viernes, 15 de julio de 2022

San Buenaventura (1): Vida y personalidad, por Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
Audiencia General
Miércoles 3 de marzo de 2010
 
San Buenaventura (1)
Vida y Personalidad




Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quiero hablar de san Buenaventura de Bagnoregio. Os confieso que, al proponeros este tema, siento cierta nostalgia, porque pienso en los trabajos de investigación que, como joven estudioso, realicé precisamente sobre este autor, especialmente importante para mí. Su conocimiento incidió notablemente en mi formación. Con gran gozo, hace algunos meses hice una peregrinación a su lugar natal, Bagnoregio, una pequeña ciudad italiana del Lacio, que custodia su memoria con veneración.

Nació probablemente en 1217 y murió en 1274; vivió en el siglo XIII, una época en la que la fe cristiana, que había penetrado profundamente en la cultura y en la sociedad de Europa, inspiró obras imperecederas en el campo de la literatura, de las artes visuales, de la filosofía y de la teología. Entre las grandes figuras cristianas que contribuyeron a la composición de esta armonía entre fe y cultura destaca Buenaventura, hombre de acción y de contemplación, de profunda piedad y de prudencia en el gobierno.

Se llamaba Giovanni da Fidanza. Un episodio que sucedió cuando todavía era un muchacho marcó profundamente su vida, como él mismo relata. Se veía afectado por una grave enfermedad y ni siquiera su padre, que era médico, esperaba ya salvarlo de la muerte. Entonces, su madre recurrió a la intercesión de san Francisco de Asís, canonizado hacía poco. Y Giovanni se curó.

La figura del "Poverello" de Asís llegó a ser todavía más familiar para él algunos años más tarde, cuando se encontraba en París, donde estudiaba. Había obtenido el diploma de maestro de Artes, que podríamos comparar con el de un prestigioso instituto de nuestros tiempos. En ese momento, al igual que muchos jóvenes del pasado y también de hoy, Giovanni se planteó una pregunta crucial: "¿Qué debo hacer con mi vida?". 

Fascinado por el testimonio de fervor y radicalidad evangélica de los Frailes Menores, que habían llegado a París en 1219, Giovanni llamó a las puertas del convento franciscano de esa ciudad, y pidió ser acogido en la gran familia de los discípulos de Francisco. Muchos años después, explicó las razones de su elección: en san Francisco y en el movimiento que él inició reconocía la acción de Cristo. En una carta dirigida a otro fraile escribía lo siguiente: "Confieso ante Dios que la razón que me llevó a amar más la vida del beato Francisco es que esta se parece a los comienzos y al crecimiento de la Iglesia. La Iglesia comenzó con simples pescadores, y después se enriqueció de doctores muy ilustres y sabios; la religión del beato Francisco no fue establecida por la prudencia de los hombres, sino por Cristo" (Epistula de tribus quaestionibus ad magistrum innominatum, en Opere di San Bonaventura. Introduzione generale, Roma 1990, p. 29).

Por lo tanto, alrededor del año 1243 Giovanni vistió el sayal franciscano y asumió el nombre de Buenaventura. En seguida fue destinado a los estudios, y se matriculó en la Facultad de teología de la Universidad de París, donde siguió un conjunto de cursos muy arduos. Obtuvo varios títulos requeridos por la carrera académica, los de "bachiller bíblico" y de "bachiller sentenciario". Así Buenaventura estudió a fondo la Sagrada Escritura; las Sentencias de Pedro Lombardo, el manual de teología de aquel tiempo; y los autores de teología más importantes y, en contacto con los maestros y los estudiantes que afluían a París desde toda Europa, maduró su propia reflexión personal y una sensibilidad espiritual de gran valor que, a lo largo de los años sucesivos, supo infundir en sus obras y en sus sermones, convirtiéndose así en uno de los teólogos más importantes de la historia de la Iglesia. 

Es significativo recordar el título de la tesis que defendió para ser habilitado a la enseñanza de la teología, la licentia ubique docendi, como se decía entonces. Su disertación llevaba por título: Cuestiones sobre el conocimiento de Cristo. Este tema muestra el papel central que Cristo tuvo siempre en la vida y en las enseñanzas de Buenaventura. Sin duda podemos decir que todo su pensamiento fue profundamente cristocéntrico.

En aquellos años en París, la ciudad de adopción de Buenaventura, estalla una violenta polémica contra los Frailes Menores de san Francisco de Asís y los Frailes Predicadores de santo Domingo de Guzmán. 

Se contestaba su derecho a enseñar en la universidad, e incluso se ponía en duda la autenticidad de su vida consagrada. Ciertamente, los cambios introducidos por las Órdenes Mendicantes en el modo de entender la vida religiosa, de los que he hablado en mis catequesis anteriores, eran tan innovadores que no todos llegaban a comprenderlos. Se añadían también, como alguna vez sucede incluso entre personas sinceramente religiosas, motivos de debilidad humana, como la envidia y los celos. Buenaventura, aunque rodeado por la oposición de los demás maestros universitarios, había comenzado a enseñar en la cátedra de teología de los Franciscanos y, para responder a quien criticaba a las Órdenes Mendicantes, compuso un escrito titulado La perfección evangélica; en el que demuestra como las Órdenes Mendicantes, especialmente los Frailes Menores, practicando los votos de pobreza, de castidad y de obediencia, seguían los consejos del Evangelio. 

Más allá de estas circunstancias históricas, la enseñanza de Buenaventura en esta obra y en su vida sigue siendo actual: la Iglesia es más luminosa y bella gracias a la fidelidad a la vocación de estos hijos suyos y de aquellas hijas suyas que no sólo ponen en práctica los preceptos evangélicos, sino que por gracia de Dios, están llamados a guardar los consejos y así testimonian, con su estilo de vida pobre, casto y obediente, que el Evangelio es fuente de gozo y de perfección.

El conflicto se apaciguó, por lo menos durante algún tiempo, y, por intervención personal del Papa Alejandro IV, en 1257, Buenaventura fue oficialmente reconocido como doctor y maestro de la universidad parisina. Sin embargo, tuvo que renunciar a este prestigioso cargo, porque en ese mismo año el capítulo general de la Orden lo eligió ministro general.

Desempeñó ese cargo durante diecisiete años con sabiduría y entrega, visitando las provincias, escribiendo a los hermanos, interviniendo alguna vez con una cierta severidad para eliminar abusos. 

Cuando Buenaventura inició este servicio, la Orden de los Frailes Menores se había desarrollado de modo prodigioso: los frailes esparcidos por todo Occidente eran más de 30.000, con presencias misioneras en el norte de África, en Oriente Medio, e incluso en Pekín. Era necesario consolidar esta expansión y, sobre todo, conferirle unidad de acción y de espíritu, guardando plena fidelidad al carisma de Francisco. De hecho, entre los seguidores del santo de Asís había distintos modos de interpretar el mensaje, existía realmente el riesgo de una fractura interna. Para evitar este peligro, en 1260, el capítulo general de la Orden en Narbona aceptó y ratificó un texto propuesto por Buenaventura, en el que se recogían y se unificaban las normas que regulaban la vida diaria de los Frailes Menores. 

Buenaventura intuía, sin embargo, que las disposiciones legislativas, si bien se inspiraban en la sabiduría y la moderación, no eran suficientes para asegurar la comunión del espíritu y de los corazones. Era necesario que se compartieran los mismos ideales y las mismas motivaciones. Por esta razón, Buenaventura quiso presentar el auténtico carisma de Francisco, su vida y su enseñanza. Por eso recogió con gran celo documentos relativos al "Poverello" y escuchó con atención los recuerdos de quienes habían conocido directamente a Francisco. 

Nació así una biografía del santo de Asís bien fundada históricamente, titulada Legenda Maior, redactada también de forma más sucinta, y llamada por eso Legenda minor. La palabra latina, a diferencia de la italiana, no indica un fruto de la fantasía, sino, al contrario, "Legenda" significa un texto autorizado, "para leer" oficialmente. En efecto, el capítulo general de los Frailes Menores de 1263, reunido en Pisa, reconoció en la biografía de san Buenaventura el retrato más fiel del fundador y se convirtió en la biografía oficial del santo.

