viernes, 24 de febrero de 2012

1 DOMINGO DE CUARESMA, B


Génesis 9, 8-15
Salmo 24: "Descúbrenos, Señor, tus caminos".
1 Pedro 3, 18-22
Marcos 1,12-15


Lectura del libro del Génesis (9, 8-15)

En aquellos días, dijo Dios a Noé y a sus hijos: "Ahora establezco una alianza con ustedes y con sus descendientes, con todos los animales que los acompañaron, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca, con todo ser viviente sobre la tierra. Esta es la alianza que establezco con ustedes: No volveré a exterminar la vida con el diluvio ni habrá otro diluvio que destruya la tierra". Y añadió: "Esta es la señal de la alianza perpetua que yo establezco con ustedes y con todo ser viviente que esté con ustedes. Pondré mi arco iris en el cielo como señal de mi alianza con la tierra, y cuando yo cubra de nubes la tierra, aparecerá el arco iris y me acordaré de mi alianza con ustedes y con todo ser viviente. No volverán las aguas del diluvio a destruir la vida".

Salmo Responsorial 24:
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.


Descúbrenos, Señor, tus caminos,
guíanos con la verdad de tu doctrina.
Tú eres nuestro Dios y salvador
y tenemos en ti nuestra esperanza.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.


Acuérdate, Señor, que son eternos
tu amor y tu ternura.
Según ese amor y esa ternura,
acuérdate de nosotros.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.


Porque el Señor es recto y bondadoso,
indica a los pecadores el sendero,
guía por la senda recta a los humildes
y descubre a los pobres sus caminos.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (3, 18-22)

Hermanos: Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado. En esta ocasión, fue a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados, que habían sido rebeldes en los tiempos de Noé, cuando la paciencia de Dios aguardaba, mientras se construía el arca, en la que unos pocos, ocho personas, se salvaron flotando sobre el agua. Aquella agua era figura del bautismo, que ahora los salva a ustedes y que no consiste en quitar la inmundicia corporal, sino en el compromiso de vivir con una buena conciencia ante Dios, por la resurrección de Cristo Jesús, Señor nuestro, que subió al cielo y está a la derecha de Dios, a quien están sometidos los ángeles, las potestades y las virtudes.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos (1, 12-15)

En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían. Después de que, arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio".

Comentario de Mons. Francisco Gonzalez, S.F.
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Damos hoy comienzo a la Santa Cuaresma, algo aburridísimo para algunos, lleno de tristeza y melancolía para otros. Sí, en la Iglesia ya no se ven flores, algo que tanto agrada la vista; sí, el color de los ornamentos es morado; sí, ya no se canta el gloria ni el aleluya; sí, incluso en algunos lugares cubren las imágenes; sí, los viernes no se come carne; sí, hay dos días que se debe ayunar; sí, incluso habrá quien se prive de comer dulces, que no vaya a bailar o que deje de tomarse su traguito, etcétera.

Cuando miramos así a la Cuaresma que comenzamos el miércoles 22, la verdad es que es deprimente, y como alguien ha dicho "odio la cuaresma".

Sin embargo la Cuaresma bien entendida, no tiene nada de ese sentido lóbrego que algunos le dan. La Cuaresma, si nos fijamos en las lecturas de hoy tiene un sentido grande de vida y no de muerte, de alegría y no de tristeza, de esperanza y no de desesperación.

La primera lectura nos habla de que es el mismo, Dios quien quiere y hace una alianza con Noe y sus hijos, anunciándoles que no habrá ya más destrucción como la del diluvio.

En la segunda lectura Pedro nos recuerda las aguas del diluvio y pasa a las aguas del bautismo por el que recibimos la vida divina, por la que participamos en ese misterio glorioso de la muerte de Cristo y de su resurrección.

Si continuamos nos encontramos con el Santo Evangelio que Marcos nos ofrece. El Espíritu es el que guía a Jesús al desierto. Nosotros nunca estamos solos, pues el Espíritu desde que entró en nosotros al recibir el sacramento del Bautismo, nos convirtió en su morada y por eso el Apóstol nos recuerda que somos "Templos del Espíritu Santo".

Marcos no nos da detalles de lo que aconteció durante esos cuarenta días que Jesús pasa en la soledad del desierto, excepto que es tentado, que vive entre alimañas y que los ángeles le servían.

Juan, el Precursor, es arrestado y Jesús regresa a Galilea y comienza su predicación, predicación con la que comenzamos este primer domingo de Cuaresma: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Nueva."

Todas aquellas promesas, todo ese tiempo de espera ya ha terminado. El dominio del demonio se ha terminado pues alguien más poderoso ha llegado. Este cambio es la Buena Nueva, Dios está con nosotros, está estableciendo una nueva alianza y esta vez basada en Cristo Jesús.

¿Qué significa el Reino de Dios? No lo define, de hecho nunca lo define, pero de vez en cuando nos presenta Jesús una especie de cuentos o historietas, las parábolas, para que nosotros tengamos una idea de lo que es ese reino.

Este nuevo reino, es una nueva vida. Las cosas no pueden seguir como estaban, este nuevo reino, esta nueva vida se tiene que asemejar a los primeros tiempos cuando todo era bueno y justo. Cuando había felicidad desbordante porque Dios era el centro de todo.

Para entrar, para participar, para adquirir ciudadanía en este nuevo reino, necesitamos la conversión, el cambio radical, hacer de Dios, como dice el Cardenal Martini, el centro de nuestra vida.

Sería bueno comenzar por una reflexión personal, pasando inmediatamente a la comunitaria, seguida de una nacional e internacional sobre lo que sería este mundo si en vez de los bancos, los congresos y senados, las armas de una clase u otra dejaran de hacer negocio, escribir pactos que se rompen antes de que se seque la tinta de las firmas, y dejaran de sonar los cañones y las bombas y votáramos todos por Dios, ya podríamos no sólo escuchar buenas noticias en las televisiones y telediarios, sino que como dice J. A. Pagola: "Cuando Dios reina en el mundo, la humanidad progresa en justicia, en solidaridad, compasión, fraternidad y paz".

El Reino de Dios fue la pasión de Cristo, y si queremos seguirle, debe ser la nuestra también. "Padre nuestro… venga a nosotros tu reino".

lunes, 20 de febrero de 2012

La proclamacion del Evangelio hoy: entre la mision ad gentes y la nueva evangelizacion, por el Cardenal Timothy Michael Dolan, Arzobispo de Nueva York.


17 de febrero del 2012.

¡Alabado sea Jesucristo!


"¡Vayan, y hagan discípulos en todas las naciones!", es tan actual como la Palabra de Dios que hemos escuchado en la liturgia de esta mañana...

Me refiero al deber sagrado de la nueva evangelización. Es "siempre antigua, siempre nueva". El cómo, el cuándo y el dónde pueden cambiar, pero el mandato sigue siendo el mismo, así como el mensaje y la inspiración: "Jesucristo... el mismo ayer, hoy y siempre".

Estamos reunidos en el caput mundi, evangelizada por los apóstoles Pedro y Pablo; en la ciudad de la que el sucesor de Pedro "ha enviado" evangelizadores a ofrecer la Persona, el mensaje y la invitación que están en el corazón de la evangelización, para toda la Europa, hasta el "nuevo mundo", en la era de los "descubrimientos geográficos", así como en África y Asia en tiempos más recientes.

Estamos reunidos frente a la basílica, donde el celo evangélico de la Iglesia se expandió durante el Concilio Vaticano II; cerca de la tumba del sumo pontífice que ha creado el término "Nueva Evangelización", familiar para todos.

Nos reunimos agradecidos por la compañía fraternal de un pastor que nos hace recordar todos los días, el desafío de la nueva evangelización.

Sí, estamos aquí juntos como misioneros, como evangelizadores.

Acogemos la enseñanza del Concilio Vaticano II, especialmente en lo que está expresado en los documentos Lumen Gentium, Gaudium et Spes y Ad Gentes, que especifican con precisión cómo entiende la Iglesia su propio deber evangélico, llamando a toda la Iglesia misionera; es decir, que todos los cristianos, en virtud del bautismo, la confirmación y la eucaristía, son evangelizadores.

Sí, el Concilio ha reiterado, sobre todo en Ad Gentes, que si bien son misioneros explícitos aquellos enviados a los lugares donde las personas nunca han oído el nombre mediante el cual todos los hombres han sido salvados, sin embargo, no hay cristiano que esté excluido de la tarea de dar testimonio de Jesús, transmitiendo a los demás el llamado del Señor en la vida cotidiana.

Por lo tanto, la misión se ha convertido en el punto central de la vida de cada Iglesia local, de cada creyente. La naturaleza misionera se renueva no sólo en un sentido geográfico, sino en el sentido teológico, en tanto el destinatario de la 'misión' no es sólo el no creyente, sino el creyente. Algunos se preguntaban si esta ampliación del concepto de la evangelización hubiese debilitado involuntariamente el significado de la misión 'ad gentes'.

