martes, 2 de abril de 2013

ARTE: LA DUDA DE SANTO TOMÁS, de Rembrandt

La duda de santo Tomás (1634)
Rembrandt
Pushkin Museo, Moscú, Rusia

ARTE: LA DUDA DE SANTO TOMÁS, de Guercino

La duda de santo Tomás (1621)
Guercino
National Gallery, Londres, Reino Unido

ARTE: LA DUDA DE SANTO TOMÁS, de Duccio di Buoninsegna

La duda de santo Tomás (1308-1311)
Duccio di Buoninsegna
Museo dell´Opera dell Duomo, Siena, Italia

LIBROS: EL DOLOR EMOCIONAL. CRECER DESDE EL SUFRIMIENTO, por Miquel Vilardell, Tina Parayre, Ramón Bayés



EL DOLOR EMOCIONAL. CRECER DESDE EL SUFRIMIENTO
Miquel Vilardell, Tina Parayre, Ramón Bayés
Plataforma Editorial. Barcelona, 2011.

El libro El dolor emocional. Crecer desde el sufrimiento, contiene un diálogo a tres bandas entre el Dr. Miquel Vilardell, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona y jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Vall d´Hebron de Barcelona, Tina Parayre, psicóloga y laica cisterciense, y el Dr. Ramon Bayés, profesor emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona y doctor Honoris Causa en Psicología por la UNED.

La conversación ha sido editada por Albert Figueras, médico y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien ha respetado en todo momento el estilo personal, siempre testimonial, de los tres contertulios. Estamos ante un libro que transmite experiencias, emociones, dudas, expectativas, fracasos, esperanzas, convicciones... antes que lecciones de medicina o psicología.

Los tres coinciden en que el dolor se puede paliar pero el sufrimiento forma parte del desarrollo emocional y espiritual de la persona. Es más, la persona no se hace adulta sin haber sentido antes el fracaso, la debilidad, el sufrimiento, la pérdida, el dolor. Entonces, el lector descubre que esto a algunas personas no les produce angustia y desesperación, sino un cierto sentimiento de felicidad serena puesto que no podemos llegar a ser la persona que estamos llamados a ser sin aceptar nuestras limitaciones y aprender a compadecernos de las debilidades y sufrimientos de los demás.

Sin embargo, aprender a familiarizarnos y reconocer el sufrimiento como una energía constructiva en lugar de humillante y aniquiladora, no es tarea fácil. Es ahí, donde el libro nos ofrece las mejores luces y las sombras de los contertulios.

VOCABULARIO: ¿Qué es la resilencia?


Resilencia significa tener la fortaleza suficiente para volver a empezar, para sobreponerse a partir de la experiencia vital que golpea a una persona.

CITAS: "El auténtico viaje de descubrimiento no consiste en ver nuevos paisajes, sino en tener una mirada nueva", Marcel Proust.


Maneras prácticas de celebrar la Pascua o Resurrección de Jesús


La Pascua es la gran fiesta de los cristianos. Durante las fiestas Pascuales celebramos el sentido más profundo de nuestras vidas, el misterio de la vida eterna, que se hace presente en nuestras vidas cotidianas.

Reflexiones de Pascua

1. Ser cristiano, es creer en la resurrección de Cristo. No somos cristianos por el hecho de creer en la cruz, en el sufrimiento y en la muerte. Somos cristianos porque creemos en la resurrección, en la liberación, en la vida y en la alegría.

2. En el fondo de nuestro corazón hemos de tener la seguridad de que toda prueba se transforma en gracia, toda tristeza en alegría, toda muerte en resurrección.

3. No creer en la alegría es casi aceptar a renunciar a nosotros mismos, a nuestra experiencia, a nuestra desconfianza, a nuestras quejas. Nuestra alegría es la medida de nuestro apego a Dios, a la confianza, a la esperanza, a la fe. Nuestra negativa a la dicha es nuestra negativa a Dios. Dios ocupa en nuestras vidas el mismo lugar que la alegría.