Cuál es la imagen de san Francisco que brota del corazón y de la pluma de su hijo devoto y sucesor, san Buenaventura? El punto esencial: Francisco es un alter Christus, un hombre que buscó apasionadamente a Cristo. En el amor que impulsa a la imitación, se conformó totalmente a él. Buenaventura señalaba este ideal vivo a todos los seguidores de Francisco. Este ideal, válido para todo cristiano, ayer, hoy y siempre, fue indicado como programa también para la Iglesia del tercer milenio por mi Predecesor, el venerable Juan Pablo II. Ese programa, escribía en su carta Novo Millennio ineunte, se centra "en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste" (n. 29).

En 1273 la vida de san Buenaventura conoció otro cambio. El Papa Gregorio X lo quiso consagrar obispo y nombrar cardenal. Le pidió también que preparara un importantísimo acontecimiento eclesial: el II concilio ecuménico de Lyon, que tenía como objetivo restablecer la comunión entre la Iglesia latina y la griega. Se dedicó a esta tarea con diligencia, pero no logró ver la conclusión de esa asamblea ecuménica, porque murió durante su celebración. 

Un notario pontificio anónimo compuso un elogio de Buenaventura, que nos da un retrato conclusivo de este gran santo y excelente teólogo: "Hombre bueno, afable, piadoso y misericordioso, lleno de virtudes, amado por Dios y por los hombres... De hecho, Dios le había concedido una gracia tan grande, que todos los que lo veían quedaban invadidos por un amor que el corazón no podía ocultar" (cf. J.G. Bougerol, Bonaventura, en A. Vauchez (a cura), Storia dei santi e della santità cristiana. Vol. vi. L'epoca del rinnovamento evangelico, Milano 1991, p. 91).

Recojamos la herencia de este santo doctor de la Iglesia, que nos recuerda el sentido de nuestra vida con las siguientes palabras: "En la tierra... podemos contemplar la inmensidad divina mediante el razonamiento y la admiración; en la patria celestial, en cambio, mediante la visión, cuando seremos hechos semejantes a Dios, y mediante el éxtasis... entraremos en el gozo de Dios" (La conoscenza di Cristo, q. 6, conclusione, en Opere di San Bonaventura. Opuscoli Teologici /1, Roma 1993, p. 187).

jueves, 14 de julio de 2022

15 de Julio: San Buenaventura, por el P. Celestino Hueso, SF


Se llamaba Juan pero, enamorado del camino de santidad de San Francisco de Asís, entró en los frailes menores, cambiando su nombre por el de Buenaventura.

Estamos ante uno de los más brillantes doctores en teología no solo de su tiempo sino de todas las épocas, pero lo que verdaderamente destacó siempre en él fue su espíritu de pobreza y humildad al servicio de su Orden y de la Iglesia.

Elegido superior general muy joven, cargo que desempeñó durante 17 años, supo atajar con amor y energía al mismo tiempo los intentos de algunos religiosos por suavizar la regla de San Francisco.

El Papa Clemente IV trató de hacerlo arzobispo de York, pero Buenaventura se las ingenió para escurrir el bulto. Él no deseaba cargos ni honores, sólo buscaba la santidad. Por esta vez la jugada le salió bien pero, poco después, el Papa Gregorio X lo nombró obispo de Albano y le hizo cardenal, obligándole a aceptar en virtud de santa obediencia.

San Buenaventura se encargó de preparar el Concilio ecuménico de Lyon, y durante la celebración del mismo, el año 1274, mereció ser llamado a la casa del Padre.

Se le conoce como el Doctor Seráfico por las virtudes angelicales que atesoró y nada tiene que ver con el "te echo la buenaventura resalao" de las gitanas de antaño.

14 de Julio: San Camilo de Lelis, por el P. Celestino Hueso, SF


Camilo quería ser militar como su padre, y lo fue, pero le apareció una llaga fea en un pie y tuvo que dejar la carrera de las armas e ingresar en el Hospital de Santiago en Roma para curarse; allí se dedicó a ayudar y atender a los otros enfermos hasta que se dio al vicio del juego y lo expulsaron.

En el juego perdió todos los ahorros de su vida por lo que se ofreció a trabajar como obrero y mensajero en el convento de los capuchinos. Una charla que escuchó al padre prior le convirtió y decidió hacerse franciscano.

Entonces reapareció la llaga del pie y tuvo que volver al hospital nuevamente donde fue nombrado asistente general por su dedicación a los otros enfermos.

Con la guía de San Felipe Neri fue ordenado sacerdote. Finalmente descubrió que los hospitales de Roma eran incapaces de atender a tantos enfermos como llegaban, debido al fenómeno de las peregrinaciones y fundó una comunidad religiosa dedicada íntegramente al servicio de los enfermos, los Siervos de los Enfermos, llamados en la actualidad Padres Camilos, que tanto bien han hecho y siguen haciendo al mundo de la sanidad.

Se convirtió para siempre en San Camilo de Lelis el 14 de Julio de 1591.

miércoles, 13 de julio de 2022

Miércoles de la 15ª semana del Tiempo Ordinario, Año II (Lecturas)

Isaías 10,5-7.13-16
Salmo 94 (93) 5-6,7-8,9-10,14-15:
El Señor no rechaza a su pueblo
Mateo 11,25-27


Así dice el Señor: «¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrarle a saco y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Él decía: "Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un héroe a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra, y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar." ¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño. Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego.»

Salmo 94 (93) 5-6,7-8,9-10,14-15
R. El Señor no rechaza a su pueblo

Trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos.
R. El Señor no rechaza a su pueblo

Y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera.»
Enteraos, los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis?
R. El Señor no rechaza a su pueblo

El que plantó el oído ¿no va a oír?;
el que formó el ojo ¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos ¿no va a castigar?;
el que instruye al hombre ¿no va a saber?
R. El Señor no rechaza a su pueblo

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón.
R. El Señor no rechaza a su pueblo



En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Números 3,40-51: Los levitas y el rescate de los primogénitos

Los levitas y el rescate de los primogénitos

40 El Señor dijo a Moisés: Realiza un censo de todos los primogénitos varones entre los israelitas, 
     de la edad de un mes en adelante, llevando cuenta de sus nombres.
41 Luego aparta para mí a a los levitas –porque yo soy el Señor– 
     en lugar de todos los primogénitos de los israelitas, 
     y aparta también el ganado de los levitas, 
     en lugar de todos los primogénitos del ganado de los israelitas.
42 Entones Moisés hizo el censo de todos los primogénitos entre los israelitas, 
     como el Señor se lo había ordenado.
43 Los primogénitos varones de un mes en adelante que fueron registrados eran en total 22.273 hombres.
44 Luego el Señor dijo a Moisés:
45 Aparta a los levitas en lugar de todos los primogénitos israelitas, 
     y aparta también el ganado de los israelitas. 
     Los levitas serán para mí: yo soy el Señor.
46 Y como precio del rescate por los doscientos setenta y tres primogénitos israelitas 
     que exceden el número de los levitas,
47 toma cinco siclos por cabeza –en siclos del Santuario, 
     teniendo en cuenta que cada siclo equivale a veinte gueras–
48 y entrega ese dinero a Aarón y a sus hijos, como precio de rescate por la diferencia.
49 Moisés tomó el dinero del rescate por aquellos primogénitos, 
     que excedían a los rescatados por los levitas,
50 recibió el dinero de los primogénitos israelitas –1.365 siclos, en siclos del Santuario–
51 y entregó el dinero del rescate a Aarón y a sus hijos, 
     según la orden que Moisés había recibido del Señor.

Números 3,14-39: El censo de los levitas

El censo de los levitas

14 El Señor dijo a Moisés en el desierto del Sinaí:
15 Inscribe en un registro, por familias y por clanes, 
     a todos los levitas varones que tengan más de un mes.
16 Moisés los registró, según la orden que había recibido del Señor.
17 Los nombres de los hijos de Leví eran Gersón, Quehat y Merarí.
18 Los nombres de los hijos de Gersón, por clanes, eran Ligní y Semei;
19 los hijos de Quehat, por clanes, eran Amram, Ishar, Hebrón y Oziel;
20 y los hijos de Merarí, por clanes, eran Majlí y Musí. ´
     Los clanes de los levitas, repartidos por familias, eran los siguientes:
21 De Gersón procedían el clan de los libnitas y el clan de los semeítas: 
     estos eran los clanes de los gersonitas.
22 Los registrados, contando todos los varones de un mes en adelante, eran en total 7.500 hombres.
23 Los clanes de los gersonitas acampaban detrás de la Morada, hacia el oeste.
24 El jefe de la casa paterna de los gersonitas era Eliasaf, hijo de Lael.
25 Los gersonitas tenían a su cargo, en la Carpa del Encuentro, la Morada y la Carpa, 
     su toldo y el tapiz que estaba a la entrada de la Carpa del Encuentro;
26 las cortinas del atrio y el cortinado para la entrada del atrio que rodea la Morada, 
     las cuerdas y el altar; todo el servicio relacionado con esos objetos.
27 De Quehat procedían el clan de los amritas, el clan de los isharitas, 
     el clan de los hebronitas y el clan de los ozielitas: estos eran los clanes de los quehatitas
28 Contando todos los varones de un mes en adelante, eran en total 8.300 hombres. 
     Ellos tenían a su cargo el servicio del Santuario.
29 Los clanes de los quehatitas acampaban en el lado sur de la Morada.
30 El jefe de la casa paterna de los clanes de los quehatitas era Elisafán, hijo de Oziel.
31 Ellos tenían a su cargo el Arca, la mesa, el candelabro, los altares, los utensilios sagrados 
     que se usaban en el culto, el cortinado que dividía el Santuario y todo el servicio relacionado 
     con esos objetos.
32 El jefe supremo de todos los levitas era Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, 
     que tenía la supervisión de todos los que realizaban las tareas del Santuario.
33 De Merarí procedían el clan de los majilitas y el clan de los musitas: 
     estos eran los clanes de los meraritas.
34 Los registrados, contando todos los que tenían de un mes en adelante, eran en total 6.200 hombres.
35 El jefe de la casa paterna de los clanes de los meraritas era Suriel, hijo de Abijail. 
     Estos acampaban al norte de la Morada.
36 Los hijos de Merarí tenían a su cargo el cuidado de los bastidores de la Morada, 
     sus travesaños, sus postes, sus bases y todos sus enseres; 
     todo el servicio relacionado con esos objetos.
37 También debían ocuparse de las columnas que rodean el atrio, de sus bases, 
     sus estacas y sus cuerdas.
38 Al este, frente a la Morada, delante de la Carpa del Encuentro, 
     acampaban Moisés, Aarón y sus hijos, que realizaban las tareas del Santuario, 
     en favor de los israelitas. Cualquier extraño que se acercara debía ser castigado con la muerte.
39 Los levitas inscritos –los varones mayores de un mes, que Moisés y Aarón registraron por familias, 
     según las orden del Señor– fueron en total 22.000 hombres.

Números 3,11-13: La elección de los levitas

La elección de los levitas

11 El Señor dijo a Moisés:
12 Entre todos los israelitas, en lugar de los primogénitos –de aquellos que abren el seno materno– 
     yo elijo a los descendientes de Leví. Los levitas me pertenecen,
13 porque todo primogénito me pertenece. Cuando exterminé a todos los primogénitos de Egipto, 
     consagré para mí a todos los primogénitos de Israel, hombres y animales, a fin de que fueran míos. 
     Yo soy el Señor.

Números 3,5-10: Las funciones de los levitas

Las funciones de los levitas

5 El Señor dijo a Moisés:
6 Manda a la tribu de Leví que se acerque, y tú la pondrás a disposición del sacerdote Aarón, para servirlo.
7 Ellos realizarán tareas para él y para toda la comunidad de Israel, delante de la Carpa del Encuentro, 
   encargándose del servicio de la Morada.
8 Tendrán a su cargo todo el mobiliario de la Carpa del Encuentro y realizarán tareas para los israelitas,
   encargándose del servicio de la Morada.
9 Tú pondrás a los levitas a las órdenes de Aarón y de sus hijos: 
   así ellos estarán dedicados a él exclusivamente, de parte de los israelitas.
10 A Aarón y a sus hijos, en cambio, les encargarás que ejerzan las funciones sacerdotales. 
     Si se acerca un extraño, será castigado con la muerte.

Números 3,1-4: La tribu de Leví: los sacerdotes

La tribu de Leví: los sacerdotes

1 Esta era la descendencia de Aarón y de Moisés, 
   cuando el Señor habló a Moisés sobre la montaña del Sinaí:
2 Los nombres de los hijos de Aarón eran los siguientes: 
   Nadab –el primogénito– y Abihú, Eleazar e Itamar.
3 Estos eran los nombres de los hijos de Aarón, 
   los sacerdotes que recibieron la unción y la investidura para ejercer el sacerdocio.
4 Nadab y Abihú murieron en la presencia del Señor, cuando presentaron ante él un fuego profano, 
   en el desierto del Sinaí. Y como no tenían hijos, los que ejercieron el sacerdocio delante de Aarón, 
   su padre fueron Eleazar e Itamar.

Números 2,1-34: La disposición de las tribus en el campamento

La disposición de las tribus en el campamento

1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
2 Los israelitas acamparán alrededor de la Carpa del Encuentro, a una cierta distancia, 
   cada uno junto a su estandarte, bajo las insignias de sus casas paternas.
3 Al frente, sobre el lado este, acamparán los regimientos que militan bajo el estandarte de Judá. 
   El jefe de los descendientes de Judá era Najsón, hijo de Aminadab,
4 y los enrolados en su regimientos, 74.6000,
5 A su lado, acampará la tribu de Isacar. 
   El jefe de los descendientes de Isacar era Natanael, hijo de Suar,
6 y los enrolados en su regimiento, 54.400.
7 También acampará la tribu de Zabulón. 
   El jefe de los descendientes de Zabulón era Eliab, hijo de Jelón,
8 y los enrolados en su regimiento, 57.400.
9 Los enrolados en la división de Judá, agrupados por regimientos, eran en total 186.400. 
   Ellos avanzarán a la vanguardia.
10 Al sur, acamparán los regimientos que militan bajo el estandarte de Rubén. 
     El jefe de los descendientes de Rubén era Elisur, hijo de Sedeur,
11 y los enrolados en su regimientos, 46.500.
12 A su lado, acampará la tribu de Simeón. 
     El jefe de los descendientes de Simeón era Selumiel, hijo de Surisadai,
13 y los enrolados en su regimiento, 59.300.
14 También acampará la tribu de Gad. 
     El jefe de los descendientes de Gad era Eliasaf, hijo de Reuel,
15 y los enrolados en su regimiento, 45.650.
16 Los enrolados en la división de Rubén, agrupados por regimientos, eran en total 151.450. 
     Ellos avanzarán en segundo lugar.
17 La Carpa del Encuentro irá en medio de las divisiones, con el grupo de los levitas. 
     Ellos avanzarán de la misma manera que estaban acampados, cada uno en su puesto, 
     junto a sus insignias.
18 Al oeste, acamparán los regimientos que militan bajo el estandarte de Efraím. 
     El jefe de los descendientes de Efraím era Elisamá, hijo de Amihud,
19 y los enrolados en su regimiento, 40.500.
20 A su lado, acampará la tribu de Manasés. 
     El jefe de los descendientes de Manasés era Gamaliel, hijo de Padasur,
21 y los enrolados en su regimiento, 32.200.
22 También acampará la tribu de Benjamín. 
     El jefe de los descendientes de Benjamín era Abidán, hijo de Gedeón,
23 y los enrolados en su regimiento, 35.400.
24 Los enrolados en la división de Efraím, agrupados por regimientos, eran en total 108.100. 
     Ellos avanzarán en tercer lugar.
25 Al norte, acamparán los regimientos que militan bajo el estandarte de Dan. 
     El jefe de los descendientes de Dan era Ajiézer, hijo de Amisaddai,
26 y los enrolados en su regimiento, 62.700.
27 A su lado, acampará la tribu de Aser. 
     El jefe de los descendientes de Aser era Paguiel, hijo de Ocrán,
28 y los enrolados en su regimiento, 41.500.
29 También acampará la tribu de Neftalí. 
     El jefe de los descendientes de Neftalí era Ajirá, hijo de Enán,
30 y los enrolados en su regimiento, 53.400.
31 Los enrolados en la división de San eran en total 157.600. 
     Ellos avanzarán a la retaguardia, con sus estandartes.
32 Estos fueron los registrados en el censo de los israelitas, por casas paternas. 
     Los enrolados en la divisiones, agrupados por regimientos, eran en total 603.550 hombres.
33 Pero los levitas no fueron incluidos en el censo junto con los demás israelitas, 
     como el Señor lo había ordenado a Moisés.
34 Los israelitas hicieron todo lo que el Señor había ordenado a Moisés; acampaban junto a sus estandartes, y avanzaban cada uno con su clan y con su familia.

martes, 12 de julio de 2022

Mateo 11:25-27: Hijo y Profeta, por Julio González, SF


En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Comentario por Julio González, SF:
"Hijo y Profeta"

Estas palabras nos muestran al Jesús, Hijo (“Te doy gracias, Padre...”), y al Jesús, profeta (“... porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños”). Los bautizados no podemos adorar al Hijo y no seguir al profeta. A veces, podemos dar la impresión de adorar al Hijo, sin prestar atención al profeta; y, también, lo contrario: los conflictos inmediatos nos absorben de tal manera que olvidamos que nuestras soluciones y expectativas no van más allá de una perspectiva temporal y pasajera.