El beato Juan Pablo II ha desarrollado esta nueva comprensión del término, haciendo hincapié en la evangelización de la cultura, en cuanto el parangón entre fe y cultura sustituyó la relación entre la Iglesia y el Estado que prevaleció hasta el Concilio, y en este cambio de acento consiste la tarea de reevangelizar culturas que alguna vez fueron el verdadero motor de los valores evangélicos.

Así, la nueva evangelización se convierte en el reto de aplicar la llamada de Jesús a la conversión del corazón, no sólo ad extra sino también ad intra; a los creyentes y culturas en las que la sal del evangelio ha perdido su sabor. Por lo tanto, la misión se dirige no sólo a Nueva Guinea, sino también a Nueva York.

En la Redemptoris Missio, número 33, el beato Juan Pablo II presentó este planteamiento, haciendo una distinción entre la evangelización primaria –el anuncio de Jesús a los pueblos y contextos socioculturales donde Cristo y su Evangelio no son conocidos–, y la nueva evangelización –el reavivar la fe en la gente y las culturas en las que se ha apagado–, y la atención pastoral de las iglesias que viven la fe y han reconocido su compromiso universal.

Está claro que no hay oposición entre la misión ad gentes y la nueva evangelización: no se trata de un aut-aut sino de un et-et. La Nueva Evangelización genera misioneros entusiastas, y aquellos que están comprometidos en la misión ad gentes deben dejarse evangelizar continuamente.

Desde el Nuevo Testamento, la misma generación que recibió la misión ad gentes del Maestro en el momento de la Ascensión necesitaba que san Pablo la exhortase a "reavivar el carisma de Dios", reavivando la llama de la fe depositada en ellos. Esto es sin duda, uno de los primeros ejemplos de la nueva evangelización.

Y más recientemente, durante el alentador Sínodo sobre África, hemos escuchado las voces de nuestros hermanos que están ejerciendo su ministerio en los lugares donde la cosecha de la misión ad gentes era rica, pero ahora que han pasado dos o tres generaciones, también ellos sienten la necesidad de una nueva evangelización.

El reconocido misionero televisivo, arzobispo Fulton J. Sheen, dijo: "La primera palabra de Jesús a sus discípulos fue 'vengan', y la última fue 'vayan'. Uno no puede 'ir' a menos que primero no haya 'venido' a él".

Un gran reto, tanto para la misión ad gentes como a la nueva evangelización, es el llamado secularismo.

Escuchemos cómo lo describe el Santo Padre:

"La secularización, que se presenta en las culturas como una configuración del mundo y de la humanidad sin referencia a la Trascendencia, invade todos los aspectos de la vida diaria y desarrolla una mentalidad en la que Dios de hecho está ausente, total o parcialmente, de la existencia y de la conciencia humanas. Esta secularización no es sólo una amenaza exterior para los creyentes, sino que ya desde hace tiempo se manifiesta en el seno de la Iglesia misma. Desnaturaliza desde dentro y en profundidad la fe cristiana y, como consecuencia, el estilo de vida y el comportamiento diario de los creyentes. Estos viven en el mundo y a menudo están marcados, cuando no condicionados, por la cultura de la imagen, que impone modelos e impulsos contradictorios, negando en la práctica a Dios: ya no hay necesidad de Dios, de pensar en él y de volver a él. Además, la mentalidad hedonista y consumista predominante favorece, tanto en los fieles como en los pastores, una tendencia hacia la superficialidad y un egocentrismo que daña la vida eclesial." (Discurso de Su Santidad Benedicto XVI a la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, 8.III.2008).

Esta secularización nos llama a una estrategia eficaz de evangelización.

Permítanme exponerla en siete puntos:

1. A decir verdad, al invitarme a hablar sobre este tema "El anuncio del Evangelio hoy: entre misión ad gentes y la nueva evangelización", el eminentísimo secretario de Estado, me pidió contextualizar el secularismo, sugiriendo que mi archidiócesis de Nueva York es quizá "la capital de la cultura secularizada".

Pero, –y creo que mi amigo y colega, el cardenal Edwin O'Brien, que creció en Nueva York, estará de acuerdo–, yo diría que Nueva York, a pesar de dar la impresión de ser secularizada, es sin embargo una ciudad muy religiosa.

Incluso en los lugares que suelen ser clasificados como "materialistas", tales como los medios de comunicación, el entretenimiento, las finanzas, la política, el arte, la literatura, hay una innegable apertura a la trascendencia, ¡a lo divino!

Los cardenales que sirven a Jesús y a su Iglesia en la Curia Romana pueden recordar el discurso de Su Santidad por la Navidad hace dos años, en el que se celebraba esta apertura natural a lo divino, incluso en aquellos que dicen adherirse al secularismo:

"...Considero importante sobre todo el hecho de que también las personas que se declaran agnósticas y ateas deben interesarnos a nosotros como creyentes. Cuando hablamos de una nueva evangelización, estas personas tal vez se asustan. No quieren verse a sí mismas como objeto de misión, ni renunciar a su libertad de pensamiento y de voluntad. Pero la cuestión sobre Dios sigue estando también en ellos... Como primer paso de la evangelización debemos tratar de mantener viva esta búsqueda; debemos preocuparnos de que el hombre no descarte la cuestión sobre Dios como cuestión esencial de su existencia; preocuparnos de que acepte esa cuestión y la nostalgia que en ella se esconde... Creo que la Iglesia debería abrir también hoy una especie de "atrio de los gentiles" donde los hombres puedan entrar en contacto de alguna manera con Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio, a cuyo servicio está la vida interna de la Iglesia".

Este es mi primer punto: Compartimos la convicción de los filósofos y poetas del pasado, los cuales no tenían la ventaja de haber recibido la revelación. Y, por eso, incluso una persona que dice adherirse al secularismo y despreciar las religiones, tiene dentro de sí una chispa de interés en el más allá, y reconoce que la humanidad y la creación serían un enigma absurdo sin un concepto de 'creador'.

En el cine hay ahora una película llamada The Way (El Camino), en la que uno de los protagonistas es un conocido actor, Martin Sheen. Quizás la hayan visto. Hace el papel de un padre cuyo hijo distanciado muere mientras recorre el Camino de Santiago de Compostela en España. El angustiado padre decide completar la peregrinación en lugar del hijo perdido. Es el icono del hombre secular: satisfecho de sí mismo, despectivo hacia Dios y la religión, que se definía "excatólico", cínico frente a a la fe... pero, sin embargo, es incapaz de negar que dentro de sí hay un interés irresistible de conocer más allá, una sed de algo más -o alguien más--, que crece en él a lo largo del camino.

Sí, podríamos tomar prestado lo que los apóstoles le dijeron a Jesús en el evangelio del domingo: ¡"todos te buscan"! Y te están buscando incluso hoy...

2. Esto me lleva al segundo punto: este hecho nos da una inmensa confianza y el coraje decisivo para cumplir con el sagrado deber de la misión y la nueva evangelización. "No tengan miedo", como suele decirse, es la exhortación más repetida en la Biblia.

Después del Concilio, la buena noticia era que el triunfalismo en la Iglesia había muerto. Pero, por desgracia, ¡también la confianza!

Estamos convencidos, confiados y valientes con la nueva evangelización gracias al poder de la Persona que nos ha confiado esta misión –da la casualidad de que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad–, y gracias a la verdad de su mensaje y la profunda apertura a lo divino, incluso entre las personas más secularizadas de nuestra sociedad actual.

¡Seguros, sí! Triunfalistas, ¡nunca más!

Lo que nos mantiene lejos de la arrogancia y de la soberbia del triunfalismo es el reconocimiento de lo que nos enseñó el papa Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: ¡la Iglesia misma tiene siempre la necesidad de ser evangelizada!

Esto nos da la humildad de admitir que nemo dat quod non habet, que la Iglesia tiene una profunda necesidad de conversión interior, algo medular en la llamada a la evangelización.

3. Un tercer elemento para una misión eficaz es la conciencia de que Dios no sacia la sed del corazón humano con un concepto, sino a través de una persona que se llama Jesús. La invitación implícita en la misión ad gentes y la nueva evangelización no es una doctrina, sino un llamado a conocer, amar y servir --no a algo--, sino a alguien.

Santo Padre, cuando comenzó su pontificado, nos invitó a una amistad con Jesús, expresión con la que Usted ha definido la santidad. Es el amor de una Persona, una relación personal que está en el origen de nuestra fe.

Como escribe san Agustín: "Ex una sane doctrina impressam fidem credentium cordibus ingulorum qui hoc idem credunt verissime dicimus, sed aliud sunt ea quae creduntur, aliud fides qua reduntur" (De Trinitate, XIII, 2.5).

