domingo, 11 de mayo de 2014

4 DOMINGO DE PASCUA, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.

Hechos 2,14a.36-41
Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta
1Pedro 2,20b-25
Juan 10,1-10

Hechos 2,14a.36-41

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: "Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías." Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos." Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: "Escapad de esta generación perversa." Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R.  El Señor es mi pastor, nada me falta

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R.  El Señor es mi pastor, nada me falta

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R.  El Señor es mi pastor, nada me falta

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R.  El Señor es mi pastor, nada me falta

Pedro 2,20b-25

Queridos hermanos: Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

Juan 10,1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a sus voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños." Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: "Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante."

— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

Estamos en el cuarto domingo de Pascua. En estos domingos la primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles y hoy corresponde a una parte del segundo capítulo (2, 14a.36-41).

Pedro acompañado de los Once ha terminado su primer discurso. Acaban ellos de recibir el Espíritu y sale como una llama de fuego penetrante. “Estas palabras –dice la Escritura– les traspasaron el corazón”. Esta frase o algunas variantes de la misma (me penetró el corazón, me conmovió el corazón, me hizo añicos el corazón) que nosotros usamos para indicar algo que nos ha afectado profundamente, está aquí expresando lo mismo. Los que estaban escuchando a Pedro quedaron muy afectados por sus palabras, por eso preguntan: ¿Qué tenemos que hacer hermanos? La respuesta no se hace esperar: “Convertíos y bautizaos todos en el nombre de Jesucristo”.

Un buen punto para la reflexión personal puede ser: Sí, yo estoy bautizado, ¿estoy ya convertido? La conversión, será bueno recordar, implica un cambio radical, un cambio de raíz, como un nuevo nacimiento.

El evangelio que está tomado del décimo capítulo de San Juan (10,1-10) se nos presenta a Jesús como pastor. Debido a esta imagen de Cristo que se nos presenta cada año en esta fecha, el cuarto domingo de Pascua es conocido como el domingo del Buen Pastor.

El pastor goza de buen nombre pues protege a su rebaño de los animales salvajes o del desierto y, es por eso, que en el Oriente antiguo este título se dá a príncipes y reyes. David, el pastor, se convierte en rey: “Tú pastorearás a mi pueblo, Israel” (2 Sm. 5,2). En Jeremías (3,15) Dios invita a su pueblo a la conversión y les anuncia: “Os daré pastores a mi gusto que os apacienten con saber y gusto”. Pero como pasa siempre, hay pastores y reyes que se apartan de lo que Dios tiene señalado, en otras palabras, hay pastores y reyes que no son buenos, y contra ellos vendrá la ira de Dios.

¿Cómo explica Jesús las acciones y características del Buen Pastor? Ante todo el pastor entra por la puerta, hasta podríamos decir que Él mismo es la puerta. La puerta tiene la doble función de proteger y de facilitar: proteger del enemigo y facilitar la entrada y salida del amigo.

El pastor conoce las ovejas, las llama por su nombre. Hay una relación profunda entre el pastor y las ovejas, ellas reconocen su voz. El buen pastor es mucho más que alguien a quien le han dado el título o nombramiento; el buen pastor se ha ganado la confianza de las ovejas pues él va delante, él les va abriendo y enseñando el camino, él va delante para poder ver si hay peligro, para poder defenderlas, y si es el caso, dar la vida para defenderlas de todo peligro.

El interés único del buen pastor es que sus ovejas vivan, que no se pierdan, que tengan vida y ésta en abundancia.

Este domingo del Buen Pastor es una ocasión muy propia para todos los pastores de la Iglesia, para todos aquellos que de alguna forma están encargados de “pastorear” (familia, escuela, nación, etc.) y echar una miradita al Pastor de pastores, al Pastor por excelencia, para hacer examen de conciencia y ver en qué categoría se encuentran: Buen Pastor o mercenario/ladrón.

“El Señor es mi pastor, nada me puede faltar”.

No hay comentarios: