lunes, 11 de julio de 2022

Isaías 43,1-7: Rescate del pueblo

Rescate del pueblo

1 Y ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob; el que te formó, Israel: 
   No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío.
2 Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo, la corriente no te anegará; 
   cuando pases por el fuego, no te quemarás, la llama no te abrasará.
3 Porque yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador. 
   Como rescate tuyo entregué a Egipto, a Etiopía y Sabá a cambio de ti; 
4 porque te aprecio y eres valioso y yo te quiero, entregaré hombres a cambio de ti, 
   pueblos a cambio de tu vida: 
5 no temas, que contigo estoy yo; desde oriente traeré a tu descendencia, desde occidente te reuniré.
6 Diré al Norte: Entrégalo; al Sur: No lo retengas; 
   tráeme a mis hijos de lejos y a mis hijas del confín de la tierra; 
7 a todos los que llevan mi Nombre, a los que creé para mi gloria, a los que hice y formé.

Isaías 42,18-25: Ceguera del pueblo

Ceguera del pueblo

18 Sordos, escuchen y oigan; ciegos, miren y vean: 
19 ¿quién es ciego sino mi siervo, quién es sordo sino el mensajero que envío? 
     ¿Quién es ciego como mi enviado, quién es sordo como el siervo del Señor?
20 Mucho mirar y no sacabas nada, con los oídos abiertos no te enterabas.
21 El Señor, por amor de su justicia, quería glorificar y engrandecer su ley;
22 pero son un pueblo saqueado y despojado, atrapados todos en cuevas, encerrados en cárceles. 
     Lo saqueaban, y nadie lo libraba; lo despojaban, y nadie decía: Devuélvelo. 
23 ¿Quién de ustedes prestará oído a esto, y atento escuchará el futuro? 
24 ¿Quién entregó a Jacob al saqueo, a Israel al despojo? 
     ¿No fue el Señor, contra quien pecamos no queriendo seguir sus caminos ni obedecer su ley? 
25 Descargó sobre él el ardor de su ira, el furor de la guerra; 
     lo rodeaban sus llamas, y no se daba cuenta; lo quemaban, y no hacía caso.

Isaías 42,14-17: Nueva salvación

Nueva salvación

14 Desde antiguo guardé silencio, me callaba, aguantaba; como parturienta, jadeo y resuello. 
15 Arrasaré montes y colinas, secaré toda su hierba, convertiré los ríos en tierra árida, 
     secaré los estanques; 
16 conduciré a los ciegos por un camino que desconocen, los guiaré por senderos que ignoran. 
     Ante ellos convertiré las tinieblas en luz, lo escabroso en llano. 
     Esto es lo que pienso hacer, y no dejaré de hacerlo. 
17 Retrocederán defraudados los que confían en el ídolo, los que dicen a una estatua: 
     Tú eres nuestro Dios.

Isaías 42,10-13: Himno

Himno

10 Canten al Señor un cántico nuevo, y llegue su alabanza a los confines de la tierra; 
     los que se hacen al mar, los que lo pueblan, las costas y sus habitantes.
11 Alégrese el desierto con sus tiendas, los poblados que habita Cadar; 
     exulten los vecinos de Petra, clamen desde la cumbre de las montañas; 
12 den gloria al Señor, pronuncien su alabanza en las costas.
13 El Señor sale como un héroe, excita su ardor como un guerrero, 
     lanza el alarido desafiando al enemigo.

Isaías 42,1-9: Mi elegido


1 Miren a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. 
   Sobre él he puesto mi Espíritu, para que promueva el derecho en las naciones.
2 No gritará, no clamará, no voceará por las calles. 
3 No romperá la caña quebrada, no apagará la mecha vacilante. 
   Promoverá fielmente el derecho, 
4 no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y su ley que esperan las islas. 
5 Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó el cielo, afianzó la tierra con su vegetación, 
   dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella. 
6 Yo, el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano, 
   te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.
7 Para que abras los ojos de los ciegos, 
   saques a los cautivos de la prisión y de la cárcel a los que habitan en tinieblas:
8 Yo soy el Señor, éste es mi Nombre, no cedo mi gloria a nadie ni mi honor a los ídolos.
9 Lo antiguo ya ha sucedido, y algo nuevo yo anuncio, antes de que brote se lo comunico.