4. Y aquí está el cuarto punto: esta persona, este Jesús de Nazaret, nos dice que Él es la verdad. Por lo tanto, nuestra misión tiene una sustancia, un contenido. A veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y al umbral de este Año de la fe, nos encontramos con el reto de combatir el analfabetismo catequético.

Es verdad que la nueva evangelización es urgente, porque a veces el secularismo ha ahogado el grano de la fe; pero esto fue posible porque muchos creyentes no tienen la mínima idea de la sabiduría, la belleza y la coherencia de la Verdad.

Su eminencia el cardenal George Pell, dijo que "no es tan cierto que las personas han perdido la fe, sino que no la tuvieron desde el inicio; y si la había de algún modo, era tan insignificante que podía ser fácilmente arrancada".

Por eso el cardenal Avery Dulles nos ha llamado a una neoapologética, no radicada en discusiones vacías, sino en la Verdad que tiene un nombre, Jesús.

Del mismo modo, cuando el beato John Henry Newman recibió la tarjeta para la nominación al Colegio de Cardenales, advirtió sobre los peligros del liberalismo en la religión, es decir, "la doctrina según la cual no hay ninguna verdad positiva en la religión, en que un credo vale tanto como otro. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento y una preferencia personal".

Cuando Jesús nos dice "Yo soy la Verdad", dijo también que es "el Camino y la Vida." El camino de Jesús es al interior y a través de su Iglesia, que como una madre santa nos da la Vida del Señor.

"¿Cómo lo habrías conocido a Él si no a través de Ella?", preguntaba De Lubac, haciendo referencia a la relación inseparable entre Jesús y su Iglesia.

Por lo tanto, nuestra misión, esta nueva evangelización, tiene unas dimensiones catequéticas y eclesiales.

Esto nos lleva a pensar en la Iglesia de una manera renovada: a pensar en ella como una Misión en sí misma. Como nos enseñó el beato Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris Missio, la Iglesia no tiene una misión, como si la "misión" fuera una cosa entre las muchas que Iglesia hace. No, la Iglesia es una misión, y cada uno de nosotros que confiesa a Jesús como Señor y Salvador debería interrogarse sobre su propia eficacia en la misión.

En los últimos cincuenta años desde la apertura del Concilio, hemos visto a la Iglesia pasar por las últimas etapas de la Contrarreforma y volver a descubrirse como una obra misionera. En algunos lugares esto ha significado un nuevo descubrimiento del Evangelio. En los países cristianos ya ha dado lugar a una reevangelización que abandona las aguas estancadas de la conservación institucionaly, como Juan Pablo II ha enseñado en la Novo Millennio Ineunte, nos invita a despegar en pos de una pesca eficaz.

En muchos de los países aquí representados, alguna vez la cultura y el entorno social transmitían el evangelio, pero hoy en día no es así. Ahora, por lo tanto, el anuncio del evangelio –la invitación explícita a entrar en la amistad con el Señor Jesús–, debe estar en el centro de la vida católica y de todos los católicos. Pero en todo momento, el Concilio Vaticano II y los grandes papas que le han dado una interpretación autorizada, nos impulsan a llamar a nuestra gente a pensarse como un despliegue de misioneros y evangelizadores.

5. Cuando era seminarista en el Colegio Norteamericano, todos los estudiantes de teología del primer año de todos los ateneos de Roma fueron invitados a una misa en San Pedro celebrada por el prefecto de la Congregación para el Clero, el cardenal John Wright.

Esperábamos una homilía densa. Pero él empezó pidiéndonos: "Seminaristas, háganme un favor a mí y a la Iglesia: cuando vayan por las calles de Roma, ¡sonrían!".

Por lo tanto, el punto cinco: el misionero, el evangelizador, debe ser una persona alegre. "La alegría es el signo infalible de la presencia de Dios", afirma Leon Bloy. Cuando asumí como arzobispo de Nueva York un sacerdote me dijo "sería mejor si deja de sonreir cuando va por las calles de Manhattan o ¡terminará por hacerse arrestar!"

Un enfermo terminal de sida en la casa Don de la Paz llevada por las Misioneras de la Caridad en la archidiócesis de Washington del cardenal Donald Wuerl, pidió ser bautizado. Cuando el sacerdote le pidió una expresión de fe, murmuró: "lo que sé es que soy un infeliz, y las hermanas en cambio son muy felices, incluso cuando las insulto y les escupo. Ayer finalmente les pregunté la razón de su felicidad y ellas me contestaron "Jesús". Yo quiero a este Jesús para que así yo también pueda ser feliz.

Un verdadero acto de fe, ¿no?

La nueva evangelización se realiza con una sonrisa, no con el ceño fruncido.

La misión ad genteses, básicamente, un sí a todo aquello que hay de decente, bueno, verdadero, bello y noble en la persona humana.

¡La Iglesia es básicamente un sí, ¡no un no!

6. Y, penúltimo punto, la Nueva Evangelización, es un acto de amor. Recientemente le preguntaron a nuestro hermano John Thomas Kattrukudiyil, obispo de Itanagar, en el noreste de la India, el motivo del enorme crecimiento de la Iglesia en su diócesis, que registra más de diez mil conversiones de adultos al año.

"Porque presentamos a Dios como un Padre amoroso, y porque la gente ve que la Iglesia los ama", respondió. No es un amor etéreo, añadió, sino un amor encarnado en maravillosas escuelas para los niños, clínicas para los enfermos, casas para los ancianos, orfanatos, alimentos para los hambrientos.

En Nueva York, hasta el corazón del más convencido secularizado se enternece cuando visita una de nuestras escuelas católicas de la ciudad. Cuando uno de nuestros benefactores, que se definía como agnóstico, le preguntó a la hermana Michelle, por qué a su edad y con dolores de artritis en las rodillas, seguía trabajando en una escuela hermosa, pero muy exigente, ella respondió: "Porque Dios me ama y yo lo amo y quiero que estos niños descubran este amor."

7. Alegría, amor y... último punto... siento decirlo, la sangre.

Mañana, veintidós de nosotros oirán lo que la mayoría de ustedes ya han oído: "Para la gloria de Dios y en honor de la Sede Apostólica recibe esta birreta, signo de la dignidad cardenalicia, sabiendo que tendrás que actuar con fortaleza hasta el derramamiento de tu sangre: para la difusión de la fe cristiana, la paz y la tranquilidad del pueblo de Dios, la libertad y el crecimiento de la Santa Iglesia Romana."

Santísimo Padre, ¿podría, por favor, saltar lo del "derramamiento de tu sangre" cuando me entregue la birreta?

¡Por supuesto que no! Pero nosotros somos audiovisuales escarlata para todos nuestros hermanos y hermanas que también están llamados a sufrir y morir por Jesús.

Fue Pablo VI quien observó sabiamente que el hombre moderno aprende más de los testigos que de los maestros, y el supremo testimonio es el martirio.

Hoy en día, lamentablemente, tenemos mártires en abundancia.

Gracias, Santo Padre, porque nos recuerda a menudo a aquellos que hoy en día sufren la persecución a causa de su fe en todo el mundo.

Gracias al cardenal Koch, porque cada año llama a la Iglesia a un "día de solidaridad" con los perseguidos por causa del evangelio, y por la invitación a nuestros interlocutores en el ecumenismo y en el diálogo interreligioso a un "ecumenismo en el martirio".

Mientras lloramos a los mártires cristianos; mientras los amamos, oremos con y por ellos; mientras actuamos enérgicamente en su defensa, estamos también muy orgullosos de ellos, nos sentimos orgullosos de ellos y proclamamos su testimonio supremo al mundo. Ellos encienden la chispa de la misión ad gentesde la Nueva Evangelización.

Un joven de Nueva York me dijo que volvió a la fe católica, abandonada en la adolescencia, después de haber leído ‘Los monjes de Tibhirine', sobre los trapenses martirizados en Argelia quince años atrás, y al haber visto su historia en el film francés ‘De dioses y hombres'. Tertuliano no se sorprendería.

Gracias a ustedes, santo padre y hermanos, por soportar mi italiano básico. Cuando el cardenal Bertone me pidió que hablara en italiano, estuve preocupado porque yo hablo italiano como un niño.

Pero entonces me acordé de que cuando era un joven sacerdote, recién ordenado, mi primer párroco me dijo mientras iba a enseñar el catecismo a los niños de seis años: "¡Ahora vamos a ver que hará toda tu teología, y si podrás hablar de la fe como un niño!".

Y quizás conviene concluir simplemente con este pensamiento: tenemos necesidad de decir de nuevo, como un niño, la verdad eterna, la belleza y la sencillez de Jesús y de su Iglesia.

¡Alabado sea Jesucristo!

viernes, 17 de febrero de 2012

7 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, B, por Mon. Francisco González, S.F.