4. Los padres de la Iglesia decían que no hay más que un solo medio para curar la tristeza: dejar de amarla. Creer en Dios es creer que Él es capaz de hacernos felices, de darnos a conocer una vida que deseamos prolongar por toda la eternidad. Porque, para muchos de nosotros, la cuestión difícil no está en saber si tienen fe en la resurrección, sino en saber si sienten ganas de resucitar.

5. La fe en la resurrección no puede brotar más que de un amor verdadero. Cristo nos ha dado a conocer ese amor que no pasa: “La fe y la esperanza pasarán, pero la caridad vive para siempre”.

6. Nuestra fe, nuestra esperanza de resucitar para nosotros y para los demás, están a la medida de nuestra fuerza de amar.

7. Para que podamos experimentar una vida de amor y de fe, tenemos que morir a nuestras faltas, a nuestras tristezas y a nuestros resentimientos. No existe Pascua para nosotros, si no aceptamos morir en esa zona de nuestra propia alma en la que estamos demasiado vivos: en nuestras agitaciones, nuestros temores, nuestros interesases, nuestro egoísmo. Y si no aceptamos resucitar en esa zona en la que estamos demasiado muertos: resucitar a la paz, a la fe, a la esperanza, al amor y la alegría.

8. No existe Pascua sin una buena confesión: un morir a nosotros mismos, a nuestros caprichos, para resucitar a la voluntad de Cristo, que es amor, esperanza, renovación, cariño.

9. No existe Pascua sin una comunión pascual: un salir de nuestras costumbres, de nuestro pan y nuestra vida, para saborear otro pan, otra vida, un pan de la sinceridad, de entrega a los demás, una vida de amor, de fe y de alegría.

Preguntas para hacerse en Pascua

¿En qué medida soy un cristiano alegre?
¿Qué es lo que más me gusta de la vida?, ¿Qué cosas dan sentido a mi vida?
¿Qué es lo que más me está costando de mi vida de hoy?, ¿Qué es lo que me hace sufrir?
¿Qué quiero decirle a Jesús resucitado en esta Pascua?, ¿Qué es lo que necesito de la vida, para mi vida, para mi historia de hoy?

Eso es la fiesta de Pascua: un cambio de vida, un pasar de esta vida nuestra a otra admirable, maravillosa, que será nuestra vida para siempre, en la casa del Padre celestial.

Fuente: lafamilia.info

lunes, 1 de abril de 2013

LITURGIA: Sectores ultraconservadores acusan al Papa de "confusión litúrgica" por lavar los pies a dos mujeres, una de ellas musulmana, por Jesús Bastante



La "oposición silenciosa" al Papa Francisco comienza, si bien lentamente, a alzar su voz. Algunos representantes de la más rotunda ortodoxia ya han empezado a mostrar su malestar ante algunas actitudes del obispo de Roma.

La renuncia a impartir la bendición "Urbi et Orbi" en distintos idiomas y, sobre todo, el rito del lavatorio de los pies del Jueves Santo (donde Francisco lavó los pies a dos mujeres, una de ellas musulmanas), han desatado las iras de los sectores más conservadores de la Iglesia católica.

"Houston, we have a problem". Éste es el título del artículo publicado por el liturgista Adolfo Ivorra, profesor del Centro de Estudios Superiores Litúrgicos de León y fundador de la web LexOrandi, dedicada a la interpretación de la liturgia católica, en su vertiente más ortodoxa. Ivorra, doctor en Teología Litúrgica por la Universidad de San Dámaso de Madrid -cuyos escrito fue reproducido por La Gaceta este domingo, con el título "El Papa y la confusión litúrgica"- afirma en el escrito que "desde que salió por el balcón de la plaza de San Pedro, son ya muchos los lectores de este blog -entre ellos reputados liturgistas- que preguntan o expresan su estupor ante un cambio de 180 grados en las formas, etc..".