Isaías 41,21-29: Pleito con los dioses

Pleito con los dioses

21 Expongan su caso, dice el Señor; presenten sus pruebas, dice el Rey de Jacob; 
22 que se adelanten y nos anuncien lo que va a suceder. 
     Nárrennos sus predicciones pasadas y prestaremos atención; 
     anúnciennos el futuro, y comprobaremos el desenlace; 
23 narren los sucesos futuros, y sabremos que son dioses. 
     Hagan algo, bueno o malo, que nos demos cuenta y lo veamos todo. 
24 Miren, ustedes son nada; sus obras, vacío; es despreciable elegirlos. 
25 Yo lo hice aparecer en el norte, y ha venido; en oriente lo llamo por su nombre; 
     pisará gobernantes como barro, como pisa el alfarero la arcilla. 
26 ¿Quién lo anunció de antemano para que lo supiéramos, por adelantado para que dijéramos: 
     Tiene razón? Ninguno lo narra, ninguno lo anuncia, nadie oye el discurso de ustedes. 
27 Lo anuncié yo el primero en Sión y envié un mensajero a Jerusalén. 
28 Busqué; pero entre ellos no había nadie, ningún consejero a quien preguntarle para que me informara. 
29 Todos juntos eran nada; sus obras, vacío; aire y nulidad sus estatuas.

Isaías 41,17-20: Nuevo éxodo

Nuevo éxodo

17 Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. 
     Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
18 Haré brotar ríos en las dunas; en medio de las valles, manantiales; 
     transformaré el desierto en estanque y el arenal en fuentes de agua; 
19 pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; 
     plantaré en la estepa cipreses, junto con olmos y alerces. 
20 Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez que la mano del Señor lo ha hecho, 
     que el Santo de Israel lo ha creado

Isaías 41,8-16: Israel, siervo del Señor

Israel, siervo del Señor

8 Tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi elegido; estirpe de Abrahán, mi amigo. 
9 Tú, a quien tomé en los confines del mundo, y llamé de las regiones más remotas, a quien dije: 
   Tú eres mi siervo, te he elegido y no te he rechazado.
10 No temas, que yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios: 
     te fortalezco y te auxilio y te sostengo con mi diestra victoriosa.
11 Mira: se avergonzarán derrotados los que se enardecen contra ti; 
     serán aniquilados y perecerán los que pleitean contra ti; 
12 buscarás sin encontrarlos a los que pelean contra ti; 
     serán aniquilados, dejarán de existir los que guerrean contra ti. 
13 Porque yo, el Señor, tu Dios te agarro de la diestra, y te digo: No temas, yo mismo te auxilio. 
14 No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio –oráculo del Señor–, 
     tu redentor es el Santo de Israel.
15 Mira, te convierto en un instrumento de trillar, afilado, nuevo, dentado: 
     trillarás los montes y los triturarás, convertirás en paja las colinas; 
16 los echarás al viento, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; 
     y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.