Isaías 43,18-19.21-25
Salmo 40
2 Corintios 1,18-22
Marcos 2,1-12



Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25

Así dice el Señor: —«No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza. Pero tú no me invocabas, Jacob, ni te esforzabas por mí, Israel; me avasallabas con tus pecados y me cansabas con tus culpas. Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.»

Salmo responsorial: 40, 2-3. 4-3. 13-14
R/. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.


Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
R/. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.


El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.
Yo dije: « Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»
R/. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén. Amén.
R/. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Corintios 1,18-22

Hermanos: ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego no». Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos Ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu. Palabra de Dios

Marcos 2, 1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: — «Hijo, tus pecados quedan perdonados.» Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:— «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:
— «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.» Entonces le dijo al paralítico:— «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.» Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: — «Nunca hemos visto una cosa igual.»

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.,
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

En este séptimo domingo del tiempo ordinario, el último antes de comenzar la santa cuaresma, comenzamos la lectura del segundo capítulo del evangelio de Marcos donde encontramos algo que nos debe hacer reflexionar acerca de nuestra vida como cristianos, como seguidores de Cristo: la controversia.

La forma de ser de Jesús es distinta de la señalada por los valores del mundo, incluso de fanáticos religiosos. En este capítulo y primeros versículos del siguiente encontramos de un lado a Jesús y del otro gente que se escandaliza, que le juzga, que se asusta, que no le entiende, que no lo puede aceptar. En fin, aquí hay materia para reflexionar.

Me encanta el pasaje evangélico asignado a este domingo. En mi caso lo encuentro muy personal pues me da gran esperanza. Sé que el Señor me ama, nos ama. El haber estado paralizado y el ser pecador no son motivos para la desesperación, pues además del esfuerzo propio que estoy llamado a hacer, tengo mucha gente, que como esos cuatro amigos del paralítico rezan por mí, como si ellos fueron los que me acercan a Jesús para que con su amor, con su perdón haga posible una vida más llena.

El evangelio. Jesús después de unos días de prédica ha vuelto a Cafarnaún, claro está, Él es ya una personalidad y la gente se entera y acuden tantos a la casa que ya no quedaba sitio. Cuatro hombres, vecino y verdaderos amigos de un paralítico, se lo traen a Jesús, y como ellos creen, no se van a ir por causa del gentío, y ni cortos ni perezosos, abren un boquete en el techo y por allí bajan al paralítico en su camilla y lo ponen delante mismo del Maestro. Y aquí comienza la controversia: Jesús comienza a liberar al hombre por lo que más le ata, por lo que más le impide ser libre. Jesús comienza: Hijo, tus pecados quedan perdonados.

No sabemos si el paralítico tenía fe o no. Si sabemos que entre los presentes había unos letrados que, claro está, estaban sentados y desde esos pequeños tronos comenzaron a juzgar a Jesús: ¡Blasfemo!
Jesús sabe lo que están pensando y los reta haciéndoles una pregunta sobre lo que creen que sea más difícil, hacer que el paralítico camine o que sus pecados sean perdonados.

Sin darles tiempo a entablar una discusión bizantina, dice al enfermo: Contigo hablo: "Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa". Y el evangelio nos dice que obedeciendo el mandato del Señor, se levantó, cogió la camilla y salió a la vista de todos.

Concluye esta lectura: "Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios".

Me imagino que aquellos cuatro amigos saltaban y gritaban, pues ellos fueron los que habían llevado a este amigo, que ya hacía mucho tiempo que no podía valerse por sí mismo, que ellos lo llevaban por aquí y por allá pues lo querían, y ahora es el amigo quien lleva la camilla en sus hombros y dando saltos camina y corre y da vueltas de gozo, pues estaba postrado y ahora está de pie, ahora es un hombre libre.

El pecado es lo que más nos paraliza, lo que más nos hunde. El pecado nos encierra en nosotros mismos y nos impide ser felices.

El perdón es todo lo contrario, pues libera, destruye las barreras que nos impiden ser hermanos y hermanas.

Dios es amor y por ese amor nos perdona, por ese amor nos mandó a su Hijo Jesucristo para salvarnos. Dios perdona siempre y porque Él lo hace y debemos imitarle, también nosotros estamos llamados a pedir perdón y perdonar a los demás. Y en este perdonar debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos para lo mismo que Dios se mantiene siempre con los brazos abiertos para recibirnos, que nosotros también los tengamos abiertos para recibirlo a Él y a nuestros hermanos/as.

"Dios perdona siempre... y debemos imitarle, también nosotros estamos llamados a pedir perdón y perdonar a los demás."

viernes, 10 de febrero de 2012

6 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, B, por Mons. Francisco González, S.F.

Levítico 13,1-2. 44-46
Salmo 32: Tú eres mi refugio; 
me rodeas de cantos de liberación
1 Corintios 10,31-11,1
Marcos 1,40-45


Levítico 13,1-2. 44-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel y se le produzca la lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra, y es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra, andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: «¡Impuro, impuro!» Mientras le dure la lepra, seguirá impuro: vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.

Salmo 32: Tú eres mi refugio; 
me rodeas de cantos de liberación

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.
R. Tú eres mi refugio; 
me rodeas de cantos de liberación

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
R. Tú eres mi refugio; 
me rodeas de cantos de liberación

Alegraos, justos, con el Señor,
aclamadlo, los de corazón sincero.
R. Tú eres mi refugio; 
me rodeas de cantos de liberación

1 Corintios 10,31-11,1

Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios. Por mi parte, yo procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de ellos, para que todos se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

Marcos 1,40-45

En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
-Si quieres, puedes limpiarme.
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo:
-Quiero: queda limpio.
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
El lo despidió, encargándole severamente:
-No se lo digas. a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.
Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Comentario por Mons. Francisco Gonzalez, S.F.
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Nos estamos acercando a la santa cuaresma, cuando de una forma muy especial se nos llama a la constante conversión. Algo que todos necesitamos, incluso los que se creen santos y los que verdaderamente lo son. Conversión, el cambio radical: salir de nosotros mismos y hacer a Dios el centro de nuestra vida. Este domingo en muchos lugares del mundo se tiene la "campaña contra el hambre".

Dicho todo lo anterior, hoy la sagrada liturgia nos presenta un pasaje del evangelio de Marcos que nos debe hacer pensar mucho en nuestras actitudes. Quien más quien menos sufrimos un tanto o un mucho de eso que llamamos egocentrismo, o sea, yo y todos como yo. Y como consecuencia de lo dicho, excluimos de nuestra amistad todo lo que no nos gusta. Si extendemos eso a círculos mayores, encontramos a muchos hombres y mujeres, hermanos y hermanas nuestras, queramos o no, que se quedan fuera de la sociedad.

Jesús nos narra el evangelio de Marcos, va predicando en las sinagogas y fuera de ellas, y en un momento dado algo insólito sucede: un leproso se le acerca, y aunque no lo menciona el escrito, seguro que se formó una gran algarabía.

Era inconcebible, además de prohibido que un leproso se acercara a un grupo de personas, sin haber gritado o anunciado a voces que era leproso, para que la gente tuviera la oportunidad de apartarse de semejante persona. Y Jesús rompe con la norma, con la ley, y el leproso que se ha arrodillado diciéndole: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Extiende su mano y le toca. Jesús había sentido lástima por este hombre que sufría enfermedad y rechazo, y contesta a su súplica: "Sí quiero, queda limpio". Y así sucedió.

Los medios de comunicación no se cansan de darnos ejemplos de todos esos casos en que constantemente nos separamos unos de otros, nos excluimos unos a otros. Diferentes tribus en ciertos países, ciertas enfermedades, posición social o económica, ideologías, partidos políticos, incluso grupos religiosos abanderando sus propias prácticas y declarándose superiores a los otros, algo que también sucedía en los tiempos de Cristo. Siempre creando barreras para "protegernos" de los demás.

Muchas veces nos arropamos con eso de que la "ley manda", que esto siempre se ha hecho así, que la tradición exige, etcétera, y cerramos el corazón, y continuamos manteniendo a distancia al "leproso", o sea, al que no es de mi gusto y pongo por encima de todo lo mío, como si yo fuera el único que tengo comunicación directa con Dios, el único que tengo su número privado.

¿Qué pasará si cuando tengamos que dar cuenta ante el Señor, el Rey del Universo, nos trata lo mismo que nosotros hemos tratado a los demás, que cuando nos pedían una cita tardábamos meses en contestar por "estar muy ocupados"; cuando nunca permitimos que comieran con nosotros en nuestra mesa, o se sentaran en nuestra silla; cuando ante las tempestades de la vida nunca les dimos cobijo o aposento en nuestra casa; cuando les encontramos tirado por el camino y no les levantamos y les llevamos a la casa de socorro porque la norma decía que era un crimen transportar a los que no tenían papeles.