Algunos "sabios e inteligentes" se escandalizaron al escuchar las palabras de Jesús. ¿Por qué?

La sociedad en la que vivió Jesús entendía la sabiduría y la inteligencia como dones de Dios. Los maestros de la ley, sacerdotes, escribas, etc., se veían a sí mismos más cerca de Dios que de sus conciudadanos porque muchos de ellos eran ignorantes e idólatras.

“Te doy gracias, Padre, (...) porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños”, con estas palabras Jesús muestra la tensión que existía en la sociedad en que vive.

A veces rezamos a Dios como si las solución a los conflictos del mundo dependiera de Él..., y de un grupo muy reducido de personas influyentes. La solución a los males de nuestra sociedad —nos dice Jesús—, está en todos nosotros, sobre todo, en la gran mayoría de gente humilde y sencilla: los pequeños del evangelio.

En aquella sociedad los inteligentes y sabios eran también los poderosos; es decir, los que aparentemente podían presionar para terminar con las injusticias; sin embargo, la sabiduría e inteligencia que dicen tener están cegadas por sus propios intereses, derechos y privilegios. Por eso, la sabiduría de Dios no se dirije hacia ellos sino hacia los pequeños que deben vivir día a día confiando en la misericordia de Dios.

Números 1,47-54: El estatuto de los levitas

El estatuto de los levitas

47 Pero la tribu de los levitas no fue registrada con las otras tribus,
48 porque el Señor había dicho a Moisés:
49 No inscribas en el registro a la tribu de Leví ni la incluyas en el censo de los israelitas.
50 Tú encomendarás a los levitas el cuidado de la Morada del Testimonio, de sus enseres 
     y de todo lo que está relacionado con ella. 
     Ellos transportarán la Morada y todos sus enseres, se encargarán de su servicio 
     y acamparán alrededor de ella.
51 Cuando la Morada se desplace, los levitas la desarmarán; y cuando se detenga, la armarán. 
     El extraño que se acerque, será castigado con la muerte.
52 Los israelitas acamparán los regimientos, cada uno con su propia división 
     y bajo sus respectivo estandartes.
53 Los levitas, en cambio, lo harán alrededor de la Morada del Testimonio, 
     para que la ira del Señor no se desate contra la comunidad de los israelitas. 
     Ellos estarán encargados de custodiar la Morada del Testimonio.
54 Así lo hicieron los israelitas, ateniéndose exactamente a lo que el Señor había dicho a Moisés.

Números 1,20-46: Los resultados del censo

Los resultados del censo

20 Los resultados fueron los siguientes: 
     En la lista de los descendientes de Rubén, el primogénito de Israel, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
21 fueron registrados 46.500 hombres.
22 En las lista de los descendientes de Simeón, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
23 fueron registrados 59.300 hombres.
24 En la lista de los descendientes de Gad, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
25 fueron registrados 45.650 hombres.
26 En la lista de los descendientes de Judá, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
27 fueron registrados 74.600 hombres.
28 En la lista de los descendientes de Isacar, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombre de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
29 fueron registrados 54.400 hombres.
30 En la lista de los descendientes de Zabulón, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
31 fueron registrados 57.400 hombres.
32 En cuanto a los hijos de José: En la lista de los descendientes de Efraím, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
33 fueron registrados 40.500 hombres.
34 En la lista de los descendientes de Manasés, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
35 fueron registrados 32.200 hombres.
36 En la lista de los descendientes de Benjamín, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
37 fueron registrados 35.400 hombres.
38 En la lista de los descendientes de Dan, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
39 fueron registrados 62.700 hombres.
40 En la lista de los descendientes de Aser, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todos los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
41 fueron registrados 41.500 hombres.
42 En la lista de los descendientes de Neftalí, por clanes y por familias 
     –una vez anotados uno por uno los nombres de todo los varones que tenían más de veinte años, 
     o sea, de los aptos para la guerra–
43 fueron registrados 53.400 hombres.
44 Estos fueron los registrados por Moisés y Aarón, y por los jefes de Israel, que eran doce, 
     uno por cada casa paterna.
45 Todos los israelitas que tenían más de veinte años, 
     todos los hombres de Israel aptos para la guerra, fueron registrados por familias,
46 y los registrados fueron en total 603.550 hombres.

Números 1,17-19: La realización del censo

La realización del censo

17 Moisés y Aarón reunieron a todos estos hombres, que habían sido designados expresamente,
18 y convocaron a la comunidad el primer día del segundo mes. 
     Entonces todos se inscribieron por clanes y por familias, 
     y se fueron anotando uno por uno los nombres de los que tenían más de veinte años.
19 Así los registró Moisés en el desierto del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado.

Números 1,5-16: Los encargados del censo

Los encargados del censo

5 Los nombres de las personas que les ayudarán son los siguientes: 
   Por la tribu de Rubén, Elisur, hijo de Sedeur;
6 por la tribu de Simeón, Selumiel, hijo de Surisadai;
7 por la tribu de Judá, Najsón, hijo de Aminadab;
8 por la tribu de Isacar, Natanael, hijo de Suar;
9 por la tribu de Zabulón, Eliab, hijo de Jelón;
10 por las tribus de los hijos de José: Elisamá, hijo de Amihud, de la tribu de Efraím, 
     y Gamaliel, hijo de Padasur, de la tribu de Manasés;
11 por la tribu de Benjamín, Abidán, hijo de Gedeón;
12 por la tribu de Dan, Ajiézer, hijo de Amisaddai;
13 por la tribu de Aser, Paguiel, hijo de Ocrán;
14 por la tribu de Gad, Eliasaf, hijo de Deuel;
15 por la tribu de Neftalí, Ajirá, hijo de Enán.
16 Estos eran los representantes de la comunidad, los jefes de las tribus de sus antepasados, 
     los jefes de los clanes de Israel.

Números 1,1-4: El censo de las doce tribus

El censo de las doce tribus

1 En el segundo año después de la salida de Egipto, el primer día del segundo mes, 
   el Señor dijo a Moisés en el desierto del Sinaí, en la Carpa del Encuentro:
2 Hagan un censo de toda la comunidad de los israelitas, por clanes y por familias, 
   anotando uno por uno los nombres de todos los varones,
3 Tú y Aarón registrarán a todos los hombres de Israel que son aptos para la guerra, es decir, 
   a los que tienen más de veinte años, agrupados por regimientos.
4 Para ello contarán con la ayuda de un jefe de familia por cada tribu.

Martes de la 15ª semana del Tiempo Ordinario, Año II (Lecturas)

Isaías 7,1-9
Salmo 48 (47) 2-3a,3b-4,5-6,7-8
Dios ha fundado su ciudad para siempre
Mateo 11,20-24


Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla. Llegó la noticia al heredero de David: «Los sirios acampan en Efraín.» Y se agitó su corazón y el del pueblo, como se agitan los árboles del bosque con el viento. Entonces el Señor dijo a Isaías: «Sal al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a la Calzada del Batanero, y le dirás: "¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes ante esos dos cabos de tizones humeantes, la ira ardiente de Rasín y los sirios y del hijo de Romelía. Aunque tramen tu ruina diciendo: "Subamos contra Judá, sitiémosla, apoderémonos de ella, y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel." Así dice el Señor: No se cumplirá ni sucederá: Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; Samaria es capital de Efraín, y el hijo de Romelía, capitán de Samaria. Dentro de cinco o seis años, Efraín, destruido, dejará de ser pueblo. Si no creéis, no subsistiréis."»