Isaías 41,1-8: Dios promete la liberación a Israel: Vocación de Ciro

Dios promete la liberación a Israel:
Vocación de Ciro

1 Islas, callen ante mí; naciones, esperen mi desafío. 
   Que se acerquen a hablar, comparezcamos juntos a juicio. 
2 ¿Quién lo ha mandado desde oriente y convoca la victoria a su paso, 
   le entrega los pueblos, le somete los reyes? 
   Su espada los tritura y su arco los dispersa como paja; 
3 los persigue y avanza seguro por sendas que sus pies no pisaban 
4 ¿Quién lo ha hecho y ejecutado? El que anuncia el futuro de antemano. 
   Yo, el Señor, que soy el primero, yo estoy con los últimos. 
5 Véanlo, islas, y estremézcanse, tiemblen los confines del mundo.
6 El uno ayuda al otro y dice a su colega: «¡Animo!»
7 Anima el fundidor al orfebre, el que pule a martillo al que bate en el yunque, diciendo de la soldadura: 
   «Está bien.» Y fija el ídolo con clavos para que no se mueva.

domingo, 10 de julio de 2022

Isaías 29,15-24: Malaventura. Salvación escatológica

Isaías 29,15-24:
Malaventura


15 ¡Ay de los que traman secretamente para esconderle sus planes al Señor! 
     Hacen sus obras en la oscuridad, diciendo: ¿Quién nos ve, quién se entera? 
16 ¡Qué desatino! Como si el barro se considerara alfarero, como si la obra dijera del que la hizo: 
     No me ha hecho, como si el cacharro dijera del alfarero: No me entiende.

Salvación escatológica

17 Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en jardín, y el jardín parecerá un bosque; 
18 aquel día oirán los sordos las palabras del libro, sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos; 
19 los oprimidos volverán a festejar al Señor y los pobres se alegrarán con el Santo de Israel, 
20 porque no quedarán tiranos, se acabarán los cínicos y serán aniquilados los que se desviven 
     por el mal; 
21 los que acusan a uno en un proceso, ponen trampas al que defiende en un tribunal y con falsedades 
     hunden al inocente.
22 Por eso, esto dice el Señor, Dios de la casa de Jacob, que redimió a Abrahán: 
     Ya no fracasará Jacob, no sentirá vergüenza; 
23 cuando vean lo que hace mi mano en medio de ellos, santificarán mi Nombre, 
     santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel. 
24 Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la lección.

Isaías 12,1-6: Himno

Isaías 12,1-6:
Himno


1 Aquel día recitarás: Te doy gracias, Señor, porque estabas irritado contra mí, 
   pero ha cesado tu ira y me has consolado. 
2 Siendo Dios mi salvador, confío y no temo porque mi fuerza y poder es el Señor, 
   él fue mi salvación.
3 Sacarán agua con gozo del manantial de la salvación.
4 Aquel día, recitarán: Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, 
   cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su Nombre es sublime.
5 Canten al Señor, que hizo proezas, que las conozca toda la tierra; 
6 grita jubilosa, Sión, la princesa, que es grande en medio de ti el Santo de Israel.

Isaías 6,1-13: Vocación de Isaías

Isaías 6,1-13:
Vocación de Isaías


1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: 
   el borde de su manto llenaba el templo. 
2 Por encima de él había serafines erguidos, con seis alas cada uno: con dos alas se cubrían el rostro, 
   con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas volaban. 
3 Y se gritaban el uno al otro: ¡Santo, santo, santo, el Señor Todopoderoso, 
   la tierra está llena de su gloria! 
4 Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. 
5 Yo dije: ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros que habito en medio de un pueblo 
    de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor Todopoderoso. 
6 Y voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en la mano, 
   que había retirado del altar con unas tenazas; 
7 lo aplicó a mi boca y me dijo: Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, 
   está perdonado tu pecado.
8 Entonces escuché la voz del Señor, que decía: –¿A quién mandaré?, ¿quién irá de nuestra parte? 
   Contesté: –Aquí estoy, mándame. 
9 Él replicó: –Anda y dile a ese pueblo: Escuchen con sus oídos, pero sin entender; 
   miren con sus ojos, pero sin comprender. 
10 Entorpece el corazón de ese pueblo, endurece su oído, ciega sus ojos: que sus ojos no vean, 
     que sus oídos no oigan, que su corazón no entienda, que no se convierta y sane. 
11 Pregunté: –¿Hasta cuándo, Señor? Y me contestó: –Hasta que se desmoronen las ciudades 
     despobladas y las casas deshabitadas, y queden los campos desolados. 
12 Porque el Señor alejará a los hombres, y crecerá el abandono en el país. 
13 Y aunque queden en él uno de cada diez, de nuevo será barrido; como la encina o el roble que, 
     al cortarlos, sólo dejan un tronco. Este tronco será semilla santa.