En opinión de Ivorra, "me da igual el color de sus zapatos, si usa tal o cual cruz o tal o cual anillo. Lo que me preocupa grandemente es que el primero en no obedecer las rúbricas sea el "patriarca" de nuestro rito, el romano". El liturgista se muestra especialmente preocupado por el hecho de que Francisco lavara los pies a dos jóvenes.

"El problema es todavía mayor si comprendemos que hoy el papa no solo ha lavado los pies a dos mujeres, sino una de ellas no era católica, sino musulmana". El propio Ivorra afirma haber sufrido este "problema" en sus propias carnes, pues "he vuelto de mis misas de Jueves Santo, una de ellas en la que he tenido que decir a una señora que el lavatorio de los pies es un rito para varones, que así lo ponen las rúbricas del misal"

"El relativismo se nos mete en casa", advierte el sacerdote, quien pide al Papa Francisco que "siga fielmente las rúbricas de su propio rito, el romano, y dé ejemplo a los demás sacerdotes y obispos de fidelidad a las normas de la Iglesia. El papa no es un monarca absoluto al modo de los gobernantes seculares, sino que reconoce, como ya decía Benedicto XVI, que la liturgia es una realidad que le viene dada y que no reconstruye según sus gustos. El primado del obispo de Roma no es tarea fácil. Roguemos al Señor para que el mismo papa Francisco o alguno de sus colaboradores hagan ver a Su Santidad la importancia de estos sagrados ritos".

Religión Digital intentó, sin éxito, recabar la opinión de Adolfo Ivorra sobre su propio artículo. El liturgista se limitó a señalar que se encontraba en una "importante reunión" y que sus opiniones se reflejaban en su blog y la web Lex Orandi, donde se publica dicho artículo. No obstante, en la misma, ayer quiso aclarar que no había dado su permiso para que el mismo fuera publicado, con otro título, en La Gaceta.

Las críticas llegaron por los mismos sectores en distintos países, hasta el punto que el portavoz vaticano, Federico Lombardi, tuvo que salir al paso de las acusaciones indicando, no sin cierta sorna, que "el rito era para una pequeña comunidad compuesta también de mujeres, una situación específica en la que excluir a las chicas habría sido inoportuno a la luz de la simple intención de comunicar un mensaje de amor a todos en un grupo que ciertamente no incluía refinados expertos en normas litúrgicas".

Sea como fuere, lo cierto es que las palabras de Ivorra -acogidas con alborozo en ciertos sectores- denotan una preocupación ante lo que ya son más que "gestos" del Papa Francisco. "Cuando en la mesilla de noche se tiene de libro último de consulta el Código de Derecho Canónico y las normas litúrgicas y no el Evangelio, ocurre esto", opina el sacerdote Carlos Ros Caballar, quien recuerda a Ivorra que "a Jesús lo acusaban los fariseos de que no respetaba las normas prescritas por la ley de Moisés y las tradiciones judías. No guardaba el sábado, ni él ni sus discípulos. Es decir, que se saltaba las normas. Y llamaba a los fariseos sepulcros blanqueados y cosas así, mientras ellos le achacaban que comía con pecadores y daba cobijo a prostitutas".

Por su parte, el liturgista José Manuel Bernal sostiene que las celebraciones de Francisco "tienen un color nuevo, rejuvenecido, más cálido, más entrañable". En su opinión, el Papa "huye de los comportamientos estereotipados y convencionales. Por supuesto, no es esclavo de las rúbricas. Él se siente por encima de las rúbricas".

"Algunos piden que el papa sea ejemplar, modélico. Y lo está siendo -sostiene Bernal-. Está marcando una nueva línea, unas nuevas actitudes en las celebraciones litúrgicas. Los liturgos no deben ser esclavos de las rúbricas; más bien deben aplicarlas con inteligencia y con buen criterio. Ésa es la línea del Vaticano II, y así se refleja en el nuevo misal".

