viernes, 21 de febrero de 2014

Febrero 21: San Pedro Damián, por Celestino Hueso, S.F.

SAN PEDRO DAMIÁN
Decía mi amigo el pirata que para ser santo hay que pasarlas canutas. No es eso exactamente pero ciertamente a muchos santos les ha tocado atravesar ese camino. San Pedro Damián no es la excepción. Miembro de una familia numerosa se quedó huérfano muy niño y tuvo que irse a vivir con el hermano mayor. El hermano no era Caín pero se le parecía mucho. Hacía trabajar a Pedro como un burro, lo alimentaba mal y siempre estaba harapiento y zarrapastroso.

Eso duró hasta que otro hermano se dio cuenta y se lo llevó para su casa. Y cambiaron tanto las tornas que Pedro, agradecido a todo lo bueno que hizo por él, decidió ponerse Damián, el nombre de éste hermano, como segundo nombre.

El buen ejemplo de vida cristiana recibido de él le decidió a hacerse ermitaño en el convento de Fonte Avellana, dedicándose a la oración y la meditación de la Palabra de Dios. La dicha le duró poco porque lo nombraron abad, muy a su pesar.

El olor a santidad se extiende como el aceite y, si va acompañada de la sabiduría, con más razón, así es que lo hicieron obispo y cardenal, podríamos decir que a la fuerza porque nuestro santo no quería aceptar ni loco y el Papa le tuvo que obligar por obediencia.

Sus principales virtudes fueron siempre la prudencia y la caridad.

El papa León XII lo canonizó y por sus brillantes sermones lo nombró doctor de la Iglesia.

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