Isaías 1,10-20: Segunda requisitoria

Isaías 1,10-20 
Segunda requisitoria

10 Escuchen la Palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, 
     pueblo de Gomorra.
11 ¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos 
     de carneros, de grasa de animales cebados; la sangre de novillos, corderos y chivos no me agrada. 
12 Cuando entran a visitarme y pisan mis atrios, ¿quién exige algo de sus manos? 
13 No me traigan más ofrendas sin valor, el humo del incienso es detestable. 
     Lunas nuevas, sábados, asambleas... no aguanto reuniones y crímenes. 
14 Sus solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. 
15 Cuando extienden las manos, cierro los ojos; aunque multipliquen las plegarias, no los escucharé. 
     Sus manos están llenas de sangre.
16 Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones. Cesen de obrar mal, 
17 aprendan a obrar bien; busquen el derecho, socorran al oprimido; defiendan al huérfano, 
     protejan a la viuda. 
18 Entonces, vengan, y discutamos –dice el Señor–. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, 
     se volverán blancos como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. 
19 Si saben obedecer, comerán lo sabroso de la tierra; 
20 si rehúsan y se rebelan, la espada los comerá. Lo ha dicho el Señor.

SOBRE EL MISMO TEMA:

Mateo 20:1-16: "Paganos lo que es justo!"


"En el reino de Dios sucede algo parecido a lo que pasó en una viña. El dueño salió muy de mañana a contratar hombres para trabajar en ella. Se puso de acuerdo con los trabajadores para pagarles el salario de un día completo; y los envió a trabajar. Luego, como a las nueve de la mañana, el dueño volvió a salir y encontró en la plaza a varios hombres que estaban desocupados. Y les dijo:
   - Vayan a trabajar a mi viña y les pagaré un salario justo.
   Los hombres aceptaron y fueron a trabajar. Como a las doce del día, el dueño volvió a hacer lo mismo; y salió otra vez a las tres de la tarde. Ya eran las cinco de la tarde cuando el dueño fue de nuevo a la plaza y vio a otros hombres desocupados. Entonces les preguntó:
   - ¿Por qué han estado ahí todo el día sin hacer nada?
   Ellos le contestaron: ‘¡Porque nadie nos contrató!’
   El dueño les dijo:
 - Vayan a trabajar a mi terreno.
   Cuando se hizo de noche, el dueño le dijo al jefe de los trabajadores:
   - Llama a cada uno y págales, comenzando por los últimos que vinieron, y terminando por los que vinieron primero’.
   Entonces se acercaron los trabajadores que llegaron a las cinco de la tarde y recibieron el salario de un día completo. Después, cuando pasaron los que habían llegado primero, muy de mañana, pensaron que a ellos les pagarían mucho más. Pero cada uno de ellos recibió también el salario de un día completo. Cuando ya tenían el dinero, esos trabajadores comenzaron a hablar mal del dueño de la viña y le dijeron:
   - Los que llegaron a las cinco de la tarde sólo trabajaron una hora. Usted les pagó a ellos igual que a nosotros, que trabajamos todo el día aguantando el calor. Eso no es justo.
Pero el dueño le contestó a uno de ellos:
 - ¡Mira, amigo! Yo no he hecho nada malo contra ti. Recuerda que los dos acordamos que tú trabajarías por el salario de un día completo. Toma el dinero que te ganaste y vete. No es problema tuyo que yo les pague lo mismo a los que vinieron a las cinco. Yo puedo hacer con mi dinero lo que me parezca. ¿Por qué te da envidia que yo sea bueno con los demás?’
   Jesús terminó diciendo:
   - Así, los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros’.

Comentario:

La parábola de los obreros de la viña nos muestra que hay más de una manera de entender la justicia y lo que es justo. Es cierto que la justicia es un valor universal, sin embargo, la parábola de Jesús pone en evidencia que a veces entendemos la justicia a nuestra manera.

Es evidente que para el dueño de la viña el trabajo es algo necesario para el hombre. Por eso, da trabajo a todos sin importarle la hora y el salario. Para comprender esta parábola debemos reconocer que la viña representa al Pueblo de Dios. Estos jornaleros están trabajando para el pueblo de Dios y por el Reino de Dios, pues han sido enviados por el dueño de la viña.

La justicia de Dios (dueño de la viña) solamente la entendemos si aceptamos que:

a. hemos recibido la vida y nuestros talentos de Dios.
b. nuestros talentos y habilidades no son solamente para cuidar de nosotros mismos sino también para cuidar a los demás.

De ahí, que Jesús finalice su parábola de una manera que puede parecernos enigmática: "Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros". Porque, ¿quiénes son los primeros? En la viña de este Señor los primeros no son los que son servidos sino los que están llamados a servir.

sábado, 9 de julio de 2022

Colosenses 1,15-20: Cristo, Imagen de Dios y Cabeza de la Iglesia

Colosenses 1,15-20


15 Él es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación,
16 porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra,
     los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:
     todo fue creado por medio de él y para él.
17 Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él.
18 Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. 
     Él es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos,
     a fin de que él tuviera la primacía en todo,
19 porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud.
20 Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo,
     restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

Domingo de la 15 Semana del Tiempo Ordinario, C (Lecturas)

Deuteronomio 30,10-14
Salmo 68: Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón
Colosenses 1,15-20
Lucas 10,25-37


Deuteronomio 30,10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma. Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: "¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"; ni está más allá del mar, no vale decir: "¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?" El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo."


Salmo 68: Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Mi oración se dirige a ti, Dios mío,
el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión,
vuélvete hacia mí.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón



Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.



En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
— Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Él le dijo:
— ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?
Él contestó:
— Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
Él le dijo:
— Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
— ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
— Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
Él contestó:
— El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús:
— Anda, haz tú lo mismo.

COMENTARIOS:

Sobre los samaritanos

La región de los samaritanos: Samaria






Los samaritanos en la Biblia:






   

Para saber más:

Lucas 10,25-37: "¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"

Lucas 10,25-37
Lunes de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor, tu, Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." 

Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó en una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tu lo mismo."

SOBRE EL MISMO TEMA:

¿Quiénes eran los samaritanos y porqué eran enemigos de los judíos?

Lucas 10,25-37

Espíritu Santo

 Tarifa y Baffa

Pentecostés

Domingo de la 15 Semana del Tiempo Ordinario, Año C, por Julio González, S.F.


Comentario de Julio González SF:

Hemos escuchado en la primera lectura: “El mandamiento del Señor está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.” Y bien, si el Señor se pone a escuchar nuestro corazón, ¿qué oirá en él? ¿qué encontrará?

En la Biblia, el corazón de la persona es donde se fraguan las decisiones, por eso os vuelvo a hacer la misma pregunta: si el Señor escucha nuestro corazón, ¿qué encontrará en él?

Ustedes hacen limpieza de sus hogares. Si no hiciéramos limpieza del hogar llegaría un momento en que sería imposible vivir en él. Y después de haber hecho limpieza uno se siente mejor. Vuelve a ver las cosas que realmente son importantes porque las que no lo son ya no están alli, ya no molestan ni son un obstáculo.

¿Y nuestro corazón? ¿Hacemos limpieza de vez en cuando? ¿Y después de haber hecho limpieza...? Os hago la misma pregunta por tercera vez: si el Señor escucha nuestro corazón, ¿qué encontrará en él?

