sábado, 25 de junio de 2016

DOMINGO DE LA 13 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año C: Vuestra vocación es la libertad, por Mons. Francisco González, S.F.


1Kings 19:16-21
Salmo 16, “Tú eres, Señor, mi lote y mi heredad”
Gálatas 5:1,13-10
Lucas 9:51-62

I Reyes 19, 16b. 19-21

En aquellos días, el Señor dijo a Elías: "Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén." Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: "Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo." Elías le dijo: "Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?" Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

Salmo 15: Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien."
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad

Gálatas 5, 1. 13-18

Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo." Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley.

Lucas 9, 51-62

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:
— Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?
Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno:
— Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió:
— Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
A otro le dijo:
— Sígueme.
Él respondió:
— Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó:
— Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.
Otro le dijo:
— Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó:
— El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.

— Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Con este decimotercer domingo del tiempo ordinario entramos en esos capítulos del evangelio de San Lucas que nos narran el camino de Jesús a Jerusalén. Este tema va a servirnos casi hasta el final del año litúrgico.

Debemos darnos cuenta, también, de que aunque Jesús sube a Jerusalén de una forma real, este camino o viaje es más teológico que geográfico, se habla de lugares, principalmente es un camino que nos habla del Reino y por eso, en nuestra reflexión, pensemos que "el camino" es un tiempo para el servicio, para el ministerio y también para la práctica de los valores que el Señor va proponiendo a sus discípulos.

En el evangelio nos encontramos que Jesús ha hecho una decisión irrevocable: subir a Jerusalén. En este trayecto encontramos, entre otras cosas, las enseñanzas de Jesús acerca del discipulado. Las que hoy nos presenta son radicales en plenitud, y, para algunos de nosotros un tanto sentimentales o no del todo comprometidos, nos pueden parecer como casi inhumanas.

Jesús regaña a Santiago y Juan por su actitud un tanto violenta para responder al rechazo de los samaritanos de darles albergue, sin darse cuenta que posiblemente fueron ellos dos los causantes del rechazo por haber presentado a Jesús en una forma errónea, pues el Maestro subía a Jerusalén para enfrentarse a los líderes, no para compartir con ellos un poderío mesiánico.

Al que le quiere seguir, Jesús le recuerda que “las zorras tienen madriguera y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza”. El discípulo, según Jesús, debe estar dispuesto a la inseguridad, inseguridad que le viene de estar siempre “en camino”, de un continuo “éxodo” de sí mismo hacia Dios y los demás.

A un segundo, Jesús mismo le llama y le dice: sígueme. El hombre le pide algo que a primera vista es muy humano, e incluso algo que le exige la ley. Varias interpretaciones se han hecho de este pasaje, podríamos decir que para Jesús, cuando se trata de una llamada por el Reino, las costumbres sociales y todo lo demás pasa a segundo término. Tal vez, la figura del padre representa el pasado con el que hay que romper si uno quiere de veras seguir en la vida nueva que nos da el Señor.

Por último, otro se decide seguir a Jesús, sin embargo pide un tiempo para despedirse de los suyos. Jesús contesta con una frase de la que se ha hecho uso y abuso: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios”. En la primera lectura Elías permite a Eliseo el despedirse de los suyos.

Jesús, por el contrario, como dice un autor moderno, parece como si quisiera poner las cosas difíciles para sus seguidores, como si los quisiera disuadir: a uno le habla de las necesidades que tendrá que pasar; a otro le recuerda que las obligaciones del Reino superan en importancia a los compromisos de la sangre, y a un tercero le hace ver, que si dice que sí, esa es una respuesta definitiva e irrevocable.

La radicalidad de Jesús debe expresarse con plena libertad, como nos recuerda San Pablo en la segunda lectura: “Hermanos, vuestra vocación es la libertad”.

La carta a los Gálatas, o carta de la libertad cristiana, nos recuerda que la verdadera libertad “no se realiza en la mera ausencia de todo lo que coarta o reduzca, sino en la entrega de esa libertad para algo que dé sentido a la vida. (J. Gafo)

La libertad, el gran don que Dios nos da, junto con el amor que nosotros ofrecemos, son pilares esenciales para seguir a Cristo. Así sí que podremos aceptar esos valores del Reino que nacen en la cuna de la cruz y en el jardín de la Resurrección: justicia, alegría, paz, tolerancia, diálogo, universalismo y amistad.

Para concluir: ¿Cómo nos comportamos con los que no piensan como nosotros? ¿Pedimos que baje fuego del cielo sobre ellos? ¿Trabajamos por resolver en lo que sea posible la situación de esos inmigrantes y otros quienes “no tienen donde reclinar su cabeza?

Recordemos que “la decisión de subir a Jerusalén es una de las más difíciles en la vida de Jesús y de quien quiera vivir como Él, aceptando participar de su destino”. (J. G. Faus)

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