Salmo 48 2-3a,3b-4,5-6,7-8
Dios ha fundado su ciudad para siempre

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra.
R. Dios ha fundado su ciudad para siempre

El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.
R. Dios ha fundado su ciudad para siempre

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos.
R. Dios ha fundado su ciudad para siempre

Allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
R. Dios ha fundado su ciudad para siempre



En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.» 

Isaías 54,1-17: Fecundidad de la estéril y reconstrucción de Jerusalén

Fecundidad de la estéril


1 Canta de gozo, la estéril que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores; 
   porque la abandonada tendrá más hijos que la casada –dice el Señor–. 
2 Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas, alarga tus cuerdas, 
   clava bien tus estacas; 
3 porque te extenderás a derecha e izquierda, tu descendencia heredará naciones 
   y poblará ciudades desiertas. 
4 No temas, no tendrás que avergonzarte, no te sonrojes, no te afrentarán; 
   olvidarás la vergüenza de tu soltería, ya no recordarás el desprecio de tu viudez. 


5 Porque el que te hizo te toma por esposa: su Nombre es Señor Todopoderoso. 
   Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra.
6 Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de juventud, 
   repudiada –dice tu Dios–. 
7 Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te recogeré. 
8 En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con lealtad eterna te quiero 
   –dice el Señor, tu redentor–. 
9 Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; 
   así juro no enojarme contra ti ni reprocharte. 
10 Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, 
     no te retiraré mi lealtad ni mi alianza de paz vacilará –dice el Señor, que te quiere–.

Reconstrucción de Jerusalén

11 ¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada! Mira, yo mismo te coloco piedras de azabache, 
     te cimento con zafiros, 
12 te pongo almenas de rubí, y puertas de esmeralda, y muralla de piedras preciosas. 
13 Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos. 
14 Tendrás firme asiento en la justicia; quedará lejos la opresión, y no tendrás que temer, y el terror, 
     que no se te acercará. 
15 Si alguno te asedia, no es de parte mía; si lucha contigo, caerá frente a ti. 
16 Yo he creado al herrero que aviva las brasas y saca una herramienta, 
     y yo he creado al devastador funesto:
17 ningún arma forjada contra ti dará resultado; y a la lengua que te acuse en juicio le probarás 
     que es culpable. Ésta es la herencia de los siervos del Señor, yo soy su vengador 
     –oráculo del Señor–

Isaías 53,1-12: Su pasión y su gloria (y 2)

1 ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién mostró el Señor su brazo? 
2 Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida: 
   no tenía presencia ni belleza que atrajera nuestras miradas ni aspecto que nos cautivase. 
3 Despreciado y evitado de la gente, un hombre habituado a sufrir, curtido en el dolor; 
   al verlo se tapaban la cara; despreciado, lo tuvimos por nada; 
4 a él, que soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, lo tuvimos por un contagiado, 
   herido de Dios y afligido. 
5 Él, en cambio, fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. 
   Sobre él descargó el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos hemos sanado.
6 Todos errábamos como ovejas, cada uno por su lado, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
7 Maltratado, aguantaba, no abría la boca; como cordero llevado al matadero, 
   como oveja muda ante el esquilador, no abría la boca. 
8 Sin arresto, sin proceso, lo quitaron de en medio, ¿quién meditó en su destino? 
   Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
9 Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, 
   aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. 
10 El Señor quería triturarlo con el sufrimiento: si entrega su vida como expiación, verá su descendencia, 
     prolongará sus años y por su medio triunfará el plan del Señor.
11 Por los trabajos soportados verá la luz, se saciará de saber;
     mi siervo inocente rehabilitará a todos porque cargó con sus crímenes. 
12 Por eso le asignaré una porción entre los grandes y repartirá botín con los poderosos: 
     porque desnudó el cuello para morir y fue contado entre los pecadores, 
     él cargó con el pecado de todos e intercedió por los pecadores.

Isaías 52,13-15: Su pasión y gloria

Su pasión y gloria

13 Miren, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. 
14 Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre ni tenía aspecto humano; 
15 así asombrará a muchos pueblos; ante él los reyes cerrarán la boca, 
     al ver algo que nunca se había visto y contemplar algo inaudito.

Isaías 52,7-12: El mensajero de paz

El mensajero de paz

7 ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, 
   que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: Ya reina tu Dios! 
8 Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. 
9 Estallen en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén.
10 El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, 
     y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
11 ¡Fuera, fuera! Salgan de allí, no toquen nada impuro. ¡Salgan de ella!
     ¡Purifíquense, los que llevan los vasos del Señor! 
12 No saldrán apresurados ni se irán huyendo, porque al frente de ustedes marcha el Señor, 
     y en la retaguardia, el Dios de Israel.

Isaías 52,1-6: Despierta, Sión

Despierta, Sión

1 ¡Despierta, despierta, vístete de tu fuerza, Sión; vístete el traje de gala, Jerusalén, Santa Ciudad!, 
   porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros. 
2 Sacúdete el polvo, ponte de pie, Jerusalén cautiva; desátate las correas del cuello, 
3 porque así dice el Señor: por nada fueron vendidos y sin pagar los rescataré. 
4 Porque así dice el Señor: Al principio mi pueblo bajó a Egipto, para residir allí como extranjero; 
   al final, Asur lo oprimió. 
5 Pero ahora, ¿qué hago yo aquí? –oráculo del Señor–. 
   A mi pueblo se lo llevan por nada, sus dominadores lanzan aullidos –oráculo del Señor– 
   y todo el día sin cesar desprecian mi Nombre. 
6 Por eso mi pueblo reconocerá mi Nombre, comprenderá aquel día que era yo el que hablaba, 
   y aquí estoy.

Isaías 51,1-23: Palabras de consuelo a Jerusalén

Palabras de consuelo a Jerusalén

1 Escúchenme, los que van tras la justicia, los que buscan al Señor: 
   Miren la roca de la que fueron tallados, la cantera de donde los extrajeron; 
2 miren a Abrahán, su padre; a Sara, que los dio a luz: cuando lo llamé, 
   era uno, pero lo bendije y lo multipliqué. 
3 El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas: convertirá su desierto en un edén, 
   su arenal en paraíso del Señor; allí habrá gozo y alegría,
   con acción de gracias al son de instrumentos.
4 Hazme caso, pueblo mío; nación mía, dame oído; porque de mí sale la ley, 
   mi mandato es la luz de los pueblos. 
5 En un momento haré llegar mi victoria, amanecerá como el día mi salvación, 
   mi brazo gobernará los pueblos: me están aguardando las islas, ponen su esperanza en mi brazo. 
6 Levanten los ojos al cielo, Miren abajo, a la tierra: el cielo se disipa como humo, 
   la tierra se gasta como ropa, sus habitantes mueren como mosquitos; 
   pero mi salvación dura por siempre, mi victoria no tendrá fin.
7 Escúchenme los entendidos en derecho, el pueblo que lleva mi ley en el corazón: 
   no teman la afrenta de los hombres, no desmayen por sus ultrajes: 
8 Porque la polilla los roerá como a la ropa, como los gusanos roen la lana; 
   pero mi victoria dura por siempre, mi salvación de edad en edad.
9 ¡Despierta, despierta; revístete de fuerza, brazo del Señor; despierta como en los días antiguos, 
   como en las generaciones pasadas! ¿No eres tú quien destrozó al monstruo y traspasó al dragón? 
10 ¿No eres tú quien secó el mar y las aguas del Gran Océano; 
     el que hizo un camino por el fondo del mar para que pasaran los redimidos? 
11 Los rescatados del Señor volverán: vendrán a Sión con cánticos, en cabeza alegría perpetua, 
     siguiéndolos gozo y alegría, pena y aflicción se alejarán. 
12 Yo, yo soy tu consolador. ¿Quién eres tú para temer a un mortal, 
     a un hombre que será como hierba? 
13 Olvidaste al Señor que te hizo, que desplegó el cielo y cimentó la tierra. 
     Y temías sin cesar, todo el día, la furia del opresor, cuando se disponía a destruir. 
     ¿Dónde ha quedado la furia del opresor? 
14 Se suelta a toda prisa el preso encorvado, no morirá en el calabozo ni le faltará el pan.
15 Yo, el Señor, tu Dios, agito el mar, y rugen sus olas: mi Nombre es Señor Todopoderoso. 
16 Puse en tu boca mi Palabra, te cubrí con la sombra de mi mano; extiendo el cielo, cimento la tierra, 
     y digo a Sión: Mi pueblo eres tú. 
17 ¡Despiértate, despiértate, levántate, Jerusalén!, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira, 
     y bebiste hasta el fondo una copa, un cáliz embriagador. 
18 Entre los hijos que engendró, no hay quien la guíe; entre los hijos que crió, 
     no hay quien la lleve de la mano:
19 esos dos males te han sucedido, ¿quién te compadece?; ruina y destrucción, hambre y espada, 
     ¿quién te consuela? 
20 Tus hijos yacen desfallecidos en las encrucijadas, como antílope en la red, 
     repletos de la ira del Señor, del reproche de tu Dios.
21 Por tanto, escúchalo, desgraciada; borracha y no de vino. 
22 Así dice el Señor, tu Dios, defensor de su pueblo: Mira, yo quito de tu mano la copa del vértigo, 
     no volverás a beber del cuenco de mi ira; 
23 lo pondré en la mano de tus verdugos, que te decían: Dobla el cuello, que pasemos encima; 
     y presentaste la espalda como suelo, como calle para los transeúntes.