Este santo evangelio que la Liturgia de la Palabra nos ofrece este sexto domingo del Tiempo Ordinario es una oportunidad para enfrentar nuestra actitudes hacia los demás. Esta es una oportunidad, ahora que las legislaturas proponen infinidad de leyes y ya pensamos en las próximas elecciones, para que hayan los cambios necesarios y creemos una sociedad sin extraños, donde la sensibilidad y solidaridad nos ayude a crear esa hermandad que tanto bien nos haría.

Estamos también viviendo la euforia de la Nueva Evangelización. Tal vez sea bueno recordar la sabiduría popular expresada en el dicho: "Obras son amores, y no buenas razones". La Iglesia, como ya se ha dicho, necesita, y por eso rezamos, para que asuma de forma clara la defensa y liberación de los excluidos y marginados.

domingo, 5 de febrero de 2012

DOMINGO DE LA 5 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B, por Mons. Francisco González, S.F.

Job 7,1-4.6-7
Salmo 146,1-6
1 Corintios 9,16-19.22-23
Marcos 1,29-39


Job 7,1-4.6-7

Habló Job diciendo: El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero. Como el esclavo suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera y se consumen sin esperanza. Recuerdo que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más dicha.

Salmo 146: 
Alabad al señor que sana los corazones destrozados

Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel.
R.- Alabad al señor que sana los corazones destrozados

Él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.
R.- Alabad al señor que sana los corazones destrozados

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.
R.- Alabad al señor que sana los corazones destrozados

1 Corintios 9,16-19.22-23

El hecho de predicar no es para mi motivo de soberbia. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero si lo hago a pesar mío es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación de esta Buena Noticia. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todo, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Marcos 1,29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la Sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marcho al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:
— Todo el mundo te busca.
Él les respondió:
— Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando demonios.

Comentario por Mons. Francisco Gonzalez, SF.,
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.


Hoy nos encontramos en la primera lectura un hombre extraordinario: Job. Se ha dicho que el libro de Job es toda una meditación o reflexión acerca de la presencia del mal y del bien en el mundo.

Job es zarandeado de un lado para otro, tiene momentos de alegría y de depresión, de enorme riqueza y de completa pobreza y en medio de todo él sigue esperando pues confía en Dios. El Dios me lo dió y Dios me lo quitó es una actitud muy propia de Job, que es capaz de esperar contra toda esperanza, aunque tiene sus momentos en que le vemos profundamente afectado por las circunstancias que le tocan vivir.

En este pasaje de Job le vemos como en un viaje que hace entrando en sí mismo y buscando sentido a la vida. Lo que hoy vemos no es prometedor. Compara su vida a la del soldado, al jornalero y al esclavo: tres situaciones o profesiones que nadie envidiaba.

¿Cómo acepto yo las dificultades de mi vida? ¿Pierdo mi fe a la primera de cambio?

En el evangelio de hoy junto con los dos próximos domingos vemos unas curaciones, los "primeros signos del Reino de Dios". Jesús ha estado en la sinagoga, la casa de oración, y ahora se fue a la casa de Simón y Andrés, acompañado de Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba enferma y Jesús la sanó. Al atardecer le trajeron a Jesús toda clase de gente necesitada: enfermos físicos y personas con espíritus malos. Él sanó a muchos.

Nos dá la impresión de que Jesús había tenido un día muy completo de trabajo. De madrugada, "cuando todavía estaba obscuro", se levantó y se fue a orar a un lugar solitario, aunque como nos recuerda el mismo pasaje, había mucha gente que lo estaba buscando.

He aquí el gran dilema de muchos: oración o acción. La respuesta está en el ejemplo de Jesús, ambas van juntas. De hecho la primera no tiene sentido sin la segunda, y la segunda es difícil que se dé sin antes la primera.

En la vida del cristiano, acción y contemplación, para que sean verdaderas deben ir de la mano: María y Marta escuchan al Señor, Marta y María sirven al Señor. Nunca podemos estar tan ocupados que no encontremos tiempos para dedicarlo al diálogo con Dios (oración), como tampoco quiere el Señor que estemos siempre en el monte Tabor en muy elevada contemplación y olvidemos el cuidado de la casa, de los hijos, de las obligaciones del trabajo y todas esas ocupaciones que requieren nuestra presencia.

Por último vemos a Pablo (2º lectura) que siente la obligación de predicar el evangelio, al mismo tiempo que no espera gloria o recompensa por ello, ya que lo que ha recibido es "gracia" y como tal la comparte con los demás de acuerdo con las necesidades y situación de cada uno, pues se ha convertido en su esclavo, en su servidor. Este hecho no le quita ni una pizca de entusiasmo para anunciar el evangelio.

¿Cómo aceptamos las dificultades de la vida? (1º lectura). ¿Cómo compaginamos la oración y la acción? (evangelio) ¿En qué forma evangelizo yo? (2º lectura).

¡Alabemos al Señor que sana los corazones destrozados y venda sus heridas! (Sal. 146)

viernes, 6 de enero de 2012

Navidad/ Epifanía del Señor, por Mons. Francisco Gonzalez, S.F., Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Isaías 60,1-6
Salmo 72
Efesios 3,2-3.5-6
Mateo 2,1-12


En esta fiesta de la Epifanía del Señor hay la costumbre en algunos lugares que después de la lectura del evangelio se anuncian las fiestas movibles que se celebrarán en el año que acabamos de comenzar, y que coincide con la bendición y distribución de calendarios. Una ceremonia pequeña y que no se hace con frecuencia, pero que tiene su significado.

Otra celebración, y ésta más popular ha sido la fiesta de los Reyes Magos, que continúa celebrándose en muchos lugares, pero el 6 de enero, cuando esos santos varones que la tradición da los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar nos traen regalos, como aquellos sabios de Oriente que siguiendo la estrella caminaron hacia Belén donde encontraron al Niño Jesús y a quien ofrecieron oro como a rey, incienso por ser Dios y mirra como a hombre.

La liturgia de la Palabra hoy tiene un claro sentido universalista, comenzando con el profeta Isaías que escoge Jerusalén para proclamar el universalismo del Señor, que su Dios, el Dios del profeta es Dios de todos. No de un pueblo, o una raza. No, él es el Señor de todos los pueblos y razas, y por eso todos vienen a Jerusalén, él es la luz que irradiará los caminos y por los que pasará toda la gente.

El apóstol Pablo entra también en este tema de universalidad. Habla cómo ha sido llamado y enviado a los gentiles, a todos esos que no pertenecen al Pueblo Elegido, a toda esa gente sin Dios, a los que se han olvidado de él, a los que lo han rechazado, a los que nunca lo han conocido para proclamarles ese misterio que le ha sido revelado, o sea el Evangelio Buena Noticia, el hecho que Dios quiere que todos se salven y que Pablo les recuerda que en Jesucristo los gentiles también son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa.

Entramos en la tercera lectura que la liturgia nos ofrece hoy y que está tomada del Evangelio de Mateo. El relato que leemos se refiere a cómo esos tres reyes, magos, sabios, como se les quiera llamar salen de sus casas y se encaminan hacia donde les guía la estrella, ellos conocen esos seres del universo, y la siguen pues buscan la Verdad, pero con mayúscula y así cuando después de un largo viaje, pidiendo ayuda para encontrar lo que buscaban, algo peligroso en ocasiones, finalmente se encuentran ante ese Ser Supremo, ante la Verdad, ante la Palabra de la que nos habla San Juan, y así sin pensarlo dos veces al entrar en la casita y ver al niño con María, se arrodillaron y le adoraron. Habían encontrado la Verdad, el Camino, la Vida y la adoraron. Inmediatamente le ofrecieron sus riquezas, que representaban su propia persona, y por eso podemos concluir del hecho que no solamente ofrecieron sus riquezas, sino que se ofrecieron ellos mismos, se pusieron a la disposición de la Verdad, con mayúscula, siguieron la ruta que el Camino, con mayúscula les trazaba, y vivieron de la Vida, con mayúscula, que acababan de adorar.

Esta lectura evangélica que posiblemente nos la hemos aprendido casi de memoria, por lo simpática que es, por la ilusión que crea, por la esperanza que nos da, también nos puede, nos debe hacer reflexionar. Aquellos sabios se arrodillaron y adoraron a Jesús. Nosotros nos podemos hacer la pregunta: ¿ante qué o quién me arrodillo yo? ¿a qué o a quién adoro yo?

Cuando observamos el comportamiento humano, da la impresión que hay muchos de dioses, pero en minúscula, que siguen siendo adoramos, pero en los que no hay vida, pues ni ven, ni oyen, ni aman pues carecen de ojos para ver al hombre y contemplar a Dios; les faltan oídos para oír el grito del hombre y la Palabra de Dios; no han llegado a ser solidarios con el hermano y hermana, y no aman al Dios de la vida, porque no tienen corazón. ¡Pobres de los que se contentan con tan poco! Gracias, Señor, por darnos tanto.

sábado, 31 de diciembre de 2011

1 de enero: María, Madre de Dios, por Mons. Francisco González, S.F.

