miércoles, 6 de febrero de 2019

6 de Febrero: San Pablo Miki y sus compañeros, por Celestino Hueso, SF


Todos sabemos que la cruz es un instrumento cruel de tormento y muerte; pero también sabemos que es el trono desde el que Cristo abraza a la humanidad entera para llevarla a un mundo nuevo donde no existen problemas sociales de ningún tipo porque el amor de Dios es la sangre en las venas de esa humanidad redimida.

San Francisco Javier llevó la buena noticia del Evangelio al Japón, consiguiendo que, en pocos años, los cristianos llegaran a ser unos 300.000.

En cierto momento el mandamás allá fue el emperador Toyotomi, que parecía una veleta con respecto a los misioneros, pues tan pronto los permitía como los perseguía. En 1587 publicó un decreto de expulsión de los cristianos porque se disponía a invadir Corea, aunque poco después recibió misioneros en su país y, finalmente volvió a la persecución por motivos políticos antioccidentales.

El catequista Pablo Miki y 25 compañeros más, entre ellos varios españoles, fueron trasladados a Nagasaki y crucificados.

Como Cristo, quisieron abrazar a todos desde su trono y partieron para el mundo nuevo del cielo perdonando a sus verdugos y los niños Luis Ibaraki, Antonio y Tomás Cosaki de 11, 13 y 14 años cantando el salmo Laudate, pueri, Dominum. Ya sé que es un latinajo, pero queda bonito, significa “Alabad, niños, al Señor"

A todos ellos celebra hoy la Iglesia universal.

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