viernes, 25 de noviembre de 2022

Martirio de San Clemente I Romano



Sabemos del martirio de Clemente I de Roma por las actas tardías (s. IV) que realzan la figura del santo. El emperador Trajano desterró a Clemente al Quersoneso, en Crimea (sur de Rusia), condenándole a trabajos forzados en una cantera, por negarse a dar culto a los ídolos. 

Un día las autoridades le exigieron que adorara a Júpiter. Clemente dijo que solo adoraba al verdadero Dios. Entonces fue arrojado al mar y para que los cristianos no pudieran venerar su cadáver le fue atado al cuello un ancla. Un ángel enviado por Dios hizo en el fondo del mar un magnífico sepulcro de mármol. Los fieles podían visitar la tumba del santo porque la marea retrocede cada año dos millas, revelando un santuario que contiene los huesos del mártir. Esta narración no es anterior al siglo IV, y es conocida para san Gregorio de Tours en el siglo VI.

Algunos han encontrado en el ancla un símbolo de la iconografía cristiana que sugiere la firmeza de la fe y la seguridad de la unidad que Clemente defendió al mantener el principio de la autoridad primacial de la sede romana. En las persecuciones, el obispo de Roma es el indicutible y supremo representante del magisterio.

San Cirilo y san Metodio llevaron a Roma en el año 860 los restos de san Clemente, los cuales fueron recibidos con gran solemnidad. Adriano II las depositó junto con los de san Ignacio de Antioquía en el altar mayor de la basílica de San Clemente en Roma. El ancla parece ser la única evidencia de identidad pero no podemos deducir de la narración que perteneciera a los huesos dispersos (vea Acta SS., 9 marzo, II, 20).

El primero en mencionar a san Clemente como mártir es Rufino (c. 400). En el año 417, el papa san Zósimo relata el juicio y absolución parcial del hereje Celestio en la basílica de San Clemente. Zósimo había elegido esta iglesia porque Clemente había aprendido la fe de san Pedro, y había dado su vida por ella (Ep. II). También es llamado mártir por el escritor conocido como Predestinato (c. 430) y por el sínodo de Vaison en 442.

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