Lecturas de la Misa: María, Madre de Dios

Comenzamos el año de una forma muy particular. El mismísimo primer día honramos a la Santísima Virgen, Madre de Dios.

El domingo pasado conmemorábamos el nacimiento de su Hijo, nuestro Salvador. Entonces enfatizábamos al hijo, hoy es a la madre, aunque la verdad es que no podemos separarlos. Al hablar de Jesús, pensamos también en María y, al hablar de María, no podemos dejar de pensar en Jesús.

La primera lectura nos trae la bendición que Moisés, a petición del Señor, enseñó a Aarón, una bendición que el Pueblo de Dios usaba en las solemnidades, en especial para el comienzo del año.

Qué mejor que comenzar una nueva etapa, año, pidiendo a Dios que nos bendiga. Y en esta instrucción de Dios a Moisés y transmitida por éste a Aarón y sus hijos. Dos cosas sobresalen aquí: bendición, una oración o petición a Dios para que mire benignamente a su pueblo, a todos nosotros y cada uno individualmente.

También se pide a Dios que nos de la paz, un regalo mesiánico, que es mucho más que simplemente la ausencia de guerra o mantenimiento del orden, algo que hacen bastante bien algunas dictaduras. La palabra shalom indica, una plenitud, algo así como esa armonía que el ser humano puede alcanzar con el mismo Dios, consigo mismo y con el resto de la creación, la misma naturaleza y sobre todo con el prójimo.

Bien mirado, no es poco lo que pedimos a Dios en este comienzo de año, que como solemos decir "año nuevo, vida nueva".

Es tiempo de acercarnos a Dios, de vivir en armonía con la naturaleza que nos rodea, respetando toda esa creación, y sobre todo que haya concordia entre las personas y naciones, que no tengamos que sufrir más esas primeras noticias que nos ofrecen los medios de comunicación que tienen que ver más con discordia, enemistad, violencia y muerte que con amistad, perdón, entendimiento, concordia y vida.

El evangelio de esta solemnidad es el mismo de la misa de la aurora de Navidad. Los pastores han recibido el anuncio de ese gran acontecimiento, como fue el nacimiento del Niño Jesús, el Hijo de Dios, el Hijo de María. Han ido a la gruta y se han encontrado con María, José, algo de lo que no se les había informado, y el niño recostado en el pesebre. Allí mismo comienzan ellos a evangelizar. Contaban lo que les había dicho el Ángel y que todo era verdad. Les anunció una buena noticia, la cual era que había nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y que lo iban a encontrar envuelto en unos pañales, acostado en un pesebre. Todo lo cual les dio gran alegría, y con gran alboroto y entusiasmo lo fueron anunciando a todos con quienes se encontraban.

Este encuentro con Jesús les mueve a glorificar y alabar a Dios, pues esa buena noticia que el ángel les había anunciado, era verdad, era una realidad. El Mesías, el esperado, al que los líderes religiosos hubieran querido dar la bienvenida y ganarse unos cuantos puntos y reafirmar su autoridad, ni se han enterado.

Son los pastores, esos despreciables, malhechores, ladrones, etcétera, que no aparecían por el Templo o la sinagoga, ellos son los elegidos por el Padre, para con cantos de alegría anuncien lo que el pueblo ha estado esperando por siglos y siglos.

Hoy honramos a Santa María, Madre de Dios, y aquí me atrevo a copiar lo que escribió Michel Quoist en su libro "Oraciones para rezar por la calle":

"Mi mejor invento, dice Dios, es mi madre. Me faltaba una madre y me la hice. Hice Yo a mi madre antes que ella me hiciese. Ahora sí que soy hombre como todos los hombres. Ya no tengo que envidiarles, porque tengo una madre, una madre de veras. Mi Madre se llama María, dice Dios. ¡Qué bonita es mi madre! Tanto, que dejando las maravillas del cielo nunca me sentí desterrado junto a ella."

Santa María, Madre de Dios. Rogad por nosotros.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Solemnidad del nacimiento del Hijo de Dios, por Mons. Francisco González, S.F., Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Isaías 52,7-10
Salmo 98: Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios
Hebreos 1,1-6
Juan 1,1-18

Isaías 52,7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: "Tu Dios es rey"! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Salmo 97: Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
R. Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
R. Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.
R. Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.
R. Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

Hechos 1,1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: "Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado", o: "Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo"? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: "Adórenlo todos los ángeles de Dios."

Juan 1,1-18

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

- Comentario de Mons. Francisco González, SF.

Ya hemos llegado. La Iglesia nos lo indica con el cambio del color de los ornamentos, el canto del gloria, cantidad de flores, y esperemos que también con la infinidad de sonrisas en las caras de la gente que se acercan a homenajear al bebé recién nacido, y no sólo homenajear, sino también a adorarle, pues es ni más ni menos que el Hijo de Dios, que fue concebido por obra del Espíritu Santo y que nació de María la Virgen.

La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos llena hoy de gozo, como lo hizo en aquellos tiempos pues es un canto de triunfo y liberación.

Las buenas noticias son: paz, felicidad, salvación y todo ello porque en esa Jerusalén destruida vuelve a reinar Dios. Lo anuncian los centinelas, la guardia y todos gritan con júbilo, hay alegría, ese Dios es reconocido como el Salvador de las naciones.

La segunda lectura nos relata que la llegada de Cristo a la tierra y su entronización en los cielos. Es una lista de lo que Cristo es: "Hijo de Dios, más que los profetas, heredero de todo, expresión de lo que Dios es, purificador, superior a los ángeles".

Concluye la Liturgia de la Palabra con ese himno maravilloso al Verbo Encarnado, habla de la Palabra de Dios y de su filiación divina. Es anterior a la creación y viene a habitar con nosotros.

También nos da una visión de la sucedido: viene, pero algunos no lo aceptan, sin embargo los que le aceptan reciben la salvación.

Estamos en un tiempo maravilloso. En los tiempos de la llegada de Cristo a este mundo, parece que había como una esperanza de restauración, de salvación. Ese Mesías que había sido tantas veces anunciado, parecía que tenía que llegar pronto. La gente lo esperaba con gran ansiedad, pero ahí está el problema, que salvación, redención, libertad, todas esas palabras significan cosas distintas para los expectantes de ayer y hoy, cada uno quiere fabricarse su propio Mesías, y así cuando llega el verdadero no todos lo aceptan pues no todos lo reconocen, y por eso el evangelista apunta en este prólogo: "Vino a su propia casa y los suyos no le recibieron, pero a quienes le recibieron les concedió ser hijos de Dios".

Hoy en este momento de nuestra historia también estamos en espera, y la pregunta clave es: ¿qué esperamos? o ¿qué esperamos? Algunos están esperando a alguien, otros están esperando algo, y hay también quienes no esperan nada ni a nadie, continúan encerrados en sí mismos.

La Navidad es siempre la celebración de la Encarnación, es oportunidad para siguiendo a Jesús que deja todo, por decirlo de alguna forma, y se adentra en la humanidad, acampa en medio de nosotros, para estar con nosotros, para ser uno de nosotros y con esa su presencia nos redime, nos salva, nos conduce hacia el Padre, para podernos convertir, aunque sea en minúsculas, "hijo/s predilecto/s de Dios Padre.

El seguidor de Cristo se hace uno con los demás, forma comunidad, comparte con el necesitado, aprende de los otros, y juntos la comunidad va creciendo, va fortaleciéndose, y va extendiendo su solidaridad abrazando a todos sin distinción de raza, credo, posición social etc., al estilo del bebé Jesús que nunca rechazó a nadie y siempre extendió su brazo hacia todo aquel que daba muestras de necesidad.

Incluso cuando él mismo sufría lo hace de una forma que crea esperanza, pues para eso él es la Luz del mundo, para eso él es el camino, la verdad y la vida. Esta celebración de Navidad nos recuerda lo que confesaba San Ireneo: "El Hijo de Dios se ha hecho hombre para que el hombre, unido al Verbo, pudiera recibir la adopción y llegar a ser hijo de Dios". Esta es la razón para nuestra gran fiesta.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Cuarto domingo de Adviento, B: "¿Me vas a edificar tú una casa para que yo habite?" (2Sam 7,5), por Mons. Francisco Gonzalez, Obispo Auxiliar de Washington D.C.

2 Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16
Salmo 88,2-5.27.29
Romanos 16,25-27
Lucas 1,26-38



Tenemos una interesante lectura para el comienzo de nuestra Liturgia de la Palabra. Encontramos a David y su consejero Natán dialogando. David informa al profeta que ha decidido construir un gran templo a Yahvé pues no es justo que él viva en una casa de cedro y el arca del Señor en una tienda. El profeta le anima a que así lo haga.

