lunes, 18 de julio de 2022

Números 7,1-11: Las ofrendas de los jefes para la dedicación del Santuario

Números 7,1-11:
Las ofrendas de los jefes para la dedicación del Santuario

1 Cuando Moisés terminó de erigir la Morada, la ungió y la consagró, junto con todo su mobiliario, 
   y lo mismo hizo con el altar y sus utensilios. Y una vez que la ungió y la consagró,
2 los jefes de Israel –los jefes de las familias patriarcales, los capitanes de las tribus, los encargados 
   de supervisar el censo– se acercaron
3 a presentar sus ofrendas delante del Señor, a saber, seis carros de carga y doce bueyes, 
   un carro cada dos jefes y un buey por cada uno. Al presentarlos ante la Morada,
4 el Señor dijo a Moisés:
5 «Acéptales estas cosas para que sean usadas en el culto de la Carpa del Encuentro, 
   y dáselas a los levitas de acuerdo con el servicio que presta cada uno».
6 Entonces Moisés recibió los carros y los bueyes y se los dio a los levitas:
7 a los gersonitas les dio dos carros y cuatro bueyes, como exigían los servicios que ellos prestaban;
8 y a los meraritas, cuatro carros y ocho bueyes, como exigían los servicios que ellos prestaban a las 
   órdenes de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.
9 A los quehatitas, en cambio, no les dio nada, porque ellos se ocupaban de los objetos más santos 
   y tenían que llevar su carga al hombro.
10 Los jefes presentaron la ofrenda de la dedicación del altar cuando este fue ungido. 
     Y mientras iban presentado sus ofrendas ante el altar,
11 el Señor dijo a Moisés: Que cada día un jefe ofrezca por turno su ofrenda por la dedicación del altar».

Números 6,22-27: la bendición de los sacerdotes

Números 6,22-27:
la bendición de los sacerdotes

22 El Señor dijo a Moisés:
23 Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. 
     Ustedes les dirán:
24 Que el Señor te bendiga y te proteja.
25 Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia.
26 Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.
27 Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.

Números 6,1-21: Los nazireos

Números 6,1-21:
Los nazireos

1 El Señor dijo a Moisés:
2 Habla en estos términos a los israelitas: Si alguien, sea hombre o mujer, hace un voto especial 
   –el voto de nazireo– con el fin de consagrarse al Señor,
3 deberá abstenerse del vino y de cualquier otra bebida embriagante. 
   Tampoco beberá vinagre de vino o de bebida embriagante, ni beberá jugo de uvas, 
   ni comerá uvas maduras o secas.
4 Durante todo el tiempo de su nazireato, no comerá ningún producto de la cepa de la vid, 
   ni siquiera las semillas o la cáscara.
5 Mientras esté consagrado por el voto, ninguna navaja tocará su cabeza. 
   Hasta que se cumpla el plazo de su voto al Señor, estará consagrado y se dejará crecer el cabello.
6 Durante todo el tiempo de su consagración al Señor, no se acercará a ningún muerto.
7 Aunque mueran su padre, su madre, su hermano o su hermana, 
   no incurrirá en impureza a causa de ellos, porque él lleva sobre su cabeza 
   la consagración de su Dios.
8 Durante todo el tiempo de su nazireato, es un consagrado al Señor.
9 Si una persona muere repentinamente cerca de él, haciendo impuro su cabello consagrado, 
   se cortará el cabello el día de su purificación, es decir, el séptimo día.
10 Al octavo día, presentará al sacerdote, la entrada de la Carpa del Encuentro, 
     dos torcazas o dos pichones de paloma.
11 Entonces el sacerdote los ofrecerá, uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto, 
     y practicará el rito de expiación en favor de ese hombre, por la falta en que incurrió a causa del 
     cadáver. Ese mismo día volverá a consagrar su cabeza:
12 se consagrará al Señor por el tiempo de su nazireato y presentará un cordero de un año como 
     sacrificio de reparación. El tiempo anterior no se tomará en cuenta, porque su cabello consagrado 
     se había vuelto impuro.
13 Este es el ritual para el nazireo: una vez cumplido el tiempo de nazireato, 
     será conducido a la entrada de la Carpa del Encuentro,
14 y allí presentará, como ofrenda al Señor, dos corderos –uno macho y una hembra– de un año y sin 
     defecto, el primero para un holocausto y el segundo para un sacrificio por el pecado; un carnero 
     sin defecto para un sacrifico de comunión;
15 una cesta con tortas de harina de la mejor calidad, sin levadura y amasadas con aceite, 
     y galletas sin levadura untadas con aceite, con las oblaciones y libaciones correspondientes.
16 El sacerdote presentará todo esto delante del Señor, y ofrecerá el sacrificio por el pecado 
     y el holocausto.
17 Luego ofrecerá el carnero al Señor como sacrificio de comunión, junto con la cesta de los ácimos, 
     y también ofrecerá las oblaciones y las libaciones.
18 Entonces el nazireo se cortará el cabello consagrado, a la entregada de la Carpa del Encuentro, 
     y lo echará en el fuego que arde debajo del sacrificio de comunión.
19 El sacerdote tomará la espalda ya cocida del carnero, una torta sin levadura de la cesta 
     y una galleta sin levadura, y las pondrá en las manos del nazireo, 
     después que este se haya cortado el cabello.
20 Luego hará el gesto de presentación delante del Señor, y todo esto será una cosa sagrada, 
     destinada al sacerdote, además del pecho y la pata. Después, el nazireo pondrá vino.
21 Esta es la ley concerniente al nazireo. Si además de su nazireato, promete con voto al Señor 
     una ofrenda personal –según se lo permitan sus medios– cumplirá el voto que hizo, 
     además de lo que establece la ley sobre nazireato.

Números 5,11-31: El rito de probar la infidelidad de la mujer

Números 5,11-31:
El rito de probar la infidelidad de la mujer

11 Luego el Señor dijo a Moisés:
12 Habla en estos términos a los israelitas: 
     Cuando una mujer se aparta del camino y es infiel a su esposo,
13 teniendo relaciones con otro hombre, y su marido no llega a enterarse, 
     porque ella se deshonró ocultamente, y no hay testigos ni fue sorprendida en el acto;
14 si el hombre tiene un arrebato de celos y siente celos de su mujer, 
     que realmente se ha deshonrado; o bien, si un hombre siente celos de mujer, 
     a pesar de que ella es inocente:
15 en esos casos, el hombre presentará su mujer al sacerdote y entregará como ofrenda por ella 
     la décima parte de una medida de harina de cebada. Pero no derramará aceite sobre esa ofrenda 
     ni le añadirá incienso, porque se trata de una oblación motivada por los celos, de una oblación 
     conmemorativa, que debe recordar un delito.
16 El sacerdote hará acercar a la mujer y la hará comparecer delante del Señor.
17 Luego recogerá con agua consagrada en un recipiente de barro, 
     y echará sobre el agua un poco de polvo, tomado el suelo de la Morada.
18 Una vez que haya puesto a la mujer delante del Señor, le descubrirá la cabeza y colocará en sus 
     manos la oblación conmemorativa, es decir, la oblación motivada por los celos. 
     El sacerdote, por su parte, tendrá en sus manos las aguas amargas, portadoras de maldición.
19 Luego el sacerdote deberá conjurar a la mujer, diciéndole: 
     «Si desde que estás bajo la potestad de tu marido ningún hombre se ha acostado contigo, 
     si no te has apartado del buen camino ni te has deshonrado, que estas aguas amargas, 
     portadores de maldición, no te hagan ningún daño.
20 Pero si te has apartado del buen camino mientras estabas bajo la potestad de tu marido, 
     si te has deshonrado, y si un hombre que no es tu esposo ha tenido relaciones contigo
21 –aquí el sacerdote deberá conjurar a la mujer con el juramente imprecatorio– 
     que el Señor haga de ti un ejemplo de maldición e imprecación en medio de tu pueblo, 
     volviéndote estéril e hinchando tu vientre.
22 Que estas aguas portadores de maldición penetren en tus entrañas, 
     para que se hinche tu vientre y te vuelvas estéril». Y la mujer responderá: «Amén, amén».
23 Entonces el sacerdote consignará por escrito estas maldiciones y las disolverá en las aguas amargas.
24 El se las hará beber a la mujer, para que las aguas portadores de maldición entren en ella 
     y le provoquen amargura.
25 En seguida el sacerdote tomará de manos de la mujer la oblación motivada por los celos, 
     hará el gesto de presentación delante del Señor, y la llevará hasta el altar.
26 Luego tomará de la ofrenda un puñado, como memorial, y lo hará arder sobre el altar. 
     Finalmente, hará que la mujer beba esas aguas.
27 Después de darle a beber el agua, si la mujer se ha deshonrado siendo infiel a su marido, 
     las aguas que entren en ella le provocarán amargura; su vientre se hinchará y ella se volverá estéril. 
     Así la mujer quedará como ejemplo de maldición en medio de su pueblo.
28 Pero si no se ha deshonrado y es pura, quedará inmune y podrá tener hijos.
29 Este es el ritual para los casos de celos, cuando una mujer se ha desviado y deshonrado 
     mientras está bajo la potestad de su marido,
30 o cuando un hombre ha tenido un arrebato de celos y siente celos de su esposa. 
     En estos casos, el marido la hará comparecer delante del Señor, 
     y el sacerdote le aplicará íntegramente este ritual.
31 El marido quedará libre de culpa, y la mujer cargará con la suya.

