abres a la santidad y tu vida cambia radicalmente. El Ayuno contribuye a la perfección cristiana.

Fuente: laverdadcatolica.org

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viernes, 1 de marzo de 2019

Cuaresma 2019: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19).Mensaje del papa Francisco



Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar con el gozo de habernos purificado la solemnidad de la Pascua para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma).

De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano.

Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador sino para su propio interés en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.

Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

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