Pero las cosas no terminan ahí. Aquella noche Dios habla a Natán y le pide que informe a David que eso no sucederá, que de templo nada por ahora, y le recuerda que si David es algo, no ha sido por propios méritos, sino porque Dios así lo ha querido, Dios es el que lo ha hecho grande, famoso y victorioso.

Construimos casas a Dios, como si quisiéramos señalarle el lugar exacto dónde debe quedarse, cuando lo que a Dios parece gustarle más es residir en las actitudes de los hombres y mujeres de siempre, Él quiere que le veamos en la sencillez de los pequeños, en el entendimiento de la gente, en el perdonarse entre los mayores, en la sonrisa de los bebés, en las lágrimas de los enfermos, en las caras tristes de los rechazados, en las inquietudes de los ricos, en las fatigas de los políticos trabajando por la paz y la justicia, en las manos callosas del trabajador.

¿Permitimos a Dios residir aquí en su mundo, en cada una de sus criaturas?

En varias ocasiones he leído en los periódicos locales y visto noticieros durante esta época que hablan sobre la depresión, algo que parece darse con cierta frecuencia durante estos tiempos de preparación y celebración de las Navidades. Gracias a Dios estos reportajes no solo se quedan en el diagnóstico, porque también ofrecen algunas sugerencias para combatir dicho estado de ánimo cuando entrevistan a los expertos en estas materias.

Hoy, al leer el evangelio de este domingo me doy cuenta de que su lectura y reflexión nos puede ser de gran consolación.

Dios cumple la promesa que había hecho a David (1 lectura). El relato de la Encarnación ha sido uno de los temas religiosos que ha servido de inspiración a un gran número de artistas. Como muy bien dice Juan Apecechea, este relato de Lucas "está lleno de emoción, belleza, armonía y trascendente profundidad". Yo añadiría y "desbordante de esperanza para la humanidad".

Dios se declara solidario del ser humano al hacerse uno de ellos, uno con ellos. Dios se hace nuestro compañero, nuestro hermano.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Tercer domingo de Adviento, Año B, por Mons. Francisco Gonzalez, S.F.

Isaias 61,1-2.10-11
Salmo Lc 1,47-50.53-54
1 Tesalonicenses 5,16-24
Juan 1, 6-8.19-28



Otra vez nos encontramos con el profeta Isaías (primera lectura). Estas pocas líneas nos hablan de la acción de Dios: "Sanación, liberación y anuncio de bendición". Lejos están los castigos y maldiciones, es hora de construir una "nueva Jerusalén", hay que hacer "una nueva creación", la cual no estará basada en piedras y otros materiales por más preciosos que sean, sino en el amor y la misericordia de Dios, o sea en un material que nadie podrá destruir, ni nos lo podrán robar, a no ser que nosotros lo permitamos.

En un mundo bastante comercializado como lo es el nuestro, en unos días como éstos que preceden a la Navidad, sería muy bueno que todos pensáramos qué clase de regalos podríamos dar, regalos duraderos, regalos con impacto, regalos adquiridos en la fábrica del Señor Jesús. Y si hacemos de esos otros regalos, de los que hay que pagar con dinero, que le demos el mejor y más caro al que más lo necesita.

En la segunda parte de la primera lectura, es el mismo profeta que en el nombre del pueblo habla del gozo y alegría por esta "renovación" de relación con Dios. Para expresar el gozo, de nuevo nos lleva a la fiesta de bodas: manto de triunfo, corona y joyas como se adornan el novio y la novia para expresar su felicidad.

En el evangelio (Jn. 1,6-8.19-23) nos encontramos escuchando las palabras de Juan el Bautista. El domingo pasado lo vimos actuando como precursor, en el evangelio de hoy le vemos como testigo. Sacerdotes y fariseos quieren saber la identidad de Juan y por estar tan preocupados en la persona y acciones del Bautista no ven a quien él les está anunciando: "en medio de vosotros, les dice, hay uno que no conocéis…"

Yo no sé si a veces nosotros no vivimos en plena felicidad, porque nos vamos por las ramas, porque buscamos donde no hay, porque compramos lo que no vale, porque gastamos lo que no tenemos. Tal vez deberíamos darnos cuenta de la advertencia de Juan Bautista a la gente de su tiempo: lo tenéis al alcance de la mano, delante de los ojos y no conocéis la verdadera felicidad, no sabéis alargar la mano hacia ella, no habéis abierto los ojos para conocerla.

Busquemos el regalo perfecto, Jesucristo está en medio de nosotros, en el hermano y hermana, en la Palabra, en la Santa Eucaristía, y seguimos sin conocerlo, Él que vino para que tuviéramos vida, vida en abundancia, sigue siendo el desconocido para muchas gentes, incluso entre los que nos llamamos cristianos y nos proclamamos sus seguidores.

El bautismo de agua (Juan) es purificación, pero el bautismo del Espíritu (Jesús) es transformación, es la nueva creación en Cristo Jesús y nosotros somos parte de esa nueva creación si lo reconocemos y si lo aceptamos, de lo contrario nos quedamos en un "mero sobrevivir" en vez de un "vivir a plenitud".

El apóstol Pablo (segunda lectura) insta a los tesalonicenses a varias cosas: "a la alegría, a la oración constante y a la acción de gracias". Más todavía, les insta a "no apagar el Espíritu". Cabe aquí hacernos una reflexión: Estamos viviendo en un mundo organizadísimo, cada segundo cuenta, cada cosa en su lugar, reuniones de planificación, exámenes de calidad, notas, documentos, edictos, guías y directrices, ¿dónde está el Espíritu en medio de todo ésto? Ese Espíritu que sopla donde quiere y como quiere.

En el salmo (Lc 1,47-50.53-54) de este domingo decimos: "Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador."

domingo, 4 de diciembre de 2011

Domingo Segundo de Adviento: "Consolad a mi pueblo..., gritadle que está pagado su crimen" (Is 40,2)

Isaías 40,1-5.9-11
Salmo 84
Marcos 1,1-8

Frente a los que relacionan la venida de Dios con calamidades, castigos y desastres, el Adviento nos vuelve a recordar que la venida de Dios es una buena noticia para todos, también para los que habían sido condenados:

"Consolad a mi pueblo...
Gritadle que está pagado su crimen...
Alza fuerte la voz, álzala, no temas...
Aquí está vuestro Dios,
viene con El su salario,
y su recompensa lo precede.."

Qué difícil es para algunos creyentes relacionar la venida de Dios con un tiempo de gracia y amnistía, de perdón y reconciliación.

El mismo Dios que puede juzgar y condenar también puede sanar las heridas, pero a veces preferimos que Dios juzgue y condene y, depués, ya sanarán las heridas... Sin embargo, hay heridas que han sanado y nos siguen doliendo, y no sabemos por qué.

El Adviento es un tiempo inacabado, abierto, de transición y paso hacia una realidad que no terminamos de comprender del todo; por eso, el Adviento está reñido con una fe y espiritualidad cerradas, completas, absolutas y perfectas.

No, el Adviento no es un tiempo que todos pueden disfrutar porque no cae bien a los que han perdido la inocencia, la ilusión, el optimismo, la fe y la esperanza. Una persona me decía que el Adviento es para los inmaduros, para los que no saben lo que quieren, para los que no saben dónde van, para los soñadores, para los que se dejan sorprender. "¿Cómo Abraham?", le dije yo.

Seguramente alguna vez hemos oído hablar del self-made man/woman, es decir, del hombre y la mujer que se hacen a sí mismos. El problema de estas personas es que solamente pueden construir un mundo a su imagen y semejanza ya que, de lo contrario, perderían el control de cuanto les otorga seguridad.

El Adviento es un tiempo para aprender a ceder el control, a disminuir, a apartarnos dejando paso otros. Esto no podemos hacerlo sin humildad y sin reconocer que no somos tan justos y buenos, como aparentamos. De ahí, que el Adviento, sea un tiempo de penitencia y conversión.

"Juan bautizaba en el desierto;
predicaba que se convirtieran y se bautizaran,
para que se les perdonasen los pecados".

Reconocernos pecadores no es fácil cuando la apariencia y la hipocresía son indispensables para sobrevivir en sociedad. Aceptarnos como somos, sin máscaras, puede ser duro, pero es el primer paso para descubrir que fuimos creados para amar, no para juzgar y condenar. Por eso, los que esperan a un mesias conquistador y justiciero quedarán defraudados.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Domingo Segundo de Adviento: "Preparad el camino del Señor" (Mc 1,1-8), por Mons. Francisco Gonzalez, S.F., Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Isaías 40, 1-5.9-11
Salmo 84
2 Pedro 3,8-14
Marcos 1,1-8


La primera lectura está tomada de Isaías. El Pueblo de Dios ya lleva bastante tiempo en el exilio, lo cual está influyendo en el ánimo de todos. Hay un cierto cansancio moral, tal vez, como pensaban algunos, debemos acostumbrarnos a todo lo que estamos viviendo.