Isaías 50,4-11: Sufrimiento y confianza

Sufrimiento y confianza
Domingo de Ramos: ciclos A, B y C

4 Mi Señor me ha dado una lengua de discípulo, para saber decir al abatido una palabra de aliento. 
   Cada mañana me despierta el oído, para que escuche como un discípulo. 
5 El Señor me abrió el oído: yo no me resistí ni me eché atrás: 
6 ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que me arrancaban la barba; 
   no me tapé el rostro ante ultrajes y salivazos. 
7 El Señor me ayuda, por eso no me acobardaba; por eso endurecí el rostro como piedra, 
   sabiendo que no quedaría defraudado.
8 Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. 
   ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. 
9 Miren, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará? 
   Miren, todos se gastan como ropa, los roe la polilla. 
10 ¿Quién de ustedes respeta al Señor y obedece a su siervo? 
     Aunque camine en tinieblas, sin un rayo de luz, que confíe en el Señor y se apoye en su Dios. 
11 Atención, ustedes, los que atizan el fuego y preparan flechas encendidas: 
     caerán a la hoguera de su fuego, bajo las flechas que han encendido. 
     Así los tratará mi mano, quedarán tendidos en el tormento.

Isaías 50,4-7: Tercer poema del servidor del Señor

Isaías 50,4-7
Domingo de Ramos: ciclos A, B y C

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Isaías 50,1-3: Pleito con el pueblo

Pleito con el pueblo

1 Así dice el Señor: ¿Dónde está el acta de divorcio con que despedí a la madre de ustedes? 
   ¿O a cuál de mis acreedores los he vendido? Miren, por sus culpas fueron vendidos, 
   por sus crímenes fue repudiada su madre. 
2 ¿Por qué cuando vengo no hay nadie, cuando llamo nadie responde? 
   ¿Tan corta es mi mano que no puede redimir? ¿O es que no tengo fuerza para librar? 
   Miren: con un bramido seco el mar, convierto los ríos en desierto; 
   por falta de agua se pudren sus peces, muertos de sed.
3 Yo visto el cielo de luto, lo cubro de sayal.

Isaías 49,14-26: Consuelo de Sión

Consuelo de Sión

14–Decía Sión: Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.
15–¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? 
      Pero, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. 
16 Mira, en mis palmas te llevo tatuada, tus muros están siempre ante mí; 
17 los que te construyen van más aprisa que los que te destruían, los que te arrasaban se alejan de ti. 
18 Levanta los ojos  a tu alrededor y mira: todos se reúnen para venir a ti; 
     por mi vida –oráculo del Señor–, a todos los llevarás como vestido precioso, 
     serán tu cinturón de novia.
19 Porque tus ruinas, tus escombros, tu país desolado, resultarán estrechos para tus habitantes, 
     mientras se alejarán los que te devoraban. 
20 Los hijos que dabas por perdidos te dirán otra vez: Mi lugar es estrecho, hazme sitio para habitar. 
21 –Pero tú te preguntarás: ¿Quién me engendró a éstos? Yo, sin hijos y estéril, ¿quién los ha criado? 
     Me habían dejado sola, ¿de dónde vienen éstos?
22 –Esto dice el Señor: Mira, con la mano hago seña a las naciones, alzo mi estandarte para los pueblos: 
     traerán a tus hijos en brazos, a tus hijas las llevarán al hombro. 
23 Sus reyes serán tus tutores; sus princesas, tus niñeras; 
     rostro en tierra te rendirán homenaje, lamerán el polvo de tus pies, y sabrás que yo soy el Señor, 
     que no defraudo a los seres que esperan en mí. 
24 –Pero, ¿se le puede quitar la presa a un soldado, se le escapa su prisionero a un tirano? 
25 –Esto responde el Señor: Si a un soldado le quitan su prisionero y la presa se le escapa a un tirano, 
     yo mismo defenderé tu causa, yo mismo salvaré a tus hijos. 
26 Haré a tus opresores comerse su propia carne, se embriagarán de su sangre como de vino; 
     y sabrá todo el mundo que yo soy el Señor, tu salvador, y que tu redentor es el Fuerte de Jacob.

Isaías 49,8-15: Alegría de los repatriados

Isaías 49,14-15

Así dice el Señor: "En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz." Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré."

Isaías 48,12-21: Msión de Ciro y salida de Babilonia

Misión de Ciro

12 Escúchame, Jacob; Israel, a quien llamé: 
     yo soy, yo soy el primero y yo soy el último. 
13 Mi mano cimentó la tierra, mi diestra desplegó el cielo; 
     cuando yo los llamo, se presentan juntos. 
14 Reúnanse todos y escuchen: ¿quién de ellos lo ha predicho? 
     Mi amigo cumplirá mi voluntad contra Babilonia y la raza de los caldeos. 
15 Yo, yo mismo he hablado y lo he llamado, lo he traído y he dado éxito a su empresa. 
16 Acérquense y escuchen esto: No hago predicciones en secreto, y cuando sucede, ya estoy yo allí 
     –y ahora el Señor Dios me ha enviado con su espíritu–. 
17 Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: 
     Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu provecho, te guío por el camino que sigues. 
18 Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; 
19 tu descendencia sería como la arena, como sus granos, los retoños de tus entrañas; 
    tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.

Salida de Babilonia

20 ¡Salgan de Babilonia, huyan de los caldeos! Con gritos de júbilo anúncienlo y proclámenlo,        
     publíquenlo hasta el confín de la tierra. Digan: el Señor ha redimido a su siervo Jacob.
21 No pasaron sed cuando los guió por el desierto, agua de la roca hizo brotar, partió la roca 
     y brotó agua.

Isaías 48,1-11: Pleito con el pueblo

Pleito con el pueblo

1 Escuchen esto, casa de Jacob, que llevan el nombre de Israel, y brotan de la semilla de Judá, 
   que juran por el Nombre del Señor, e invocan al Dios de Israel, pero sin verdad ni rectitud, 
2 aunque toman nombre de la Ciudad Santa y se apoyan en el Dios de Israel, 
   cuyo nombre es Señor Todopoderoso. 
3 El pasado lo predije de antemano: de mi boca salió y lo anuncié; de repente lo realicé y sucedió. 
4 Porque sé que eres obstinado, que tu cuello es una barra de hierro y tu frente es de bronce; 
5 por eso te lo anuncié de antemano, antes de que sucediera te lo predije, para que no dijeras: 
   Mi ídolo lo ha hecho, mi estatua de leño o metal lo ha ordenado.
6 Lo oíste; míralo todo, ¿por qué no lo anuncias?, 
   y ahora te predigo algo nuevo, secretos que no conoces; 
7 ahora son creados, y no antes, ni de antemano los oíste, para que no digas: Ya lo sabía. 
8 Ni lo habías oído ni lo sabías, aún no estaba abierta tu oreja; porque yo sabía lo pérfido que eres, 
   que desde el vientre de tu madre te llaman rebelde.
9 Por mi Nombre modero mi cólera, por mi honor me contengo para no aniquilarte. 
10 Mira, yo te he refinado como plata, te he probado en el crisol de la desgracia; 
11 por mí, por mí lo hago: porque mi Nombre no ha de ser profanado y mi gloria no la cedo a nadie.