Números 5,5-10: Reglas sobre la restitución

Números 5,5-10:
Reglas sobre la restitución

5 Luego el Señor dijo a Moisés:
6 Habla en estos términos a los israelitas: Si un hombre o una mujer cometen una falta en perjuicio 
   de otro, mostrándose así infieles al Señor, esa persona es culpable.
7 Ellos confesarán el pecado que han cometido y restituirán la suma total a aquel a quien ocasionaron 
   el perjuicio, añadiendo además una quinta parte de su valor.
8 Si ese hombre no tiene ningún pariente cercano a quien se le pueda restituir, la suma será devuelta 
   al Señor y entregada al sacerdote, además del carnero de la expiación, 
   con el cual se practicará el rito de expiación en favor de esa persona.
9 Y cualquier ofrenda de dones sagrados que los israelitas presenten al sacerdote, será para él.
10 Cada sacerdote podrá disponer de sus propios dones sagrados: cada uno guardará para él lo que reciba.

Números 5,1-4: La expulsión de las personas impuras

Números 5,1-4:
La expulsión de las personas impuras

1 El Señor dijo a Moisés:
2 Manda a los israelitas que alejen del campamento a todos los leprosos, 
   a todos los que padecen de blenorrea y a todos los que se han vuelto impuros a causa de un cadáver.
3 Alejen tanto a los hombres como a las mujeres, para que no hagan impuro el campamento de aquellos 
   entre quienes yo habito.
4 Así lo hicieron los israelitas: alejaron del campamento a los impuros, 
   como el Señor le había dicho a Moisés.

Números 4,34-49: Conclusión

Números 4,34-49: 
Conclusión

34 De esta manera, Moisés, Aarón y los jefes de la comunidad hicieron el censo de los quehatitas, 
     por clanes y por familias,
35 registrando a todos los que podían entrar en servicio para ejercer funciones en la Carpa del Encuentro, 
     es decir, a los que tenían entre treinta y cincuenta años.
36 Los registrados por clanes fueron en total 2.750 hombres.
37 Estos fueron los inscritos en el registro de los clanes de los quehatitas, todos los que prestaban servicio 
     en la Carpa del Encuentro. Moisés y Aarón los registraron, según la orden que el Señor había dado por
     medio de Moisés.
38 Los inscritos en el registro de los gersonitas, por clanes y por familias,
39 todos los que podían entrar en servicio para ejercer funciones en el Carpa del Encuentro, 
     es decir, los que tenían entre treinta y cincuenta años,
40 fueron en total 2.630 hombres.
41 Estos fueron los registrados en el censo de los clanes de los gersonitas, 
     todos los que prestaban servicio en la Carpa del Encuentro, 
     y que Moisés y Aarón registraron por orden del Señor.
42 Los inscritos en el registro de los meraritas, por clanes y por familias,
43 todos los que podían entrar en servicio para ejercer funciones en la Carpa del Encuentro, 
     es decir, los que tenían entre treinta y cincuenta años,
44 fueron en total 3.200 hombres.
45 Estos fueron los inscritos en el registro de los clanes de los meraritas, 
     que Moisés y Aarón registraron según la orden que el Señor había dado por medio de Moisés.
46 Todos los levitas que Moisés, Aarón y los jefes de Israel registraron por clanes y por familias
47 –los que debían prestar servicios en el culto y traslado de la Carpa del Encuentro, 
     es decir, los que tenían entre treinta y cincuenta años–
48 fueron 8.580 hombres.
49 A cada uno le fue asignada una obligación en el servicio y el traslado de la Carpa, 
     según la orden del Señor por medio de Moisés; 
     y cada uno fue registrado como el Señor lo había ordenado a Moisés.

Números 4,29-33: Los meraritas

Números 4,29-33: 
Los meraritas

29 En cuanto a los meraritas, deberás registrar, por clanes y por familias,
30 a todos los que puedan entrar en servicio para ejercer funciones en la Carpa del Encuentro, 
     es decir, a los que tengan entre treinta y cincuenta años.
31 Ellos tendrán a su cargo, en la Carpa del Encuentro, todos los oficios relacionados con el traslado 
     de los siguientes objetos: los bastidores de la Morada, con sus travesaños, columnas y bases;
32 las columnas que rodean el atrio, con sus bases, estacas y cuerdas, con todos sus accesorios 
     y todo su equipamiento. Además, deberán tener un inventario de los objetos que tienen la obligación 
     de transportar.
33 Estos son los oficios de los clanes de los meraritas, con todas las obligaciones que deberán cumplir en 
     la Carpa del Encuentro, bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.

Números 4,21-28: Los gersonitas

Números 4,21-28: 
Los gersonitas

21 Luego el Señor dijo a Moisés:
22 Realiza también un censo de los gersonitas, por clanes y por familias.
23 Registra a todos los que puedan entrar en servicio para ejercer funciones en la Carpa del Encuentro, 
     es decir, a los que tengan entre treinta y cincuenta años.
24 Los clanes de los gersonitas serán los responsables de los siguientes oficios y cargas:
25 ellos llevarán los tapices de la Morada, la Carpa del Encuentro y su tolda, 
     el cortinado que está a la entrada de la Carpa del Encuentro;
26 las cortinas del atrio, la cortina de la entrada del atrio que rodea la Morada y el altar, 
     y también sus cuerdas y todos los accesorios que se emplean en su servicio: 
     ellos se encargarán de hacer todo lo necesario.
27 Los gersonitas harán su trabajo bajo las órdenes de Aarón y de sus hijos, tanto lo que se refiere al 
     transportes cuanto al servicio: ustedes los harán responsables del cuidado de toda su carga.
28 Estas son las obligaciones de los clanes de los gersonitas, respecto de la Carpa del Encuentro. 
     Las cumplirán bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.