En medio de este desánimo general, se oye la voz de Dios: "Consuelen a mí pueblo". Inmediatamente se les insta a poner manos a la obra: "Abrir el camino al Señor". No es nada fácil pues hay que rellenar los valles y allanar montañas, o sea, tenemos que bajarnos de esos pedestales donde nos hemos instalado y llenar los vacíos de nuestro corazón.

Ese cambio tan brusco y profundo no es para intentarlo a solas, como si fuera poca cosa. Tampoco es para acobardarse, pues la misma lectura nos dice: "Aquí está tu Dios", un Dios que viene con poder, un pastor que toma en brazos a los corderos.

¿Aceptamos a ese que nos llega como Dios de poder y Buen Pastor? ¿En qué forma tratamos de prepararle el camino? ¿Tratamos de buscar la gente y los lugares que nos ayuden a descubrir la presencia oculta de Dios?

El evangelio de hoy, que es el comienzo del evangelio de San Marcos, nos indica lo que quiere hacer. Este libro que escribo, parece decir, tiene como objetivo darles una buena noticia: "Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". Una buena noticia y que tiene un doble aspecto: la "buena noticia" de las obras y mensajes de Jesucristo, al mismo tiempo que la "buena noticia" que es Jesucristo mismo.

Para reconocer la "buena nueva" y poderla aceptar y disfrutar, Marcos nos habla del "mensajero" que nos enseña a preparar los caminos. Este mensajero, Juan el Bautista, nos llama a la conversión y al bautismo, o sea al arreglo de los caminos que llevamos en nuestra vida y a una limpieza tal, para que en cada uno reaparezca la figura original, la imagen de Dios, que está en nosotros.

Juan no perdona los pecados, pero llama a la conversión para que puedan ser perdonados al recibir el bautismo de quien bautiza en el Espíritu Santo.

Es bueno recordar que las palabras de San Marcos no son palabras dirigidas exclusivamente a la gente de aquellos tiempos, más bien, es un mensaje que supera el tiempo, son palabras que no están sujetas al paso de nuestro calendario. La conversión es el reto constante de todo cristiano, por más que haya avanzado en los caminos del Señor.

San Pedro (2º lectura) nos recuerda que el Señor es misericordioso y no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión. Él nos dice a los humanos que el tiempo nuestro no es el tiempo de Dios, porque Dios no mide el tiempo. Además, nos exhorta a tener una conducta santa y piadosa para esperar la venida del Señor.

¿Qué debo yo cambiar en mi relación con Dios, con mi prójimo y seres queridos, conmigo mismo?

En estos días en que visitamos centros comerciales, que ojeamos catálogos, que exploramos el Internet, Facebook y tantos otros medios sociales con la idea de 'encontrar', hermano, hermana: ¿Qué es lo que quieres encontrar? ¿Estarás buscando en donde no se 'encuentra'?

En el Salmo 84 que recitamos este domingo dice: "Voy a escuchar lo que dice el Señor. Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra".

"La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos."

"Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación".

martes, 29 de noviembre de 2011

Primer jueves de Adviento: "No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre".

Primer miercoles de Adviento
Primer viernes de Adviento

Isaías 26,1-6
Salmo 117
Mateo 7,21.24-27

A veces parece que hemos convertido la fe y la religión cristiana en una colección de doctrinas, pero ser cristiano no consiste en decir "Señor, Señor" o "Sí, creo".

Jesús no creó ni perteneció a una escuela filosófica. Las parábolas y su conocimiento de la ley no pueden encasillarse en una ideología, o en tal o cual escuela filosófica o teológica.

Otra cosa distinta es que algunos de nosotros necesitemos de la filosofía y de la teología para comprender a Jesús. Aunque estas herramientas son necesarías deberíamos prestar atención a san Francisco de Asís, quien nos avisó de que las elucubraciones teológicas nos pueden apartar de Dios. A san Francisco debemos una gran máxima cristiana: "Predica y, si es necesario, utiliza palabras".

Jesús dice "sígueme". Para seguir a Jesús es necesario creer en El, pero el seguimiento no es tanto una doctrina como una manera de ser y estar con los demás, de crecer y madurar como persona; de ahí, que la esencia del cristianismo se muestra mucho más en la vida que llevamos que en las palabras que decimos.

Los discípulos, sin duda, creían en él. Santiago, Juan, Pedro, Andrés..., lo dejaron todo y lo siguieron porque creían que Jesús era el mesías. Sin embargo, los evangelios son claros al respecto: no es lo que "creían" lo que les hacía aptos para estar con el Señor, sino el amor de Jesús por ellos.

La conversión de los discípulos no tiene como base unas nuevas doctrinas o una nueva interpretación de la ley; justamente, es de eso de lo que se tienen que liberar para poder ver a la persona que tienen delante con los ojos de Dios.

La conversión más dramática puede la considerarse la de Natanael, el cual dice: "¿Pero de Nazaret puede salir algo bueno?". La respuesta que Natanael recibe no apela al entendimiento sino al seguimiento: "Ven y verás".

Hoy, los creyentes debemos reconocer que vivimos en un mundo saturado de palabras, de credos, ideologías e hipocresía. No, el Adviento no es el tiempo de la Palabra sino el tiempo de despertar y ponerse en marcha; luego, cuando la Palabra se haga carne ya habrá tiempo para explicaciones.

Mas homilias en: Homilias de Adviento

lunes, 28 de noviembre de 2011

Primer martes de Adviento: Sorpresa!


Primer lunes de Adviento
Primer miercoles de Adviento

Primer martes de Adviento:
Isaías 11,1-10
Salmo 71
Lucas 10,21-24

Durante el tiempo de Adviento, el creyente debe prepararse para verse sorprendido de nuevo por el Señor.

La novedad del mensaje que nos trae el Adviento es tan radical que nuestro saber, la manera actual de pensar, nuestras ideas y prejuicios, en lugar de ayudarnos a preparar la venida del Señor, nos pueden poner en guardia y hacernos desconfiar del "modo" como vienen a cumplirse las promesas de Dios.

La primera lectura nos es ajena a las contradicciones que el creyente va a experimentar; por un lado:

"No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas;
juzgará a los pobres con justicia,
con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca,
y al malvado con el aliento de sus labios.
La justicia será cinturón de sus lomos";

por otro:

"Habitará el lobo con el cordero,
la pantera se tumbará con el cabrito,
el novillo y el león pacerán juntos...
La vaca pastará con el oso...
el león comerá paja con el buey.
El niño jugará en la hura del áspid,
la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente".

Isaías parece desafiar las leyes de Dios. El profeta puede haberse vuelto loco. En su locura, une lo que Dios había separado en la naturaleza.

Que el niño juegue con la serpiente, el león coma con el buey, la vaca coma con el oso, el lobo coma con el cordero..., para muchas personas puede ser un error, una equivocación, resultado de la visión aberrante de Isaías.

La visión de Isaías derriba las barreras naturales que Dios había puesto entre sus criaturas para que nos sintamos seguros. Isaías es un idealista y está equivocado. Esta es la manera de pensar de muchos.

Tal vez, para estas personas tenga más sentido la primera parte de la profecía:

"No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas;
juzgará a los pobres con justicia,
con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca,
y al malvado con el aliento de sus labios.
La justicia será cinturón de sus lomos";

Prestemos atención a lo que dice Isaías.

"No juzgará por las apariencias":
¿Quiénes son los que se sirven de las apariencias? La Biblia nos dice que los "hipócritas". En los evangelios, los hipócritas, son identificados como los que se creen buenos, justos, piadosos, y no tienen compasión por los pecadores. Los que ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el suyo, son los hipócritas.

Ahora podemos entender mejor a Isaías cuando avisa de que "(el que ha de venir) juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados", pues los pobres y desamparados ya habían sido juzgados por los hombres.

El Evangelio de hoy sigue ahondando en la sorpresa y las oposiciones, lo cual va a ser una de las características del Adviento: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla".

El mensaje de Jesús retoma el tono "desestabilizador" utilizado por Isaías. Jesús también pone en tensión los esquemas culturales y mentales de su época al ensalzar a la gente sencilla y poner en evidencia a los sabios y entendidos.

Mas homilias en: Homilias del Adviento

sábado, 19 de noviembre de 2011

Art and Science met: From Conception to Birth



Alexander Tsiaras is an artist, an expert in several computer languages, and a visionary of the possibilities of medical imaging technology. Taking the data – he says "it’s all just information" – from CT and MRI scans, he is able to create images that reveal the depth and beauty of human existence. This 10-minute video from the TED /Ink conference focuses on his work demonstrating the human being from the moments before conception through birth. The images are breathtaking – well worth watching.