Isaías 47,1-15: Humillación de Babilonia y de sus magos

Humillación de Babilonia y de sus magos

1 Baja, siéntate en el polvo, joven Babilonia; siéntate en tierra, sin trono, capital de los caldeos, 
   que ya no te volverán a llamar blanda y refinada. 
2 Agarra un molino, muele harina, quítate el velo, alza las faldas, descubre el muslo, cruza los canales, 
3 aparezca tu desnudez, véanse tus vergüenzas. Tomaré venganza inexorable. 
4 Nuestro redentor, que se llama el Señor Todopoderoso, el Santo de Israel, dice: 
5 Siéntate y calla, entra en las tinieblas, capital de los caldeos, que ya no te llamarán Emperatriz. 
6 Airado contra mi pueblo, profané mi herencia, la entregué en tus manos: 
   no tuviste compasión de ellos, abrumaste con tu yugo a los ancianos, 
7 diciéndote: Seré señora por siempre jamás, sin considerar esto, sin pensar en el desenlace.
8 Pero ahora escúchalo, sedienta de placeres, que reinabas confiada, que te decías: 
   Yo y nadie más. No me quedaré viuda, no perderé a mis hijos. 
9 Las dos cosas te sucederán, de repente en un solo día: 
   viuda y sin hijos te verás a la vez, a pesar de tus muchas brujerías y del gran poder de tus sortilegios. 
10 Tú te sentías segura en tu maldad, diciéndote: 
     Nadie me ve; tu sabiduría y tu ciencia te han trastornado, mientras pensabas: Yo y nadie más. 
11 Porque vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar, 
     caerá sobre ti un desastre del que no te podrás librar; 
     vendrá sobre ti de repente una catástrofe que no te imaginabas. 
12 Insiste en tus sortilegios, en tus muchas brujerías, que han sido tu tarea desde joven; 
     quizá te aprovechen, quizá los espantes. 
13 Estás harta de consejos: que se levanten y te salven los que conjuran el cielo, 
     los que observan las estrellas, los que pronostican cada mes lo que te va a suceder. 
14 Míralos convertidos en paja: el fuego los consume y no pueden librarse del poder de las llamas; 
     ni siquiera son brasas para calentarse ni hogar para sentarse enfrente. 
15 En eso han terminado aquellos con quienes traficabas, con quien te atareabas desde joven:
     cada uno se pierde por su lado, y no hay quien te salve.

Isaías 46,8-13: Dios, dueño del futuro

Dios, dueño del futuro

8 Recuerden esto y medítenlo: reflexionen, rebeldes, 
9 recordando el pasado predicho. Yo soy Dios, y no hay otro; no hay otro dios como yo. 
10 De antemano yo anuncio el futuro; por adelantado, lo que aún no ha sucedido. 
     Digo: Mi designio se cumplirá, mi voluntad la realizo.
11 Llamo al buitre de oriente, de tierra lejana al hombre de mi designio. 
     Tal como lo dije, lo haré; así como lo pensé, lo realizaré. 
12 Escúchenme, los valientes, que se quedan lejos de la victoria: 
13 Yo acerco mi victoria, no está lejos; mi salvación no tardará; 
     traeré la salvación a Sión y mi honor a Israel.

Isaías 46,1-7: Contra los dioses de Babilonia

Contra los dioses de Babilonia

1 Se encorva Bel, se desploma Nebo; cargan sus imágenes sobre bestias y animales de carga, 
   y las estatuas que les cargan en andas son una carga abrumadora; 
2 a una se encorvan y se desploman: incapaces de librar al que los lleva, 
   ellos mismos marchan al destierro.
3 Escúchenme, casa de Jacob, resto de la casa de Israel, con quien he cargado desde que nacieron, 
   a quien he llevado desde que salieron de las entrañas: 
4 hasta que envejezcan yo seré el mismo, hasta las canas yo los sostendré; yo lo he hecho, 
   yo los seguiré llevando, yo los sostendré y los libraré. 
5 ¿A quién me compararán, me igualarán o me asemejarán? ¿Quién se me puede comparar? 
6 Sacan oro de la bolsa y pesan plata en la balanza; asalarian un orfebre que con ello fabrique un dios, 
   se postran y lo adoran. 
7 Se lo cargan a hombros, lo transportan; donde lo ponen, allí se queda; no se mueve de su sitio. 
   Por mucho que le griten, no responde, no los salva del peligro.

lunes, 11 de julio de 2022

Isaías 7,1-9: Primer aviso a Acaz

 Isaías 7,1-9
LIBRO DE EMANUEL

1 Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pécaj, 
   hijo de Romelías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla. 
2 Llegó la noticia al heredero de David: –Los sirios acampan en Efraín. Y se agitó su corazón 
   y el del pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento.
3 Entonces el Señor dijo a Isaías: –Ve al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, 
   hacia el extremo del canal del Estanque de Arriba, junto al camino del campo del Tintorero, 
4 y le dirás: ¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes, ante esos dos cabos de tizones humeantes.
5 Aunque Siria trame tu ruina diciendo:
6 Subamos contra Judá, sitiémosla, abramos brecha en ella y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel. 
7 Así dice el Señor: No se cumplirá ni sucederá: 
8a Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; 
9b Samaría es capital de Efraín, y el hijo de Romelías, capitán de Samaría. 
8b Dentro de sesenta y cinco años, Efraín, destruido, dejará de ser pueblo. 
9b Si ustedes no creen, no subsistirán.

Isaías 45.1-25: Investidura de Ciro

Investidura de Ciro

1 Así dice el Señor a su ungido, Ciro, a quien lleva de la mano: 
   Doblegaré ante él naciones, desarmaré a los reyes, abriré ante él las puertas, 
   los batientes no se le cerrarán.
2 Yo iré delante de ti allanándote cerros; haré trizas las puertas de bronce, 
   arrancaré los cerrojos de hierro, 
3 te daré tesoros ocultos, caudales escondidos. 
   Así sabrás que yo soy el Señor, que te llamo por tu nombre, el Dios de Israel.
4 Por mi siervo, Jacob; por Israel, mi elegido. 
   Te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. 
5 Yo soy el Señor, y no hay otro; fuera de mí no hay dios. 
   Te pongo la insignia, aunque no me conoces, 
6 para que sepan de oriente a occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro: 
7 artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia; 
   yo, el Señor, hago todo esto.  
8 Cielos, destilen el rocío; nubes, derramen la victoria; 
   ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia: yo, el Señor, lo he creado. 
9 ¡Ay del que pleitea con su artífice, vasija contra el alfarero! 
   ¿Acaso dice la arcilla al artesano: Qué estás haciendo, tu vasija no tiene asas? 
10 ¡Ay del que le dice al padre: ¿Qué engendras?, o a la mujer: ¿Por qué te retuerces? 
11 Así dice el Señor, el Santo de Israel, su artífice: Y ustedes, ¿van a pedirme cuentas de mis hijos? 
    ¿Me van a dar instrucciones sobre la obra de mis manos?
12 Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre; mis propias manos desplegaron el cielo, 
     y doy órdenes a su entero ejército. 
13 Yo lo he suscitado para la victoria y allanaré todos sus caminos: 
     él reconstruirá mi ciudad, libertará a mis deportados sin precio ni soborno 
     –dice el Señor Todopoderoso–. 
14 Así dice el Señor: Los obreros de Egipto, los mercaderes de Nubia 
     y los sabeos de alta estatura a ti pasarán, tuyos serán, tras de ti marcharán, 
     desfilarán en cadenas; se postrarán ante ti y te suplicarán: 
     Sólo en ti está Dios, y no hay más dioses.
15 Es verdad: Tú eres el Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador. 
16 Derrotados, fracasados todos juntos, se marchan con su fracaso los fabricantes de ídolos, 
17 mientras el Señor salva a Israel con una salvación perpetua, 
     y no serán derrotados ni fracasarán nunca jamás. 
18 Así dice el Señor, creador del cielo –él es Dios–, el que modeló la tierra, la fabricó y la afianzó; 
     no la creó vacía, sino que la formó habitable: Yo soy el Señor y no hay otro. 
19 No hablé a escondidas, en un país tenebroso; no dije a la estirpe de Jacob: 
     Búsquenme en el vacío. Yo soy el Señor que pronuncia sentencia y declara lo que es justo. 
20 Reúnanse, vengan, acérquense juntos, supervivientes de las naciones: 
     No discurren los que llevan su ídolo de madera y rezan a un dios que no puede salvar. 
21 Declaren, expongan las pruebas, que deliberen juntos: 
     ¿quién anunció esto desde antiguo, quién lo predijo desde entonces? 
     ¿No fui yo, el Señor? No hay otro Dios fuera de mí. 
     Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más. 
22 Vengan a mí para ser salvados, confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro. 
23 Lo juro por mi Nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: 
     Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua. 
24 Dirán: Sólo el Señor tiene la justicia y el poder. 
     A él vendrán derrotados los que se enfurecían contra él, 
25 por el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