El evangelio de hoy nos ayuda a descubrir lo esencial de nuestra fe a partir de la pregunta que el maestro de la ley hace a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” La ley no le ha ayudado a descubrir quién es su prójimo, o tal vez en su corazón había tantas cosas estorbando a la conciencia que ya no sabía distinguir quién era su prójimo y quién no lo era. Esto también nos puede pasar a nosotros: que haya tantas cosas en nuestro corazón que no podamos distinguir lo que es verdaderamente importante de lo que no lo es.

Pidamos que la Palabra de Dios nos devuelva un corazón humilde, sencillo, para que el Espíritu de Dios, y también el prójimo, se sienta bienvenido, a gusto, a nuestro lado.

Sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario, Año II (Lecturas)

Isaías 6,1-8
Salmo 93 (92) 1ab,1cd-2,5
El Señor reina, vestido de majestad
Mateo 10,24-33


Isaías 6,1-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas se cernían. Y se gritaban uno a otro, diciendo: «¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!» Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.» Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.» Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: «Aquí estoy, mándame.»

Salmo 93 (92) 1ab,1cd-2,5
El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
R. El Señor reina, vestido de majestad



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.» 

La Resurrección de Cristo

 


RESURRECCIÓN

Jesús crucificado


El Árbol de la Vida por John Collier

Corpus Christi


Bautismo de Jesús


La Ascensión de Jesús

 

La Cena del Señor

 Última Cena



La Santísima Trinidad

 SANTÍSIMA TRINIDAD

Tomás, Apóstol

 


San Matías, apóstol, por José Ribera, el Españoleto


José de Ribera, el Españoleto 1630-35
Museo: Museo del Prado
Barroco Español
Oleo sobre lienzo

El apóstol Matías uno de los pocos apóstoles imberbes pintado por Ribera en la década de 1630, expresando de esta manera su inmadurez religiosa. Aparece con el hacha, su atributo, representado en perfil y vistiendo un amplio manto en color marfil que impide la contemplación de cualquier rasgo anatómico. Su carácter concentrado hace de él uno de los más interesantes de la serie. Ribera sigue el estilo de Caravaggio al emplear acentuadas contrastes de luces y sombras al tiempo que dota de naturalismo a la figura.

Judas Iscariote


El beso de Judas

Abraham

por Bartolomé Esteban Murillo
por Stephen Taylor

Abrahan y los tres ángeles (Teofanía de Mambré)

 


Abrahan y los tres ángeles (teofanía de Mambré)
de Bartolomé Esteban Murillo

Domingo de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año C, por Julio González, S.F.


Comentario por el P. Julio González, S.F.

¡Qué maravilla las lecturas que hemos escuchado! Nos hablan de la hospitalidad y del sufrimiento.

Empezamos por la primera y tercera lecturas que tienen en común el gesto de la hospitalidad. Para quienes vivimos en la cultura de la propiedad privada y el no cruce, no pase... estos episodios de bienvenida son buena noticia, son evangelio. Nos hablan de nuestra fe y nos hablan de cómo es Dios.

Se ha dicho que los peregrinos, los que están de paso, los que alguna vez se han perdido, son más solidarios que los que nunca se han puesto en camino. Recordemos que Abraham y Sara han dejado su tierra obedeciendo la llamada de Dios. Son peregrinos. Sienten la dureza del camino. Y estas personas tienden a ser hospitalarias porque comprenden el cansancio de otros peregrinos. Sin embargo, el mensaje de esta primera lectura va mucho más allá. Abraham reconoce en las tres personas a quienes ofrece hospitalidad la presencia de Dios.

Hay que tener mucho amor al prójimo para ver en él a Dios mismo. Más si se trata de unos extraños que en lugar de darnos, ponen a prueba nuestra generosidad. Pues bien, todos los cristianos estamos llamados a seguir el ejemplo de Abraham y Sara.