"Reprueban algunos al papa que haya lavado los pies, el día de jueves santo, a dos mujeres. Peor todavía: una de las dos mujeres era musulmana. Lo que a ellos les parece un escándalo yo lo considero un gran paso, una gran decisión, un acto emblemático del papa, que ha de marcar horizontes nuevos. Primero, por haber incorporado a las mujeres a este acto tan sencillo y ejemplar realizado por Jesús en la cena. Porque no fue sólo un acto de humildad (que lo fue); hay que verlo como un gesto sacramental, equivalente a la eucaristía, expresión de amor, de entrega y de servicio. Esa es la línea sugerida por el evangelista Juan y así es interpretado este gesto por los especialistas", añade Bernal, quien insiste en que el hecho de que una de las chicas fuera musulmana está cargado de "un impresionante espíritu misionero y transmite una gran inquietud ecuménica. Una vez más los gestos se apoderan de las palabras. Una vez más, también, la dictadura de las rúbricas sucumbe ante la fuerza impetuosa del evangelio. Lo repito: el papa Francisco está abriendo nuevos horizontes para la liturgia".

Alguno de los críticos del comportamiento litúrgico del papa están hablando de "caos litúrgico" y de "problema teológico". "Yo no veo ni una cosa ni otra. El "caos" lo perciben solo quienes están acostumbrados a valorar las celebraciones litúrgicas en la medida en que estas reproducen con exactitud milimétrica las normas establecidas en las rubricas", concluye Bernal, quien destaca que "la eucaristía no es solo expresión de fraternidad; también es fuente, impulso, punto de partida. La eucaristía crea comunión, fraternidad. La eucaristía celebra la gran utopía del reino, la gran reunión de los dispersos, el gran banquete escatológico de la abundancia. Esa es la meta; hacia ella caminamos; por ella luchamos".

Fuente: religiondigital.com

domingo, 31 de marzo de 2013

Cristo se aparece a María Magdalegna, por Cornelisz Van Oostsanen


Cristo se aparece a María Magdalena (1507)
Cornelisz van Oostsanen, Jacob (1472-1533)
Staatliche Museen, Kassel (Germany)

Cristo se aparece a María Magdalena, de Rembrandt


Cristo se aparece  María Magdalena (1638)
Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669)
Barroco centroeuropeo
Óleo sobre tabla 61x49.5 cm
Museo de Buckingham

Cristo se aparece a María Magdalena, de Nicolás Poussin


Cristo de aparece a María Magdalena (1653)
Nicolás Poussin
Barroco francés, óleo sobre tabla 47x39 cm
Museo del Prado, Madrid (España)

Cristo de aparace a María Magdalena, de Alonso Cano


Cristo se aparece a María Magdalena (1546)
Alonso Cano (1601-1661)
Museo de Bellas Artes de Budapest, Hungría.

Jesús se aparece a María Magdalena, de Lavinia Fontana


Cristo se aparece a María Magdalena (1581)
Lavinia Fontana
Galería de los Uffizi, Florencia (Italia)

Noli me tangere (No me toques) de Giotto


Noli me tangere (1304-1306)
Giotto di Bondone
Capella degli Scrovegni all'Arena, Padua (Italia)

sábado, 30 de marzo de 2013

Resurrección de Cristo, de Tintoretto


Resurrección de Cristo (1579-1581)
Jacopo Tintoretto
Oleo manierista del Renacimiento tardío
Scuola Grande di San Rocco, Venecia

viernes, 29 de marzo de 2013

Crucifixión, de Andrea Mantegna


Crucifixión (1457-59)
Andrea Mantegna
Louvre, Paris (Francia)

Cristo Crucificado, de Velazquez


Cristo Crucificado (1632)
Diego Velázquez
Museo del Prado, Madrid (España)

Crucifixión, de Botticelli


Crucifixión (1497)
Sandro Botticeli
University of Harvard, Cambridge (USA)

Crucifixión, de Giovanni Bellini


Crucifixión (1455)
Giovanni Bellini
Venecia, Italia

Crucifixión, de Giovanni Bellini


Crucifixión (1501-1503)
de Giovanni Bellini
Civico Museo Ferrer, Venecia

jueves, 28 de marzo de 2013

La Última Cena, de Leonardo da Vinci


La Última Cena (1495-97)
Leonardo da Vinci

La Útima Cena, de John A. Swanson


La Última Cena,
John A. Swanson

LAVATORIO DE LOS PIES, de John A. Swanson


Lavatorio de los pies
John A. Swanson

LA ÚLTIMA CENA, de Tintoretto


La Última Cena (1592-1594)
Tintoretto

LAVATORIO DE LOS PIES, de Tintoretto


Lavatorio de los pies (1848-49)
Jacopo Robusti Tintoretto
Museo del Prado, Madrid, España

LAVATORIO DE LOS PIES, de Duccio Di Buoninsegna


Lavatorio de los pies 1308-1311
Duccio Di Buoninsegna
Museo dell' Opera del Duomo, Siena, Italia

LAVATORIO DE LOS PIES, de Ford Madox Brown


Lavatorio de los pies (1848-49)
Ford Madox Brown

miércoles, 27 de marzo de 2013

BESO DE JUDAS, de Gustavo Dore


Beso de Judas
Grabado de Gustavo Dore (1866)

BESO DE JUDAS, Fresco Bizantino 1212


Beso de Judas
Fresco Bizantino,
Iglesia de San Juan de la Cruz
Capadocia, Turquia

BESO DE JUDAS, Anónimo del siglo XII

Beso de Judas, Anónimo del siglo XII

BESO DE JUDAS, Escuela Bizantina

Beso de Judas, Escuela Bizantina
Ravena, Italia

BESO DE JUDAS de Jean Bourdichon


Beso de Judas
Jean Bourdichon
Siglo XV

BESO DE JUDAS de Thomas Couture


Beso de Judas
Thomas Couture (1840)

BESO DE JUDAS, de Caravaggio


Michelangelo Merisi da Caravaggio (1602)
National Gallery
Dublin (Irlanda)

BESO DE JUDAS, de Fra Angelico


Beso de Judas
Fra Angelico

Fra Angelico utilizó el modelo expuesto en una de las celdas del convento de San Marcos para pintar este episodio de la vida de Jesús. En el centro de la composición el beso traidor de Judas Iscariote, que aparece con la aureola de color oscuro. A la derecha, los apóstoles testigos de la traición: Santiago, Pedro y Juan. A la izquierda, el grupo de soldados y dos sacerdotes, en el suelo ante Jesús. 

Fra Angélico sigue el Evangelio de San Juan, que narra de esta manera la traición de Judas Iscariote. Al igual que en otros episodios, la escena es explicada en dos rollos de pergamino que limitan la imagen por arriba y en su base.

BESO DE JUDAS, por Giotto


Capilla de los Scrovegni
Padua (Italia)

El Beso de Judas, de Giotto di Bondonne, tiene una multitud de personajes sacados del Evangelio de Mateo 26,49. El personaje central con la aureola es Jesús. El que se inclina sobre él, con un manto amarillo, para darle un beso, es Judas, uno de los doce discípulos, pero no es un beso cariñoso sino la señal que había dado a la turba enviada por los sacerdotes y los ancianos del pueblo para prender a Jesús.

Este es el instante que refleja Giotto, incluyendo el momento en el que Pedro, a la izquierda con aureola y cuchillo, corta la oreja a un siervo de los sacerdotes, a lo que Jesús responde: "Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomaren espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho?"

martes, 19 de marzo de 2013

SEMINOLE ST. JOSEPH AND BOY JESUS (painting) by John Giuliani


NAVAJO SAINT JOSEPH AND CHILD (painting) by John Giuliani


LAKOTA JOSEPH AND CHILD (painting) by John Giuliani


SAN JOSÉ CON SU HIJO (escultura) de John Collier




José está enseñando a su hijo a ser carpintero. Se apresura a su trabajo y el joven Jesús trata de seguir el ritmo de sus zancadas. El niño lleva los clavos para su padre terrenal y le da uno para su inspección. La escultura se instaló en el vestíbulo del Hospital St. Joseph en St. Paul, Minnesota, USA.

SAN JOSE (Escultura), de John Collier



SAN JOSÉ es el santo patrono de la capilla en la que reside la escultura y también es el patrono de los trabajadores, en honor a los que murieron en Nueva York el 11 de Septiembre del 2001, los que sobrevivieron, los que trabajaban en las tareas de recuperación y todos aquellos familiares y amigos que sufrieron los acontecimientos de ese día. La imagen es de bronce y tiene cinco pies de altura. Ground Zero Memorial.

EL ÁRBOL DE LA VIDA, por John Collier






“Estoy interesado en el paralelismo de las historias que aparentemente son diferentes entre sí pero que en la Biblia forman parte de una única historia. 

En el Génesis hay dos árboles llamados el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal y el Árbol de la Vida. Bajo el primer árbol estaba la primera mujer, Eva. Junto al árbol está también la fuente de nuestros problemas, el tentador. El segundo árbol es el Árbol de la Vida, y si usted come de su fruta vivirá para siempre. 

Nos situamos ahora en el Calvario, donde el segundo Adán, la fuente de la vida, es clavado en el árbol (cruz) mientras que la segunda Eva se halla a los pies del árbol. Ahora podemos entender el relato del Génesis mucho mejor: ahí está la cruz transformada por el sacrificio de Cristo en el nuevo Árbol de la Vida, y si comemos de su fruta viviremos para siempre.

En mi escultura el Árbol de la Vida está unida a la Cruz, y aunque lo que se representa no es literalmente cierto, espero que por lo menos comunique la verdad sobre el Génesis y el Calvario. Usted verá que los clavos son muy largos, como si fueran una rama más. Dios tiene que luchar para permanecer en la Cruz. Al lado del Árbol de la Vida crece una higuera que simboliza la presencia de María

Sagrado Corazón Co-Catedral, Charleston, West Virginia. Bronce, 100 centímetros de altura.

St. JOSEPH AND THE CHILD JESUS, by John Collier


Joseph dressed as a carpenter with the Child Jesus standing beside him. Jesus holds a plumb line to say that He, as the Plumb Line, is a fixed point against which all else can be measured.

viernes, 15 de marzo de 2013

5 DOMINGO DE CUARESMA, C


Isaías 43, 16-21
Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres
Filipenses 3, 8-14
Juan 8, 1-11


Isaías 43, 16-21

Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. "No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza."

Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
R. El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres

Hasta los gentiles decían:
"El Señor ha estado grande con ellos."
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.
R. El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
R. El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.
R. El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres

Filipenses 3, 8-14

Hermanos: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?" Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra." E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?" Ella contestó: "Ninguno, Señor." Jesús dijo: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más."

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.,
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Estamos en el quinto domingo de Cuaresma, con el próximo comenzaremos la Semana Santa. Todas estas semanas hemos estado reflexionando, de una manera u otra, acerca de la conversión, del cambio radical.

Las lecturas de hoy, incluido el evangelio, que hoy lo tomamos de San Juan en vez de San Lucas, tienen como común denominador lo nuevo, el mirar hacia delante.

En la primera lectura, que está tomada del "Segundo Isaías" disfrutamos del poeta/profeta quien recuerda a los que han regresado del exilio, lo que Dios hizo al sacarlos de Egipto, al arrancarlos de la esclavitud para hacerlos libres. El Señor les pregunta si se acuerdan del pasado de los prodigios que había hecho por ellos y les anuncia que mucho más maravilloso será este nuevo éxodo.

El agua en el desierto y páramo podría muy bien recordarnos las aguas bautismales que nos dan nueva vida. Por lo tanto, les dice que es mejor olvidarse del pasado porque ahora verán cosas nuevas, una transformación general donde el pueblo dejará ya de lamentarse y llorar y se dedicarán a cantar alabanzas al Señor.

