sábado, 29 de junio de 2013

El Ministerio Petrino: CONFIRMAR, por el papa Francisco (29 de junio: San Pedro y San Pablo)


Comentario por el papa Francisco (29 de junio de 2013)

Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas

Celebramos la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo.

Es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de Pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una sola familia.

Saludo cordialmente y con gratitud a la delegación del Patriarcado de Constantinopla, guiada por el Metropolita Ioannis. Agradezco al Patriarca ecuménico Bartolomé I por este Nuevo gesto de fraternidad.

Saludo a los señores embajadores y a las autoridades civiles. Un gracias especial al Thomanerchor, el coro de la Thomaskirche, de Lipsia, la iglesia de Bach, que anima la liturgia y que constituye una ulterior presencia ecuménica.

Tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo «confirmar». ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma?

— 1. Ante todo, confirmar en la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (Mt, 16,16), una confesión que no viene de él, sino del Padre celestial. Y, a raíz de esta confesión, Jesús le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (v. 18).

El papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto. En la segunda parte del Evangelio de hoy vemos el peligro de pensar de manera mundana. Cuando Jesús habla de su muerte y resurrección, del camino de Dios, que no se corresponde con el camino humano del poder, afloran en Pedro la carne y la sangre: «Se puso a increparlo: "¡Lejos de ti tal cosa, Señor!"» (16,22). Y Jesús tiene palabras duras con él: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo» (v. 23). 

Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia.

— 2. Confirmar en el amor. En la Segunda Lectura hemos escuchado las palabras conmovedoras de san Pablo: «He luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (2 Tm 4,7). 

¿De qué combate se trata? No el de las armas humanas, que por desgracia todavía ensangrientan el mundo; sino el combate del martirio. San Pablo sólo tiene un arma: el mensaje de Cristo y la entrega de toda su vida por Cristo y por los demás. Y es precisamente su exponerse en primera persona, su dejarse consumar por el evangelio, el hacerse todo para todos, sin reservas, lo que lo ha hecho creíble y ha edificado la Iglesia. El Obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar en este amor a Jesús y a todos sin distinción, límites o barreras.

— 3. Confirmar en la unidad. Aquí me refiero al gesto que hemos realizado. El palio es símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro, «principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión» (Lumen gentium, 18). Y vuestra presencia hoy, queridos hermanos, es el signo de que la comunión de la Iglesia no significa uniformidad.

El Vaticano II, refiriéndose a la estructura jerárquica de la Iglesia, afirma que el Señor «con estos apóstoles formó una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él» (ibíd. 19). 

Y prosigue: «Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la unidad del Pueblo de Dios» (ibíd. 22). La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las teselas se juntan para formar el único gran diseño de Dios. Y esto debe impulsar a superar siempre cualquier conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias: éste es el camino de Jesús.

El palio, siendo signo de la comunión con el Obispo de Roma, con la Iglesia universal, supone también para cada uno de vosotros el compromiso de ser instrumentos de comunión.

Confesar al Señor dejándose instruir por Dios; consumarse por amor de Cristo y de su evangelio; ser servidores de la unidad. Queridos hermanos en el episcopado, estas son las consignas que los santos apóstoles Pedro y Pablo confían a cada uno de nosotros, para que sean vividas por todo cristiano. Que la santa Madre de Dios nos guíe y acompañe siempre con su intercesión: Reina de los apóstoles, reza por nosotros. Amén.

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jueves, 27 de junio de 2013

Jueves de la 12 Semana del Tiempo Ordinario, por el papa Francisco

Génesis 16,1-12.15-16
Salmo 105: Dad gracias al Señor porque es bueno
Mateo 7,21-29

Génesis 16,1-12.15-16

[Saray, la mujer de Abrán, no le daba hijos; pero tenía una sierva egipcia llamada Hagar. Y Saray dijo a Abrán: "El Señor no me deja tener hijos; llégate a mi sierva a ver si ella me da hijos." Abrán aceptó la propuesta. A los diez años de habitar Abrán en Canaán, Saray, la mujer de Abrán, tomó a Hagar, la esclava egipcia, y se la dio a Abrán, su marido, como esposa. Él se llegó a Hagar, y ella concibió. Y, al verse encinta, le perdió el respeto a su señora. Entonces Saray dijo a Abrán: "Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella, al verse encinta, me pierde el respeto. Sea el Señor nuestro juez." Abrán dijo a Saray: "De tu esclava dispones tú; trátala como te parezca."] Saray la maltrató, y ella se escapó. El ángel del Señor la encontró junto a la fuente del desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo: "Hagar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?" Ella respondió: "Vengo huyendo de mi señora." El ángel del Señor le dijo: "Vuelve a tu señora y sométete a ella." Y el ángel del Señor añadió: "Haré tan numerosa tu descendencia que no se podrá contar." Y el ángel del Señor concluyó: "Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en la aflicción. Será un potro salvaje: él contra todos y todos contra él; vivirá separado de sus hermanos." Hagar dio un hijo a Abrán, y Abrán llamó Ismael al hijo que le había dado Hagar. Abrán tenía ochenta y seis años cuando Hagar dio a luz a Ismael.

Salmo 105: Dad gracias al Señor porque es bueno

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza?
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno

Mateo 7,21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados." El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente." Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Comentario por el papa Francisco:
¿Alegría superficial o continua vigilia fúnebre?


Hay personas que "se hacen pasar por cristianos", y pecan o de superficialidad excesiva o de demasiada rigidez, olvidando que un verdadero cristiano es el hombre de la alegría, que apoya la fe sobre la roca de Cristo. Esta ha sido la idea básica del papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta.

Rígido y triste. O feliz, pero sin tener ni idea de la alegría cristiana. Hay dos "casos", en un modo opuesto, en que viven dos categorías de los creyentes, y que en ambos casos tienen un grave defecto: se basan en un cristianismo hecho de palabras, y no se basan en la "roca" de la Palabra de Cristo. Francisco identifica este doble grupo comentando el evangelio de Mateo de hoy, aquel famoso pasaje de las casas de arena y de piedra.

— Cristianos de palabra

"En la historia de la Iglesia han habido dos clases de cristianos: los cristianos de las palabras, aquellos del Señor, Señor, Señor, y los cristianos de la acción, en la verdad. Siempre ha habido la tentación de vivir nuestro cristianismo fuera de la roca que es Cristo. El único que nos da la libertad de decir Padre a Dios es Cristo o la roca. Es el único que nos sostiene en los momentos difíciles, ¿no?

Como dijo Jesús: la lluvia cae, se desbordan los ríos, soplan los vientos, pero cuando se está en la roca es seguro, pero cuando son sólo palabras, las palabras se vuelan, no sirven. Pero permanece la tentación de estos cristianos de palabras, de un cristianismo sin Jesús, un cristianismo sin Cristo. Y esto ha sucedido y está sucediendo hoy en día en la Iglesia: ser cristianos sin Cristo".

El papa mira más de cerca a estos "cristianos de palabras", revelando sus características específicas. Hay un primer tipo, llamado ‘gnóstico’, “que en lugar de amar a la roca, le gustan las palabras hermosas", y por lo tanto vive flotando en la superficie de la vida cristiana. Y luego está la otra, que Francisco llama "pelagiano", que tiene un estilo de vida serio y almidonada. Cristianos, ironiza, que "miran al suelo":

"Y esta tentación existe hoy. Cristianos superficiales que creen, sí en Dios, en Cristo, pero demasiado ‘difuso’: no es Jesucristo el que le da fundamento. Son los gnósticos modernos. La tentación del gnosticismo. Un cristianismo "líquido".

— Excesiva rigidez

Por otro lado, están los que creen que la vida cristiana debe ser tomada tan en serio que terminan por confundir solidez y firmeza, con rigidez. ¡Son rígidos! Estos creen que para ser cristiano se necesita estar de luto, siempre".

El hecho, dijo, es que de estos cristianos "hay muchos". Sin embargo, indica, "no son cristianos, se disfrazan como cristianos". "No saben –insiste– quién es el Señor, no saben lo que es la roca, no tienen la libertad de los cristianos. Y, para decirlo de un modo simple, no tienen alegría":

"Los primeros tienen una cierta ‘alegría’ superficial. Los otros viven en una continua vigilia fúnebre, pero no saben lo que es la alegría cristiana. No saben cómo disfrutar de la vida que Jesús nos da, porque no saben hablar con Jesús. No se afirman sobre Jesús, con la firmeza que da la presencia de Jesús. Y no solo no tienen alegría: no tienen libertad. Son esclavos de la superficialidad, de esta vida generalizada, y estos son los esclavos de la rigidez, no son libres.

En su vida, el Espíritu Santo no tiene cabida. ¡Es el Espíritu quien nos da la libertad! El Señor hoy nos invita a construir nuestra vida cristiana en Él, la roca, Aquel que nos da la libertad, que nos envía el Espíritu, que te hace ir adelante con alegría, en su camino, en sus propuestas".

miércoles, 26 de junio de 2013

PAPA FRANCISCO: "¿Somos piedras vivas, o somos piedras cansadas?" Homlía del papa Francisco en la audiencia del miércoles, 26 de junio de 2013.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría hacer una breve referencia a una imagen más que nos ayuda a ilustrar el misterio de la Iglesia: la del templo.

¿Qué nos hace pensar en la palabra templo? Nos hace pensar en un edificio, en una construcción de este tipo. En particular, la mente de muchos se dirige a la historia del pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento.

En Jerusalén, el gran templo de Salomón era el lugar del encuentro con Dios en la oración; en el interior del Templo estaba el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios entre la gente; y en el Arca estaban las Tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón: un recordatorio de que Dios siempre había estado en la historia de su pueblo, que lo había acompañado durante el viaje, que había guiado sus pasos.

El templo recuerda esta historia: también nosotros, cuando vamos al templo, debemos recordar esta historia, la historia de cada uno de nosotros, el modo en que Jesús me encontró, cómo Jesús anduvo conmigo, cómo Jesús me ama y me bendice.

Aquí, lo que fue prefigurado en el antiguo templo, se hace, por el poder del Espíritu Santo, en la Iglesia: la Iglesia es la "casa de Dios", el lugar de su presencia, donde podemos encontrar al Señor; la Iglesia es el templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene.

Si nos preguntamos: ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él por medio de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo para que ilumine nuestras vidas? La respuesta es: en el pueblo de Dios, en medio de nosotros, que somos la Iglesia. Aquí encontraremos a Jesús, al Espíritu Santo y al Padre.

El antiguo Templo fue construido por manos de hombres: se quería “dar una casa" a Dios, para tener un signo visible de su presencia en medio del pueblo. Con la encarnación del Hijo de Dios, se cumple la profecía de Natán al rey David (2 Sam. 7,1-29): no es el rey, no somos nosotros quienes "daremos una casa a Dios", sino que es el mismo Dios quien "construye su casa" para venir a habitar en medio de nosotros, como escribe san Juan en su evangelio (1,14).

Cristo es el Templo viviente del Padre, y Cristo mismo edifica su "hogar espiritual", la Iglesia, no hecha de piedras materiales, sino de "piedras vivas" que somos nosotros.

El apóstol Pablo dice a los cristianos de Éfeso: "Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En Él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En Él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu”. (Ef. 2,20-22).

¡Esto es algo hermoso! Somos las piedras vivas de Dios, profundamente unidos a Cristo, quien es la roca de apoyo, y también un apoyo entre nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que el templo somos nosotros, somos la Iglesia viva, el templo vivo, y cuando estamos juntos, entre nosotros está también el Espíritu Santo, que nos ayuda a crecer como Iglesia. No estamos aislados, sino que somos el pueblo de Dios: ¡esta es la Iglesia!

Y es el Espíritu Santo, con sus dones, que armoniza la variedad. Esto es importante: ¿qué hace el Espíritu Santo en medio de nosotros? Armoniza la variedad que es la riqueza de la Iglesia y une todo y a todos, a fin de constituir un templo espiritual, donde no ofrecemos sacrificios materiales, sino a nosotros mismos, nuestra vida (cf. 1 Pe. 2,4-5).

La Iglesia no es una mezcla de cosas e intereses, sino que es el templo del Espíritu Santo, el templo por medio del cual Dios obra, el templo del Espíritu Santo, el templo en el que cada uno de nosotros, con el don del bautismo, es una piedra viva. Esto nos dice que nadie es inútil en la Iglesia y si a veces, alguien le dice al otro: "Vete a tu casa, eres inútil", ¡esto no es cierto, porque nadie es inútil en la Iglesia, ¡todos somos necesarios para construir este templo! Nadie es secundario. Ninguno es el más importante en la Iglesia, todos somos iguales ante los ojos de Dios.

Alguno de ustedes podría decir: 'Fíjese, señor papa, usted no es igual a nosotros’. Sí, soy como ustedes, todos somos iguales, ¡somos hermanos! Nadie es anónimo: todos formamos y edificamos la Iglesia. Esto también nos invita a reflexionar sobre el hecho de que si faltara el ladrillo de nuestra vida cristiana, le falta algo a la belleza de la Iglesia.

Algunas personas dicen: ‘No tengo nada que ver con la Iglesia’, por lo que cae el ladrillo de una vida en este hermoso templo. Nadie puede irse, todos tenemos que ofrecerle a la Iglesia nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor, nuestro pensamiento y nuestro trabajo: todo junto.

Así es que me gustaría que nos preguntemos: ¿cómo vivimos nuestro ser Iglesia? ¿Somos piedras vivas, o somos, por así decirlo, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? ¿Han visto lo feo que es ver a un cristiano cansado, aburrido, indiferente? Un cristiano así no es bueno, el cristiano tiene que estar vivo, feliz de ser cristiano; debe vivir esta belleza de ser parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. ¿Nos abrimos a la acción del Espíritu Santo para ser parte activa en nuestras comunidades, o nos cerramos en nosotros mismos, diciendo: "tengo tantas cosas que hacer, no es mi obligación”?

Que el Señor nos conceda a todos su gracia, su fuerza, para que estemos profundamente unidos a Cristo, que es la piedra angular, el pilar, la roca de apoyo de nuestra vida y de toda la vida de la Iglesia. Oremos para que, animados por su Espíritu, siempre seamos piedras vivas de su Iglesia.

viernes, 21 de junio de 2013

LA CRUZ, EL CAMINO, por M. Dolors Gaja, M.N.


Lucas 9:18-24
12 Domingo del tiempo ordinario, año C

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.» Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

Del relato evangélico de este domingo me parece vital subrayar el marco en que se halla incrustada la confesión de Pedro, pues la escena precedente y subsiguiente se proyectan, como focos potentes, sobre la que leemos este domingo.

Lucas acaba de relatar la multiplicación de los panes: Jesús, nuevo Moisés, da de comer a una muchedumbre. Es el banquete mesiánico, banquete de abundancia que preludia el Reino.
En este contexto – que debía ser de euforia y gozo- Jesús hace su pregunta que, en realidad, son dos:

¿Quién dice la gente que soy yo?
¿Quién soy para vosotros?

Son preguntas que sigue haciendo  hoy y es esencial contestar, sobre todo, a la segunda. Pedro toma la palabra y en nombre de toda la comunidad eclesial da una respuesta: el Mesías de Dios.