El evangelio también nos muestra la importancia de ser hospitalarios a través de un episodio que fácilmente hubiera podido convertirse en una discusión. Marta le dice a Jesús: “¡Dile a mi hermana que se levante y haga algo!”

A veces Marta me recuerda a esta sociedad en la que vivimos. Somos capaces de producir más rápido y mucho mejor de lo que lo hicieron nuestros antepasados. Y sin embargo, nos falta lo más importante: escucharnos los unos a los otros. Estar juntos y escuchar a nuestro Dios. Por eso, Jesús le dice a Marta: "Marta, andas nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria."

No quisiera finalizar estos pensamientos sin referirme a la segunda lectura porque nos habla de algo que muchos de nosotros hemos sentido a menudo: el sufrimiento. Ojalá algún día todos nosotros podamos decir lo mismo que dice Pablo: “Hermanos: ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo”.

El sufrimiento no es un castigo o una maldición. Pablo ha descubierto en la pasión —en el sufrimiento de Jesús— el amor incondicional de Dios. Por eso, también nosotros debemos aprender a ofrecer nuestro sufrimiento por los demás, cada domingo, depositándolo sobre el altar, junto al cuerpo y la sangre de Cristo.

viernes, 8 de julio de 2022

Martes 6ª Semana Tiempo Ordinario, Año I

Génesis 6,5-8;7,1-5.10
Salmo 28,1a y 2.3ac-4.3b y 9c-10 
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz
Marcos 8,14-21


Génesis 6,5-8;7,1-5.10

Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra, y que todo su modo de pensar era siempre perverso, se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra, y le pesó de corazón. Y dijo:
—«Borraré de la superficie de la tierra al hombre que he creado; al hombre con los cuadrúpedos, reptiles y aves, pues me pesa de haberlos hecho».
Pero Noé alcanzó el favor del Señor.
El Señor dijo a Noé:
—«Entra en el arca con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en tu generación. De cada animal puro toma siete parejas, macho y hembra; de los no puros, una pareja, macho y hembra; y lo mismo de los pájaros, siete parejas, macho y hembra, para que conserven la especie en la tierra. Dentro de siete días haré llover sobre la tierra cuarenta días con sus noches, y borraré de la superficie de la tierra a todos los vivientes que he creado».
Noé hizo todo lo que le mandó el Señor. Pasados siete días vino el diluvio a la tierra.

Salmo 28,1a y 2.3ac-4.3b y 9c-10 
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. 
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. 
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!».
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno. 
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz


Marcos 8,14-21

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Jesús les recomendó:
—«Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes».
Ellos comentaban:
—«Lo dice porque no tenemos pan».
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
—«¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?».
Ellos contestaron:
—«Doce».
—«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».
Le respondieron:
—«Siete».
Él les dijo:
—«¿Y no acabáis de entender?».

