jueves, 29 de marzo de 2018

La Pascua Judía y la Última Cena


La Última Cena, fue la celebración de la pascua judía, una solemne comida sacrificial llevada a cabo según los antiguos ritos judíos por nuestro Señor y sus apóstoles, conocida como “seder”.

La Última Cena es el momento decisivo cuando los símbolos y profecías del Antiguo Testamento son reemplazados para siempre por los hechos y cumplimiento del Nuevo Testamento. Los evangelistas omitieron a la hora de narrar esa Cena muchos detalles que daban por conocidos por los judíos.

¿Por qué nuestro Señor toma el cáliz dos veces en la narración de san Lucas en la Última Cena? (Lc 22,17-20). ¿Por qué San Pablo habla de la "Copa de bendición"? (1Cor 10,16). ¿Por qué se dijo un salmo antes de que los Apóstoles dejaran el Cenáculo? (Mt. 26: 30). Estas y otras frases cobran nuevo significado a la luz de los antecedentes judaicos.

La Cena Pascual nos ayuda a entender y profundizar en las ceremonias litúrgicas de la Semana Santa y la Pascua, empapadas de alusiones al Antiguo Testamento. "Esta es la solemnidad pascual en la cual el verdadero Cordero, fue sacrificado..." "Oh noche bendita que desposeyó a los egipcios y enriqueció a los hebreos..."

Comprendiendo el contexto en el que Cristo escogió instituir la Santa Eucaristía, se enriquecerá nuestra participación en la Misa.

La Comida Pascual es una preparación de la Misa que enfoca nuestra atención en el misterio pascual, el Cordero que fue sacrificado y nos redimió de la esclavitud con su sangre. Nos prepara para entrar en cada Misa porque la Vigilia Pascual no fue solamente el fin del viejo rito sino el principio del nuevo.

San Atanasio dice: "Cuando nos reunimos y comemos la carne de nuestro Señor y bebemos su sangre, celebramos la Pascua".

La ceremonia de la Cena Pascual nos permite representar los eventos de la vigilia pascual como un drama-oración, para prepararnos para la verdadera representación de la vigilia pascual en la Santa Misa.

Pero, ¿por qué Jesús usó la Cena Pascual para instituir la Eucaristía?

Es importante que veamos que se trata de una elección deliberada de Jesús. Él envía a sus discípulos a preparar el Cenáculo. Se preocupa acerca del tiempo y el lugar exacto y arregla todo de antemano, diciendo cuánto “deseaba comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que no la comeremos hasta que sea cumplida en el Reino de Dios” (Lc 22:15-16).

La historia del Éxodo de Egipto que la Iglesia lee en preparación a los misterios pascuales es la gran parábola de nuestra Redención en el Antiguo Testamento. Cada detalle es significativo. Entre los acontecimientos de la Antigua Ley, el más significativo es la sangre del cordero sacrificado salpicada en las puertas de los hijos de Israel para que el ángel vengador, que vino a matar al primogénito en toda casa de Egipto, "pase de largo" las casas de los hebreos.

La sangre del cordero profetiza el verdadero cordero cuya sangre libera al mundo de la esclavitud del pecado. Dios ordenó que esta primera Pascua fuera conmemorada solemnemente en una festividad anual; la gente debía sacrificar un cordero y comerlo con pan ázimo y lechuga silvestre (un recuerdo de la huida apresurada de Egipto, cuando no hubo tiempo de llevar consigo pan con levadura), en agradecimiento por la libertad que fue un regalo de Dios.

La fiesta de la Pascua anual llegó a ser un acontecimiento de primera importancia en la religión de Israel. Gradualmente el ritual llegó a ser más elaborado y la Pascua, además de memoria del pasado, se hizo profecía del futuro.

En el tiempo de Jesús, la comida pascual ya no se comía de pie y apresuradamente sino reclinados alrededor de la mesa de fiesta. En gran contraste a esa noche de huida, 1500 años antes, la atmósfera era de amor y alegría espiritual. Pero el corazón verdadero de la celebración permanecía el mismo a través de los siglos: sacrificio y banquete sacrificial, celebrado en acción de gracias.

Ahora podemos ver por qué Cristo escogió este momento para su sacrificio. Esta fiesta familiar del pueblo escogido se transformó en la gran fiesta de la comunidad cristiana, uniendo más íntimamente en un solo cuerpo aquellos alimentados por el único Pan divino.

La primera pascua fue conmemorada en una Comida Pascual; la segunda Pascua, el sacrificio de Cristo, fue realizada en la Santa Misa, la Comida Pascual del Nuevo Testamento.

En el marco de la Pascua el significado del sacrificio se aclara: "Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros" (Lc 22,19) para que vosotros podáis "pasar de largo" de la muerte en el pecado a la vida de Dios.

En este contexto se aclara también que el nuevo sacrificio tendrá también su banquete sacrificial: "En verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros". (Jn 6,54).

En la última Cena, Cristo con humildad y reverencia guardó la Pascua con sus discípulos, observando su ritual pero cuando la Cena iba a concluir reemplazó el antiguo rito con el nuevo. Tomó el pan, lo bendijo y partió y lo que les dio a sus discípulos ya no era simplemente el pan sin levadura de la Pascua. Entonces tomó el cáliz, lo bendijo, y lo que les dio ya no era únicamente el ofrecimiento de la Pascua, sino él misterio del Nuevo Pacto que se acababa de establecer.

El momento supremo, anticipado en la conmemoración de la Pascua a través de los siglos, había llegado. La redención del hombre iba a realizarse.

Se cree que el Señor celebró la Pascua con sus discípulos el jueves por la noche, anticipando en un día la Pascua de pueblo escogido. El Viernes Santo, en la hora en que los corderos pascuales eran sacrificados en el Templo, el Cordero de Dios era sacrificado en la Cruz.

El Viejo Pacto entre Dios y el pueblo escogido había sido sellado por la sangre de muchas víctimas. El Nuevo Pacto estaba ahora sellado por la sangre de la única víctima perfecta.

El cordero figurado era reemplazado por el Cordero verdadero. El sacrificio ahora había sido hecho perfecto. Este mismo sacrificio profetizado en la Pascua judía, cumplido en el Calvario, es renovado en cada Misa.

Cuando los cristianos comemos el pan y bebemos el vino de la Eucaristía celebramos el misterio pascual. Como dice San Juan Crisóstomo, en cada Misa "es Cristo, quien aquí y ahora celebra la Pascua con sus discípulos. Y la mesa del altar es la mesa de la Última Cena".

Autor: Santiago Quemada. Estudió Derecho en la Universidad Complutense. Después se trasladó a Roma para estudiar Teología. Al terminar el bachillerato en Teología se fue a Pamplona para hacer la licenciatura y la Tesis en Teología Moral. Poco después de finalizar la tesis doctoral recibió la ordenación sacerdotal en Roma. Inesperadamente se le planteó la posibilidad de ir a vivir a Tierra Santa. Reside en Jerusalén donde desarrolla su labor pastoral.

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