Mesías significa “ungido”. Es título de gloria pero en absoluto significa que Pedro reconozca a Jesús como Hijo de Dios. Esta afirmación sólo nace de la fe post-pascual. La de Pedro nace, en parte, del banquete mesiánico precedente. ¿De dónde nace lo que yo afirmo sobre Jesús? Y sobre todo…¿qué digo yo sobre Jesús con mi vida?

La respuesta de Pedro nos puede hacer ver que todas nuestras propias respuestas sobre Dios son siempre incompletas y, a veces, deformantes. Nunca llegamos a conocer a Dios. Tenemos experiencia de su grandeza pero no la abarcamos. Tenemos experiencia de su bondad y amor pero somos incapaces de imitarlo en plenitud… A veces, tenemos también imágenes falsas sobre Dios.

Hay que aprender a vivir con el Dios que nos desconcierta. Pedro y los otros estaban eufóricos: ¡lo de los panes había sido maravilloso!

Y entonces Jesús viene a “completar” (y fastidiar) la afirmación de Pedro. No niega que sea el Mesías pero ordena que callen y  escoge para sí un título muy alejado de la gloria: Hijo del Hombre. Y por si acaso lo de los panes fuera la motivación del entusiasmo de Pedro lo enfrenta a la realidad: no me puedes seguir por los panes sino por la cruz.

Podríamos preguntarnos si no añoramos a veces para la Iglesia un cierto reconocimiento, prestigio, una gloria e influencia en la sociedad que nada tiene que ver con su esencia. Preguntémonos si nuestra concepción de la Iglesia es algo mesiánica o se acerca más al sueño del papa Francisco: “¡cómo me gustaría una iglesia pobre para los pobres!”

Este evangelio deja claro que pretender seguir a Jesús sin la cruz es pura quimera. Las últimas líneas parecen ya fruto de esta certeza. Jesús no pudo haber dicho “tome su cruz cada día y sígame”. La cruz era tortura y muerte, no algo para cada día, ni siquiera metafóricamente. Pero la Iglesia primitiva ha descubierto ya el camino a Jesús: la cruz. Y ese camino hay que seguirlo día a día.

Sólo si aceptamos la desfiguración de Cristo, su anonadamiento total, seremos llamados a participar en su transfiguración que es la escena, teñida de  cielo, que se relata a continuación de este evangelio.

12 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.


Zacarías 12,10-11;13,1
Salmo 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Gálatas 3,26-29
Lucas 9, 18-24

Zacarías 12,10-11;13,1

Así dice el Señor: "Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo Único, y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día, será grande el luto en Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Meguido." Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas.

Salmo 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Gálatas 3,26-29

Hermanos: Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

Lucas 9, 18-24

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:
— ¿Quién dice la gente que soy yo?
Ellos contestaron:
— Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Pedro tomó la palabra y dijo:
— El Mesías de Dios.
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió:
El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Y, dirigiéndose a todos, dijo:
— El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Una de las cosas que me pone nervioso es cuando visitando las parroquias o en algún evento alguien se me acerca y me pregunta: “¿Se acuerda de mí? ¿Sabe quién soy?” Soy muy malo para acordarme de la fisonomía de la gente que no veo con frecuencia y de sus nombres. Uno no sabe qué responder pues no quieres ofender a la persona. En la mayoría de los casos, como la gente es buena, se dan cuenta de mi apuro y tratan de hacerme sentir bien con el comentario: “Claro, como ve a tanta gente es imposible acordarse de todos”. Les doy las gracias, pero sigo sintiéndome mal.

En el evangelio de este domingo Jesús hace dos preguntas a sus apóstoles, la primera como introducción o apertura para la segunda. El Maestro aprovecha la ocasión para orar, ya que se encuentra solo con sus discípulos, y para hacerles pensar un poco, les pregunta: “¿Quién dice la gente que soy?”

La respuesta, sea cual sea a esta pregunta, no tiene implicaciones positivas ni negativas. Ellos le contestan de acuerdo con lo que han oído: Juan el Bautista, el profeta Elías o algún otro profeta que ha vuelto a la vida.

La segunda pregunta es de mayor envergadura: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”

La respuesta tiene consecuencias, consecuencias serias. Pedro responde: Tú eres el Mesías de Dios. Y como respuesta a la respuesta de Pedro, Jesús les prohibió terminantemente decírselo a nadie, lo cual parece algo sin sentido pues Pedro ha dado en el clavo y Jesús les prohíbe repetirlo. ¿Por qué razón?

El pueblo llevaba siglos esperando el mesías, un mesías libertador, un mesías que echaría fuera a los opresores, un mesías que al arrojar fuera el poder opresor daría al pueblo judío la liberación, la independencia del poder extranjero, pero Jesús no es ese tipo de mesías, es el Mesías de Dios, y la salvación que Él trae va por otros caminos. Y así les anuncia algo, que a los oídos de los discípulos les tuvo que resultar un tanto raro: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho a manos de los llamados jefes del pueblo, la jerarquía religiosa, y los fiscales hasta el punto de que lo condenarán a muerte, será ejecutado, aunque resucitará al tercer día”.

Pero hay algo más para ellos y todos los que quieran seguirle: deben renunciar al propio egoísmo y estar abiertos o dispuestos a sufrir. Sólo entonces se podrán declarar y presentarse como sus discípulos.

La pregunta que les hizo, la segunda para ser más concretos, nos la sigue hacienda a nosotros hoy en 2013. ¿Quién es Jesús para mí, hoy, en este momento de mi vida? Porque sí, muchos domingos, incluso cada domingo recito el credo durante la santa misa, pero ¿es eso todo? ¿cuáles son las consecuencias de esa profesión dominical? ¿en qué sentido afecta tu vida?

Jesús trajo un nuevo estilo de vida que requería un cambio constante y radical de la persona. Esa profesión que sale de mi boca, ¿procede del corazón? ¿Estoy tratando por todos los medios posibles ser a las exigencias del seguimiento de Cristo?

No hay otro remedio, debemos reorientar nuestra vida, y cada día mirar la brújula para ver si vamos bien, por el camino correcto, con la actitud que no solamente nos hace vivir la felicidad, sino también comunicarla a los demás con una buena dosis de esperanza para evitar la tristeza, el desasosiego, el desencanto por la vida, el no vale la pena, etc. Necesitamos acercarnos más y más a ese “Mesías de Dios” que nos da a conocer a Dios, que nos guía por el camino de la salvación, que nos alumbra el futuro, que nos acompaña hacia la verdad, que nos protege del desánimo, que nos fortalece ante el enemigo, que siempre va delante, tal vez a nuestro lado para ayudarnos con nuestra cruz, para levantarnos cuando caemos.

¿Quién decís que soy? No tengas miedo a contestar, el que te pregunta es el que tiene el poder y el deseo de salvarte, de compartir contigo toda una eternidad feliz.

ORACIÓN, de Teillard de Chardin

“¡Te necesito, Señor!,
porque sin Ti mi vida se seca.
Quiero encontrarte en la oración,
en tu presencia inconfundible,
durante esos momentos en los que el silencio
se sitúa de frente a mí, ante Ti.
¡Quiero buscarte!
Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado;
en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,
y en la profundidad de un bosque
que protege con sus hojas los latidos escondidos
de todos sus inquilinos.
¡Necesito sentirte alrededor!
Quiero encontrarte en tus sacramentos,
En el reencuentro con tu perdón,
en la escucha de tu palabra,
en el misterio de tu cotidiana entrega radical.
¡Necesito sentirte dentro!
Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,
en la convivencia con mis hermanos;
en la necesidad del pobre
y en el amor de mis amigos;
en la sonrisa de un niño
y en el ruido de la muchedumbre.
¡Tengo que verte!
Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,
en las capacidades que me has dado,
en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,
en mi trabajo y mi descanso
y, un día, en la debilidad de mi vida,
cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo”.

Pierre Teillard de Chardin

San José “entra” también en las otras Plegarias Eucarísticas


Décadas después de que el Beato Juan XXIII determinara que el nombre de San José fuese incluido en el venerable Canon Romano, el Santo Padre Francisco, a través de un decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha decidido que San José sea invocado también en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV. 

El decreto Paternas Vices, firmado por el Cardenal Prefecto Antonio Cañizares y el Arzobispo Secretario Arthur Roche, manifiesta así la decisión del Papa Benedicto XVI de acoger las numerosas peticiones recibidas desde muchos lugares en este sentido, una decisión confirmada por su sucesor, el Papa Francisco.

De este modo, en la tercera edición típica del Misal Romano deberá decir, respectivamente:

II: “con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y…”

III: “con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires…”

IV: “con María, la Vigen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los santos…”

sábado, 8 de junio de 2013

Lucas 7,11-17: Corazón compasivo, por M. Dolors Gaja, M.N.

Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
– No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
– ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
– Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera”

Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

Acabamos de celebrar la fiesta del Corazón de Jesús. Un corazón herido de amor, un corazón que se dejó dañar por el dolor ajeno, que supo sufrir con el dolor del otro; un corazón que fue moldeado, no lo olvidemos, por José y María. Este sábado celebramos también el Corazón inmaculado de María (por lo visto a nadie se le ocurre pensar en el corazón de José…)

Corazón, sede de sentimientos, de afecto. Dios no vino a salvarnos de un mal más o menos teórico. Vino a “cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne”. Eso es estar salvado: tener un corazón de carne. Como el de Jesús.

Veamos a ese Corazón sagrado en sus acciones:

El encuentro entre la procesión de la muerte, que sale de la ciudad, y la procesión de la vida, que entra en ella. Jesús va con alguna intención a Naín. Pero las intenciones de Jesús, sus planes, siempre quedan trastocados por la vida.

Primera lección: estar atentos a la vida. Y dar respuesta. Al dolor de la madre por la muerte de su hijo se suma el desamparo en que ésta queda. Las mujeres que no tenían un varón que las atendiera – esposo o hijo, también padre – quedaban expuestas a la mendicidad y a todo tipo de sufrimiento. Jesús se encuentra por tanto con una situación de profundo dolor y profundo desamparo.

Y se conmueve. Y su com-pasión lo pone en movimiento. Primero mira. Ve a la mujer en su totalidad. Y le ruega: “No llores”. Al hombre Jesús no le gusta ver llorar una mujer, parece desestabilizarlo. También a María Magdalena le dirá ¿Por qué lloras?

Fijémonos en las acciones de Jesús: mirar, hablar, acercarse, tocar. Son, en realidad, un buen programa pastoral: miremos la persona, esa que tenemos al lado, esa que han puesto a nuestro cargo; hablémosle, individualicemosla, hagámosle sentir que la hemos visto. Y acerquémonos. Acercarse en totalidad, no un poquito. Eso implica tocar.

La compasión de los santos ha hecho que tocaran leprosos, que cogieran en brazos moribundos, que acunaran bebés abandonados, que abrieran los brazos para consolar. La cercanía humana nos hace tocar. Y Dios se ha dejado tocar (y hasta comer) para que aprendamos también a tocar.

La palabra de Jesús a la mujer es suave, implorante, llena de ternura. Es una mujer rota. La palabra de Jesús al joven es enérgica, imperativa, vigorosa. Un corazón compasivo es aquel que encuentra siempre el “tono” que el otro precisa.

El muchacho difunto estaba, obviamente, tendido sobre el féretro. Para vivir hay que levantarse. Levantarse cada día de aquello que nos mata, de aquello que nos quita libertad, de aquello que nos aleja de quien nos ha dado vida.

Y Jesús lo entrega a su madre. ¡Quién vería el abrazo del joven y la madre viuda! ¿Sería así el abrazo de Jesús resucitado y María? Quizá Dios Padre no quiso ser superado en compasión por su Hijo y también Él se acercó a la tumba de Jesús y le ordenó:¡levántate! para entregarlo, aunque brevemente, a María.

La conclusión de la gente, maravillada, es fundamental: Dios ha visitado a su pueblo. Porque Dios sólo puede tener gestos de compasión, de misericordia. Pero no olvidemos que lo visita en la persona de su Hijo. Igual que ahora el mundo debe ser visitado por Dios…a través de nuestras obras, de nuestro corazón compasivo.

Somos portadores de Vida. Vayamos a iluminar los espacios de muerte.

jueves, 6 de junio de 2013

10 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.

I Reyes 17,17-24
Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
Gálatas 1,11-19
Lucas 7,11-17

I Reyes 17, 17-24

En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías:
— ¿Qué tienes tú que ver conmigo? ¿Has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo?
Elías respondió:
— Dame a tu hijo.
Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor:
— Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar, haciendo morir a su hijo?"
Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor:
— Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.
El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre, diciendo:
— Mira, tu hijo está vivo.
Entonces la mujer dijo a Elías:
— Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.

Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Gálatas 1,11-19

Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados. Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: "No llores." Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: "¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!" El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: "Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo." La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Comentario por Mons. Francisco González, S.F.,
Obispo Auxliar de Washington, D.C.


La muerte, ¡qué gran misterio! Sabemos que moriremos, sabemos que todo el que nace muere. Sabemos que tanto niños, como jóvenes, personas maduras y ancianos mueren. No sabemos cuándo ni cómo. Algunos mueren por enfermedad, otros en accidentes, hay quienes son víctimas de terrorismo o guerra. Sea como sea, la muerte es la compañera inseparable del ser humano, y, sin embargo, a pesar de la certeza de la misma empleamos mucha energía en ignorarla, incluso casi queriéndola negar o disimular. Muchos cementerios no permiten monumentos o mausoleos, y los hacen parecer como jardines. Hay que olvidar la muerte.

Dos de las lecturas de este domingo nos hablan de la muerte, pero también de la vida, y en especial del corazón de Jesús, que se conmueve ante de la situación de la viuda de Naín camino del camposanto para enterrar a su único hijo. Jesús ve a esa madre desconsolada, destrozada y le dice sólo dos palabras: No llores.

El Maestro se acerca a los que llevaban el ataúd, (ellos se pararon) y dijo: “Muchacho, a ti te lo digo, ¡levántate!” El joven muerto se incorporó, empezó a hablar y Jesús se lo entregó a su madre.

Este milagro de Jesús tiene una gran diferencia del que encontramos en la primera lectura, donde el profeta como si hiciera cosas de magia, sigue como una especie de rito. Jesús, no. Simplemente manda, dice unas palabras y el muerto vuelve a la vida. Estos milagros de Jesús son el signo de su mesianismo, signos que anunciaban la llegada del Mesías, pues como podemos leer unos versículos más adelante, cuando Juan el Bautista que se entera de estas cosas, manda a dos de sus discípulos a Jesús para preguntarle si era él el que esperaban o tenían que aguardar a otro. Jesús les responde pidiéndoles que informen a Juan de lo que han visto: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la buena nueva”.

Ya desde su discurso programático en la sinagoga de Nazaret, Jesús se nos muestra muy preocupado por los que sufren y él se convierte no solamente en el pregonero de la buena nueva, sino en buena noticia para los que sufren, él es fuente de esperanza para aquel mundo y el nuestro, cargado con pesas muy pesadas que son difíciles de acarrear y que son agobiantes, principalmente para los débiles.

Situaciones como la presentada en este pasaje evangélico, me hace recordar también a esas personas que imitándole también están a nuestro alrededor con esas palabras que suavizan el dolor: no llores, e inmediatamente se ponen a nuestro lado para ir dándonos esa vida, esa felicidad y ganas de vivir que habíamos perdido.