Nuestro Señor es Señor del éxodo, nosotros somos pueblo del éxodo, estamos llamados a constantemente salir de la esclavitud del pecado y entrar en la liberación de la “tierra prometida” que es la relación íntima y formal con el Cristo que nos salva.

Después de estas cuatro semanas desde el Miércoles de Ceniza cuando se nos volvía a llamar una vez más a la liberación/conversión, ¿dónde me encuentro yo? ¿soy persona del éxodo, de la salida de mi pecado hacia la vida nueva de la Pascua que se nos acerca?

San Pablo (2º lectura) confiesa “no considerarse perfecto” pero sí que está siguiendo su carrera para alcanzar a Cristo Jesús. La verdad es que Cristo ya lo alcanzó a él y por eso para Pablo todo lo que tiene lo considera basura y lo deja con tal de “ganar a Cristo”. Yo y tú hermano/a tal vez estemos fuertemente abrazados a todas esas otras cosas que Pablo considera pérdidas, quizás nos encontremos encadenados por nuestras actitudes, vicios, defectos y pecados: ¿cuándo nos vamos a levantar de una vez para siempre y salir de nuestro egipto de esclavitud?

Nuestro evangelio para el día de hoy, aunque está tomado de San Juan, tiene todas las características del evangelista Lucas: el perdón, tema lucano como pudimos ver el domingo pasado.

Hoy vemos a Jesús que después de pasar la noche en el monte de los Olivos ha regresado al área del Templo de Jerusalén y allí le han presentado una mujer “sorprendida en adulterio”. Es extraño que siendo la consecuencia principal de un acto como éste la “pérdida del honor y la vergüenza del esposo” que éste no aparezca en ningún sitio. ¿Quiso él, como se pregunta John J. Pilch, deshacerse de ella permanentemente porque tenía celos de ella, o fueron sus enemigos quienes le pusieron la trampa para hacerle quedar mal? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que se la trajeron a Jesús para que Él emitiera juicio y así, tanto los maestros de la Ley como los fariseos poder acusar a Jesús.

Jesús buen conocedor de las costumbres de los pueblos mediterráneos, se inclina y comienza a escribir en la tierra, para indicarles que no está interesado en su trama, y así, cuando uno por uno se han ido Jesús tranquiliza a la mujer, asegurándole que Él no la condena y le invita a ser mujer del éxodo, mujer que abandonando su pecado encuentra la verdadera libertad.

Jesús no viene a condenar, sino a salvar. El perdón y la misericordia de Dios es lo que verdaderamente debe darnos esperanza a todos los que hemos caído. Lo que sí pide es sinceridad de nuestra parte, voluntad de seguirlo, aceptación de su guía.

¿Qué diremos de todos esos que sin más ni menos se consideran “agentes de Dios”, que llevan los pecadores a la presencia del Señor, no buscando la sanación y reconciliación, sino algo así como la propia gloria, el hundimiento de los demás y el puesto de paladines del bien y la ortodoxia?

“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”, Sal. 125.

sábado, 23 de febrero de 2013

2 DOMINGO DE CUARESMA, C


Génesis 15, 5-12. 17-18
Salmo 26: El Señor es mi luz y mi salvación
Filipenses 3,20-4,1
Lucas 9,28b-36

Génesis 15, 5-12. 17-18

En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrán y le dijo:
— Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.
Y añadió:
— Así será tu descendencia.
Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber. El Señor le dijo:
— Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.
Él replicó:
— Señor Dios, ¿cómo sabré yo que voy a poseerla?
Respondió el Señor:
— Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.
Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados. Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos:
— A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Éufrates.

Salmo 26: El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
R. El Señor es mi luz y mi salvación

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón:
"Buscad mi rostro."
R. El Señor es mi luz y mi salvación

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio.
R. El Señor es mi luz y mi salvación

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
R. El Señor es mi luz y mi salvación

Filipenses 3,20-4,1

Hermanos: Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

Lucas 9,28b-36

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: "Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle." Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Ya ha pasado la primera semana de Cuaresma. Una semana que ya no volverá. El llamado que recibimos claramente el Miércoles de Ceniza de “convertirnos y creer en el Evangelio” posiblemente nos llegó al fondo del corazón y decidimos hacer un cambio en dicha dirección. No sería de extrañar que movidos por esa manifestación de fe del pueblo cristiano nos decidiéramos a profundizar en nuestra oración, a renunciar a ciertas cosas y a compartir lo nuestro. Y ahora echando una mirada a esos días y a esos propósitos cabe la pregunta: ¿Cómo nos ha ido?