Números 4,1-20: Las obligaciones de los levitas: los quehatitas

 Números 4,1-20:
Las obligaciones de los levitas: los quehatitas

1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
2 Realiza un censo especial de los levitas hijos de Quehat, por clanes y por familias.
3 Registra a todos los que puedan entrar en servicio, para ejercer funciones en la Carpa del Encuentro,       es decir, a los que tengan entre treinta y cincuenta años.
4 Los quehatitas serán los responsables, en la Carpa del Encuentro, de los objetos más santos.
5 Cuando haya que levantar campamento, Aarón y sus hijos irán a descolgar el velo protector 
   y cubrirán con él el Arca del Testimonio.
6 Sobre él pondrán una funda de cuero fino, y encima extenderán una tela, toda de púrpura violeta. 
   Luego le ajustarán las andas.
7 En seguida extenderán una tela de púrpura violeta sobre la mesa de los panes de la ofrenda, 
   y depositarán sobre ella las fuentes, los vasos, las tazas y los jarros para la libación. 
   El pan de la ofrenda perpetua estará sobre la mesa.
8 Encima de todo esto, extenderán una tela de púrpura escarlata 
   y la envolverán con una funda de cuero fino. Luego le ajustarán las andas.
9 Asimismo, tomarán una tela de púrpura violeta y cubrirán el candelabro, sus lámparas, sus tenazas, 
   sus platillos, y todas las vasijas de aceite que se emplean para el servicio del candelabro.
10 Lo pondrán, junto con todos sus enseres, en una funda de cuero fino, 
     y después lo depositarán sobre angarillas.
11 Luego extenderán una tela de púrpura violeta sobre el altar de oro, 
     lo cubrirán con una funda de cuero fino y le ajustarán las andas.
12 Recogerán todos los utensilios que se emplean en el culto del Santuario, les pondrán una tela de 
     púrpura violeta, los cubrirán con una funda de cuero fino, y finalmente los depositarán sobre unas 
     angarillas.
13 Después de haber limpiado las cenizas del altar, extenderán sobre él una tela de púrpura escarlata
14 y pondrán encima todos los enseres que se usan para su servicio: los braseros, los tenedores, las 
     palas y los aspersorios, o sea, todos los enseres del altar. Luego extenderán sobre él una funda de 
     cuero fino y le ajustarán las andas.
15 Y al levantarse el campamento, una vez que Aarón y sus hijos hayan terminado de cubrir 
     los objetos sagrados y todos sus accesorios, vendrán los hijos de Quehat para transportarlos, 
     pero no tocarán los objetos sagrados, porque morirían. Estos son los objetos de la Carpa del 
     Encuentro, que deberán ser transportados por los hijos de Quehat.
16 El sacerdote Eleazar, hijo de Aarón, será el encargado del aceite para iluminación, 
     del incienso aromático, de la ofrenda perpetua y del óleo de la unción; ´
     ejercerá la supervisión de toda la Morada, con todos los objetos sagrados y todos los utensilios que 
     hay en ella.
17 El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
18 No permitan que el grupo de los clanes de los quehatitas sea eliminado del número de los levitas.
19 Por eso, para que puedan vivir y no mueran cuando se acerquen a los objetos más santos, 
     procedan con los quehatitas de la siguiente manera: vendrán Aarón y sus hijos, 
     y asignarán a cada uno de ellos su oficio y su carga;
20 pero los quehatitas no entrarán a ver los objetos sagrados ni siguiera un momento, 
     no sea que mueran.

Lunes de la 16ª semana del Tiempo Ordinario, Año II (Lecturas)

Miqueas 6,1-4.6-8
Salmo 50 (49):5-6,8-9,16bc-17,21.23
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
Mateo 12,38-42

Miqueas 6,1-4.6-8

Escuchad lo que dice el Señor: «Levántate y llama a juicio a los montes, que escuchen los collados tu voz.» Escuchad, montes, el juicio del Señor; atended, cimientos de la tierra: El Señor entabla juicio con su pueblo y pleitea con Israel: «Pueblo mío, ¿qué te hice o en qué te molesté? Respóndeme. Te saqué de Egipto, de la esclavitud te redimí, y envié por delante a Moisés, Aarón y María.» «¿Con qué me acercaré al Señor, me inclinaré ante el Dios de las alturas? ¿Me acercaré con holocaustos, con novillos de un año? ¿Se complacerá el Señor en un millar de carneros, o en diez mil arroyos de grasa? ¿Le daré un primogénito para expiar mi culpa; el fruto de mi vientre, para expiar mi pecado?» «Te han explicado, hombre, el bien, lo que Dios desea de ti: simplemente, que respetes el derecho, que ames la misericordia y que andes humilde con tu Dios.»


Salmo 50 (49):5-6,8-9,16bc-17,21.23
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio.»
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar.
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.»
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?»
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.»
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios



En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo.» Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.»

sábado, 16 de julio de 2022

Domingo de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año C (Lecturas)

Génesis 18, 1-10a
Salmo 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28
Lucas 10, 38-42


En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: "Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo." Contestaron: "Bien, haz lo que dices." Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: "Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza." Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?" Contestó: "Aquí, en la tienda." Añadió uno: "Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo."


Salmo 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
el que así obra nunca fallará.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?



Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.



En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano." Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."


COMENTARIOS:
Julio González SF  

Génesis 18,1-15: Aparición de Dios en Mambré

Génesis 18,1-15
Sábado de la 12 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo:
— Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.
Contestaron:
— Bien, haz lo que dices.
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
— Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.
Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron:
— ¿Dónde está Sara, tu mujer?
Contestó:
— Aquí, en la tienda.
Añadió uno:
— Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.
Sara lo oyó, detrás de la entrada de la tienda. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus periodos. Sara se rió por lo bajo, pensando “cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer con un marido tan viejo?” Pero el Señor dijo a Abrahán:
— ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: De verdad que voy a tener un hijo a mis años. ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.
Pero Sara, que estaba asustada, lo negó:
— No me he reído.
Él replicó:
— No lo niegues, te has reído.

IMÁGENES DE LA BIBLIA:

Colosenses 1,24-29: El ministerio apostólico de Pablo


24 Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta 
     a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.
25 En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque de acuerdo con el plan divino, 
     he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios,
26 el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos.
27 A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, 
     que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria.
28 Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos 
     en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.
1:29 Por esta razón, me fatigo y lucho con la fuerza de Cristo que obra en mí poderosamente.

DOMINGO DE L 16 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año C

16 de Julio: Fiesta de Nuestra Señora del Carmen o Carmelo.



En las palabras de Benedicto XVI, 15 de julio, 2006:

"El Carmelo se yergue en la costa oriental del Mar Mediterráneo, a la altura de Galilea, y tiene en sus faldas numerosas grutas naturales, predilectas de los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue el profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la fe en el Dios único y verdadero. 

Inspirándose en la figura de Elías, surgió al Orden contemplativa de los Carmelitas, familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo, Edith Stein). 

Los Carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Virgen del Monte Carmelo, como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios. A la Reina del Monte Carmelo deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana, entre las que recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejano de aquí (Valle de Aosta). Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el silencio de la oración”.

Monte Carmelo y María del Carmen

El nombre de María del Carmen viene del Monte Carmelo, en Israel. A este monte se retiraba a rezar el profeta Elías, y en una ocasión en la cual Dios había castigado a su pueblo rebelde con un verano de tres años, Elías estando rezando en la cima del Monte Carmelo envió a su secretario a que observara en el horizonte para ver si veía algo. El otro volvió a contarle que se veía una pequeña nube. Con esto entendió Elías que ya iban a llegar las lluvias. Y en efecto la nube fue creciendo y se convirtió en una inmensa y muy provechosa lluvia que alegró enormemente a aquellas gentes que llevaban 36 meses sin agua.

Carmen

La Iglesia Católica ha creído que esa nubecilla que apareció en el Monte Carmelo era imagen o anuncio de María, la cual al aparecer en este mundo nos trajo la más bella noticia: la de que por medio de su Hijo Jesucristo nos llegaría la más provechosa lluvia de gracias sobre todos nosotros, pecadores.

Carmen significa tierra fértil que produce muy buenos frutos. Nuestra Señora de Monte Carmelo, referida comúnmente como Virgen del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, un nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como jardín.

Esta advocación da nombre a todas aquellas personas que se llaman Carmen, Carmela o Carmelo, celebrando su onomástica el día de la fiesta de esta Virgen, el 16 de julio.

Los Carmelitas

Hace muchos siglos se reunieron en el Monte Carmelo varios monjes para rezar y hacer penitencia. La gente los llamaba Carmelitas. Estos religiosos tenían una gran devoción a la Virgen María y le erigieron un templo en esa montaña. Ellos interpretaron la visión del profeta Elías (1 Re 18:44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XV, cinco años antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una misa para la Inmaculada Concepción.

En el siglo XIII llegaron los Sarracenos y destruyeron todo. Muchos monjes, murieron mientras cantaban himnos a la Virgen, pero algunos lograron huir y llegar hasta Italia. Allá empezaron a propagar la devoción a la Virgen del Monte Carmelo y las gentes los seguían llamando Carmelitas.