El mensaje del Mesías es trabajar para poder vivir la vida a plenitud, para que en los casos en los que eso no sucede, sepamos ser compasivos y solidarios con los que sufren sed, los que carecen de comida y vestido, los que buscan y no encuentran justicia, los que padecen enfermedad. El mesianismo de Jesús es de salvación, de querer salvar a todo el mundo, de preocupación por la mujer que perdió a su hijo y de toda mujer a quien se le ha negado su dignidad, o la oportunidad de ser quien es.

No llores, nos dice el Señor, pues aquí estoy contigo hasta el final de los tiempos, siendo siempre tu salvador, tu amigo, tu hermano.

martes, 4 de junio de 2013

APOLOGÉTICA, por Martín Gelabert Ballester, O.P.

A FALTA DE TEOLOGÍA, APOLOGÉTICA
por Martín Gelabert Ballester, O.P.


La apologética, o sea, la defensa de la fe cristiana frente a los malentendidos, descalificaciones o ataques venidos del exterior, siempre ha existido en la Iglesia. Ha tenido una doble orientación, que dependía más del talante del apologeta que del tipo de ataque al que había que responder.

Hay una apología que se dedica a descalificar al adversario y lo trata como un enemigo; y hay otra que busca puentes de diálogo con la postura distante, diferente o disidente. Por lo demás, la apología no es la más importante tarea eclesial. La tarea principal de la Iglesia es dar a conocer el Evangelio y ofrecer una reflexión teológica que ayude a comprenderlo mejor, primero por los propios creyentes y luego por los que deben ser evangelizados.

Hoy abunda la apologética y es escasa la buena teología. A falta de propuestas teológicas y de ofertas teologales, hacemos apologética. Y además de la mala, de la que descalifica y es incapaz de ver nada bueno en el diferente o en el distinto. Una apologética que piensa que una tradición humana (Col 2,8) es tanto más divina cuanto más contraria es a las ideas del mundo moderno.

Esta apologética no tiene ideas propias, se alimenta de lo que dicen otros, pero no para dialogar, aprender o aprovecharlo, sino para mostrarse escandalizada y condenar. No aporta nada, sólo critica lo que otros ofrecen. No hace ninguna concesión. Todo es blanco o negro. Para ella no hay escala de grises. No reconoce nada bueno fuera de lo que ella dice. En vez de resaltar el fondo cristiano que pueda haber en las nuevas tendencias, no hace sino provocarlas para que rompan con los pocos vínculos que las unen a la Iglesia. Así el diálogo y el acercamiento con el otro es imposible.

Además de buena teología (reflexión que ayuda a comprender mejor a Dios), necesitamos recursos teologales (que propician el encuentro con Dios), como la oración, el compromiso apostólico, una liturgia viva y comprometida, un servicio de caridad y solidaridad iluminado por la fe, que ve en todo ser humano la imagen misma de Dios. La oferta y vivencia de estos recursos es mucho más eficaz que todas las apologéticas condenatorias.

De entrada y de salida, debemos buscar la salvación. Para que resplandezca la salvación no hace falta estar todo el día lamentando y condenado la oscuridad. La oscuridad desaparece por sí sola cuando se enciende una pequeña luz, una cerilla. La oferta teológica y teologal es esa cerilla que tenemos que cuidar, para que no se apague. No sea que después de tanto lamento lo que tengamos es más oscuridad porque nadie se ha preocupado de encender una cerilla.

http://nihilobstat.dominicos.org/

viernes, 31 de mayo de 2013

VISITIACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA: "No se puede anunciar a Jesucristo con cara de funeral", por el papa Francisco

VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Sofonías 3,14-18
Isaías 12,2-6 : Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel
Lucas 1,39-56

Sofonías 3,14-18

Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: "No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta." Apartaré de ti la amenaza, el oprobio que pesa sobre ti.

Isaías 12,2-6 : Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel

El Señor es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.
R. Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.
R. Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
"Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel."
R. Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel

Lucas 1,39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
María dijo: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre." María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Comentario por el papa Francisco
"No se puede anunciar a Jesús con cara de funeral"


El Espíritu Santo es "el autor" de la alegría cristiana, y para anunciar el Evangelio es necesario tener en el corazón la alegría que da el Espíritu de Dios. Lo repitió el Papa Francisco durante la Misa de la mañana celebrada en la Domus Santa Marta.

Con cara de funeral no se puede anunciar a Jesús. El Papa Francisco traza una línea de demarcación respecto a una cierta forma de entender la vida cristiana, caracterizada por la tristeza. La reflexión partió las dos lecturas de la misa de hoy. La primera, del profeta Sofonías, recoge la exclamación "¡Alégrate! ¡Grita de alegría, el Señor está en medio de ti!". La segunda, tomada del Evangelio, habla de Isabel y el del niño que "salta de alegría" en su seno al oír las palabras de María - de quien el Papa, como el domingo pasado, subraya la "prisa" con la que acudía en ayuda de su prima.

Por tanto, observa el Papa Francisco, "es todo alegría, alegría que es fiesta". Y sin embargo, prosigue. "nosotros los cristianos no estamos muy acostumbrados a hablar de gozo, de alegría", "creo que muchas veces nos gustan más las lamentaciones". Y sin embargo, "quien nos da la alegriá es el Espíritu Santo":

"Es precisamente el Espíritu el que nos guía: Él es el autor de la alegría, el Creador de la alegría. Y esta alegría en el Espíritu, nos da la verdadera libertad cristiana. Sin alegría, los cristianos no podemos ser libres, nos hacemos esclavos de nuestras tristezas. El gran Pablo VI decía que no se puede llevar el Evangelio con cristianos tristes, decepcionados, desanimados. No se puede. Esta actitud un poco fúnebre, ¿eh? Muchas veces los cristianos tienen cara más de ir a un funeral que de ir a alabar a Dios. Y de esta alegría viene la alabanza, esta alabanza de María, esta alabanza que dice Sofonías, esta alabanza de Simeón, de Ana: ¡la alabanza de Dios!"

¿Y cómo se alaba a Dios? Se le alaba saliendo de nosotros mismos, "gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da", explica el Papa Francisco. El mismo invita a un examen de conciencia sobre la manera de rezar a Dios, dirigiendo a los presentes esta pregunta:

"Usted que está aquí en Misa, ¿usted alaba a Dios o sólo le pide o le da gracias? ¿Pero alaba a Dios? Es algo nuevo, nuevo en nuestra vida espiritual. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos para alabar; perder tiempo alabando. ‘¡Esta Misa, qué larga se ha hecho!'. Si no alabas a Dios, no conoces esa gratuidad de perder el tiempo alabando a Dios, la Misa es larga. Pero si tienes esta actitud de alegría, de alabanza a Dios, ¡eso es hermoso! La eternidad será eso: ¡alabar a Dios! Y no será aburrido: ¡será bellísimo! Esta alegría nos hace libres".

El modelo de esta alabanza y de esta alegría es de nuevo la Madre de Jesús. "La Iglesia - recuerda el Papa Francisco - la llama "causa de nuestra alegría", Causa Nostrae Letitiae. ¿Por qué? Porque trae la alegría más grande, que es Jesús":

"Debemos rezar a la Virgen, para que al traer a Jesús nos de la gracia de la alegría, la libertad de la alegría. Que nos de la gracia de alabar, de alabar con una oración de alabanza gratuita, de alabanza, porque Él es digno de alabanza siempre. Rezar a la Virgen y decirle como dice la Iglesia: Veni, Precelsa Domina, Maria, tu nos visita, ¡Señora, tu que eres tan grande, visítanos y danos la alegría!"

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO, C, por Mons. Francisco González, S.F.


Génesis 14, 18-20
Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec
I Corintios 11, 23-26
Lucas 9, 11b-17

Génesis 14, 18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: "Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos." Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.

Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos estrado de tus pies."
R. Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
R. Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora."
R. Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
"Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec."
R. Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

I Corintios 11, 23-26

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía." Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía." Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Lucas 9,11b-17

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:
— Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.
Él les contestó:
— Dadles vosotros de comer
Ellos replicaron:
— No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.
Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos:
— Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.
Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Este fin de semana celebramos la fiesta del Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo, más conocida por Corpus Christi. Esta celebración tuvo sus orígenes allá por el siglo XII y se extendió a toda la iglesia por el año 1264.

Muchos, estoy seguro, nos acordamos de aquellas procesiones tan preciosas por las calles de nuestros pueblos y ciudades, donde podíamos ver a Jesús Eucaristía paseando en medio de nosotros, una de las tradiciones más importantes asociadas a esta fiesta, es decir, el Santísimo por las calles.

En muchos lugares se cubre el trayecto que va a seguir la procesión con infinidad de arreglos florales, banderas y otros adornos. También se erigen altares desde los cuales se imparte la bendición con el Santísimo, se recitan algunas preces y se cantan himnos eucarísticos.

Las lecturas que hoy nos ofrece la liturgia, si queremos seguir el tema de esta festividad, deberíamos decir que está centrado en la segunda lectura y que la primera y el evangelio son preparación e indicación que nos llevan a la narración que Pablo nos ofrece de la institución de la Santa Eucaristía.

Pablo se enfrenta a la comunidad cristiana de Corinto a causa de varios abusos en las asambleas litúrgicas, y de ninguna forma puede tolerar, y así se lo dice, el abuso que cometen al celebrar la Eucaristía.

Estaban divididos y además, en la cena antes de la Eucaristía, los que tenían, no compartían con los que no tenían. Se parecían un poco a aquella primera reacción de los apóstoles de querer despedir a los necesitados para no tener que hacer nada por ellos y que el mismo Señor les corrige mandándoles que "les den ellos de comer". Ellos todavía no habían aceptado ni las palabras ni el ejemplo de Jesús de dar y darse a los demás.

Para corregir los abusos de aquella comunidad, donde los que tenían ni sabían compartir con los necesitados, Pablo les recuerda la institución de la Eucaristía donde el Señor convierte el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre para alimento de todos, les recuerda el hecho de que Jesús no solamente compartió lo que tenía, sino mucho más, se dio a sí mismo por nuestro bien, para nuestra salvación.

Hoy, al celebrar la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos llama a una fe, a una creencia firme en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Según estudios recientes hay muchos católicos que no profesan esta fe. Nosotros debemos proclamarla tanto con la palabra como con ese respeto que se merece cuando estamos en su presencia en nuestras iglesias. Debemos proclamar esa fe con la digna recepción de la Sagrada Comunión y la práctica de las diversas devociones eucarísticas.

La Eucaristía no solamente nos exige esa fe profunda y sin condiciones, también nos pide el compromiso de compartir: "Denles ustedes de comer". Mientras aún hay un veinte por ciento de la población mundial que disfrute del ochenta por ciento de la producción y el ochenta por ciento de la población se tenga que contentar con el veinte por ciento de la producción.

En este siglo XXI: cuando encuentras un obstáculo a lo tuyo destruyes con bombas, explotas unos trenes, explotas coches bomba, te llevas a unos rehenes, construyes unas paredes ilegales, tienes escuelas para suicidas, callas las piedras con misiles, usas el poder económico y político para saquear los países tercermundistas, usas y abusas al inmigrante a quien toleras o rechazas según tus necesidades y bajo la excusa de la seguridad nacional, violas los derechos más elementales de los que han caído en tus cárceles, negándoles la dignidad humana que todo hombre o mujer lleva consigo.

Ante esos deseos de violencia y ruina para la aldea de Samaria, a los deseos de completa aniquilación por parte de Santiago y Juan, Cristo tiene una reacción: les regañó.

No basta desear la paz, es preciso construirla a partir de nuestra propia vida. (Baggio).

El banquete entre cristianos exige hospitalidad, compartir lo que uno es y tiene, amistad, perdón y reconciliación. Se nos conocerá como cristianos al "compartir el pan", al partirnos por los demás.

Por tanto, la queja y crítica de Pablo a los corintios sigue siendo actual, hoy, en este siglo que vivimos.

"La Iglesia, Familia de Dios", por el papa Francisco

LA VISITACIÓN, de Rafael

La Visitación, 1519
Rafael Sanzio
Óleo sobre tabla
Museo del Prado, Madrid

Este cuadro de Rafael recrea el pasaje bíblico de la visita de la Virgen María a su prima Isabel embarazada de san Juan. En segundo plano aparece la escena del bautismo de Jesús que tendría lugar tiempo después de manos del santo.

El cuadro fue encargado por Giovanni Branconio en nombre de su padre Mario para la capilla de su familia en la iglesia de San Silvestre de Aquila. El tema elegido se debió seguramente a la coincidencia de nombre entre la madre de Giovanni, Isabel y el suyo propio con el del bautista.

En el siglo XVII fue adquirida por Felipe IV y estuvo en El Escorial hasta su adquisición por el Museo del Prado en 1837.

Fuente: http://el-arte-de-ser-madre.blogspot.com

LA VISITACIÓN (1410)


Visitation 1410
Detail from Frontal
wool, linen and silk
Museum of Applied Arts, Frankfort, Germany
Esta pieza es un antipendio.

miércoles, 29 de mayo de 2013

"Queremos crear un empresariado revolucionario, que no tenga tanto en cuenta el beneficio para el empresario como los beneficios sociales", José Luis Sánchez, responsable de la Asociación de Empresarios Católicos de Valencia.


José Luis Sánchez es sacerdote de la diócesis de Valencia y responsable de las Asociaciones de Empresarios Católicos de Valencia, junto con el arzobispo Carlos Osoro. "Queremos crear un empresariado revolucionario, que no tenga tanto en cuenta el beneficio para el empresario como los beneficios sociales", explica, y recuerda que "la Doctrina Social de la Iglesia permite la propiedad privada siempre y cuando ésta esté al servicio de crear desarrollo para todos los hombres de la tierra".

— ¿Cómo surgió la idea de crear las Asociaciones de Empresarios Católicos?

Cuando llegó el arzobispo Osoro a la diócesis estaba muy preocupado porque el paro había empezado a tener mucha fuerza en la Comunidad Valenciana. Cáritas no daba abasto y se dio cuenta de que crear trabajo era importantísimo y que había que apoyar al empresario para que experimentara en un momento muy difícil también para las empresas que valía la pena no tirar la toalla.

— ¿Se puede ser empresario y católico en estos tiempos tan convulsos?

Hay muchos empresarios católicos y el crear riqueza y puestos de trabajo para que las personas puedan desarrollar su vida está en consonancia con la Doctrina Social de la Iglesia, que permite la propiedad privada siempre y cuando ésta esté al servicio de crear desarrollo para todos.

— ¿Hay ejemplos a seguir entre los empresarios actualmente? ¿Hay quienes están peleando porque las condiciones de sus trabajadores sean lo más dignas posible?

De las tres estructuras que se han creado en la archidiócesis de Valencia (España) una es un capítulo de empresarios, y otra es un consejo de empresarias católicas. Lo que están buscando ambas es una formación profunda que nos lleve a descubrir que el hombre está en el centro de todo. Crear trabajo es importante para crear riqueza pero la mayor riqueza es el propio hombre. En la medida en que las personas se realizan el capital de la empresa es mucho mayor ya que éstas adquieren sentido y alegría. Luego esto tiene una repercusión en sus vidas, en sus familias y en la sociedad, además de en el mundo empresarial.

— ¿Cuántos profesionales conforman las fundaciones de empresarios católicos?

Hay unas 800 empresas en torno a estas asociaciones. Vimos que era muy importante, junto con la formación ética del empresario, que se asociaran para crear un apoyo común social desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, de la investigación y de la comunicación.

Cada dos meses hay una reunión de 50 empresarios que tratan de ver la problemática de la Comunidad Valenciana con el objetivo de analizar estos temas y ver dónde hay que incidir. Lo que esta comisión hace se lleva a la comisión de investigación, donde personas del mundo de la universidad se dedican a ver con qué concreciones tendríamos que seguir adelante.

Hay otra comisión de comunicación que informa tanto a la sociedad como al gobierno autonómico y al gobierno español, así como a todos los asociados. Los empresarios católicos buscan tener una espiritualidad, una fortaleza interior para que su fundamento no esté solo en ganar dinero sino también en la realización de las personas y descubrir todo el bien que pueden estar haciendo. Se busca la dimensión social para que haya ayudas a otras instituciones. Por ejemplo, con Cáritas se ha realizado lo de apadrinar a una familia, un apoyo muy concreto y determinado tan necesario en estos tiempos de crisis.

— ¿Tenemos que estar a la altura de lo que la situación social nos pide?

Sí. El Papa Francisco nos ha dicho que participemos del sufrimiento del mundo y eso ha sido lo que ha llevado a nuestro arzobispo, don Carlos Osoro, a estimularnos a fundar esta confederación empresarial en la tónica con la que se ha constituido en Valencia. Tanto el Papa como nuestro arzobispo, cuando ven el sufrimiento de las personas piensan que Jesús tiene que estar en medio de ese sufrimiento. Tiene que estar presente siendo bálsamo y siendo esperanza, Buena Noticia, novedad. Y la Buena Noticia es que, con la fuerza de la Palabra y de los sacramentos, es posible que todo sea transformado. Sobre todo el egoísmo en amor, la mentira en verdad y la desorientación en orientación.

— ¿Don Carlos Osoro es un pastor de los que huelen a oveja desde hace mucho tiempo?

Creo que la trayectoria de nuestro arzobispo en las diócesis de Orense, Oviedo y Valencia es conocida por todos. Tiene un don para con las personas y para comprometerse con los demás, y desde la vida de oración tan profunda que lleva hace posible la presencia de Cristo en medio de todos y nos moviliza. Él valora mucho la formación y por eso cuida mucho la universidad católica. Él busca que desde una formación intelectual y desde la vida interior sepamos iluminar las realidades de cada momento. No en vano estamos realizando atrios de los gentiles, exposiciones de arte, diálogos sobre la espiritualidad, con la política y con la economía... La Universidad Católica se hace presente en medio de la cultura, trabajamos con los jóvenes. Todo esto lo hacemos con mucha sencillez pero sabiendo que nos estamos jugando la felicidad de muchas personas. Lo que queremos es que la gente salga de la mayor de las pobrezas, que es no tener a Dios. Después están las otras pobrezas.

— ¿Cuál es el papel de la Iglesia en esta Europa en la que parece que el cristianismo está en retroceso?

Juan Pablo II le decía a Benedicto XVI cuando éste era cardenal que tenía ilusión porque veía que llegaba una nueva primavera para la Iglesia. Al parecer Benedicto XVI, en cambio, le decía que no veía ese rebrotar. Igual nos pasa a nosotros. Muchas veces tenemos la sensación de que en Occidente la fe católica ya no está en la estructura humana. Pero sí lo está. La religión católica ha dialogado con la razón como ninguna otra. No cree en el fundamentalismo (que quedó prohibido en el Vaticano II, porque nosotros tenemos que dar razón de nuestra esperanza a aquél que nos la pide).

Occidente es un lugar muy relativista donde el hombre piensa que no hay Verdad, donde la persona puede decidir por sí misma todo lo que quiere, incluso su cambio de sexualidad; donde el ser humano muchas veces piensa que cualquier opinión vale lo mismo, y donde nos encontramos con una increencia muy fuerte.

Lo que hay que valorar son los esfuerzos de tantas personas (incluso de los no creyentes) por acercarse a la Verdad, por acercarse al Bien, por promover la paz... Tenemos que dar gracias a Dios por todo el esfuerzo ecológico que se hace por salvar la naturaleza, porque de alguna manera desde ahí se puede engarzar una sacralidad de acercarse a la Verdad, que es Dios. Pero evidentemente también es cierto que tenemos que influir en que esta dictadura del relativismo para que las personas puedan encontrar la auténtica esperanza de ser peregrinos, no vagabundos. El peregrino sabe a dónde va, el vagabundo da vueltas sobre sí mismo.

Ojalá que nosotros podamos ayudar a la mayor riqueza del ser humano, siempre ofreciendo y nunca imponiendo, para poder ayudar a descubrir que sin Dios la vida no tiene sentido. El hombre que no tiene a Dios sólo espera la muerte, y necesitamos tener vida y esperanza.

Fuente: http://www.periodistadigital.com

martes, 28 de mayo de 2013

VOCABULARIO: Longanimidad, por M. Dolors Gaja, MN.

LONGANIMIDAD: El otro día, en nuestra reunión de Laicos, trabajamos los dones y frutos del Espíritu. Y de repente surgió, medio en broma medio en serio, una experiencia de Espíritu: hablábamos de los frutos y al llegar a la “longanimidad” hicimos broma con la palabrita que, la verdad, se las trae.

El término proviene del latín “longus” (largo) unido a “anima” (alma). De una manera clásica se ha aplicado a la capacidad que tiene el alma de esperar largamente a Dios y algunos lo traducen directamente como perseverancia. Longanimidad sería pues perseverancia, paciencia, constancia en el bien. Sería la hermana pequeña de la Esperanza. Nuestro diccionario explica la palabra longanimidad como “grandeza y constancia de ánimo ante la adversidad”.

No obstante a mí me marea un poco dar sinónimos cuando las palabras están claras: alma larga, grande, ancha… ¿Para qué más?

Nos reímos con la palabrita hasta que caímos en la cuenta de que, en realidad, este término era muy frecuente, aunque camuflado, en nuestra vida diaria. Porque en  Canarias (España) la gente usa una palabra, alongarse, que viene de la misma raíz, longus.

También es cierto que hay quien sostiene que esta palabra es puramente inglesa y viene de long, pero no vamos ahora a perdernos en disquisiciones.

Alongar es alargar, estirar. Dar más longitud, agrandar. Y es también dilatar el tiempo, hacer que algo dure más. Pero en las islas se usa “alongarse” en el sentido de asomarse (normalmente a una ventana, una barandilla…) con algo de riesgo. Alongarse implica movimiento y deseo de ver, de conocer, de no vivir encerrado. Para alongarse hace falta una actitud interna de curiosidad pero es preciso implicar al cuerpo y estirarlo.

Y de repente nos pareció que esa palabra debía definir nuestro grupo, nuestro ser laical en la Iglesia…y hasta a la misma iglesia. Porque necesitamos alongarnos, salir de los ámbitos cerrados que sólo nos hablan de inmediatez, de materialismo y seguridades. Es preciso alongarse y estirar el cuerpo y el corazón para vivir agarrados a Dios y no caernos, pero para ver también qué sucede en nuestro mundo. Es urgente que asumamos riesgos y que seamos capaces de olvidar seguridades para alongarse al hermano que, en la calle y sin techo, sufre esperando mi mano “alongada”, estirada y abierta.

Alongarse supone dinamicidad  y también nuestras comunidades cristianas, nuestras parroquias, necesitan salir, alongarse, llegar, con todos sus miembros en acción, a los que están “fuera”. Ya no vale la imagen de la Iglesia que espera con las puertas abiertas…es necesario alongarse, arriesgarse, indagar nuevos caminos, correr riesgos…

Queremos vivir alongados al misterio de Dios. Sabemos que sólo una pequeña ventana nos permite adentrarnos en su ser y por ella queremos alongarnos. Sabemos que corremos riesgos, porque conocer un poco más a Dios, siempre cambia nuestra vida. Queremos vivir alongándonos a su Misterio; y queremos vivir alongándonos  continuamente hacia el  hermano.

Alongarse. Qué bonita palabra…Alóngate, hermano!

lunes, 27 de mayo de 2013

CRISTO EUCARÍSTICO, de Raúl Berzosa


Cristo Eucaristico 
Raul Berzosa
Óleo sobre lienzo 
81x116 cm

Representación del sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo instituido por Él mediante el sacrificio de la Cruz. La escena muestra la transubstanciación, consistente en la transformación de la hostia en la carne y del vino en la sangre de Cristo. Por ello la cabeza de Jesús queda enmarcada en un círculo, símbolo de la Sagrada Forma, la sangre del costado cae en el cáliz, símbolo de la sangre convertida en vino consagrado. Junto al cáliz, espigas de trigo y uvas, materiales con el que se realiza el sacramento de la Eucaristía.

Quien realiza la consagración en la iglesia Católica es únicamente el sacerdote, por ello una estola rodea el cuerpo de Cristo, como símbolo sacerdotal. Al mismo tiempo el humo del incienso rodea toda la pintura, es símbolo, sobre todo, de la actitud de ofrenda y sacrificio de los creyentes hacia Dios. El incienso une de algún modo a las personas con el altar, con sus dones y sobre todo con Cristo Jesús que se ofrece en sacrificio.

Esta pintura fue expuesta en el Congreso Eucarístico Internacional en Dublín (Irlanda) en junio de 2012 en la colección "Rostros de Cristo". La colección "Faces of Christ" en Francia: www.faces-of-christ-collection.com

Fuente: http://www.raulberzosa.com

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO, de Pepe Basto


Adoración al Santísimo Sacramento 2011
Pepe Basto
Convento de las Reparadoras
Jerez, España

TRIUNFO DE LA FE SOBRE LOS SENTIDOS, por Frías y Escalante


Triunfo de la fe sobre los sentidos 1667
Juan Antonio de Frías y Escalante,
Óleo sobre lienzo 
113x152 cm 
Museo del Prado, Madrid

EL TRIUNFO DE LA EUCARISTIA, de Murillo


El Triunfo de la Eucaristía 1662-1665
Bartolomé Esteban Murillo
Óleo sobre lienzo
196 x 250 cm.
Barroco Español
Colección Particular

El Triunfo de la Eucaristía formaba pareja con la Inmaculada Concepción en la decoración del testero de la nave de la Epístola, sobre el comulgatorio, de la iglesia de Santa María la Blanca, Sevilla. El cáliz con el Santísimo ocupa la parte central del cuadro, sobrevolado por la paloma del Espíritu Santo. La figura que lo sostiene podría ser la Iglesia como suministradora de la Eucaristia.

En la zona de la derecha encontramos un grupo de figuras que adoran el sacramento, representando la fe popular. Destaca en este grupo la facilidad del artista para captar expresiones, tanto en los rostros como en los gestos de los hombres y mujeres presentes en el abigarrado grupo.

Una iluminación dorada procedente de la Eucaristía domina el conjunto, organizado a través de un triángulo que tiene como vértice la hostia. Esa luz dorada resbala por los ropajes de los personajes.

Esta cuadro, al igual que la Inmaculada Concepción, fue sacado de Sevilla durante la Guerra de la Independencia, siendo vendido en París en 1865.

LA DISPUTA DEL SACRAMENTO (de la Eucaristía), de Rafael


La Disputa del Sacramento (de la Eucaristia) 1509-1510
Rafael Sanzio (1483-1520)
Fresco 
Renacimiento italiano
Museo Vaticano

Este fresco fue el primero realizado por Rafael a su llegada a Roma. El título de la obra no se corresponde exactamente con el tema, siendo más apropiado el Triunfo de la Eucaristía. El pintor ha organizado una composición protagonizada por la simetría y la perspectiva lineal, tomando como centro la Sagrada Forma ubicada sobre el altar. Hacia allí convergen las líneas de fuga del embaldosado suelo y las diferentes figuras del espacio terrenal. 

La composición se organiza en torno a dos hemiciclos poblados por multitud de personajes, haciendo una separación entre la superficie terrenal y la celestial, acentuada a través de las tonalidades empleadas en una y otra zona. El espacio superior está presidido por la Trinidad con Dios Padre, Cristo y el Espíritu Santo sobre la Sagrada Forma. A la derecha de Cristo encontramos a la Virgen, Jeremías, san Esteban, David, san Juan Evangelista, Adán y san Pedro mientras que a la izquierda aparecen san Juan Bautista, Judas Macabeo, san Lorenzo, Moisés, san Mateo, Abraham y san Pablo. 

En la zona terrestre han sido identificados algunos personajes como Bramante -apoyado en la balaustrada-, Francesco Maria della Rovere -el joven que se dirige al espectador-, san Gregorio Magno con el rostro de Julio II, san Jerónimo, san Ambrosio, san Agustín, san Buenaventura, Dante -coronado con laurel- o Savonarola -semioculto con un capuchón negro-. Las figuras se ubican alrededor del altar permitiendo su contemplación, creando una estructura ascendente gracias a las gradas. 

Tras ellos, en la zona de la derecha encontramos un enorme bloque de piedra que alude a la construcción de la basílica vaticana. Las influencias en Rafael son perceptibles mostrando ecos de Leonardo y Fra Bartolomeo aunque resulta personal en su deseo de dotar de vida y expresividad a cada uno de sus personajes, mostrando las diferentes actitudes humanas en un momento de cierta tensión. 

Sanzio va abandonando el estilo florentino para convertirse en un pintor romano dotando a sus personajes de elegancia clásica y un acentuado y brillante colorido resultando una obra de inolvidable belleza.

TRIUNFO DE LA EUCARISTÍA SOBRE LA IDOLATRÍA, por Peter Paul Rubens


Triunfo de la Eucaristía sobre la Idolatría 1625-1626
Rubens, Pedro Pablo
Óleo sobre tabla
86,5 cm x 105,5 cm
Escuela flamenca
Museo del Prado, Madrid, España

PROCESIÓN DEL CORPUS CHRISTI, de Basilio de Santa Cruz


Procesión del Corpus Christi
Basilio de Santa Cruz Pumacallao

Basilio de Santa Cruz Pumacallao fue un pintor indígena quechua cuya carrera comenzó hacia 1661. Retratista y pintor religioso de gran talento. Gran exponente de la escuela cuzqueña de pintura.

domingo, 26 de mayo de 2013

TRINIDAD MISERICORDIOSA, de Cáritas Muller



"La Trinidad Misericordiosa" de la hermana Cáritas Müller, nos remite al carácter trinitario de Dios en su relación con el ser humano: el Padre, en el círculo a la derecha, se vuelve hacia nosotros, nos acoge y abraza, oye nuestras súplicas y nos envía. 

En el círculo de la izquierda está el Hijo, que asumiendo nuestra frágil condición, viene a nosotros y nos manifiesta, en el servicio al prójimo, su inmenso amor; arriba: el Espíritu Santo, que nos alienta, abre nuestros ojos y nos muestra nuestra misión actual. 

En el centro, hay una figura humana que nos representa a todos que, con nuestras fragilidades y miserias, nuestros problemas y limitaciones, siempre somos amparados y abarcados por la misericordia divina

En el fondo de la escultura: un gran círculo, en cuyo interior se encuentra otro pequeño. El círculo grande simboliza la tierra, la creación en su conjunto; el más pequeño: la persona, el corazón del mundo. El ser humano ha recibido por vocación cuidar de la tierra, ser su guardián.

Los tres círculos exteriores, tocan, se empotran en los círculos centrales. Pero la mayor parte de los círculos se que da fuera. Dios es mayor que la creación. ¡Es un Misterio! “El reino de Dios está en medio de vosotros”. (Lc 16, 21).