Isaías 44,24-28: Yo soy el Señor

Yo soy el Señor

24 Así dice el Señor, tu redentor, que te formó en el vientre: Yo soy el Señor, creador de todo; 
     Yo solo desplegué el cielo, yo afiancé la tierra. Y, ¿quién me ayudaba? 
25 Yo soy el que frustra los presagios de los magos y muestra la necedad de los adivinos; 
     el que echa atrás a los sabios y muestra que su saber es ignorancia; 
26 pero realiza la palabra de sus siervos, cumple el proyecto de sus mensajeros; el que dice: 
     ¡Jerusalén, serás habitada; ciudades de Judá, serán reconstruidas; ruinas, las levantaré!; 
27 el que dice: Océano, aridece, secaré tus corrientes; 
28 el que dice: Ciro, tú eres mi pastor y cumplirás todo mi designio; el que dice: 
     Jerusalén, serás reconstruida; templo, serás cimentado.

Isaías 44,21-23: Redención de Israel

Redención de Israel

21Acuérdate de esto, Jacob; de que eres mi siervo, Israel. 
    Te formé, y eres mi siervo, Israel, no te olvidaré. 
22 He disipado como niebla tus rebeliones; como nube tus pecados: vuelve a mí, que soy tu redentor. 
23 Aclamen, cielos, porque el Señor ha actuado; griten de alegría, profundidades de la tierra, 
     rompan en aclamaciones, montañas, y tú, bosque, con todos tus árboles; 
     porque el Señor ha redimido a Jacob y se gloría de Israel.

Isaías 44,9-20: Sátira contra la idolatría

Sátira contra la idolatría

9 Los que modelan ídolos no valen nada, y es inútil lo que ellos aman, 
   sus devotos no ven nada ni conocen; por eso quedan defraudados. 
10 ¿Quién modela un dios o funde una imagen si no es para sacar algo? 
11 Miren: todos sus seguidores quedarán defraudados, 
     porque los que los fabrican no son más que hombres. 
     Que se reúnan todos para comparecer: sentirán espanto y vergüenza a la vez.
12 El herrero trabaja el ídolo en las brasas, lo va modelando con el martillo, 
     lo trabaja con brazo robusto; pasa hambre, se agota, no bebe y está exhausto. 
13 El tallista aplica la regla, lo diseña a lápiz, lo trabaja con la gubia y lo delínea con el compás: 
     le da figura de hombre y belleza humana, para instalarlo en un templo. 
14 Se corta cedros, se escoge una encina o un roble, dejándolos crecer entre los árboles del bosque, 
     o planta un fresno que crece con la lluvia. 
15 A la gente le sirve de leña, lo toman para calentarse o también para hacer fuego y cocer pan; 
     pero él hace un dios y lo adora, fabrica una imagen y se postra ante ella. 
16 Con una parte hace fuego: asa carne sobre las brasas, se la come, queda satisfecho, 
     se calienta y dice: Bueno, estoy caliente y tengo luz. 
17 Con el resto se hace la imagen de un dios, se postra, lo adora y le reza: 
     Líbrame, que tú eres mi dios. 
18 No comprenden ni distinguen, tienen los ojos cegados y no ven, la mente, y no entienden. 
19 No reflexiona, no tiene inteligencia ni criterio para decir: 
     La mitad la he quemado en el fuego; he cocido pan sobre las brasas, he asado carne para comer. 
     ¿Y voy a hacer del resto un ídolo? ¿Y a postrarme ante un trozo de madera?
20 Él se alimenta de ceniza, una mente ilusa lo extravía, no es capaz de liberarse diciendo: 
     ¿No es un engaño lo que tengo en mi mano?

Isaías 44,1-8: Dios consuela a su pueblo

 Dios consuela a su pueblo

1 Y ahora escucha, Jacob, siervo mío; Israel, mi elegido: 
2 Así dice el Señor que te hizo, que te formó en el vientre y te auxilia: 
   No temas, siervo mío, Jacob, mi cariño, mi elegido; 
3 voy a derramar agua sobre el suelo sediento y torrentes en la tierra seca; 
   voy a derramar mi aliento sobre tu descendencia y mi bendición sobre tus retoños. 
4 Crecerán como hierba junto a la fuente, como sauces junto a las acequias. 
5 Uno dirá: Soy del Señor; otro se pondrá el nombre de Jacob; uno se tatuará en el brazo: 
   Del Señor, y se apellidará Israel.
6 Así dice el Señor, Rey de Israel, su redentor, el Señor Todopoderoso: 
   Yo soy el primero y yo soy el último; fuera de mí no hay dios. 
7 ¿Quién se parece a mí?, que hable, que lo explique y me lo exponga. 
   ¿Quién anunció de antemano el porvenir, quién nos predice lo que ha de suceder? 
8 No teman, no tiemblen: ¿no lo anuncié y lo predije por adelantado? Ustedes son testigos: 
   ¿Hay un dios fuera de mí? No existe roca que yo no conozca.

Isaías 43,22-28: Requisitoria contra el pueblo

Requisitoria contra el pueblo

22 Pero tú no me invocabas, Jacob; ni te esforzabas por mí, Israel; 
23 no me ofrecías ovejas en holocausto, no me honrabas con tus sacrificios; 
     yo no te avasallé exigiéndote ofrendas, ni te cansé pidiéndote incienso, 
24 no me comprabas canela con dinero, no me saciabas con la grasa de tus sacrificios; 
     pero me avasallabas con tus pecados, y me cansabas con tus culpas. 
25 Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados; 
26 recuérdamelo tú, y discutiremos; razona tú, y saldrás absuelto. 
27 Ya tu primer padre pecó, tus jefes se rebelaron contra mí; 
28 por eso profané a príncipes consagrados, entregué a Jacob al exterminio y a Israel a los insultos.

Isaías 43,14-21: Salvación

Salvación

14 Así dice el Señor, su Redentor, el Santo de Israel: 
     A causa de ustedes yo he mandado gente a Babilonia, he arrancado todos los cerrojos de las prisiones, 
     y los caldeos rompen en lamentos. 
15 Yo soy el Señor, su Santo, el creador de Israel, su Rey. 
16 Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; 
17 que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes: caían para no levantarse, 
     se apagaron como mecha que se extingue. 
18 No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo; 
19 miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan? 
     Abriré un camino por el desierto, ríos en el arenal; 
20 me glorificarán las fieras salvajes, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto,
     ríos en el arenal, para apagar la sed de mi pueblo, de mi elegido. 
21 El pueblo que yo me formé, para que proclamara mi alabanza.

Isaías 43,8-13: El pueblo, testigo de Dios

El pueblo, testigo de Dios

8 Saquen al pueblo ciego, aunque tiene ojos; a los sordos, aunque tienen oídos; 
9 que se reúnan las naciones y se junten los pueblos: 
   ¿quién de ellos puede contárnoslo o informarnos de predicciones pasadas? 
   Que presenten testigos para ganar su causa, que lo oigamos, y diremos: Es verdad. 
10 Ustedes son mis testigos –oráculo del Señor– y mis siervos, a quienes escogí, 
     para que conocieran y me creyeran, para que comprendieran quién soy yo. 
     Antes de mí no habían fabricado ningún dios y después de mí ninguno habrá: 
11Yo soy el Señor; fuera de mí no hay salvador. 
12 Yo predije, y salvé; yo anuncié, y no tenían dios extranjero. 
     Ustedes son mis testigos –oráculo del Señor–; 
13 yo soy Dios, desde siempre lo soy. No hay quien libre de mi mano; lo que yo hago, 
    ¿quién lo deshará?