Simon Stock y el Escapulario

Entre los monjes llegados del Monte Carmelo hubo uno que se hizo célebre por su santidad, por su amor a la Virgen y sobre todo por una aparición que recibió. Fue san Simón Stock, superior general de la Orden. Dice la tradición que un 16 de julio de 1251 la Virgen María se le apareció y le prometió conceder ayudas muy especiales a quienes llevasen el Santo Escapulario como un acto de cariño y devoción con el deseo de llevar una vida más santa.

Pronto empezaron a llegar de todas partes relatos y testimonios de las bendiciones y ayudas que la Madre de Dios concedía a los que llevaban el Santo Escapulario. Incendios que se detenían. Inundaciones que se calmaban; tentaciones que se alejaban. Pecadores que se convertían. En Francia, en plena batalla, el rey Luis XI vio que a un soldado le llegaba una flecha dirigida hacia su corazón y en cambio se le clavaba en el escapulario y no le hacía ningún daño. Inmediatamente el rey y todos sus generales pidieron el escapulario y se lo colocaron.

La Iglesia Católica ha declarado que el Escapulario se puede reemplazar por una medalla de la Virgen. Y la Virgen sigue haciendo prodigios cada día en favor de quienes llevan con devoción el santo escapulario o su medalla y se esfuerzan por ser mejores creyentes.

El Purgatorio

Antiguas tradiciones narraban que la Virgen María había prometido visitar en el purgatorio a sus devotos, el sábado próximo a la muerte de ellos y concederles descanso. Por eso, la devoción a la Virgen del Carmen está muy ligada a la devoción a las benditas almas, creencia que ha sido respaldada por los Pontífices. La iconografía presenta a la Virgen del Carmen portando dicho escapulario.

El escapulario es un sacramental

Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia ha aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.

El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias como hacen los sacramentos sino que nos disponen al amor a Dios y a la verdadera contrición del pecado si los recibimos con devoción.

Las personas nos comunicamos por símbolos. Así como tenemos banderas, escudos y también uniformes que nos identifican. Las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios. Los laicos no llevan hábito, pero los que desean asociarse a los religiosos en su búsqueda de la santidad pueden usar el escapulario. La Virgen dio a los Carmelitas el escapulario como un hábito miniatura que todos los devotos pueden llevar para significar su consagración a ella. Consiste en un cordón que se lleva al cuello con dos piezas pequeñas de tela color café, una sobre el pecho y la otra sobre la espalda. Se usa bajo la ropa. Junto con el rosario y la medalla milagrosa, el escapulario es uno de los mas importantes sacramentales marianos.

Dice san Alfonso Ligorio, doctor de la Iglesia: "Así como los hombres se enorgullecen de que otros usen su uniforme, así Nuestra Señora Madre María está satisfecha cuando sus servidores usan su escapulario como prueba de que se han dedicado a su servicio, y son miembros de la familia de la Madre de Dios."

¿Cómo se originó el escapulario?

La palabra escapulario viene del Latín "scapulae" que significa "hombros". Originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Con el tiempo se le dio el sentido de ser la cruz de cada día que llevamos sobre nuestros hombros. Para los Carmelitas pasó a expresar la dedicación especial a la Virgen Santísima y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás.

La estrella del Mar (Stella Maris) y los Carmelitas

Los marineros dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con la Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

Los carmelitas, nacidos espiritualmente en el monte Carmelo le llamaron a la Virgen “Estrella del Mar”. Muchos escritores desde la antigüedad también llamaron así a la Virgen: S. Jerónimo (siglo IV), Isidoro de Sevilla (siglo VI), Alcuino de York y Rábano Mauro (siglo IX). Pascasio Radberto escribe en el siglo IX: “María es la Estrella del Mar a la que debemos seguir con nuestra fe y comportamiento mientras damos tumbos en el mar proceloso de la vida. Ella nos iluminará para creer en Cristo nacido de ella para salvación del mundo”.

El Himno Ave Maris Stella (Salve estrella del mar) es del siglo VIII o IX.

Propagación de la devoción

La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo.

A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se les llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.

La devoción a la Virgen del Carmen se propagó particularmente en los lugares donde los carmelitas se establecieron.

La devoción mariana hacia la Virgen del Carmen se extendió a muchos países de Europa y América, destacando entre ellos España, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Perú, Colombia, Chile y Argentina.





Oración a la Virgen del Carmen
SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFÍCILES

Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén.


viernes, 15 de julio de 2022

Las Órdenes Mendicantes, por Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
Audiencia General
Miércoles 13 de enero de 2010
 
Las Ordenes Mendicantes



Queridos hermanos y hermanas:

Al inicio del nuevo año miremos la historia del cristianismo, para ver cómo se desarrolla una historia y cómo puede renovarse. En ella podemos ver que los santos, guiados por la luz de Dios, son los auténticos reformadores de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Maestros con la palabra y testigos con el ejemplo, saben promover una renovación eclesial estable y profunda, porque ellos mismos están profundamente renovados, están en contacto con la verdadera novedad: la presencia de Dios en el mundo. 

En cada generación nacen santos que traen la creatividad de la renovación, acompaña constantemente la historia de la Iglesia en medio de las tristezas y los aspectos negativos de su camino. De hecho, vemos cómo siglo a siglo nacen también las fuerzas de la reforma y de la renovación, porque la novedad de Dios es inexorable y da siempre nueva fuerza para seguir adelante. 

Así sucedió en el siglo XIII con el nacimiento y el extraordinario desarrollo de las Órdenes Mendicantes: un modelo de gran renovación en una nueva época histórica. Se las llamó así por su característica de "mendigar", es decir, de recurrir humildemente al apoyo económico de la gente para vivir el voto de pobreza y cumplir su misión evangelizadora. 

De las Órdenes Mendicantes que surgieron en ese periodo las más conocidas e importantes son los Frailes Menores y los Frailes Predicadores, conocidos como Franciscanos y Dominicos. Se les llama así por el nombre de sus fundadores, san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán, respectivamente. Estos dos grandes santos tuvieron la capacidad de leer con inteligencia "los signos de los tiempos", intuyendo los desafíos que debía afrontar la Iglesia de su época.

Un primer desafío era la expansión de varios grupos y movimientos de fieles que, a pesar de estar impulsados por un legítimo deseo de auténtica vida cristiana, se situaban a menudo fuera de la comunión eclesial. Estaban en profunda oposición a la Iglesia rica y hermosa que se había desarrollado precisamente con el florecimiento del monaquismo. En recientes catequesis hablé de la comunidad monástica de Cluny, que había atraído a numerosos jóvenes y, por tanto, fuerzas vitales, como también bienes y riquezas. Así se había desarrollado, lógicamente, en un primer momento, una Iglesia rica en propiedades y también inmóvil. Contra esta Iglesia se contrapuso la idea de que Cristo vino a la tierra pobre y que la verdadera Iglesia debería ser precisamente la Iglesia de los pobres; así el deseo de una verdadera autenticidad cristiana se opuso a la realidad de la Iglesia empírica. Se trata de los movimientos llamados "pauperísticos" de la Edad Media, los cuales criticaban ásperamente el modo de vivir de los sacerdotes y de los monjes de aquel tiempo, acusados de haber traicionado el Evangelio y de no practicar la pobreza como los primeros cristianos, y estos movimientos contrapusieron al ministerio de los obispos una auténtica "jerarquía paralela". Además, para justificar sus propias opciones, difundieron doctrinas incompatibles con la fe católica. Por ejemplo, el movimiento de los cátaros o albigenses volvió a proponer antiguas herejías, como la devaluación y el desprecio del mundo material -la oposición contra la riqueza se convierte rápidamente en oposición contra la realidad material en cuanto tal-, la negación de la voluntad libre y después el dualismo, la existencia de un segundo principio del mal equiparado a Dios. Estos movimientos tuvieron éxito, especialmente en Francia y en Italia, no sólo por su sólida organización, sino también porque denunciaban un desorden real en la Iglesia, causado por el comportamiento poco ejemplar de varios representantes del clero.

Los Franciscanos y los Dominicos, en la estela de sus fundadores, mostraron en cambio que era posible vivir la pobreza evangélica, la verdad del Evangelio como tal, sin separarse de la Iglesia; mostraron que la Iglesia sigue siendo el lugar verdadero, auténtico, del Evangelio y de la Escritura. Más aún, santo Domingo y san Francisco sacaron la fuerza de su testimonio precisamente de su íntima comunión con la Iglesia y con el Papado. Con una elección totalmente original en la historia de la vida consagrada, los miembros de estas Órdenes no sólo renunciaban a la posesión de bienes personales, como hacían los monjes desde la antigüedad, sino que ni siquiera querían que se pusieran a nombre de la comunidad terrenos y bienes inmuebles. Así pretendían dar testimonio de una vida extremadamente sobria, para ser solidarios con los pobres y confiar únicamente en la Providencia, vivir cada día de la Providencia, de la confianza de ponerse en las manos de Dios. Este estilo personal y comunitario de las Órdenes Mendicantes, unido a la total adhesión a las enseñanzas de la Iglesia y a su autoridad, fue muy apreciado por los Pontífices de la época, como Inocencio III y Honorio III, que apoyaron plenamente estas nuevas experiencias eclesiales, reconociendo en ellas la voz del Espíritu. Y no faltaron los frutos:  los grupos "pauperísticos" que se habían separado de la Iglesia volvieron a la comunión eclesial o lentamente se redujeron hasta desaparecer. 

También hoy, a pesar de vivir en una sociedad en la que a menudo prevalece el "tener" sobre el "ser", la gente es muy sensible a los ejemplos de pobreza y solidaridad que dan los creyentes con opciones valientes. En nuestros días tampoco faltan iniciativas similares: los movimientos, que parten realmente de la novedad del Evangelio y lo viven con radicalidad en la actualidad, poniéndose en las manos de Dios, para servir al prójimo. El mundo, como recordaba Pablo VI en la Evangelii nuntiandi, escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos. Esta es una lección que no hay que olvidar nunca en la obra de difusión del Evangelio:  ser los primeros en vivir aquello que se anuncia, ser espejo de la caridad divina.

Franciscanos y Dominicos fueron testigos, pero también maestros. De hecho, otra exigencia generalizada en su época era la de la instrucción religiosa. No pocos fieles laicos, que vivían en las ciudades en vías de gran expansión, deseaban practicar una vida cristiana espiritualmente intensa. Por tanto, trataban de profundizar en el conocimiento de la fe y de ser guiados en el arduo pero entusiasmante camino de la santidad. Las Órdenes Mendicantes supieron felizmente salir al encuentro también de esta necesidad:  el anuncio del Evangelio en la sencillez y en su profundidad y grandeza era un objetivo, quizás el objetivo principal, de este movimiento. En efecto, se dedicaron con gran celo a la predicación. Eran muy numerosos los fieles —a menudo auténticas multitudes— que se reunían en las iglesias y en lugares al aire libre para escuchar a los predicadores, como san Antonio, por ejemplo. Se trataban temas cercanos a la vida de la gente, sobre todo la práctica de las virtudes teologales y morales, con ejemplos concretos, fácilmente comprensibles. Además, se enseñaban formas para alimentar la vida de oración y la piedad. Por ejemplo, los Franciscanos difundieron mucho la devoción a la humanidad de Cristo, con el compromiso de imitar al Señor. 

No sorprende entonces que fueran numerosos los fieles, mujeres y hombres, que elegían ser acompañados en el camino cristiano por frailes Franciscanos y Dominicos, directores espirituales y confesores buscados y apreciados. Nacieron así asociaciones de fieles laicos que se inspiraban en la espiritualidad de san Francisco y santo Domingo, adaptada a su estado de vida. Se trata de la Orden Tercera, tanto franciscana como dominicana. En otras palabras, la propuesta de una "santidad laical" conquistó a muchas personas. Como recordó el concilio ecuménico Vaticano II, la llamada a la santidad no está reservada a algunos, sino que es universal (cf. Lumen gentium, 40). En todos los estados de vida, según las exigencias de cada uno de ellos, es posible vivir el Evangelio. También hoy cada cristiano debe tender a la "medida alta de la vida cristiana", sea cual sea el estado de vida al que pertenezca.

Así la importancia de las Órdenes Mendicantes creció tanto en la Edad Media que instituciones laicales como las organizaciones de trabajo, las antiguas corporaciones y las propias autoridades civiles, recurrían a menudo a la consulta espiritual de los miembros de estas Órdenes para la redacción de sus reglamentos y, a veces, para solucionar sus conflictos internos y externos. 

Los Franciscanos y los Dominicos se convirtieron en los animadores espirituales de la ciudad medieval. Con gran intuición, pusieron en marcha una estrategia pastoral adaptada a las transformaciones de la sociedad. Dado que muchas personas se trasladaban del campo a las ciudades, ya no colocaron sus conventos en zonas rurales, sino en las urbanas. Además, para llevar a cabo su actividad en beneficio de las almas, era necesario trasladarse según las exigencias pastorales. 

Con otra decisión totalmente innovadora, las Órdenes Mendicantes abandonaron el principio de estabilidad, clásico del monaquismo antiguo, para elegir otra forma. Frailes Menores y Predicadores viajaban de un lugar a otro, con fervor misionero. En consecuencia, se dieron una organización distinta respecto a la de la mayor parte de las Órdenes monásticas. En lugar de la tradicional autonomía de la que gozaba cada monasterio, dieron mayor importancia a la Orden en cuanto tal y al superior general, como también a la estructura de las provincias. Así los mendicantes estaban más disponibles para las exigencias de la Iglesia universal. Esta flexibilidad hizo posible el envío de los frailes más adecuados para el desarrollo de misiones específicas, y las Órdenes Mendicantes llegaron al norte de África, a Oriente Medio y al norte de Europa. Con esta flexibilidad se renovó el dinamismo misionero.

Otro gran desafío eran las transformaciones culturales que estaban teniendo lugar en ese periodo. Nuevas cuestiones avivaban el debate en las universidades, que nacieron a finales del siglo XII. Frailes Menores y Predicadores no dudaron en asumir también esta tarea y, como estudiantes y profesores, entraron en las universidades más famosas de su tiempo, erigieron centros de estudio, produjeron textos de gran valor, dieron vida a auténticas escuelas de pensamiento, fueron protagonistas de la teología escolástica en su mejor período e influyeron significativamente en el desarrollo del pensamiento. 
Los más grandes pensadores, santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, eran mendicantes, trabajando precisamente con este dinamismo de la nueva evangelización, que renovó también la valentía del pensamiento, del diálogo entre razón y fe.

También hoy hay una "caridad de la verdad y en la verdad", una "caridad intelectual" que ejercer, para iluminar las inteligencias y conjugar la fe con la cultura. El empeño puesto por los Franciscanos y los Dominicos en las universidades medievales es una invitación, queridos fieles, a hacerse presentes en los lugares de elaboración del saber, para proponer, con respeto y convicción, la luz del Evangelio sobre las cuestiones fundamentales que afectan al hombre, su dignidad, su destino eterno. Pensando en el papel de los Franciscanos y de los Dominicos en la Edad Media, en la renovación espiritual que suscitaron, en el soplo de vida nueva que infundieron en el mundo, un monje dijo:  "En aquel tiempo el mundo envejecía. Pero en la Iglesia surgieron dos Órdenes, que renovaron su juventud, como la de un águila" (Burchard d'Ursperg, Chronicon).

Queridos hermanos y hermanas, precisamente al inicio de este año invoquemos al Espíritu Santo, eterna juventud de la Iglesia: que él haga que cada uno sienta la urgencia de dar un testimonio coherente y valiente del Evangelio, para que nunca falten santos, que hagan resplandecer a la Iglesia como esposa siempre pura y bella, sin mancha y sin arruga, capaz de atraer irresistiblemente el mundo hacia Cristo, hacia su salvación.

San Buenaventura (y 3) Algunos aspectos de su doctrina, por Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
Audiencia General
Plaza de San Pedro
Miércoles 17 de marzo de 2010

San Buenaventura (y 3)
Algunos aspectos de su doctrina



Queridos hermanos y hermanas:

Esta mañana, continuando con la reflexión del miércoles pasado, quiero profundizar junto con vosotros en otros aspectos de la doctrina de san Buenaventura de Bagnoregio. 

Se trata de un eminente teólogo, que merece ser puesto al lado de otro grandísimo pensador contemporáneo suyo, santo Tomás de Aquino. Ambos escrutaron los misterios de la Revelación, valorizando los recursos de la razón humana, en el diálogo fecundo entre fe y razón que caracteriza al Medioevo cristiano, haciendo de este una época de gran viveza intelectual, como también de fe y de renovación eclesial, aunque con frecuencia no se ha subrayado suficientemente. 

Tienen en común otras analogías: tanto san Buenaventura, franciscano, como santo Tomás, dominico, pertenecían a las Órdenes Mendicantes que, con su lozanía espiritual en el siglo XIII renovaron toda la Iglesia y atrajeron a numerosos seguidores. Ambos sirvieron a la Iglesia con diligencia, con pasión y con amor, hasta tal punto que fueron invitados a participar en el concilio ecuménico de Lyon en 1274, el mismo año en que murieron: santo Tomás mientras viajaba hacia Lyon, y san Buenaventura durante los trabajos de ese concilio. 

También en la plaza de San Pedro las estatuas de los dos santos ocupan una posición paralela, situadas precisamente al inicio de la Columnata partiendo de la fachada de la basílica vaticana: una en el brazo de la izquierda y la otra en el brazo de la derecha. A pesar de todos estos aspectos, en estos dos grandes santos podemos observar dos enfoques distintos ante la investigación filosófica y teológica, que muestran la originalidad y la profundidad de pensamiento de uno y otro. Quiero comentar brevemente algunas de estas diferencias.

Una primera diferencia concierne al concepto de teología. Ambos doctores se preguntan si la teología es una ciencia práctica o una ciencia teórica, especulativa. Santo Tomás reflexiona sobre dos posibles respuestas opuestas. La primera dice: la teología es reflexión sobre la fe, y el objetivo de la fe es que el hombre llegue a ser bueno, que viva según la voluntad de Dios. Por lo tanto, el objetivo de la teología debería ser guiar por el camino recto, bueno; por consiguiente, en el fondo es una ciencia práctica. La otra posición dice: la teología intenta conocer a Dios. Nosotros somos obra de Dios; Dios está por encima de nuestro obrar. Dios realiza en nosotros el obrar justo. Por tanto, substancialmente ya no se trata de nuestro obrar, sino de conocer a Dios y no de nuestro actuar. La conclusión de santo Tomás es: la teología implica ambos aspectos: es teórica, intenta conocer cada vez más a Dios, y es práctica: intenta orientar nuestra vida hacia el bien. Pero la primacía corresponde al conocimiento: sobre todo debemos conocer a Dios, después sigue obrar según Dios (Summa Theologiae I q. 1, art. 4). Esta primacía del conocimiento respecto de la praxis es significativo para la orientación fundamental de santo Tomás.

La respuesta de san Buenaventura es muy parecida, pero los matices son distintos. San Buenaventura conoce los mismos argumentos en una y otra dirección, como santo Tomás, pero para responder a la pregunta de si la teología es una ciencia práctica o teórica, hace tres distinciones: amplía la alternativa entre teórico (primacía del conocimiento) y práctico (primacía de la praxis), añadiendo una tercera actitud, que llama sapiencial y afirmando que la sabiduría abarca ambos aspectos. Y prosigue: la sabiduría busca la contemplación (como la forma más alta del conocimiento) y tiene como intención ut boni fiamus, que lleguemos a ser buenos, sobre todo esto: ser buenos (cf. Breviloquium, Prólogo, 5). Después añade: "La fe está en el intelecto, de modo que provoca el afecto. Por ejemplo: conocer que Cristo ha muerto "por nosotros" no se queda en conocimiento, sino que necesariamente se convierte en afecto, en amor" (Proemium in I Sent., q. 3).

En la misma línea se mueve su defensa de la teología, es decir, de la reflexión racional y metódica de la fe. San Buenaventura enumera algunos argumentos contra el hacer teología, quizá generalizados entre una parte de los frailes franciscanos y presentes también en nuestro tiempo: la razón vacía la fe, es una actitud violenta respecto a la Palabra de Dios, debemos escuchar y no analizar la Palabra de Dios (cf. Carta de san Francisco de Asís a san Antonio de Padua). A estos argumentos contra la teología, que muestran los peligros existentes en la teología misma, el santo responde: es verdad que hay un modo arrogante de hacer teología, una soberbia de la razón, que se pone por encima de la Palabra de Dios. Pero la verdadera teología, el trabajo racional de la verdadera y de la buena teología tiene otro origen, no la soberbia de la razón. Quien ama quiere conocer cada vez más y mejor a la persona amada; la verdadera teología no compromete la razón y su búsqueda motivada por la soberbia, sed propter amorem eius cui assentit —"motivada por amor a Aquel al cual ha dado su consentimiento" (Proemium in I Sent., q. 2)—, y quiere conocer mejor al amado: esta es la intención fundamental de la teología. Por tanto, para san Buenaventura, al fin, es determinante la primacía del amor.

En consecuencia, santo Tomás y san Buenaventura definen de manera diferente el destino último del hombre, su felicidad plena: para santo Tomás el fin supremo, al cual se dirige nuestro deseo, es ver a Dios. En este acto sencillo de ver a Dios encuentran solución todos los problemas: somos felices, no es necesario nada más.

Para san Buenaventura, en cambio, el destino último del hombre es amar a Dios, el encuentro y la unión de su amor y del nuestro. Para él esta es la definición más adecuada de nuestra felicidad.

En esta línea, podríamos decir también que la categoría más alta para santo Tomás es la verdad, mientras que para san Buenaventura es el bien. Sería un error ver una contradicción entre estas dos respuestas. Para ambos la verdad es también el bien, y el bien es también la verdad; ver a Dios es amar y amar es ver. Se trata, por tanto, de matices distintos de una visión fundamentalmente común. Ambos matices han formado tradiciones diversas y espiritualidades distintas, y así han mostrado la fecundidad de la fe, una en la diversidad de sus expresiones.

Volvamos a san Buenaventura. Es evidente que el matiz específico de su teología, del cual he puesto sólo un ejemplo, se explica a partir del carisma franciscano: el "Poverello" de Asís, más allá de los debates intelectuales de su tiempo, había mostrado con toda su vida la primacía del amor; era un icono vivo y enamorado de Cristo, y así hizo presente, en su tiempo, la figura del Señor: convenció a sus contemporáneos no con palabras, sino con su vida. 

En todas las obras de san Buenaventura, incluidas las obras científicas, de escuela, se ve y se encuentra esta inspiración franciscana; es decir, se nota que piensa partiendo del encuentro con el "Poverello" de Asís. Pero para entender la elaboración concreta del tema de la "primacía del amor" debemos tener presente otra fuente: los escritos del llamado Pseudo-Dionisio, un teólogo siríaco del siglo VI, que se ocultó bajo el pseudónimo de Dionisio el Areopagita, haciendo referencia, con este nombre, a una figura de los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 17,34). Este teólogo había creado una teología litúrgica y una teología mística, y había hablado ampliamente de los distintos órdenes de los ángeles. Sus escritos se tradujeron al latín en el siglo IX; en el tiempo de san Buenaventura —estamos en el siglo XIII— parecía una nueva tradición, que despertó el interés del santo y de los demás teólogos de su siglo. Dos cosas atraían especialmente la atención de san Buenaventura:

1 .El Pseudo-Dionisio habla de nueve órdenes de ángeles, cuyos nombres había encontrado en la Escritura y después había ordenado a su manera, desde los simples ángeles hasta los serafines. San Buenaventura interpreta estos órdenes de los ángeles como escalones en el acercamiento de la criatura a Dios. Así pueden representar el camino humano, la subida hacia la comunión con Dios. Para san Buenaventura no hay ninguna duda: san Francisco de Asís pertenecía al orden seráfico, al orden supremo, al coro de los serafines, es decir: era puro fuego de amor. Y así debían ser los franciscanos. 

Pero san Buenaventura sabía bien que este último grado de acercamiento a Dios no se puede insertar en un ordenamiento jurídico, sino que siempre es un don particular de Dios. Por eso la estructura de la Orden franciscana es más modesta, más realista, pero debe ayudar a sus miembros a acercarse cada vez más a una existencia seráfica de puro amor. El miércoles pasado hablé sobre esta síntesis entre realismo sobrio y radicalidad evangélica en el pensamiento y en la acción de san Buenaventura.

2. San Buenaventura, sin embargo, encontró en los escritos de Pseudo-Dionisio otro elemento, para él aún más importante. Mientras que para san Agustín el intellectus, el ver con la razón y el corazón, es la última categoría del conocimiento, el Pseudo-Dionisio da otro paso más: en la subida hacia Dios se puede llegar a un punto en que la razón deja de ver. Pero en la noche del intelecto el amor sigue viendo, ve lo que es inaccesible a la razón. El amor se extiende más allá de la razón, ve más, entra más profundamente en el misterio de Dios. 

San Buenaventura quedó fascinado por esta visión, que coincidía con su espiritualidad franciscana. Precisamente en la noche oscura de la cruz se muestra toda la grandeza del amor divino; donde la razón deja de ver, el amor ve. Las palabras conclusivas del "Itinerario de la mente hacia Dios", en una lectura superficial, pueden parecer una expresión exagerada de una devoción sin contenido; en cambio, leídas a la luz de la teología de la cruz de san Buenaventura, son una expresión límpida y realista de la espiritualidad franciscana: "Si ahora anhelas saber cómo sucede esto (la subida hacia Dios), pregunta a la gracia, no a la doctrina; al deseo, no al intelecto; al clamor de la oración, no al estudio de la letra; ... no a la luz, sino al fuego que todo lo inflama y transporta en Dios" (VII, 6). Todo esto no es anti-intelectual y no es anti-racional: supone el camino de la razón, pero lo trasciende en el amor de Cristo crucificado. Con esta trasformación de la mística del Pseudo-Dionisio, san Buenaventura se sitúa en los inicios de una gran corriente mística, que elevó y purificó mucho la mente humana: es una cima en la historia del espíritu humano.

Esta teología de la cruz, nacida del encuentro entre la teología del Pseudo-Dionisio y la espiritualidad franciscana, no debe hacernos olvidar que san Buenaventura también comparte con san Francisco de Asís el amor a la creación, la alegría por la belleza de la creación de Dios. Sobre este punto cito una frase del primer capítulo del "Itinerario": "Quien... no ve los innumerables esplendores de las criaturas, está ciego; quien con tantas voces no se despierta, está sordo; quien no alaba a Dios por todas estas maravillas, está mudo; quien con tantos signos no se eleva hasta el primer principio, es necio" (I, 15). Toda la creación habla en voz alta de Dios, del Dios bueno y bello; de su amor.

Por tanto, para san Buenaventura toda nuestra vida es un "itinerario", una peregrinación, una subida hacia Dios. Pero sólo con nuestras fuerzas no podemos subir hasta la altura de Dios. Dios mismo debe ayudarnos, debe "tirar de nosotros" hacia arriba. Por eso es necesaria la oración. La oración —así dice el santo— es la madre y el origen de la elevación, "sursum actio", acción que nos eleva, dice san Buenaventura. Concluyo, por tanto, con la oración con la que comienza su "Itinerario": "Oremos, pues, y digamos al Señor, nuestro Dios: "Guíame, Señor, por tus sendas y caminaré en tu verdad. Alégrese mi corazón en el temor de tu nombre" (I, 1).


San Buenaventura (2) Obra literaria y doctrina, por Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
Audiencia General

Miércoles 10 de marzo de 2010

San Buenaventura (2)
Obra literaria y doctrina




Queridos hermanos y hermanas,

la semana pasada hablé de la vida y personalidad de San Buenaventura de Bagnoregio. Esta mañana me gustaría continuar con su exposición, centrándome en una parte de su obra literaria y de su doctrina.

Como ya he dicho, san Buenaventura, entre otros méritos, tuvo el de interpretar con autenticidad y fidelidad la figura de san Francisco de Asís, a quien veneraba y estudiaba con gran amor. En particular, en tiempos de san Buenaventura una corriente de los hermanos menores, llamada "espirituales", defendía que con san Francisco se había inaugurado una fase totalmente nueva de la historia, el "Evangelio eterno", del que habla el Apocalipsis, vendría aparecer, que reemplazó al Nuevo Testamento. Este grupo afirmó que la Iglesia ya había agotado su papel histórico, y en su lugar fue reemplazada por una comunidad carismática de hombres libres guiados interiormente por el Espíritu, es decir, los "franciscanos espirituales". 

Las ideas de este grupo se basaron en los escritos de un abad cisterciense, Gioacchino da Fiore, que murió en 1202. En sus obras, afirmó un ritmo trinitario de la historia. Consideró el Antiguo Testamento como la época del Padre, seguida por la época del Hijo, la época de la Iglesia. Todavía habría que esperar la tercera edad, la del Espíritu Santo. Toda la historia ha de interpretarse así como una historia de progreso: desde la severidad del Antiguo Testamento a la relativa libertad del tiempo del Hijo, en la Iglesia, hasta la plena libertad de los Hijos de Dios, en la período del Espíritu Santo, que sería también, finalmente, el período de la paz entre los hombres, de la reconciliación de los pueblos y de las religiones. Joaquín de Fiore había suscitado la esperanza de que el comienzo del nuevo tiempo vendría de un nuevo monacato.

Existía, pues, el riesgo de una gravísima incomprensión del mensaje de san Francisco, de su humilde fidelidad al Evangelio ya la Iglesia, y esta incomprensión suponía una visión errónea del cristianismo en su conjunto.

San Buenaventura, que en 1257 se convirtió en Ministro General de la Orden Franciscana, se encontró ante una grave tensión en el seno de su propia Orden precisamente a causa de quienes apoyaban la citada corriente de los "Franciscanos Espirituales", que se basaba en Joaquín de Flor. Precisamente para responder a este grupo y restaurar la unidad de la Orden, san Buenaventura estudió con detenimiento los escritos auténticos de Joaquín de Fiore y los que se le atribuyen y, teniendo en cuenta la necesidad de presentar correctamente la figura y el mensaje de su amado san Francisco, quiso exponer una visión correcta de la teología de la historia. 

San Buenaventura abordó el problema en su última obra, una colección de conferencias a los monjes del estudio parisino, que quedó inconclusa y nos llegó a través de las transcripciones de los oyentes, titulada Hexaëmeron , es decir, una explicación alegórica de los seis días de la creación. Los Padres de la Iglesia consideraban los seis o siete días del relato de la creación como una profecía de la historia del mundo, de la humanidad. Los siete días representaban para ellos siete períodos de la historia, interpretados más tarde también como siete milenios. Con Cristo habríamos entrado en el último, es decir, el sexto período de la historia, al que seguiría luego el gran Sábado de Dios.

San Buenaventura supone esta interpretación histórica de la relación de los días de la creación, pero de una forma muy libre y forma innovadora. Para él dos fenómenos de su tiempo requieren una nueva interpretación del curso de la historia:

La primera: la figura de san Francisco, el hombre totalmente unido a Cristo hasta la comunión de los estigmas, casi un alter Christus , y con san Francisco la nueva comunidad que crea, distinta del monaquismo conocido hasta ahora. Este fenómeno requería una nueva interpretación, como una novedad de Dios que aparecía en ese momento.

La segunda: la posición de Joaquín de Fiore, que anunciaba un nuevo monacato y un período histórico totalmente nuevo, más allá de la revelación del Nuevo Testamento, requería una respuesta.

Como Ministro General de la Orden Franciscana, san Buenaventura había visto inmediatamente que con la concepción espiritista, inspirada en Joaquín de Fiore, la Orden no era gobernable, sino que lógicamente iba hacia la anarquía. Para él hubo dos consecuencias:

La primera: la necesidad práctica de estructuras e inserción en la realidad de la Iglesia jerárquica, de la Iglesia real, necesitaba un fundamento teológico, también porque los otros, los que seguían la concepción espiritualista, mostraban un aparente fundamento teológico.

La segunda: teniendo en cuenta el realismo necesario, no se debe perder la novedad de la figura de San Francisco.

¿Cómo respondió San Buenaventura a la necesidad práctica y teórica? Solo puedo dar aquí un resumen muy esquemático e incompleto de su respuesta en algunos puntos:

San Buenaventura rechaza la idea del ritmo trinitario de la historia. Dios es uno a lo largo de la historia y no se divide en tres deidades. En consecuencia, la historia es una, aunque sea un camino y, según san Buenaventura, un camino de progreso.

Jesucristo es la última palabra de Dios - en él Dios dijo todo, dándose y diciéndose a sí mismo. Más que él mismo, Dios no puede decir ni dar. El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo. Cristo mismo dice del Espíritu Santo: "... él os recordará todo lo que os he dicho" ( Jn 14, 26), "tomará lo mío y os lo dirá" ( Jn 16, 15). 

Así que no hay otro Evangelio superior, no hay otra Iglesia que esperar. Por tanto, la Orden de San Francisco debe insertarse también en esta Iglesia, en su fe, en su orden jerárquico.

Esto no quiere decir que la Iglesia esté inmóvil, fijada en el pasado y no pueda haber en él ninguna novedad. “ Oper Christi non deficiunt, sed proficiunt”, las obras de Cristo no retroceden, no fallan, sino que progresan, dice el Santo en la carta De tribus quaestionibus. Así San Buenaventura formula explícitamente la idea de progreso, y esto es una novedad en comparación con los Padres de la Iglesia y la mayoría de sus contemporáneos. Para San Buenaventura Cristo ya no es el fin, como lo fue para los Padres de la Iglesia, sino el centro de la historia; con Cristo no termina la historia, sino que comienza un nuevo período. 

Otra consecuencia es la siguiente: hasta ese momento prevalecía la idea de que los Padres de la Iglesia habían sido la cúspide absoluta de la teología, todas las generaciones posteriores sólo podían ser sus discípulos. Incluso san Buenaventura reconoce a los Padres como maestros para siempre, pero el fenómeno de san Francisco le da la certeza de que la riqueza de la palabra de Cristo es inagotable y que también en las nuevas generaciones pueden aparecer nuevas luces.

Ciertamente, la Orden Franciscana -subraya- pertenece a la Iglesia de Jesucristo, a la Iglesia apostólica y no puede construirse en un espiritualismo utópico. Pero, al mismo tiempo, es válida la novedad de esta Orden con respecto al monaquismo clásico, y san Buenaventura -como dije en la catequesis anterior- defendió esta novedad contra los ataques del clero secular de París: los franciscanos no tienen un monasterio fijo, pueden estar presentes en todas partes para anunciar el Evangelio. Precisamente la ruptura con la estabilidad, característica del monacato, en favor de una nueva flexibilidad, devolvió el dinamismo misionero a la Iglesia.

Llegados a este punto, quizás sea útil decir que aún hoy hay visiones según las cuales toda la historia de la Iglesia en el segundo milenio habría sido una decadencia permanente; algunos ven el declive ya después del Nuevo Testamento. En realidad, “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt”, las obras de Cristo no retroceden, sino que progresan. ¿Qué sería de la Iglesia sin la nueva espiritualidad de los cistercienses, franciscanos y dominicos, la espiritualidad de santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz, etc.? Todavía hoy es válida esta afirmación: “Oper Christi non deficiunt, sed proficiunt", van adelante. 

San Buenaventura nos enseña el conjunto de necesarios discernimientos, incluso severos, de sobrio realismo y apertura a los nuevos carismas dados por Cristo, en el Espíritu Santo, a su Iglesia. Y mientras se repite esta idea de decadencia, también está la otra idea, este “utopismo espiritualista”, que se repite. Sabemos, en efecto, que después del Concilio Vaticano II algunos estaban convencidos de que todo era nuevo, que había otra Iglesia, que la Iglesia preconciliar estaba acabada y tendríamos otra, totalmente "otra". ¡Una utopía anarquista! Y gracias a Dios los sabios timoneles de la barca de Pedro, el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II, por un lado defendieron la novedad del Concilio y por otro, al mismo tiempo, defendieron la singularidad y continuidad de la Iglesia, que es siempre Iglesia de pecadores y siempre lugar de Gracia.

En este sentido, San Buenaventura, como Ministro general de los franciscanos, tomó una línea de gobierno en la que tenía muy claro que la nueva Orden no podía, como comunidad, vivir a la misma "altura escatológica" que san Francisco, en el que ve la anticipación del mundo futuro, pero -guiado, al mismo tiempo, por un sano realismo y una valentía espiritual- debía acercarse lo más posible a la máxima realización del Sermón de la Montaña, que para san Francisco era la regla, teniendo en cuenta los límites del hombre, marcados desde el pecado original.

Vemos así que para san Buenaventura gobernar no era simplemente hacer, sino sobre todo pensar y orar. En la base de su gobierno encontramos siempre la oración y el pensamiento; todas sus decisiones resultan de la reflexión, del pensamiento iluminado por la oración. Su contacto íntimo con Cristo acompañó siempre su labor como Ministro general y por ello compuso una serie de escritos teológico-místicos, que expresan el alma de su gobierno y manifiestan la intención de guiar interiormente a la Orden, de gobernar, es decir, no sólo por mediante mandatos y estructuras, sino guiando e iluminando las almas, orientándolas hacia Cristo.

De estos escritos suyos, que son el alma de su gobierno y que muestran el camino a seguir tanto para el individuo como para la comunidad, quisiera mencionar sólo uno, su obra maestra, el Itinerarium mentis in Deum, que es un "manual" de contemplación mística. Este libro fue concebido en un lugar de profunda espiritualidad: la montaña de La Verna, donde San Francisco había recibido los estigmas. En la introducción, el autor ilustra las circunstancias que dieron origen a su escrito: “Mientras meditaba sobre las posibilidades del alma de ascender a Dios, se me presentó, entre otras cosas, aquel admirable acontecimiento ocurrido en aquel lugar para Beato Francisco, es decir, la visión del Serafín alado en forma de Crucifijo. Y meditando en esto, inmediatamente me di cuenta de que esta visión me ofrecía el éxtasis contemplativo del mismo Padre Francisco y al mismo tiempo el camino que conduce a él” (Itinerario de la mente en Dios, Prólogo, 2, en Obras de San Buenaventura). Folletos teológicos / 1, Roma 1993, p. 499).

Las seis alas del Serafín se convierten así en el símbolo de seis etapas que conducen progresivamente al hombre desde el conocimiento de Dios a través de la observación del mundo y de las criaturas y a través de la exploración del alma misma con sus facultades, hasta la unión satisfactoria con el Trinidad por Cristo, a imitación de San Francisco de Asís. Las últimas palabras del Itinerarium de san Buenaventura, que responde a la pregunta de cómo se puede realizar esta comunión mística con Dios, debe ser enviada a lo más profundo del corazón: “Si ahora anheláis saber cómo sucede esto, (la comunión mística con Dios) cuestiona la gracia, no doctrina; el deseo, no el intelecto; el gemido de oración, no el estudio de la letra; el novio, no el maestro; Dios, no el hombre; neblina, no claridad; no la luz, sino el fuego que todo lo inflama y transporta a Dios con fuertes unciones y ardorísimos afectos... Entremos pues en las tinieblas, acallemos nuestras preocupaciones, pasiones y fantasmas; pasemos con Cristo Crucificado de este mundo al Padre , para que, después de haberlo visto, podamos decir con Felipe: esto me basta” ( ibid., VII, 6).

Queridos amigos, acojamos la invitación que nos dirige san Buenaventura, el Seráfico Doctor, y pongámonos en la escuela del divino Maestro: escuchemos su Palabra de vida y de verdad, que resuena en lo más profundo de nuestra alma. Purificamos nuestros pensamientos y acciones, para que Él habite en nosotros y podamos comprender Su Voz divina, que nos atrae hacia la verdadera felicidad.