Martes de la 4 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

2 Samuel 18,9-10.14.24-25.30–19,3
Salmo 85,1-2.3-4.5-6: 
Protégeme, Señor, porque te amo
Marcos 5,21-43


2 Samuel 18,9-10.14.24-25.30–19,3

En aquellos días, después de haber sido derrotado por los hombres de David, Absalón, su hijo, se dio a la fuga. Iba montado en una mula, y al meterse la mula bajo las ramas de una frondosa encina, a Absalón se le atoró la cabeza entre las ramas y se quedó colgando en el aire y la mula siguió corriendo. Uno de los soldados lo vio y le fue a avisar a Joab: “Acabo de ver a Absalón colgando de una encina”. Joab se acercó a donde estaba Absalón, tomó tres flechas en la mano y se las clavó en el corazón.
Mientras tanto, David estaba en Jerusalén, sentado a la puerta de la ciudad. El centinela, instalado en el mirador que está encima de la puerta de la muralla, levantó la vista y vio que un hombre venía corriendo solo. Le gritó al rey para avisarle. El rey le contestó: “Si viene solo, es señal de que trae buenas noticias. Déjalo pasar. Tú, quédate ahí”. El centinela lo dejó pasar y permaneció en su puesto.
El hombre que venía corriendo, que era un etíope, llegó a donde estaba David y le dijo: “Le traigo buenas noticias a mi señor, el rey. Dios te ha hecho justicia hoy, librándote de los que se habían rebelado contra ti”. El rey le preguntó: “Pero, mi hijo Absalón, ¿está bien?” Respondió el etíope: “Que acaben como él todos tus enemigos y todos los que se rebelen contra mi señor, el rey”. Entonces el rey se estremeció. Subió al mirador que está encima de la puerta de la ciudad y rompió a llorar, diciendo: “Hijo mío, Absalón; hijo, hijo mío, Absalón. Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar, Absalón, hijo mío”. Le avisaron entonces a Joab que el rey estaba inconsolable por la muerte de Absalón. Por eso, aquella victoria se convirtió en día de duelo para todo el ejército, cuando se enteraron de que el rey estaba inconsolable por la muerte de su hijo. Por ello, las tropas entraron a la ciudad furtivamente, como entra avergonzado un ejército que ha huido de la batalla.


Salmo 85,1-2.3-4.5-6
R. Protégeme, Señor, porque te amo

Presta, Señor, oídos a mi súplica,
pues soy un pobre, lleno de desdichas.
Protégeme, Señor, porque te amo;
salva a tu servidor, que en ti confía. 
R. Protégeme, Señor, porque te amo

Ten compasión de mí,
pues clamo a ti, Dios mío, todo el día,
y ya que a ti, Señor, levanta el alma,
llena a este siervo tuyo de alegría.
R. Protégeme, Señor, porque te amo

Puesto que eres, Señor, bueno y clemente
y todo amor con quien tu nombre invoca,
escucha mi oración
y a mi súplica da repuesta pronta.
R. Protégeme, Señor, porque te amo


Marcos 5,21-43

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: “Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi manto?” Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’ ” Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: “¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: “¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!” La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Domingo de la 8 Semana del Tiempo Ordinario, Año C

Sirácida 27:5-8
Salmo 91: “Es bueno darte gracias, Señor”
1 Corintios 15:54-58
Lucas 6:39-45


Sirácida 27,5-8

Al agitar el cernidor, aparecen las basuras; en la discusión aparecen los defectos del hombre. En el horno se prueba la vasija del alfarero; la prueba del hombre está en su razonamiento. El fruto muestra cómo ha sido el cultivo de un árbol; la palabra muestra la mentalidad del hombre. Nunca alabes a nadie antes de que hable, porque ésa es la prueba del hombre.


Salmo 91: ¡Qué bueno es darte gracias, Señor!

¡Qué bueno es darte gracias, Dios altísimo, 
y celebrar tu nombre, 
pregonando tu amor cada mañana 
y tu fidelidad, todas las noches!  
R. ¡Qué bueno es darte gracias, Señor!

Los justos crecerán como las palmas,
como los cedros en los altos montes;
plantados en la casa del Señor,
en medio de sus atrios darán flores.  
R. ¡Qué bueno es darte gracias, Señor!

Seguirán dando fruto en su vejez,
frondosos y lozanos como jóvenes, 
para anunciar que en Dios, mi protector,
ni maldad ni injusticia se conocen.   
R. ¡Qué bueno es darte gracias, Señor!


1 Corintios 15,54-58

Hermanos: Cuando nuestro ser corruptible y mortal se revista de incorruptibilidad e inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: La muerte ha sido aniquilada por la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado y la fuerza del pecado es la ley. Gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Así pues, hermanos míos muy amados, estén firmes y permanezcan constantes, trabajando siempre con fervor en la obra de Cristo, puesto que ustedes saben que sus fatigas no quedarán sin recompensa por parte del Señor.


Lucas 6, 39-45

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: "¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano. No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos. El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón, y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón".