viernes, 9 de diciembre de 2016

Mateo 11:16-19: Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, por Julio González, SF.

Mateo 11:16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: ¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado”. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.

— Comentario por el P. Julio González, SF.

Hay gente que nunca está contenta o, tal vez, debería decir: hay gente que solamente está contenta cuando les va bien a ellos.

Un médico le explicaba a una mamá la apatía de su hijo: “El niño está sano. El problema de su hijo no es que nunca esté contento, su problema (de la madre) es que le pone tanta atención que el niño no puede disfrutar de los demás, de la naturaleza y de las cosas cotidianas, porque está absorbido por sí mismo”. “Y eso ¿se cura?”, pregunta la madre; “Por supuesto, no le preste tanta atención, motive a su hijo para que dirija su atención sobre las vivencias de otras personas y verá que el niño comienza a mostrar interés por algo”.

Este ejemplo sirve para explicar que la espiritualidad del Adviento no puede ser apreciada por personas que están interesadas solamente en sí mismas, en cómo les va a ellos.

Jesús no habla de unas personas sino de toda una “generación”, poniendo en evidencia un sistema de valores, una mentalidad, un estilo de vida generacional.

“Hemos tocado la flauta y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado”, ¿Cómo pueden bailar o llorar por lo que otros hacen si solamente tienen ojos y oidos para sí mismos?

La espiritualidad del Adviento es la espiritualidad del caminante; por eso, los sabios que vienen que oriente, los pastores, Abraham, Moisés, los profetas, Juan el Bautista, María, pueden inspirar nuestra espera durante las semanas del Adviento.

A través de Zacarías, Isabel, José, Herodes y sus consejeros, descubrimos que ese peregrinaje pone a prueba no solamente nuestra resistencia física sino también nuestra resistencia a cambiar, a ver a los demás sin temor, como una buena noticia.

Los episodios del Evangelio que volvemos a leer durante este tiempo de Adviento muestran que quienes se preocupan por mantener su bienestar y privilegios, no solamente no se alegran con la llegada del mesías sino que sienten su llegada como una amenaza; de igual manera se habían sentido molestos e incordiados con la presencia de Juan Bautista y los profetas.

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