Si hemos cumplido, demos gracias a Dios y tengamos cuidado de que no se nos suba a la cabeza esos peldaños conquistados. Si hemos fracasado, no nos desanimemos, la misericordia de Dios es infinita y ahí está Él para alentarnos, guiarnos, fortalecernos y perdonarnos, si es necesario, con tal de no ceder ante el enemigo, que como veíamos la semana pasado, hasta al mismo Jesús tentó y lo hizo con todos los artilugios propios del ser que solo desea nuestra perdición.

Para esta segunda semana la lectura evangélica está tomada del capítulo 9 de San Lucas. Nos habla de la Transfiguración.

Parece que en este caminar hacia Jerusalén Jesús vive una cierta crisis. Ve la necesidad de preguntar qué es lo que la gente piensa de Él. En segundo lugar, les anuncia algo que no esperan: va a ser ejecutado. Al mismo tiempo les habla de lo que se requiere, de las exigencias para poder catalogarse como discípulo de Él. Todo en contra de lo que por otros pasajes del evangelio, sabemos que ellos pensaban.

Ocho días después de todo eso, toma a tres de sus más allegados seguidores: Pedro, Juan y Santiago y sube con ellos a lo alto del monte. ¿Para qué? Pues para orar. Durante esta oración, durante este diálogo con el Padre, el Maestro se transforma, su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. Pero solo Él, no los otros dos que le acompañaban y con los que conversaban de su destino: Jerusalén.

Los apóstoles quieren quedarse allí, incluso construyendo tres tiendas, una para cada uno de los tres personajes importantes: Jesús, Moisés y Elías. Parece ser que los apóstoles no habían llegado a distinguir, a separar a Jesús de los otros dos, todavía lo catalogaban en el mismo nivel.

En medio del aturdimiento en que estaban, les cubre una nube que aumenta su temor y se oye una voz: “Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo”.

Esa voz sigue resonando en todos los tiempos, incluso en el nuestro, cuando hablamos tanto y escuchamos poco, tal vez menos que antes. ¿Por qué? Parece ser que nos faltan puntos de referencia, nos centralizamos en nosotros mismos, nos escuchamos a nosotros mismos, solo nosotros tenemos la verdad, una verdad un tanto egoísta, pues nos preocupamos con mucha frecuencia de lo que yo quiero, de lo que a mí me satisface, de lo que a mí me place, de ser el centro del universo, de imitar más a la criatura (“Seremos como dioses”) que al Creador (“Yo seré vuestro Dios y vosotros mi pueblo”).

En el mundo estamos oyendo, lo que algunos llaman, la sinfonía del dinero; hay también los aullidos del hambre, de la corrupción, de la opresión y del rechazo; el bramido de los cañones de la guerra y el terrorismo; el quejido de los enfermos abandonados y los encarcelados olvidados, incluso el alarido que produce el silencio ante tanta injusticia y deshumanización. Unos oyen unas cosas y otros otras para justificar sus propios comportamientos. ¡Qué lástima! Jesús sigue hablando y no se le oye, siendo Él el elegido para darle la vuelta a todo lo que no viene del Padre que quiere volvamos al paraíso del principio, cuando todo estaba bien.

Sí, Jesús sigue hablando y esta es la gran esperanza para todos nosotros. ¿Qué sucedería si con todo respeto pusiéramos un stop temporal en la producción y lectura de libros religiosos, y nos dedicáramos exclusivamente a la lectura y reflexión de los evangelios para conocer mejor a Jesús, y unirnos a Él para que sea Él quien viva en nosotros?